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CAPITULO 31 – CONFRONTACION.

CUARTO DE SORA – De noche.

Mientras los demás dormían, Sora y Riku estaban en su habitación platicando sobre algo muy secreto y personal.

— Sora, ¿No te sospecha como actúa Edelgard con nosotros? —preguntó el peliblanco pensativo.

— Mmmm… Últimamente he visto que se porta, un tanto misteriosa, como si escondiera algo. —Sora dio su punto de vista.

— No sé si te hayas dado cuenta, pero no confió mucho en ella, pero esa tal Rhea, siento que oculta algo muy oscuro… —respondió Riku de la misma manera.

— Las dos sospechosas… Se ve que ese lugar tiene muchos secretos oscuros, ¿no lo crees? —dijo Sora pensativo.

— Así parece, a pesar que Edelgard no me da mucha confianza, de alguna forma Rhea me da mala espina… escuché que realizaba rituales o un rito macabro ¿será eso cierto? — Riku daba su punto de vista de igual manera.

— La verdad no estoy seguro, pero todo eso apunta a que Rhea forme parte de la Neo-Organización XIII. —asumió el pelicafé.

— ¿La Neo-Organización XIII? ¿Quién te dijo eso? —inquirió el peliblanco intrigado.

— Mmmm… Después de que Beres y yo cayéramos dormidos, soñé que me encontraba con una hermosa mujer idéntica a Rhea, pero se llama Seiros… Ella dijo, que la otra no era más que una arzobispa corrupta y cosas así, a lo que quiero llegar es que se acercan tiempos oscuros, Riku. —argumentó Sora relatándole lo que vio sus sueños.

— Entonces… ¿el joven Xehanort y los demás amenazan con desatar una guerra contra nosotros? —intuyó Riku comprendiendo las palabras de su amigo.

— Probablemente… En todo caso es que hay que estar preparados para todo, además puede que Dimitri pase por lo mismo que tú pasaste. —Sora le hacía ver que tenían que estar prevenidos y teniendo el mal presentimiento sobre el futuro rey de Faerghus.

— Ansem… No dudo que Xehanort sea capaz de traer de regreso a ese tipo y este lo manipule… Pues con más razón tendremos que estar listos. —comentó Riku consciente del problema que podría desatarse.

— Si, tienes razón. —Sora entendía las palabras de su amigo.

— Bueno, creo que es hora de dormir. —dijo el peliblanco mostrándose cansado.

— Si, es lo mejor. Buenas noches, Riku.

— Buenas noches, Sora.

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AL DIA SIGUIENTE –Sagrado Sepulcro.

Sora salió de su habitación dirigiéndose a su aula del monasterio, las clases habían terminado con normalidad y todos salieron del salón para dirigirse al sagrado sepulcro como Rhea les habían pedido.

— ¿Sorprendida, Beres? Bienvenida al Sagrado Sepulcro. —dijo Rhea en tono tranquilo.

— Quien iba a decir que hubiera tanto espacio bajo el monasterio… —comentó Edelgard sorprendida al igual que los presentes.

— Es enorme… —secundó Riku en ese mismo estado.

— Y esos enormes artilugios en los que hemos descendido no parecen de este mundo. —manifestó la emperatriz intrigada.

Fue en ese momento cuando Beres y Rhea caminaron hacia lo que resultaba ser la misma silla del trono, en la cual se sentaba Sothis cuando recién ella y Sora se conocían.

— Se dice que Sothis, nuestra creadora, se sentó en ese mismo trono. —dictó Rhea contándoles a todos con respecto a la chica. — Beres, ¿lo reconoces?

— Si… —afirmó Beres.

— Por fin… Cuanto tiempo llevaba esperando este día. —articuló la 'arzobispa' sonriente, aunque ocultaba algo muy siniestro bajo esa fachada. —Siéntate en el trono. Estoy convencida de que recibirás una revelación de la Diosa.

Fue así como Beres se sentó en la silla del trono frente a todos los presentes.

— ¿Y bien? —preguntó Rhea aunque hubo un detalle que le llamó la atención y no sucedió como ella esperaba. — Se suponía que era el último paso… ¿Qué habrá podido fallar?

Pero de pronto…

— ¡Detengan esto ahora mismo! —dictaminó Edelgard sorprendiendo a toda la audiencia.

Y entonces unos tipos aparecieron de la nada llegando hasta donde estaba la peliblanca con muy malas intenciones.

— ¡No se les ocurra moverse! De lo contrario, ¡acabaré con sus vidas! —les advirtió uno de los tipos, Metodey de forma maniaca. —No saben cuánto les agradezco que nos hayan guiado hasta aquí. Ahora el ejército imperial se apropiará de todo lo que hay en el Sagrado Sepulcro.

— ¿Qué hace el ejército imperial? — se cuestionó Dorothea confundida y molesta por las acciones de esos sujetos.

— ¡Un segundo! ¿Acaso trabaja para el Emperador del Fuego? — dijo Ferdinand sospechando de la chica.

— Sabía que Edelgard no era de todo una buena persona… —murmuró Riku mirándola de la misma forma.

— Conque el Emperador del Fuego y el Imperio están conectados… Quien lo habría dicho. —opinó Linhardt lo mala que era la chica.

— Edelgard… ¿estabas al corriente? —le cuestionó Bernadetta consternada por sus malas acciones.

— Si, todo obedece a mis designios. Yo soy el emperador del fuego. —dijo la peliblanca revelando su identidad y verdaderas intenciones.

Sora estaba muy molesto por la revelación de quien era su amiga y compañera de clase, para que luego les salga con una estupidez de que en realidad era el emperador del fuego, no les cabía en la cabeza de Edelgard hiciera tales cosas hace tiempo atrás.

— Por fin se acabó la mascarada, alteza… O, mejor dicho… majestad. —dijo Hubert dando a entender que esa farsa se había terminado.

— ¡Vamos, muévanse y dejen de perder el tiempo! ¡Háganse con las piedras emblema y con los malditos huesos! — ordenó Metodey saquear todo el sepulcro.

Sora y los demás se encontraban muy perturbados y molestos por la gran tontería que Edelgard y sus compinches estaban por hacer.

— ¡¿Cómo osan ensuciar el santo lugar?! ¡Lo pagarán con sus vidas! — Rhea les sentenciaban a muerte. — ¡Beres, Sora, acaben con este montón de traidores que se atreven a ultrajar a nuestra creadora!

— ¡Un momento! ¿A qué viene todo esto, Edelgard? —le cuestionó Caspar desconcertado.

— ¡¿Qué demonios significa esto?! —espetó Sora de forma acusatoria, sintiéndose traicionado al igual que los demás.

— ¿Tú utilizas a nosotros? ¿Por qué? — expresó Petra mostrándose triste y decepcionada.

— Edelgard… Tan buena estudiante que eras… Tenía deseos de ayudarte con el imperio… Pero esto lo que estás haciendo… no tiene nombre… —le dictaba Beres en el mismo estado haciéndole ver que lo que hacía estaba muy mal.

— Lo lamento, Beres, pero he de cumplir mi destino. — declaró Edelgard dispuesta a hacer lo que sea para cumplir lo que se proponía. — Espero que se queden al margen y no me obliguen a mancharme las manos con su sangre. Yo, Edelgard von Hresvelg, emperatriz de Adrestia… ¡Les ordeno que tomen las piedras emblema de inmediato! Maten a todo aquel que se resista.

Sus súbditos se disponían a saquear el lugar y atacar a los demás cuando…

— Pero… Por ningún motivo ataquen a Sora… Esto es entre él y yo… cualquiera que interfiera en esta pelea… recibirá un severo castigo. ¿Quedó claro? —les advirtió Edelgard ordenando a sus súbditos que no se metieran con el chico.

Tenían órdenes de atacar y robar a quien se les daban la gana, pero por alguna extraña razón, no podían ponerle un dedo encima a Sora, para el disgusto de la mayoría de esos súbditos, pero órdenes eran órdenes y no tenían derecho a cuestionar sus decisiones.

Sora estaba decepcionado con Edelgard y sus acciones cuestionables que realizaba, ahora resultaba que tenía que enfrentarla y hacerla pagar por lo que hizo.

— Sora, entiendo que estés molesto, pero debes enfrentarla si quieres evitar que cometa una locura —le aconsejó Beres dándole palabras de alentó.

— Beres tiene razón, Sora. Si Edelgard quiere enfrentarte será por algún motivo… Ve. —Riku le pedía de igual manera que tomara la iniciativa en hacerle frente a la emperatriz.

Las palabras resonaron en la mente del chico y entonces decidió dirigirse hacia donde estaba Edelgard con el propósito de detenerla a toda costa.

— ¿Quieres enfrentarme? Pues aquí estoy. — declaró Sora invocando su llave espada.

— Estaba esperando este momento, Sora. —respondió Edelgard sacando su arma también, aunque se miraba algo dolida. — Lamento tener que hacer esto.

[Kingdom Hearts III Re:Mind BGM – Yozora Boss Fight Theme]

[INFORMACION: Derrota a Edelgard]

— ¡Sora! ¡Nosotros nos encargaremos! ¡Ve por ella! — exclamó Felix dispuesto a ayudar a los demás.

Sora asintió y fue entonces cuando él y Edelgard comenzaron la batalla chocando espadas lanzándose una mirada intensa.

— No pienso excusarme, Sora… Gracias por lo que has hecho por mí. — dijo la emperatriz en ese estado.

— Y no pienso dejar que hagas más locuras, Edelgard. —le contestó Sora de igual manera, determinado a hacer que Edelgard cambie de opinión.

— A decir verdad… —le iba a replicar la peliblanca cuando se dio cuenta que hablaba de más. —No, será mejor que no diga nada más.

— ¿Qué te ocurre? —le preguntó Sora encarándola mientras chocaban las armas.

— ¡Callate! ¡No quiero que te distraigas! ¡Quiero que me derrotes! ¡Nadie más aparte de ti! ¡Solo tú! —le exigió Edelgard que se concentrara, además de declararle que solo él podría vencerla.

Eso consternó a Sora al momento de ver que, en realidad, Edelgard se miraba triste… derramaba lágrimas, estaba llorando por las cosas malas que había hecho y era una clara señal de que parecía arrepentirse de todo.

— Edelgard…

— Si… Es cierto… Como ya sé que van a matarme pues déjame confesarte algo… Si… Efectivamente colaboraba con Solon y Xehanort… Era parte de un grupo llamado las serpientes de las tinieblas… Antes de que ese tipo apareciera, el grupo causó grandes tragedias en Duscur, me torturaron y asesinaron a mi madre y a mis hermanos… Me obligaron trabajar para ellos, y hacer todo para derrocar a la iglesia, y para eso… contraté a esos mercenarios para que asesinaran a Dimitri y a Claude para poder abatir a Rhea y a sus secuaces. —confesó Edelgard sacándose todo el peso de encima, poco a poco. — Cuando te conocí… con el tiempo fui dándome cuenta de lo muy mal que hacia las cosas.

— Esos matones… ¿Asi que todo eso fue obra tuya? —Sora le pedía confirmar si lo hizo, justo al chocar las armas.

— Correcto… Pero quiero que sepas que esa gente y yo no teníamos los mismos objetivos. —afirmó Edelgard diciendo no compartía las mismas costumbres con el grupo. — Lo que ellos hacían no eran de mi incumbencia, Sora. ¿Y sabes que hice? Los mandé al demonio… Lo dejé todo por ti, pero si vas a odiarme… por mí adelante. No me opondré.

Lo que le dijo dejó perplejo a Sora, nunca pensó que Edelgard le confesara los delitos que cometió por obligación de ese grupo, fue como si ella le confesara sus sentimientos de manera sutil, lo que él sentía era simpatía hacia la chica.

— Edelgard… lamento mucho lo que te pasó… Pero eso no justifica que hayas hecho lo que acabas de hacer. —dijo Sora sintiendo pena por ella.

— Yo sé que no… Entiendo que los usé y los decepcioné a todos… —comprendió la emperatriz dejando caer su hacha al suelo, considerándose derrotada. — Me rindo.

[FIN DE LA CANCION]

Edelgard sabía muy bien lo equivocada que estaba por lo que mejor optó por soltar su arma y rendirse, no tenía sentido seguir peleando con Sora.

Quería quitarse las culpas que cargaba, esperaba el momento de que le diera el golpe final, esperaba que la llave espada le atravesara el pecho…

— Me decepcionas, Edelgard. — dijo Rhea enojada acercándose a los dos, cosa que la peliblanca comprendía. —Que una descendiente de la Casa Hresvelg se atreva a traicionar a la Santa Iglesia… Sora, acaba con Edelgard. Supone una amenaza para todo Fódlan. No permitiré que sus actos de rebeldía queden impunes.

Hubo un gran momento de tensión entre todos los presentes, quienes ya habían abatido a todos los súbditos de Edelgard y recuperado los crestas emblema y puestos en su lugar.

Sora estaba metido en un dilema moral, era entre proteger a Edelgard a pesar de las artimañas que habia cometido, o matarla. Eso lo puso entre la espada y la pared mientras miraba a los ojos de la emperatriz, quien esperaba su muerte.

Pero, de lo que Sora no se daba cuenta, era que Rhea sacaba de su bolsillo una daga de su bolsillo, y sus ojos se tornaron amarillos, fue entonces cuando Edelgard alcanzó a darse cuenta de sus intenciones, estaba por apuñalar a Sora y matarlo.

— ¡Sora, cuidado! —le avisó la emperatriz haciendo reaccionar al chico, aunque era demasiado tarde, o eso pensaban…

— ¡GWAAAH! —gritó Rhea de dolor agudo en la mano al sentir un fuerte impacto en la zona, soltando la daga.

— ¡Sora! —exclamaron todos impactados por lo que pasaba.

— ¡Beres! ¡Estúpida imbécil, ¿Qué hiciste?! —bramó la peliverde-clara furiosa.

La profesora se habia dado cuenta de sus intenciones asesinas asi que lo que hizo asestarle un brutal golpe en la mano por medio de la llave suprema, haciéndola sangrar por ese orificio.

— ¡Vi claramente como sacabas esa daga, casi matas a Sora! —la regañó la profesora de forma acusatoria.

— Jamás haría una cosa así. —Rhea lo negaba pero los demás pensaban lo contrario.

— No te hagas la inocente, mentirosa. —la encaró Edelgard claramente molesta. — Mirate los ojos, lucen siniestros como si la maldad fuera parte de tu ser. ¿Quién te dio esa daga?

— Asi que ya me han descubierto… Muy bien… les dire la verdad… Esa daga me la dio Kronya, la misma arma que mató a Jeralt. La razón es porque has traicionado a la organización, y este idiota bueno para nada te ablandó, Edelgard. ¡Ese comportamiento que todos ustedes presenciaban no era más que una fachada! —dictaminó Rhea mostrando su verdadera yo, una mujer malvada ante todos los presentes.

— No… Eso no es verdad… —dijo Flayn consternada por la declaración de la mujer.

— Lo veo y no lo creo… —secundó Ashe igual de impactado que los demás.

— ¡Arzobispa! ¡¿Es eso cierto?! —espetó Seteth enfadado al oír esas palabras.

Todos estaban conmocionados por la revelación, aunque Edelgard hizo cosas malas en el pasado, también se daban cuenta de que Rhea tampoco era una santa que digamos, no de hecho, tenía intenciones de asesinar no solo a la emperatriz, sino a Sora por igual frente a todos.

— ¿De que rayos está hablando? —inquirió Caspar en ese estado.

Fue en ese momento cuando Xehanort y los demás aparecieron delante de ella dispuesto a confrontarlos a todos.

— Asi que ya han visto la verdadera cara de la arzobispa, idiotas. —dijo Vanitas en tono maloso.

— Con que eres el tipo por el que nos has traicionado, Edelgard… —comentó Thales de forma despectiva.

— Thales… Crei haberles dicho que no quiero tener nada que ver con ustedes. —les respondió la peliblanca visiblemente enfadada, conteniendo su rabia.

— Haciéndote la difícil, ¿eh? — se burlaba el mencionado, para luego dar una tremenda y perturbadora revelación. — ¿Quieres saber que fue lo que le pasó con tu querido tio Arundel?

— ¿De que estas hablando? ¡No, ¿Qué fue lo que le hicieron?! —les exigió Edelgard una respuesta.

— Ya que estas tan impaciente te lo confesaré… Está muerto, lo asesiné a sangre fría… ¡La manera que tú y tus hermanos fueron torturados, fue obra mía! El idiota de tu padre no podia hacer nada mas que mirar como tu y los demás pasaban por los dolorosos experimentos, todos ellos se volvieron locos y murieron, pero tú, sobreviviste y ostentas los dos emblemas. —dictó Thales varias cosas muy perturbadoras que comenzaron a enfurecer a Edelgard de sobremanera.

— ¡Tu…! ¡¿Cómo mierdas te atreviste a lastimar a mi familia?! ¡Hijo de puta! —gritó la peliblanca furiosa intentando atacar al tipo, para luego ser tirada al suelo con suma facilidad al chocar con el campo de energía de este.

— ¡Edelgard! —la auxilió Sora, igual de enojado al oir esas palabras y encaró al tipo. — ¡¿Asi que le hiciste daño, para que ella les obedeciera y cometiera esas crueldades?!

— ¿Ahora defiendes a esa mujer que hizo cometió delitos bajo nuestro mando? Deberias odiarla. —se burlaba Kronya.

— No me importa su pasado, sé que hizo cosas malas antes, pero eso no quiere decir que ella sea su marioneta y se sientan con el derecho de quererla utilizar como herramienta, ¡No pienso permitir que la sigan torturando más!

A pesar de estar algo molesto por las acciones de la emperatriz, Sora no estaba dispuesto a dejar que Thales, Xehanort y sus compinches le pusieran un dedo encima, Edelgard no podia creer lo que escuchaba, la estaba defendiendo.

— Sora… ¿Qué estas…? —intentaba articular incrédula.

— A pesar de las tonterías que cometiste, me siento con la necesidad de protegerte de esos infames sujetos, si lo que ese tal Thales dijo es verdad, pues con más razón. —argumentó Sora ayudándola a levantarse.

— ¿Es esto un chiste? —se escuchó una voz que llegaron a identificar de inmediato.

— ¡Dimitri! — llamó Felix intrigado por su presencia, pero lo que notó fue una risa demasiado maniaca. — ¿Qué demonios haces aquí?

— Pasa, que me acabo de enterar que Edelgard es la emperador del fuego, ¡y ella fue la responsable por lo que le paso a mi familia! —espetó el rubio haciendo que las cosas se pusieran mas tensas en el lugar.

— Sora, escúchame, yo se que he hecho cosas malas, pero jamas lastimaría a Dimitri y a su familia, fueron ellos, ellos fueron los que los masacraron, yo no tuve nada que ver con eso, confía en mí. —le pidió Edelgard que no le creyera a un ya desquiciado futuro rey de Faerghus.

— ¿Segura?

— Tienes mi palabra, Sora.

— ¿Qué demonios les pasa? ¿No estan enojados? ¿No estan enojados por lo que esa cabrona ha hecho? —espetó Dimitri mirando con rencor a Edelgard. — ¡¿Qué mierdas haces Sora?! ¡Alejate de esa asesina!

— ¡No lo haré! —respondió Sora decidido a protegerla.

— ¡Bueno, entonces te obligaré! —expresó Dimitri cargando contra los dos, solo para ser detenido por Riku.

El peliblanco llego a percatarse del color de los ojos del rubio, se habian tornado amarillos, lo cual significaba una cosa y lo sabía muy bien.

— ¡Detente, Dimitri! ¡No cometas una locura! —lo encaró lanzándole una mirada intensa chocando sus armas.

— ¡Quítate! ¡Tengo que exterminar a esa desgraciada! — espetó el rubio furioso exigiéndole que se hiciera a un lado.

Fue en ese momento cuando todos se dieron cuenta de lo que tanto temían, Dimitri cayó en la oscuridad, era cuestión del tiempo a pesar de luchar tanto para lidiar con ese problema y no ceder ante ella.

Dimitri intentó atravesar a Riku en el torso, pero este esquivó el ataque y con un swing horizontal por medio de su llave espada lo mandó al suelo, sin llegar a matarlo por supuesto.

— Bien… Quedense con su preciosa emperatriz… Ya lo sentirán cuando yo llegue a ser el rey de Faerghus y cuando eso suceda… los mandaré a matar a todos ustedes. —los amenazó de muerte el rubio mirándolos con desprecio.

Fue en ese momento cuando hizo algo inesperado y para el desconcierto de muchos, Dimitri se dirigía hacia donde estaba Rhea y los demás dando a entender que se miraba decidido a unirse al grupo Neo-Organización XIII.

— Dimitri, ¿Por qué? —le cuestionó Edelgard desconcertada por las acciones.

— ¿Por qué? No tienes ni una puñetera idea lo que pasó con mi familia, maldita. —siseó el rubio mirándola con sumo rencor a la chica, y a Sora tambien. —Mataste a mi padre.

— ¡Edelgard no tuvo nada que ver con lo que le paso a tu familia! —la defendió Sora de las falsas acusaciones que el rubio le hacía.

— Conque defendiendo a una tirana, ¿eh? Bueno… haz lo que quieras, no saldrás vivo cuando los encuentre a ti y a tu estúpida amiga siendo el rey. —le advirtió Dimitri con una sonrisa macabra.

Fue así como Xehanort y los demas desaparecieron del lugar dejando solos a Rhea y a los demas presentes.

Todos y cada uno de ellos estaban en estado del shock por las acciones de Dimitri.

— No puedo creerlo. —comentó Ingrid consternada.

— Y pensar que se uniría a esa gente. —secundó Sylvain de igual manera.

— Bueno, imbéciles… Ya que lo saben todo… Les abriré el pecho y les arrancaré el corazon con mis propias manos para no dejar testigos. —sentenció Rhea para luego transformarse en forma de un dragón blanco.

— Esa debe ser la Furia blanca… —dijo Hubert abrumado.

— ¿Furia blanca? —preguntó Beres del mismo modo.

— Si… es uno de los seres despreciables que controlan Fódlan en secreto desde tiempos inmemorables. —aclaró Edelgard lo que hacía Rhea en su forma dragón. —Rhea está al frente de ellos.

— No hay tiempo que perder. Majestad, joven Sora, maestra, debemos huir mientras podamos. —indicó Hubert pidiendo escapar del sepulcro.

— ¡Si! —accedió Sora haciendo caso al mayordomo y así es como todo el mundo consiguió escapar de las garras de Rhea.

FIN DEL CAPITULO 31