Milady,
Esta es la última nota que voy a escribir en el diario, pero es la más importante, la que necesito que leas con urgencia. Así que, por favor, presta atención, porque no tengo mucho tiempo y he de explicarte muchas cosas.
Me llamo Adrián Agreste. Y mi padre, Gabriel Agreste, es el rostro que se oculta tras la máscara de Lepidóptero. Tengo razones para sospechar, además, que su secretaria, Nathalie Sancoeur, podría ser Mayura.
Si te revelo mi identidad, a pesar de que juré no hacerlo jamás, es porque a partir de hoy ya no podré seguir siendo Cat Noir. Es demasiado peligroso, porque mi padre sospecha de mí.
Todo empezó esta tarde, con la alerta akuma. Me transformé y salí de casa como de costumbre, por la ventana de mi cuarto, que dejé abierta para poder volver a entrar después. No entraré en detalles, sin embargo. Cuando derrotamos a la villana era ya de noche, aunque aún no lo bastante tarde como para ir a visitar a Marinette. Por eso decidí volver a casa en lugar de pasar a verla directamente.
Sin embargo, cuando me detuve sobre la verja de la mansión, me di cuenta de que la ventana de mi habitación estaba cerrada... y, aunque las luces seguían apagadas, con mi visión nocturna pude detectar que había alguien en el interior.
Entré en el recinto por otro lado y bajé desde el tejado hasta la ventana del cuarto de baño de mi habitación. Suele estar cerrada, pero hace ya tiempo que la manipulé para que se pudiese abrir desde fuera. Así que me colé en el cuarto de baño en silencio y me acerqué a escuchar tras la puerta cerrada.
Y oí la voz de mi padre.
–¿Estás segura de que no ha podido escaparse por la puerta?
–No, señor –respondió Nathalie–. El guardaespaldas ha estado fuera todo el tiempo. Y cuando he entrado, la ventana estaba abierta.
–Pero eso no tiene por qué implicar que mi hijo sea Cat Noir.
–Es una posibilidad que no deberíamos descartar, en mi opinión. Hace ya tiempo que he notado que Adrián tiene por costumbre dar esquinazo a su guardaespaldas. Al principio no quise molestarle a usted con este tema porque pensé que solo estaba tratando de rebelarse contra la autoridad, o de encontrar tiempo para estar con sus amigos, o con chicas como Kagami Tsurugi. Pero he descubierto una pauta, y es que al parecer Adrián suele escaparse precisamente cuando hay una alerta akuma.
–Entiendo.
–Su guardaespaldas no es tan inepto como para perderlo de vista todas esas veces, justamente cuando más debería velar por su seguridad. Adrián lo esquiva a propósito.
–Pero no tienes pruebas definitivas.
Nathalie vaciló un momento.
–No, señor, no las tengo.
–Te recuerdo que ya sospechamos de Adrián una vez. Y lo vimos junto a Cat Noir, el día que akumaticé al guardaespaldas.
Ya estaba muy preocupado con lo que estaba escuchando pero, como comprenderás, al oír esto último me quedé helado. Por un momento pensé que no lo había entendido bien. Pero entonces Nathalie respondió:
–Las cosas no son siempre lo que parecen, señor. También usted se akumatizó a sí mismo para alejar las sospechas de Ladybug y Cat Noir.
–Cierto –respondió mi padre–. Pero mi propio hijo...
–Aún no podemos descartar esa posibilidad. La edad y la complexión coinciden. La voz es similar. Cat Noir apareció justo cuando Adrián comenzó a salir de casa para ir al colegio...
–Lo sé.
–Y el guardián de los prodigios vino a visitarlo en cierta ocasión. Dijo que venía a sustituir a su profesor de chino, pero... ¿y si...?
–Basta. Tienes razón, Nathalie. Son demasiados indicios. –Hizo una pausa y continuó–. Sin embargo, me gustaría tener pruebas concluyentes.
–Haré instalar cámaras en el perímetro de la mansión. Si Adrián sale de la casa transformado en Cat Noir, lo descubriremos.
–No es suficiente. Instala cámaras también en su habitación.
Nathalie calló un momento, sorprendida.
–Pero, señor... ¿cree que es necesario? Si queremos averiguar si es realmente Cat Noir, sin duda bastará...
–Si Adrián es Cat Noir, quiero tenerlo vigilado las veinticuatro horas del día. Él nos conducirá hasta Ladybug. Pero para eso debemos actuar con mucha cautela... No debe sospechar en ningún momento que lo hemos descubierto.
–Entiendo, señor. En ese caso, sugiero que salgamos de aquí. Hace ya un rato que Ladybug y Cat Noir derrotaron a Diabólica y, si es eso lo que ha estado haciendo su hijo, no tardará en volver.
–Bien pensado. Abre la ventana, Nathalie. Tenemos que dejarlo todo tal como lo encontramos.
Siguieron hablando mientras salían de la habitación. Los oí comentar que instalarían las cámaras a la mañana siguiente, mientras yo estuviese en el colegio, así que no disponía de mucho tiempo.
Cuando cerraron la puerta, murmuré: "Garras fuera" y crucé una mirada con Plagg, que estaba tan horrorizado como yo.
Han pasado varias horas desde que escuché la conversación entre Nathalie y mi padre, y todavía no puedo creer que sea real. Que mi padre sea Lepidóptero, que yo haya estado viviendo bajo el mismo techo que mi enemigo. Tampoco sé por qué lo hace. Una parte de mí quiere tratar de averiguar sus motivos, quiere creer que los tiene, sin duda, y que deben de ser poderosos; pero por suerte todavía me queda el suficiente sentido común para comprender que no puedo permitir que ponga las manos sobre mi prodigio.
He estado hablando con Plagg, hemos valorado distintas opciones y esto es lo que vamos a hacer. Tenemos la ventaja de que ellos aún no saben que los he descubierto, de modo que voy a fingir que no sé nada. Y mientras tanto, voy a intentar hacerte llegar el anillo. Te lo envío junto con este diario. Tenía la intención de seguir escribiéndolo durante muchos años más, pero es demasiado peligroso que siga en mi casa. Debo librarme de él cuanto antes.
Lo habría destruido con un Cataclysm, pero necesito que lo tengas tú, y que lo leas. Ya da igual que conozcas mi identidad, porque a partir de ahora ya no seré Cat Noir. Por eso te devuelvo mi anillo a ti, guardiana de los prodigios, para que elijas a otro portador que me sustituya. Confío en ti y estoy seguro de que sabrás escoger al más adecuado.
Te voy a echar mucho de menos, bichito. Echaré de menos las batallas, las patrullas, las bromas, las competiciones amistosas y las conversaciones en los tejados. Pero ya no puedo seguir luchando a tu lado. Incluso aunque mi padre no hubiese descubierto mi identidad... no estoy seguro de estar preparado para luchar contra él. Necesitas a un Cat Noir mejor; tener en tu equipo al hijo de tu enemigo solo complicaría las cosas.
Quiero que te quedes este diario para que puedas recordarme, pero también porque necesito que sepas lo de Marinette. Como puedes ver, al final no he arrancado las páginas que hablaban de ella. Sé que estoy traicionando su confianza porque le prometí que no lo contaría a nadie, pero necesito que la protejas. Esta noche no he ido a verla, a pesar de que le dije que lo haría. Pero me preocupa la posibilidad de que Nathalie y mi padre me estén espiando, y no quiero conducirlos hasta ella.
No tengo modo de decirle que no volverá a ver a Cat Noir nunca más, porque voy a tener que alejarme de ella para mantenerla a salvo. Mi padre pretende que lo conduzca hasta ti, y cuando se dé cuenta de que ya no tengo el anillo empezará a vigilar a todos mis amigos. Por eso he de cortar todo vínculo con Marinette. Él no debe descubrir jamás lo mucho que me importa.
Pero no voy a tener oportunidad de decírselo, ni podré estar a su lado apoyándola de cara a su examen, como le prometí que haría. Despídete de ella en mi lugar, por favor. Dile que la quiero. No: dile que Cat Noir la quiere con locura. Pero te pido que no le reveles quién soy. Explícale que he tenido que renunciar a mi prodigio porque Lepidóptero ha descubierto mi identidad, y por eso ya no podremos estar en contacto, ni con máscara ni sin ella. Lo entenderá, porque uno de sus mayores miedos era, precisamente, que nuestro enemigo descubriese nuestra relación.
Te lo ruego, cuida de ella. Protégela. Mantenla lejos de mi padre.
Y cuídate tú también, milady, bichito, mi mejor amiga y compañera. Ha sido un honor luchar a tu lado todo este tiempo. Siento que te he fallado, no solo porque Lepidóptero me haya descubierto, sino también, y sobre todo, porque yo no fui capaz de reconocerlo, a pesar de que tú ya habías sospechado de él. Si hubiese sido más perspicaz, podríamos haber acabado con todo esto hace mucho tiempo. Podríamos haber recuperado los prodigios perdidos. Podríamos haber salvado al maestro Fu.
Pero ahora tendrás que seguir sin mí. Siento mucho tener que dejarte sola precisamente ahora, cuando más me necesitas. Espero que al menos la información que contiene este diario te sirva para vencer en esta guerra de una vez por todas.
Siempre tuyo, y eternamente de Marinette en la distancia,
Adrián Agreste
NOTA: Y esta es la última página del diario de Adrián. Pero tranquilos, la historia no termina aquí :).
