"Lo simple de lo complicado"

Sábado 07/08/1999

Sofía sonríe en cuanto ve la silueta de su amiga caminar por la calle, suspira aliviada de saber que no ha caído en una depresión y que es capaz de salir a la calle. Sale de detrás del mostrador para recibirla y en cuanto la castaña abre la puerta un rayo amarillo sale disparado de su varita en dirección a Sofía.

—¡¿Pero qué mierda te pasa?! —gritó escandalizada, tanteando el mostrador en busca de su varita.

Olivia no le responde, le lanza hechizo tras hechizo sin parpadear hasta que Sofía consigue su varita y logra poner un escudo entre ambas.

—¿¡Qué mierda, Olivia!? —exclamó molesta. Olivia baja la varita y la observa enfurecida.

—¡Me mentiste! —gritó con sus ojos comenzando a cristalizarse— ¡Me has estado viendo la cara de estúpida todo este tiempo!

Olivia no se limita a la magia, se acerca al mostrador y le lanza el lapicero en la cara, Sofía no reacciona a tiempo y la compra en la mejilla.

—¡Desde Navidad sabías que yo no me había acostado con Harry y te quedaste callada! ¡Eres una maldita mentirosa! —le lanzan todo lo que tiene al alcance mientras grita.

—¡Lo hice por tí! ¡Para que tuvieran una oportunidad! —gritó mientras se cubría el rostro con los brazos.

—¡Pues no funcionó tu asquerosa mentira!

Le lanza hechizos y cosas que se atraviesan en su mirada, Sofía es incapaz de moverse para hacer algo que no sea cubrirse.

—¡Yo jamás voy a estar con Harry! ¡Y me acosté con un asqueroso hombre, Sofía! ¡Permitiste que eso pasara!

—¡Yo no tenía idea de con quién estabas!

—¡Me prometiste que estuve con él y no es verdad! ¡Ahora él tampoco sabe con quién estuvo! ¡Nos mentiste Sofía!

Sofía alcanza a protegerse con extraños movimientos de varita mientras retrocede para intentar alejarse de ella.

—¡Él estuvo con Ginevra, por eso te mentí!

Los objetos voladores y los hechizos se detienen, Sofía se sigue cubriendo a pesar de todo. Olivia observa a Sofía, sabe que no miente, pero no quiere creerle. No puede, ya no.

—¿Ellos estuvieron juntos? —balbuceó, dejando caer sus brazos a los costados.

—Ellos saben que estuvieron juntos.

Olivia se sostiene del mostrador mientras analiza todo lo que acaba de pasar. Traga en seco y observa el desastre en la tienda Golden Golding, no se disculpará.

—No quiero volver a verte.

Sofía bufa ante el desastre que Olivia deja y el portazo que logra generar una grieta en el cristal. Ella no va a disculparse por escuchar sus estúpidos lloriqueos por un chico que nunca la ha querido y mucho menos por intentar ayudarla con él.

Que se largue, da igual. Por ella está bien.

Viernes 09/07/199

Quinatra pasa sus dedos por el cabello pelirrojo, Ginevra cierra sus ojos y espera a que le diga algo, cualquier cosa, que le diga qué hacer.

—Escucha —comenzó su tía—. Si no estás segura, vete —alentó sin detener sus caricias—. Busca a tu hermano y dile lo que ocurrió. Él sabrá encargarse de Molly. Hasta entonces no podrás tener el control.

Ginevra suspira y le dirige una mirada a su tía.

—¿Y si no vuelvo? —sugirió pensativa.

—Harry Potter ha visto por tu bienestar hasta ahora, Ginevra —bufó Quinatra—. Incluso te ha pedido que te vayas con el muchacho Jeffers —rodó los ojos y suspiró con cansancio—. Sólo tú puedes decidir a quién escuchas.

Ginevra sabe que esa no es realmente la pregunta correcta.

Sábado 10/07/1999

Quinatra ignora a Hermione cuando entra detrás de Marianne, la castaña no puede agradecerle porque sabe que a Selwyn no le interesa ninguna disculpa de su parte, ni siquiera sabría por qué se disculpa. Quinatra ignora que Hermione está totalmente ruborizada por estar en el mismo sitio donde anteriormente ha estado de noche, sin permiso.

Un elfo les ofrece té y café con unas galletas miniatura que solo Marianne se acerca a probar. Hablan de algunas personas que Hermione no conoce y no le interesan, a decir verdad. Ella está ahí por si Quinatra intenta hacerle algo a Marianne. Pero no sé preocupa por ello hasta que Marianne finalmente pregunta lo que le interesa.

—¿Por qué hiciste la fiesta de Navidad? —preguntó Marianne.

Quinatra suspiró y se recargó elegantemente en el sillón, recta y con gesto fastidiado.

—Se rumoraba que Dahir Jeffers salía con una chica, temí que fuera una mentira y que en realidad fuera detrás de Ginevra —explicó con cansancio—. Así que invité a muchas brujillas, incluso sangres sucias —bufó con asco—. Supongo que la respuesta estuvo en la fiesta de Hogwarts —se encogió de hombros y volvió a suspirar—. Además Molly volvía a actuar extraña, supuse que estaba saliendo con Tiberius, lo que me llevó a pensar en tí, Marianne, y las fiestas de té que compartimos antes de tu hijo, y creí que era una buena oportunidad para ver quiénes podrían ser sus padres, devolverlo y continuar con las fiestas de té.

Hermione de verdad cree más que nunca que la señora Selwyn es una adolescente terrorífica atrapada en ese cuerpo. A pesar de todo Marianne asiente y le sonríe gentil, quizá agradece que mencione "tu hijo" porque Ron no es de Molly Weasley.

—No es necesario, Quinatra, vendré a las fiestas de té que me invites —Hermione sabe de inmediato que no lo hará porque Marianne usa el mismo tono que hace con Ron, cuando le pide algún platillo demasiado dulce—. ¿Y dónde está Molly?

Quinatra bufa por la nariz y cruza los brazos sobre su pecho.

—No lo sé ¡Y no me interesa! —se apresuró a decir— La casa está vacía, supongo que Percy y sus malas artes ocultarán a Molly el tiempo que sea necesario —se encogió de hombros y observó a Marianne con cierta paz en la mirada—. Me alegra que dejara esa casa, al fin Arthur podrá estar en paz, y todos nosotros tendremos la tranquilidad que merecemos.

Marianne le sonríe y asiente de acuerdo. Hermione suspiró con alivio, estando finalmente de acuerdo en algo con Quinatra Selwyn.

Jueves 08/07/1999

Percy deja el viejo baúl al pie de la cama, se incorpora con esfuerzo y deja escapar un bufido cansado para encontrarse con la mirada asqueada de su madre a sus espaldas.

—¿Qué es esto, Percy? —preguntó a regañadientes, escaneando con la mirada toda la habitación. El muchacho rueda los ojos y se encoge de hombros.

A su parecer el lugar no está mal. Había muggles, sí, pero también había agua, luz, dónde hacer comida y muchas cobijas para el invierno; también algunos insectos y plagas no controladas, todas las noches hay ebrios agresivos y parejas calenturientas, pero sigue siendo mejor que Azkaban.

—El dueño de la taberna me debe algunos favores, nos dejará quedarnos aquí hasta que consigamos otro lugar —explicó con voz cansada. Molly lo observó incrédula.

—¿Vamos a dormir aquí? ¿Aquí vamos a vivir? —Percy sonríe sarcástico y se acerca a su madre con cansancio.

—Sí, mamá. A menos que tú puedas conseguir otro sitio para quedarte —se encogió de hombros y caminó a la puerta con soltura—. A diferencia tuya, yo puedo desaparecer sin dejar rastros —giró su cabeza y le sonrió burlón—, ni siquiera hijos.

El jarrón que Molly lanzó tan sólo se estrelló contra la fea puerta de madera vieja, permitiéndole escuchar la carcajada de Percy del otro lado. Por supuesto que su grito lo escucharon todos en la avenida.

Lunes 10/07/1999

—¿Qué es eso? —preguntó Ron, disminuyendo la velocidad de su carrera. Harry continúa trotando mientras pasea los ojos por la carta.

—Un listado de misiones, cortesía de Kingsley.

Ron bufa con cansancio y observa a su amigo con el entrecejo fruncido.

—Mi madre creyó que irías ayer —Harry negó a pesar de que no era necesario, Ron vuelve a buscar antes de poner una mano en el hombro ajeno para detener la carrera—. ¿Estás bien, Harry?

Harry asiente medio ausente y continúa corriendo, dejando a Ron atrás tanto como desearía dejar todo pensamiento, ilusión y recuerdo.

Viernes 29/10/1999

Ginevra aparece fuera de la cerca, tarda en reconocer el lugar un poco, hay pasto descolorido en algunas partes, en otras hay lodo y todo huele a tierra húmeda. Entra sin dudar, a pesar de que todo el lugar aparenta estar solo, en cuanto cierra la cerca puede sentir la ola de magia atravesandola. De inmediato escucha ladridos.

Observa alrededor sin moverse, esperando encontrar al animal, detrás de la casa arrinconada que recuerda sale un perro. Ginevra alcanza a distinguir el negro y el blanco de su pelaje en su carrera hacia ella. Apenas está considerado salir de la cerca para evitar que la ataque de alguna manera cuando el perro se detiene y la observa con la cabeza inclinada.

Su miedo se reduce considerablemente, el perro se vuelve cachorro una vez que está así cerca de ella, se da cuenta que no puede medir más de cuarenta centímetros.

—¡Max! —el viento fresco no tiene nada que ver con la postura tensa que Ginevra adopta al escuchar su voz. El dueño sale del mismo lugar que el cachorro, trota hasta que está a una distancia corta de perro, entonces se agacha sobre una rodilla— Ven, Max —el perrito ladra y corre hasta Harry, quien lo recibe con caricias detrás de las orejas.

Ginevra se traga el nudo en la garganta y camina hasta que está frente a Harry. Él se incorpora y le sonríe, pero Ginevra no lo hace, cuando ve lo que trae entre manos suspira y borra su sonrisa.

—¿Quieres pasar? —preguntó en un suspiro. Ginevra asiente y lo sigue, dejando que el chorro, Max, juegue entre sus pies.

La casa luce más grande de lo que aparenta en el exterior, se pregunta vagamente si está hechizada. Se sienta en un sillón negro, Max la sigue y sube sus patitas peludas a sus rodillas. Ginevra deja el sobre que carga a su lado y acaricia al perrito con una sonrisa.

—Él es Max, un regalo de Hermione —dijo Harry, saliendo de la habitación en la que se metió con dos tazas humeantes. Dejó una en la mesa junto a Ginevra, la otra la mantuvo entre sus manos y se sentó en el sillón frente al suyo mientras Max salta a su lado—. Me da gusto verte, Ginevra —sonrió el azabache antes de que la confusión pasará por su mirada—, pero tengo que preguntar ¿Qué haces aquí? Creí que estabas en Francia.

Harry frunce los labios y le da un sorbo al contenido de su taza sin dejar de verla. No pregunta cómo lo encontró, como ha estado o con quién, ni siquiera espera recibir una respuesta de su parte. Ginevra suspira y toma el sobre que dejó hace unos instantes.

—Lo estaba, pero una lechuza dejó esto para mí —del sobre sacó una llave y un papel con muchas letras en cursiva que Harry no alcanzó a leer o entender. Ginevra deja los papeles a un lado y le muestra a Harry la llave sobre la palma de su mano, de inmediato la reconoce— ¿Qué es esto?

Harry parpadea y observa a Ginevra con el entrecejo fruncido.

—La llave de una bóveda en Gringotts —respondió con simpleza. Ginevra suspira y deja la llave sobre la mesilla, al lado de su taza.

—¿Sabes cuánto oro se necesita para que permitan abrir una bóveda en Gringotts? —Harry asiente lentamente, a sabiendas de lo que Ginevra quiere decir—. Yo no tengo el oro suficiente para abrir una bóveda en Gringotts.

No le avergüenza, ni siquiera titubea cuando lo dice. Harry suspira junto a la mesa de su costado, bajo la atenta mirada de Ginevra y Max.

—Parte de los acuerdos de divorcio indicaban dejarte cierta cantidad de oro, es por eso —dijo con simpleza. Ginevra bufó una risa y se inclinó sobre la mesa.

—Leí los acuerdos, se supone que solo quedaría a mi nombre el cuarenta porciento de una bóveda, lo cual no es suficiente para abrir otra —insistió. Harry se encoge de hombros derrotado.

—Yo te lo di, Ginevra, pedí que abrieran una bóveda a tu nombre con el oro que necesitaran. Supongo que los papeles son las fechas para que vayas a verificar la bóveda —explicó fácilmente. Ginevra bufa y se inclina hasta que alcanza la mano de Harry, ignora cosquilleos y nuevas cicatrices, exhibe su palma y deja sobre ella la llave.

—Gracias, pero no la quiero —dijo con firmeza. Harry la observa con cara de pocos amigos antes de rodar los ojos.

—Ginevra…

—No —interrumpió, con el entrecejo fruncido y mirada confundida—. Yo no quiero tu oro, ésa era mi madre.

Harry la observa en silencio, no le insiste, pero tampoco conserva la llave, le deja en la mesa y en su lugar toma la taza. Ginevra lo imita y descubre el té de manzanilla dulce, sonríe involuntariamente contra la taza.

Desde que recibió el sobre estuvo decidida a buscarlo, y ahora que estaba frente a él parecía diferente, más allá de lo físico. Tenía cicatrices nuevas, barba y músculos que no recordaba, pero derrama confianza, se ve ligero y desinteresado, aunque ahora con su presencia se da cuenta que se ve confundido.

—Tardé mucho en encontrarte —susurró una vez que dejó la taza sobre la mesa nuevamente. Harry eleva ambas cejas con sorpresa, una sonrisilla bailando en su rostro.

—¿Cómo lo hiciste? —preguntó curioso.

—Te busqué en el Ministerio pero me dijeron que estabas descansando de una misión —Harry sonríe y asiente—. Encontré a Hermione y ella me dijo cómo llegar aquí.

—No sabía si tu madre intentaría hacer algo —explicó bajito—. Todos nos fuimos, Ron y Hermione juntos, por eso me regaló un perro —rió, observando de soslayo a Max—. No quería que estuviera solo —se encogió de hombros y volvió a mirar a Ginevra.

—Puedes volver —asintió Ginevra—. Mi madre está con mi tía abuela, Percy no soportó estar con ella —suspiró y se encogió de hombros—. Mi tía no la dejará ir sabiendo lo que le hizo a mi padre.

Harry sonríe y se encoge de hombros.

—No lo sé, me gusta este lugar más que Grimmauld Place —Ginevra toma la taza con más fuerza de la necesaria y asiente lentamente bajo la atenta mirada de Harry—. ¿Tú vas a volver? —preguntó dudoso.

—Sí, Bill pondrá la casa a su nombre y quizá venga con Fleur en navidad —Harry frunce el entrecejo y se inclina sobre sus piernas.

—¿Fleur y Bill están juntos? —Ginevra asiente con entusiasmo y una sonrisa feliz.

—Sí, finalmente la encontró y ahora están completamente enamorados —rió, observando con curiosidad a Harry—. Fleur me dijo que fuiste con ella durante la guerra, que tú la impulsaste a buscar a Bill —comentó con gracia. Harry negó risueño.

—Yo no diría eso —bufó una risa—. Ella nos ofreció un refugio y nos quedamos unos días, nos dijo que estaba muy triste porque no sabía cómo estaba tu hermano, le propuse buscarlo si tanto lo amaba —sr encogió de hombros y paseó la mirada por por la estancia—. No sabía que tu madre no los dejaba estar juntos.

—Ya no importa, ahora lo están.

Harry sonríe ausente y se muerde el interior de la mejilla, evitando a toda costa soltar preguntas o comentarios imprudentes. La risa de Ginevra le dice que no es muy bueno ocultandolo.

—¿Qué te sucede? —rió la pelirroja— No has dejado de mover la pierna desde que te sentaste.

Dejó la taza de lado y lo observó sin miedo o vergüenza. Harry detiene sus movimientos abruptamente y se encoge de hombros, devolviendo la mirada.

—Nada malo —se apresuró a decir—. Solo creí que no te volvería a ver.

No dice todo no que quiere decir, mucho menos lo que necesita que sepa, pero Ginevra no parece dispuesta a dejar el tema.

—¿Por qué?

Y la pregunta le parece absurda a Harry, Ginevra no entiende muy bien qué está sucediendo.

—Te fuiste sin decir nada —susurró, alzando un hombro y sonriendo de medio lado—. Creí que te habías ido con Dahir para siempre.

El nombre sale involuntario, sin intención de dañar ni mucho menos, Harry simplemente decide que ya no hay nada que perder, ya no lo tiene. La comprensión ilumina el rostro de Ginevra y tiene que sonreír.

—¿Y me buscaste? —preguntó con las cejas alzadas. Harry muestra los dientes en una sonrisa y niega, manteniendo su postura «no hay nada que perder»—. Entonces si yo no vengo —entecerró sus ojos hacia Harry, Max pierde todo el interés en ambos y baja del sillón trotando hacia alguna parte—, ¿no te habría visto de nuevo?

Harry luce pensativo por un segundo, no muy seguro de lo que hizo, lo que hace ni lo que hubiera hecho.

—En realidad no lo sé —frunció el entrecejo y observó la ventana, el cielo estaba llenándose de nubes en un gris amenazante—. Quizá, si te encontrara caminando por alguna parte, te hubiera saludado.

Ginevra ríe niega con la cabeza. Deja la taza en la mesa, une sus manos sobre su regazo y suspira bajo la expectante mirada de Harry.

—Fuí con mi hermana Bill, él se encargó de que mi tía encontrara a mi madre, me quedé con él hasta que recibí el sobre —alzó los hombros desgranada y mantiene su sonrisa—, y vine a buscarte.

Harry está confundido y quiere preguntar, pero no parece correcto, así que no lo hace. Vuelve a mirar a la ventana, ahora con gotitas de lluvia resbalando por ella.

Suspira y se incorpora, toma su taza y camina hasta que está frente a Ginevra se inclina hasta que sus rostros están muy juntos, Ginevra se atreve a pensar que la va a besar, pero Harry solo le sonríe, extiende la mano hasta que tiene la taza de Ginevra entre sus dedos.

—Quédate hasta que deje de llover.

Endereza la espalda y camina a la misma habitación de dónde salió con las tazas.

Ginevra lo sigue sin protestas.

Viernes 13/08/1999

Miles Jeffers abre los ojos en un lugar oscuro y sobre una superficie muy dura. Se incorpora y descubre que todo su cuerpo duele. No puede ver nada, pero escucha pasos.

—¿Quién está ahí? —habló fuerte, su voz retumbando en las huecas paredes.

—Sh, vas a despertarlos —escuchó la voz de su hijo. Miles de inmediato suspira aliviado, sonríe involuntariamente.

—¡Dahir! ¡Hijo, ven, no puedo verte!

—¿Ah, no? —de pronto Miles parpadea y distingue a su hijo detrás de varios barrotes de metal, no duda en acercarse y tomar los barrotes, intentando moverlos con las manos.

—Apártate voy a sacarte de ahí.

Dahir lo mira inexpresivo mientras Miles busca entre la ropa su varita. Traga en seco y observa a su hijo con ojos muy grandes.

—Observa bien, tú estás adentro —masculló Dahir. Miles gira sobre sus pies y descubre que sí, él es quien está en una celda con otros dos hombres dormidos en camas metálicas colgadas de la pared, hay poca luz entrando por una ventanilla muy alta. Miles vuelve a tragar.

—Sácame de aquí —ordenó, volviendo a mirar a Dahir.

El muchacho se acerca a las rejas y exhibe su estado demacrado. Ojeroso, delgado, andrajoso y desaliñado. Miles lo recorre con la mirada antes de fruncir el entrecejo.

—Por tú culpa perdí a las únicas personas que he amado en la vida —susurró con los ojos llenándose de lágrimas—. Me das asco —gruñó.

—Deja de decir estupideces y sácame de aquí.

—¿Sabes lo que le hacen los presos a los violadores como tú? —masculló molesto, la mandíbula y todo su cuerpo tenso.

—Dahir…

—Apuesto que Ginevra sintió la oscuridad interminable —susurró para sí mismo, dejando que las lágrimas cayeran por su rostro—. Para tí así será.

Miles lo observa confundido y sin habla, incapaz de reconocer a su hijo en aquel hombre.

—Ni siquiera intentes escapar, todos en esta prisión saben lo que eres y jamás saldrás de aquí —finalizó con rabia.

—Dahir… ¡Ginevra tuvo la culpa! Ella…

—Cállate —ordenó con voz fuerte, logrando que los presos en la celda se removieran en sus camas.

Extendió la mano y apuntó con la varita a su padre, jamás estuvo tan seguro de algo en su vida. Lo último que Miles Jeffers pudo ver fueron chispas rojas brotar de la varita de su hijo. Después todo era oscuridad y silencio.

—Dahir —llamó sin recibir respuesta—. Dahir, hijo, déjame explicarte ¡Dahir! ¡DAHIR!

Calló abruptamente cuando sintió una mano grande tomar sus caderas, un aliento asqueroso y pastoso contra su mejilla mascullando lo bien que iban a estar ahí mientras una mano sucia le cubría la boca.

Nadie escuchó sus gritos.

Domingo 31/10/1999

Ginevra está sentada sobre un banquillo frente a la isla de la cocina cuando Harry le extiende un panqué de chocolate.

—Tu mamá era muy linda —comentó hojeando el viejo álbum de Harry. El azabache se sienta a su lado y observa la foto rozando sus hombros.

Asiente y le dirige una mirada indescifrable a la pelirroja.

—Sabes que no tienes que irte —comentó como si le dijera lo delicioso que estaba el panqué. Ginevra le sonríe y pellizca el panqué de una orilla.

—Ya dejó de llover —respondió divertida.

Harry le sonríe y baja la mirada a la isla. Podría decirle tantas cosas y realmente no decirle nada, no sabía a dónde podría llegar realmente.

—De acuerdo —susurró—. ¿A dónde irás?

Ginevra se encoge de hombros y pasea la mirada por el techo: —Supongo que volveré a casa, no creo que mi madre vuelva.

Harry asiente lentamente antes de golpear juguetonamente sus hombros.

—Esta vez sí voy a buscarte.

Ginevra sonríe y le devuelve el golpe de la misma manera antes de acercar su rostro al de Harry.

—¿De verdad? —Preguntó en voz baja, sin apartar sus ojos de los verdes. Harry se inclina tocando su nariz con la suya, le sonríe y asiente.

—Llevo tres días queriéndote besar.

Ginevra ya no responde, toma en un puño su playera y lo acerca para besarlo. Ya no tiene ninguna duda.

Harry deja sus manos en su cuello, acariciando sus pómulos con el pulgar una vez que se separan. Ginevra lo observa con las comisuras apenas levantadas, si Harry no estuviera tan cerca no se habría dado cuenta.

—Entonces ¿Te quedas?

.x.x.x.

¡FIN!

El epílogo lo publicaré en la madrugada, es exclusivamente HarryxGinny :).

Ahora sí, pueden depositar todas sus dudas aquí

¿Qué les pareció?

Dudas.

Teorías.

Comentarios.

Creo que todos mis comentarios al respecto de esta historia vendrán en el epílogo porque, de alguna manera siento que no ha terminado del todo.

Les recuerdo que publicaré el epílogo con algunas aclaraciones y "Datos curiosos" de la historia, para que pasen a leerlos y vean por todo lo que tuvo que pasar este proyecto.

¡En fin, muchísimas gracias por leer y estar al pendiente el día de hoy!

Tuve que prepararme para el año nuevo entonces dividí el día entre escribir y resolver el resto, espero les haya gustado de todas maneras 3.

¡Gracias por estar conmigo hasta aquí!

¡Que tengan un feliz año nuevo y lo reciban con bendiciones, buenos deseos y toda su familia!

¡Un abrazo!

(31/Diciembre/2019. 9:20PM)

-Danny :).