Capítulo 39
El día más largo
.
.
Como era de esperarse, el sepelio de los hunter fue tan popular que mucha gente se reunió para dar sus respetos. Familia, compañeros, conocidos y algunos personajes influyentes.
Al momento que Gon Freecs llego, vestido de negro muy a su pesar, reconoció el lugar como la isla en la que alguna vez estuvo para su examen de cazador. Con él, venia su mejor amigo, Killua Zoldyck.
Allí no solo velaban al heroico presidente, sino también a los valerosos cazadores que perecieron en su labor. También, se encontraron a Knuckle Bine llorando a moco tendido; ninguno de los suyos falleció, solo se sentía tocado en el sentimiento. Su maestro Morel, viendo que la cosa se ponía incomoda, mandó a su discípulo a darle de comer a los perros callejeros. Él le hizo caso acompañado de Meleoron, la hormiga camaleón, dado que su compañero, Shoot, no había podido venir.
Killua tuvo razón al suponer que Palm Silberia también estaría allí y también tuvo razón -desgraciadamente la tuvo- al encontrarla siendo el objetivo de numerosas miradas de odio y desconfianza. Mucha gente se alejó de ella y la trataron con recelo, al filo de la hostilidad, solo Knov la defendió al oír comentarios fuera de lugar.
Al poco tiempo, Kurapika llegó al funeral.
- Yo, Kurapika- le saludo Gon, con pocos ánimos- Llegas atrasado.
- ¿Tanto cuesta ponerte elegante para la ocasión?- El albino señalo su indumentaria: su nuevo traje Kuruta, de color azul oscuro- ¿Haces pasarela de invierno o qué?
- Los Zodiacos no me dejaban ir- El paso por alto el comentario de Killua, fijándose en Gon y su expresión abatida- Lo lamento, me retuvieron.
- Y no están aquí, típico. No van a enseñar su cara para respetar a los muertos que lucharon en su nombre.
- Killua…- Gon y Kurapika le miraron con reproche, tanto o más que el resto de personas que le oyeron decir eso- Si no se presentan hoy, es porque la Asociación esta echa un caos.
- ¿Cómo es eso? Sin Pariston fastidiando, pensé que sería fácil arreglar las cosas.
- Fíjate que no, están tan desesperados que solicitan ayuda.
- ¿Qué tipo de ayuda?- inquirió Gon, pero no le respondieron- ¿Kurapika?
- Hay mucha gente, impresionante- comento, oyendo las palabras dichas de una anunciadora pelirroja desde un micrófono a lo lejos- ¿Llegue tarde para la mención del comandante Kite?
- No aun, están con las honras fúnebres.
- Entonces, con permiso.
Kurapika hizo los rezos correspondientes, oyendo el discurso que alguna autoridad de turno estaba dictando al resto de los presentes.
- ¿Hasta dónde nos harán a un lado? Deberían ser los compañeros de los difuntos quienes digan unas palabras.
- Déjalo ser. Si todos tuvieran el derecho de hablar, el funeral nunca acabaría- Killua se metió las manos en los bolsillos. Kurapika le recordó sus modales y tuvo que deshacer el gesto, dejando colgar las manos- Además, ¿Qué podríamos decir aquí que no dijimos en el "verdadero sepelio"?
Gon coincidió también, mirándose los pies, pateando piedras de vez en cuando.
- Es raro volver a despedirse y con tanta gente alrededor…- Miro al Kuruta- Gracias por insistirle a los Zodiacos para que nos dejaran venir.
- Es nuestro derecho, lo mínimo que podían permitirnos.
Killua puso una mirada piadosa.
- Gon ha escrito algo para el comandante. Va a dejarlo en su "urna".
- ¿De verdad?- Kurapika abrió bastante los ojos, esa no se la esperaba.
- Si pudieras…- Gon saco un papel de su bolsillo y se lo dio- Quisiera que lo leas, para saber si está bien escrito.
Aunque dudo, fue incapaz de decirle que no y desenvolvió la hoja para leerla con cuidado.
"Kite. Desde donde estés, donde nos miras. ¿Estas orgulloso? Hemos hecho todo este camino por ti, porque creíste en todos.
¡Lo logramos! Todos juntos, unidos, como querías. Quisiera saber cómo nos hubieras visto hoy, si nos dirías "lo hicieron bien" o simplemente sonreirías; eso sería suficiente para mí.
Gracias por dejarme conocer a estas personas maravillosas, gracias por creer en ellos, te agradezco todo lo que me enseñaste y cada cosa que has dicho, que has hecho, que pensaste por mi bien y por el de todos.
Siempre te recordaremos como el mejor. De todo corazón, Gon Freecs y sus amigos."
Sus dedos temblaron sobre el papel, dejando de leer por oír al niño pidiéndole su evaluación.
- ¿Qué opinas? Tengo mala ortografía, ¿verdad?
- Gon, esto es-
- Es hora- aviso Killua, atento a los anuncios.
El momento de despedir al comandante Kite llego.
Al mencionar la causa de muerte, Gon se puso pálido y sus ojos se ensombrecieron. Aún estaba resentido por lo sucedido, se le notaba, tendría que luchar con eso todos los días. Su amigo de cabello blanco no dudo ni un instante en darle un sopetón para regresarlo a la realidad.
- Solo así se espabila- Se justificó cuando Kurapika lo regaño por hacer eso en pleno servicio fúnebre- Deja tu nota, Gon.
- ¿Está bien escrita, Kurapika?
- Por supuesto que lo está, si viene de tu corazón es perfecto.
Con una pequeña sonrisa de alivio, el hijo de Ging fue hacia la "urna de Kite" para dejarle la nota entre otros cazadores de renombre que quedarían en la historia de la Asociación como héroes de honor. Aunque el cadáver de Kite no estaba presente ni sus cenizas se encontraban en ese jarrón, por respeto la Asociación decidió enseñar una fotografía suya lo más amplificada posible, distinguiéndolo como el "Honorable Cazador Comandante" e incluso rivalizando en tamaño e importancia con el sepelio aislado del presidente Netero, que también contaba con varias generosidades.
Kurapika quiso acompañarlo pero el albino le advirtió que no le diera sermones ni consuelos inútiles, y permaneció donde estaba. Esto era más para Gon que para ellos, solo por el estaban ahí.
Mientras estaba despidiéndose, el Freecs fue abordado por casi todos sus conocidos en la Asociación y otros rostros familiares. En silencio, ellos lo apoyaron e intercambiaron el pésame.
Viendo aquello, Killua sonrió melancólico.
- Él nunca va a estar solo… Por cierto, ¿Abejona y Cupido vendrán? ¿Sabes algo?
- Ellos siguen su rumbo, además aun no es definitivo el acuerdo que logre con los Zodiacos. Una vez tenga todo en regla, hallare el modo de comunicarme con Pokkle.
- ¿De modo que lo hiciste?- Killua esbozo una sonrisa de travesura- ¿Les ganaste en su propio juego?
El no pudo evitar sonreír, hacerles frente a los Zodiacos era una cosa pero dejarlos como idiotas tal cual Kurapika hizo fue todo un espectáculo.
- No creo que me pongan muchas pegas. Los Zodiacos no se ven muy unidos a pesar de su posición. Cuando escucharon que Pariston renuncio, se alegraron mucho…Aun no es oficial pero accedieron a devolverles a todos los miembros de escuadrón sus Licencias de Cazador- A Killua se le iluminaron los ojos- Te ves más feliz de lo que pensé.
- Claro que sí, con la licencia puedo hacer muchas cosas. Comprar ChocoRobot, ir de viaje gratis, entrar a lugares exclusivos, comprar ChocoRobot...
- Sigues teniendo esos gustos maniáticos.
- También, voy a volver a mi casa.
Kurapika se sorprendió en grande, creyendo haber oído mal.
- ¿A la Montaña Kukuroo? ¿Volverás con tu familia? Si antes dijiste que…
- Me llevare a Alluka y juntos, veremos el mundo- agrego, con cierto tono de burla por haberlo asustado- Esa fue mi promesa.
- Oh, ya veo- acordó el rubio, sin decir nada más.
Al pasar de los segundos, Killua se impaciento y miro al Kuruta con enojo. ¿Estaba jugando con él o qué?
- Oye- le susurro, tímidamente- Si quieres ir jun…
- ¿Esta aquí?- murmuro Kurapika, sonando asombrado- Discúlpame, después hablamos.
- ¡Q-esper…!- El Zoldyck quedo patitieso, viéndolo mezclarse entre la gente en busca de alguien.
El sepelio era multitudinario, por lo tanto podían verse y encontrarse a muchas personas pero esto no se lo esperaba. Kurapika no pensó encontrársela allí, tampoco calculo volverla a ver tan pronto.
- Senritsu, ¿Tú… aquí?
- Kurapika, ¡Me alegro tanto que estés bien!
Ella se detuvo frente a él, con los ojos colmados de alivio.
- ¿Porque estas aquí? No participaste de la guerra.
- No activamente, pero tuve mis momentos.
- Eso es cierto, te pasaste enviándome a Leorio como mensajero. Hasta le confiaste mi ropa…- menciono, con vergonzoso sonrojo.
- Leorio-san era la persona con el corazón más calmado que he escuchado, sabía que alguien como él podía encontrarte.
- Lo pensaste bien, ¿Y tú, que has hecho? ¿Sigues buscando la Sonata Oscura?
- Sin descanso. Ahora tengo una pista, gracias a la información que obtengo por ser guardaespaldas de los Nostrade.
- ¿Nostrade, la familia mafiosa que predice el futuro?
- Exacto, como seguro estarás pensando yo también hice mis aportes a la guerra. Algunas predicciones de mi protegida funcionaron bastante bien para el presidente.
- ¿Para el presidente? Si él está...- A Kurapika le pareció redundante señalar que estaban en su funeral.
- ¿En serio crees que ese hombre dejaría de jugar, aun después de morir?- Senritsu le sonrió como si fuera tonto- Aun así, quise venir a dar mis respetos….pensando en encontrarte, no te lo niego.
- Supongo que estas al tanto de mi trato con los Zodiacos.
- No hay hunter que no esté enterado, "Genio que Cazo a la Asociación". También, he oído que tu escuadrón se cargó a dos hormigas quimera que también eran guardias reales. ¿Eso es cierto o solo exageración de tus fans?
- No precisamente, sucedieron muchas cosas con un juego virtual muy irritante.
- ¿O sea que es verdad? Nunca me imaginé escuchar algo como eso pero viniendo de ti no es de sorprenderse. Aunque no me creía que fueras tan osado para algo así.
- Sí, me he vuelto atrevido con el tiempo. Las influencias, supongo.
- Oigo que tu corazón está más relajado, puede ser que…- Senritsu junto sus manos, animada- ¿Has dejado la venganza?
- Ni de cerca. Una Araña se me escapo.
- Lo lamento mucho- En ese momento, Senritsu puso cara de sorpresa- Pero si lo oigo diferente, ¿Te ha pasado algo?
- ¿Qué quieres decir?
- Ahora mismo, tu corazón tiene un ritmo un poco distinto- De golpe, abrió los ojos al darse cuenta de algo y apunto a Kurapika con el dedo- La cadena en tu corazón…suena más ligera y armoniosa, tus latidos ya no son solo de odio.
El rubio dio un paso atrás, evitando su dedo. Su amiga siempre lo descubría con la guardia baja.
- Hn, eso… sucede que,-
- ¡Oh, my…! ¿Te has enamorado, acaso?
- Ena...namorar...- Kurapika se puso de mil colores.
Para Senritsu esto era oro puro, ¿Kurapika Kuruta sonrojado y balbuceando silabas? No podía dejar de sonreír de la gracia que daba.
- Increíble- susurro, atónita- Te felicito.
- No lo hagas, que bochorno.
- ¿Quién es, es de tu escuadrón?- Su amigo fue reacio a contestarle- ¡Ha! Oigo a tu corazón vibrar muy fuerte.
- ¿No tienes un oficio que atender?- Apunto el localizador en el bolsillo de Senritsu, que veía parpadear.
- Al fin paso…- Ella lo ignoro olímpicamente- El sentimiento que llevas en tus latidos me llena de paz. Aun tienes esperanza para cambiar tu destino, Kurapika.
- No creo que…
- Sin excusas. Aprovecha esta oportunidad, no te dejes encadenar al pasado.
- Sabes que eso no puede ser, yo-Iba a decirle algo cuando Senritsu se lo impidió, negándoselo con la cabeza.- Si te contara lo que paso, con más calma...
- Desafortunadamente, debo volver pronto a mi trabajo. Mi jefa tiene juguete nuevo y debo cuidar que no se pase con el- Negó con la cabeza, dándole a saber que no era una tarea fácil- No te creerías cuanto pago por una pequeña hormiga roja llamada Youpi.
A Kurapika no le sorprendió ni un poco, la Asociación no iba a desperdiciar la victoria para humillar a los que perdieron.
- De verdad, me alegro mucho por ti- Ella le acaricio el hombro, sin dejar de sonreír- Alguien está rompiendo las cadenas de tu corazón y me da mucho gusto, quisiera conocer a esa persona. ¿La próxima me contaras?
- Senritsu,…- El blondo se sonrojo por completo.
- Estoy segura que será una gran historia.
Senritsu le sonrió cándidamente antes de retirarse, perdiéndose con la muchedumbre.
El servicio para Kite concluyó con lágrimas silenciosas y un discurso que no abarcaba ni la mitad de lo que el comandante Kite había significado para ellos. Por eso, ambos niños volvieron con Kurapika justo cuando vieron a una persona alejarse de él.
- ¿Quién era ella, Kurapika?
- Una buena amiga, Gon.
- ¿No estaba en la banda, tocando la flauta hace un rato?- pregunto Killua, luchando con el traje al cual no estaba acostumbrado. No podía moverse libremente.
- ¿Te encontraste con una amiga? ¡Fantástico! ¿Y qué te dijo?
- Cosas personales, se aprovecha porque me conoce demasiado bien.
- ¿Ah, sí? ¿Debería preocuparme?- El albino los sorprendió a los dos- Digo, yo también quisiera conocerte más.
A Kurapika le dio un golpe de ternura cuando le escuchó, oyendo a su propio corazón acelerando como un motor de carreras.
- Killua…
- Killua, ¡Que valiente! Yo también quisiera decirle eso a quien me gusta con esa facilidad- Deseo el Freecs, descuidadamente.
- ¿A ti te gusta alguien, Gon?
No solo Gon, sino Killua también, se petrificaron.
- Se pusieron pálidos. ¿Qué les ocurre?
Gon se rasco la cabellera, nerviosamente.
- No es nada, solo estaba jugando con Killua, nada más.
- ¿Jugando?- El rubio arqueo una ceja, suspicaz- No pareces del tipo de persona que bromea con algo así. Dijiste que te gusta alguien, me pregunto quién...
Gon miro a su amigo ansiosamente, rogándole que hiciera algo. El Zoldyck pensó rápidamente en como alborotar las cosas, ¿Hacer una escena con Kurapika funcionaria? Iba a probarlo justo cuando le frustraron el intento.
- Veo que siguen con los ánimos de siempre- Se oyó decir a alguien, que se acercó al trio- Ni en un sepelio eso cambia.
- ¡Leorio, estas aquí!
El pelinegro corrió hacia el hombre para abrazarlo y este le correspondió.
- Me hice un tiempo, hubo mucho escándalo en la sede.
- Mucho lio, sin duda- Hablo Tsezugera, en un mohín- ¿En qué pensaban al hacer todo ese desastre?
- Aunque hay que reconocer que se la dejaron difícil a los Zodiacos- comento el segundo Jackport, Goreinu- Me intriga saber qué tipo de jugada les hicieron.
- Seguro que quien los puso en apuros fuiste tú. ¿O no, mi rebelde aprendiz?
- Al fin, viene vestido de forma decente- resoplo el rebelde aprendiz, fijándose en el traje negro de su maestro.
- La ropa no te da clase, pero mantiene el estándar- fraseo Knov, que en un funeral destacaba menos que el resto como por ejemplo, un hombre que vestía un terno bastante desordenado y de cabello desaliñado- Por desgracia, no todos siguen el código de la elegancia.
- ¡Ah, maestro!- exclamo Zushi, recién dándose cuenta- Su camisa está afuera otra vez.
- ¡Perdón! Me olvidaba, que pena.
- ¡Señor Wing! Ha pasado tiempo- vocifero Gon, contento.
- Nos volvemos a encontrar, joven Gon. Me alegro de verte bien, aunque las circunstancias no fueran las mejores.
- ¿Conoces a esta gente?- señalo Killua, viendo a otro par de personajes apareciendo- Oh, no, allí viene esa vieja cascarrabias.
- ¡Te escuche, mocoso!- rugió Buscuit, a punto de golpear al albino con su puño de fuego pero el joven desapareció, dejando una sombra de sí mismo- ¡Ya te atrapare!
- Por favor, actué moderadamente, madam- le pidió Satotz- No tenemos que dejarnos llevar por emociones banales en un momento así.
- Aunque si dan ganas de darle una lección- pronuncio Palm con un sabor amargo, haciendo sudar hasta a los perros que seguían a Knuchle- A ese crio malcriado.
- ¡Tranquila, que me los espantas!- exclamo Knuchle, abrazando a los perros que se balancearon sobre el por el miedo que les inspiraba la hormiga sirena.
- Estamos en un entierro, ¿Qué tal un poco de respeto?- le insinuó Morel a su escandaloso aprendiz.
Queriendo cambiar el ambiente, Leorio propuso una idea.
- ¿Qué tal si salimos de aquí? Gon, hiciste lo que debías hacer, ¿no? Deja de llorar y acompáñame al mercado, tengo un amigo, Zepille, que le gustaría conocerte.
- ¿Por qué no mides tus palabras considerando el lugar en el que estas?- le acuso Kurapika, pero en seguida vio que a Gon se le alivianaron los ojos al oír aquello- Supongo que… no hace falta que sigamos aquí. Si deseas irte, Gon, nada te lo impide.
Killua también se dio cuenta y como Kurapika, prefería llevarse a su amigo lejos de esa sombra de muerte y lamento.
- Podemos irnos, si tú quieres- le dijo, asegurándole que no habría problema.
- No sé…seria irrespetuoso si nos vamo…
- Si te vas, nosotros también- advirtió Biscuit, sorprendiendo al ex escuadrón- ¡No nos miren así! Pusimos en peligro nuestras licencias por ustedes, lo mínimo que pueden hacer es quedar con nosotros.
- Me adelante, ¿Qué tal una merienda?- Silberia busco algo en su bolsa pero no hallo nada, extrañada- Disculpen, ¿Vieron un…? ¡Ah!
Una canasta flotaba en aire y de repente estaba en las manos de Meleoron, que le dejo la canasta a Knuchle y este la olfateo sin poder evitarlo.
- Oye, huele bien.
Si Palm no acuchillo a Knuchle con el arma que se traía bajo la ropa, es porque ese comentario la hizo sonrojar.
- Si no te importa, quiero conocer a mi compañero- dijo Zushi, fijándose en Gon- Porque también eres el aprendiz del señor Wing.
- A mí me encantaría saber todo lo que has aprendido- dijo su primer maestro- También, conocer a tus nuevos amigos.
- Así es, antes de irnos a trabajar para un ricachón- le dijo Goreinu, rascándose la nuca.
- Yo también quisiera que habláramos un poco- le dijo Morel a Gon, un poco nervioso- Me han dicho que tuviste la increíble oportunidad de hablar con el Rey Meruem y me gustaría saber que te dijo, que le dijiste, porque en unos días voy a presentar un proyecto revolucionario y necesitaría…
- ¡Dejen de acaparar a Gon!- grito Killua, molesto.
- No lo acosen- Kurapika también se enojó- Sigue siendo un momento delicado para él.
- Pero si lo dejan hundirse en la tristeza no le hará bien- contradijo Leorio, descubriendo que ellos eran amigos muy sobreprotectores- Esta gente quiere reunirse con ustedes y hablar bien, no es para que escuden a Gon de todo.
Como si recién acabara de darse cuenta de lo que pasaba gracias a Leorio, el Freecs abrió mucho los ojos y pregunto:
- ¿Acaso todos…vinieron solo por nosotros?- Miro a cada uno de los presentes, sin creérselo- ¿Aun después de los problemas que les hicimos pasar? ¿Nos perdonan?
- ¡Pues claro!
- La misión habrá acabado pero seguimos siendo amigos- dijo Knuckle, sonando más sentimental de lo que hubiera querido- Bueno, si eso…eso quieres…
Sonó inoportuno, sí, pero era justo lo que Gon necesitaba oír para sonreír por primera vez en lo que iba del día.
- Eso...eso me gustaría mucho.
Sin resistirse a esa sonrisa, Kurapika y Killua decidieron dejarlo ser.
- Decidido, pues- Leorio fue más desenvuelto- Síganme, que yo conozco un restaurante donde hay descuento si eres hunter y-
- ¡No se olviden de mí!- exclamo una nueva voz detrás de los personajes, que entro con nada de sigilo y discreción- Yo también voy, hay veces que un profesional debe tomarse un descanso y recordar las buenas cosas de...
Killua avanzo hacia el nuevo y le rozo la rodilla con una zarpa afilada, asustándolo.
- Aun no te perdono por bocón.
- ¿Qué hiciste esta vez, Hanzo?- Biscuit le dio una "suave" palmada, tan fuerte que causo que se encorvara como jorobado- Oh, no medí mi fuerza.
- Anciana metiche.
- ¡Repítelo, niñato descarado!- Ella lo busco para agarrarlo y darle una buena tunda pero de todos los lugares Killua se refugió detrás de Kurapika, poniendo una cara de yo no fui- No te hagas el uke cuando te conviene.
- ¿Nos podemos ir?- murmuro el Kuruta, convertido en el muro de Killua mientras él le sacaba la lengua a la profesora.
A pesar de tanta extravagancia en un funeral gris, Gon sonrió deslumbrante.
- Sí, síganme todos. ¡Vayamos de picnic!
Ruidosos e inquietos, todos se retiraron del funeral con más ánimos de lo que habían llegado. Porque después de un triste y silente episodio lleno de lágrimas, lo mejor para levantar el espíritu era una reunión amistosa y memorable con sus queridos amigos.
.
.
Como no podía ser de otra manera, el responsable y trabajador Beans tenía que hacer todos los trámites.
- El presidente no me la dejo fácil esta vez…- Un atisbo de queja se coló por sus lamentos, todavía no había llorado todo lo que hubiera querido porque la Asociación lo necesitaba para seguir adelante.
Y no solo la Asociación, los Zodiacos estaban en plena lucha campal y nadie sabía quién empezó a hablar sobre modificar el Mandamiento de los Hunter. Tenía mucho trabajo que hacer y no solo por los muertos, que le dejaron mucho papeleo que nadie a aparte de Beans podía resolver, sino los vivos que seguían echándole sal a la herida.
- Buenos días, ¡Pero que escritorio más lleno! Qué envidia, confían en ti.
Si no respondió a los sarcasmos de Pariston fue porque su interés estaba muy lejos de él.
- Ahórreme sus comentarios, vice, ¿Qué lo trae por aquí? Como ve, tengo mucho trabajo.
- ¿No te has enterado?- Beans no pudo ni quiso descifrar la razón detrás de su gran sonrisa- Renuncie como Zodiaco y venía a avisarte, ya sabes, por el protocolo.
A Beans lo sacudió el asombro y el miedo.
Asombro porque nunca se imaginó que alguien como la Rata, que gustaba de jugar con el poder, pudiera renunciar a tener todo a su alcance de repente y tan fácil. El miedo fue porque no quería ni empezar a imaginarse lo que estaría planeando Pariston antes de tomar esa decisión transcendental.
- Aah…increíble- Balbuceo, perplejo- ¿Ha venido para tramitarlo formal? Considerando que el difunto presidente eligió a los Zodiacos según su propio criterio, no veo la necesidad de hacerlo oficial.
- Soy un hombre responsable.
- No lo dudo. Usted cumplió al pie de la letra todo lo que le pidió el presidente que hiciera, incluyendo lo que paso después de su muerte.
- Me alegra ayudar.
- Quisiera hacerle una pregunta- A Beans le costó horrores decir esto- ¿Por qué el presidente lo eligió a usted?
- Porque él sabía bien lo que hacía.
La respuesta de Pariston fue tan espontanea que tardó en reaccionar como era debido. Mucho menos cuando el rubio se inclinó a su oído y le susurro otra impactante revelación.
- ¡Que…! ¿De verdad usted va a-?
- Ese es otro papeleo, lamento la molestia- Pariston se enderezo, sonriendo más- Supongo que no volveremos a vernos en un tiempo. ¡Ah, cierto! Si tengo éxito, le daré saludos de su parte.
Atontado, Beans trago duro antes de poder decir algo correctamente.
- Gracias..., creo.
Él no le creía, no confiaba en este Pariston reconfortante. El planeaba algo más. Agradecía infinitamente que se retirara para no tener que seguir debiéndole estas charlas incomodas.
- No se preocupe por su carta de renuncia, señor Pariston, yo me hare cargo de ella. Será lo primero que haré.
Pariston no pudo ser más feliz, siempre intento quebrar el espíritu del tranquilo y sumiso secretario de su superior y ahora podía verlo: su desprecio. ¡Que maravilloso día!
- Voy a recoger mis cosas, con permiso.
Con Pariston lejos, Beans creyó que las cosas en la Asociación podían estar un poco más tranquilas…O al menos si se los permitían los DVD que Netero dejo antes de morir.
Por favor, rezaba, que se acabaran ya los problemas porque estaba por reventar de trabajo.
.
.
A todos les cayó mal que Pariston Hill regresará a su oficina, pretendiendo que todavía tenía poder.
La Rata decidió dejar su oficina con todas las de la ley y arrojo la basura donde correspondía, puso en orden los papeles y carpetas que ya no le servirían, pues alguien más haría el trabajo, y se llevó unos cuantos libros.
Cerró las persianas, observando por última vez la vista que decidió abandonar. Un cielo azul y despejado de un martes soleado. Recordó las caras largas y las muecas odiosas que lo siguieron hasta aquí. Eso alegraba sus días, oh, como extrañaría el caos, los problemas y el odio en cada ojo.
Un indeseable intruso se presentó.
- Nunca aprendes modales. ¿Porque no llamas apropiadamente? Para algo existe la puerta.
Pariston giró sobre sus talones y se encontró a su adversario. Ambos se observaron fija e intensamente.
- Habrás dejado el título, pero para mí eres igual que una rata.
- ¿Serias tan gentil de explicarme porque?
- Como las ratas, siempre vuelves donde no perteneces.
- ¿No tienes un viaje que hacer, Ging? ¿No que ibas a ir a alguna expedición?
- Mas tarde, antes iré a ver un "jardín de monstruos" que está tomando lugar en alguna isla olvidada de Dios, ¿La conoces?
- Un jardín…- Pariston arrastró las palabras- ¿No será un parque de diversiones?
- Yo también pensé eso, en especial cuando oí que serias el dueño, ¿Me regalas unas entradas?
Ambos cruzaron miradas de puro desprecio.
Solo Ging Freecs podía con su genio malévolo. Nadie más se atrevía a enfrentar a este infame de mente podrida.
Pariston Hill nunca sonrió con tanta libertad al prever que iban a desenmascararlo. Otra razón de peso para abandonar a los Zodiacos: sin ese trabajo de por medio, podía enfrentarse libremente con el arqueólogo.
Con gran cinismo, el ex-zodiaco dio un suspiro.
- Como no, Ging- Cedió, rebosante de alegría- Eres más que bienvenido. Solo te pido que me esperes un tiempo para darte una hermosa sorpresa.
- Ojala valga la pena.
Pariston se aguantó la risa, pasando de él. Abrió la puerta para salir justo cuando Cheadle entraba. No hace falta mencionar que cuando lo vio, ella echo a gruñir.
- ¡Quieto ahí, miserable!
Su furiosa orden fue acatada pero no por gusto sino por tedio. Eso es lo que dejaba ver la mueca cansada y aburrida de Pariston, mirándola con una falsa sonrisa sin esfuerzo.
- ¿Que se te ofrece, mi querida colega?
- ¡No me llames así! ¿Cuál es tu plan, que quieres lograr?
- No entiendo. Explícate mejor.
- Planeaste que esto pasaría, ¿no? ¡¿Cómo te atreves a considerar la muerte del presidente en tus planes?! ¡¿Cómo fuiste capaz de predecir que usaría la Rosa de los Pobres para parar al enemigo?!
- Si te lo contara, no me creerías. Los Zodiacos son muy prejuiciosos y de mente cerrada.
- ¡Ya basta, Pariston! Dime exactamente lo que estás pensando. Sé que escondes algo, no por nada renunciaste a los Zodiacos. Nosotros formamos una línea de poder que aunque digas que está rota y nadie respeta, sigue en pie. ¡¿Cómo se te ocurre dejarlos varados, como si de la nada no te importara?! Tienes algo más en mente, lo presiento. Dime que es.
- El contrato a un grupo de cazadores para hacer investigaciones secretas en el palacio del rey Meruem. Arrancaron árboles y sustrajeron nidos llenos de huevos de quimera, la mayoría a punto de eclosionar. Se los llevo todos, sin notificarle a nadie, para hacer de ellos un "jardín de monstruos" para su cochino deleite.
Ging Freecs miro audazmente a Pariston, retándole a contradecirle frente a la mujer. Al oír semejante revelación, Cheadle perdió el aliento en un instante.
- ¿"Jardín...", que? Ging, ¿De qué estás hablando?
- Nuestra rata se robó todo el queso.
- ¡Desgraciado infeliz! ¿No te basta con mandar gente a la guerra solo para sufrir?
- Yo no hice nada. El presidente Netero fue el primero en dar la idea de los escuadrones suicidas, yo no tuve nada que ver. Siendo su mano derecha, solo podía apoyarlo y esperar lo mejor. Ahora que no se encuentra entre nosotros, ¿Por qué no aprovechar? ¿Por qué no puedo tomar un poco de lo que ganamos como mi recompensa por ser un camarada fiel y obediente?
- ¡Basura!- Cheadle estaba ansiosa de golpearlo cuando Ging la agarro por detrás- ¡Déjame, le daré su merecido!
- No cambiaras nada con eso.
- Tengo una propuesta para los Zodiacos- Pariston sonrió altivo- Llamemos a elecciones presidenciales. Ahora que el gran Netero ha fallecido y el Zodiaco está en ruinas, la Asociación está pidiendo una mano dominante para seguir su curso.
Ging chasqueo la lengua, despectivo. Vaya manera más mordaz de anunciar campañas políticas.
- Tú...- La peliverde no se lo pudo creer, bajando los brazos. Sintió la furia aflorar dentro de ella como el magma de un volcán a punto de hacer erupción- ¡No te harás presidente! Has perdido la razón. ¡Nadie te quiere, Rata!
- Que mala. Solo era una sugerencia, los Zodiacos son quienes decidirán los pasos a seguir.
- ¡Jamás aceptaré tu propuesta, nadie lo hará! Aunque nos falte un jefe y la Asociación este descarriada, no nos dejaremos doblegar por ti. ¡Nunca más!
Furiosa e indignada, Cheadle sintió arder de odio.
- No es todo- Ging se fijó en las comisuras de los labios del rubio, notándolo emocionado- Quieres otra cosa.
- ¡¿Qué más podrías querer de esta locura?!
La Rata les sonrió, muy contento.
- Hay que llamar a elecciones, quieran o no. La Asociación se quedó sin dirigente ni mandato fijo. Yo proclamo que la misión de cada hunter debe ser de encontrar entre los suyos a su nuevo jefe. ¡Todos deben elegir! Porque Issac Netero ha muerto y yo mismo, acabo de entregar mi renuncia como vicepresidente al señor Beans.
Cheadle quedo de piedra.
Ging se sorprendió por primera vez, eso no lo había calculado en sus posibilidades.
- ¡La vida es muy curiosa! Ustedes, todos y cada uno, tanto deseaban y pedían que me fuera, les he cumplido su tan anhelado deseo. ¿Y ahora, porque me miran así? ¿No querían esto? Yo obedecí al presidente hasta el final mientras elegían a los presos que ahora les exigen favores. Seleccionar a alguien para comandar esta organización es lo de menos, porque sabemos que la Asociación está en declive y nadie es capaz de ver la luz en el túnel. Personalmente, ya no quiero participar de esta parodia. Dicho esto, con permiso y adiós.
De este modo, Pariston Hill abandono de las instalaciones del que fue su parque de diversiones con un nuevo y brutal proyecto en mente.
Salió al patio, donde un cuadro con la fotografía de Issac Netero estaba a la vista, adornada de coronas fúnebres, cartas de condolencias, revistas porno y múltiples velas prendidas.
- Ahora que se ha ido, ¿Con quién jugare?
Si la coincidencia existe, Pariston creyó que el ringtone de su celular podía ser una cuando leyó que lo llamaba uno de sus científicos fuera de horario.
- Disculpe por llamarlo a estas horas que estará ocupado, jefe.
- Habla.
La dura voz de Pariston logro intimidar a su oyente, que tartamudeo unas palabras.
- S-sí, jefe...El asunto es que...- Pariston detesto que tardara tanto en terminar una oración y estaba por cortar la llamada de no ser porque el hombre se hizo entender justo a tiempo:- En un par de horas, el sujeto va a despertar. Me ordeno llamarle cuanto antes.
- Oh.
En menos de un segundo, abandono toda la apatía para convertirla en una gran y enérgica sonrisa.
- ¡Perfecto!, ya me preguntaba cuanto me haría esperar.
.
.
.
