Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía
Solo para mayores de 18.
Yani, muchas gracias por ayudarme con la corrección de capis!
Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook
Octubre, 2012.
La doctora frente a ellos abrió un paquete de galletas saladas y se las extendió a Tanya.
—Sé que en lo último que estás pensando es en la comida. —La amable doctora le dio un cuadrado fino y salado, que sacó de un paquete de galletas—. ¿Pero qué tal si comes esto y tomas un poco de gaseosa? Te prometo que te sentirás mejor, confía en mí.
—¿Nos puede asegurar que no estaba sufriendo un aborto espontaneo?
La doctora levantó la mirada y lo miró como si le hubiera salido un tercer ojo, o quizás solo fuera el hombre más estúpido que hubiera visto nunca.
—Pero claro que puedo asegurártelo —sonrió sacudiendo la cabeza—, el sangrado pudo haber sido solo un cambio hormonal, ya que me aseguran ambos que no están teniendo relaciones sexuales… —suspiró negando—, cosa que realmente no entiendo, el que ella vaya a tener un bebé, no significa que no puedas tocarla o pasar el mismo tiempo de calidad que tenían antes de embarazarse. La mayoría de los hombres tienen miedo, pero te puedo asegurar que no va a pasarle nada, y es algo que definitivamente no puedes negarle a una chica.
Tanya se puso roja de nuevo, mientras Edward desviaba la mirada. No estaban teniendo sexo porque no eran una pareja, y sabía bien que Tanya no estaba viendo a nadie más desde que estaba embarazada, no que él lo hubiera sugerido o algo.
—Entonces, comeré un poco —comentó Tanya cambiando el tema mientras se acercaba a los labios la galleta salada.
Y, voila, vaya si cambiaron las cosas. Tanya terminó comiendo medio paquete y un refresco de lata completo, el color inundando sus mejillas logró sacarlo de ese estupor en el que sin saber se había sumergido.
—Eso pareció ayudar mucho, ¿verdad? —dijo Edward cuando Tanya se echó hacia atrás en la cama y lanzó un suspiro de alivio.
—No tienes ni idea. —Tanya se puso la mano en la parte baja del abdomen—. Lo que sea necesario, lo haré, lo beberé o comeré, lo que sea para tener bien a nuestro bebé.
—Las náuseas apestan, no me puedo imaginar padecerlas todo el tiempo.
—No me importa si vomito durante los próximos cinco meses, siempre y cuando el niño esté bien. Estoy asustada con eso del sangrado, y las arcadas tan continuas, ¿y si me deshidrato y de alguna manera pierdo al bebé por no ser cuidadosa?
Edward parpadeó, mirando a la doctora.
—¿Eso podría pasar?
—Es normal tener náuseas los primeros meses, la mayoría de las veces los síntomas desaparecen con el desarrollo del embarazo, pero en algunos casos no pasa, lo único que puedes hacer, es comer de forma saludable y tomar muchos líquidos. —Hizo un par de anotaciones—. Tendré monitoreado el sangrado que tuviste de cualquier manera, pero todo parece indicar que están bien, traten de inhalar profundamente e ir un día a la vez.
El teléfono de la doctora sonó.
—Tengo que comprobar a una paciente que parece entró en labor de parto. Tanya, en lo que a mí respecta, no hay razón médica para que te quedes por más tiempo aquí, sin embargo, no quiero que abandones tu casa por un par de días, nada de actividades físicas para ti tampoco. Vamos a darnos algo de tiempo, ¿de acuerdo?
—Por supuesto.
La doctora salió un momento después y Edward se quedó perdido. Quería ayudar a Tanya con todo esto, cargarla de preferencia hasta el auto, y luego cargarla de vuelta hasta su departamento, pero por el amor a todo, ella no estaba paralizada. Sin embargo, sentía que los nervios lo tendrían así durante… digamos el resto del maldito embarazo.
Se apoyó contra los armarios de acero inoxidable.
—Me encuentro queriendo preguntarte cómo estás cada segundo.
Tanya se rio un poco.
—Ya somos dos, si pudiera me mudaría al hospital, de verdad —suspiró negando—, nunca pensé que sería tan paranoica, cualquier cosa extraña me pone fatal.
—¿Quieres que te lleve a casa?
—Sabes… en realidad no. Me siento... —miró a su alrededor—, bien, me gustaría conducir de regreso el auto y tratar de seguir con mi vida, no me gusta depender de nadie.
—Lamento anoche no haber visto el celular, Derek estaba… sí, ya sabes cómo es esto —comentó cansado pasándose una mano por el cabello.
—Realmente compadezco a Derek, tenle paciencia, después de lo que vi en México… —negó con un suspiro, haciéndolo sentirse de alguna extraña manera reconfortado. Ella mejor que nadie sabía a lo que realmente se enfrentaba con ese guitarrista todos los días—. Igual llegaste casi al mismo tiempo que yo, no es ningún crimen, Edward, ambos tenemos una vida, no pasa nada. —Él asintió.
—¿Necesitas que haga algo más?
Ella negó, con la vista clavada en la pequeña bandeja llena galletas saladas.
—Siempre que tenga estas, estaré bien, haré una parada por el supermercado y me recluiré en casa hasta nuevo aviso. Siéntete libre de ir con Resistance.
Edward frunció el ceño.
—Les avisé que no iría, puedo ir contigo de compras y...
—¿Y luego qué? —Cuando Edward desvió la mirada, ella sonrió, rodando los ojos—. No me malinterpretes, me encantaría que fueras conmigo, y jugar a la casita, pero no me gusta hacerme ilusiones, ya cometí ese error una vez —dijo, haciéndolo sentir absolutamente como un bastardo—, además tengo la sensación de que solo te vas a quedar ahí sentado preocupándote. Si pasa algo, puedo llamarte y puedes volver de inmediato.
—Está bien —dijo lentamente—. Tengo el teléfono y les dejaré claro a los chicos que si llamas, me largo.
—Bien.
Edward suspiró, mirando tras las cortinas de la ventana que estaba cerca de Tanya, el viento jugaba con algunas hojas y el cielo estaba cerrado, como si fuera a llover en cualquier momento. Cristo, en que gran lio estaban metidos. Ambos eran la prueba viviente de que la tragedia no tenía que ser traumática en el sentido de un accidente. A veces, no era más que una única noche de sexo sin protección.
—Quiero que sepas que no tengo ningún problema si quieres ver a alguien. —Ella sonrió con tristeza.
—Créeme, no quiero estar con nadie de momento, pero incluso si lo quisiera, pareciera que estar embarazada es un gran letrero de neón que destella: no-se-acerquen.
—Hum, lo siento.
—No pasa nada.
En el silencio que siguió a eso, Tanya tomó otro refresco y luego se quedó mirando la lata, como si estuviera muy interesada en las letras ahí escritas. Jesús, que desastre. Suponía que habría necesitado un segundo o quizás un maldito día para averiguar si se mentía o no a sí mismo cuando pensó que podía hacer ambas cosas: estar casado y estar con Tanya. No es que él hubiera hecho una elección consciente cuando ella había ido a su habitación en aquél hotel. Ese paseo de un par de noches con ella, fue más bien una acción de rebote, su rebote fuera de los graves aprietos en su relación con Bella, hacia la única cosa que de momento podía hacerlo sentir vivo.
Y ahora las cosas se habían jodido.
Así que aquí estaban, juntos pero no compartiendo nada apasionado, sino más bien presos de los residuos que el miedo les había dejado. Edward recordó cómo habían estado la noche anterior, en esta misma clínica pensando que quizás ella estaba teniendo un aborto. Esa mierda lo había hecho casi vomitar del miedo. No podría volver a pasar por eso.
Y quizás fue en ese momento, de pie en esa sala de azulejos prístinos, con el fuerte olor a desinfectante en la nariz, con la cabeza revuela y con el corazón lleno de marañas, que se dio cuenta de que comenzó a amar a su bebé. En ese horrible lugar. Con esos extraños sentimientos. Aquí mismo, como… ahora mismo. Lo amaba más que a nada.
—Está bien si... ¿puedo tocar tu estómago? —preguntó en voz baja.
—¡Por supuesto! No tienes que pedirlo. —Tanya se recostó con una sonrisa—. Es tuyo también, lo sabes.
Edward se frotó las nerviosas manos contra los vaqueros mientras se acercaba a la cama. Desde luego, había tocado a Tanya antes, pero no de esta manera, nunca había pensado en tocar a su bebé. Como en un trance, Edward observó como su mano se estiraba. Jesús, las puntas de los dedos le temblaban como un loco, pero se detuvieron en el instante que hizo contacto con su hijo.
—Estoy aquí —dijo en voz baja—. Es decir, estamos aquí y no vamos a ir a ninguna parte. ¿Y en cuanto vengas al mundo? Voy a estar ahí para cuidar de ti. Siempre. Así que sigue haciendo tu trabajo y nosotros el nuestro por mantenerte a salvo, ¿está claro? Te amo, bebé.
Inesperadamente, Tanya colocó su palma sobre la suya.
—Siempre vamos a estar para ti, te protegeremos siempre.
Al escucharla decir eso, la miró a los ojos y lo que encontró ahí, lo hizo sonreír. Por primera vez, dejó de sentirse totalmente estúpido por hablar a lo que era, sin duda, nada más que un embrión. El ver a Tanya sintiendo lo mismo que él le robó una risa corta, ella también se rio, sin poder evitarlo. Estaban de alguna alucinante manera, juntos y civilizadamente en esto.
Y se sentía bien. Se sentía… como se suponía que tenía que sentirse convertirse en padre.
Hola! ¿qué tal va su fin de semana? tocaba actu ayer pero tuve mucho trabajo, espero que les guste, ¿me dicen?
Gracias por comentar: Miop, Gloria, Aislinn Massi, Marymaru, Lizdayanna, Karla, Jupy, Paupau1, Marme, Daira A V, cariño, ni más ni menos, solo son seres humanos en toooda la extensión de la palabra, muchísimas gracias por tus palabras!, Valentina delafuente, jaja lo sé!, Yoliki, Tata XOXO, Tecupi, Liliana Macias, Leah de Call, Tulgarita, Yenix304, Esal, Injoa, rjnavajas, si me llegó cariño y no sé como se me fue en los agradecimientos, mil disculpas siempre las leo!, Edu, un fuerte abrazo para ti también!,LuAnKa, ajajjaja, torrespera172, saraipineda44, angryc
