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CAPITULO 32 – PREPARATIVOS
Luego de ser testigos de la transformación de Rhea en un dragón blanco, todos lograron escapar de la furia esquivando y defendiéndose de sus ataques.
Tenian que encontrar la forma de abatir a la dragona antes de que causara un gran desastre en el lugar y todo Fódlan.
— De algún modo, logramos escapar. —dijo Edelgard jadeando por correr tanto.
— Estamos en uno de los campamentos provisionales del ejército imperial. Aquí podremos reagruparnos. —indicó Hubert dándoles a entender que estaban en una zona segura, al menos por un rato para rearmarse.
— Antes de continuar, debo hacerles una pregunta… Sora, ¿Seguro que quieres unirte a nosotros? —la peliblanca le pedía confirmar su alianza.
— No dudo de que nos hemos ganado varios enemigos, asi que sí. —accedió el mencionado confirmando así la unión.
— Es verdad, estoy seguro de que Xehanort y sus secuaces planean sembrar todo este caos y hacernos la vida imposible, me uno. —declaró Riku poniéndose de acuerdo.
— Lo que me tiene consternada no es por lo que hiciste, Edelgard, sino la forma de la que actuó Rhea y como casi mata a Sora… Supongo que no tengo otro remedio más que unirme. — expresó Flayn en ese estado, cuestionándose su moralidad.
— Flayn, Seteth, ustedes son libres de irse si no quieren arriesgarse. —les dijo la mencionada dándoles a entender que decisión suya.
— Es cierto, podríamos irnos, pero sé que no importa a donde vayamos, esos malvados siempre nos encontrarán y… —Seteth intentaba argumentar llegando a casi estresarse, al pensar en lo peor que le podría pasar a su hermana.
— Seteth, creo que es mejor quedarnos con ellos, de esa manera estaremos protegidos. —lo tranquilizó Flayn declarando que era la mejor opción que tenían.
— Si… Creo que es lo mejor. —accedió el hombre.
— Nunca pensamos que esto se nos saliera de las manos. —comentó Beres pensando en el grave problema que se habían metido.
— Uf, cuando ví a la profe salir corriendo, hice todo lo que pude por alcanzarla. —expresó Caspar recordando el momento en el que todos huían de Rhea.
— Caspar, precipitación trae muerte. — le aconsejaba Petra no sobresaltarse. —En batalla no hay tiempo para pensar. Mi abuelo gobernaba Brigid. Espero él decide que seguimos aliados al Imperio. Yo elijo quedar.
— ¿Ha sido una mala idea? ¿Habré hecho lo correcto? —farfulló Bernadetta tajante comenzando a motivarse. —Pero mi familia pertenece al imperio, y la maestra y Sora están aquí…
— Creo que has hecho lo correcto, Bernie. Aunque es cierto que algunas casas, y sobre todo Dimitri están en contra de la princesa Imperial. —comentó el peliazul cielo.
— Supongo que te refieres a mi familia. Por mi parte, quiero cree que mi decisión ha sido la correcta. —comentó Ferdinand no muy convencido por su propia decisión, para luego hablarle a Edelgard. —Soy el único que está calificado para asesorarte.
— Me uno a tu bando porque soy consciente de que enfrentarme a ti sería peor todavía. — Linhardt reconocía lo muy peligroso que era no unirse a su equipo.
— Para serte sincera, en realidad me uno a las filas de nuestra querida profesora, y de nuestro mejor mercenario Sora. —expresó Dorothea viendo al chico de forma coqueta. —No tengo tierras que ofrecer a la causa. Quizá Hubie no quería verme por aquí.
— Cualquier ayuda es bienvenida. Los motivos que te hayan traido hasta aquí son lo de menos. —Hubert le mencionaba que cualquier tipo de asistencia era buena, sin importar los motivos.
— Comprendo lo que quieren decir, aunque todavía deben confirmar su elección. —dijo Edelgard pidiendo confirmar si se querían unir a su causa. —Al igual que ustedes, he escogido esta senda con la cabeza bien alta y llegaré hasta el final sin que me tiemble el pulso. Seguirme es como amenazar a la mismísima Rhea y a sus secuaces con una espada. Cualquier paso en falso supondrá nuestra ruina.
— No nos cabe la menor duda. —Ingrid comprendía las palabras de la princesa imperial.
— Han podido constatar cual es la verdadera cara de la 'Arzobispa'. Es una bestia feroz. —Edelgard continuaba con su discurso. — Lo peor es que está coludida con las serpientes de las tinieblas, o mejor dicho, la Neo-Organización XIII. Quienes dominan el mundo han usado el poder de esa bestia para obrar milagros y controlar los corazones de aquellos que creen ciegamente en Rhea y esa bola de idiotas. Ocultan la verdad e imponen sus ideas a la nobleza. Nuestros enemigos aniquilan sin piedad a quienes osan desafiarlos. Quiero que sepan que les estoy contando lo que vi y viví en carne propia. Después de lo que ustedes presenciaron, ¿tienen alguna duda?
— ¡Esperen! —se escuchó una voz de mujer que alcanzaron a identificar de inmediato.
— ¡Hilda! — expresaron al ver a la pelirroja llegar acompañada con su amiga y Lysithea. — ¡Marianne!
— Queremos ir con ustedes, todo este lugar empezó a llenarse de monstruos y criaturas oscuras. —les explicó Hilda entre jadeos.
— Por suerte fuimos capaces de entorpecer sus pasos… pero no creo que sea por mucho. —dijo Lysithea mencionando sus esfuerzos.
— ¿En serio? —Riku les pidió confirmar sus sospechas.
— Si… esos tipos de capuchas negras están sembrando caos allá afuera. — les confirmó Hilda. — Y Dimitri está con ellos.
— Hilda, ¿Quieren unirse a nosotros para acabar con esta locura? — Edelgard les pidió tomar una decisión que dependía de un hilo.
— Edelgard… ¡Sí! ¡Lo haremos! —accedió Lysithea afirmando con la cabeza junto a las demás.
—Qué bueno. Somos los únicos que podemos detener a estos colosales adversarios que han devastado muestro mundo durante siglos. ¡Por la humanidad! ¡Por Fódlan! — Edelgard daba el visto bueno mientras realizaba su discurso como toda una emperatriz de manera motivacional. — Aquellos de los presentes que quieran unirse a mí en esta empresa, ¡den un paso al frente ahora!
Fue entonces cuando todo el mundo dio un paso al frente, confirmando así su alianza con el Imperio con el fin de acabar con esta locura impuesta por la Neo-Organización XIII.
— Gracias, amigos míos. Somos la verdadera imagen del Imperio, ¡Ganaremos! —declaró la emperatriz feliz por su respuesta.
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Mientras los demás se preparaban para levantarse en armas, Edelgard y Hubert tuvieron una conversación para reflexionar lo que iban a hacer.
— Eso ha sido increíble, señorita Edelgard. —la felicitó su mayordomo.
— Gracias, Hubert. — agradeció la mencionada sonriendo. —A decir verdad, estoy aliviada. Han decidido seguirme por voluntad propia. Rhea y los demás son enemigos formidables, estaba resuelta a seguir adelante yo sola llegado el caso sin importarme morir en el intento, pero en el fondo deseaba que no fuera así.
— Mientras yo siga con vida, jamás estará sola, no lo olvide nunca. —dijo Hubert declarando su lealtad. — Por cierto, parece que la maestra y el joven Sora han influido mucho en este asunto.
— Tienes razón. Hablaré con ellos. —respondió Edelgard decidida a conversar con los dos. —Quiero que comiences los preparativos. El mensajero debe de estar al llegar.
— Cuente conmigo, señorita Edelgard. —accedió su mayordomo a hacer lo que se le ordenaba.
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Edelgard se dirigió a uno de los campamentos provisionales del imperio para hablar con la pareja al respecto.
— Edelgard. — dijo Sora al verla llegar.
— Sora, Beres, ¿tienen un momento? — les pidió tener una plática con ellos.
— Claro, dinos. —accedió Beres a entablar la conversación.
— Gracias… —agradeció la emperatriz su gesto, para luego mirar hacia abajo con la cabeza gacha. — Yo…
— ¿Qué ocurre? —preguntó Beres preocupada viendo esa faceta.
Aunque Edelgard tenía dificultades para expresar sus palabras al respecto.
— Vamos, puedes decirnos lo que sientes. —Sora la animaba decirle lo que le pasaba.
— E-Estoy nerviosa. Noto como si el peso de la responsabilidad me aplastara, Beres, Sora. No me cabe la menor duda de que Rhea, Xehanort y sus secuaces están a punto de declararnos la guerra, y tenemos que defendernos con todo lo que tenemos. Un ejército monumental, mucho más grande que el que profanó el Sagrado Sepulcro, entrará de lleno en la batalla.
— Reconozco que estamos entrando en un terreno muy peligroso. —dijo Beres siendo consciente del rollo que podría desatarse en cualquier momento.
— Todo Fódlan está calculando su estrategia. Sus líderes deben decidir de qué lado están y prepararse para pelear. —expuso Edelgard las acciones que los demás continentes supuestamente realizaban, para luego mostrarse melancólica ante lo que dijo a continuación. —Numerosos soldados y generales perecerán. El caos también se cobrará víctimas civiles, cuando ellos den la orden, las llamas de la guerra se propagarán por todo el continente y se cobrarán innumerables vidas. Por lo tanto hay que estar preparados.
— ¡No dejaremos que les pase nada, Edelgard! —expresó Sora tomando la iniciativa, mirándola a los ojos tocándole los hombros. — ¡Confía en nosotros, haremos todo lo posible para que ningún civil muera y tampoco nosotros! ¿Verdad, Beres?
— No creo que sea tan sencillo, pero no perdemos nada con intentar advertirles a los civiles para que evacuen el lugar lo más pronto posible. —dijo la profesora al respecto. — Edelgard, ¿es esta la senda que has elegido?
— Asi es. Y no hay vuelta atrás. —declaró Edelgard su firme decisión. —No importa cuanta sangre, no cederé. Debemos romper los vínculos perversos con los que las serpientes de las tinieblas, no, la ahora Neo-Organización XIII domina Fódlan. Estos sacrificios son necesarios para crear un futuro en el que ya no hagan falta. Parece contradictorio, pero no hay otro remedio.
— Podemos hacer esto de otra manera, sin necesidad de que ninguno de nosotros sacrifique sus vidas. —le proponía Sora una forma de resolver este problema sin necesidad de perder a una unidad.
—No será tan facil no dejar morir a algunos de nuestros compañeros, pero… quiero pensar que somos capaces de proteger a los mas que nos importan. —le pidió Edelgard que le prometiera defender a los suyos.
— Lo haremos, de alguna forma. —dijo Sora tomando su iniciativa.
— Déjanoslo a nosotros, Edelgard. —secundó Beres decidida.
— Muchachos… Hace tiempo que tomé esta determinación, pero aquí me tienen, buscando su beneplácito. — dijo la peliblanca conmovida por sus palabras, aunque quería confirmar algo. — Dime la verdad, Sora, ¿te arrepientes de haber permanecido a mi lado al igual que Beres? A diferencia de mí, ustedes todavía pueden cambiar de idea.
— ¿A qué viene eso? —preguntó Sora confundido por la pregunta.
— Lo que pasa, es que seguir por este camino implica acabar con la 'Arzobispa' y sus secuaces. ¿Les parece bien? —explicó Edelgard dándole a entender las consecuencias de seguirle sus pasos.
— Entiendo… Es la senda que hemos elegido. —declaró Beres decidiendo unirse a la chica.
— Lo que tengas que hacer, te apoyaremos. — secundó Sora de igual manera, sonrojando a la chica.
— Nunca pensé que… —tartamudeó la emperatriz en ese estado, sintiendo mariposas en el estómago, fue en ese momento cuando le confesó ciertas cosas que no se atrevía a decirle frente a frente. — Lo siento. No debería haber dudado de ustedes dos… Sora… Desde que apareciste, al principio tenía dudas sobre ti, pero a medida que pasaba el tiempo, me di cuenta que tenía que remediar las cosas y tú sola presencia me ayudó a descubrir que significaba tenerte como más que mi amigo y compañero en armas.
— Edelgard… Tu… —Sora estaba perplejo por las palabras de su amiga.
— Sora, sé que estas enamorada de Beres… Pero quiero confesarte que, yo también me he enamorado de ti, quiero que sepas que lo que tengas que hacer, siempre puedes contar con mi apoyo. —declaró Edelgard mostrándose enamorada de Sora. —Yo confío en los dos. Y ustedes han confiado en mí.
— No pensé que también te enamoraras de Sora. —dijo Beres comprendiendo las palabras de su alumna. —Supongo que no hay problema que compartamos el mismo novio entre las demás, ¿no es así?
— Si, teniendo eso claro, puedo continuar con mi lucha. —declaró Edelgard comprendiendo lo que tenía que hacer. —Vámonos, tengo que decirle una cosa a Hubert.
[EL GRADO DE APOYO ENTRE SORA Y EDELGARD HA ALCANZADO EL NIVEL A]
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De acuerdo con Hubert, el ejército principal del imperio avanzaba según lo previsto y que casi se terminaban los preparativos para algo que se llamaba el manifiesto.
— ¿El manifiesto? —preguntó Beres curiosa.
— Vamos a difundir un manifiesto dirigido a los señores de todas las tierras de Fódlan. —les explicó Edelgard la acción que tomarían. —Revelaremos las artimañas del grupo Neo-Organización XIII y mostraremos al pueblo las prácticas corruptas de la nobleza y la alianza por parte de la tarada de Rhea. Le pediremos al pueblo de Fódlan que vea la verdad y se nos una en la lucha contra Xehanort y sus secuaces.
— No sabemos si el pueblo nos creerá. —Sora dudaba de la credibilidad de la gente.
— Tienes razón, pero por suerte, algunos nobles ya nos han ofrecido su apoyo. —coincidió la peliblanca con el portador de la llave espada.
— Si, hay más que parecen dispuestos a enfrentarse a ese grupo. Condenaremos a quienes se lo merezcan, pero también estamos dispuesto a perdonar. —comentó Hubert en su usual tono monótono. — Ya hemos purgado buena parte de la nobleza imperial más corrupta. Mi propio padre estaba entre ellos… Que desgracia.
— ¿Tu padre? —Sora le preguntaba tras oír esas palabras.
— Efectivamente, joven Sora, mi padre estaba en esas filas y pues no tuvimos otro remedio. —le confirmó el mayordomo.
— Y pronto tomaremos Garreg Mach sacando a los tipos que sin duda alguna se hayan unido al grupo de Rhea y la Neo-Organización XIII. —indicaba Edelgard las acciones a tomarñ
— Eso incluye a los Heartless, Nobodies y los unversed si no me equivoco. —dijo Sora entendiendo lo que implicaba la iniciativa.
— Exacto, nuestro ejército principal ha salido ya de la capital imperial. Llegaran al monasterio en dos semanas. —declaró la emperatriz informándoles la situación de los demás soldados y lo otro. — Nos uniremos a sus filas… Aunque quería preguntarte donde deberíamos posicionarnos, Beres…
Eso los puso a pensar durante unos segundos hasta que tomaron la decisión.
— Nos posicionaremos en la Vanguardia Imperial. —sugirió la maestra.
— Majestad, se unirá a la maestra y Joven Sora, ¿no es así? —dedujo Hubert al ver la iniciativa de los chicos. — En tal caso, no se unirán al ejército principal del Imperio. Maestra, tu escuadrón puede desplazarse libremente bajo la supervisión del ejército imperial… Quizás sea lo más prudente.
— Bien pensado, Hubert. —Beres daba el visto bueno a las indicaciones del mayordomo.
— Ahora que soy emperatriz, nadie debe enterarse de que sigo tus órdenes en combate, Beres. — Edelgard pidió guardar el secreto.
— Claro, lo tomaremos en cuenta. —accedió Sora a ser discreto.
— A decir verdad, me opongo frontalmente a que se encuadren en primera fila. —Hubert no veía con buenos ojos la temeridad de los tres.
— Creí que ya habíamos hablado de eso, Hubert. — refutó Edelgard haciéndole ver que ya habían acordado seguir con el plan.
— Disculpe mi impertinencia. —respondió el mencionado haciendo una reverencia como el mayordomo que era.
— Ahora que está todo decidido, únicamente nos queda resolver un último detalle: ponernos un nombre. —declaró la peliblanca pensando en el nombre del grupo.
— ¿Qué nombre? —preguntó Beres curiosa.
— En honor a nuestra clase en la Academia, propongo que nos llamemos 'Fuerzas de Asalto de las Águilas Negras'. —declaró Edelgard revelándoles el dicho nombre.
— ¡Vaya, ese nombre es genial! —expresó Sora contento.
— Es perfecto. —secundó Beres de la misma manera.
— Me alegro de que les guste, he de confesar que pasé toda la noche meditando el nombre. —dijo Edelgard satisfecha por la respuesta. —Beres, me gustaría que te ocuparas de preparar las Fuerzas de Asalto de las Águilas Negras para ponernos en marcha.
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BASE TEMPORAL DEL IMPERIO
Todo el mundo se preparaba para tomar el Garreg Mach enfrentando al grupo de Neo-Organización XIII, aunque no le salía mal relajarse un rato antes de pisar el campo de batalla.
— Xehanort y sus secuaces han de estar poniendo barricadas por todo el monasterio. —dijo Riku reconociendo esa posibilidad.
— No lo dudo, como Dimitri se ha unido al lado oscuro pues puede ser capaz de cualquier cosa. —respondió Felix siendo bien franco con sus palabras.
— Si, ya viste como le guardaba rencor a Edelgard y Sora tuvo que defenderla. —comentó el peliblanco al respecto.
— Lo que pasa es que, Dimitri no ha podido superar la grave trauma de lo que sucedió en Duscur hace tiempo atrás, ya escuchaste lo que le pasó a su familia por culpa de esos tipos, pero él cree que Edelgard es la culpable, como que dice cosas que no son. —expuso el pelimorado los graves problemas que el rubio afrontaba.
— Y por lo mismo… decidió unirse al grupo de Xehanort con el fin de acabar con ella. — Riku hacia la hipótesis al respecto.
— Puedes apostarlo, he intentado infinidad de veces convencerlo de que se olvidara de eliminar a Edelgard pero simplemente no me hace caso, se enojaba conmigo con tan solo oír ese nombre. —coincidió Felix indignado por el comportamiento de Dimitri.
Mientras tanto, Sora conversaba con las demás chicas a su alrededor.
— Sora, acabo de darme cuenta de lo que significa tener un emblema. —comenzó Ingrid a hablar sobre el tema. — La verdad, no le veo el sentido que todos se obsesionen con eso y luego te obliguen a casar por esa misma razón, nadie nos obliga a hacer lo que los viejos nos exige.
— ¡Ingrid! ¿Desde cuando hablas así? — expresó Annette asombrada por las palabras de la chica.
— ¿Desde que intentaban obligarme a casar con alguien quien no amo? —respondió la mencionada. —Sora me enseñó que no hay nada de malo rebelarnos y acabar con esa sociedad rígida que los nobles han impuesto.
— Es cierto, la verdad eso lo de los que hacen los nobles hacen no me tiene muy acostumbrado, aparte que pueden dejarse corromper por el dinero y… —declaraba el chico para hacer pausa por un segundo. — Ser los peones de los seres malvados como Rhea o Xehanort.
— Si, la verdad esto es lo más castrante que no cualquiera quisiera experimentar. —Dorothea estaba de acuerdo con las palabras de su chico.
— No lo dudo, Sora. Lo que podria pasar es que algunos soldados de Faerghus se estén armando gracias a Dimitri, quien está bajo la influencia de la oscuridad, hay que cuidarse de él. —argumentó Beres consciente de la mayor probabilidad.
— Este… Sora, no tengo problema en echarte una mano contra quien necesitemos enfrentarnos, pero me asusta la idea de pelear contra mi padre, quiero convencerle de que se nos una y nos eche una mano contra la Organización XIII. —dijo Annette preocupada por la posible adversidad que no sería capaz de llevar a cabo tan fácilmente.
— No puedo prometerte nada pero lo intentaremos, se ve que quieres mucho a tu papa. — dijo el mencionado intentando animarla.
— Si la iglesia, no, ese grupo está detrás de todo lo que esta pasando, o, esta sociedad en donde los emblemas son los mas valorados, entonces no tengo necesidad de caber ahí, Edelgard, y tu Sora han tomado el camino mas corto para hacer el cambio, sin importar sus medidas, y estoy segura de que esta es la única manera, con lo digo, si Edelgard intenta cometer una locura, confío que puedes controlarla, ¿no es así? Cuento contigo, Sora. —comentó Lysithea mirándolo a los ojos sin chistar.
— Lo haré Lysithea, puedes contar conmigo. —declaró el mencionado dispuesto.
— Sora, quiero que sepas que siempre nos has gustado desde que entraste al monasterio. — declaró Mercedes tomando la mano del chico.
— Mercedes… —tartamudeó el chico tratando de emitir una palabra sonrojado.
— Eres lo mejor que nos ha pasado. —secundó Annette haciendo lo mismo.
— Desde que uniste a nuestra clase, no podía dejar de pensar en ti y tu forma de ser. —terció Dorothea siendo bien coqueta. — Eres asombroso, Sora.
— Como sé construirás tus propias fuerzas de asalto, he decidido serte leal, hasta el final. —expresó Ingrid mirándolo de forma un tanto amorosa y fiel a su lord.
— Mi hermano te confió mi protección y sé que tienes todo lo necesario para sobrevivir a cada adversidad. —dijo Flayn expresando sus sentimientos al igual que todas las demás.
— Chicas… gracias. —agradeció Sora admitiendo así sus sentimientos hacia las chicas.
Fue en ese momento cuando entre todas lo abrazaron y, le dieron un beso en el rostro, realmente Sora era un suertudo, aunque, con Riku no fue muy diferente cuando Marianne e Hilda le declararon sus sentimientos y Leonie también se les unio.
— ¿Están todos listos para tomar Garreg Mach? —Beres les hacía el anuncio para que se prepararan.
— ¡Si! —respondieron todos en unisono.
— Bien… los escucho animados, mis alumnos… Preparense. ¡Es hora de luchar! —exclamó la peliverde dando luz verde para ahora si dejar la base entre tanta euforia y asi emprender la misión de tomar el monasterio.
