EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XXIX
Candy se encontraba dándose un baño, sintiendo que el agua mojaba sus rizos y la piel de su vientre ya no era la misma, eso era una incomodidad que no dejaba de recorrerle sus pensamientos, sabía que Anthony era un ser muy noble y bueno y que no se fijaría en eso, ella no era nada presumida y sabía que eso era consecuencia de los dos hermosos hijos que había traído al mundo, más sin embargo no dejaba de darle vueltas en la cabeza que a los ojos de su príncipe tal vez ella ya no se vería hermosa. Había pasado un poco más de una semana en el hospital y a pesar de que la inflamación de su cuerpo había bajado bastante, aún no se sentía del todo segura en lo que a su figura se refería. Terminó de darse el baño cubriendo su cuerpo con una bata de baño y una toalla alrededor de su cabeza, dejó la tina para salir del cuarto de baño y unirse con su hermosa familia.
Al salir se encontró con una maravillosa escena, su tierno esposo estaba junto a sus dos pequeños, quienes se encontraban recostados sobre su gran cama mientras él les hablaba de cosas maravillosas que había conocido. La historia que les relataba era el momento en el que había conocido al ser más hermoso del universo para sus ojos, hablándoles con ternura y cariño de cómo había conocido a su madre. Ambos pequeños ajenos a los que su padre les comentaba se mantenían expectantes de la voz que su padre utilizaba, ellos la conocían muy bien, era la voz que todas las noches los arrullaba después de un intenso movimiento durante el día, poco a poco sus bellos ojos que habían estado atentos a los gestos y muecas que les hacía su padre fueron cediendo al cansancio terminando cansados vencidos por el sueño.
Anthony volteó a ver a la nueva expectante que tenía, viéndola recargada en el marco de la puerta de baño, mirándolo ansiosa, feliz con esos ojos verdes que lo iluminaban solo con voltear a verlo. Candy se estremeció con la mirada que recibía de su amado, sin emitir un solo sonido para no despertar a sus retoños que en ese momento descansaban junto a él.
Anthony cambió la mirada de ternura que tenía al estar contemplando a sus hijos, por una de pasión al ver el bello espectáculo que le regalaba su esposa al salir del baño con únicamente una bata sencilla y sus rubios cabellos cubiertos por una toalla.
-Te ves hermosa. – Le dijo su amado esposo acercándose a ella peligrosamente.
-Tú te ves guapísimo de papá. – Le contestó mordiendo su labio inferior nerviosa por la mirada que le dirigía su enamorado. Dejándose envolver entre sus brazos al rodearla por la cintura ya no tan pequeña que tenía. Anthony le retiró la toalla de sus cabellos, permitiendo que le descansaran sobre sus hombros, admirando él la belleza etérea que ella poseía. La abrazó sutilmente apegando su cuerpo al de ella, emitiendo ella un suspiro emocionado al sentir el tibio cuerpo de su esposo. Sus sentidos se habían despertado, el tacto de Anthony al recorrer sus brazos e ir subiendo poco a poco hasta llegar a su cuello la tenía sin aliento, esperando el momento oportuno para llegar hasta sus oídos y decirle cuanto la amaba.
-Extrañaba verte así. – Le decía muy cerca de su oído impregnando sus pulmones de tan maravillosa esencia, logrando despertar en ella sus sentidos y ocasionando que su piel se erizara de tan sensuales provocaciones. Anthony aunque estaba vestido la camisa que llevaba estaba desabrochada hasta la cintura y el pantalón estaba a medio abrochar ya que él también se había preparado para darse un baño, permitiendo que su esposa lo hiciera primero mientras él se dedicaba a dormir a sus hijos una vez que habían sido alimentados. Ninguno de los dos podía evitar tener ese tipo de sensaciones, para ambos era un espectáculo verse así de nueva cuenta, sus cuerpos se extrañaban, aunque sabían que era muy pronto para retomar su vida marital, el provocarse mutuamente no era prohibido.
Candy cerraba sus ojos y se abandonaba a las palabras de su esposo.
-Te amo preciosa. – Le decía enamorado.
-Y yo te amo a ti amor. – Le decía esperando ansiosa que cerrara la distancia que había entre sus labios, aprisionándola por fin entre la pared y su cuerpo besándola con desespero y ansia, ella se colgó de su cuello uniendo su cuerpo al de su esposo quien la exploraba impaciente haciendo que su cuerpo reaccionara favorablemente. Anthony se detuvo por fin y dándole un corto beso y una mirada oscurecida se adentró al cuarto de baño para calmar sus ansias con un baño de agua fría, mientras Candy seguía con la respiración agitada y el corazón acelerado.
Acomodó a sus niños en su cuna con mucho cuidado de no despertarlos, eran muy dormilones igual que ella y de noche siempre duraban hasta cinco horas dormidos hasta su próxima toma de leche. Se dedicó a peinar sus largos rizos con mucho cuidado esperando de un momento a otro que su esposo saliera del baño y se acomodaran ambos para dormir, era la primera noche que pasarían en la mansión después de haber estado tantos días en el hospital y eso le provocaba a la pecosa una sensación de excitación que ni ella misma comprendía.
Anthony salió simplemente envuelto en una toalla que lo cubría de la cintura para abajo, dejando su blanco y fuerte torso desnudo al descubierto, provocando en Candy una ansiedad y un calor que no podía controlar al verlo por el vidrio del espejo, sus ojos se encontraron demostrando deseos uno en el otro.
-Eres perfecto. – Le dijo Candy al admirar su esculpido cuerpo.
-Tú eres perfecta. – Le dijo bajando los tirantes de su camisón mientras le besaba sus hombros disfrutando la suavidad de su piel. Candy se sintió tímida por el movimiento de su esposo. -¿Qué es lo que sucede preciosa? – Le preguntó al ver que ella se cubría su cuerpo al momento que él trataba de admirarla. -¿Por qué te cubres tu cuerpo? – Preguntaba.
-Anthony, mi cuerpo ha cambiado con el embarazo. – Dijo bajando su vista apenada y cubriéndose de nueva cuenta sus hombros, ella llevaba un camisón de tirantes y su ropa interior cubría parte de su abdomen protegiendo el leve sangrado que le quedaba después de dar a luz. – No es el mismo de antes. –Anthony la tomó de la barbilla y le besó sus labios tiernamente.
-Mi amor, a mí no me interesa el cambio de tu cuerpo, yo te amo tal cual eres, tu cuerpo es hermoso y las marcas que ha dejado el embarazo, son marcas de orgullo que yo veo en ti, por ello te admiro más mi amor, por tener el valor de darme no uno, sino dos hermosos hijos los cuales amo con todo mi corazón. Nunca sientas vergüenza ante mí, nunca quieras cubrir tu cuerpo ante mis ojos, déjame observarlo, déjame disfrutarlo aunque ahora solo pueda admirarlo. – Dicho esto Candy sintió que su corazón se aceleraba aún más y el amor que sentía por él incrementaba, era algo que pensaba imposible, pero con cada acción que él le demostraba hacía que se enamorara más y más de él.
-Eres maravilloso ¿Lo sabías? – Le dijo coqueta permitiendo que la desnudara de su parte superior, permitiendo que la observara entre lágrimas por la pena que le daba su cuerpo, el cambio que había sufrido Candy era normal, su piel aún no recuperaba el tamaño que tendría, pero Candy estaba temerosa de no hacerlo, su juventud y su buena genética harían que su cuerpo volviera casi a la normalidad, pero también Anthony estaba consciente que la depresión postparto estaba presente en su pecosa, era un hecho que le habían advertido los libros y los médicos, pero él estaba dispuesto a hacerla más llevadera, era su esposa, su alma gemela, su complemento de vida, él se encargaría de hacerle ver que era verdaderamente maravillosa.
La levantó en sus brazos y la recostó en la cama con mucha ternura acomodándola entre las sábanas permitiéndose sentir entre sus manos la suavidad de sus senos entre sus manos, Anthony se retiró la toalla quedando completamente expuesto ante la mirada de deseo de Candy, demostrándole que el baño no le había surtido efecto, él la deseaba, pero también sabía que no podía disfrutarla por completo, pero no se negaría la oportunidad de acariciarla y sentir su cuerpo semidesnudo al de él completamente desnudo. Se recostó junto a ella poniéndola de espaldas, le hablaba palabras de amor mientras Candy escuchaba cada una de las palabras que le dedicaba, poco a poco el cansancio la fue venciendo, y fue cerrando sus párpados que ya le pesaban, sentía aún las caricias de su esposo y se esforzaba por mantenerse despierta mientras se relajaba con sus caricias. Anthony por su lado sentía ganas de estar con su mujer, pero comprendía que aún era muy pronto, así que solo se dedicó a decirle cuanto la amaba y a llenarla de besos y caricias por todo su cuerpo, disfrutando él mismo las sensaciones que despertaba en el cuerpo de su pecosa. El sueño rápidamente los venció a ambos durmiendo abrazados esperando que las horas pasaran para que los pequeños despertaran a demandar su alimento, un alimento que Anthony había estimulado muy bien aquella noche.
Los días en la mansión eran de lo más tranquilos, Candy tenía mucha ayuda no solo con las dos nanas que habían contratado para cada bebé, sino porque tanto Patty, como la tía abuela y la misma Dorothy se turnaban para agarrar a los pequeños, los tres bebés eran muy tranquilos, la que a veces demandaba un poco más de atención era Antonelle pero cuando su padre la tomaba en brazos podía estar horas y horas observándolo analizando cada uno de sus movimientos.
Anthony pronto regresaría a trabajar, ya se habían cumplido los días que le habían dado en la facultad de medicina y tendría que volver a sus labores, si quería ir para el cumpleaños de Candy rumbo a Lakewood, la ventaja era que caía en sábado y el viernes por la tarde podrían salir en cuanto terminara su turno.
-Amor estás lista para ir a Lakewood.
-¡Sí! He estado esperando este día desde hace tiempo. – decía feliz. – Recuerda que tenemos que llevar a los bebés para que conozcan tus rosas.
-Dirás tus rosas, además podrás ver por fin la sorpresa que te tenía. – Le dijo para entusiasmarla aún más.
-¿La nueva rosa? – Preguntaba impaciente, mientras Anthony asentía con la cabeza y la besaba en la punta de la nariz. -¿Cómo es?
-Si te lo digo ya no será sorpresa. – Decía bromeando con ella, aferrándola a su cintura.
-Está bien, tendré que aguantarme. – Decía con un puchero mientras su príncipe la veía enamorado, era maravilloso estar así con ella.
Para el cumpleaños de Candy se había organizado una comida en la mansión de Lakewood, Albert había dispuesto que todo estuviera listo, encargando a la tía abuela toda la organización, ella ya se había regresado al lado de su esposo, dejando la mansión de Chicago a manos de Albert, Anthony, Allistear y Archivald, una vez que ya regresara de su luna de miel, con sus respectivas esposas.
Patty tendría que viajar pero ella creía que debería de ser la última vez que se dirigía hacia Lakewood o a cualquier lugar ya que a sus cinco meses de embarazo le estaba costando mucho trabajo moverse.
El viaje se hizo tranquilo, Candy iba junto a Anthony y sus pequeños, iban acompañados por las niñeras y eso les daba un poco más de libertad para dedicarse un poco de tiempo para ellos mismos. Patty y Stear viajaban en otro automóvil igual, y Stear se preocupaba por que su esposa estuviera lo más cómoda posible. Albert y Dorothy al igual que los Brower viajaban con la niñera quien les ayudaba con su pequeño Alexander el cual estaba dormido en el regazo de su madre una vez que había sido alimentado.
Llegaron antes del anochecer a la mansión de las rosas y unos entusiasmados Simmons los recibían, ya estaban esperándolos, ambos ansiosos de ver a sus nietos.
-¡Bienvenidos! – Decía Elroy emocionada de ver a su familia llegar.
-¡Muchas gracias tía abuela! – Decía Albert ayudando a bajar a su esposa, mientras los demás llegaban un poco después de ellos.
-¡Qué grande está Alexander! - Decía Harold a ver que su hija le acercaba a su pequeño para que lo cargara.
El automóvil en donde viajaban Candy y Anthony se estacionaba por fin y el de Stear y Patty entraba unos segundos después.
-Anthony, Candy, bienvenidos. – Decía la tía abuela feliz sin esperarse a una respuesta de sus nietos y se acercaba a los pequeños Andre y Antonelle, los cuales despertaban después de tanto alboroto. El pequeño Andre no lloró en absoluto, muy al contrario de la pequeña Antonelle que desconoció la voz de la persona que la cargaba. - ¡No llores pequeña! – Decía confundida Elroy al no saber cómo calmar a la pequeña bebé.
-No se preocupe tía abuela, es normal, Antonelle con el único que se calma es en los brazos o con la voz de su padre. – Decía Candy para que no se preocupara la tía Elroy.
-En eso se parece a su madre. – Dijo Stear ante la risa espontánea de los demás.
-Puede cargar a Andre, tía abuela, él es más tranquilo. – Dijo Anthony cambiando de bebés para que la tía abuela no se sintiera mal por haber sido rechazada por Antonelle.
Patty se sentía muy cansada por el viaje, sus piernas estaban un poco inflamadas por la retención de líquidos y necesitaba recostarse un poco para poder descansar. Stear la dejó dormir un poco y bajo para reunirse con los demás. Las mucamas se habían retirado con los pequeños para que durmieran, cada una con el bebé que se les había encargado.
-Stear, ¿Has tenido alguna noticia de Archivald? – Preguntó la tía abuela, quien estaba un poco ansiosa de que llegara su otro nieto.
-Sí tía abuela, dentro de un mes aproximadamente llegará. – Dijo tranquilo.
-¿Cómo tomó que tuvimos gemelos? – Preguntó Anthony queriendo saber la reacción de su primo.
-No le dije. – Dijo Stear simplemente.
-¿Cómo? – Preguntaron tanto Candy como Anthony confundidos por la respuesta de Stear.
-Le dije que había nacido un hermoso varoncito de nombre Andre. – Dijo con una sonrisa traviesa. – Él quería una mini gatita, y también la tiene, solo que tendrá que esperarse hasta que llegue. – Decía Stear riendo, quería molestar a su hermano y sabía que si le decía que había ganado ya con eso era suficiente, por lo pronto hasta que terminara su luna de miel, ya que hasta entonces se enteraría de que también tendría a la ahijada que había estado esperando. – Por cierto no le causó mucha gracia que no lo hubieras esperado Candy.
-¿Qué!? ¿Es broma verdad? – Decía Candy sorprendida recordando que Archie le había dicho que lo esperara hasta que regresara de su luna de miel para tener a su bebé.
-Lo bueno que nos perdonará en cuanto vea a la hermosa bebé que tenemos. – Le dijo Anthony a su esposa abrazándola con amor.
La noche llegó y por fin todos se retiraron a sus habitaciones, solo un rubio había dicho a su esposa que lo esperara un momento. Se dirigió hacía el jardín para después adentrarse al pequeño invernadero donde se encontraba aún la rosa.
-Buenas noches, Charles.
-Buenas noches joven Anthony.
-¿Cómo sigue la rosa?
-Muy bonita, cada día me encuentro con nuevos botones abiertos. ¿Quiere verla? – Anthony asintió y espero a que Charles abriera el invernadero.
Anthony se acercó para ver detalladamente la rosa que había tardado años en hacer que floreciera, encontrando una rosa con un tono amarillo satinado y del centro se extendía un tono verde que se separaba en pequeñas pecas extendiéndose al comienzo del centro de la flor, perdiéndose antes de llegar a la mitad de los pétalos.
-¡Es hermosa! – Dijo Anthony maravillado, la rosa estaba inspirada en el cabello de Candy, sus ojos y por supuesto sus pecas, las cuales Anthony había adorado desde un principio. – Se ve más hermosa de lo que imaginé.
-¿Cómo le pondrá a esta rosa?
-Aún no lo sé, le voy a preguntar a mi esposa a ver qué nombre le gusta. ¿Sabías que floreció el mismo día que nacieron mis hijos? – Le dijo al viejo Charles más como un comentario que como una pregunta.
-Algo escuche decir al mayordomo. – Dijo el discreto jardinero. - ¿Y sabe qué es los curioso joven?
-¿Qué?
-Que ese día florecieron únicamente dos botones, dos días después comenzaron a abrir los demás y desde entonces no han parado de abrir nuevas rosas.
-Es una rosa muy hermosa Charles y al parecer es tan alegre como mi hermosa Candy.
-Tiene razón joven.
Anthony regresó muy feliz al lado de su esposa, ella advirtió que el rostro de su príncipe estaba muy feliz y no pudo contenerse de preguntarle el motivo.
-¿Qué lo tiene tan feliz señor Brower? – Preguntó con coquetería mientras lo atrapaba por el cuello y lo besaba tiernamente en los labios.
-Acabo de ver tu sorpresa.
-¿¡La rosa!? – Preguntó emocionada mientras su esposo sonreía y asentía complacido. -¿Cómo es? – decía impaciente.
-Muy hermosa, pero…
-¿Pero?
-No tan hermosa como mi bella esposa, ni como mis pequeños. – Dijo fijando la vista a las cunas que estaban muy cerca de la cama. –Necesito que le busques un nombre hermosa.
-¿Cómo es?
-Eso tendrás que esperar hasta mañana. – Le dijo besando la punta de la nariz mientras la tomaba en brazos de repente llevándola a la cama y comenzando a acariciarla insistentemente, sus besos recorrían su cuello y sus manos se paseaban por toda la anatomía de su esposa.
-Amor… - Decía con dificultad, intentando no ofender a su esposo, quien cada vez se mostraba más ansioso de estar con ella, y no era que ella no lo deseara tanto como él a ella, sino que aún no pasaban los cuarenta días que tenían que esperar para volver a estar juntos.
-Lo sé preciosa. – Decía sin detener las caricias y los besos que eran cada vez más osados. – Sólo déjame sentirte un poco más. – Decía con su sexy voz mientras Candy disfrutaba de las caricias y los besos que le proporcionaba su amado. Poco a poco cesó sus caricias, sintiéndose un poco desesperado, pero entendía muy bien el proceso que tenía que seguir, sin embargo le resultaba difícil y más porque ya tenía más de tres meses en abstinencia y aún le faltaban como dos semanas para por fin romper la dieta. – Ya falta poco. – Le dijo sonriente y con una mirada cargada de deseo.
-Ya falta poco amor. – Le dijo Candy tratando de controlar su pulso y su respiración sintiéndose agitada por la maravillosa estimulación que había recibido.
Llegó por fin el cumpleaños de la pecosa, ella se mantenía dormida, mientras Anthony se había levantado muy temprano y había llevado a sus dos niños con las niñeras para que se hicieran cargo de los niños mientras dejaban dormir un poco más a su esposa. Sabía que ella era una persona muy dormilona, pero desde que habían nacido los pequeños un mes atrás no había dormido lo suficiente manteniéndose despierta al momento que sus hijos la demandaban, al escuchar el más mínimo ruido por parte de los gemelos tanto Candy como Anthony ya estaban de pie al pendiente de ellos y sabía bien que su esposa deseaba dormir un poco más.
Se fue temprano hacía el jardín y él mismo preparó un ramo de la nueva estirpe de rosas, no faltando por supuesto la Dulce Candy la cual había florecido una vez más el 07 de mayo, al contrario de la otra rosa que había florecido el 09 de abril, casi un mes de anticipación.
-Buenos días Anthony. – Dijo Stear al ver a su primo con el hermoso ramo de flores. - ¿Cómo amaneciste?
-Buenos días Stear, muy bien ¿Y ustedes?
-Patty aún duerme ¿Y Candy?
-Candy también está dormida.
-Es normal, debe estar agotada.
-Tienes razón, mi princesa últimamente ha estado muy al pendiente de los bebés y casi no ha dormido.
Stear se rascaba su cabeza nervioso porque sabía que pronto sería él el que tendría las grandes ojeras que reflejaban tanto Anthony como Albert, pero sabía bien que sus sonrisas no se comparaban con el cansancio que sus ojos reflejaban.
Anthony entraba a la habitación de su esposa con el ramo en sus manos y con una pequeña caja que mantenía un regalo para ella, entro a la habitación y la observó detalladamente. Su rostro descansaba tranquilo en la almohada y sus rizos se veían tan dorados por los rayos que se filtraban del sol por la ventana, sus labios rosados, sus largas y abundantes pestañas y esas pecas eran en conjunto lo que lo hacía suspirar por ella. Que decir de su cuerpo el cual ya había recuperado en tan poco tiempo su pequeña y diminuta cintura, pero sus pechos estaban más grandes y apetecibles que antes, los veía subir y bajar una y otra vez al ritmo de su respiración, sus blancas piernas se asomabas por encima de las sábanas brindándole el más maravilloso de los espectáculos al posar sus ojos a lo largo de ellas, hasta ir subiendo poco a poco hasta posarse nuevamente en su rostro.
-¡Eres hermosa princesa! ¡Si supieras cuanto te amo! - Decía enamorado de su esposa, la mirada con la que era observada Candy, era una mirada que mezclaba todos los sentimientos en un solo hombre, amor, ternura, dulzura, pasión, deseo, todos esos sentimientos eran despertados en el joven rubio y todos eran solo para ella. Candy como si se sintiera observada se despertó lentamente estirando sus brazos, provocando que la sábana que cubría parte de su cuerpo saliera por completo y mostrara por completo sus piernas y parte de sus glúteos, la mirada de Anthony brilló un poco más y se acercó a ella acariciando su anatomía.
-¡Feliz cumpleaños, preciosa! - Dijo besando sus labios con mucho cuidado, para así evitar asustarla. Candy sonrió gustosa esperando más besos de su amado.
-¡Mi amor!- Dijo emocionada girando su rostro para encontrarse con esos ojos azules que tanto la derretían.
-Buenos días, mi amor. – Dijo olvidando los regalos que tenía para ella, al momento que sus ojos se encontraron con los de él, besando sus labios comenzando a hacerlo con ternura, con cortos y húmedos besos que poco a poco incrementaban la intensidad, acariciando al mismo tiempo sus blancas y firmes piernas. – Me vas a volver loco pecosa. – Le decía ansioso.
-Eso es lo que quiero. – Le respondía Candy al momento de que le acariciaba los cabellos. Anthony se emocionaba, besándola con ansias. – Te amo mi príncipe.
-Yo te amo más mi hermosa princesa, espero que este sea el cumpleaños más feliz que has tenido mi vida. – Decía con sus palabras cargadas de ternura.
-Mientras te tenga a ti y a mis hijos a mi lado, yo seré inmensamente feliz. – En eso cayó en cuenta que sus hijos no habían hecho ni emitido algún sonido. – Por cierto ¿Y los gemelos? –Preguntó curiosa viendo con ojos pícaros a su marido.
-Ambos están con las niñeras, así yo podría tener unos minutos con la mamá más hermosa del mundo. – Candy se sintió más enamorada que nunca de su esposo, la manera como la trataba, como la tocaba y sobre todo la manera en la que se expresaba de ella y de sus hijos, la hacía estremecerse de una forma muy especial. Candy no sabía que había más de una manera de amar a su esposo y con Anthony lo iba descubriendo poco a poco.
-Te amo tanto Anthony. – Le dijo besándolo una vez más, una vez que terminaron con la sesión de besos y caricias, Anthony le extendió la pequeña cajita en donde venía un pequeño collar que como dije tenía un corazón en una de las mitades tenía un pequeño diamante azul y en la otra una esmeralda del mismo tamaño. Ambas joyas representaban los ojos tanto de ellos como de sus pequeños hijos. - ¡Es hermoso! – Decía Candy emocionada con el regalo. Anthony extendió el ramo de rosas hacia ella y sus ojos se abrieron asombrados, por fin tenía ante ella la misteriosa rosa que tanto misterio había creado su esposo en ella.
-¡Anthony es maravillosa! – Dijo sorprendida.
-Por supuesto la Dulce Candy no podía faltar. – Dijo admirando a su mujer. – Ahora tienes que nombrarla, ya la has visto así que es su turno princesa.
Candy la observaba detenidamente y veía como las manchas se difuminaban a lo largo del cada pétalo, el color amarillo satinado de cada pétalo si bien le recordaba el tono de su cabello, también le daba cierto aire al de su amado príncipe.
-¡La has hecho pecosa! – Le dijo sorprendida.
-Sabes que tus pecas es algo que siempre me ha cautivado. – Le dijo abrazándola por la espalda.
-¡Lo tengo! – Dijo emocionada ante la mirada divertida de su bello príncipe. -¡Lady pecosa! – Soltó de pronto antes de que Anthony le preguntara por el nombre, soltando este una risa divertida por la ocurrencia de su esposa.
-¿Lady pecosa? Me gusta más Dulce pecosa. – Le dijo atrapando sus labios envolviéndolos entre los suyos en un apasionado beso.
Continuará…
Hola! espero les guste la sorpresa, tuve que actualizar antes ya que mañana no podré jejeje espero no se molesten, jajajaja espero sus comentarios o sus PM como se sientan más cómodas, les mando un fuerte abrazo a cada una de las lectoras hasta su país de origen...
Saludos!
