37. Fiestas novedosas II
Dedicado a Angryc
Gracias por tu fidelidad a esta historia.
Pese a que tus comentarios son breves,
son rápidos y continuos n.n y sueles ser
de las primeras en emocionarme al actualizar :')
¡Disfruta del capítulo!
Edward se decantó por abrir el regalo más grande primero, y con apenas un pequeño trozo rasgado del papel ya pudo sacar fácilmente una prenda de ropa negra que resguardaba. La extendió y dejó al descubierto una sudadera con el dibujo de Star Wars al centro de esta.
—Vi los muñequitos de tu estantería, supongo que te iba a gustar —se apresuró a aclarar Bella, como si necesitara justificarle de algún modo su elección.
Sin embargo, la cara que puso él descartaba cualquier necesidad de hacerlo.
—¿Bromeas? —exclamó boquiabierto—. ¡Esto es una reliquia!
Ella rio mientras él siguió desenvolviendo el papel con ganas. De allí acabó de sacar un libro de anatomía, cosa que Bella sabía que le gustaba, y por último se encargó de deshacerse de la envoltura del pequeño cuadrado con una sonrisa de cortesía; sin esperarse que descubrir su contenido lo dejaría mudo y con los ojos brillosos.
—¿Es lo que creo que es? —preguntó con dificultad.
—En color blanco —confirmó ella—, justo como querías.
Y Edward la besó, con cuidado de no aplastar la cajita con el iWatch.
—¡Te has pasado! —gritó emocionado—. ¡Te has pasado!
—Concuerdo con ello —indicó Carlisle, viendo a su hijo feliz de la vida con ese regalo.
Ella negó con la cabeza.
—Nah, era lo justo.
Charlie se regocijó complacido de que le hubiera gustado el detalle. No fue nada barato, y Bella lo había pagado ella sola con sus ahorros acumulados.
Por último, les tocó el turno a los adultos de intercambiarse los presentes. Se habían regalado colonias y accesorios como la corbata que Charlie recibió encantado de parte de Lillian y Carlisle; o el maletín que este último recibió por parte del padre de Bella. La entrega de regalos abrió una posterior conversación animada entre ellos que transcurrió hasta el momento en que Charlie recibió una llamada y tuvo que apartarse para contestarla.
Edward percibió como Bella se tensaba a su lado, mientras que por su parte Lillian alentaba a Carlisle a llamar a sus padres y se alejaban un poco de su sitio.
—¿Estás bien?
Ella pestañeó, volviendo en sí.
—Sí, solo… me vendría bien tomar el aire.
—Te acompaño, vamos.
Él la ayudó a levantarse y avisó con un tono de voz elevado a Carlisle y a Lillian.
—Ahora regresamos. —Su padre le dio una señal de aprobación antes de seguir con lo suyo.
Y en ese momento, una pequeña risa resonó al lado de la pareja.
—¿Acaso vas a acompañarla al baño Edward? Porque creo que ella ya sabe muy bien dónde queda.
—Rose…
—¿Qué? ¿Quieres que lo grite más alto para que se entere todo el mundo para que se entere hasta el Señor Swan? Tal vez a él no le haga tanta gracia.
Rosalie se sentía con todas las de ganar, y de repente Alice le golpeó el brazo con el móvil.
—Kellan está conectado en el chat del grupo.
Ella cambió su expresión a una de sorpresa e interés al instante. Miró a los chicos con una cara de fastidio y suspiró antes levantarse e ir en busca de su tablet.
Eso significaba que por el momento se habían librado de ella.
Edward giró la cabeza molesto y cuando vio a Bella asentir, le dio la mano para salir rápidamente de allí.
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—¿Le vas a decir lo que has escuchado antes?
Bella suspiró mientras pasaban de largo las escaleras.
—Prefiero esperar a verla en persona —le confesó mirando al frente—. Es… un tema delicado.
Edward se extrañó.
—¿No que la veías pocas veces al año?
Su corazón crujió.
—Sí —reconoció en un hilo de voz—. Y me va a seguir consumiendo el preguntarme a mí misma si siempre han sido excusas las que me ha contado, o si solo han sido en determinadas ocasiones, si de verdad ha empezado ahora… Pero al menos tengo ya algo presente, ¿sabes? Y con eso continuaré hasta que pueda aclarar las cosas con ella cara a cara, o sino…
—Corres el riesgo de empeorarlo, ¿no?
Ella asintió con dolor.
—Alguna vez deberá ser suficiente capaz de aclarar todo contigo. No es justo que te haga pasar por algo así, y mereces una explicación por este maldito martirio.
Ella ya no le respondió nada.
Ambos acabaron llegando al final del pasillo que daba al patio. No iban a salir, puesto que no llevaban abrigos consigo y hacía una temperatura verdaderamente helada, pero deslizaron hacia un lado las finas cortinas y se quedaron observando el exterior a través de la puerta transparente; sostenida por unos bordes de madera pulida.
Pronto, unas manos calentaron los brazos de Bella por encima de todas las capas que traía, antes de envolverlas entorno a su torso y chocarle el aliento suavemente en el cuello.
—Recuerdo… muy bien la primera Navidad que pasé sin mi madre —manifestó—. A pesar de tener muchos regalos y pasar un rato agradable con las personas que ya consideraba mi familia, me sentí solo. Con los años coges costumbre, pero siempre queda un mínimo sabor agridulce, y sí, llegas a un punto de la noche… que necesitas reconocer que a pesar del esfuerzo de los demás, lo cierto es que hubieses preferido lo habitual en lugar de la novedad.
—Edward…
—No trato de enfocarme en mí ahora —puntualizó—. Solo… quiero que sepas que puedes compartir conmigo ese sentimiento. Lo he vivido, y he sentido la necesidad de unos brazos, de alguien que me acompañe en silencio o con quien hablar. Para cualquiera de las tres opciones que prefieras, aquí me tienes.
Y le reconfortó tanto la calidez con la que la atendía, que ella se limitó a darse la vuelta y enredar los brazos entorno a su cuello.
—Creo que se te ha olvidado ofrecerme una alternativa más.
Y dispuesta a tomarle la palabra, Bella tiró de su nuca y lo besó con decisión. Se entretuvo un rato atrapando y moldeando sus labios con los suyos hasta que empezó a entreabrir más la boca de forma paulatina, incitándole a él a hacer lo mismo. Una vez vio la oportunidad, buscó su lengua, lo que conllevó que fuera humedeciendo su labio inferior cada vez que lo rozaba, provocando que él invadiera su boca con más ganas.
Bella descansó las manos en su pecho y él decidió detenerse en su cintura, manteniendo el juego morboso entre sus bocas que les incitaba a seguir por el adictivo cosquilleo que despertaba en sus cuerpos… hasta que sus pulmones les exigieron recobrar algo de oxígeno.
Durante el lapso en que ella se encontraba respirando de forma entrecortada, él continuó repartiendo suaves besos por su mejilla y barbilla. En una de esas se cruzó con sus ojos y aprovechó para transmitirle una advertencia escondida en ellos. En respuesta, Bella cogió su rostro entre las manos y volvió a atacar sus labios con ganas. Cuando notó el bulto creciente a un lado de su cadera se pegó incluso aún más, para darle a entender que no le importunaba. Edward correspondió a su entusiasmo, y aprovechó para deslizar los dedos por sus costados e ir explorando. Esa fue la verdadera primera vez que ambos se sintieron libres de disfrutar el momento; dejando cualquier preocupación o incomodidad fuera de lugar.
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Charlie regresó de hablar por teléfono y Carlisle se separó de Lillian, quien se encontraba hablando con su familia a través de la tablet, para sentarse a discutir con él en una esquina y sus respectivas copas de champán en la mano.
—Bella parece haberlo pasado bien —comentó Carlisle de forma distraída.
—Sí, dentro de todo —concordó Charlie en un suspiro—. Creo que de esta manera se ha olvidado por un rato de lo que la aflige. Los asuntos relacionados con su madre la afectan mucho.
Carlisle lo analizó de forma seria, asintiendo y pensando muy bien lo que quería decir antes de hacerlo.
—Es natural. Bella es una chica muy apegada, y siento que lo que más necesita es cariño para ser feliz. Sobre todo de sus padres…
—Y lo tiene —replicó Charlie—. Yo le brindaré todo lo que le haga falta; amor, atención, ayuda, la mejor calidad de estudios y de vida posibles. No hay persona más interesada en la felicidad de mi hija que yo, Carlisle.
—Se nota —apuntó estando de acuerdo—. Solo recuerda que en ciertas ocasiones los fallos se encuentran justamente en aquellos aspectos que uno cree que no pueden ir mejor.
Charlie cambió por completo su semblante, dejando paso a uno duro y ofendido.
—¿Acaso ha dado señales de estar recibiendo una mala crianza por mi parte?
—En lo absoluto, pero es un mero consejo que a todos los padres nos vendría bien tener presente. Incluso a mí. —Sonrió para aligerar el ambiente, aunque enseguida neutralizó su expresión para poder continuar—. Lo que sí me atrevo a decirte a ti en especial es que pienses sobre el significado que tú tienes de la felicidad y el que existe de verdad. Porque puede ser diferente a lo que esa chica realmente necesita que le ofrezcas para alcanzarla.
Charlie tomó un sorbo de su copa con mala cara, pero no dijo nada.
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—¿Ya está, Lillian?
—Creo que sí… ¿O es que quieres un poco más?
Bella frunció los labios en dirección la fila de media docena de táperes blancos.
Era el veinticinco por la mañana, el día oficial de Navidad. Bella y Charlie se habían pasado un momento por la casa de Edward, una vez se aseguraron de que estuvieran despiertos, para recoger parte del montón de comida que sobró de la noche anterior. Lillian reiteró con firmeza que era imposible para ellos acabarse todo eso. Y no hacía falta más que fijarse en las pruebas..
—Creo que esto nos va a servir tanto de comida como de cena —aseguró Bella con una mueca divertida.
—Uff, cuenta con ello —dijo Lillian volviendo a tapar el pavo de la bandeja con papel de aluminio—. Esta comida a nosotros nos dura un mínimo de tres días siempre.
Bella ladeó la cabeza.
—Lo imagino, sí. —Y de repente, se acordó de algo—. Por cierto, no sé si te lo mencioné en la cena… Pero el postre estuvo de muerte.
Eso iluminó la expresión de la morena.
—Ya me dijiste que te gustaba, sí. Pero entre tú y yo, siempre saco nuevas ideas de los vídeos de las páginas de cocina —le dijo guiñándole un ojo, algo que la hizo dejar escapar otra pequeña risita.
—Pues coincido con que estaba buenísimo.
Bella se giró para ver a su padre contento detrás de ellas, que había vuelto del baño y de seguro aparecía con la intención de despedirse.
—¿Tú también cocinas, Charlie? —preguntó Lillian con curiosidad.
Él se arregló el borde del cuello de la camisa y carraspeó.
—Sé lo básico, pero no dispongo de mucho tiempo —objetó—, así que tenemos a una fiel trabajadora y amiga en la casa que se encarga de hacerlo por nosotros.
Lillian se encogió de hombros.
—Yo solo soy de esmerarme en ocasiones especiales, pero pienso enseñarle a mis hijas a hacer todo para que se puedan defender por sí solas en la vida, vaya como les vaya. ¡Aunque obviamente lo haré tratando de hacerles encontrar el lado divertido y bueno de esto! Así como cierta personita me lo enseñó a mí —negó con la cabeza—. ¿Quién se lleva la bolsa?
—Lo hago yo —se ofreció Charlie cogiéndola de las asas—. Me voy a despedir de Carlisle y ya nos vamos. Como siempre, un placer Lillian.
—Lo mismo digo.
Charlie esbozó una pequeña sonrisa cortés y salió disparado. Bella suspiró.
—Bueno, después de este rato Edward ya debe haberse despertado, ¿verdad?
A diferencia de lo que pensó, Lillian no se veía muy de acuerdo.
—Yo creo que no —respondió desanimada—. Teniendo en cuenta que se ha dormido apenas dos horas antes de que tú llegaras…
—¿Tan tarde? —preguntó Bella sorprendida—. ¿Por qué?
Ella hizo una mueca y suspiró.
—Siempre hace lo mismo todas las mañanas en esta fecha, cuando yo y mis amigas quedamos en reunirnos.
Pero Bella seguía sin entenderlo.
—¿Acaso le molesta por algún motivo? —Trató de sonar discreta.
Lillian parpadeó en su dirección, sorprendida.
—Creía que ya estabas enterada de la actitud que tiene con su madre.
—¿Con Esme? Sí… ¿pero ella qué…?
Ella soltó una risa ahogada.
—¿No te han comentado que somos mejores amigas desde que iba al instituto?
Bella sintió que le habían tirado un balde de agua fría.
—Eh, no…
—Pues sí, ella era el alma que nos lideraba a todas en las fiestas —comentó con una expresión nostálgica—. Qué viejos tiempos aquellos…
La castaña no salía de su estupor.
—¿Y… Edward en estas reuniones qué tal…?
—Pues él solo la ve cuando se ve forzado a bajar, por eso hace lo que hace, aunque tarde o temprano siempre acaba saludándola. A fin de cuentas, nos reunimos aquí para que Esme pueda visitar a su hijo también.
—Comprendo… —murmuró Bella—. ¿Y Carlisle lo aprueba o…?
—¡Por supuesto! —exclamó con certeza—. Realmente no existe ningún problema entre nosotros. Su oportunidad con Carlisle la tuvo mucho antes que conmigo, así que no le reprocho nada ni ella a mí. Al contrario. Aunque suene irreal, me nace tratar a Edward como un hijo más justo por la cercanía que comparto con su madre.
Y Bella no podía negarle que, en efecto, no era habitual… Pero su forma tan afectuosa y optimista al hablar de Esme despertaron los pocos recuerdos que tenía de ella.
—Es… una buena mujer.
—Sí, a la que además debo demasiado —adució Lillian—. A pesar de ser mucho más joven, acabó enseñándome lo que era la vida a mí que en teoría era la mayor.
Sonó el timbre, repetidas veces y después un gran alboroto de voces femeninas.
—Vale, ese es el grupito formado por las mujeres más alocadas que puedas conocer. —Negó con la cabeza y esbozó una sonrisa—. Tengo que recibirlas ya o acabarán atosigando al pobre Carlisle.
Bella miró de reojo por la puerta de la cocina y captó a Alice desapareciendo rápidamente de la estnacia y a tres cuatro mujeres que le eran familiares, de las cuales solo una estuvo en la reunión que Carlisle organizó en su casa por primera vez. Aquella que espió en la sala adicional hasta que Edward la descubrió.
—Creo que les ha abierto Alice. ¿Son madres de los chicos del colegio?
—Así es —corroboró Lillian—. Reconocieron a Edward como hijo de Esme desde el primer instante en que lo vieron. Solo que como allí nadie sabe que Edward y yo no estamos emparentados, nos guardan el secreto para ahorrarnos conflictos y cotilleos innecesarios.
Bella entendió a lo que se refería. Y un instante después, Lillian acabó de meter en la nevera lo último que tenía pendiente guardar.
—¿Vamos a la sala a esperar a tu padre?
Ella asintió, y justo cuando se asomaron al recibidor, tres mujeres se engancharon en la puerta y empezaron a saludar a la recién llegada.
—¡Mer!
Ella se limitó a sonreírles del modo más cálido posible.
—¡Feliz Navidad a todas!
Ellas hicieron sonidos de emoción y diversión.
—Igualmente, chica, no has cambiado nada —comentó una.
—¿Acaso vas a mantenerte joven y bella como tu hijo siempre o qué? —añadió Victoria de manera burlona. Ella era la única que Bella había visto previamente sin estar relacionada con el colegio.
—Son los genes, Zafrina. Los genes —alegó la otra—. Yo ya estoy llena de arrugas.
Las cuatro rieron y entonces Lillian se acercó a darle un beso.
—¿Qué tal estás? Felices fiestas, guapísima.
—Bien, Lillian, gracias. —Y entonces fue cuando reparó en la presencia de Bella—. Cielo, hola otra vez, y feliz Navidad.
—Buenos días, Esme. ¡Y gracias, te deseo lo mismo! —No acabó ni de decir la frase y sus brazos la envolvieron de una manera amorosa, que la hicieron volver a recuperar ese apego natural que le surgía hacia esa mujer desde que la vio por primera vez; algo que a ella le gustaba definir como un vínculo o conexión especial.
Después de ese breve lapso de tiempo se presentó con las otras pocas mujeres, y en eso estaban cuando Carlisle y Charlie hicieron acto de presencia.
El primero, caminó hacia donde se encontraba Esme y la abrazó cortésmente.
—Carlisle.
—Esme, siempre un gusto volver a verte —le dijo al separarse—. Te presento a Charlie, el padre de Bella. Charlie, ella es Esme.
—Mucho gusto en conocerla —le extendió la mano de forma educada.
—Igualmente —contestó ella.
Charlie la examinó durante un segundo.
—¿Así que ya conocía a mi hija?
—Verás, papá… —Bella tomó aire para idear su explicación—. Lo que sucede es que Carlisle nos llevó a Edward y a mí a verla un día porque…
—Ah, cierto; es su madre, sí. Carlisle ya me lo ha comentado.
Bella casi se atragantó con su saliva.
—¡¿D-de verdad?!
La perplejidad se cernió sobre ella mientras que, por otro lado, su padre demostraba conservar una pasividad inaudita.
—Así es. ¿Por qué?
💎 Vaya, vaya, vaya. Bella está que no puede recibir más impactos por ese día, aunque... las cosas con Edward van mejorando, ¿no? 😎
💎 ¿Pero por qué Esme se cambió el nombre? ¿Qué extraéis de lo que dijo Lillian? ¿Y de lo que le dijo Carlisle a Charlie? 👀
💎 Prometí datos interesantes y aquí están. 😛 Espero que os haya gustado el capítulo y, si es así, comentad por favor. ❤️❤️❤️
💎 Aprovecho para decir que la siguiente semana voy a estar con mucho ajetreo en lo personal así que no sé si podré actualizar. Ya me veréis si al final puedo, :) pero aviso que a partir de aquí la historia va a dar un salto importante. 😉
Hasta la próxima,
Kisses! 😘😘😘
