Capítulo 29.- Airplane! (II)

"Ladies and gentlemen, this is your stewardess speaking.

We regret any inconvenience the sudden cabin movement might have caused.

This is due to periodic air pockets we encountered.

There's no reason to become alarmed and we hope you enjoy the rest of your flight.

By the way, is there anyone on board

who knows how to fly a plane?"

Airplane! (1980)


Tras pasar por cabina y asegurarse de que no había saltado ninguna nueva alarma, Derpy y Black Betty subieron por las escaleras en espiral a la cubierta superior. Allí constataron que si las tareas de una piloto podían ser difíciles, las de una auxiliar de vuelo no le quedaban atrás: un grupo de cuatro emús también se había colado dentro de Nancy-Bird y hacían de las suyas al fondo de primera clase de la cubierta superior. Además de varios asientos arañados y con la gomaespuma sacada, al parecer habían encontrado la barca salvavidas, la habían activado y la habían reventado a picotazos, asustándose por el ruido y provocando con ello un caos de plumas, graznidos aterrorizados y torpes carreras de un extremo al otro de los pasillos.

Derpy y Black Betty observaron horrorizadas cómo la barca salvavidas yacía agujereada en el suelo de clase business como una alfombra fluorescente e inútil.

Esa había sido la explosión.

–¡Oh, no! ¿Y ahora dónde vamos a flotar si estrellamos el avión?

Black Betty se enfadó mucho y empezó a perseguir a los emús por toda la cubierta, añadiendo ladridos y carreras extra al frenesí, mientras Derpy superada por la situación, trató de encontrar qué hacer en un manual de auxiliares de vuelo que encontró cerca del carrito de las bebidas de primera clase. Lamentablemente, Quantas no parecía tener un procedimiento para el control de emús polizones; la mayoría relativos a pasajeros problemáticos incluía avisos a la autoridad en tierra y el uso de la fuerza entre varios auxiliares y sobrecargos. Desesperada, revisó las anotaciones finales de la documentación hasta dar con una nota al pie escrita por una redondeada y hermosa letra. A Derpy le hizo mucha gracia porque donde cada "i" tenía un punto, había un precioso corazón.

"Cariño, si nada de esto funciona y no puedes con ellos, abre las botellas de licor

y méteselas por el gaznate. Si esos pommies están tan borrachos como para no controlarles,

túmbales con lo que quede en el carro, átalos con cinta a los asientos y luego

cárgalo todo y unos zapatos nuevos a sus tarjetas de crédito.

XoXo Cyndi (*1)"

Derpy no estaba segura de a qué se refería Cyndi con las tarjetas de crédito y los zapatos, pero a falta de ideas decidió que emborrachar a los emús quizás era la única forma de recobrar el control de la situación.

Con decisión se acercó al carrito de las bebidas y desenroscó una botellita que decía "vodka".

–¡Black Betty! ¡Tráeme al primero de los polizones!


(*1) NdA: Cyndi pasó sus primeros años de auxiliar de vuelo en la ruta Luton-Ibiza, trabajando para Ryanair. Como inteligente australiana que era, abandonó en cuanto pudo aquella falsa promesa europea de glamour convertida en infierno, para volver a su querida Australia (al menos una semana de cada mes), no sin antes recibir tratamiento para su síndrome de estrés post-traumático.


Cuarenta y cinco minutos después, con varios picotazos en el lomo y la primera clase de la cubierta superior apestando a alcohol, el grupo de emús por fin se quedó durmiendo plácidamente y Derpy, agotada, dejó el pañuelo de auxiliar de vuelo después de meter un DVD al azar dentro del reproductor de la cabina de pasajeros. Si funcionaba bien, si no, pues nada.

–¿Guau?

–Creo que uno de documentales de catástrofes aéreas –murmuró Derpy mientras le quitaba el pañuelo a BB y le ponía la gorra de primer oficial.

–¿Guau?

–No creo que les importe –bostezó.

Luego comprobó rumbo otra vez y abrió el termo de café. ¡Acababan de salir y estaba agotada! En un rato sobrevolarían Nueva Caledonia y de ahí, el siguiente aeropuerto donde desviarse y aterrizar si algo iba mal era Fiyi; mucho más tarde las islas Hawaii.

Comprobó el viento lateral y el historial de correcciones del piloto automático. No habían cambiado de rumbo... ¿O sí?


Entre sorbo y sorbo de café, Derpy volvió a revisar el sistema de navegación, porque era una de las cosas que no estaba segura de comprender del todo de Nancy-Bird. Durante las pruebas en tierra había comprobado que todos los sistemas de navegación que iban perfectamente en el simulador, no funcionaban nada bien en el mundo real. Todos menos una fuente de datos para el sistema llamada "inercial"; esa era la que funcionaba, pero decir eso era no decir mucho ya que tampoco podía fijar su posición con mucha exactitud.

Cada vez que en tierra había intentado que la computadora refinase la exactitud de la posición "inercial" del avión, no había podido hacer nada útil con los datos de algo llamado GPS (el cual las situaba, a pesar de estar en el aeropuerto, en el mar a medio camino de Nueva Zelanda); tampoco con las radioayudas (las cuales simplementen no eran detectadas). Había esperado que las radioayudas no funcionaran, ya que no había humanos para operarlas o mantenerlas, pero después de leer sobre cómo funcionaba el GPS, había esperado algo más de lo que se suponía era un sistema automático. En cualquier caso, había dejado de intentar comprender cómo unas cosas dando vueltas a la Tierra podían acabar de indicar a Nancy-Bird su posición en el mapa. Probablemente como las radioayudas, también necesitaban humanos para operar con la suficiente exactitud, así que había decidido desconectar aquello también y usar sólo los medios inerciales (fuera lo que fuesen esos medios inerciales) para que Nancy-Bird estimara velocidad y posición.

Esa estimación era lo que ponía el dibujito del avión en la pantalla de mapa y, bueno, más o menos, aquello parecía ir en el rumbo previsto.

En su último sueño Doctor Hooves ya le había recomendado estudiar las constelaciones de la Tierra y llevarse una brújula y... Bueno... La Cruz del Sur seguía en su sitio y la brújula de bolsillo que había encontrado en el duty free del aeropuerto de Sydney marcaba Noreste, que era el mismo rumbo que debían seguir (y el que marcaba el piloto automático). No obstante, ante un viaje tan largo y a tanta velocidad, Derpy tenía un miedo terrible a desviarse; aunque fuese un solo grado en una dirección u otra, eso podía significar un error terrible al Norte o al Sur al final del trayecto. Afortunadamente, se consolaba con eso, América parecía ser un continente que llenaba verticalmente los mapas, así que mientras llegase a tierra daba igual si lo hacía por aquel país tan alargado llamado Chile, o por el otro más al norte llamado Canadá.

Mientras no acabaran en el mar, cualquiera de esas dos opciones parecía una buena noticia.

–Guau.

–Creo que vamos bien –suspiró Derpy–. Pero mejor nos vamos a desviar un poco al Sur –explicó a Black Betty cambiando a rumbo 0-4-6–. En los documentales de América del Norte, dicen que está llena de osos blancos con mucho apetito.


Las horas fueron pasando y océano e islas iban quedando detrás. Derpy tomó el control varias veces para no dormise y llevó a cabo varios cambios de altitud, sólo para comprobar que todo seguía en orden. Nancy-Bird no emitió ninguna alarma y tras dos pequeños cambios de rumbo en el que todo fue como la seda, Derpy decidió reactivar el piloto automático de nuevo con rumbo 0-4-6. Se permitió incluso dormir un par de horas, dejando a Black Betty con el engargo de despertarla si oía alguna nueva alarma. Tras varias horas más cambió gorra por pañuelo de auxiliar, revisó a los emús de la cubierta superior y a los wombats de la inferior. Todos dormían.

Excepto el koala.

Desde su transportín parecía preocupado viendo el resumen del trágico vuelo 123 de Japan Airlines. Mejor si aprendía que las descompresiones en vuelo podían ser un asunto muy serio si una combinación fatal de acontecimientos y negligencias la acompañaba.

Cuando volvió a la cabina se encontró a la pobre Black Betty descansando en su asiento. ¡Pobrecita! No había querido dormir en todo el viaje.

Entonces el cielo clareó delante de Nacy-Bird y Derpy vio amanecer.

Y con la luz del nuevo día una delgada línea de tierra apareció en el horizonte. Derpy consultó el mapa y comprobó que debía tratarse de... ¡Sí! ¡Se parecía mucho! ¡La península de Baja California!

–¡BB! ¡BB! ¡Despierta! ¡Estamos ya casi volando sobre América!


Una tierra nueva y enorme se abrió ante ellas y bajo ellas, mientras Nancy-Bird seguía volando a toda velocidad. Desde arriba parecía muy árida y parda, aunque al poco un mar de nubes se situó bajo ellas y Derpy tuvo que seguir los datos de navegación, porque ya no veían nada debajo... A pesar de ir sólo en inercial, la estimación de posición podía ser razonable... En un radio de varios cientos de millas... Aquello debería ser suficiente al menos para dejarles ver el aeropuerto desde el aire (*2)

–¡Guau!

–Sí, hemos ido más rápido de lo que esperaba... Sólo 12 horas... Hemos debido de llevar vientos de cola.

–Guau.

–¿Qué? ¿Cómo que menos mal?

–Guau.

–¿Como que más de 9700 millas? ¿Estás segura?

Derpy revisó la carga de combustible que les quedaba y cuál era el ETA (*3) para llegar a Washington D.C. ... Black Betty tenía razón: iban más justas de combustible de lo que pensaba, pero podrían llegar sin parar de camino... O quizás parar era buena idea... Se suponía que debían llegar al aeropuerto de destino con una carga de combustible que les diese veinte minutos extra de autonomía...

–Bueno... Por si acaso vamos a ver si podemos bajar en un aeropuerto intermedio, y si no, iremos directamente al aeropuerto de Washington D.C. más cercano a nuestro rumbo... Aunque va a ser difícil encontrar algo por debajo de este mar de nubes... Tendremos que descender un poco...


(*2).– NdA: Sin GPS ni radioayudas, vaya usted a saber :)

(*3).– NdA: Estimated Time of Arrival. Tiempo de llegada estimado.


NdA: Muchas menos palabras en este capítulo, porque tuve que partir el capítulo inicial por la mitad: me quedé largo. Ya sólo quedan 3 capítulos y una nota de despedida. Mañana más. Muchas gracias por leer.