— Repita el hechizo de nuevo — Exigió el hombre con un matiz de desaliento en su voz.
Hermione se encontraba exhausta, ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba practicando hechizos defensivos bajo la supervisión de su profesor.
— No — Respondió la muchacha de mala gana mientras bajaba su varita.
Ante esa respuesta Severus le dedicó una mirada de desaprobación. Después de todo lo que estaba haciendo por ella ¿se atrevía a contradecirle?
Ambos llevaban semanas reuniéndose en el bosque con la finalidad de descubrir hasta donde llegaba el gran potencial de la joven bruja. Snape vigilaba sus progresos y trataba de impartirle conocimientos que complementasen sus habilidades innatas. Granger por su parte prefería desarrollar su don y el uso de la magia no verbal.
— Estoy cansada — Prosiguió la joven — ¿En qué me va a ayudar seguir practicando hechizos defensivos?
A sus ojos las noches de práctica comenzaban a ser una completa pérdida de tiempo pues se encontraba repitiendo una y otra vez magia que ya conocía.
— Primero debe aprender a caminar antes de comenzar a correr — Ilustró el maestro con su acostumbrada calma.
— Pero yo ya se correr, ¡sólo quiero correr más rápido! — Replicó enfadada la muchacha.
Snape suspiró profundamente y alzó la vista al cielo, como si rogase paciencia a un ser supremo.
— Póngame a prueba — Pidió Hermione deseosa por demostrarle que se equivocaba.
— ¿En verdad cree que está preparada? — Preguntó Severus con una mirada de desdén que molestó aun más a su alumna.
Ella asintió de manera desafiante.
— Está bien — Aceptó el hombre mientras se remangaba los puños de su camisa.
Dicho esto sacó la varita del bolsillo de su levita y la empuñó con decisión. Por el contrario Granger guardó la suya sin apartar la vista de su mentor, mostrándole con ese gesto que pensaba enfrentarse a él sin ella pues confiaba plenamente en sus nuevas habilidades.
Antes de darse cuenta Snape desapareció de su campo de visión, ocultándose mediante un hechizo. La muchacha miró a su alrededor tratando de encontrar su rastro en la espesura del bosque. No tardó en vislumbrar su persona entre los árboles, acechándola como la primera vez que la descubrió practicando magia. Los hechizos de ocultación no tenían nada que hacer frente a su nuevo sentido de percepción. Mientras se aproximaba a la posición de Severus empezó a elevar las manos poco a poco como si levantase un peso invisible con ellas. Las piedras del terreno comenzaron a levitar hasta quedar suspendidas a su alrededor. Con un rápido movimiento de ambos brazos estas se precipitaron con violencia hasta impactar contra la arbolada que protegía al mago. Snape apoyó su cuerpo en el tronco tratando de resguardarse de los afilados pedruscos.
El terreno por el que se movía Granger tenía cierto desnivel, hecho que hacía que su avance se ralentizara. Esta condición fue la que aprovechó el docente para contraatacar.
— Glisseo — Conjuró el mago haciendo que el suelo que pisaba la joven perdiese su forma natural hasta volverse extremadamente liso.
Tras esto la muchacha se desequilibró cayendo varios metros por la pendiente hasta que un árbol detuvo su descenso bruscamente. Dolorida se incorporó mientras frotaba con la mano derecha su lastimada retaguardia.
— Desmaius — Al lanzar el hechizo un rayo de luz roja salió de la varita de Severus.
A pesar del aturdimiento Hermione logró esquivar el ataque. Ese destello había revelado la posición exacta del mago así que sin demora se decidió a atacar de nuevo. Con rapidez se formó en torno a ella una espiral de agua la cual proyectó en dirección a Snape.
— Impervius — Exclamó el mago mientras tocaba su capa con la varita para impermeabilizarla.
De inmediato se cubrió con ella tratando de repeler la columna de agua que se aproximaba. El golpe logró sacudirlo pero permaneció firme mientras el torrente se dividía en dos al impactar contra él.
Granger ejerció mayor presión en su ataque con la intención de desestabilizarlo pero Severus aguantó el envite. Al ver que no surtía efecto la joven detuvo su magia para evaluar su siguiente movimiento.
Aprovechando ese momento de duda de su contrincante Snape abrió la capa y apuntó con su varita a Hermione.
— Radix Incarcero — Conjuró el hombre haciendo que las raíces del árbol que se encontraba a la espalda de la muchacha saliesen del suelo con el objetivo de atraparla.
Sin tiempo para reaccionar la joven notó como algo comenzaba a enredarse en ella, cuando bajó la mirada observó con horror como del suelo emergían gruesas ramas que aprisionaban sus tobillos y subían por sus piernas ejerciendo presión en ellas. Desesperada formó una gran llamarada con sus manos y la dirigió hacia Severus.
— Aguamenti — Snape proyectó con su varita un potente chorro de agua que apagó las llamas creadas por Granger y empujó a ésta hasta impactar de nuevo con el árbol.
Las raíces seguían reptando por su cuerpo como si de serpientes se tratasen, llegando a apresarla contra el tronco hasta inmovilizarla casi por completo. El agua conjurada por Severus le impedía atacar de nuevo pues se encontraba completamente empapada. Al ver esto el mago detuvo el ataque considerando el duelo ganado, momento que la bruja aprovechó para intentar crear otra vez fuego con el que quemar las ataduras que la retenían. Aunque apenas podía moverse sus manos comenzaron a fulgurar, se negaba a rendirse.
— Aguamenti — Repitió Snape apuntando de nuevo a la testaruda muchacha.
El agua volvió a impactar contra ella, esta vez en su rostro. Por fin sus manos se relajaron y las raíces terminaron por inmovilizarla completamente.
Severus detuvo de nuevo el hechizo y caminó hasta quedar enfrente de ella. La joven permanecía atada y completamente mojada, con la cabeza baja sintiéndose humillada.
— Basta — Gimió al borde de las lágrimas.
— ¿Podemos dar por concluida la prueba? — Preguntó él con seriedad.
Granger asintió sin levantar la vista del suelo.
— Finite Incantatem — Tras dibujar un escudo en el aire las ataduras se deshicieron y la joven se dejó caer hasta quedar sentada en el suelo.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló. Severus continuó contemplándola a sus pies, viéndola como una niña vulnerable y no como la poderosa bruja que se había mostrado momentos antes.
Finalmente Hermione rompió el silencio con un sollozo.
— Siempre he sentido que no merezco estar aquí — Las palabras de la joven se entrecortaban por el débil llanto — Solamente soy una hija de muggles, una simple sangre sucia para algunos...
Con rabia apretó los dientes al reconocer este hecho ante su mentor.
— Por eso me esforcé en demostrar cuanto se equivocaban. Estudié y practiqué todos los hechizos que se me enseñaban, hasta dominar casi cualquier disciplina mágica que se impartiese en Hogwarts. Pensé que era el único camino para destacar como bruja... Pero un día todo cambió — Por primera vez levantó la vista del suelo para dirigirla a la inmensidad del bosque — Descubrí que había algo innato en mi, algo realmente poderoso. Por fin me sentía segura de mí misma pues ya no dependía sólo de mis conocimientos.
— El poder sin ingenio no sirve de nada — Apuntó Severus — Sinceramente siempre la había visto más como una Ravenclaw por su inclinación hacia los estudios, pero recientemente me ha demostrado que hace gala de la audacia e inconsciencia propia de los Gryffindor.
Hermione continuó con su discreto llanto, incapaz de responder a esas palabras.
— Usted tienen un gran potencial pero aun necesita adquirir más conocimientos. De esa manera podrá manejar correctamente su poder y llegará a ser una bruja excepcional — Señaló Snape amablemente.
— ¿De verdad lo cree? — Preguntó la joven alzando los ojos hacia él esperanzada por sus palabras.
— Por supuesto — La voz de Severus se suavizó mientras le tendía la mano para ayudarla a incorporarse.
Granger aceptó su ayuda y se levantó del suelo.
— Será mejor que vaya a tomar un baño caliente, no deseo que se enferme — Comentó el hombre al ver como los dientes de la muchacha comenzaban a castañear por el frío.
Sin verbalizar el hechizo tocó las ropas de la joven con la varita haciendo que éstas se secasen instantáneamente.
— Tiene razón, continuemos mañana — Confirmó Hermione mientras se disponía a emprender el camino de vuelta.
— No — Negó Severus a su espalda — Mañana no practicaremos.
Granger se giró sorprendida. ¿Pensaba cancelar de nuevo sus clases?
— Yo... Lo siento profesor, sé que hoy he actuado mal pero no volverá a pasar, si me da otra oportunidad... — Comenzó a decir la muchacha tratando de justificarse de nuevo.
— Tranquilícese, proseguiremos con las prácticas pero no mañana — Explicó el docente — Deseo que la próxima noche la dedique a su estudio personal.
Hermione respiró aliviada. Consideraba que era un justo castigo por haberle desafiado.
El mago sacó un cuaderno de su bolsillo interior y se lo entregó. Las cubiertas del diario estaban algo gastadas y sus páginas se veían ajadas.
— Quiero que lo estudie detenidamente y me lo devuelva en nuestro próximo encuentro — Explicó el hombre.
— ¿Qué es? — Preguntó la joven con curiosidad.
— El mayor regalo que puedo darle — Confesó — Mi legado.
