Todo parecía tranquilo en el Gran Comedor, el sol brillaba y hacía una hermosa mañana. Alex y Xóchitl llegaron al Gran Comedor para desayunar y las dos estaban de excelente humor; al pasar por las mesas, los de Ravenclaw y Hufflepuff las saludaban con amabilidad. Llegaron a la mesa de Gryffindor y vieron que ya estaban allí Harry y Ron, pero también vieron que estaba Malfoy y compañía.
-Oh, rayos. Esto me huele a pelea -dijo Alex, y las dos corrieron hacia ellos-. Chicos, tranquilos. Por favor ¿no pueden llevarse bien?
Malfoy y sus compinches voltearon hacia ellas.
-Te esperábamos
Alex esperaba alguna agresión de parte de los Slytherin, pero se llevó una gran sorpresa con lo que paso:
-No, de verdad. Te estábamos esperando -dijo Malfoy, haciéndose a un lado para dejarla pasara y sentarse.
-¿Eh?
Vio que el par de amigos estaban bien y con una sonrisa en sus rostros. Entonces se percató de que no había volteado para nada a la mesa de Slytherin; miró y se llevó otra gran sorpresa al ver que la mesa de Slytherin no solo estaba ocupado por ellos ¡Sino por Hermione y otros chicos que también eran hijos de muggles y convivían con las serpientes como si fuera lo mas natural del mundo!
-Pero ¿Qué rayos...?
No pudo terminar la frase porque de pronto se escucho una explosión. Miró por la ventana y vio que había algunas figuras encapuchadas afuera del Gran Comedor.
-¡Mortífagos! -exclamaron Harry y Ron
-¡Macías, por favor haz algo! -le pidió Malfoy a Alex
-Eh... ¿y yo por qué? -tratando de hacerle la inocente
-Da... porque los profesores no están. Y con tu Forma Guerrera con Xóchitl podrán detenerlos
-¿Qué?
Entonces se dio cuenta de que todos en el Gran Comedor comenzaron a aclamarles. Aun confundida, Alex hizo la Sincronía y ella y Xóchitl lograron vencer a los mortífagos y los expulsaron de la escuela; al regresar, todos los alumnos las aclamaban como heroínas.
-¡Eso fue asombroso!
-¡Ustedes son geniales!
-¡Quisiera poder hacer lo mismo que ustedes!
Alex sonreía algo apenada, pero a la vez encantada con los cumplidos.
-Bueno... ¿no vas llegando tarde? -le preguntó Harry
-¿Tarde para qué?
-No te hagas la desentendida -dijo Ron-. Ya sabes, para encontrarte con tu novio
-¿Novio?
-Claro... con Snape -aclaró Harry
-¿Eh?
-Creo que alguien despertó más despistada que de costumbre -comentó Ron, con tono burlón-. Traes puesta su levita, la que por cierto desde que te dio no te la quitas, y se supone que lo irías a ver a la hora del desayuno.
-Es cierto, nos lo comentaste anoche
Alex vio su ropa y con asombro comprobó que lo que decían sus amigos era cierto ¿de dónde rayos había sacado la levita?
-Entonces... ¿dejarás plantado al jefe de mi casa? -pregunto Malfoy, en tono de burla
Alex dudo por un momento, pero al final se dio media vuelta y comenzó a correr a su encuentro con su profesor de pociones. Al salir del lugar se sintió más confundida de lo que estaba ¿Dónde lo podría encontrar? Pero algo en su cabeza le indicó que fuera a la Torre de Astronomía, así que corrió lo más rápido que pudo hacia allá; cuando llegó hasta la torre más alta, comenzó a subir las escaleras con sigilo y ya cuando llego al final se dio cuenta que él ya estaba ahí esperándola.
Ella no se animaba a acercársele, pero lo que hizo el profesor hizo que la chica sintiera ese día cada vez más extraño.
-No necesitas esconderte, se que estas ahí escondida
Con duda, se acercó un poco más hasta estar dos metros de su profesor. Severus dio media vuelta para quedar frente a ella. Alex no pudo evitar sonrojarse a ver que de verdad estaba ante su oscuro, temido y favorito profesor; estaba petrificada y sumamente roja. El hombre se le acercó y le acarició con delicadeza la mejilla haciendo que Alex sintiera un escalofrío —gratamente placentero— en todo su cuerpo, y Severus no pudo contener una pequeña risa burlona.
-Me encanta como te pones ante este pequeño tacto.
-Ah... ¡lo siento!
Severus la tomó la barbilla, haciendo que la mirada de la chica se encontrara con la suya. Ella estaba roja a más no poder y al ver a su profesor a los ojos no pudo evitar ponerse nerviosa.
-No tienes de que disculparte
El corazón de Alex comenzó a latir con brusquedad al ver que Severus comenzaba a acercar su rostro al de ella. Inconscientemente, Alex cerró los ojos y comenzó acortar la distancia entre sus labios y los de Severus. Estaban muy cerca y podría sentir el aliento de su profesor contra sus labios...
-¡ALEX, DESPIERTA!
La chica soltó un grito y se levantó sobresaltada de la cama.
-Amiga, ¿estás bien?
La chica miró alrededor y vio que estaba en su dormitorio. Entonces sintió como si una roca le cayera en la cabeza, haciendo que entendiera la cruda realidad ¡todo había sido solo un sueño! ¡UN GENIAL Y ROMANTICO SUEÑO!
Soltó un grito de frustración, tomó su almohada —la cual estampo en su cara— y se dejó caer en la cama otra vez. Tanto Hermione como Xóchitl no entendieron que le pasaba, pero decidieron no preguntar. Después de que Alex se calmara, se alistaron para las clases y bajaron al Gran Comedor; en el camino se encontraron con los chicos y los cinco fueron a desayunar.
Mientras desayunaban, los tres amigos examinaban sus horarios y se quejaban de ellos, pero cierta castaña no prestaba atención porque todavía tenía rondando en su cabeza ese sueño; le pareció tan real y hermoso a la vez, pero otra vez caía en la cruda realidad de que solamente era un sueño y que nunca pasaría... nunca llegaría a ser la novia de Severus Snape, y ni siquiera se podía decir que eran grandes amigos, solo se llevaban bien y se podía decir que era amigos, pero no del alma y mucho menos mejores amigos.
Terminaron de desayunar y fueron a Herbología. Alex no supo como fue que pudo prestar atención a la clase, pero no le dio mucha importancia. En la clase de CCM, su tuvo que poner un poco más de atención porque Hagrid había llevado unas criaturas extrañas llamadas Escregutos de Cola Explosiva. De por si a nadie le gustaba esa clase, ahora menos porque las criaturas que el grandulón les llevó eran unos animales sumamente asquerosos y peligrosos.
A la hora del almuerzo, Hermione les dijo a sus amigos que vería una nueva forma de conseguirles derechos a los elfos; iría a la biblioteca antes de clases y que los vería hasta la cena. Alex y los chicos se encaminaron hacia Adivinación; la chica todavía estaba intrigada por lo que había pasado en el examen de esa materia el año pasado. Había tenido una visión genuina y eso la había tomado por sorpresa ¿volvería a tener una visión verdadera como esa? Entonces pensó en una posibilidad ¿y si el sueño que había tenido era una predicción? Aunque por fuera se viera indiferente, por dentro rezaba que fuera cierto.
Como siempre para sus amigos, Adivinación seguía siendo una materia que era solamente para perder el tiempo. Esta vez estudiarían los movimientos de los planetas y como estos les afectaría en su futuro. Ron comenzó hacer burlas como siempre, pero Trelawney lo escuchó, provocando que la profesora les mandara un montón de deberes.
Y como su día empezó mal, se les puso peor gracias a Malfoy. El rubio les mostró a los cuatro un articulo de El Profeta donde mencionaba al padre de Ron, no solamente respecto a lo del Mundial de Quidditch, sino al incidente en la casa de Moody sobre la falsa alarma que ex auror provoco. Después de eso, la ocasión se volvió algo confusa porque de repente donde estaba Malfoy (quien había intentado atacar a los cuatro amigos por la espalda) ahora había un hurón blanco. Moody lo había hecho y ahora lo estaba castigando, hubiera continuado de no ser porque McGonagall apareció y detuvo todo el numerito, además de reprimir a Moody.
Todos en la escuela comenzaron a escuchar cómo eran las clases del viejo auror, haciendo que los que todavía no tenían clases con él se impacientaran en tenerlo ya. A los de cuarto curso de Gryffindor se les cumplió dos días después del incidente huronero de Malfoy. Los Gryffindor se sorprendieron bastante cuando Moody les dijo que les enseñaría sobre las Maldiciones Imperdonables.
Solo los hijos de magos (y Hermione) sabían sobre eso, pero los demás, ni una palabra. Moody no solo les explicaba, sino que lo demostró con tres diferentes arañas. No se sabía quien era el más sorprendido con el tema si Harry o Alex.
Después de la primera clase con Moody, los cuatro chicos se sorprendieron al encontrarse a Neville mirando un muro de manera horrorizada. Los cuatro amigos se le acercaron y vieron que estaba algo desorientado pero todavía con horror; de pronto el ex auror llegó y le dijo al chico que lo acompañara a su despacho para tomar una taza de té.
Alex, Xóchitl y los chicos regresaron a la Sala Común para comenzar con los deberes. Como siempre, los chicos se pasaban las cosas pero con Adivinación se inventaban las cosas; Alex se mostraba un poco distraída porque no podía dejar de pensar en cierto oscuro profesor. Se escuchó que alguien entraba a la Torre de Gryffindor pero no le dio importancia sino hasta que escuchó una voz que le resultó familiar.
-¡Hola! —saludó—, ¡acabo de terminar!
Hermione entró en la sala común con un manojo de pergaminos en una mano y en la otra una caja cuyo contenido hacía ruido conforme ella andaba. Crookshanks arqueó la espalda, ronroneando.
-¡Yo también! —contestó Ron con una sonrisa de triunfo, soltando la pluma.
Hermione se sentó, dejó en una butaca vacía las cosas que llevaba, y cogió las predicciones de Ron.
-No vas a tener un mes muy bueno, ¿verdad? —comentó con sorna, mientras Crookshanks se hacia un ovillo en su regazo.
-Bueno, al menos no me coge de sorpresa —repuso Ron bostezando.
-Me temo que te vas a ahogar dos veces —dijo Hermione.
-¿Sí? —Ron echó un vistazo a sus predicciones—. Tendré que cambiar una de ellas por ser pisoteado por un hipogrifo desbocado.
-¿No te parece que es demasiado evidente que te lo has inventado? —preguntó Hermione.
-¡Cómo te atreves! —Exclamó Ron, ofendiéndose de broma—. ¡Hemos trabajado como elfos domésticos!
Hermione arrugó el entrecejo.
-No es más que una forma de hablar —se apresuró a decir Ron.
Harry dejó también la pluma. Acababa de predecir su propia muerte por decapitación.
Alex le dio un vistazo al trabajo de Harry y se dio cuenta de que Hermione tenía razón, las predicciones de los chicos, era más que obvio, que eran inventados pero prefirió no decir nada.
-¿Qué hay en la caja? —inquirió Harry, señalando hacia ella.
-Es curioso que lo preguntes —dijo Hermione, dirigiéndole a Ron una mirada desagradable. Levantó la tapa y les mostró el contenido.
Dentro había unas cincuenta insignias de diferentes colores, pero todas con las mismas letras: «P.E.D.D.O.»
-¿«Peddo»? —leyó Harry, cogiendo una insignia y mirándola—. ¿Qué es esto?
-No es «peddo» —repuso Hermione algo molesta—. Es pe, e, de, de, o: «Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros.»
-No había oído hablar de eso en mi vida —se extrañó Ron.
-Por supuesto que no —replicó Hermione con énfasis—. Acabo de fundarla.
-¿De verdad? —dijo Ron, sorprendido—. ¿Con cuántos miembros cuenta?
-Bueno, si ustedes se afilian, con cuatro —respondió Hermione.
-¿Eh? -dijo Alex, levantando la mirada de la insignia verde que tomó de la caja.
-¿Y crees que queremos ir por ahí con unas insignias en las que pone «peddo»? —dijo Ron.
-Pe, e, de, de, o —lo corrigió Hermione, enfadada—. Iba a poner «Detengamos el Vergonzante Abuso de Nuestras Compañeras las Criaturas Mágicas y Exijamos el Cambio de su Situación Legal», pero no cabía. Así que ése es el encabezamiento de nuestro manifiesto. —Blandió ante ellos el manojo de pergaminos—. He estado documentándome en la biblioteca. La esclavitud de los elfos se remonta a varios siglos atrás. No comprendo cómo nadie ha hecho nada hasta ahora...
-Hermione, métetelo en la cabeza —la interrumpió Ron—: a... ellos... les... gusta. ¡A ellos les gusta la esclavitud!
-Nuestro objetivo a corto plazo—siguió Hermione, hablando aún más alto que Ron y actuando como si no hubiera oído una palabra— es lograr para los elfos domésticos un salario digno y unas condiciones laborales justas. Los objetivos a largo plazo incluyen el cambio de la legislación sobre el uso de la varita mágica y conseguir que haya un representante elfo en el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas.
-¿Y cómo lograremos todo eso? —preguntó Harry.
-Comenzaremos buscando afiliados —explicó Hermione muy contenta—. Pienso que puede estar bien pedir como cuota de afiliación dos sickles, que darán derecho a una insignia, y podemos destinar los beneficios a elaborar panfletos para nuestra campaña. Tú serás el tesorero, Ron: tengo arriba una lata para ti. Y tú, Harry, serás el secretario, así que quizá quieras escribir ahora algo de lo que estoy diciendo, como testimonio de nuestra primera sesión.
Xóchitl se acercó discretamente a Alex hacia su oreja.
-Creo que ya la perdimos
-Tienes suerte de que no hable español, sino ya se habría enojado
-... y Alex será la vicepresidenta de este movimiento
-¿¡Eh!? ¿¡Yo que!?
Hubo una pausa en la que Hermione les sonrió satisfecha, y Harry permaneció callado, dividido entre la exasperación que le provocaba Hermione y la diversión que le causaba la cara de Ron, el cual parecía hallarse en un estado de aturdimiento. Entre tanto, Alex todavía seguía sorprendida por la actitud de su amiga y de cómo los estaba involucrando en algo que ninguno de los tres había pensado hacer en su vida. El silencio fue roto por un leve golpeteo en la ventana. Los cinco miraron hacia allí e, iluminada por la luz de la luna, vieron una lechuza blanca posada en el alféizar.
-¡Hedwig! —gritó Harry, y se levantó de un salto para ir al otro lado de la sala común a abrir la ventana.
Hedwig entró, cruzó la sala volando y se posó en la mesa, sobre las predicciones de Harry.
-¡Ya era hora! —exclamó Harry, yendo aprisa tras ella.
-¡Trae la contestación! —dijo Ron nervioso, señalando el mugriento trozo de pergamino que Hedwig llevaba atado a la pata.
Harry se dio prisa en desatarlo y se sentó para leerlo. Una vez desprendida de su carga, Hedwig aleteó hasta posarse en una de sus rodillas, ululando suavemente.
-¿Qué dice? —preguntó Hermione con impaciencia.
La carta era muy corta, y parecía escrita con mucha premura. Harry la leyó en voz alta:
Harry:
Salgo ahora mismo hacia el norte. Esta noticia de que tu cicatriz te ha dolido se suma a una serie de extraños rumores que me han llegado hasta aquí. Si vuelve a dolerte, ve directamente a Dumbledore. Me han dicho que ha sacado a Ojoloco de su retiro, lo que significa que al menos él está al tanto de los indicios, aunque sea el único.
Estaremos pronto en contacto. Un fuerte abrazo a Ron y a las chicas. Abre los ojos, Harry.
Sirius
Harry miró a Ron y a las chicas, que le devolvieron la mirada.
-¿Que viene hacia el norte? —Susurró Hermione—. ¿Regresa?
-¿Que Dumbledore está al tanto de los indicios? —dijo Ron, perplejo—. ¿Qué pasa, Harry?
Harry acababa de pegarse con el puño en la frente, ahuyentando a Hedwig.
-¡No tendría que haberle contado nada! —exclamó con furia.
-¿De qué hablas? —le preguntó Ron, sorprendido.
-¡Ha pensado que tenía que venir! —repuso Harry, dando un puñetazo en la mesa que hizo que Hedwig fuera a posarse en el respaldo de la silla de Ron, ululando indignada—. ¡Regresa porque cree que estoy en peligro! ¡Y a mí no me pasa nada! No tengo nada para ti —le dijo en tono de regañina a Hedwig, que abría y cerraba el pico esperando una recompensa—. Si quieres comer tendrás que ir a la lechucería.
Hedwig lo miró con aire ofendido y volvió a salir por la ventana abierta, pegándole en la cabeza con el ala al pasar.
-Harry... —comenzó a decir Hermione, en un tono de voz tranquilizador.
-Me voy a la cama —atajó Harry—. Hasta mañana.
Ron y las chicas seguían miraron el lugar por donde su amigo había entrado, todavía con una expresión de preocupación en el rostro. Alex enseguida entendió que le pasaba a su amigo; le había vuelto a doler la cicatriz y le contó todo a Sirius. Obviamente lo sabía porque últimamente había tenido sueños extraños relacionados con Voldemort, Colagusano y un desconocido.
Pensó por un momento hasta que se acomodó bien en la silla, tomó una pluma, tinta y pergamino y se pusó a escribir una carta.
-¿Qué haces? -pregunto Ron
-Nada, no es nada importante -contestó Alex, poniéndose de pie y encaminándose al agujero del retrato de la Sra. Gorda.
Tenía de alguna manera tranquilizar a Sirius para que no se apareciera por esos lares porque si alguien lo atrapaba... Llego a la lechucería, llamó a Quetzal y después de atarle la carta la dejó volar hacia la casi completa oscuridad de la noche.
-Espero que la carta llegue a tiempo a Sirius
-¿Y por qué tendría que escribirle a un asesino?
-¡AAAHHH! ¡PROFESOR SNAPE!
Una de las cosas que de verdad le parecía molesto de Snape es que fuera demasiado sigiloso y gracias a eso uno de estos días le provocaría un infarto.
En cuanto a Severus; estaba haciendo su ronda nocturna como siempre, cuando de repente la vio caminando a prisa hacia la lechucería, no pudo evitar seguirla. Al ver que enviaba la carta, pensó que se la enviaba a sus padres pero no contaba con que dijera el nombre de Black, lo que provocó que se molestara mucho y saliera de su escondite.
-¡Un día de estos va a matar a alguien de un susto si sigue siendo así de sigiloso!
-No respondió a mi pregunta ¿Por qué tendría que escribirle a un asesino?
-Sin ofender, Profesor. Pero eso entra en la categoría de "No le interesa"
Alex estaba por irse pero Severus la sujetó del antebrazo, impidiéndole seguir caminando.
-¿Me podría soltar, por favor?
-No hasta que responda
-¡Le dije que no le interesa!
-¡Si me interesa!
-¿Y por qué?
Severus se tensó por un momento, no sabía que decirle, es más ¿Por qué se molestaba con el simple hecho de que mencionara a Black? Cualquier profesor se molestaría porque algún alumno le escribiera a un criminal pero él solo se molesto por el simple hecho de tratarse de Black.
Al no recibir respuesta, Alex logró soltarse del agarre y salió corriendo de ahí, dejando solo y confundido a su profesor; y él no era el único ¿Por qué había actuado como si se hubiera puesto celoso de Sirius? Ese hombre si que era un misterio... y ella quería llegar hasta el fondo de ese misterio que le parecía emocionante e interesante desde el año pasado.
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Al día siguiente Harry le volvió a escribir a Sirius para tratar de convencerlo de que lo que le había escrito en la primera carta no era verdad y que no necesitaba regresar al país. Hermione lo regañó por mentirle pero el chico la ignoró; Moody sorprendió a todos diciéndoles que les echaría la Maldición Imperius por turno, algunos trataron de recordarle lo que él les había dicho sobre ellas pero Moody insistió que debía de prepararlos para lo peor.
Comenzó a lanzar el Imperius a todos los alumnos, hasta ahora Harry era el único que logró resistirse pero en cuanto llego el turno de Alex algo extraño paso; la chica se colocó en medio del aula y antes de que pudiera decir algo Moody le lanzó el maleficio. Fue una sensación maravillosa. Alex se sintió como flotando cuando toda preocupación y todo pensamiento desaparecieron de su cabeza, no dejándole otra cosa que una felicidad vaga que no sabía de dónde procedía. Se quedó allí, inmensamente relajada, apenas consciente de que todos la miraban.
Y luego oyó la voz de OjolocoMoody, retumbando en alguna remota región de su vacío cerebro: Haz varias vueltas de carro maullando... haz varias vueltas de carro maullando...
Alex estaba poniéndose en posición cuando de pronto sintió algo extraño en toda la parte izquierda de su cara y una voz fría y aguda sonó en su cabeza.
-No hagas lo que se te ordena
«¿Qué? ¿Por qué no?»
-Haz lo que te digo, no obedezcas
Inconscientemente Alex volvió a su pose original y se quedó quieta con la vista perdida.
-¡Excelente! ¡Increíble! ¡Nunca nadie se había resistido a su totalidad y a la primera a un Maleficio Imperius! -exclamaba Moody, claramente sorprendido
Todos los compañeros de la clase de Alex también estaban más sorprendidos pero no como sus tres amigos, quienes no podían creerlo. Alex no hacía caso de lo que escuchaba a su alrededor, seguía escuchando esa fría voz de su cabeza.
-Muy pronto... muy pronto nos veremos, pequeña
-¿Quién... eres?
-El profesor Moody ¿Quién mas podría ser?
-¿Eh?
Alex despertó de su trance y se dio cuenta de que seguía parada en medio del salón y que tenía a Moody enfrente de ella.
Alex se sintió todavía extraña después de abandonar el aula, pero no tuvo tiempo de pensar en eso porque los profesores comenzaron a mandarles demasiados deberes, con la excusa de que los prepararían para los TIMOs del próximo año. Las clases de Hagrid no mejoraban mucho porque seguía pidiéndole a los chicos que fueran a ver a los escregutos de cola explosivo incluso fuera de las horas de clase.
Después de esa clase al llegar al vestíbulo, vieron que había mucha gente y era porque estaban leyendo un cartel. Ron se puso de puntitas y leyó en voz alta:
TORNEO DE LOS TRES MAGOS
Los representantes de Beauxbatons y Durmstrang llegarán a las seis en punto del viernes 30 de octubre. Las clases se interrumpirán media hora antes.
-¡Estupendo! —Dijo Harry—. ¡La última clase del viernes es Pociones! ¡A Snape no le dará tiempo de envenenarnos a todos!
Los estudiantes deberán llevar sus libros y mochilas a los dormitorios y reunirse a la salida del castillo para recibir a nuestros huéspedes antes del banquete de bienvenida.
-¡Sólo falta una semana! —Dijo emocionado Ernie Macmillan, un alumno de Hufflepuff, saliendo de la aglomeración—. Me pregunto si Cedric estará enterado. Me parece que voy a decírselo...
-¿Cedric? —dijo Ron sin comprender, mientras Ernie se iba a toda prisa.
-Diggory —explicó Harry—. Querrá participar en el Torneo.
-¿Ese idiota, campeón de Hogwarts? —gruñó Ron mientras se abrían camino hacia la escalera por entre la bulliciosa multitud.
-No es idiota. Lo que pasa es que no te gusta porque venció al equipo de Gryffindor en el partido de Quidditch —repuso Hermione—. He oído que es un estudiante realmente bueno. Y es prefecto.
Lo dijo como si eso zanjara la cuestión.
-Sólo te gusta porque es guapo —dijo Ron mordazmente.
-Perdona, a mí no me gusta la gente sólo porque sea guapa —repuso Hermione indignada.
Ron fingió que tosía, y su tos sonó algo así como: «¡Lockhart!»
Desde ese día no se hablaba de otra cosa más que del torneo, todos los alumnos ya estaban impacientes de conocer a los alumnos de Beauxbatons y Durmstrang. Un día antes de que los invitados llegaran, los cuatro amigos se dieron cuenta de que habían engalanado la escuela con los estandartes de la escuela en el Gran Comedor; siguieron platicando sobre el Torneo de los Tres Magos —y los comentarios de Hermione sobre la P.E.D.D.O. y los elfos domésticos— cuando vieron que una parvada de lechuzas comenzó a descender al Gran Comedor. Harry enseguida reconoció a su lechuza, le quitó la respuesta de Sirius y la leyó en un susurro a sus amigos:
Esa mentira te honra, Harry.
Ya he vuelto al país y estoy bien escondido. Quiero que me envíes lechuzas contándome cuanto sucede en Hogwarts. No uses a Hedwig. Emplea diferentes lechuzas, y no te preocupes por mí: cuida de ti mismo. No olvides lo que te dije de la cicatriz.
Sirius
-¿Por qué tienes que usar diferentes lechuzas? —preguntó Ron en voz baja.
-Porque Hedwig atrae demasiado la atención —respondió Hermione de inmediato—. Es muy llamativa. Una lechuza blanca yendo y viniendo a donde quiera que se haya ocultado... Como no es un ave autóctona...
Harry enrolló la carta y se la metió en el bolsillo del pantalón, preguntándose si se sentía más o menos preocupado que antes. Consideró que ya era algo que Sirius hubiera conseguido entrar en el país sin que lo atraparan. Tampoco podía negarse que la idea de que Sirius estuviera mucho más cerca era tranquilizadora. Por lo menos, no tendría que esperar la respuesta tanto tiempo cada vez que le escribiera.
-Gracias, Hedwig —dijo acariciándola. Ella ululó medio dormida, metió el pico un instante en la copa de jigo de naranja de Harry, y se fue, evidentemente ansiosa de echar una larga siesta en la lechucería.
Por fin el momento llegó, la tan esperada llegada de los representantes de Beauxbatons y Durmstrang. Todos los alumnos fueron a los jardines del castillo para darles la bienvenida y mientras esperaban, todos los alumnos comenzaron a preguntarse como sería que los representantes llegarían al castillo. Algunas hipótesis eran genial otras eran ridículas.
De pronto antes de que pudieran seguir hablando, todos alcanzaron a ver que una forma negra surcaba por los cielos de Hogwarts. Cuando la gigantesca forma negra pasó por encima de las copas de los árboles del Bosque Prohibido casi rozándolas, y la luz que provenía del castillo la iluminó, vieron que se trataba de un carruaje colosal, de color azul pálido y del tamaño de una casa grande, que volaba hacia ellos tirado por una docena de caballos alados de color tostado pero con la crin y la cola blancas, cada uno del tamaño de un elefante.
Las tres filas delanteras de alumnos se echaron para atrás cuando el carruaje descendió precipitadamente y aterrizó a tremenda velocidad. Entonces golpearon el suelo los cascos de los caballos, que eran más grandes que platos, metiendo tal ruido que Neville dio un salto y pisó a un alumno de Slytherin de quinto curso. Un segundo más tarde el carruaje se posó en tierra, rebotando sobre las enormes ruedas, mientras los caballos sacudían su enorme cabeza y movían unos grandes ojos rojos.
Antes de que la puerta del carruaje se abriera, Alex y Xóchitl vieron que llevaba un escudo: dos varitas mágicas doradas cruzadas, con tres estrellas que surgían de cada una. Un muchacho vestido con ropas de color azul pálido saltó del carruaje al suelo, hizo una inclinación, buscó con las manos durante un momento algo en el suelo del carruaje y desplegó una escalerilla dorada. Respetuosamente, retrocedió un paso.
Entonces las chicas vieron un zapato negro brillante, con tacón alto, que salía del interior del carruaje. Era un zapato del mismo tamaño que un trineo infantil. Al zapato le siguió, casi inmediatamente, la mujer más grande que las chicas habían visto nunca. Las dimensiones del carruaje y de los caballos quedaron inmediatamente explicadas.
Algunos ahogaron un grito. En toda su vida, los cuatro amigos sólo habían visto una persona tan gigantesca como aquella mujer, y ése era Hagrid. Les parecía que eran exactamente igual de altos, pero aun así (y tal vez porque estaban habituados a Hagrid) aquella mujer —que ahora observaba desde el pie de la escalerilla a la multitud, que a su vez la miraba atónita a ella— parecía aún más grande. Al dar unos pasos entró de lleno en la zona iluminada por la luz del vestíbulo, y ésta reveló un hermoso rostro de piel morena, unos ojos cristalinos grandes y negros, y una nariz afilada. Llevaba el pelo recogido por detrás, en la base del cuello, en un moño reluciente. Sus ropas eran de satén negro, y una multitud de cuentas de ópalo brillaban alrededor de la garganta y en sus gruesos dedos.
-¿Pues a esa mujer que le dieron de comer de chiquita? -preguntó Xóchitl, de manera sarcástica
-Primero hay que ver si en algún momento de su vida fue chiquita -puntualizó Alex
-Y yo que pensaba que Hagrid tenía el tamaño del Calendario Azteca ¡Creo que esta señora mide lo mismo que un Atlante de Tula!
-No creo que sea para tanto
-Solo fue un comentario
Alcanzaron a escuchar que Dumbledore saludaba a la directora de Beauxbatons, su nombre era Madame Maxime. Ella y sus alumnos entraron a Hogwarts ya que tenían mucho frío y querían calentarse, no quisieron esperar a los representantes de Durmstrang.
Desde su posición en lo alto de la ladera, desde la que se divisaban los terrenos del colegio, tenían una buena perspectiva de la lisa superficie negra del agua. Y en aquellos momentos esta superficie no era lisa en absoluto. Algo se agitaba bajo el centro del lago. Aparecieron grandes burbujas, y luego se formaron unas olas que iban a morir a las embarradas orillas. Por último surgió en medio del lago un remolino, como si al fondo le hubieran quitado un tapón gigante...
Del centro del remolino comenzó a salir muy despacio lo que parecía un asta negra, y luego los chicos vieron unas velas de barco...
-¡Es un mástil! —exclamó Harry.
-¿Eh? -Exclamaron Alex y Xóchitl-. ¿Bromeas?
-¡No, miren!
Las chicas voltearon y no podían creer lo que venían. Lenta, majestuosamente, el barco fue surgiendo del agua, brillando a la luz de la luna. Producía una extraña impresión de cadáver, como si fuera un barco hundido y resucitado, y las pálidas luces que relucían en las portillas daban la impresión de ojos fantasmales. Finalmente, con un sonoro chapoteo, el barco emergió en su totalidad, balanceándose en las aguas turbulentas, y comenzó a surcar el lago hacia tierra. Un momento después oyeron la caída de un ancla arrojada al bajío y el sordo ruido de una tabla tendida hasta la orilla.
A la luz de las portillas del barco, vieron las siluetas de la gente que desembarcaba. Todos ellos, según les pareció a los cuatro amigos, tenían la constitución de Crabbe y Goyle... pero luego, cuando se aproximaron más, subiendo por la explanada hacia la luz que provenía del vestíbulo, vieron que su corpulencia se debía en realidad a que todos llevaban puestas unas capas de algún tipo de piel muy tupida. El que iba delante llevaba una piel de distinto tipo: lisa y plateada como su cabello. Era el director de Durmstrang, Igor Karkarov, quien saludo con efusión a Dumbledore y tenía una voz pastosa y afectada.
Todos los de Durmstrang entraron y Ron no pudo evitar gritar.
-¿Por qué hiciste eso, Ron? -preguntó Hermione, notoriamente molesta
-¡No puede ser!
-¿Qué cosa? -preguntó Alex
-¡Es Viktor, Viktor Krum!
Harry y las chicas voltearon, y en efecto, era el jugador de Quidditch búlgaro, Viktor Krum.
Las tres escuelas entraron al Gran Comedor, los de Beauxbatons se sentaron en la mesa de Ravenclaw y los de Durmstrang en la mesa de Slytherin. Como de costumbre, las fuentes que tenían delante se llenaron de comida. Los elfos domésticos de las cocinas parecían haber tocado todos los registros. Ante ellos tenían la mayor variedad de platos que Harry hubiera visto nunca, incluidos algunos que eran evidentemente extranjeros.
-¿Qué es esto? —dijo Ron, señalando una larga sopera llena de una especie de guiso de marisco que había al lado de un familiar pastel de carne y riñones.
-Bullabesa —repuso Hermione.
-Por si acaso, tuya —replicó Ron.
-Es un plato francés —explicó Hermione—. Lo probé en vacaciones, este verano no, el anterior, y es muy rica.
-Te creo sin necesidad de probarla —dijo Ron sirviéndose pastel.
-¿Y esto que es? -preguntó Harry, señalando un plato de especie de sopa hecha a base de algún tipo granos del que tenía también carne de pollo o de cerdo como ingrediente secundario.
-¡No puede ser!
-¡No inventen!
Hermione y los chicos miraron a Alex y Xóchitl sin entender porque esa reacción.
-¿Y a ustedes que les pasa? -preguntó Hermione
-¿Ustedes saben que es eso? -preguntó Ron, mirando con desconfianza la sopa
-¡Eso es pozole! -exclamó Alex
-¿Po... qué?
-Pozole, es un platillo mexicano
-Y ese no es el único -dijo Xóchitl
La castaña miro a lo largo de la mesa de Gryffindor y comprobó que lo que dijo la loba era cierto. En la mesa también había Enchiladas, Chiles rellenos, Clamato, Burritos, Tamales, Atole, Champurrado, Enfrijoladas, Arrachera; todos los platillos típicos Mexicanos.
-Ay...
-Eh...
-¡Rico!
Alex también notó que la mesa de Gryffindor era la única que tenía platillos mexicanos, pero no le importó y comenzó a servirse de todo un poco de lo que más le gustaba, y Xóchitl no se quedo atrás. Hermione y los chicos se sorprendieron un poco, normalmente ellas comían poco, pero al tener la oportunidad de comer de su cultura, ya casi no cabía nada en sus platos.
-¡Provecho a todos! -dijeron las chicas, sirviéndose cada una agua de Jamaica
-Esperen un momento -dijo Hermione
-¿Mande?
-¿Cómo que nos recomiendan? -preguntó Ron
Entre Alex y Xóchitl les dieron que platillos eran y les fueron recomendando cada uno, algunos de sus compañeros de casa también preguntaban de los platillos mexicanos, porque no conocían ni los franceses ni los búlgaros, y decidieron escuchar las explicaciones de la chica.
Alex estaba cenando con tranquilidad, pero no podía evitar sentir que alguien la estaba mirando, inconscientemente posó su mirada en la mesa de profesores pero no se trataba del profesor Snape, quien estaba charlando con Dumbledore. Entonces comenzó a mirar por todo el lugar hasta que su mirada se topó con unos ojos color ámbar; Alex se dio cuenta que se trataba de un chico de Durmstrang. Era algo corpulento, pero se notaba que era por el ejercicio que hacía, tenía cabello negro azulado y lacio. El chico le sonrió pero Alex miro a todos lados, creyendo que no era a ella, pero después volvió a mirar al chico y se señaló; el chico le sonrió y asintió dándole a entender que si era a ella a quien miraba.
Alex se sonrojó y le respondió la sonrisa tímidamente, de pronto se escucho una copa romperse, todos posaron la mirada en la mesa de los profesores y vieron que Snape se estaba limpiando la mano y debajo de esta había vidrios rotos y jugo de calabaza que goteaba de la mesa.
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Severus estaba hablando tranquilamente con Dumbledore, el viejo director seguía recordándole los favores que el oscuro profesor le había prometido cumplir a principio de curso. Fue entonces que para estancar esa conversación, Severus empezó a mirar a todos lados hasta que su mirada se posó en Alex y fue cuando se dio cuenta que un chico de Durmstrang la miraba con interés; pero lo que llegó al colmo fue que ella se sonrojó y le sonrió, fue entonces que Severus apretó con fuerza su copa a tal grado de romperla y llamar al atención de todos en el comedor.
-Deberías de aprender a controlar tu mal genio, muchacho
-¿Cuál mal genio, Dumbledore?
-A parte del habitual. Los celos
Severus casi dejaba caer otra copa de la cual estaba bebiendo y miro incrédulo al director.
-¿Celoso? ¿Celoso de qué?
-Tú ya sabes de que
-A veces se me olvida que estás loco y solo inventas cosas
-Como quieras
Después de cenar, Dumbledore se puso de pie y comenzó a explicar sobre el Torneo y les mostró a todos quien sería el juez que escogería a los Tres Campeones: El Cáliz de Fuego.
Dumbledore sacó la varita y golpeó con ella tres veces en la parte superior del cofre. La tapa se levantó lentamente con un crujido. Dumbledore introdujo una mano para sacar un gran cáliz de madera toscamente tallada. No habría llamado la atención de no ser porque estaba lleno hasta el borde de unas temblorosas llamas de color blanco azulado.
Dumbledore cerró el cofre y con cuidado colocó el cáliz sobre la tapa, para que todos los presentes pudieran verlo bien.
Les explicó que los interesados tendían que escribir en un pedazo de pergamino su nombre y el de su escuela y echarlo en las llamas del cáliz; habría una raya de la edad para que solamente los mayores de diecisiete años pudieran participar.
Después de las explicaciones, todos comenzaron a retirarse para descansar. Severus se puso de pie y enseguida vio que ese chico búlgaro se acercaba a la Gryffindor, sintiendo una rabia que no podía explicar, se puso en pie y a grandes zancadas se acercó a ellos; pero lo que hizo que de verdad se enojara, era que ese muchacho ¡se había atrevido a besarle la mano a SU castaña? ¡He, un momento! ¿Desde cuando era SU castaña? Alejó ese pensamiento y se acercó al grupo de amigos leones y a la loba irrespetuosa.
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Antes de que Alex y sus amigos pudieran salir, el chico que había estado mirando a Alex se le acerco; Hermione y los chicos lo miraron extrañados pero Alex solo se ruborizó un poco.
-Hola
-Ho... hola
-Me llamo Curio Mursh, un placer. Soy de Durmstrang, aunque eso se nota por mi uniforme
-Mucho gusto, me llamo Alejandra Macías, pero me puedes decir Alex. Y como podrás ver por mi ropa, soy de Hogwarts
-Tu puedes decirme Curio
-Hola -interrumpió Ron
-¡Ah, perdón! Curio, ellos son mis amigos; Harry, Ron, Hermione y Xóchitl
-Es un animal muy extraño
-Es porque no es de este país
-Vaya, pues...
-¡Curio, ya vámonos! -gritó Karkarov
-¡Voy! Espero que nos volvamos a ver pronto
-Igualmente
Curio tomó la mano de Alex y le dio un dulce beso en el dorso. Alex sentía que estaba roja a más no poder y que de seguro le salía humo de las orejas.
-Buenas Noches, Alex
-Bu... buenas noches... Curio
El chico le guiñó un ojo y se alejó de ahí. Sus amigos aún miraban al chico, todavía incrédulos y Alex estaba ahí de pie como piedra.
-¿Piensa quedarse ahí toda la noche o se va a mover, Macías?
La chica reaccionó y se topó con la fría mirada de Snape.
-Yo... um... lo siento, profesor
-Usted y sus amigos, lárguense de una buena vez
Todos se fueron sin chistar. Los chicos comenzaron a molestar a Alex pero ella no los escuchaba, estaba pensando en su encuentro con Snape, ¿Era su imaginación o parecía que estaba molesto? Pero ¿De qué? ¿De verla con Curio? Llegaron a la Sala Común y todos se fueron a sus respectivos dormitorios.
Se fue a acostar todavía con esas ideas rondándole en la cabeza mientras miraba su mano en donde el búlgaro la besó, había sentido algo extraño en su interior cuando el chico lo hizo, pero eso tal vez se debía a que ningún otro muchacho se había portado de manera tan galante con ella antes.
Poco a poco se quedo dormida pensando en Severus... y en Curio.
