XLII – Jugando con fuego

Ah, la cabeza...

¿Por qué le dolía tanto?

Un leve gemido de dolor se apreció en aquella solitaria suite de alta categoría en plena noche. Aquella silueta, en la oscuridad, se incorporó lentamente. Mientras con una de sus manos apoyaba todo su peso sobre el blando colchón, con la otra se acariciaba la frente, apartando su flequillo.

Permanecía con los ojos cerrados, intentado recordar lo último sucedido antes de despertarse en aquella extraña y desconcertante ubicación: La mañana en el dulce hogar de Agasa, la mirada penetrante de Subaru mientras bajaba las escaleras para marcharse, la cafetería, el cementerio con Shinichi…

–¡Kudo! –finalmente la joven abrió su azulada mirada, con las pupilas bien contraídas ante el horror de la mera idea de que al joven detective le hubiese ocurrido algo malo.

Sus pies, ahora descalzos, se posaron contra el suelo a la vez que se sentaba para observar mejor su alrededor… al parecer estaba sola. Se levantó, soltando un suspiro de sorpresa al sentir como pisaba algo que no debía estar ahí;

Su nuevo teléfono móvil se encontraba destrozado, de un fuerte y directo golpe sin dudarlo en ningún momento… seguramente esa persona lo destruyó, con un firme pisotón al observar que ella tendría oportunidad de contactar con alguien al despertarse.

No esperaba menos, era un protocolo tan conocido en la Organización: atrapar a la presa tanto física como psicológicamente. Pudo corroborar sus propias palabras pocos minutos después, al girar la manilla de la puerta que podía dar su libertad y apreciar que está se hallaba bien cerrada, sin la respectiva tarjeta no podía salir… estaba retenida allí.

Cruzó sus brazos, solo podía esperar a que llegara su captor, esa oscura y ágil silueta que se la llevó en cuestión de segundos, seguramente era Gin… En el fondo de aquella habitación, sobre un escritorio de ébano, Shiho pudo reconocer al instante el fiel portátil de ese hombre de negro, con la pantalla cerrada.

La caja de pandora, como ella le llamaba y la que una vez abrió con la ayuda de Generic para salvar la vida de Kudo, aun podía recordar aquellos latidos de puro terror.

¿En todo este tiempo ya lo habría descubierto?

¿Qué le utilizó como él hizo con ella en un pasado atrás?

Pasó sus largos dedos por encima de la fina carcasa oscura del aparato para salir hacia al balcón, donde una agradable brisa nocturna acarició su rostro nada más pisar el exterior… para contemplar una vez más el horizonte de Beika que se mostraba ante ella. Todo era silencioso, no se podía apreciar ningún sonido, aunque ésta cerrara los ojos y dejara que el aire moviera sus cortos cabellos.

Esperar,

Solo quedaba esperar…


–¿¡Estaba todo preparado?!

–Kudo, cálmate.

Éste exhaló de mal humor, apoyando su espalda en el asiento de una habitación de la oficina de seguridad de la ANP de Japón, encontrándose ni más ni menos que con la policía secreta, bajo una extraña estampa, que iluminaba con fuerza los focos de luz; agentes del FBI sentados codo a codo con los que antes eran su gran competencia en las cacerías de los hombres de negro… bajo un aire tenso y lúgubre, nadie quería admitir que esa alianza de última hora era una locura.

–No nos quedaba otra –soltó James Black, intentando carraspear para romper el silencio que alimentaba cada segundo esa sala, sabiendo que todos se miraban entre sí –, quedan pocos infiltrados en la Organización y gracias a un informante de la policía secreta que hemos recibido, nos han informado de que RUM va detrás de ellos, ya es solo cuestión de días u horas que los encuentren.

Bourbon…

–Necesitábamos una distracción –cortó directamente el portavoz de la competencia con mirada directa al detective–, y que mejor manera que… Sherry, la traidora, pero pieza clave para ellos regrese a la Organización, nos servirá como carnaza para calmar a esos cuervos durante un tiempo muy valioso para los nuestros. Debéis entenderlo, todo esto es años de duro trabajo para destruir el mal que hay en ese maldito lugar, que pudre todo lo que pisa –suspiró –, no podemos fallar ahora.

Shinichi sintió como un fuerte escalofrío recorría por toda su columna vertebral solo de imaginarse esa escena; Shiho bajo la atenta mirada de todos sus superiores, Gin, Vermouth... incluso de RUM, la oscuridad acabaría engulléndola, paulatinamente, hasta no ser vista…

–¿Eso es lo que intentaba decirnos Kir? –instintivamente Jodie se mordía con fuerza una de sus uñas, intentando ocultar el pequeño micrófono por donde Akai escuchaba en todo momento la conversación –, ¿Tan cerca está de los nuestros?

–¿Crees que si no fuera así… hubiéramos permitido mandar una pieza tan valiosa para todos a la boca del lobo?

–Por eso espiabais desde el hospital, durante sus sesiones de recuperación… –reprochó Camel, recordando perfectamente como Subaru sabía y permitía en todo momento que éstos estuvieran ahí –, ¿esperabais el mejor momento para llevárosla? ¡¿Habéis pensado en algún momento lo que ella quería?!

Shinichi bajó la mirada, centrándose en toda la información obtenida, ignorando poco a poco esa conversación que, por momentos, se estaba convirtiendo en reproches entre ellos… aun tenían la herida abierta de perder a Curaçao, la mano derecha de RUM, por culpa de su ineficacia y no se lo iban a perdonar tan fácilmente.

Aun recordaba como Akai aparecía detrás de él, sin decir palabra, en aquel frío cementerio, colocando uno de sus dedos índices en la boca para indicarle que él hiciera lo mismo antes de llevarle ante ellos… ¿Había estado en todo momento en contacto con Bourbon? ¿O fue todo en el último momento? ¿Tan peligrosa encontraba su situación en la Organización que tuvo que pedir ayuda ni más ni menos a su peor enemigo?

¿Entonces Kir? ¿También estaría bajo la atenta mirada de la mano derecha del líder de la Organización? ¿Ella y cuantos más?

¿Qué estaba ocurriendo ahí dentro?

Todos tenían problemas, fuera y dentro de la Organización.

–¿Y qué ocurrirá cuando encuentren todos los que han estado en contacto con ella? Hay vidas de niños de por medio –recordó como Gin utilizaba esa sucia treta, una y otra vez, para poder controlar más el albedrío de Shiho –. No nos dejarán ir tan tranquilamente, acabaremos todos muertos.

–Eso no ocurrirá –la joven americana del FBI intentaba calmarle, recitando las mismas palabras que Akai utilizó con ella horas antes, mientras observaban como la científica escapaba junto con el detective por la puerta trasera de aquella cafetería –. Antes tenían a Akemi como seguro para que trabajara para la Organización, ahora serán ellos y más siendo niños tendrán a Sherry bien atada en ese laboratorio.

¿Entonces estaban todos a salvo?

¿Pero y ella?

Todo estaba siendo muy ruin viniendo por parte de la policía…

–Os prometemos que la chica estará a salvo en todo momento – esa frase le volvió en sí, era el ayudante que siempre veía con Amuro -. Nuestro agente infiltrado estará en todo momento con ella, intentaremos que, cuando todo este tema esté más calmado se ponga en contacto con vosotros.

Ahí estaba una pequeña luz de esperanza, Amuro si había hablado de todo esto antes con Akai, y ese sería su trato… pero, aun así, seguramente bajo su típica fachada de tranquilidad, el tener que entregar a la mismísima Organización la persona que prometió proteger habría sido un golpe duro… no querría estar en su piel.

Una apuesta demasiado alta, entregar a Sherry a cambio de salvar a los demás… ¿y sí RUM no picase con ese anzuelo? ¿y si no fuese un cebo demasiado suculento para él?

Y sí aun así funcionase…

¿Cómo harían para luego sacar a la joven científica de allí?

La Organización… no, Gin no lo dejaría tan fácil…

Necesitaba saber que ella estaba bien.

–Un momento, Jodie –llamó la atención de ésta, susurrándole en la oreja –, en ningún instante han comentado su estado… ¿saben que ella está…?

–No, no lo saben… –negaba suavemente con la cabeza –, hay cosas que mejor que no se deben saber.

A veces es mejor vivir en la ignorancia.