Harry se acostó tarde aquella noche. Había sido una reunión intensa, había tenido que contarle a Ron y Hermione todo lo que había ocurrido desde que habían llegado al castillo, desde la búsqueda de los gigantes hasta el ataque de ese mismo día.

Heist había estado presente de manera educada y respetuosa, cosa que había sorprendido mucho a Harry.

- El castillo tiene sus propias defensas desde tiempos inmemoriales, señor. No tema nada - había afirmado el fantasma.

Hermione le había mirado con desconfianza. ¿Qué habría visto ella en Heist que él mismo había pasado por alto?

Ella por su parte había informado de las cosas que había encontrado, como la biblioteca y el plano. Harry se había sorprendido de no haber encontrado algo así en todos esos meses, pero en realidad el castillo era un completo misterio para él, lo había utilizado como estructura simplemente. Seguro que había mil cosas escondidas que desconocía. Hermione había mencionado que tenía un presentimiento muy fuerte sobre aquel castillo y su dueño. Quizá ahí radicase su desconfianza en Heist.

En general, había quedado muy satisfecho con el equipo que tenía ahora mismo; Hermione era sin duda el cerebro, la investigación, la parte histórica y la organización de medios; Ron sería el comandante de su pequeño ejército de magos oscuros dominados, tendría que practicar un poco el hechizo de dominio, pero debían ir por partes, además, era bueno recopilando información acerca de los movimientos del enemigo durante la batalla. Tanto quidditch había dado resultado.

Por otro lado, aunque no había llegado a tiempo para la reunión, tenía a Nott, al cual había preferido no mencionar todavía de manera personal. Contaba con su dominio de las bestias llegado el momento.

Pero seguía faltando su pieza clave, faltaba tanto en el equipo como en su vida en general. Estaba echando de menos al estúpido rubio más de lo que se quería reconocer a sí mismo. Era un alivio contar con sus amigos, pero ellos eran añadidos en su vida, Draco era parte de ella. Y no ya sólo en el plano personal, pues el rubio había hecho grandes avances en antídotos y contra hechizos para los maleficios empleados por los caballeros entre otras muchas cosas, había resultado ser más útil de lo que esperaba.

Él había estado dentro del lado oscuro, junto a él, las artes oscuras habían formado parte de su vida de una manera mucho más natural que en sus amigos, y eso se notaba a la hora de afrontar los problemas y buscar soluciones cuando había magia oscura implicada en la ecuación.

Todo era mucho más sencillo con él.

La manta de repente le daba demasiado calor, la retiró y se tapó hasta la cintura. Se tumbó de lado, mirando hacia su lado de la cama y pasó la mano por la sábana, acariciándola, sintiendo su agradable tacto. Le echaba tanto de menos...

Al principio, cuando se fugaron de Rumanía, pensaba que lo que había sentido por Draco, aquella vez cuando le vio transformarse, era fruto de la necesidad, pero una vez que habían salido de allí todo había sido un caos en su interior.

Durante semanas había querido convencerse de que todo era por el dominio y el poder, que la atracción salvaje que sentía por Malfoy pertenecía al baúl de la maldad que Rumanía había despertado en él.

Una noche, presa de la desesperación y el deseo, decidió que se sacaría de dentro aquella sensación de necesidad por el rubio a la fuerza. Le había asaltado mientras dormía a su lado, le había enmudecido por primera vez con la mordaza que seguiría usando mucho tiempo después, le había sometido a su voluntad y le había obligado a permanecer quieto.

Había perdido totalmente la cabeza y Draco había pasado la mitad del tiempo inconsciente debido a los excesos que había cometido en él, físicos y mágicos, pero lejos de quitarse las ganas de vomitar, como había esperado, descubrió que lo había disfrutado. Demasiado.

Al día siguiente la culpabilidad le había hecho arrepentirse y había intentado suavizar las cosas con él tras curarle y asegurarse de que estaba bien. Draco había pasado varios días sin mirarle ni hablarle.

Aquella cadena le había convertido en un desalmado, un sádico, que se había negado a ser consciente de sus sentimientos.

Su táctica no había dado resultado, cada noche le deseaba más y más, y Draco empezó a ser más dócil, tanto que en algunas ocasiones sintió que hasta él lo deseaba.

Aprendió a controlar la violencia tras ser consciente de que, ver los ojos de su enemigo suplicarle que no parase, le provocaba más placer que tenerle inconsciente.

Día a día había terminado obsesionado con él.

Con el torrente de sensaciones que le provocaba tenerle cerca, acariciarle, besarle... sensaciones que nunca había conseguido con una mujer.

Sin duda, Draco era un hombre increíble. Fuerte, moldeable, seductor y pasional, al mismo tiempo que elegante y digno. Era inteligente y capaz de tomar decisiones en momentos difíciles.

Menos mal que no estaba ahí para escuchar esos pensamientos. Se ahorcaría a si mismo antes de reconocer verbalmente que era un partidazo.

Este pensamiento le dio risa. Una risa triste que le recordó la época de niños.

Cada día tenía más claro que habrían sido grandes amigos, el terror de la escuela de haber estado juntos en slytherin.

Era un tema al que le había dado muchas vueltas, aquel sombrero roñoso había visto mucho antes que él su interior, pues con los caballeros Harry había encontrado su verdadero yo.

Una persona capaz de ver de manera objetiva lo que todo el mundo pre juzgaba por el miedo que se les había impuesto a eso. La magia negra era tan útil como la blanca, y aquel concepto de bien y mal se había desvanecido para él.

Este es un mundo donde cada uno tiene sus razones para luchar por las cosas, y hace cuánto está en su mano para conseguirlo. Desde el primero hasta el último. Sin embargo la gente teme a lo desconocido y tratar de entenderlo te convierte, a sus ojos, en el enemigo.

En parte se alegró cuando había sido dado por muerto en Londres, si creían que había muerto no le buscarían, no le encontrarían y no le juzgarian por buscar su camino. No había sido hasta que había aceptado esta otra cara de la magia, que había comprendido todo esto. Que en el mundo no hay magia buena o magia mala, ambas dañan y ambas curan, de maneras distintas. Las dos caras de una misma moneda. Ambas necesarias, ambas prescindibles.

Draco había entendido eso mucho antes que él, por eso le admiraba, porque había aprendido algo así siendo todavía un niño, a la fuerza.

Se recordó a si mismo, con 17 años, totalmente ciego luchando contra lo que le habían convencido era malo y, sin más cuestiones, había actuado, sin pensar en las consecuencias para los demás, sin tener en cuenta la gente que moriría. Le habían encomendado un propósito y él lo había acatado. Fin.

Draco sin embargo ya conocía la realidad y en su única oportunidad de decidir y buscar su propio camino, habían entrado de nuevo los mismos que le habían manipulado a él desde pequeño.

Sintió esa rabia familiar el su pecho cuando se dio cuenta de que intentando salvarle de aquél lugar no había hecho más que ponerle al cuello otra cadena.

Su decisión heroica no había dado mejores frutos que la de aquellos que le habían atado a él mismo a una creencia para usarle como arma contra un asesino. Estaba repitiendo los errores que habían cometido con él.

Con razón Draco se había ido. Probablemente fuese la primera vez que había tomado una decisión por su cuenta.

Aunque no le gustara, aunque ahora le echara de menos, si esa era su decisión debía aceptarla y seguir adelante sin él.

Se sorprendió cuando sintió su almohada humedecida por unas lágrimas que no era consciente de estar derramando.

Le echaba de menos, joder. Le echaba tanto de menos que le dolía. Sumado al arrepentimiento que sentía por haber hecho las cosas así... la cadena volvió a palpitar, sintió la furia en ella. Ahora no podía permitirse otra explosión descontrolada de magia pues le necesitaban allí.

Hizo un gran esfuerzo por calmarse, cogió aire, salió de la cama y fue hacia la ventana. La luna nueva dejaba una oscuridad impenetrable en los terrenos. No podría ver a nadie hasta que este no estuviera pegado al cristal de la ventana.

Habían atacado hacía unas horas, el siguiente ataque tardaría al menos un día en llegar, con un poco de suerte podría estar tranquilo un día o dos.

Volvió a la cama y trató de dormir.

Empezaba a conciliar el sueño cuando vio la luz roja, tenue, a través del cristal de la ventana.

Nott avisaba, desde el bosque, de un nuevo ataque.


Buenas! Siento el retraso en la actualización, pero llevo un ritmo de vida ahora mismo que no tengo tiempo de nada!

Capítulo de reflexión. Ya tenéis cómo fue el descubrimiento de Harry de su atracción por el dragón. Más oscuro de lo queme gustaría, pero es Dark Harry en su peor versión, sin sentimientos ni control. Pobrecito mi Draco.

Quedan pocos capítulos, dos y el epílogo si todo sale como espero. Agarraos porque vienen curvas XD

Muchas gracias a todos los que seguís ahí. Nunca me cansaré de darlas, y por vuestra paciencia.

Un abrazo y hasta el próximo capítulo!

Kanna