EN BUSCA DE LA FELICIDAD

CAPITULO XXX

El cumpleaños de Candy lo pasaron todos en Lakewood, compartiendo entre familia y disfrutando la compañía de todos, ya no podían hacer los bailes a los que estaban acostumbrados, por lo menos tendrían que esperar un tiempo antes que volver a retomarlos, sobre todo porque los pequeños Andrew necesitaban estar muy cerca de sus padres.

-¡Feliz cumpleaños Candy! – Decía Stear emocionado abrazando a la rubia para felicitarla.

-Gracias Stear. – Decía emocionada, recibiendo el amor de su familia, tanto la tía abuela como Harold y David estaban también ahí para felicitarla.

-Feliz cumpleaños Candy. – Dijo Patty muy emocionada y abrazándola con cuidado.

Albert llegó con Dorothy y ambos la felicitaban muy emocionados, era el cumpleaños de Candy, su hija, su amiga, su hermana, él la veía de una forma muy especial y aunque no fuera realmente su hija él la consideraba como tal y le alegraba saber que no era molestia para su esposa quien la quería y la estimaba bastante.

-Muchas felicidades Candy. – Decía la pareja.

-Anthony ¿Es la rosa que mencionaste desde que llegaste de Escocia? – Preguntó Stear sorprendido al ver el ramo que traía Candy para mostrárselo a toda la familia.

-Así es Stear, por fin floreció, y floreció el mismo día que nacieron nuestros gemelos. – Dijo orgulloso.

-¡Es hermosa! – Dijo Patty emocionada. - ¿Cómo se llama? – Candy y Anthony se voltearon a ver y comenzaron a reírse por la pregunta y por la indecisión que tenía Candy respecto a eso.

-Bueno, yo le propuse a Anthony "Lady pecosa" pero él me dio un nombre que se escucha mucho mejor, pero no estamos seguros de llamarla así.

-¿Cuál es Candy? Tal vez podamos ayudarte a decidir. – Dijo Albert al escuchar el nombre.

-"Dulce pecosa" –Dijo sonriente y sonrojada.

-Pues me gusta más "dulce pecosa" – Dijo Albert y tanto Dorothy como los demás opinaron lo mismo.

-Tanto relajo para el nombre de una flor si a fin de cuentas la llamaran "la rosa pecosa" – Dijo Stear ocasionando la risa entre todos los presentes.

-Tienes razón Stear. – Dijo Anthony divertido por las ocurrencias de su primo. – Pero de todas formas tiene que tener un nombre para poder registrarlo.

-Es verdad. –Dijo Albert. – Es muy importante que registres como propias ambas rosas ya que me imagino que la Dulce Candy tampoco la registraste.

-Tienes razón tío, no tuve tiempo de hacerlo. – Dijo pensativo, era algo que tenía que hacer y ponerla a nombre de su esposa ya que ambas rosas eran inspiradas en ella misma.

Viajaron al hogar de Ponny, no solo para que conocieran a los gemelos y poder ver a sus madres, sino porque Candy y Anthony tenían la intención de adoptar a uno de los niños y al estar en la mansión y tener más espacio les parecía indicado.

-¡Candy, joven Anthony! ¡Bienvenidos! – Decía una emocionada hermana María saliendo a recibir a la hermosa pareja de rubios, pero ahora con sus pequeños retoños que los acompañaban.

-¡Hermana María! – decía Candy emocionada y ansiosa por salir corriendo a sus brazos como antes, pero ya no podía hacerlo porque llevaba en brazos a su pequeño Andre, mientras Anthony llevaba a la pequeña Antonelle. La señorita Ponny salía tras de la Hermana María al escuchar el nombre de su hija, emocionada por volver a verla, mientras los niños corrían impacientes por volver a ver a la pareja de rubios que siempre les llevaban algún obsequio.

-¿Son dos bebés? – Preguntaron emocionadas.

-¡Sí! Estamos muy emocionados, aunque es un poco complicado. – Decía Candy aceptando que desde que tenían a los gemelos era un poco más difícil, pero que con la ayuda de las niñeras y por supuesto de su colaborador esposo todo lo hacía más llevadero.

-Pero son un amor. – Decían las buenas mujeres tomando cada uno a un bebé.

-Y son muy bien portados, señorita Ponny. – decía Anthony viendo como tomaba a Antonelle entre sus brazos para observarla. – Sobre todo Andre, es el más tranquilo, creo que le pequeña sacó mucho más a su mamá. – Decía volteando a ver a su esposa con una sonrisa que era devuelta con una mueca divertida.

-Pues si la pequeña es igual a su mamá, van a tener que ser muy pacientes. – Decía la señorita Ponny ante la mirada de sorpresa de Candy, sabía que era verdad pero le causaba un poco de vergüenza que su esposo se enterara de las ocurrencias que hacía de niña, a pesar de que él la había conocido desde temprana edad.

-No importa, yo quiero que sea igual que su madre. – Decía Anthony abrazando a su esposa y besando su cabello.

-No sabe de lo que habla joven Anthony. – Decía la hermana María quien recordaba las mil y un travesuras que Candy había hecho de niña y las ocurrencias que tenía día con día y que a pesar de los años aún seguían en su mente.

-Vamos hermana, Anthony dirá que era un torbellino. – Decía Candy apenada.

-No te preocupes hermosa, yo conocí a este torbellino hace mucho tiempo y desde entonces me atraparon sus hermosos ojos verdes.

Ambos rubios no dejaban de pasar la oportunidad de demostrarse el amor que se tenían, ni la paciencia que Anthony mostraba con ella y con sus hijos, sobre todo con la pequeña que era un poco posesiva con su padre, desde entonces demostraba la preferencia que tenía con su progenitor.

-Señorita Ponny, desde el día que venimos junto a los Lawler, Candy y yo hablamos la posibilidad de adoptar a uno de los niños del orfanato.

-¿De verdad joven? –Preguntó ansiosa y Anthony asintió.

-Es verdad señorita Ponny, nos gustaría adoptar a uno de los niños.

-Pero ustedes acaban de tener dos bebés ¿No les parece que sería muy difícil cuidar de tres al mismo tiempo?

-Tal vez será un poco más complicado señorita Ponny, pero queremos darle la oportunidad a un niño de tener el amor de unos padres.

-Candy, el tener hijos propios es una bendición de Dios y el que quieras adoptar a uno de nuestros pequeños, me hace sentir orgullosa de ti, más sin embargo yo preferiría que primero te tomaras el tiempo de disfrutar a tus bebés y después habláramos de la adopción. – Candy veía a la señorita Ponny algo confundida, ella era la primera que debería estar feliz de darle a uno de sus niños la posibilidad de tener padres, sin embargo le decía que esperara un poco antes de adoptar, con los Lawler no había pensado lo mismo. – Verás Candy, cada uno de los niños merecen tener el amor y la atención de sus padres, y en estos momentos de tu vida no solo tienes uno sino dos bebés que necesitan de toda tu atención, y el pequeño que elijas también demandará la atención de ustedes dos, es por eso que sugiero que esperes a que los bebés estén un poco más grandes para que puedas tener tiempo para otro integrante.

-Tiene razón señorita Ponny, no quiero apresurar las cosas, la verdad es que la última vez que estuvimos aquí me partió el corazón al ver el rostro triste de los niños al despedirse de nosotros, de Elizabeth y Louis.

-Candy eso es algo que no podemos evitar, siempre es así, recuerda cómo te sentiste tú cuando se fue Annie, cuando su fue Tom y eso mismo que tu sentiste sintió Jhon y los demás cuando te fuiste. – Candy se mantuvo un poco en silencio recordando los días que había pasado triste por la ausencia de sus hermanos. – La tristeza que sienten los niños es momentánea, gracias a Dios tanto la hermana María como yo hemos logrado hacer sus vidas un poco más llevaderas, con mucho amor y sobre todo cuidado. Ellos se sienten felices de estar aquí y aunque cada uno se merece un padre y una madre, sería imposible que te llevaras a todos, siempre habrá más y más niños que queden huérfanos o serán abandonados, lo que se necesita es personas de buen corazón como ustedes dos para ayudarlos a salir adelante.

-La entendemos señorita Ponny, y no se preocupe, tanto mi princesa como los Andrew seguiremos al pendiente del orfanato. –Dijo Anthony seguro de querer seguir aportando a ese lugar especial, el cual había formado a una de las personas más maravillosas que había conocido, su esposa.

-Muchas gracias joven Brower.

La tarde les había llegado y decidieron regresar a la mansión de las rosas, lo más seguro era que los demás ya estarían listos para irse de regreso a Chicago si no es que ya se habían ido. No transcurrió mucho tiempo que llegaron a la mansión y ya todos los esperaban casi arriba de los automóviles.

-¡Vaya Anthony! ¡Por fin llegaron! – Dijo Stear quien estaba ya preocupado por ellos.

-Lo siento Stear, tío, se nos hizo tarde pero ya estamos listos, nos podemos ir. – Dijo Anthony en cuanto subieron lo poco que habían llevado para ese fin de semana.

Candy iba cansada, pero aun así había alimentado a sus dos pequeños quien en ese momento dormían en los brazos de las niñeras, mientras ella se recostaba en los brazos de su amado para descansar un poco, no quería dormirse, ella quería estar al pendiente del camino para que su esposo no lo sintiera tan pesado. La noche los sorprendió a una hora de llegar a Chicago, pero aun así iban manejando tranquilos para llegar sin ningún contratiempo. Los automóviles se abrían paso ante los amplios portones que se desplegaban para entrar a la mansión.

-¡Por fin llegamos! – Dijo Patricia a quien se le había hecho muy pesado el viaje.

-Vamos hermosa, es hora que descanses. – Dijo Stear despidiéndose de todos y acompañando a su esposa a su habitación. – Buenas noches a todos. – Dijo Stear abrazando a Patty quien les dirigía una sonrisa de buenas noches.

-Qué Pena con Patty. – Decía Candy preocupada por el cansancio que se veía en el rostro de Patty.

-No te preocupes Candy, no es por el viaje, Patty está cansada pero no es por el viaje, yo creo que es por el embarazo, es normal que se sienta ansiosa. – Dijo Anthony a su esposa para que no se culpara por el cansancio que demostraba su amiga.

-¿Tú crees que sea eso amor?

-No lo sé mi vida, mañana hablaré con ella, o le voy a sugerir que hable con su médico. – Ninguno de los dos dijo ya nada al respecto, solo se acurrucaron uno al otro una vez que ya habían acomodado a sus hijos en sus respectivas cunas, cayendo inmediatamente dormidos por el intenso viaje.

Otro día por la mañana Candy despertó tarde, y se dio cuenta que ni Anthony, ni sus hijos estaban en la habitación, al ver el reloj se dio cuenta que pasaban de las ocho de la mañana, eso quería decir que Anthony ya se había ido al hospital y que lo más seguro era que no había querido despertarla y que las mucamas se estuvieran haciendo cargo de los gemelos.

Se levantó y se dio un rápido baño para alcanzar a las demás, sabía que tanto Dorothy como Patty, serían las únicas en la mansión así que se les unió en el comedor ya que aún seguían desayunando.

-Buenos días. – Decía apenada, ante la mirada divertida de ambas.

-Buenos días, Candy ¿Cómo amaneciste? – Preguntó Dorothy.

-Muy bien, creo que dormí de más ¿Y los bebés? – Preguntó apenada.

-No te preocupes Candy, en estos momentos les están leyendo un cuento para que duerman la primer siesta del día, así que puedes desayunar tranquila.

Patty estaba en la mesa, se sentía un poco cansada y no participaba mucho en la plática. Candy sabía que ella era muy seria y tímida, pero entre ella no lo era tanto.

-¿Patty, te sucede algo? – Preguntó por fin.

-No Candy, ¿Por qué lo dices?

-Te notamos cansada. – Dijo Dorothy quien ya también había notado el estado de ánimo de Patty, pero no se había animado a comentar nada. El embarazo, los estudios y el matrimonio la tenían en total agotada y necesitaba un respiro.

-Tal vez si estoy un poco cansada. –Decía tímida aceptando que si se sentía más cansada de lo normal.

-¿Por qué no vas a ver al médico? – Preguntó Candy.

-Me falta una semana para la cita. – Dijo tranquila y sin ánimo.

-No puedes esperar Patty, tal vez necesitas que te revisen, yo te acompañaré. – Le dijo decidida. – ¿Dorothy crees que me podrías cuidar un poco a los gemelos? – Preguntó dirigiéndose a la pelirroja.

-Claro que si Candy, no te preocupes, las muchachas me ayudaran a cuidar a los tres, tu acompaña a Patty.

Después de ir a ver a sus gemelos ambas amigas se dirigieron rumbo al hospital, ambas querían pasar desapercibidas para sus maridos, así ninguno de los dos se preocuparía por su presencia en ese lugar, sobre todo Stear que se asustaba muy rápido ante la posibilidad de que Patty se sintiera mal.

Una vez que Patty fue atendida por el ginecólogo y después de haber sido valorada, ambas se dirigían a la salida del hospital cuando fueron interceptadas por el príncipe de la pecosa quien la tomó por sorpresa de la cintura.

-¿Qué hace aquí tan bella mujer? – Le dijo muy cerca de su oído, reconociendo Candy de inmediato la voz de su amado.

-¡Anthony! ¡Me asustaste! – Le dijo divertida. - ¿Cómo sabes que estaba aquí?

-Ya ves, es la ventaja de que conocen a mi bella esposa. – Dijo divertido. –Patty ¿Cómo te sientes? – Preguntó dirigiéndose a la morena.

-Me siento cansada, Candy insistió en que debía venir a ver al médico y me dio unas vitaminas y mucho reposo.

-Me imaginé que solo era eso Patty, no te preocupes, tú sigue las indicaciones de tu doctor y en unos días estará bien. – Una vez que se despidieron los rubios, tanto Candy como Patty tomaron un carruaje que las llevó de regreso a la mansión, donde unos gemelos mal humorados esperaban a su madre con mucha hambre.

Patty con el pasar de los días se sentía mucho mejor, con más energía y ya no tenía el cansancio crónico que la había estado acompañando desde que pasó al segundo trimestre, se sentía mucho mejor y su semblante se veía más alegre.

Alexander ya estaba cerca de los dos meses y pronto llegarían Archie y Annie de su luna de miel, habiéndose decidido a pasar menos tiempo en Europa, porque ya estaba impaciente de conocer a los nuevos integrantes de la familia. Todos en la mansión se preparaban para recibirlos y Stear esperaba ansioso para ver la cara de su hermano cuando descubriera que Candy no había tenido uno, sino dos bebés, además ya era hora de que bautizaran a esos pequeños ya pronto cumplirían los dos meses y por esperar al otro padrino no lo habían hecho.

Archie extendía la mano para ayudar a su elegante esposa a bajar del carruaje que los había llevado desde la estación hasta la mansión, no había querido avisar a qué hora llegaría para darles a todos una sorpresa. Llegaron un sábado por la mañana y sabía muy bien que a esa hora todos estarían en la mansión y serían sorprendidos.

-¿Estás lista damita? – Preguntó Archie tiernamente a su esposa, la llenaba de mimos y palabras dulces tanto como lo era ella.

-Estoy lista Archie, ¿Pero me prometes que después iremos con mis padres?

-Annie, sabes bien que tus padres están en Lakewood y también sabes que me siento muy cansado de tanto viaje. – Le decía con un puchero para convencerla de esperar unos días antes de emprender de nuevo otro viaje, que aunque era más corto aun así significaba pasar más tiempo sentado.

El mayordomo abría la puerta con sorpresa al ver a la pareja de recién casados que se le aparecía frente a él.

-Joven Archivald, señora Cornwell. – Decía con respeto. – No los esperábamos, voy a avisar a los jóvenes.

-No te preocupes Alfred, nosotros nos encargamos de sorprenderlos ¿Dónde están? – Preguntó divertido.

-Están en el salón de té. – Contestó el mayordomo mientras se dirigía al carruaje para bajar el equipaje que llevaban.

Archie entró de pronto al salón donde se encontraban las tres parejas con sus hijos en brazos, Stear traía en los brazos a Andre, Anthony a Antonelle y Albert a su pequeño Alexander. De pronto se abrió la puerta del salón apareciendo un elegante y feliz Archie.

-¿Cómo es posible que ninguno haya ido a recibirnos? – Decía alzando un poco la voz para sorprenderlos y con falso reproche.

-¡Archie! – Decían todos al mismo tiempo mientras el gatito dejaba de lado a su esposa para saludar a su hermano, su tío y sus primos. Todos se levantaban felices abrazando a la pareja recién llegada viendo como Archie comenzaba a darse cuenta que algo no estaba bien.

-Un momento. – Decía confundido. – Aquí hay tres bebés.

-Así es. – Decía Stear sonriendo.

-Pero Patty aún está embarazada.

-Eso es correcto. – Decía Stear, mientras Annie veía divertida la reacción de su esposo, ella ya sabía que Candy había tenido gemelos, pero le pareció divertido seguir el juego a Stear.

-¿Entonces? ¿Me pueden decir que pasó aquí? ¿Quién tuvo dos bebés? –Preguntaba inquieto. - ¿Tío? – Dijo dirigiendo sus ojos a Albert, quien lo miraba divertido al igual que Stear y Anthony por la reacción, negando con un movimiento de cabeza.

-¿Candy? ¿Anthony?- Ambos rubios asintieron, mientras Candy tomaba entre sus brazos al pequeño Andre quien había estado dormido en brazos de su futuro padrino Stear. - ¿¡Han tenido gemelos!? – preguntó feliz.

-Así es Archie, hemos tenido gemelos. – Decía Anthony feliz.

-Andre. – Dijo Candy mostrando el rostro de su hijo a Archie.

-Y Antonelle. – Dijo Anthony haciendo lo mismo con su pequeña hija.

-¿Niño y niña? – Preguntó emocionado, mientras ambos rubios asentían felices de ver la reacción de su primo. - ¡Stear! – Gritó volteando a ver a su hermano. -¿¡Por qué no me advertiste que eran dos!? – Gritaba reprochando al inventor por haberle ocultado ese hecho.- ¡Yo solo traigo dos regalos! ¡Y los dos son de niño!- Decía refiriéndose al hijo de Albert y al de Anthony, no sabía que también había nacido una niña. Gracias a su hermano Stear no se había enterado.

-Por qué así no sería tan divertida tu reacción. – Decía Stear divertido.

-¿Puedo? – Preguntó Archie a Anthony para cargar a la mini gatita que había nacido. -¡Es perfecta! Se parece a ti Candy, pero tiene el color de ojos de Anthony. – Decía emocionado. Después se acercó a Candy para conocer al guapo bebé que sostenía ella en brazos. – Este caballerito es igual de buen mozo que su padre, pero el color de ojos es el de su madre. – Decía emocionado, mientras tenía a los dos bebés en sus brazos y se sentaba en un sillón para que Annie se acercara a verlos. -¡Annie! ¡Mira son hermosos! – Decía emocionado. Annie se acercaba a ver a ambos pequeños y se emocionaba de igual forma.

-¡Felicidades Candy! – Decía con los ojos llorosos de felicidad. – En eso se escuchó el llanto de otro bebé que estaba presente pero que el gatito no se había acercado a él, por la sorpresa de los gemelos y por el reclamo que tenía que hacerle a su hermano.

-Me parece que alguien se ha puesto celoso. – Dijo Albert acercándose a Archie y su esposa para que vieran a su bebé.

-Lo siento tío, ¿Este caballerito es Alexander? –Preguntó al ver que Albert lo acercaba a él, le dio el niño a Candy y la niña a Annie, para tomar en sus brazos al integrante de la familia que había nacido unas horas después de que ellos se hubieran ido de luna de miel. – Tío es hermoso, tiene los cabellos como su madre, sin embargo el rostro es igualito al tuyo, y los ojos… - Dijo volteando a ver a Anthony y después a Albert quienes asentían con una sonrisa de felicidad mientras a Archie sus ojos se le llenaban de lágrimas.

-Así es Archie… tiene los ojos como Rosemary. – Dijo Albert emocionado, mi hermana se manifestó en nuestro hijo. – Dijo tomando la mano de Dorothy mientras la besaba tiernamente y esta le sonreía feliz. Archie veía lo felices que se veía su familia y lo hacía sentirse orgulloso, todos tenían a sus hijos en brazos y su hermano pronto también sería padre, deseaba que pronto su bella esposa le diera la sorpresa de que él también pronto se convertiría en uno. El pobre gatito no sabía lo que le esperaba.

-¿Entonces cómo van a quedar los bautizos? Annie y yo bautizaremos a la mini gatita. – Dijo rápido.

-Eso está bien Archie, porque Patty y yo bautizaremos al mini Anthony.

-Candy y yo bautizaremos a Alexander. – Dijo Anthony feliz.

-Bueno. – Dijo Albert. - Al parecer ya está todo dispuesto. – Dijo ante la risa de los demás.

-¿Y la tía abuela?

-Ella está en Lakewood junto a su amado esposo. – Dijo Dorothy. – Pero como no pueden estar mucho tiempo lejos de sus nietos, no te sorprenda que pronto los tengas por aquí.

Pasaron el día muy divertidos, platicando y disfrutando la compañía de todos, tranquilos porque por fin estaban todas las parejas juntas, Anthony con su Candy, Albert con Dorothy, Stear con Patty y Archie con Annie. Entre todos hacían planes a futuro tanto de la familia como de los negocios. Anthony seguía sin recibir la fortuna de la cual era heredero, pero muy pronto eso tendría que cambiar si quería independizarse con su esposa y sus hijos. Anthony les hablaba a los caballeros de una idea que había surgido en su mente acerca de los huérfanos del hogar e incluía a Michael quien desde Nueva York se comunicaba de vez en cuando con el joven Brower para ver cómo iban los avances al respecto.

Candy se retiraba a la habitación junto con sus hijos y las mucamas que la ayudaban para acomodarlos a dormir, lo mismo hacían Patty, Dorothy y Annie la cual estaba muy cansada por el largo viaje, mientras los caballeros hablaban de negocios. Una vez que Candy durmió a sus pequeños y que las mucamas la dejaron a solas, su esposo se reunió con ella.

-Hola hermosa. – Le dijo sorprendiéndola por la espalda mientras ella sonreía feliz por la sorpresa. -¿Qué es lo que esta mujer tan bella hará esta noche?

-¿Tienes algo en mente?

-La verdad es que tengo muchas cosas en mente, pero solo una para este preciso momento. – Le dijo coqueto mientras atrapaba sus labios con ternura y pasión.

-Señor Brower ¿Acaso es lo que pienso? – Anthony asintió aferrándose a su estrecha cintura, la cual ya se había reestablecido casi por completo, la restricción médica había sido levantada, y las ansias que lo envolvían regresaban con más fuerza que nunca.

-Necesito hacerte mía, mi amor. – Le dijo en su oído haciéndola estremecer de pies a cabeza al adivinar que los pensamientos de su esposo eran los mismos que los de ella. Se dedicó a besar su boca con húmedos besos que fueron bajando poco a poco hasta llegar a sus hombros, los cuales desnudó bajando el camisón de su esposa hasta bajarlo por completo y sentir el tibio cuerpo desnudo de su esposa aferrada a él. La tomó como la princesa que para él era y la recostó en la cama acomodando sus rizos en la almohada mientras se perdía en su verde mirar, observándola con el fuego contenido por todos esos meses.

-Y yo necesito ser tuya, Anthony. – Dijo Candy aferrando su cuerpo con ansia a él, esperando que tomara la iniciativa y terminara de despojarla de sus ropas por completo, pero antes de que eso sucediera, Anthony se dedicó a despojarse las ropas poco a poco, lentamente creando un ambiente romántico al momento que ella lo veía enamorada como iba descubriendo su perfecta anatomía. Anthony exponía su hombría ante ella sin pena alguna al contrario se mostraba orgulloso de mostrar su cuerpo y se deleitaba de terminar de desnudar a su esposa hasta completar su tarea, llenando su vista de la maravillosa figura que tenía su princesa, recordando cada una de las curvas que poseía al palparla con cuidado haciendo que con su tacto la piel de ella se erizara y buscara un mayor contacto.

Por fin había llegado el tan anhelado día de volver a hacerla su mujer, por fin había llegado el día que ambos ansiaban para volver a pertenecer uno al otro, la cubrió de besos desde su cabeza hasta sus pies, dejándose ella amar por los labios de su príncipe, uniendo su pecho al de él para provocarlo y que terminara de una vez por fundirse en ella, ya no aguantaba la espera, sin embargo Anthony se toma el tiempo de admirarla y disfrutarla, quería escuchar los sonidos que salían de su boca e impregnarse del aroma de su humedad, era así como deseaba hacerla suya, poco a poco y lentamente hasta sentir que ella ya estaba lista para ser amada una vez más. Se acomodó entre sus piernas para introducir su hombría en ella como si fuera la primera vez, trató de hacerlo con mucho cuidado para no lastimarla, sin embargo Candy en su desespero enroscó sus piernas a la cintura de él y provocó que el movimiento fuera más rápido e intenso, saciando la necesidad que su cuerpo tenía de él.

-¡Eres maravillosa princesa! – Le dijo en un susurro al sentir ese inesperado movimiento que a pesar de todo él había disfrutado y había arrancado un gemido de los labios de su esposa. El vaivén de su cuerpo comenzó lento y profundo, para que su cuerpo reconociera nuevamente a su dueño invadiéndola una y otra vez mientras ella suplicaba que no se detuviera, Anthony hacía un esfuerzo por complacerla ya que por el tiempo que tenía sin hacerlo se le estaba dificultando no terminar. La besaba con ternura para tranquilizar un poco a su cuerpo que le exigía la tomara con más ímpetu y se detenía un poco para no mostrarse tan ansioso. Candy comenzó a moverse junto con él provocando en el rubio una reacción muy placentera que lo obligó a aumentar sus movimientos, era un deleite para él tener nuevamente el cuerpo de su esposa entre sus brazos y hacía lo posible para alargar el momento.

-Te amo Anthony. – Le decía con voz entrecortada y cargada de deseo.

-Y yo te amo a ti princesa. – Le decía enamorado, acelerando sus movimientos, mientras Candy comenzaba a sentir esa maravillosa sensación recorrer por todo su cuerpo, una vez más ambos culminaron en la liberación de su deseo, llegando al clímax de su amor al mismo tiempo, continuando el rubio más lentamente con sus movimientos hasta lograr que sus corazones se fueran tranquilizando, se recostó encima de ella apoyando sus brazos a los costados y besándola una vez más. – Eres maravillosa. – Le dijo besando su nariz y envolviéndola con sus fuertes brazos, cubriéndola con la sábana para proteger su cuerpo desnudo, envolviéndola con su pierna para colocarse detrás de ella y apegar su cuerpo sudoroso al de ella por la espalda y susurrarle al oído. –Eres perfecta mi amor. – Candy le sonrió con dulzura y se aferró a sus manos haciendo que él sintiera la humedad que había dejado en su cuerpo, el cansancio poco a poco los venció y los llevo a dormir profundamente, mientras sus corazones se unían al mismo ritmo que habían marcado.

Continuará…

Hola hermosas, espero que se hayan entretenido con este capítulo y que estén preparadas para el próximo desenlace de esta historia, pero no se preocupen, seguiré actualizando la otra como lo he estado haciendo cada semana.

Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, sin embargo los tomé prestados para hacer una historia de mi pareja favorita la cual sigo esperando que haya una segunda parte y digan como en las novelas que Anthony no murió jajajaja seguiré soñando ya que conozco la continuación de la historia buaaa! En fin, es sin fines de lucro y no apto para menores de edad.

Saludos!