La luna nueva en lo alto observa cómo se acercan al castillo. Observa como un juez, sabe que debe ser imparcial, que no puede intervenir, sólo puede esperar expectante para descubrir quién se hará con la victoria.
Cientos de encapuchados con máscaras llevan horas colocándose en silencio, sin ningún tipo de altercado, organizados como los especialistas que son, en los puntos estratégicos que parecen haber ensayado durante meses o años. Conocen sus posiciones, su lugar, su cometido.
Mientras tanto, el castillo duerme, totalmente ajeno a todo lo que está ocurriendo más allá de las murallas. El bosque y sus habitantes también duermen, recuperándose aún, reparando daños y pérdidas del último asalto, producido hace sólo unas pocas horas.
Los que no van a pie lo hacen por el aire. Criaturas aladas sobrevuelan el terreno, calculando distancias, vigilando que no haya interrupciones. Los pocos murciélagos que se cruzan en su camino son atrapados y despedazados sin piedad entre sus fauces.
El primer grupo de magos localiza la barrera defensiva del castillo y se posiciona frente a ella, separados entre si por una distancia aproximada de un metro. Van a fulminarla con un ataque organizado llegado el momento.
Otros magos, armados con cadenas que cuelgan inertes en sus brazos, atadas a nada, esperan a una distancia prudencial de la barrera, unos metros por detrás de la vanguardia.
Entonces llega él.
Montado en una bestia alada de apariencia infrahumana. Un monstruo sin carne ni músculos, las cuencas de los ojos vacías. Las alas que le sostienen en el aire mágicamente se mueven como si en algún momento hubieran tenido una función física real. Como movido por la inercia de la gravedad a la que debía desafiar pero que ahora es solo eso, un recuerdo.
El guardián lo siente desde el bosque, se acerca al extremo norte y al asomarse, ve al monstruo posarse en el suelo, no muy lejos del castillo, esperando paciente su momento. Se queda paralizado, no sabe muy bien cómo reaccionar, demasiado impresionado por aquella visión infernal. Con dificultad aprecia cómo unos seres alados aterrizan y se quedan junto a él como guardianes.
Uno de ellos dirige su cara hacia él, pero no puede ver su expresión, tiene el rostro oculto bajo una máscara, como todos.
El guardián echa a correr hacia en interior del bosque, aterrorizado. Despierta a los gigantes a gritos, les dice que se preparen inmediatamente para la guerra. Ellos con gran jaleo se despiertan y corren hacia sus posiciones. Después sale en busca de los kelpies, pero alguien le abate por detrás y le hace caer. Le sujetan por el cuello y el guardián, antes de pensar en su propia defensa, lanza un chorro de luz roja al aire. Debe avisar del ataque, aunque sea mucho más que tarde.
Las chispas vuelan raudas desde su varita y sobrepasan las copas de los árboles. Estas iluminan la oscura noche como fuegos artificiales. Todos pueden ver la señal, amigos y enemigos.
Comienza la urgencia.
Es el pistoletazo de salida.
Ahora o nunca.
Los magos armados frente a la barrera levantan sus varitas al mismo tiempo y al grito de su líder provocan cientos de pequeñas explosiones de gran potencia, que hacen temblar los cimientos del castillo. La barrera queda reducida en segundos.
El paso está libre.
Un murmullo se extiende como la pólvora por toda la línea ofensiva, cuando miles de siluetas translúcidas se extienden por el lugar en el que estaba la barrera derribada, como polillas organizadas.
Entonces desaparecen sólo unos segundos antes de que se haga la luz por encima de la muralla. Un aura dorada surge donde estaba la barrera anterior pero con mucha más intensidad.
Distinguen ahora a los fantasmas de los caballeros, que en vida defendieron aquellas murallas, agarrados entre si, codo con codo, formando una enorme cúpula, como una malla.
El castillo ha despertado y se defiende.
Los atacantes miran sorprendidos, no saben muy bien como reaccionar ante esto, no estaba prevista la doble defensa. Su líder se hace cargo de la situación y vuelve a gritar la misma orden. Un nuevo ataque unido hace vibrar la barrera, sin moverla ni dañarla.
El líder empieza a dudar de que su estrategia pueda no ser efectiva, pero este no es momento de echarse atrás. No es momento de dudar.
Es el día.
Es el fin.
Ordena un nuevo ataque explosivo. Seguido de otro. Y otro más. No hay nada eterno, en algún momento tendrá que caer.
Con un gesto de su mano izquierda indica a los magos de la segunda línea que ha llegado su turno. Las cadenas empiezan a retorcerse entre sus manos y a sacudirse con violencia, del extremo de cada una va surgiendo un animal diferente, tigres, elefantes, rinocerontes, orangutanes... Todos con un tamaño anormal, gigante. Mutaciones, experimentos, aberraciones encargadas de la fuerza bruta.
De momento parecen tranquilos, esperando órdenes.
Los magos se suben sobre las enormes bestias, listos para la carga. Al grito de ataque del líder cargan todos contra la muralla. Bestias enloquecidas que se llevan por delante todo lo que encuentren, vivo o muerto. El impacto con la muralla les excita aún más, se ensañan con ella, algunos pierden el control de sus bestias y se golpean entre ellos. Las primeras manchas de sangre son las suyas.
La barrera termina por ceder y resquebrajarse debido a la sobrecarga de magia y fuerza bruta.
Llegan los primeros contraataques de los habitantes del castillo. Desde el interior comienza a salir una neblina negra que se va acumulando, aumentando de tamaño, ante la mirada atónita de la primera línea enemiga. Una enorme nube negra termina de formarse antes de empezar a descargar algo que les quema la ropa y las corazas de piel. Tan solo respirar su olor es nauseabundo.
Los magos gritan, no están preparados para una lluvia de ácido corrosivo. Las bestias rugen y se rebelan contra sus jinetes, dominados por el instinto de supervivencia, pero los tirones de las cadenas les devuelven a su cometido, deben derribar la muralla antes de huir. Lo dan todo, están extenuados pero lo consiguen, y finalmente la barrera mágica se rompe junto a la muralla de piedra con gran estruendo.
Cuando se posa el polvo de los escombros, los que aún están en pie, son capaces de ver el ejército de armaduras vivientes que les está esperando justo al otro lado. Las bestias debilitadas utilizan las fuerzas que les quedan para tratar de derribar a las resistentes armaduras con cargas directas hacia la barrera de metal y acero.
Es una visión terrible.
Animales ensartados en las lanzas. Armaduras históricas despedazadas y pisoteadas. Los magos saltan de sus monturas cuando estas ya no pueden continuar y siguen por su propio pie. Algunos utilizan las cadenas como arma contra las lanzas de las armaduras, otros las esquivan como pueden.
Deben entrar en el castillo.
Llegan a la puerta principal y se encuentran con el fantasma líder, el que parece haber dirigido toda la defensa. Heist les espera. Cuando les ve acercarse, extiende los brazos y una pequeña linea se extiende por delante de la puerta, rodeando el edificio principal. Los que intentan cruzarla caen fulminados de inmediato. Los demás, cautelosos, esperan una mejor oportunidad.
A una nueva orden del líder las figuras aladas levantan el vuelo, el último en hacerlo tiene unas alas diferentes, más hermosas y más grandes. Toma el control y les dirige hacia las torres del castillo, ahora desprotegidas. Sin embrago, a los pocos segundos de echar a volar comienzan a caer rocas. Parecen proceder del bosque. También lanzas, que se clavan certeras en los seres alados, haciéndoles volver a tierra, ya sin vida.
Mientras tanto, de dentro del castillo salen volando varias personas montadas en escobas, lanzando hechizos a todo lo que se mueve en mitad de la noche.
Sólo uno se queda.
Espera en lo más alto de la torre principal.
Vigilante. Atento a una batalla que está perdiendo. Observando y valorando la posible estrategia del enemigo. Pronto descubre que van a entrar por el aire. Ha armado a sus hombres con lo que tiene, pero tiene el profundo temor de que nada va a ser suficiente para detener la masacre.
Vuelan rayos de colores iluminando la más oscura de las noches. Las maldiciones cargadas de odio en busca de sus objetivos. La sangre de amigos y enemigos se mezcla en la tierra infértil. Las vidas de aquellos que no llegarán a ver un nuevo amanecer. Una guerra injusta y desequilibrada.
El líder aprovecha el caos para comenzar su siguiente movimiento en la distancia. Saborea la victoria, no estaban preparados, la ventaja es suya.
El mago en la torre también comienza a invocar. La magia empieza a fluir, destellos de luz salen de la cadena encaramada a su brazo, él mismo es luz, una luz mística, un poderoso núcleo mágico.
Entonces el suelo alrededor del edificio principal del castillo se vuelve rojo como la sangre. Todos los que lo pisan inmediatamente pierden sus poderes mágicos, las pocas bestias que siguen en pie quedan tendidas en el suelo, con un tamaño mucho más parecido al habitual en ellos. El mago está totalmente concentrado en canalizar la magia, es un área más grande de lo que ha abarcado nunca con semejante hechizo. Por suerte este le devuelve los esfuerzos multiplicados y comienza a imbuirse de toda la energía que está robando Toda la magia de los caídos.
Pocos quedan en el aire y la totalidad de ellos pertenecen al castillo, pero la multitud se les echa encima para cuando se dan cuenta de lo que viene. El mago en lo alto de la torre pierde la concentración cuando la suave luz del suelo ilumina los cientos de cadáveres vivientes que se arrastran por el suelo hacia el castillo. Decenas caminan y los pocos que corren son los primeros en llegar a la mágica luz roja. El núcleo de su magia no radica en ellos por lo que no les puede ser extraída. Siguen su camino impasibles.
La defensa montada en las escobas comienza a lanzar hechizos hacia la plaga. Siguen cayendo piedras desde el bosque, aunque cada vez con menos frecuencia, sobre la carne putrida que resulta aplastada bajo rocas de cientos de kilos. Pero son demasiados y quieren entrar en el castillo. Quieren a su dueño. Así se lo han ordenado, así lo hacen. Cumplen órdenes a cambio de nada.
Pero la defensa es claramente insuficiente.
El castillo está invadido.
El mago de la torre ve al fondo a la enorme bestia huesuda batir sus alas con orgullo.
Sabe que le espera.
No ha sido lo suficientemente precavido ni han sido lo suficientemente fuertes.
Ha llegado el fin.
Ordena a los suyos huir pero ellos se niegan a hacerlo. Su brazo está palpitando y su cuerpo está al límite, como una bomba a punto de estallar. Está dispuesto a darlo todo antes de caer, a provocar el mayor daño posible.
Simplemente por orgullo.
En un último arrebato invoca una hoguera en el centro del terreno. Todo se ilumina de pronto pero los golpes en la puerta a su espalda le obligan a girarse. Con un hechizo de fuego frío se envuelve a si mismo, para mantenerlos alejados mientras se acerca a coger su escoba.
Un grito en la noche le hace volverse. Su amigo ha caído en el mar de cadáveres que le engulle sin piedad.
No lo duda un instante.
Coge su escoba y salta hacia la marabunta, que ahora esquiva la gran hoguera, sin detener su avance hacia el castillo. Está fuera de su alcance pero no contaba con las alas negras que de pronto le cortan en paso en mitad de la trayectoria. Trata de esquivarle pero le sujetan la escoba por detrás, él pierde el control y cae al suelo, los cadáveres se le echan encima.
La hoguera se apaga, la noche vuelve, justo cuando vuelve también la luz.
La colosal criatura blanca llega surcando los cielos con elegancia y majestuosidad, extendiendo el fuego y sembrando el pánico por todas partes. Los cadáveres empiezan a correr en todas direcciones, sin orden ni concierto.
Su rugido, profundo y poderoso, provoca un escalofrío que recorre al líder por la columna vertebral.
Ha vuelto.
Siente como su victoria se empaña ligeramente. No va a ser tan cómoda como deseaba, por suerte era una opción que tenía contemplada en el peor de los casos. Agarra las riendas del ser que ha arrancado de las garras del infierno y se elevan juntos.
El dragon blanco está en el suelo, busca algo entre el mar de cadáveres destrozados. Un mago sube a su cuello, el abre sus alas y alza el vuelo.
Las fuerzas están ahora equilibradas.
Buenas! Aquí os dejo la primera parte de la "batalla final". Tanto este como el siguiente son capítulos dobles como podéis ver. Espero que os guste la perspectiva que quise darle a este en concreto, ya el siguiente volverá a la vista subjetiva xD. En cuanto esté corregido lo subiré, aunque ya será el último :'(
Espero que os haya gustado tanto como a mi.
Gracias por leer :) Un abrazo!!
Kanna
