Una nueva mañana se abrió en el imperio Ruso, la servidumbre del castillo comenzó a trabajar tras el alba a fin de iniciar sus faenas diarias, y casi que al mismo tiempo se encontraba el joven zarévich recostado en los bordes de una de sus ventanas viendo como el nuevo amanecer le daba la bienvenida. Había acompañado a la luna durante toda la noche hasta al fin otorgarle su saludo al sol envuelto en pensamientos desde la última conversación que tuvo con su mejor amigo.
Era consciente de que algo extraño había comenzado a gestarse desde su corazón hacia el bello omega, no podía negarlo, había demasiado cariño y admiración el que le profesaba. Yuuri al ser su maestro, había logrado que en unos pocos años Víctor aprendiera muchas cosas nuevas gracias a él. Con Yuuri podía ser como verdaderamente era, sin temor a ser juzgado como débil, gracias a él podía sonreír con libertad e inmensa felicidad como nunca antes dentro de su propio hogar. Yuuri le había cambiado, y Víctor estaba claro de eso, había tantas cosas que tenía que agradecerle y tanto que le debía que no sabía cómo retribuírselo, ¿pero amarlo? ¿Estar enamorado de Yuuri?
Su corazón se estremecía, retorciéndose en el tan conocido dolor que tenía ya cierto tiempo sintiendo, su temperatura se elevaba y el alfa podía sentir como sus mejillas estaban coloradas. Su mejor amigo había sido directo en las apreciaciones que había observado en él, sorprendiéndolo incluso y dando brecha a que muchas de sus preguntas se vieran respondidas inmediatamente, pero aun de ese modo, Víctor no podía concebir siquiera esa posibilidad, así como así. No porque le disgustara ese sentimiento, no porque le disgustara Yuuri como persona, sino que sería muy difícil para el sobrellevarlo. Aquello volvía mucho más complicadas ciertas cosas, tomando el hecho principal que Yuuri era mucho mayor que él y que no sabía que era lo que sentía por él. Y si aun aceptando sus sentimientos por el omega, y al confesarse este lo rechazara ¿Qué hacer? ¿Tendría que separarse de Yuuri? ¿Este le dejaría? ¿Lo odiaría? La mínima posibilidad de que este le odiara aterraba al joven alfa, no quería separarse de él, disfrutaba cada momento de su vida a su lado que aquello sonaba la peor de las pesadillas. Su pecho dolía inmensamente, le era difícil respirar y sentía que las ganas de llorar eran inmensas ¿Cómo podía sobrellevar eso? ¿Cómo permanecer al lado de Yuuri sin decirle lo que sentía?
También llevaba cerca de una semana en la que no sabía nada de Yuuri, se preguntó sí Yuuri estaría preocupado por él.
A media mañana Víctor tomo valor para ir a enfrentar a Yuuri, al menos debía ir a saludarle y explicarle el motivo por el cual no había venido a visitarle, después de todo, sus dudas existenciales no iban a hacer que preocupara al omega. Sin embargo, dentro del bosque, a solo medio camino de llegar al lago, Víctor se detuvo abruptamente. ¿Cómo iba a verlo? Se había masturbado con su recuerdo durante su celo ¿Qué hacía si le decía algo indebido y se exponía? ¿Cómo Yuuri le vería? Jalo sus cabellos en un acto de desesperación mientras refunfuñaba por qué él de todas las personas tenía que tener esos sentimientos tan extraños por su amigo y maestro.
Nuevamente empezó su camino al lago, yendo tan distraído se encontraba que no se fijó por donde caminaba, cayendo estrepitosamente de cara contra el suelo.
— ¡Víctor!
El joven omega había sentido minutos atrás la presencia de Víctor acercándose al lago, por lo cual, intentando formar su mejor rostro, y buscando la manera de calmar su corazón, Yuuri fue a recibirlo. Casi quería reír de sí mismo por lo nervioso que se encontraba pese a que el alfa jamás se enteraría de su boca lo que había pensado durante su celo. No obstante, podía sentir como el notorio incremento de su temperatura corporal le indicaba que tenía todo su rostro enrojecido. Es a los pocos minutos que logra divisarlo, pero antes de que este pudiera fijarse en él, el alfa cayó estrepitosamente contra el suelo, de inmediato salió corriendo inmediatamente en su auxilio.
— ¿Y-YUURI? ꟷexclamo Víctor sorprendido de que le hubiera visto y sintiendo como el color subía fuertemente a su rostro, sintiéndose como un idiota frente al omega. Sentía que quería morir de la vergüenza en ese mismo momento. Y con la poca dignidad que le quedaba se levantó del suelo bajo la total atención de Yuuri.
— ¿Te encuentras bien? —pregunto preocupado.
— Si, me encuentro bien —respondió sonriendo un poco avergonzado.
— ¿De verdad? ¿No te lastimaste ni nada? —volvió a preguntar mientras examinaba su rostro sin tomar atención de las reacciones nerviosas que provocaba en el adolecente.
Pero no fue hasta encontrarse con los ojos de Víctor que Yuuri noto lo que estaba haciendo, con sus manos encima de las mejillas del alfa y sus cuerpos bastante cercanos, enrojeció por completo sin saber que hacer o decir, sintiendo la respiración de aquel joven cerca de sí.
— E-Estoy bien Yuuri, no me paso nada malo —contesto apartando un poco a Yuuri de si al tiempo que quitaba el polvo de su ropa.
— M-Me alegro que no te hayas hecho daño.
Ambos no podían mirarse a los ojos, Víctor sentía que su corazón estaba por salirse de su pecho, aquella última acción realizada por Yuuri le había tomado con la guardia baja.
— Tardaste bastante en regresar por aquí —fue lo único que pudo comentar Yuuri intentando colocar un tema de conversación y así salir del ambiente de incomodidad que había.
— Yo… tuve mi primer celo hace poco, por eso no pude venir estos días —respondió el zarévich completamente avergonzado.
— E-entiendo, t-tu primer celo ¡Oh qué bueno! ¡Estas creciendo rápidamente Víctor! — Nuevamente Yuuri quería morir de la vergüenza dado que la palabra celo le traía recuerdos que no quería ahondar en presencia del zarévich, y en una misma situación que la de Yuuri, el joven alfa quería desaparecer por haber introducido el tema.
Hubo un tendido silencio incomodo en el que ambos no pudieron decir nada ni verse a los ojos, Yuuri no despegaba la mirada del bosque y Víctor mantenía su vista en el suelo. El omega intento respirar para calmarse, a diferencia del alfa, el ya era un adulto y no podía estar comportándose de ese modo, aunque su corazón latiera desbocado el debía mantenerlo quieto y no relucir nada de ello. No podía dejar a salir a flote esa emoción.
—Como no es bueno que practiquemos en la espada o en el arco ¿Te gustaría ir conmigo al pueblo? —consulto y Víctor alzo el rostro para verle para después asentir con una tímida sonrisa.
Usaron el caballo de Víctor para ir al pueblo, Yuuri debía conseguir unos ingredientes tanto para cocinar como para realizar unas medicinas, así que las compras no serían tan largas, pero serían suficientes para aminorar la incomodidad que sentía en ese momento. También por precaución consideraron ocultar el cabello del zarévich para que así no le reconocieran y no tuvieran problemas en el pueblo.
Mientras Yuuri compraba algunas cosas miraba de reojo al joven zarévich, lo sentía avergonzado, algo ofuscado e incluso algo indeciso, el omega jamás había sentido tales emociones en el joven, pero intuía que al haber tenido su primer celo muchas interrogantes o incluso nuevas preocupaciones habrían nacido para estar ahora en los hombros del futuro gobernante de esa nación. Yuuri suspiraba porque se sentía frustrado, no quería sentirse de ese modo porque no le permitía ayudar correctamente al joven cuando se suponía que debería ayudar a guiarlo, el entendía que como heredero el peso a cargar no era sencillo y conforme la edad transcurría, esas responsabilidades y presiones solo aumentaban. Con un poco de fuerza se pellizco la mejilla para reaccionar y buscar algo con que animarlo, pensó en preparar un nuevo pastel, quizás aprovechando la temporada de fresas para ello. Sonrió orgulloso de su idea y al verlo distraído solo le hizo la seña que volvería pronto, ajustando el tiempo necesario para ir a comprar los ingredientes y darle una sorpresa al regresar.
Por su parte, Víctor se mantuvo esperando al borde de una calle mientras Yuuri regresaba, hasta el momento no había habido ningún problema, y aunque no habían hablado demasiado el ambiente tenso se había disipado, no obstante, los pensamientos iban y venían. El zarévich no había notado el origen tras la incomodidad real del omega, más se había internado en sus propios pensamientos sobre qué era lo que su corazón sentía y todas las repercusiones al respecto, el alfa casi quería estrujarse la cabeza y jalarse los cabellos al no saber que pensar cuando fue interrumpido por alguien más.
— Oiga jovencito, jovencito —llamo insistentemente un viejo hombre a la orilla de la calle con una humilde carreta llena de flores, Víctor sin saber para que le llamaba, fue hasta él para escucharle —. Jovencito ¿No le gustaría comprar unas flores para regalárselas a su enamorado? — cuestiono el anciano, y los colores tomaron de improvisto el rostro del joven alfa.
— Y-Y-Yo no tengo ningún enamorado —casi chillo, pero el hombre le obsequio una afable sonrisa.
— Eso dirás tú, pero se nota en tus ojos el brillo de un amor naciente muy intenso —respondió, y las palabras se fueron de la boca del zarévich ante las palabras de este, estuvo unos minutos pensando que decir hasta que uno de sus hombros fue tocado.
— Aquí estas Víctor —hablo este cuando al fin le alcanzo luego de comprar lo penúltimo de su lista, este casi salta del susto sorprendiéndole también de golpe, iba a decirle algo cuando observo el acompañante de Víctor—. Señor Josef.
— Oh jovencito, me alegra mucho verte de nuevo —saludo sonriente—. ¿Las hortensias que te vendí hace unas semanas sirvieron para la medicina que estabas preparando? —cuestiono y Yuuri asintió suavemente.
— Si, fueron muy útiles, de verdad le agradezco mucho. Aprovechando que me encuentro con usted, esperaba en esta ocasión conseguir unos lirios para algo nuevo que estoy preparando —alego ahora, más recibió un suspiro desganado del viejo hombre.
— Oh lo siento jovencito, dado mi dolor en la espalda no he podido ir más al campo donde recogía las flores de lirio, mi espalda ya no soporta los viajes en carreta —contesto el anciano con deje amargo y un sentimiento de frustración que calo el pecho de Yuuri al ver reflejado el sentir del hombre en sí mismo a través de su aura.
— ¿El lugar está muy lejos de aquí? —pregunto el omega, y el hombre poso su mano en su mentón haciendo memoria.
— Esta en el valle cercano a las montañas a tres horas del pueblo —respondió, y Yuuri le contesto con una bella sonrisa.
— Iré a buscarlas por usted —determino, y tanto el viejo como Víctor le miraron sorprendidos.
— ¿Yuuri?
— Pero joven, no tienes porque hacer nada de eso —alegaba el viejo Josef bastante nervioso.
— Yo mismo estoy interesado en esas flores, y como usted siempre me ha traído las mejores en los últimos años, he decidido recompensarle ello —indico, y tan pronto dijo aquello, se despidió con una pequeña reverencia y emprendió camino tomando del brazo de Víctor.
— Yuuri ¿Es en serio que vas a ir a buscar esas flores? —pregunto el zarévich mientras seguía de cerca a Yuuri que iba en dirección al borde del pueblo.
— Si, las necesito para ciertas cosas y es buena idea ayudar al señor Josef con ellas, estoy en deuda con él —menciono hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo, que literalmente estaba llevando a rastras al pobre muchacho —. ¡L-lo siento Víctor! No me fije que te llevaba arrastrando.
— No, está bien.
Yuuri lo pensó bien, si era tal como el hombrecillo le decía, si se llevaba a Víctor con él regresaría al pueblo entrada la noche y no estaba seguro si esto ocasionaría problemas con la familia del zarévich y la gente del castillo.
— ¿De verdad estará bien si vienes conmigo? —le pregunto algo nervioso ya que no le había consultado para nada.
— ¿No quieres que vaya contigo? —cuestiono con semblante decaído y un aura de tristeza, creyendo más bien que el omega no quería que le acompañara, y sintiendo ello, el joven dios no pudo más que sentir una gran ternura en su pecho haciendo que acariciara suavemente los cabellos del zarévich.
— Claro que me gustaría que vinieras conmigo. Ya eres un joven alfa así creo que es momento de ir dejar mis pensamientos de ti como un pequeño cachorro —contesto.
Un intenso palpitar resonó en todo el pecho de Víctor haciendo que sus mejillas enrojecieran de golpe y quisiera escapar de golpe, aspecto que no desaprovecho en lo absoluto.
— V-v-voy por mi caballo —salió corriendo con su rostro completamente rojo en busca de su caballo el cual estaba amarrado a unas cuantas calles de distancias.
El zarévich estaba seguro que, aunque deseaba viajar con el omega hasta ese campo de flores, ya no era tan buena idea como lo imagino en un primer momento. Nunca imagino que Yuuri fuera a decir que comenzaría a verlo como un joven adulto y ya no como un niño, eso hizo que su corazón latiera de tal modo que sentía que en cualquier momento fuera a explotar y toda esa situación aumento cuando ambos debieron montarse en el lo hizo Víctor para ayudar a Yuuri a subir, no tuvo que calmar antes al corcel dado que no parecía haber problema entre este y el omega, pese a lo que era acostumbrado a que el animal siempre fue reacio a otras personas, más por el contrario, con Yuuri se había comportado manso y cariñoso. Al subirse, el dios debió abrazarse al cuerpo del alfa para poder sostenerse bien hasta hallar una posición cómoda, pero el toque repentino hizo que un pequeño gritito saliera de los labios del alfa debido al repentino toque.
— ¿Estas bien Víctor? —pregunto el omega asustado, y el alfa solo quería que la tierra lo tragara.
— Sí, sí, claro que estoy bien Yuuri. Andemos de una vez, por favor guíame —pidió sin llegar a voltear su rostro sonrojado, y dio inicio a su marcha.
El camino en los primeros 30 minutos fue tranquilo, pero conforme iban pasando las horas, el silencio comenzaba a incomodar nuevamente a la pareja. Víctor no parecía motivado a decir algo y Yuuri se sentía nervioso por el remolino de sentimientos que arrollaban el pecho del alfa en ese momento. Aunque no quisiera hacerlo, era inevitable para el sentir las emociones básicas de los seres humanos, y Víctor por supuesto no era la excepción, aunque en los últimos años había sido un poco más confuso analizar aquello que sentía, era en momento como aquellos en los que sentía que el alfa era como un libro abierto un lienzo que lleva sus primeros rallones que aún no lograr alcanzar un punto preciso de lo que desean reflejar. Y para ese instante, el dios solo sentía incomodidad y duda.
— ¿Estás pensando en algo Víctor? —no pudo evitar preguntar el dios, sintiendo como los hombros del joven alfa se tensaban.
— No pienso nada en particular —respondiósin siquiera voltearse, y un suspiro leve salió de los labios del omega.
Y como era de esperarse, el zarévich no respondió sinceramente lo que pensaba, sino que se encerró en sus propios pensamientos evadiendo responder como Yuuri esperaba. Siendo sincero, imaginaba que la pubertad y la adolescencia harían que el joven alfa en algún momento dejara de contarle todo lo que le aquejaba, y Yuuri lo veía normal pues el en su momento fue así (e incluso en la actualidad seguía haciéndolo un poco), pero nunca imagino que aquello le fuera a doler tanto. Que luego de la confianza que habían establecido entre ellos, Víctor comenzara a ocultar sus pesares e intentara cargas nuevamente con ellos él solo.
El camino en caballo siguió un rato más hasta que llegaron al borde de las montañas, ya de allí no se veía ningún valle a la vista y estaban indecisos en qué camino tomar, hasta que a Yuuri se le ocurrió una oportuna idea que decidió no comunicar al zarévich.
— ¿Qué haces Yuuri? —pregunto al verlo dejar ir una pequeña mariposa, este simplemente sonrió algo divertido.
— No es nada —respondió acariciando sus cabellos —, es mejor que dejemos el caballo, tendremos que caminar un poco por lugares estrechos —recomendó y el zarévich
Dejaron al corcel sujetado a uno de los arboles cercanos a una pequeña cueva, y siguiendo una seña del joven dios, se adentraron en esta. Al principio Víctor estaba algo curioso ya que nunca en su vida había visto una cueva real pero conforme pasaban y se adentraban en ella, la luz era más escasa y casi no veían por donde pasaban, Yuuri permanecía tranquilo al estar en conciencia de lo que le rodeaba, muy a diferencia de Víctor que comenzaba a ponerse nervioso.
— Oye Yuuri ¿Seguro que vamos en buen camino? ¿No nos estamos adentrando demasiado? —pregunto, y una pequeña risa salió de sus labios mientras aprovechaba la oscuridad para tomar la mano del alfa.
— Tranquilo —respondió con seguridad—. Estamos ya muy cerca… solo falta esto.
Víctor no podía creer lo que estaba viendo, era como una especie de sueño, algo completamente fantástico, luego de haber doblado en una esquina fueron recibidos por una intensa luz que les cegara para después presenciar la maravilla de la naturaleza formada en medio de un pequeño valle oculto donde miles y miles de flores de muchísimos colores tenían su pequeño hogar.
Era tan hermoso que no pudo evitar correr por allí como un niño, dejo sus zapatos a un lado del césped y comenzó a correr, haciendo volar los pétalos y bailando felizmente entre ellos, riendo en una felicidad tan pura que parecía estar alejada de las preocupaciones, y eso hizo a Yuuri infinitamente feliz mientras le veía desde lejos. Y mientras este se encontraba ocupado comenzó a recolectar las flores que necesitaba llevar para él y para el viejo Josef. Fue al menos 30 minutos después, agradeciendo y otorgando respetos a la naturaleza por otorgarle aquellas flores que fue a encontrarse con el alfa que respiraba felizmente mientras descansaba sentado al borde de pequeñas rocas.
— Parece que te estas divirtiendo —menciono sonriente, y recibió una sonrisa igual de brillante por parte del zarévich.
— Esto es tan increíble, hay tantas flores, tantos colores y es todo tan precioso —las palabras no cabían, eran demasiadas cosas y sentía que no podía simplemente memorizarlas —. Nunca imagine que podría estar en lugar así en mi vida —pronunciaba el alfa tomando una pequeña florecilla entre sus manos y acariciando suavemente los petalos en forma circular—. Siempre me imaginé encerrado tras las paredes del castillo, fracasando en lo que mi padre deseaba que fuera, sin poder llegar a ser mi mismo… y ver esto me hizo pensar lo afortunado que fui al conocerte —le miro sonriendo con un brillo intenso en sus ojos—. De verdad te lo agradezco Yuuri.
—Víctor…
Yuuri se levantó directamente del suelo dándole la espalda al alfa y siendo observado fijamente por este, suspiro tendidamente por un momento para después estirarse un poco. Luego se volteó hacia el tomándole de una mano para levantarlo del suelo, el zarévich no entendía que ocurría cuando de repente algo fue colocado en su cabeza.
— Yuuri, que..
—Anímate, Víctor —susurro de repente el omega, siendo lo suficientemente alto para que su acompañante pudiese escucharlo mientras arreglaba delicadamente un conjunto de rosas y lirios para adornar sus cabellos.
— ¿Qué? — Víctor tomo las pequeñas rosas y lirios que el dios había colocado en su cabeza y los miro desorientado para que después ambos se observaran directamente a sus rostros, Yuuri tenía una diminuta sonrisa y Víctor se veía confuso, sin entender las palabras del omega —. Desde esta mañana te he visto muy desanimado, no era por haber salido del primer celo, simplemente algo pareciera aquejar tu pecho y no sé cómo ayudarte.
Víctor bajo la mirada mordiéndose el labio inferior, durante todo ese día había querido ocultar sus sentimientos de incertidumbre, pero al final había sido tan visible para el omega que este no pudo evitar darse cuenta.
— Lo siento Yuuri, no era mi intención molestarte con eso —respondió azorado, queriendo zafarse del toque de las manos del dios, no obstante, este no le dejo soltarle, siguió conteniendo el amarre de ambas manos sorprendiendo al alfa.
—No tienes que disculparte por nada Víctor —contesto el omega con tono conciliador —. Es normal sentir confusión cuando hay algo que no conoces, es normal sentir miedo y ansiedad —expreso, para luego hacer una pausa y alzar su mirada para verle directamente a los ojos—. Víctor, no sé bien que es lo que estás pensando, pero estas haciendo una cara que no es usual en ti —afianzo aún más el agarre de sus manos —. Esta es una faceta de Víctor que solo sale a relucir cuando algo le está afectando, no sé qué tan difícil sea eso, pero puedes contar con mi apoyo. Después de todo, el Víctor sonriente es el que más me gusta ver.
Oh, el pobre alfa no sabía dónde meterse. Su rostro repentinamente había enrojecido y sentía que su rostro explotaría en cualquier momento, sin ninguna posibilidad de huir solo pudo ocultarse tras los brazos del omega, huyendo de cualquier contacto visual que pudiera tener con el omega.
— No me mires.
— ¿Víctor? —el omega se miro confundido, intentando mover su rostro para observar al alfa.
— No me mires, Yuuri —le pidió afianzando el abrazo, y sintiendo como su rostro enrojecía aun más.
— ¿Q-que pasa Víctor? ¿Dije algo que no debí decir? —sus propias mejillas estaban sonrojadas por los sorpresivo del contacto, pero era mucho más inusual que Víctor actuase así.
— No dijiste nada malo Yuuri, solo déjame estar así un momento —solo estaba avergonzado, avergonzado de sí mismo y completamente sobrepasado por la belleza de Yuuri.
¿Cómo podía decirlo? Tenía demasiados pensamientos y sentires en ese momento. Aquel extraño día, ese viaje incomodo en caballo, el paraíso de las flores y finalmente ese momento, era demasiado para su joven corazón. Era tan difícil expresarlo con palabras, la garganta se le secaba y las oraciones no salían. Pero dentro de todo ese cumulo de acciones le habían pensar que hablar venía siendo innecesario, porque puede sentirlo, a través del tacto de sus manos puede sentirlo. Ese extraño malestar que ha comenzado a desarrollar desde hace un tiempo y que reside directamente en su pecho cada vez que observa a Yuuri.
Ese indescriptible deseo de besar sus labios, hallándose tan cerca y con Yuuri buscando animarle, sonriéndole ampliamente hace tan solo unos minutos.
¿Qué podía hacer?
Víctor sentía que su corazón estaba a punto de salirse de su pecho.
Habían pasado tantos años sintiéndose aquella opresión en su pecho, en cada momento que podía observar aquella hermosa sonrisa despampanar en el rostro de Yuuri ¿Cómo pudo haber sido tan tonto? Jamás se dio cuenta de sus propios sentimientos.
Pero no importaba, ahora todo tenía sentido para él y estaba inmensamente feliz de saberlo.
Él estaba enamorado de Yuuri.
¡POR FIN VÍCTOR ACEPTA QUE ESTA ENAMORADO DE YUURI! Pero aun las dificultades y dudas no terminan, aun falta que se decida si se confiesa o no, tambien en como reaccionara nuestro tierno dios cuano se entere ¿Que teorías tienen al respecto? Me gustaría leerlas.
