No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.

.

.

.

Mort se rió cuando ella se tambaleó por la puerta de la tumba.

— Eres la Asesina de Brujas, ¿verdad? Otro título encantador para añadir a tu repertorio.

— ¿Cómo sabes sobre eso? – preguntó ella, dejando la vela.

Ella ya había quemado su ropa ensangrentada. Había apestado cuando se quemó, apestó como la carne podrida, justo como Yellowlegs. Ligera había gruñido en la chimenea y había tratado de empujar a Bella lejos presionando su cuerpo contra sus piernas.

— Ah, yo puedo olerla en ti, — dijo Mort. – Huele a furia y maldad.

Bella se quitó el cuello de su túnica para mostrar los pequeños cortes donde las uñas de Yellowlegs le habían perforado la piel justo encima de su clavícula. Ella los había limpiado, pero sabía que dejarían señales, un collar de cicatrices.

— ¿Qué piensa de eso?

Mort se estremeció.

— Me hace agradecer que este hecho de bronce.

— ¿Me dañarán?

— Tú mataste a una bruja, y has sido marcada por una. No será la clase habitual de herida— Los ojos de Mort se estrecharon. —Entiendes que puedes acabar envuelta en un montón de problemas.

Bella gimió.

— Baba Yellowlegs era una líder, una reina para su clan, — continuó Mort. — Cuando ellos destruyeron a la familia Crochan, se unieron con los Blackbeaks y con los Bluebloods en la Alianza Ironteeth. Ellos todavía honran aquellos juramentos.

— Pero yo creía que todas las brujas se habían ido, dispersándose con los vientos.

— ¿Ido? Los Crochan y aquellos que los siguieron han estado escondidos por generaciones. Pero los clanes de la Alianza Ironteeth todavía viajan, como hizo Baba. Aunque muchos de ellos viven en los sitios más arruinados y oscuros del mundo, contenidos en su maldad. Pero sospecho que cuando Yellowlegs sepa de la muerte de su matrona, ellos reunirán a los Blackbeaks y los Bluebloods, y exigirán respuestas al rey. Y tú tendrás suerte si ellos no vienen con sus escobas y te arrastran con ellos.

Ella hizo una mueca.

—Espero que estés equivocado.

Las cejas de Mort se bajaron ligeramente.

—Yo también.

Bella se pasó una hora en la tumba, leyendo el enigma de la pared, dando vueltas a las palabras de Yellowlegs. Llaves del Wyrd. Puertas del Wyrd… era todo tan extraño, incomprensible y aterrador. Y si el rey los tenía, y si él hasta tuviera una…

Bella se estremeció.

Cuando estuvo contemplando el enigma no descubrió ninguna respuesta nueva, Bella camino con dificultad de vuelta a sus habitaciones para una siesta que necesitaba.

Al menos había descubierto finalmente una fuente posible de poder del rey. Pero todavía necesitaba aprender más. Y entonces la verdadera pregunta era: ¿Qué planeaba hacer el rey con las llaves que no había utilizado todavía?

Ella tenía una sensación que no quería saber.

Pero las catacumbas de la biblioteca podían contener las respuestas a las preguntas más horribles. Había un libro que ella podía usar para tener acceso a esas respuestas, un libro que podía descubrir el hechizo que ella estaba buscando. Y ella sabía que Los Muertos Vivientes la encontraría en el momento en que ella comenzara a buscarlos.

A mitad de camino hacia sus habitaciones, todos los planes para echarse una siesta desaparecieron cuando Bella se dio la vuelta y se dirigió a recuperar a Damaris, y cualquier otra daga antigua que pudiera llevarse.

.

.

.

Él no debería estar aquí. Sólo estaba buscando problemas, otra lucha que podría acabar rompiendo el castillo en dos. Y si Bella le atacaba otra vez, Jacob sabía con absoluta certeza que la dejaría matarle, si era realmente lo que ella quería.

No sabía qué decirle. Pero tenía que decir algo, necesitaba acabar con el silencio y la tensión que le mantenían despierto, noche tras noche y le impedían ocuparse de sus obligaciones.

Ella no estaba en sus habitaciones, pero él entró de todos modos, deambulando por su escritorio. Era tan desordenado como él de Edward, cubierto de papeles y de libros. Si se hubiera apartado él no hubiera visto los extraños símbolos escritos en todas partes. Símbolos que le recordaban la marca que él había visto en la quemadura de su frente en el duelo. De alguna forma se había olvidado de ello en los meses que se habían pasado. ¿Era… era esto algo relacionado con su pasado?

Echó un vistazo sobre su hombro, escuchando cualquier indicio de Sue o Bella, él buscó entre los documentos. Sólo garabatos, dibujos de los símbolos y palabras arbitrarias subrayadas. Quizás sólo fueran garabatos, trataba de decirse a sí mismo.

Estuvo a punto de regresar cuando vio un documento que sobresalía de una torre de libros. Estaba firmado por mucha gente, y estaba escrito con una cuidadosa caligrafía. Sacándolo de debajo de los libros, Jacob cogió el grueso papel y empezó a leerlo.

El mundo se desvaneció a su alrededor.

Era el testamento de Bella. Firmado dos días antes de la muerte de Rosalie. Y le había dejado todo, hasta el último centavo, a él.

Su garganta se apretó cuando contempló la suma y la lista de bienes, incluido un apartamento en un almacén en los barrios bajos y toda la riqueza que había adentro.

Y ella había firmado todo esto para él, con solo una petición: que considerara dar un poco de ello a Sue.

—No voy a cambiarlo.

Él se giró, encontrándola apoyada en el marco de la puerta, con sus brazos cruzados. Aunque su postura era de confianza, su expresión era distante, en blanco.

Él dejó que el documento se deslizara de sus dedos. La lista de las casas nobles en su bolsillo de repente se convirtió en plomo.

¿Y si hubiera estado sacando conclusiones precipitadas? Quizás no era realmente un canto de Terrasen. Tal vez había sido otra lengua que él nunca había oído.

Ella le miró como un gato.

—Sería un gran problema molestarme en cambiarlo, — continuó ella.

Llevaba una espada hermosa y antigua a su lado, junto con unas dagas que él nunca había visto antes. ¿Dónde las había conseguido ella?

Había tantas palabras que quería decir que no podía hablar en absoluto. Todo ese dinero, ella había dejado todo para él. Se lo había dejado todo porque ella había sentido algo por él… incluso desde el principio Edward se había dado cuenta de ello.

— Al menos ahora, — dijo ella, enderezándose y apartándose del marco de la puerta, —cuando el rey te despida por ser un maldito asqueroso en tu trabajo, tú tendrás algo a lo cual recurrir.

Él no podía respirar. Ella no sólo lo había hecho por generosidad. Ella sabía que, si alguna vez perdía su posición, él tendría que regresar a Anielle, al dinero de su padre. Y eso le destrozaría.

Pero ella tendría que estar muerta para que él pudiese ver ese dinero. Verificablemente muerta, y no como una traidora a la corona, si muriera como una traidora, entonces todos sus bienes serían para el rey.

Y la única manera en que ella muriese como una traidora sería que hiciese lo que él había temido: que se aliase con la organización secreta, que encontrara a Krystal Masen y que regresara a Terrasen. Esto era una insinuación de que ella no tenía la intención de hacer esto. Ella no tenía planeado reclamar su título perdido, ella no representaba una amenaza para Adarlan, o Edward. Él había estado equivocado. Una vez más, él había estado equivocado.

— Sal de mis aposentos, — dijo ella desde el vestíbulo, antes de entrar al cuarto de juegos y cerrar la puerta de un portazo detrás de ella.

Él no había llorado cuando Rosalie murió, o cuando había arrojado a Bella a los calabozos, o incluso cuando ella había regresado con la cabeza de Tumba, todo era totalmente distinto de la mujer que él había llegado a amar tan intensamente.

Pero cuando Jacob salió, dejando esa condena detrás de él, aún no había llegado a su propia habitación. Apenas entró en un armario vacío antes de que los sollozos le golpearan.

.

.

.

Cielos, que intenso estuvo este capítulo…