Capítulo 33 – Diana – Cena.

La situación se volvió insostenible.

Se sintió realmente mal al ver a la pelirroja así de enfadada, incluso sintió miedo. No recordaba que alguien le hubiese hablado de esa forma, y fue aún más impactante el saber cómo era esa chica con ella, cuando no estaba enojada. Era amable, agradable, y siempre le daba una sonrisa tranquilizadora, pero ahora…

No sintió veneno de sus palabras, pero si una inmensa tristeza, indignación y claramente sus acciones tomadas con Akko la habían lastimado indirectamente. Anna realmente la había tratado como a una hermana pequeña, y debía admitir que se sentía halagada de que alguien ajeno a su familia la tratase mejor de que su propia familia.

Y se sintió fatal el haberla herido.

La idea de lastimar a Akko de aquella forma rodó una y otra vez por su cabeza. No quería lastimarla, en lo absoluto, le gustaba demasiado como para hacer semejante acto de crueldad. No quería hacerla sentir menos importante que al resto de personas, porque no era así en lo absoluto.

Las clases parecían ser eternas. No podía descuidar sus estudios, así que intentó concentrarse lo que más pudo en los profesores, pero no podía evitar tomarse un segundo para observar a la chica que se sentaba un poco más adelante. Uno de los tutores estaba haciendo un cálculo matemático en el pizarrón, y no dudó en aprovechar de mirar esa coleta que se movía como si tuviese vida propia, y su corazón dio un vuelvo cuando la castaña se dio vuelta, atrapando su mirada en la suya, con sus ojos rojos tan atrayentes. Luego le dio una sonrisa que hizo que su corazón latiese con fuerza.

Era a ella, le sonreía a ella, lo sabía. No podía dudar de esa mirada, de esa sonrisa autentica, de ese carisma.

No dudó, no vaciló, si antes lo había hecho, ahora no lo haría, no con esa sonrisa.

A penas la clase terminó, se levantó de su asiento, y se dirigió donde la chica, la cual hablaba con sus dos amigas. Sucy era molestosa, y algo malvada, pero se le notaba que quería a la castaña, así como Lotte, pero ella era mucho más tranquila y cuidadosa, aunque era de temer si perdía la paciencia. Las saludó a ambas, las cuales se veían sorprendidas con su aparición.

"¿Puedo hablar contigo, Akko?"

La chica la miró, con sus ojos brillosos y algo confundidos, pero de todas formas le sonrió.

"Claro."

Caminó hasta afuera del salón, debía aprovechar el receso, o quizás perdería el valor. Estaban parcialmente a solas, al menos no parecía haber mucha gente alrededor. No quería ponerse aún más nerviosa.

"¿Volví a hacer algo malo?"

Negó rápidamente al notar la expresión preocupada de la chica.

"No, yo…solo quería pedirte algo."

"Dime."

Respiró profundamente, y se puso recta. No debía bajar la guardia, ni mucho menos vacilar tanto. Era una Cavendish, debía ser segura y determinada.

"Tengo algo importante que discutir contigo, ¿Aceptarías una invitación a cenar, hoy a las siete?"

Sintió que sus palabras salieron más rudas de lo que pretendía, pero a Akko no pareció importarle, debía de estar acostumbrada a sus actitudes, y mientras más nerviosa estaba, más estoica se hacía notar. Odiaba un poco eso de sí misma.

"Ah, claro, pasó por ti a las siete entonces, ¿De acuerdo?"

Se quedó unos segundos en shock, no esperaba una respuesta tan rápida, y Akko no vaciló ni un solo segundo. Asintió levemente mientras escuchó el timbre para volver a clases. La chica le dio otra sonrisa y agitó su mano, para luego volver a su asiento. Se quedó ahí un momento más, hasta que todos sus compañeros hicieron el ingreso al salón.

Sentía que la sangre le bombeaba tan rápido que su cerebro había colapsado. Se puso firme de nuevo y caminó a su asiento, aunque ahora las ansias parecían tomar control de toda su humanidad. La paciencia era algo que atesoraba de su personalidad, pero si se trataba de la castaña, simplemente se sentía dominada por la ansiedad y por las ganas de que las horas pasaran velozmente.

No pensó lo mismo cuando estaba en su cuarto, arreglándose, sintiendo que no tenía nada que ponerse. Los minutos le jugaban en contra, y esperaba que no fuera de esos días donde Akko solía ser lo contrario a impuntual. Esperaba que su torpeza la atrasara unos minutos, porque no eran suficientes para poder calmarse.

La ida al zoológico había sido una idea que no tomó como cita en primera instancia, así que no se sentía tan avergonzada, pero ahora sí, era una cita como tal, o sea, era a cenar, no hay cosa más romántica y más cliché de cita que una cena. Además, era el día, iba a preguntárselo, y también iba a hablar de aquel tema con la chica. Esperaba que las cosas fuesen bien. No quería ser rechazada.

El solo pensar en aquello empezaba a lastimar su estómago.

Soltó un quejido. Todo esto empezaba a frustrarla y a hacerla sentir algo desconfiada de la situación, de sí misma. No estaba confiando en sí misma, eso podía ser fatal.

Sintió un golpeteo en su puerta.

"¿Diana? ¿Estás bien?"

"Si, Barbara, estoy bien."

No, no estaba bien, pero no quería lucir tan derrotista con sus amigas.

También debía decirles a ellas, pero primero debía tener claro que es lo que tenía con la castaña, antes de hacer cualquier otro movimiento.

No estaba realmente convencida del casual vestido celeste que se había puesto, pero en ese punto ya estaba perdida. Se puso unas botas, y un abrigo oscuro. Al anochecer la temperatura siempre bajaba, y necesitaba un buen abrigo. Tomó su bolso, se miró en el espejo una última vez y escuchó el timbre. Caminó deprisa a la entrada, no quería que sus amigas fuesen quienes recibieran a la castaña, así que se despidió y fue a recibirla.

Los ojos de Akko parecían sorprendidos.

"¡Dios! De haber sabido que te vestirías tan bonita, me habría arreglado más."

Akko se rascó la nuca, y no pudo evitar sonrojarse al sentir la mirada por todo su cuerpo. No había dicho nada de algo formal, así que no había problema con la ropa de la chica. Esta tenía puestos unos jeans, botas, un suéter burdeo que le llegaba a los muslos, y una chaqueta oscura. Se veía bien, y no dudó en decírselo, haciendo que sus mejillas se encendieran.

Cerró la puerta y vio como Akko le tendía el brazo caballerosamente. La castaña realmente había cambiado un montón con ella desde que se conocieron. Había sido juzgada mal en el pasado, asumiendo que era engreída y fría, y en parte era cierto, pero fue cambiando sus impresiones con el tiempo, y ella misma fue cambiando con la castaña.

Agradecía que su relación fuese mejorando periódicamente.

Se abrazó del brazo de la chica. La caminata si bien era corta, seguía haciendo frio, y así podía estar más apegada a la chica y sentir un poco de su calor.

Había más gente en el restaurante de lo que había previsto, uno bastante elegante, no porque quisiera hacer lucir su dinero ni su posición social, en lo absoluto, aunque no podía evitar sonreír al ver la cara asombrada de la castaña, la cual miraba a todos lados, impresionada y curiosa. La chef era una conocida de la familia, la conocía hace mucho tiempo, y sus platillos eran muy buenos. No solo la presentación del plato, sino también el sabor y la preparación perfecta para cada comida.

Le gustaba darse lujos si se trataba de cosas de semejante calidad.

Había reservado una mesa, algo alejada del resto, porque quería hablar en paz con la castaña, sin tener que escuchar conversaciones ajenas, o tener distracciones.

Cuando se sentaron la chica soltó una risa.

"Agendé una reserva. Soy Diana Cavendish." Meneó su cabello con una de sus manos, y cerró los ojos, claramente imitándola. ¿En serio esos eran sus gestos? Se veía arrogante. Akko volvió a reír, mirándola fijamente, sus mejillas levemente rojas. "Eres muy atractiva cuando actúas así, aunque me desesperaba mucho cuando te conocí."

Y le dio una sonrisa que hizo que su corazón latiera con fuerza y su rostro se encendiera. Ese era el poder que tenía Akko. Ocultó su vergüenza carraspeando en su mano. Sin saber realmente si debía agradecer el cumplido o no, o rechazar su persona del pasado.

El camarero llegó a tiempo, dándole los menús. Se acercó un poco a la chica, la cual no parecía entender algunos platillos que estaban en otros idiomas, así que le dijo más o menos cuales podrían gustarle, o cuales eran los mejores que había probado ahí. La chica solo asentía, observando la larga lista de nombres.

El hombre les trajo las bebidas, y les dijo que pronto volvería con los platillos.

Esa era su señal.

Sentía su estómago dar vueltas, moviéndose libremente por su interior. Mariposas o lo que fuesen. Se sentó recta y puso las manos en la mesa. La chica parecía concentrada en los detalles de alrededor, así que dijo su nombre para llamar su atención. Los ojos carmín se posaron en los suyos, y sintió que su convicción perdía fuerza.

Respiró profundamente.

"Tengo dos cosas que decirte, ambas preguntas, y quiero que seas honesta con tus respuestas."

La chica la miró con una ceja levantada, pero asintió finalmente. Su cuerpo parecía ponerse algo tenso, y no la culpaba, su propio lenguaje corporal debía mandarle señales confusas, haciendo parecer que la conversación se trataba de algo malo.

"¿Quieres ser mi novia, Akko?"

La chica da un salto, y pone un rostro de sorpresa, seguido de uno de confusión. Su rostro se ladea levemente, y sus ojos realmente señalaban que no entendía nada.

"¿Q-que?"

Le preguntó sin saber realmente porque ponía dicha expresión. No la entendía en lo más mínimo. ¿Así de extraño era que preguntase algo así? Empezó a sentirse aún más avergonzada.

La chica solo se encogió de hombros.

"¿No lo éramos?"

Sintió su rostro arder. Estaba saliendo con una idiota, debía recordar aquello.

"Uh, no…no oficialmente."

La chica sonrió, ahora todo su rostro libre de dudas.

"¡Ahora entiendo! Claro que quiero." La chica soltó una risa, rascándose la nuca. Luego pareció ponerse seria, o pensativa, o algo similar. "Y… ¿Qué es lo otro que querías preguntarme?"

Frunció los labios. No quería. Su corazón latía rápidamente al saber que Akko quería ser su novia, se sentía tranquila, pero lo siguiente podría destrozar el ambiente. No quería dejar las cosas mal, ni mucho menos arruinar lo mucho que habían avanzado en su relación. No quería. La ansiedad empezaba a destrozarla por dentro. Pero si iban a estar juntas, tenía que saberlo, tenía que dejar las cosas claras.

Los ojos de Akko lucían preocupados, y no quería seguir alargando la situación, preocupándola aún más.

Mantuvo sus manos entrelazadas, incluso blanqueando sus dedos por la presión que ejercía.

"¿Qué piensas de las muestras de afecto públicas, Akko?"

No quería mirar a la chica, así que solo cerró los ojos, escuchado sus palabras.

"Eh, no lo sé, ¿Te refieres a besos y abrazos y cosas así? ¿Dónde hay gente?" Asintió. "No me molestan, supongo. No me fijo mucho en esas cosas."

Claro, Akko obviamente no se fijaba en esas cosas. Akko solo vivía su vida, y seguía sus sueños sin importarle lo que los demás pensaran. Siempre se levantaba no importaba cuantos la insultaran o se rieran de ella, porque si, así había sido, al menos desde que llegó a la escuela. Levantó el rostro, mirando aquellos ojos que tanto la enloquecían.

La miraban de vuelta, con curiosidad.

Debía decirle.

"Cuando estábamos en el zoológico, quería besarte, así que me aseguré de que nadie nos viera. Por ser quien soy y como me han criado, es una actitud normal para mí, siempre a la defensiva, pero hablé con Anna, y ella se enfadó, y ahí entendí que eso podía hacerte daño, porque tú no eres como yo."

Akko seguía con su mano en la nuca, pero ahora su expresión era diferente.

Si, lastimada.

Sus ojos no la miraban, solo se enfocaban en algún lugar en el suelo. Se le notaba afectada. Su rostro inerte libre de cualquier sentimiento positivo.

"Una parte de mí siempre ha creído que no soy, ya sabes, suficiente. Así fue desde que llegué aquí."

Su voz no sonó como Akko en lo absoluto. Sus manos fueron a su regazo, probablemente afirmando su propia ropa. Sintió sus manos temblar del solo verla de esa forma. Nunca la había visto así. Nunca imaginó verla así.

"Soy una extraña chica japonesa. Todos se burlan de mi por ser como soy, de mi forma de ver el mundo y no tengo ningún tipo de característica importante, ni soy bonita ni elegante y ni siquiera entiendo algunas palabras. Todos me consideran una idiota, y sé que lo soy. Siempre ha sido así."

"Akko, eso no es verdad."

Akko negó. Sus ojos ahora la miraron. Ojos carmines sin ese brillo que tanto le gustaba.

"Tú eres la heredera Cavendish. Tienes un gran futuro, has estudiado y te has preparado para eso desde que eras una niña. Eres increíble. Eres todo lo que yo no soy. No estoy a tu nivel para nada y tú y todos se encargaron de hacerme ver aquello. Probablemente no estoy al nivel de nadie en la escuela."

Sintió su corazón romperse en pedazos al escucharla hablar de esa forma.

Negó. Negó. Negó.

No podía aceptar eso, sus palabras, su estado, no podía aceptarlo.

No pudo evitar fruncir los labios y mirarla fijamente. Estaba enojada. Estaba enojada consigo misma por hacer que la chica frente a ella cambiase de esa forma, que sufriera de esa forma. Debía arreglarlo. Debía decirle lo que pensaba. Lo que sentía. Aunque eso la hiciera sentir vulnerable, debía ser honesta. Había sido criada para cumplir las expectativas que su apellido conllevaba, pero no era así en lo absoluto, aún tenía dudas, aun había cosas que le faltaban.

Había algo que ella no tenía.

Si ahora era capaz de 'sentir' era gracias a esa chica.

"Tú me dijiste, aquella vez en el hospital, que debía hacerlo, que debía intentarlo, que podía seguir mis estudios en medicina y manejar los hospitales al mismo tiempo. Cumplir las expectativas sobre mí y cumplir mis propios sueños. Yo me había rendido, Akko. Yo dejé de luchar. Decidí seguir el legado familiar, y abandonar un futuro como médico. Pero tú me miraste de esa forma, tomaste mis manos e insististe que debía hacer ambas, que debía intentarlo, que no podía rendirme. Que confiara en mi corazón. Que hiciera lo que me hiciese feliz. Que, si alguien podía llevar a cabo todo aquello, era yo."

Tomó un poco de líquido antes de seguir, los ojos carmines se veían sorprendidos, pero no parecía querer decir palabra alguna.

"Las expectativas que las personas tienen sobre mí me alejaron de mi sueño. Y, a decir verdad, me molestaba un poco tu actitud, porque querías ser profesora y perseguías tu sueño, pero no podías siquiera decir bien una frase correctamente y te metías en problemas." Fijó su mirada con la de la chica, y le dio una sonrisa. "Pero esa pasión, esa fuerza, esa esperanza que tienes, es algo que yo carezco, y me enseñaste muchas cosas en el corto tiempo, me ayudaste incluso cuando me veías como una rival. Permitiste que me sintiera yo misma desde que mi madre falleció, que sintiera lo que ella me hacía sentir cuando era solo una niña. Eres muy importante en mi vida, y eres maravillosa tal como eres, eres magnética, buena y especial, por eso estoy dispuesta a dejar todo de lado, sobre todo dejar de lado lo que los demás piensen de nuestra relación, porque me gustas, y quiero estar contigo sin importar nada."

Se quedó mirándola, mientas la castaña bajaba la mirada hacía su regazo. El aire se volvió denso, pero su interior se sentía tranquilo. Había sido capaz de decirlo. No había dudado. Lo había dicho. El mesero llegó con los platos, y los tendió en la mesa sin decir palabra alguna, leyendo el ambiente.

Escuchó la nariz de la chica hacer un sonido muy poco elegante, y la vio levantar la mirada. Podía ver las lágrimas acumuladas en sus ojos, así como las manchas de algunas que lograron caer. La vio hacer una mueca mientras limpiaba sus ojos con su antebrazo, para luego darle una sonrisa, tal vez la más grande sonrisa que había visto en ese rostro.

"Entonces eso significa que estaremos juntas hasta cumplir nuestros sueños, ¿No?"

Soltó una leve risa, viéndola cambiar de humor tan rápido. Sus manos ahora estaban sobre la mesa, y no dudó en tomar una de sus manos con la suya.

"Espero que dure mucho más que eso."

Los dedos ajenos se entrelazaron con los suyos, mientras la chica frente a ella asentía fervientemente. Sus ojos ya libres de lágrimas y su ánimo completamente renovado. Como si ese momento jamás hubiese ocurrido.

"¡Que así sea!" Akko se distrajo, mirando el plato frente a ella, y sus ojos brillaron. "¡Guau! ¡Esto se ve delicioso!"

Le dio una sonrisa, liberando la mano de la chica.

"Adelante. Te mereces esto y más."

Akko negó, y la miró con confusión. Pudo ver en sus labios una sonrisa, un poco diferente a lo normal. Sus brazos estaban apoyados en la mesa mientras sus ojos parecían querer decirle algo.

"Ahora que arreglamos todo, quiero mi beso como compensación."

Dio un salto en su asiento, sintiendo su rostro arder. La sonrisa de la chica se hacía aún más grande, y no podía evitar que su vergüenza creciera. Miró el plato frente a ella. Aun no se acostumbraba a esas situaciones. Respiró profundamente, siendo atacada por esos nervios en su estómago, aunque ahora se sentían diferentes.

Eran buenos nervios.

Se levantó un poco de su silla, y se estiró sobre la mesa, con cuidado de no hacer un mal movimiento que pudiese botar todo al suelo. Se acercó al rostro de la castaña, la cual cerraba levemente sus ojos.

Finalmente llegó a los labios de la castaña, y se sintió realmente diferente a todos los besos que le había dado. Ese era especial, de todas formas, eran oficialmente novias, y no se había molestado siquiera en ver si alguien las observaba, porque no le importaba. Era feliz así, así que no iba a sucumbir de ninguna forma.

Se alejó y se sentó, poniéndose recta.

"La comida se enfriará, empieza a comer."

Le dijo, y recibió una pequeña risa de la chica, la cual parecía feliz de haber obtenido lo que quería.

"Eres incorregible, Akko."

La chica se metió un gran trozo de carne a la boca, y al tragárselo le dio una seña con su mano, una señal de paz. Su sonrisa era invaluable.

"Así es como me amas."

No pudo evitar sonreír.

Si, así exactamente era. Así la amaba.


OH. OH. OH. Tensión. Pero tensión de las buenas, ¿O no? No iba a arruinar todo sabiendo como quieren que avance su relación tan pura y casta. Hay que dejar las cosas claras si se quiere perdurar, creo yo.

Esperemos que las cosas en las otras parejas vayan en mejoría también, aunque lo dudo. Jij.

Capitulo siguiente: Elsa – Ataque inducido.

Oh no.

¡Nos leemos pronto!