Sex Appeal II (Dortmund)

Jenn estaba en Dortmund desde hacía unas horas, había cumplido con el protocolo de enviar un videíto para que la gente se acercará a la convención y ya había firmado unos cuantos autógrafos. Lo cierto es que desde las 12 del mediodía sólo podía pensar que Lana ya estaba en la ciudad, más precisamente en el hotel esperando. Era bastante duro no salir corriendo y escaquearse de sus fans para verla. Mucho más difícil de lo que hubiera esperado, sinceramente.

El viaje hasta Alemania con su hermana estuvo compuesto de dos hitos. El primero, una demora inesperada en Ámsterdam. El segundo, explicarle a Julia que irían a cenar con Lana, la cual venía específicamente a verla hoy por su cumpleaños. Eso y todo lo que se habían involucrado estos últimos tiempos porque Julia quiso saberlo todo, desde cómo habían retomado el contacto hasta que tanto lo habían reconstruido como para que Lana Parrilla decidiera planificar un viaje al país vecino para un encuentro de 24 horas. Y Jenn se lo contó todo, bueno, casi todo. No le contó lo que no había ni siquiera hablado con Lana, como el beso que la morena le dio la última vez que estuvo en su casa a expensas de creerla dormida. No, esa era una memoria que conservaba para ella sola. No solo la conservaba sino que la rememoraba bastante más seguido y a consciencia de lo que pudiera presumirse como apropiado.

Bufó en la pausa entre autógrafo y autógrafo. Tenía que dejar de pensar en Lana porque últimamente pensar en ella le creaba cierto vacío en el estómago que le parecía demasiado difícil de evadir. Se dejaba llevar en esa sensación desconectándose de todo y pensando solo en ellas dos. Jenn le sonrió a una joven castaña que con un inglés punzante propio de la dialéctica de la zona. Firmó la fotografía de Emma y Hook con un gesto fingido de agrado, inconsciente de que hoy sólo había sonreído de manera espontánea ante las imágenes de Swan Queen. Llegar a las 6 de la tarde nunca le había parecido algo tan, pero tan eterno.

Caminó por el lobby del hotel en que se hospedaba y le preguntó al recepcionista si había un mensaje para ella. El hombre le dijo que la ocupante de la habitación 26 dejó el aviso de que ya estaba en el hotel. Jennifer sonrió de medio lado y subió a su habitación que estaba en la misma planta. Se cambió de ropa y aprovechó para arreglarse el maquillaje. Al salir dudó un momento, ir a ver a Lana directamente o buscar primero a Julia. Las tres estaban en la misma planta. Primero, Lana. Sobre todo para poder abrazarla y hablar con ella a solas aunque sea por 3 segundos.

Cuando estuvo a la altura de la puerta suspiró y golpeó con los nudillos. Escuchó los pasos de los tacones y la sonrisa de Lana llenó sus ojos a medida que abrió la puerta.

-¡Ey, 'unbekannt'! – le dijo y no dudó en abrazarla - ¿te has perdido por Dortmund?

Lana la retuvo en sus brazos un momento – lo mismo te diría, pero prefiero decir Feliz cumpleaños, Jenn – la morena se inclinó y selló su saludo con un beso lento en la mejilla. Por suerte, no tenía ángulo para ver los ojos cerrados de Jennifer porque parecía haber entrado en un estado de letargo nada más esos labios tocaron su piel.

-Gracias – suspiró pronunciadamente la rubia y luego se hizo hacia atrás para ver mejor a su acompañante – estás hermosísima – meneó la cabeza en señal de no creerse lo bella que era y que estaba Lana. Vestía una falda y una camiseta, lo más sencillo del mundo, pero aun así estaba perfecta.

-Y tú sigues siendo la misma aduladora tanto en casa como en Alemania – Lana tiró de ella – ven aquí – dijo haciéndola pasar y mostrándole un paquete con enorme moño de satén gris que la esperaba en el recibidor.

-¿Para mí?

-No sé, ¿alguien más cumple años hoy? – replicó Lana.

-No creía que fueras a ser tan detallista – Jenn caminó los pasos hasta el regalo y lo abrió con el entusiasmo de un niño en Navidad – eres una persona preciosa – sentenció abriendo la caja.

-Anda, mira quién fue a hablar – contestó Lana riendo suavemente.

Jenn llegó por fin al final de la caja y abrió los ojos – esto es un Christian Clive – dijo girándose y sacando de dentro la caja más pequeña – es uno de los perfumes más caros del mundo – pestañeó - ¿estás loca o qué? – preguntó.

-¿De qué serviría el dinero si no es para darnos un gustillo de vez en cuando? – comentó Lana sin preocuparse para nada – estaba caminando por una de las avenidas comerciales más importantes de Milán y ahí estaba ese Christian Clive mirándome, tentándome – explicó – preguntándome si no tenía una buena amiga que cumplía años pronto.

Jenn abrió el perfume – chico listo, Christian – anunció antes de soltar un poco de perfume en el aire y oler el aroma – por favor, esto es lo que diferencia a los perfumes de "los perfumes" – su deleite era evidente – mi vida no será igual luego de Christian – exageró sacando la lengua, para lanzar sobre su piel un poco de la esencia de rosas.

-Ya llevas perfume, Jenn – resaltó Lana riéndose.

-Esta maravilla tapa cualquier otra cosa – y luego le lanzó también un poco del perfume a la morena - ¿ves?

-¿Qué? ¿Ahora combinaremos nuestros perfumes también?

-No, por ahora – Jenn le guiñó un ojo a Lana pícaramente, sacando esa imprudencia de quién sabe qué sitio de su valentía y asombrándose así misma – espero que tú también te hayas comprado uno porque valen una pasta.

-No, ya sabes que yo soy muy sencilla, muy de pachulí – indicó Lana cuadrándose de hombros.

-Y siempre hueles de una manera exquisita, Lana María – expuso la rubia.

-Entonces estás desperdiciando perfume, Jennifer Marie – acotó la morena siguiéndole el juego.

Jenn se acercó y respiró profundamente por su nariz – hoy un poco más – sentenció notando la cercanía y lo íntimo de ese gesto.

-Basta de halagos, ¿no? – cortó la otra mujer – ahora dime ¿por qué tenía que vestirme lo más normal y corriente que pudiera?

-Porque esta noche, Lana Parrilla, tú y yo – Jenn se corrigió rápidamente – y mi hermana, por supuesto, nos mezclaremos con el resto del mundo alemán y viviremos locas aventuras en Dortmund – Lana arqueó una ceja – ¿ya no te acuerdas que íbamos a hacer un locura durante este viaje? – se señaló a sí misma, con su camiseta y sus jeans, las botas de tacos altos y un cinturón a juego – seremos dos unbekannts en busca de aventuras.

-Veo que has aprendido una palabra nueva, ¿no?

-Puede, esa y bier – confirmó Jenn – así que prepárate para beber cerveza toda la noche.

Lana se río – no me importaría – observó a la rubia con los ojos llenos de curiosidad - ¿qué locas aventuras quiere vivir la cumpleañera en Dortmund conmigo?

Jenn reflexionó – no es una locura, pero lo que la cumpleañera quiere es bailar contigo – tomó a Lana de la mano – busquemos a mi hermana y salgamos de aquí.

Aunque la morena se asombró de que Jennifer no se cortará ni un pelo en llevarla de la mano hasta la puerta de Julia y llamar, no tuvo tiempo de pensárselo mucho cuando la puerta se abrió y mostró a una versión de Jennifer un poco más baja, de cabellos más oscuros. Lana recordaba haber visto a Julia anteriormente en algún evento, pero apenas de paso.

-Ya estamos aquí – dijo Jenn al ver a su hermana.

-Hola Lana – Julia se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla como declaración de confianza – ¿cómo estás? Es un gusto volver a verte, aunque la única vez que nos vimos fue muy de paso.

-Lo sé, creo que fue en una entrega de premios o una premiere, ¿verdad? – Julia asintió – es un gusto volver a verte y que no sea de paso nada más – agregó sonriendo y ganándose una sonrisa igual de la hermana de Jenn.

-Qué bueno que hayas podido venir a ver a mi hermana en su cumpleaños – contestó la joven, mientras las tres caminaban hacia el ascensor – si vieras lo emocionada que estaba con tu llegada, tuvieron que atarla a la silla en la convención, por poco y no deja a medio salón sin autógrafo para venir a recibirte.

-¡Oye! No cuentes esas cosas que luego creerá que sólo pienso en ella – fingió quejarse Jenn.

-Ah ¿y no piensas solo en mí? – la morena le guiñó el ojo y las tres se rieron, entrando en el ascensor – por cierto, ¿sabes que en el hotel puede haber fans y los hay en la ciudad por tu presencia en la convención?

-Lo sé y por eso iremos a los sitios dónde no van los turistas, vestidas como 3 turistas en busca de pasar bien la noche – Jenn marcó el parking del hotel – y el servicio de transporte del hotel se hará cargo de llevarnos y traernos.

-Por cierto, ¿por qué Julia puede usar un vestido tan mono y nosotras estamos con estas pintas? – se quejó Lana.

-Eso es porque yo no soy una salvadora ni una bruja malvada que lanza bolas de fuego en una serie de televisión, no llamó la atención como ustedes dos, super-estrellitas – dijo Julia muy tranquilamente – los beneficios de ser una total desconocida – agregó luciendo el modelo que llevaba con una media vuelta.

El chofer del hotel las llevó hasta el lugar que Jenn le pidió y cuando bajaron del coche Julia hizo una mueca de grima.

-¿Un sitio de hamburguesas? ¿En serio, Jenn? – preguntó.

-No es un sitio de hamburguesas, es EL sitio de hamburguesas – explicó su hermana – anda Juls, no te quejes que sé que te encantan.

-Pero a ti normalmente te gustaría más la pizza – Julia hizo una mueca de interés - ¿a qué se debe esta elección?

Jennifer carraspeó y dijo muy rápidamente – a que es la comida favorita de Lana.

-Oh, ya veo – comentó su hermana sonriendo de medio lado.

-No hace falta que hagas esto por mí, Jenn – Lana sonreía sin parar, mientras Jenn la empujaba hacia dentro del sitio - ¿puede alguien ser más dulce que tu hermana? – le preguntó a Julia.

-Créeme que cuando está interesada en hacer sentir bien a alguien, todo va en escalada – le aseguró Julia.

-¿Quieres decir que será aún más tierna y detallista? – quiso saber Lana.

-Parece que eres su nuevo objeto de afecto – respondió Julia a la morena – seguramente sí.

-No sé si mi corazón pueda soportarlo – Lana suspiró exageradamente.

-¿Quieren las dos dejar de hablar cómo si no estuviera yo aquí? – se quejó Jenn.

-¡Perdón! – Julia y Lana se rieron cómplices por haber abochornado a la cumpleañera.

-Ya verás cuando visitemos a Deena, complotaré con ella en tu contra también – aseguró la rubia acercándose a la barra para pedir mesa.

Las tres se sentaron y al cabo de unos minutos Jennifer volvió a levantarse para pedir la cena porque según ella había escogido lo mejor del menú a gusto de cada comensal. Es decir, la hamburguesa más épica para Lana, una de pollo para su hermana y una no tan suntuosa que la de Lana para ella. Así que como escogería el menú por ser la cumpleañera se fue a la barra dejando a las otras dos mujeres juntas.

-Gracias por haber venido, Lana – Julia aprovechó el momento para hablar a solas con la morena – realmente hace tiempo que no la veo tan espontánea y feliz estando en público.

-Bueno, yo creo que estar en un país un tanto desconocido ayuda – comentó Lana sonriendo y viendo como Jenn se acodaba en la barra de manera irreverente entendiéndose a media lengua con los empleados del local – no tienes nada que agradecer, Jenn ha sido un gran soporte para mí últimamente, estoy muy feliz de tenerla de regreso en mi vida.

-Algo me contó sobre que te ha estado viendo en varias ocasiones estas semanas – contestó la chica.

-Sí, estaba pasando un momento personal algo difícil y ha sido una fuente de distracciones maravillosas – Lana suspiró y fijó los ojos en sus manos inquietas – tu hermana es muy detallista cuando quiere.

-Y por lo visto te quiere a ti – la mirada de Lana viajó rápidamente a la de Julia ante esa afirmación y vio una señal casi imperceptible de perspicacia en ella – digo – aclaró – en su vida.

-Ya, bueno, no me voy a quejar de que me quiera – Lana tragó saliva – en su vida – añadió con prisa – me hace bien.

-Entonces, las dos estarán bien – Julia se detuvo porque Jenn apareció en la mesa con tres jarras enormes de cerveza que apenas podía sostener.

-¿Te puedes creer que este es el vaso pequeño? – dijo soltando una risa muy alegre – medio litro, tía – añadió apoyándolas en la mesa - ¿brindamos?

Las tres estrecharon sus jarras de medio litro y bebieron por Jennifer. La hamburguesa épica sí que lo era, tenía tres porciones de carne, bacón, lechuga, tomate, pepinillos, cebolla y queso gratinado. Todo aderezado con extra de barbacoa y mayonesa. Aunque lo realmente épico para Julia fue ver como Lana con mucha paciencia se la terminó. Desde ese momento aseguró que no vería a Lana Parrilla nunca más de la misma manera, que en su baremo de gente había ganado 15 puntos de experiencia.

Cuando Julia se disculpó marchándose al lavabo y Lana aprovechó los segundos que les dejaba la hermana de la rubia – Jenn – la otra mujer la miró - ¿te gustó el regalo?

-¿Lo dudas? – respondió la rubia.

-Es sólo un perfume, nada original.

-Me lo regalas tú así que tiene un extra que no puede valorarse – indicó Jenn.

-Eres un encanto - Lana levantó la vista y observó a Jenn un momento – por cierto, ¡Feliz cumpleaños, guapísima!

Jenn sonrió ampliamente - ¿y me llamas encanto a mí?

Cuando acabaron de beber sus cervezas, se marcharon a un bar en las profundidades de la ciudad que el chofer del coche les recomendó. Allí sólo había gente nativa y no era zona turística, él se quedó fuera a esperarlas. Tomaron cocteles durante una hora y Jennifer quiso empezar con el tequila, pero Julia se levantó de su sitio.

-No, no, no – dijo moviendo las manos – muero de sueño y nunca he sido muy buena bebedora estando tan cansada – las señaló – ustedes sigan, yo me vuelvo al hotel, pero, Jenn, no abuses – le advirtió – tienes un día largo mañana.

-Deberíamos volver también – repuso Lana.

-No, si esta aburrida se quiere ir que se vaya – Jenn le hizo un mueca de desencanto a su hermana y luego le sacó la lengua – tú y yo aún tenemos que bailar.

-Por eso mismo – Julia se alejó de la mesa y le lanzó un beso a ambas – yo vuelvo al hotel ahora con el chofer y les enviamos a alguien para buscarlas más tarde – pilló su bolso de la silla – aprovechen la noche, tortolitas – dijo soltando una risa y marchándose dejando a unas abochornadas mujeres detrás.

-Se le sube rápido el alcohol a la cabeza cuando está cansada – se disculpó Jenn - ¿tequila?

Lana asintió y ambas pidieron dos chupitos de tequila. Siguieron el ritual de la sal y el limón. Se marcharon hacia la trastienda del bar donde la gente estaba bailando. La música era la típica, un poco de latino, pop y rock con clave algo más electrónica, más DJs comerciales. No estaba mal. Tontearon las dos olvidándose del mundo y cantando a voz viva si conocían las canciones. El tequila se repitió y solo eran Jenn y Lana, dos chicas perdidas en la noche de Dortmund disfrutando de una ocasión común.

Dos hombres jóvenes se les acercaron al cabo de un par de canciones y les hablaron en alemán. Jenn se disculpó porque no les entendían así que los chicos aprontaron un acerado acento inglés que solucionó el problema, al menos el del idioma.

-¿Extranjeras? ¿Están haciendo turismo por Dortmund?

Jenn y Lana contuvieron la risa pensando que estos hombres no debían haberlas visto mucho en televisión porque parecían completamente ajenos a quienes eran.

-Somos de Estados Unidos – explicó Jenn – hemos venido a pasar unos días.

-Oh, americanas – dijo uno de ellos, tenía una barba muy rubia y a Lana le hacía gracia porque se veía realmente un chico de como mucho 20 y pocos años que parecía mirarla con interés a ella que le doblaba la edad, pero él otro tampoco parecía mucho mayor.

-Sí – dijo ella sonriendo.

-Buen cine – dijo el otro chico, un castaño de ojos muy claros. Lana y Jenn asintieron complacientemente – nos preguntábamos si podríamos invitarlas a beber algo y, no sé, quizás bailar – había un matiz en su voz que indicaba que el interés iba por otro lado.

-Realmente les agradecemos – cortó Jennifer -, pero estamos bien así – dijo tratando de ser agradable.

-Sin dudas – insistió el otro chico -, pero solo somos 2 desconocidos interesados en 2 desconocidas preciosas, ¿por qué no beber y bailar? Pasarla bien y, quizás, portarse mal.

-Porque no estamos interesadas – repitió Jenn tratando de no mostrarse demasiado cansada por la insistencia innecesaria.

-Escúchame, preciosa – el joven que tenía sus ojos fijos en Jenn se acercó peligrosamente – creo que no pasa nada si nosotros...

-Lo siento – Lana se interpuso entre los dos para alejarlos, pero luego retrocedió y tomó a Jenn de la cintura – resulta que no está disponible – dijo ejerciendo presión en su agarre- ¿creías acaso que una mujer tan bella como mi compañera estaría sola?

Los dos jóvenes levantaron las manos – lo sentimos – dijeron los dos a la vez.

-¡Perdónennos! Las miramos un momento y pensamos que eran solo amigas divirtiéndose, lo sentimos muchísimo – dijo el más rubio de los dos.

-No pasa nada – Jenn apretó a Lana más contra ella y en gesto protector colocó un mechón de su cabello detrás de la oreja – y claro que si esta preciosa mujer quiere portarse mal puede, pero conmigo.

-Sí, claro, lo sentimos mucho, hemos bebido demasiado, no somos de esa clase de personas, créannos – le aseguró el joven.

-La próxima vez acepten el primero no, ¿vale? – agregó Lana.

-¿Podemos comprarles algo de beber al menos? – les pidió el chico castaño – es decir, nos hemos portado fatal, como compensación les traeremos la siguiente ronda.

-Estábamos tomando tequila, pero no hace falta.

-Tequila, ya mismo – y los dos desaparecieron a la barra del local dónde había una tremenda línea de gente esperando para comprar bebidas.

Lana se río al verlos salir casi corriendo de donde estaban – no parecen malos, pero se lo merecían.

-Totalmente – Jenn escuchó como empezaba una canción que le sonaba aunque no supiera cuál era - ¿así que soy demasiado bella para estar sola? – giró a Lana tomándola de la mano – ven a bailar conmigo, Señorita Parrilla.

Lana sonrió y se dejó llevar. La melodía tenía cierta cadencia sugerente que su cuerpo con sangre latina no puedo más que descomponer en menear las caderas y Jenn por impulso ante el movimiento la volvió a girar, pegando la espalda de Lana contra su cuerpo. Era una postura extraña para dos amigas, pero ninguna se inmutó. Siguieron así y Jenn vagó sus ojos por las curvas perfectas de Lana, imaginando lo que se sentiría al pasar sus manos por ellas. No creía que nada le causará más delirio que sólo imaginar esas curvas a su merced. Lana al notar el aliento de Jenn tan cerca de su nuca quiso volver sobre sí misma y evitar tanto acercamiento porque no le era indiferente, pero los brazos de la rubia detuvieron.

La respuesta de su cuerpo al agarre mucho más intenso de la rubia fue pegarse aún más ella. ¿Qué era esto si no una declaración de intenciones? ¿Qué era si no era un dejarse llevar? ¿Un tomar impulso y saltar? Lana no estaba en sus cabales, embriagada por la cercanía y el calor que le provocaba. Estos nuevos sentimientos que se le despertaban en el cuerpo al sentir cerca a Jennifer estaban dando saltos por su cuerpo y su mente, por su pecho en forma de latidos trastornados. No podía respirar.

Jennifer encontró en el hueco entre el cuello y el hombro de Lana una nueva fijación. ¿Por qué no recuperar lo robado? ¿Por qué no podía ella probar con sus labios aquel hueco que Lana había conquistado en su sofá mientras creía que dormía? Eligió la forma menos sutil para hacer esta declaración de conocimiento. Para decir que no había secretos entre las dos y que, al mismo tiempo, tenían mucho por descubrir. Apoyó sus labios en el mismo sitio donde su cuerpo le había incendiado el raciocinio durante esos últimos días, pero en la piel de Lana.

Lana sintió primero el aliento y después el roce. La conciencia del mensaje de Jennifer le golpeó el cuerpo. Jenn lo sabía, conocía el delito que había cometido y la estaba castigando con una tortura mucho más atroz que la sensación de pérdida que había sentido en su boca después de la experiencia. La castigaba con la sensación de pérdida que todo su cuerpo sintió al desprenderse los labios de Jenn de su piel. Era un castigo que recorría su espina dorsal como un hambre desatado y desesperado. Como si todo estuviera incompleto de repente.

A Jenn los labios le hormigueaban intensamente en plena protesta por más. Protestaban por esa piel que seguía allí a unos centímetros y no pudo contenerlos. Tampoco lo intento. Ella era sus labios y sus labios querían volver a sentirse victoriosos ganando terreno en aquel juego que ambas iniciaron en un bar perdido de una vieja ciudad que no conocían. Lana y Jenn, las dos chicas comunes en busca de aventuras, haciendo lo más loco que hasta ahora habían conocido, dejarse llevar por la intuición del cuerpo. El siguiente roce provocó un estremecimiento en Lana que lo detuvo.

Los brazos de Jenn se aflojaron y Lana liberada de su prisión se giró hacia ella, los ojos hundidos en un mar esmeralda que no contenía nada de lo que podía expresar y era tan expresivo que no le cabía en la mirada. Se miraron sin mirar respirando de forma agitada. Lana lamió sus labios y su boca se abrió para decir algo.

-¡Tequila!

Las dos dieron un salto que las hizo retroceder unos pasos – eh, si, tequila.

Sus ahora ex interesados estaban allí con una ronda que corría por su cuenta y ambas fingieron no estar tan alteradas por lo que acaba de pasar. Bebieron esa y otra ronda más antes de decirse a marchar. El episodio olvidado en los asuntos a resolver por ahora, pero presente en sus memorias. Los dos chicos las acompañaron a su coche y se despidieron con una sonrisa.

El chofer les sonrió al entrar al vehículo - ¿volvemos? – preguntó.

-Sí, volvemos – Jenn se cuadró de hombros.

-A la vida de siempre, ¿no? – dijo Lana suspirando y dejándose caer en el asiento.

-Si, a la vida huidiza de siempre – Jenn le dio la mano y con la otra se tapó la boca bostezando – igual gracias por acompañarme a ser una chica normal, fue el mejor regalo de cumpleaños que podrías haberme dado.

-¿Mejor que Christian? – preguntó Lana sonriendo y viendo como Jenn volvía a bostezar abiertamente – uy, pero cuanto sueño veo yo aquí.

-Sí, directa a dormir, creo que necesito todas las horas de sueño que me queden hasta el desayuno antes de que te marches – aseveró la rubia.

-Puedes quedarte a dormir hasta la hora de la convención – le recomendó Lana – así dormirás más, yo desayunaré y me marcharé, puede que incluso pueda desayunar con tu hermana si se despierta.

Jenn la miró con el ceño fruncido - ¿tú estás tonta o qué? Ni loca me pierdo de despedirme de ti – hizo un mohín de tristeza – no te veré hasta dentro de muchos días en Milán.

Lana sonrió – pues esta vez te despierto yo para desayunar, ¿quieres? – Jenn asintió – trato hecho.

Llegaron al hotel. Jenn dejó a Lana en la puerta de la habitación 26 con un beso en la mejilla y un Buenas Noches. No fue hasta que no estuvieron solas que ambas suspiraron aparatosamente pensando que con menos tequila en el cuerpo tendrían mucho para plantearse. Ahora sólo les bastaba con repetir hasta dormirse aquel baile del final y el beso que lo coronó.

AJA! Comentenme por favor! Me apetece mucho feedback hoy! necesito saber que piensan de lo que acaba de suceder!