Just Nature
CAPÍTULO XLV: DÁMELO.
El Lagunamov asomó sobre la Cordillera Gaulig, e Irvine abrió los ojos de par en par mientras observaba el inmenso cráter donde debería haber estado el Jardín de Balamb.
- ¿Dónde está el Jardín? - preguntó boquiabierto.
- ¿Estás ciego? - preguntó Seifer junto a él, y señaló un poco más hacia adelante.
La inmensa estructura de aquella academia avanzaba hacia el mar, y Diablo se lanzó en su dirección mientras ellos aceleraban siguiéndolo. Al acercarse un poco más vieron la fina estela de humo que dejaba a su paso, y se colocaron a un lado hasta poder comprobar que tenía un inmenso agujero en la zona inferior del armazón.
- Mierda, si llegan al agua se hundirán – dijo Irvine entre dientes.
Seifer comenzó a ponerse aún más nervioso de lo que ya estaba, y se puso de pie de repente.
- Me cago en... - murmuró entre dientes, y salió corriendo hacia la plataforma que bajaba al piso inferior.
- ¿Pero por qué no paran? - preguntó Irvine frunciendo un poco más el ceño.
- Tenemos que hacer algo... - murmuró la chica tras él.
Kadowaki se sentó en el taburete que había colocado a los pies de la cama y se puso los guantes. Después miró hacia Quistis, que la observaba con una expresión entre incómoda y fuera de lugar, y dejó escapar un sonoro suspiro mientras ponía los brazos en jarra.
- ¿Por qué me hacéis pasar por esto otra vez...? - preguntó frunciendo el ceño y mirando hacia abajo.
Habían intentado ayudar a Quistis a desnudarse y ponerse una bata no demasiado favorecedora, aunque insistía en que podía cambiarse sin problemas, y justo acababa de conectar la maquinaria y accesorios necesarios poder monitorizar las constantes de ambos.
- ¿Es necesario todo esto? - preguntó Selphie, sujetando el fino cableado de los sensores que Kadowaki había colocado sobre el abdomen y el pecho de Quistis y recorriéndolos con los ojos hasta las pequeñas pantallas que había al otro extremo.
- Bueno, no son estrictamente necesarios, pero ayudan – contestó la mujer, achinando un poco la mirada mientras observaba aquellas pantallas.
Quedaba un espacio abierto sobre la tripa de Quistis, donde Kadowaki había levantado la bata para colocar unas cintas elásticas que sujetaban mejor algunos de los sensores, y Selphie tocó uno con dos dedos.
- ¿Quieres dejar de tocarme los cables? - le dijo Quistis dándole una palmada en la mano.
Kadowaki subió un poco la sábana mientras Selphie y Quistis comenzaban a discutir sobre lo que debía hacer o no hacer cada una, y echó otro vistazo entre sus piernas.
- Xian, no sé cuál de los dos es más impaciente... - murmuró.
Quistis se movió buscando una postura un poco más cómoda al mismo tiempo que un gesto de dolor cruzaba su cara, y Selphie dejó de quejarse de inmediato.
- ¿Estaréis bien aquí? - preguntó Cid desde la puerta, observando la espalda de la doctora.
Habían ayudado a llevar a Quistis hacia allí, pero tanto él como Edea sabían perfectamente que su presencia sería de más ayuda con los alumnos y trabajadores que aguardaban en el salón de bailes.
Kadowaki asintió un par de veces antes de levantar la mano en el aire y hacerle un gesto como indicándole que podían marcharse, y después Edea miró hacia Aura, que se mantenía de rodillas sobre la silla de la doctora, apoyándose en su escritorio e intentando ver desde allí lo que estaba ocurriendo en aquel otro habitáculo.
- Auri, ¿te vienes con nosotros? - le preguntó Edea, y la pequeña la miró y negó con la cabeza.
- Me quedo con la tía Quisty – les dijo.
Edea frunció un poco el ceño, no demasiado convencida, y Voren la miró con una expresión un tanto tímida.
Desde que habían llegado se había mantenido algo apartado, dándole la espalda a la habitación del fondo con cierto reparo, pero ya que no le habían ordenado marcharse, no lo había hecho.
- Yo puedo quedarme con ella hasta que haya pasado todo – les dijo.
Cid y Edea intercambiaron una mirada sin decir nada, como si ambos se preguntasen si era la mejor opción, y el director asintió levemente volviendo a girarse hacia aquel muchacho.
- Confío en todos y cada uno de vosotros – le aseguró, aunque con tono indeciso -, pero seguramente Squall no estaría de acuerdo... ¿Selphie? ¿Les echarás un ojo?
Al fondo de la enfermería la muchacha ni siquiera se giró hacia ellos, parecía mirar por la ventana y oírlos tan solo a medias. Asintió una sola vez e hizo un gesto bastante parecido al de Kadowaki levantando una mano en el aire.
- Volved de una vez, aquí está todo controlado – les apremió la doctora, y Cid dejó escapar un suspiro silencioso y colocó una mano sobre el hombro de su esposa mientras se giraba hacia la puerta.
Quistis pudo ver por encima de los hombros de Kadowaki la última mirada que Edea le dedicó antes de desaparecer tras la puerta abierta. Parecía inquieta, pero había algo en aquella media sonrisa que resultaba alentador.
- ¿Qué puñetas...? - dijo Selphie, mirando aún por la ventana que había sobre el cabecero de la cama, y Kadowaki se irguió de nuevo para dirigirse a Quistis.
- Voy – le dijo simplemente.
Ella asintió, y notó las manos de la doctora explorando sin demasiada dificultad entre sus piernas.
- ¿Pero qué hace? - dijo Selphie frunciendo el ceño – ¡No puede acercarse tanto!
Al otro lado de la ventana podía ver el Lagunamov moviéndose junto al Jardín de manera errática. Se levantó y se acercó al cristal, y después achinó los ojos intentando agudizar su vista.
- ¿Qué es eso? - murmuró observando aquella especie de bandera de color gris que ondeaba violentamente justo encima de la nave.
Percibió una especie de destello rojizo bajo aquella cosa, y de la nada apareció una bola de llamas que se disiparon inmediatamente dejando ver la inconfundible forma de Ifrit subido al Lagunamov. El G.F. Se tambaleó sobre la superficie y cayó de rodillas, y después Selphie arqueó una ceja confusa mientras lo veía moverse como si intentase agarrarse con desesperación a cualquier pequeño saliente por tal de no caer al vacío.
La extraña bandera gris ondeaba sobre la espalda de Ifrit, como si fuese una especie de capa demasiado corta para él, y de repente lo vio perder el equilibrio y caer por un lateral de la nave durante varios metros antes de que Diablo apareciese y lo agarrase en el aire de uno de sus inmensos cuernos.
Ambos guardianes se balanceaban en el aire de manera casi cómica, mientras Diablo parecía tener claras dificultades para levantar al otro G.F., que parecía indudablemente más pesado que él.
- ¿Seifer? - preguntó Selphie en voz alta, reconociendo de repente aquella forma grisácea que se movía violentamente con el viento como la gabardina del muchacho.
Quistis volvió a sentir una fuerte punzada, y apretó las mandíbulas una vez más mientras oía a Kadowaki hacer un ruidillo enfadado bajo la sábana.
- Deja de empujar... - le dijo de nuevo.
Unos segundos después, cuando el dolor se mitigó un poco, Quistis movió la cabeza sobre la almohada intentando mirar hacia la ventana.
- ¿Seifer...? - murmuró, sin poder ver nada.
- Está – comenzó a explicarle Selphie -... ¿A qué juegan? Está encima de Ifrit, sobre el Lagunamov...
- ¿¡Qué!? - exclamó Quistis.
- ¡Por la máscara de Odín! - exclamó Irvine de repente, viendo a Ifrit aparecer ante sus ojos, pegado al cristal frontal de la cabina igual que había hecho antes Diablo - ¿Pero es que esta gente no sabe cómo se usa un G.F.?
Las zarpas del guardián resbalaron de nuevo sobre la superficie lisa del armazón exterior de la nave a medida que el viento lo golpeaba con fuerza, y al pegar la cabeza al cristal el vaquero pudo ver a Seifer asomar por encima de sus hombros.
- Pero... ¿qué...? - balbuceó, y vio al ex-caballero mirar hacia él y hacer un gesto extraño al mismo tiempo que abría la boca.
Vio que Ifrit se incorporaba un poco y oyó su rugido como algo lejano y amortiguado por el grueso cristal. Después vio que Seifer se asomaba de nuevo y continuaba haciendo gestos mientras movía los labios.
- ¿Qué quiere? - preguntó Irvine sin entenderlo.
Ifrit golpeó el cristal, y la SeeD que lo acompañaba se quedó mirando a Seifer intentando leerle los labios.
- Repite lo mismo todo el rato – dijo, intentando adivinar qué palabra era.
Ifrit volvió a rugir, furioso, y el vaquero le hizo un gesto a Seifer encogiéndose de hombros y negando con la cabeza.
- No te entiendo, tío – le dijo.
- ¿Páralo? - murmuró la chica, y se fijó de nuevo en lo que Seifer parecía repetir todo el rato – Está diciendo páralo...
- ¿Que pare el qué? - dijo Irvine confuso.
- ¿El Jardín? - supuso la muchacha, y él se quedó pensando muy serio un instante antes de lanzarse a por los controles de la nave.
Voló hasta situarse justo en frente del Jardín, y accionó el sistema de agarre, haciendo que los brazos del Lagunamov se moviesen y se aferrasen al frontal del Jardín.
La academia era mucho más grande que la nave, y las aspas que giraban en torno a ella haciendo posible que continuase desplazándose se movían peligrosamente cerca del Lagunamov, pero aun así Irvine accionó los propulsores a máxima potencia logrando frenarlo un poco.
- No bastará... - dijo el vaquero apretando los dientes.
Vio que Ifrit miraba hacia abajo, y de repente desapareció al saltar con Seifer aun sobre sus hombros.
- ¡Seifer! - exclamó Irvine, y un instante después un destello intenso y anaranjado comenzó a brillar desde abajo.
Se creó un contraste extraño con una repentina sombra que se proyectaba desde arriba, y tanto él como la muchacha que había a su lado observaron atónitos mientras una inmensa bola negra y otra envuelta en llamas aparecían ante ellos.
La energía gravitacional del ataque de Diablo se iba haciendo más grande y descendía lentamente hacia la bola de fuego de Ifrit, y después pudieron ver a ambos guardianes con los puños en el interior de aquellas esferas como si cada uno tirase de ellas en la dirección contraria.
La bola concentrada de gravedad de Diablo atraía con una fuerza brutal la bola de fuego de Ifrit, y ambos guardianes tiraban de ellas como si intentasen con todas sus fuerzas que no llegasen a tocarse. La nave entera comenzó a temblar a medida que ambas esferas se acercaban más y más, y unos rayos anaranjados y violáceos comenzaron a bailar entre ellas, fruto de la inmensa energía que se acumulaba entre ambos ataques. Un instante después, Diablo soltó la bola de gravedad, e Ifrit las lanzó las dos con toda su potencia hacia abajo.
El sonido de la combinación de ambos ataques fue ensordecedor, y las aspas giratorias del Jardín volaron en mil pedazos casi al instante, haciendo que la metralla se clavase en el armazón de ambas naves y en todo lo que los rodeaba.
Quistis dejó escapar una maldición furiosa sujetándose al lateral de la cama, que se deslizó sobre el suelo a medida que el Jardín entero se inclinaba hacia adelante. Selphie se giró de inmediato hacia ella, flexionando las rodillas y sujetando la cama con parte de su cuerpo mientras usaba la mano que le quedaba libre para evitar que los monitores cayesen al suelo, y el taburete de Kadowaki cedió bajo el peso de la doctora, que aterrizó sobre su trasero profiriendo un par de blasfemias entre dientes.
- ¿Pero qué puñetas están haciendo? - preguntó la mujer levantándose y sujetándose a la pared mientras muebles y cacharros volaban y rodaban de un lado a otro.
Habían sentido y oído aquella inmensa explosión, y después de inclinarse varios grados las paredes temblaron como si hubiesen chocado contra algo.
- Xian... - murmuró Quistis, y gimió mientras aguantaba aquella nueva contracción, aun sujetándose a los bordes del colchón en una postura no demasiado cómoda.
Cuando todo dejó de moverse, Kadowaki volvió a acomodar el taburete en el suelo, mientras Selphie empujaba la cama y los monitores para que no cediesen a la leve inclinación sobre la que parecía mantenerse el Jardín.
- ¿Estás bien? - preguntó la doctora mirando hacia Quistis, y esta asintió en cuanto sintió que el dolor menguaba un poco.
Voren sujetaba a Aura entre sus brazos, apoyado sobre el borde de la mesa que estaba anclada al suelo, y miró hacia ellas nervioso mientras Kadowaki se inclinaba hacia adelante y revisaba de nuevo que todo estuviese en su sitio.
- ¿Qué está pasando...? - gimió la pequeña agarrándose a los hombros del cadete y mirando a su alrededor.
- Tu padre lo arreglará, no te preocupes – le dijo el muchacho intentando calmarla, pero sin estar demasiado convencido.
Quistis miró a su alrededor, intentando echar un vistazo a través de la ventana, pero no podía ver nada que pudiese darle pista alguna sobre lo que es taba ocurriendo fuera de aquella habitación.
Se volvió a acomodar cerrando los ojos y respirando hondo, e intentó calmarse de nuevo.
El mundo puede venirse abajo si quiere, lo que único que debe importante es lo que está pasando aquí – se recordó a sí misma.
Al cabo de unos minutos y un par de contracciones más, Kadowaki la miró a los ojos e intentó sonreírle con convicción, aunque Quistis podía ver claramente que estaba casi tan nerviosa como ella misma.
- Me hubiese gustado programar todo esto un poco mejor y habernos preparado un poco más, pero lo hemos hablado antes – le recordó -. Las dos sabemos lo que tenemos que hacer, ¿verdad?
Quistis asintió una sola vez, decidida, y Selphie miró de la una a la otra con una expresión más cercana al miedo que al nerviosismo.
- ¿Y yo? - preguntó.
Quistis y Kadowaki la miraron por un instante, y al cabo de un momento la doctora miró a su alrededor y tendió una mano hacia ella. Selphie se la agarró sin entender lo que quería, y sintió que tiraba un poco hacia ella.
- Lo perfecto sería haber colocado algo en la cama a lo que Quistis pudiese agarrarse y, bueno... digamos que se me ha olvidado hacerlo, así que – volvió a tirar hacia sí, y después miró a Quistis -... Agárrate a ella, y tirad las dos, ¿de acuerdo?
Selphie miró a Quistis como si no terminase de entenderlo, y la instructora la sujetó de la muñeca y tiró un poco del brazo hacia sí.
- Serás mi punto de apoyo – le dijo, respirando con cierta agitación pero de manera regular -. Como un pulso. Cuando yo tire de ti, tú tienes que hacer lo mismo.
- Parece que está cada vez más incómodo – dijo Kadowaki mirando hacia el ir y venir algo irregular de los latidos del pequeño -. ¿Te ves con fuerzas para empezar a empujar?
- Xian, es lo único que quiero hacer – gimió Quistis apretando los párpados.
- Vale... - murmuró Kadowaki.
Después apartó un poco más la sábana y separó un poco las rodillas de Quistis, y llenó los pulmones de aire preparándose mentalmente.
- Estáis listos los dos – le dijo -. Está saliendo todo mejor que bien, ¿me oyes?
Quistis asintió frunciendo el ceño, con la mirada perdida entre ambas. Según los monitores hacía rato que todo se mantenía estable y en condiciones óptimas, así que lo único que quedaba era ponerse manos a la obra.
- ¿Qué te parece si traemos este bebé al mundo? - le preguntó con una sonrisa llena de ánimo.
Quistis sintió un nudo en la garganta a medida que volvía a asentir, sintiendo que aquella punzada molesta e insistente comenzaba a intensificarse una vez más.
- Pues ya sabes lo que hacer – le dijo Kadowaki.
Quistis acompasó su respiración a medida que la sensación punzante iba en aumento, y cuando se hizo casi insoportable cogió aire y comenzó a empujar mientras aguantaba la respiración. Al cabo de algunos segundos dejó de hacerlo, y cogió aire de manera pesada.
- Bien, pero vas a tener que ponerle algo más de ganas – le dijo Kadowaki, y después de coger aire durante unos segundos, Quistis frunció el ceño y comenzó a empujar de nuevo.
Selphie se giró hacia los monitores, viendo que varias de aquellas líneas y números cambiaban drásticamente según cambiaba la respiración de Quistis, y cuando volvió a relajarse Kadowaki le indicó de nuevo que no era suficiente.
- Apenas estás tirando – le dijo Selphie al cabo de varios minutos, mirando hacia la mano de Quistis que se sujetaba a su muñeca.
- Sí lo estoy haciendo – se quejó Quistis entre jadeos, con aire indignado.
- Venga ya, te he visto arrancarle la cola a un tricéfalo con las manos – le recordó -. ¿De qué tienes miedo?
- No tengo miedo... - se quejó de nuevo apretando los párpados y cogiendo aire una vez más.
- La barbilla contra el pecho y la cabeza hacia adelante – le recordó Kadowaki, viendo que Quistis había dejado caer la cabeza hacia atrás la siguiente vez que comenzó a empujar -. Quistis...
La instructora continuó empujando sin hacerle demasiado caso, sin ser consciente de que el dolor y la impaciencia comenzaban a tomar más protagonismo a medida que pasaban los minutos.
Su voz se quebró en un gemido cuando dejó de empujar, y solo entonces oyó a Kadowaki pronunciando su nombre.
- Quistis, cielo... escúchame – le pidió -. Para un segundo.
La instructora intentó relajarse, y solo entonces comenzó a notar el entumecimiento de sus músculos a medida que un temblor leve pero constante se hacía presente.
- La cabeza hacia mí siempre, y tira de Selphie como si quisieses arrancarle el brazo – le dijo.
- ¡Oye! - se quejó la muchacha, y Kadowaki la miró con el ceño fruncido.
- Y tú tira como si quisieses evitar que te lo arranque – le dijo a ella, después volvió a mira hacia Quistis -. Más fuerte y más largo, ¿vale?
Quistis cogió aire entre dientes y asintió un par de veces, y después miró hacia Selphie antes de cerrar los ojos y comenzar a empujar de nuevo.
Se oyó un fuerte golpe en alguna parte, y Aura dejó de mirar hacia Quistis con cara de pena para mirar hacia el techo.
- ¿Otra vez? - preguntó la pequeña, y Selphie miró hacia ellos cuando oyó su voz.
- Tranquila, en cuanto este mocoso haya salido iré a partirle el cu- ¡Ey! - exclamó de repente, y se sujetó al borde de la cama cuando sintió que Quistis tiraba de su brazo con fuerza, haciendo que casi cayese sobre ella.
- Bien, mejor – dijo Kadowaki -... aguántalo un poco más... un poco más...
El siguiente gemido entrecortado sonó más parecido a un gruñido, y cuando Quistis se relajó de nuevo Selphie también dejó escapar el aire de golpe.
- Esto ya es otra cosa – dijo Selphie sonriendo.
El golpe se repitió, y oyeron algo parecido a un arañazo por encima de aquella ventana. Las tres miraron hacia afuera durante un instante, y Kadowaki volvió a bajar los ojos con decisión mientras le daba un par de palmaditas en la rodilla a Quistis intentando llamar su atención.
- Venga, que ya casi lo tenemos – le dijo, pudiendo sentir perfectamente la superficie de la cabeza del pequeño con la punta de sus dedos.
Quistis cogió aire de nuevo, y empujó nuevamente con todas sus fuerzas, intentando flexionar su cuerpo hacia adelante. La siguiente vez que volvió a hacerlo y se dejó caer durante unos segundos para recuperar el aliento oyó a Selphie murmurando algo junto a ella. La miró frunciendo un poco más el ceño, mientras la muchacha sujetaba su mano entre las suyas y hablaba muy bajito con los ojos cerrados.
- ¿Estás rezando? - le preguntó con un tono incrédulo y casi asustado.
- ¡No! - contestó Selphie de inmediato, mirándola como si estuviese loca - … No lo sé...
La expresión de Quistis se tornó un poco más confusa si cabía, y Selphie se encogió de hombros como si tampoco entendiese nada.
- Chicas... - murmuró Kadowaki, chasqueando los dedos en el aire sin llegar a mirar hacia ellas - ¿Estamos a lo que estamos?
- ¿Eso es sangre? - preguntó Selphie mirando hacia los guantes de la doctora, y sintió que Quistis volvía a tirar de ella con fuerza, obligándola a sujetarse nuevamente al borde de la cama.
- Supongo que no es una sorpresa que sea rubio, ¿no? - dijo unos segundos después Kadowaki, comenzando a ver la cabeza.
Quistis dejó escapar un extraño jadeo, mitad risa mitad tos, y tragó saliva sintiendo la garganta tensa y dolorida, como el resto de su cuerpo.
- Esto es como el esprint final, ¿vale? - le dijo Kadowaki volviendo a mirarla – Tienes que empujar todo lo que puedas, durante todo el rato que puedas.
De nuevo se oyeron arañazos sobre la pared exterior, y una nueva sacudida hizo que toda la estructura de la nave se tambalease nuevamente.
Fue mucho más leve que la primera vez, pero de nuevo algunas cosas rodaron por el suelo y oyeron a Aura emitir un gritito corto y repentino aún en los brazos del joven cadete.
La luz de aquella cabina parpadeó un par de veces, y Kadowaki miró hacia arriba justo cuando el fluorescente se descolgaba de un lado y chocaba contra su frente. La mujer cayó de espaldas, y tanto Quistis como Selphie la observaron en silencio mientras el fluorescente se balanceaba ante ellas, parpadeando un par de veces más.
- No fastidies... - murmuró Selphie, palideciendo casi de inmediato, y Quistis la miró con una expresión aterrada.
Selphie le devolvió la mirada sin atreverse a decir nada, y la instructora tragó saliva de nuevo y la miró con aire suplicante.
- Selphie... - dijo en un tono suave y solícito, mientras la otra muchacha comenzaba a negar levemente con la cabeza
- Nononononono... - comenzó a murmurar Selphie muy bajito, mirándola como si el mundo estuviese a punto de acabar.
Después Quistis cogió aire entre dientes, frunciendo el ceño, y la agarró de la pechera de su vestido mientras apretaba las mandíbulas.
- Selphie, por lo que más quieras... - le dijo casi como si le gruñera.
Aquella expresión furiosa cambió poco a poco convirtiéndose en un gesto de dolor, y Selphie apretó nuevamente la otra mano de Quistis mientras esta empezaba a empujar otra vez entreabriendo los labios e intentando no gritar.
- ¡Joder! - exclamó Selphie - ¡Deja al menos que me coloque!
Se sentó en el taburete que había frente a ella, con cuidado de no pisar el cuerpo inconsciente de la doctora, y se inclinó un poco mirando por debajo de las sábanas.
- Por el maldito farolillo del Rey Tomberi... - murmuró, y justo después se oyó un nuevo golpe, esta vez en la pared que tenían justo al lado.
A aquel golpe lo siguió un ruidillo chirriante, y ambas miraron de nuevo hacia la ventana para ver la planta de una de las garras de Ifrit apoyada sobre el grueso cristal.
- Qué almohadillas más graciosas – comentó Selphie con aire distraído -... Parecen como de gatito, tan redonditas y limpitas...
Oyeron un rugido furioso, y el G.F. Resbaló y se quedó enganchado en el borde de la ventana, ante ellas. Al bufar empañó el cristal, y las dos fruncieron el ceño a la vez reconociendo perfectamente la forma del cuerpo de Seifer colgando de uno de los hombros de Ifrit como si fuese un simple muñeco de trapo.
- ¿Está muerto? - preguntó Selphie.
Quistis cogió aire y lo soltó un par de veces, sintiendo que se acercaba otra contracción, y negó con la cabeza levemente.
- Si estuviese muerto Ifrit ya habría desaparecido – comentó, mientras la última palabra se entrecortaba un poco.
Volvió a girarse hacia Selphie, cerrando los ojos y apretando los párpados mientras comenzaba a empujar de nuevo, y Selphie volvió a mirar hacia el frente intentando concentrarse.
- ¡Xian! ¡Joder! - exclamó, y puso ambas manos bajo la diminuta cabecita mientras esta emergía por completo.
Quistis dejó de empujar un instante después, cogiendo aire de nuevo, y un sonido agudo y entrecortado rompió el repentino silencio mientras el bebé comenzaba a llorar.
Selphie dejó de contener el aire en sus pulmones, permitiendo que saliese en forma de una leve risa escueta y suave, y Quistis sonrió débilmente mientras miraba hacia el techo, llenando los pulmones con una sensación casi aliviada.
Volvieron a oír el ruidillo chirriante sobre la superficie de la ventana a medida que Ifrit volvía a resbalar y desaparecía tras ellas, y Selphie miró hacia Quistis con una expresión confusa.
- ¿Qué hago? - preguntó - ¿Tengo que hacer algo? ¿Estiro?
Quistis no supo exactamente qué contestar, y finalmente le hizo un gesto no muy decidido mientras se humedecía los labios.
- Creo que no hará falta... – le dijo.
Tragó saliva, sintiendo la garganta seca y el cuerpo dolorido como si hubiese intentado pelear de nuevo contra Ente Omega ella sola, con los puños desnudos y sin un solo enlace, pero aun así se sentía como si estuviese a un solo golpe de ganar.
Respiró profundamente por la nariz, y miró hacia Selphie, que tenía la vista fija entre sus piernas con una sonrisa leve y los ojos vidriosos.
- Xian, Quis... - murmuró sonriendo, mientras el pequeño seguía llorando con la cabecita apoyada entre sus manos.
- ¿Lista? - preguntó la instructora, y Selphie la miró y asintió sonriendo.
Quistis asintió también, cogiendo aire mientras se preparaba, y después comenzó a empujar una última vez, un poco más despacio y suavemente, intentando amoldar la intensidad y ritmo según sentía el cuerpo del pequeño moviéndose poco a poco hacia afuera.
Selphie movió sus manos sujetando el resto del cuerpo del pequeño, y sintió que le temblaban un poco mientras lo miraba atónita. Después miró hacia Quistis alzando ambas cejas.
- ¿Y ahora qué hago...? - le preguntó.
Quistis podía ver un diminuto piececillo asomando tras la sábana, algo amoratado y cubierto en parte por una sustancia levemente blanquecina, y estiró los brazos hacia ella inclinándose hacia adelante.
- Dámelo – le pidió.
Squall se cruzó de brazos mientras observaba el impresionante panorama que había ante él.
La forma del Jardín con gran parte del caparazón exterior lleno de agujeros y trozos de las hélices circulares incrustadas en él se inclinaba levemente hacia el Lagunamov, que estaba ante él en posición casi vertical y sujetándolo con las garras, mientras el atardecer avanzaba con calma cubriendo el paisaje de colores anaranjados y rojizos.
Habían logrado parar los motores del Jardín arrancando directamente algunas piezas del sistema de alimentación central, y poco a poco los habitantes de aquella academia habían comenzado a poner un mínimo de orden en el interior mientras aseguraban la zona de los alrededores.
Según lo que Quistis le había contado justo antes de que comenzase el ataque Squall suponía que aquel individuo tan solo había sido el encargado de poner los motores en marcha, pero los responsables de haber abierto el agujero en la zona inferior y los que lanzaron aquella bengala como señal de inicio de su plan debían seguir escondidos en alguna parte, no demasiado lejos. Para ello ya había varios equipos registrando toda la isla de Balamb, y él solo le quedaba comenzar a organizar el plan de reparación que quería poner en marcha a la mañana siguiente, sin falta.
- La prioridad es crear algún tipo de estructura para poder entrar y salir del Jardín sin que suponga un peligro para nadie – comentó Squall señalando hacia el balcón en el que descansaba la cabeza del Lagunamov y por el que habían accedido a la nave para conseguir bajar ellos mismos -. Si aprovechamos la misma ruta que hemos seguido nosotros y la aseguramos con un andamio tal vez-
- ¡Squall!
El comandante se quedó callado y miró hacia arriba cuando oyó a Rinoa gritando su nombre. La vio asomada a una ventana abierta, bastante por encima de él, y agitando la mano con una sonrisa radiante en la cara.
- ¡Dejáos de tonterías y subid de una vez! - le dijo - ¡Es súper mono!
Reconocía aquel lateral como la parte exterior de la zona de la enfermería, y supuso que aquella ventana daría directamente a la cabina en la que seguía Quistis.
Squall frunció un poco el ceño, cruzándose de brazos, y vio por el rabillo del ojo que tanto Shu como Zell se giraban hacia él de inmediato, dejando de prestar atención a lo que les había estado señalando un instante antes.
- ¿Podemos...? - preguntó Zell con una vocecilla suplicante.
Los dos sonreían claramente ilusionados, y Squall suspiró con aire cansado mientras negaba suavemente con la cabeza.
- De acuerdo, vayamos a conocer a ese mocoso... - les dijo, y los vio sonreír y trotar alegremente hacia la zona de los propulsores del Lagunamov, por los que habían bajado como buenamente pudieron.
El comandante volvió a mirar hacia la forma de las dos naves, y después cogió aire lentamente.
- Ya habrá tiempo de arreglar este desastre... - murmuró, comenzando a caminar también tras Zell y Shu.
