Just Nature


Notas de la Autora: Y hasta aquí este fic. Lo escribí con una idea mucho más simple y ligera en mente, y como casi siempre, al final los personajes acaban haciendo y decidiendo un poco a su manera, y las historias se alargan sin que me dé ni cuenta. En cualquier caso, he disfrutado componiendo esta historia y viendo las escenas y oyendo cada conversación en mi cabeza (mientras paseaba a mi perro casi siempre). Hará casi medio año que terminé de escribirla, y desde entonces me he resistido a colgar los últimos capítulos en parte por pena a soltar del todo la historia. Pero bueno, hay que acabar cosas para poder comenzar otras nuevas.


CAPÍTULO XLVI: MALDITO CACHORRILLO CON SUERTE.


Podía oír un murmullo lejano y molesto, como si un montón de diminutas personitas parlotearan desde el interior de una botella de cristal, y Seifer frunció el ceño arrugando la frente antes de abrir los ojos.

Las luces estaban casi apagadas, y un zumbido intenso resonó tras sus oídos cuando intentó incorporarse. Se mareó, dejó escapar un gruñido furioso, y se dejó caer de nuevo sobre la almohada.

Kadowaki levantó la mirada hacia él desde su escritorio, y después se puso de pie y se acercó poco a poco mientras sujetaba una bolsa llena de hielo contra su frente.

- Bienvenido – le dijo sonriendo, después se miró el reloj -. Llevas durmiendo casi nueve horas, así que no me mires con esa cara de demacrado.

Se apartó la bolsa de la frente, revelando un chichón rosado y brillante donde el fluorescente le había golpeado, y se inclinó un poco sobre él, observando sus pupilas y moviendo una diminuta linternita ante sus ojos.

- Deja de hacer eso, seguro que ni siquiera sirve para nada – gruñó Seifer entrecerrando los ojos y poniendo una mano ante su cara.

Kadowaki miró hacia la linterna, sonriendo, y se encogió de hombros sin necesidad de contestarle.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó él, llevándose una mano a la cabeza y sintiendo el tacto inconfundible de unos vendajes limpios.

- Te pusiste a jugar a los vaqueros con Ifrit mientras correteabas encima de una nave espacial y después volaste medio Jardín por los aires y te golpeaste con algo en la cabeza – le resumió Kadowaki.

Seifer la miró frunciendo muchísimo el ceño, como si no pudiese haberle dicho nada más absurdo, e intentó recordar semejante locura. Lo último que venía a su memoria era haber invocado al G.F. tras salir al exterior del Lagunamov, y después todo era un amasijo extraño y ensordecedor.

Oyó un par de golpecitos en el cristal que había a su derecha y se giró para encontrarse a Squall tras él, mirándolo con una sonrisa extraña. Le hizo un gesto, como saludándolo, y Seifer miró a su alrededor comenzando a reconocer el sonido de algunas personas más hablando en la enfermería.

Junto a Squall podía ver la espalda de Rinoa y también a Aura ante ella, algo oculta tras el cuerpo de su madre. Junto a los tres podía ver también la forma de Cid y Edea, dándole la espalda. En la zona de la recepción de la enfermería, junto al escritorio de Kadowaki, podía ver a Selphie lloriqueando en un rincón, abrazada a Irvine, que no paraba de reír a carcajadas mientras le acariciaba la cabeza como si fuese un perrillo abandonado, y en algún lugar que no alcanzaba a ver podía oír también la voz de Zell y algunos más que no reconocía.

Durante un momento buscó a Quistis con la mirada, pero no se inquietó demasiado por el hecho de no verla, ya que no parecía que el ambiente entre el resto de sus amigos fuese especialmente preocupante.

- ¿Hay muchos heridos? - preguntó Seifer, como si no entendiese por qué aquel lugar estaba tan lleno de gente.

- Por suerte, muy pocos y muy leves – le contestó ella -. La mayoría han ido pasando por aquí a lo largo de la tarde y ha bastado con algún punto y un par de cajas de tiritas.

Vio a Squall caminar hacia la salida de la cabina contigua y dirigirse a la suya. Volvió a mirar hacia la habitación de al lado, y justo detrás de donde Squall había estado pudo ver a Quistis sentada en la otra cama.

Miraba hacia Aura mientras sonreía como si tal cosa, y al cabo de un instante miró más allá de ella, hacia Seifer, y su sonrisa se suavizó un poco.

- ¿Estás mejor? - preguntó el comandante asomándose ante él, y Seifer asintió un par de veces sin dejar de mirar hacia Quistis.

Después vio que Rinoa se inclinaba un poco frente a Aura, permitiendo que Seifer pudiese ver un poco mejor a la pequeña, que también le daba la espalda mientras miraba hacia algo que sujetaba entre sus brazos. El contexto de la escena que observaba y todo su significado fue adquiriendo una forma un poco más clara mientras oía otra voz familiar en la entrada de su cabina, a la que prestó atención tan solo a medias.

- Al final no has resultado ser un fracaso total – dijo, y Seifer miró hacia el frente para ver a Shu cruzada de brazos junto a Squall, mirándolo con media sonrisa -. Nos has salvado a todos, ¿eh?

Lo miraba como cuando se burlaba de él en los exámenes que siempre suspendía, y Seifer le dedicó una sonrisa arrogante, como también hacía en aquellas ocasiones.

- ¿Esperabas menos? - dijo, mientras Squall volvía a asomarse a la entrada de la otra cabina y decía algo que no pudo oír.

Vio que prácticamente todos se giraban hacia él, y Rinoa le dedicó una sonrisa radiante mientras movía una mano como saludándolo. Luego se inclinó junto a Aura, le dijo algo, y le quitó aquel pequeño bultito de los brazos para dárselo a Quistis.

Seifer tan solo podía ver la espalda de la joven bruja mientras la instructora se movía tras ella, y oyó la voz de Irvine diciendo algo junto a Shu. Miró hacia el frente, mientras algunos iban saliendo de la enfermería, y una sensación incómoda y algo airada fue invadiéndolo a medida que se fijaba en que todo el mundo lo miraba de manera diferente.

- ¿No tenéis nada mejor que hacer? - preguntó de repente, intentando que su expresión fuese tan agresiva e imponente como solía ser, pero sintiendo que su cara iba ganando temperatura por momentos, haciéndolo sentir más ridículo que otra cosa.

Squall rio en voz baja apartándose de la entrada de la cabina, y bloqueó a Selphie con un brazo sin siquiera girarse hacia ella en cuanto la muchacha se acercó llorando a moco tendido y con los brazos extendidos, como si pretendiese abrazar a Seifer.

- Tranquilo, ya nos vamos – le dijo, mientras Selphie forcejeaba contra él e Irvine la agarraba de la cintura, intentando llevársela.

- ¡S-Seifer! - sollozaba con la cara totalmente roja y brillante - ¡Estás despierto!

Lo último que le oyó fue una especie de enhorabuena ahogado mientras la arrastraban hacia el pasillo, al mismo tiempo que Rinoa paraba ante la entrada de aquel habitáculo y le dedicaba una sonrisa cómplice.

- Es súper bonito... - susurró Aura a su lado, mirándolo también con una expresión llena de ilusión.

Seifer cogió aire, frunciendo un poco más el ceño y sin saber qué debía contestar, pero Rinoa se llevó a la pequeña sin esperar que llegase a hacerlo.

Cuando terminaron de salir todos Seifer se giró de nuevo hacia su derecha y vio que Quistis se mantenía recostada sobre varias almohadas, sujetado aquel pequeño bultito de mantas sobre su pecho, y poyando parte de su cara sobre él.

Continuaba mirándolo, aunque no podía ver si lo hacía con una expresión simplemente tranquila o indiferente.

Un instante después cogió aire poco a poco y se levantó lentamente, con cautela.

- Oye, espera – le dijo Kadowaki, volviendo a acercarse a él.

Lo sujetó de la cabeza y lo obligó a inclinarla hacia ella, observando el pequeño parche totalmente limpio y seco que había sujetado a su cabeza con un par de vueltas de una venda fina y flexible, y después volvió a mirarlo a los ojos.

- ¿Nombre completo? - le preguntó.

Seifer dejó escapar un suspiro impaciente, y contestó de mala gana.

- Seifer Almasy – dijo.

- ¿El mío? - preguntó ella de inmediato.

- Nosequé Kadowaki – dijo de mal humor.

- ¿Qué día es hoy? - preguntó a continuación.

- Viernes – titubeó él, moviendo los ojos sobre la nada -... ¿veintiséis?

- Veintisiete – lo corrigió Kadowaki –, y mi nombre de pila es Poppy, ¿Por qué no se acuerda nunca nadie?

Lo vio hacer un gesto impaciente, y apartó sus manos de su cara de malas maneras.

- Déjame en paz, estoy bien – le gruñó, y la apartó intentando no ser demasiado brusco mientras pasaba junto a ella y entraba en la cabina de Quistis.

Se quedó de pie en la puerta, mientras oía los pasos de Kadowaki alejándose de nuevo hacia su escritorio, murmurando un par de quejas y reproches, y Quistis lo observó en silencio ocultando aquella sonrisilla curiosa tras la frente de su bebé. Parecía intranquilo, como si esperase que le diese permiso para acercarse o algo así, mientras sus ojos se movían algo impacientes entre ella y cualquier cosa de las que había a su alrededor. Unos segundos después lo vio fruncir el ceño y se acercó metiendo ambas manos en los bolsillos y esquivando su mirada.

- No podías esperar, ¿verdad? - le dijo con un sonrisilla burlona y algo forzada.

Ella se irguió un poco y también sonrió, aunque poniendo cara de circunstancias, y alzó ambas cejas mientras se encogía de hombros.

- Lo hubiese intentado si hubiese podido. – le aseguró.

Seifer llenó los pulmones y después dejó escapar el aire en un suspiro sonoro y casi cansado, y se sentó en el taburete que había al lado de la cama, mirando hacia la manta de aspecto suave y fino, pudiendo entrever tan solo lo que parecía parte de un puño ridículamente pequeño.

- ¿Estás bien? - preguntó volviendo a mirar hacia ella.

Quistis asintió, y se acomodó recostándose un poco más sobre las almohadas.

- Ha sido muy rápido, en apenas cinco horas ya había terminado todo – le dijo sin entrar en demasiados detalles.

- ¿En qué mundo cinco horas es rápido? - preguntó él con una mirada escéptica, y Quistis soltó una carcajada suave e irónica.

- Pregúntale a Rinoa – le dijo.

Seifer se la quedó mirando como si no la entendiese, y ella miró a su alrededor y se encogió de hombros.

- ¿Alguna vez has visto a Rinoa usar su límite? - le preguntó simplemente – Es como si en situaciones extremas perdiese la conciencia y su poder se descontrolase un poco... Cuando Auri nació tuvieron que sedarla un par de veces y, bueno... fue complicado. Después de casi dos días estaba tan cansada que sus poderes apenas interferían, así que al final todo ocurrió de manera más o menos normal, pero necesitó semanas para recuperarse totalmente.

Seifer la miró sorprendido, intentando imaginar como debieron haber vivido semejante situación, y finalmente asintió un par de veces con al mirada perdida en sus manos, suponiendo que desde ese punto de vista cinco horas debían haberle parecido pan comido.

Durante un minuto no dijeron nada, y después él volvió a mirarla y se irguió ante ella cogiendo aire como si intentase relajarse.

- ¡Bueno! - exclamó - ¿No vas a preguntarme si quiero cogerlo?

Quistis lo miró como si no esperase aquella pregunta, y le sonrió de manera incrédula.

- ¿Quieres hacerlo?

Él se encogió de hombros, y miró de nuevo hacia la mantita como si sopesase aquella posibilidad.

- ¿No es lo que suele hacer todo el mundo? - preguntó con media sonrisa nerviosa – Además, he oído que huelen como maravillosamente bien o algo así.

Quistis dejó escapar una risilla suave recordando lo que le había dicho de Aura el día del cumpleaños de la pequeña, y después miró hacia abajo, escuchando el ruidillo suave y rítmico de la respiración del pequeño mientras lo sujetaba sobre su pecho, totalmente dormido. Se incorporó un poco, sujetándolo con una mano en la parte más alta de la espalda y la cabeza, y colocando la otra bajo su diminuto trasero, y lo acercó hacia él.

Vio a Seifer apretar un poco los labios, como concentrado, mientras lo agarraba de los costados y lo mantenía ante su cara, observando la del pequeño. Durante unos segundos Quistis no pudo ver ninguna reacción especialmente significativa en su rostro, y después lo vio fruncir algo más el ceño e inclinar la cabeza levemente hacia un lado.

- No me lo imaginaba así... - murmuró.

Miró de reojo hacia Quistis, y de nuevo hacia los rasgos de aquella pequeña carita, que no terminaban de recordarle ni a los suyos ni a los de ella.

- Me lo esperaba más arrugado – dijo arqueando una ceja -, y sin pelo.

Quistis vio que movía los ojos sobre su cabeza y el resto de su cuerpo, observándolo con detenimiento.

- Y no sé, menos – añadió un instante después -... rosita...

Kadowaki y ella misma se habían encargado de lavarlo y vestirlo después de que tanto Quistis como la doctora se hubiesen recuperado mínimamente, y varias horas después de haber nacido el aspecto del pequeño era simplemente normal y saludable. Tal vez un pelín más pequeño de lo que habría sido si hubiese esperado a la fecha que le tocaba, pero por lo demás era simplemente perfecto.

- ¿No se supone que todos los recién nacidos son más bien feuchos? - dijo Seifer mirándolo como si no terminase de entender lo que tenía entre las manos.

- Seguro que si pudiese te agradecería el cumplido – comentó Quistis con una risa suave.

Seifer vio que el bebé movía las manitas ante él de manera temblorosa y no muy coordinada, y después arrugaba la frente y la naricilla haciendo un gesto que parecía estar entre el asco y la molestia. Sin darse cuenta la expresión de su cara cambió un poco, imitando la del pequeño, y Quistis sonrió mientras lo observaba.

- Xian, es ridículamente adorable... - murmuró, y después miró a Quistis achinando los ojos como si no entendiese nada – Es como... Una vez vi un documental sobre moguritos, ¿has visto alguna vez esos bichos cuando acaban de nacer?

Volvió a mirarlo, y negó suavemente con la cabeza, mientras oía a Quistis riendo suavemente.

- Selphie nos regala calendarios con fotos de cachorritos de mogurito cada año – le dijo -. Sé a lo que te refieres.

Seifer bajó un poco las manos, relajando los hombros y mirando al pequeño aún con curiosidad.

- ¿Hasta esto tenías que hacerlo perfecto? - le preguntó a Quistis un rato después, con una sonrisa burlona y visiblemente más tranquilo.

Movió los ojos hacia ella una última vez antes de acercarse al pequeño a la cara y apoyar la nariz sobre su cabeza, y después respiró lento y profundo, como si lo olfatease. Volvió a separarse de él y le dedicó a ella una expresión no demasiado impresionada.

- No es para tanto – comentó levantando ambas cejas.

- Mentiroso... - murmuró ella frunciendo el ceño, y lo vio sonreír mientras le rehuía la mirada, como si lo hubiese pillado mintiendo.

Se volvieron a quedar en silencio durante un instante, pensativos.

- ¿Cómo tiene los ojos? - preguntó Seifer después.

- Aún no se los he visto – le contestó ella encogiéndose de hombros.

Seifer bajó de nuevo los brazos, permitiendo que los piececillos del pequeño tocasen sus rodillas, y se apartó un poco hacia atrás como si intentase observarlo con algo más de perspectiva.

- Pareces cansado, amigo – susurró en una voz suave y extraña -... Eso de nacer debe ser agotador...

Había algo tranquilizador en la manera en que hablaba, y Quistis perdió la mirada entre ambos pensando en todo lo que había pasado entre los dos.

- ¿Y nombre? ¿Tiene? - le preguntó, consciente por primera vez de que nadie se había referido hasta ese momento al pequeño de ninguna manera en concreto.

Miró hacia ella, y la vio sonreír de forma extraña.

- Volk... - le dijo.

Seifer se la quedó mirando muy serio, y la sonrisa de Quistis se ensanchó un poco más mientras se giraba y buscaba algo en los bolsillos de la ropa que había tenido puesta hasta que llegó a la enfermería y que habían dejado doblada a un lado, sobre la mesita que había al otro lado de la cama.

- En muchos sitios hay leyendas y cuentos para asustar a los niños y decirles que han de portarse bien – comentó ella con aire distraído -. Cuando me llevaron a Esthar había una vieja sirvienta que siempre me decía que si no era buena, el Volk vendría a por mí.

Sacó una tarjetita plastificada de entre su ropa, y la tendió hacia Seifer.

- Cada noche me decia: "¿Oyes eso, niña? Es el Volk, si no te portas bien se te llevará y se comerá tu corazón" - le dijo, mientras Seifer sujetaba al bebé sin darse cuenta tumbándolo sobre su brazo izquierdo para coger la tarjeta identificativa que Squall le había hecho para aquella misión en Dollet hacía meses -. Los bosques del norte de Esthar están plagados de lobos.

Seifer observó la fotografía de aquel casi desconocido, y pasó el dedo pulgar sobre el nombre que habían grabado en la parte superior.

- Así los llaman en la lengua común de aquel país – dijo Quistis, sabiendo perfectamente que él era tan consciente de aquel detalle como ella -. Cuando Selphie te preguntó por ese nombre le dijiste que Squall te lo había dado al azar, pero no fue así, ¿verdad?

Seifer volvió a mirarla muy serio, mientras comenzaba a sentirse de nuevo más nervioso e inquieto, y negó suavemente como toda contestación.

Miró de nuevo hacia el pequeño Volk, y después hacia Quistis.

- No se te escapa una... - le dijo con media sonrisa rencorosa.

Se metió la tarjeta identificativa en un bolsillo, y a continuación volvió a sujetar al bebé con cuidado ante él para echarle un último vistazo antes de devolvérselo a su madre.

- Maldito cachorrillo con suerte – le susurró -. Los hay que matarían por tener un nombre como el tuyo...

Estiró los brazos hacia Quistis, y ella sujetó a Volk con cuidado pegándolo a su pecho y rozando su frente de nuevo con los labios.

- En fin... - dijo él un instante después, y se puso de pie.

Miró a su alrededor, evitando descaradamente mirarlos a ellos, y finalmente se metió las manos en los bolsillos y frunció un poco el ceño antes de girarse de nuevo hacia Quistis con un aire tan tranquilo como fingido.

- Todo el rollo del contrato – dijo mirando hacia sus pies -... Supongo que se adelanta la fecha de finalización a hoy.

La volvió a mirar encogiéndose de hombros, y ella arqueó una ceja.

- ¿Y aquella tercera petición? - le preguntó Quistis.

Lo oyó reír en voz baja, y después negó con la cabeza suavemente.

- Ni siquiera había tercera petición, lo puse para hacerme el interesante y ponerte nerviosa – le confesó con una sonrisa arrogante.

Quistis también sonrió y negó, y después Seifer miró hacia la antesala de la enfermería y se giró una última vez antes de fruncir un poco el ceño y dar un paso hacia la salida.

- Bueno... - murmuró, y la miró de nuevo antes de susurrar algo parecido a una despedida y girarse.

- Seifer... - dijo Quistis con un tono monótono y casi aburrido, como cuando era la instructora a punto de comenzar a sermonearlo aun sabiendo que no serviría para nada.

Él se quedó parado, y se giró otra vez hacia ella con una expresión contenida.

Sabía perfectamente como acabaría todo desde hacía bastante, pero al mismo tiempo no podía evitar sentirse un poco nervioso mientras esperaba a que continuase hablando.

- Quédate... - le dijo.

Seifer la miró en silencio, y ella se movió sobre el colchón colocándose un poco más hacia su derecha y dio un par de palmaditas sobre las sábanas, a su lado. Después lo vio bajar la mirada durante un segundo, y acercarse de nuevo reprimiento una sonrisilla triunfal. Se sentó junto a ella, estirando las piernas sobre la cama.

- Esas botas... - dijo Kadosaki alzando la voz desde el otro lado de la enfermería.

Seifer la observó con cara de pocos amigos, pero movió las piernas procurando no tocar las sábanas con las botas.

Oyó a Quistis reír en voz baja a su lado, y después miró hacia sus manos mientras ella doblaba levemente las rodillas y acomodaba al pequeño Volk sobre su regazo, permitiendo que quedase cómodamente recostado ante ellos. Los dos lo miraron en silencio, y después Quistis se inclinó un poco hacia Seifer.

- Sabes lo que significa esto, ¿verdad? - le preguntó.

- Que tendremos que empezar a comprar condones... - comentó él totalmente convencido.

Quistis se giró y lo miró como si aquella broma no le hubiese hecho gracia alguna, y después dejó escapar un suspiro suave.

- Seifer, me refiero a-

- Lo sé, lo sé – la cortó él -... Significa que dejo de negar lo evidente.

No añadió nada más a esa frase, y Quistis volvió a mirarlo achinando los ojos de manera insistente, dejándole bien claro que lo mínimo que esperaba era que concretase un poco más.

Seifer se giró también hacia ella, y frunció un poco el ceño, después dejó escapar un gruñidillo malhumorado y rodó los ojos apartando la mirada de ella.

- Es tan tuyo como mío – dijo con aire convencido -... Me llamará papá, y me pasaré las noches cambiando pañales, y todo el mundo me verá dando vueltas por el Jardín con él en brazos, y Edea me mirará con cara de boba, y Squall me hablará como si de repente hubiese una especie de vínculo diferente entre ambos, y etcétera, etcétera, etcétera...

Oyó a Quistis riendo de nuevo junto a él mientras pasaba la yema del dedo índice sobre la suave pelusilla apenas visible de las cejas del pequeño, observando cada rasgo de su rostro. Volk volvió a mover los puñitos, arrugando de nuevo la frente, y Seifer sonrió pensando que aquel gesto inconforme no le era tan desconocido.

- Y tendremos que empezar a comprar condones... - murmuró Quistis.

Kadowaki levantó la cabeza hacia ellos cuando oyó la risa de Seifer al fondo de la enfermería, y después sonrió levemente mientras movía la cabeza de un lado a otro, terminando los últimos informes de las incidencias del día.


Paseaba los ojos sobre aquellos papeles mientras movía una pierna sin parar por debajo de la mesa. Eran gestos semiinconscientes y leves, como la manera en que rozaba la zona interior de sus labios con los dientes, pero delataban que estaba claramente nerviosa.

Rinoa la observó en silencio con media sonrisa mientras aquel hombrecillo terminaba de exponer sus conclusiones sobre aquella última evaluación, y cuando Cid se levantó la vio mirar hacia él, expectante.

- Vale, ¿nadie tiene nada más que añadir? - preguntó, mirando también algunos papeles que tenía frente a él, sobre aquella mesa alrededor de la cual había reunido a todos los instructores del Jardín. Nadie dijo nada, y Cid asintió una sola vez -. En ese caso seguiremos esta misma organización para el siguiente trimestre, os podéis marchar.

Quistis cogió aire lentamente, y se puso de pie recogiendo sus cosas y mirando hacia Rinoa mientras ésta hacía lo mismo.

Salieron las dos juntas de aquella sala de reuniones, y comenzaron a caminar hacia el ascensor sin decir nada, hasta que Rinoa sonrió, incapaz de no hacer aquel pequeño apunte.

- Hoy vuelve Seifer... - comentó con aire distraído.

Quistis caminaba con aparente tranquilidad a su lado, mientras recolocaba sus papeles y cosas sin prestar demasiada atención a su alrededor.

- Así es – contestó simplemente.

Rinoa la miró de reojo, sonriendo de nuevo, y las dos se pararon frente al ascensor y esperaron junto a algunos instructores más, pero algo apartadas.

- Al final ha resultado una misión más larga de lo esperado, ¿no? - preguntó Rinoa, negándose a dar por concluida la conversación.

- Sí, calculaban una semana pero surgieron complicaciones... - dijo Quistis aún sin levantar la mirada hacia ella.

Después miró hacia el frente, observando el indicador que había sobre la puerta del ascensor que iba marcando con pequeñas lucecitas la altura a la que se encontraba la cabina. Sabía perfectamente lo que intentaba Rinoa, pero estaba tan acostumbrada a ese tipo de provocaciones y comentarios que ya apenas se resistía a ellos.

- ¿Y al final cuánto ha sido? - preguntó Rinoa inclinándose un poco hacia ella mientras la observaba.

Llevaba el pelo suelto y su uniforme de SeeD, dos pequeños detalles que sabía que no pasarían desapercibidos para el ex-caballero.

- Como un mes... - murmuró, pasando una mano sobre su frente y apartando un mechón de pelo de su cara.

Tragó saliva, pensando en que Rinoa debía saber tan bien como ella que habían sido 45 días exactos. Solo de pensarlo volvió a sentir que se ponía un poco más nerviosa, y al cabo de un minuto se giró un poco hacia Rinoa y la miró frunciendo un poco el ceño.

- Desde que nació Volk nunca había pasado más de una semana fuera, ¿verdad? - le preguntó Rinoa mientras subían al ascensor junto con dos instructores más.

- Si lo que pretendes es oírme exclamar "¡Sí! ¡No puedo aguantar las ganas de verlo! ¡Lo he echado tanto de menos!" como si fuese una quinceañera, puedes esperar sentada – le dijo Quistis mirando al frente con total seriedad.

Rinoa la miró con una sonrisa un tanto maligna, y las dos salieron cuando el ascensor llegó a la planta baja. Bajaron las escaleras y se volvió a colocar junto a ella, y la continuó mirando con aquella expresión traviesa hasta que Quistis se giró levemente hacia ella.

- Deja de hacerte la dura, te he visto en esa reunión – le dijo sonriendo -... Casi tartamudeabas por los nervios, y dudo mucho que fuese por exponer tus conclusiones sobre el nuevo sistema de evaluación.

- No es verdad – dijo Quistis frunciendo el ceño a medida que se aproximaban a la entrada de la cafetería.

En cuanto pasaron bajo el marco de la entrada oyeron un gritito agudo y tremendamente familiar, y las dos dirigieron sus ojos directamente al lugar del que procedía.

Volk pataleó entre los brazos de Irvine, lloriqueando, y después abrió sus inmensos ojos verdes y se las quedó mirando un instante antes de retorcerse de nuevo.

- ¡Mami! - exclamó, y le dio un manotazo en la cara a Irvine antes de que este se quejase y lo dejase en el suelo.

El pequeño salió corriendo hacia Quistis de manera atropellada, y esta se agachó para cogerlo en brazos mientras seguía llorando.

- ¿Qué te ha pasado, cielo? - le susurró al oído, mientras se acercaban a Irvine.

El vaquero la miraba con una sonrisa incómoda y casi asustada, y justo a su lado Quistis pudo ver la inconfundible forma de Seifer sentado en una silla, con la cabeza inclinada hacia adelante y las manos ante la cara.

- ¡Quistis! - exclamó Irvine, sonriendo como si acabase de cometer algún tipo de travesura e intentase suavizar la regañina que le iba a caer.

Seifer levantó los ojos hacia ella en cuanto lo oyó pronunciar su nombre, y la instructora pudo ver que le sangraba la nariz. Frunció el ceño, y miró de uno al otro mientras acariciaba la espaldita de Volk, que seguía lloriqueando.

- Déjame adivinar – comenzó a decir con una mirada severa -... ¿Has intentado asustarlo y te ha dado un cabezazo?

Después de decir aquello apartó un poco a Volk de su cuerpo y le acarició la cabeza, comprobando que no se quejaba especialmente al hacerlo. El pequeño se frotó los ojos, sollozando, y después la miró mientras cogía aire haciendo un ruidillo entrecortado.

- Creo que está bien, pero en cuanto ha visto a Seifer sangrando ha empezado a llorar y no paraba quieto... - dijo Irvine.

- Los dos tienen la cabeza igual de dura, no te preocupes – le dijo ella sin mirarlo, y después se giró hacia Seifer -... ¿Cuántas veces voy a encontrarme con el mismo panorama?

Lo oyó soltar una sonora carcajada mientras volvía a tocarse la nariz, y después se encogió de hombros.

- Es que es tan gracioso cuando se asusta... - contestó Seifer con una sonrisa burlona.

Quistis dejó escapar un suspiro cansado, mucho más tranquila que hacía diez minutos en aquella reunión, y después miró a Volk sonriéndole y acariciando de nuevo su espalda.

- No pasa nada, ha sido sin querer – le susurró -... ¿Lo arreglamos?

Volk miraba hacia Seifer muy serio, con los labios fruncidos y una leve arruguita entre las cejas, y Quistis lo levantó de repente, haciendo que diese un pequeño saltito en sus brazos, como si intentase animarlo.

- ¿No tenías tantas ganas de verlo? - le preguntó de nuevo, sonriendo

El pequeño la miró, pensativo, y después giró de nuevo los ojos hacia su padre haciendo un gesto levísimo, como si asintiese tímidamente.

- ¿Me ayudas a arreglarlo? - le preguntó Quistis, y la siguiente vez que Volk asintió lo hizo con algo más de convencimiento.

Quistis cogió una servilleta que había sobre la mesa, junto a ellos, y después miró hacia una botella de agua que había al lado.

- ¿Esto es vuestro? - preguntó, y el vaquero asintió un par de veces.

Se acercó a Seifer y dejó a Volk para que se quedase de pie sobre sus rodillas, mientras él lo sujetaba por la cintura con una inmensa sonrisa en la cara.

- No pasa nada, cachorrillo. Ha sido sin querer... - le dijo.

Quistis le puso la servilleta sobre la cara, por debajo de la nariz, y le puso dos dedos bajo la barbilla obligándolo a mirar hacia arriba. Después tumbó la botella dejando que un hilillo de agua mojase el papel, y apoyó la mano sobre la servilleta limpiando la sangre que había resbalado sobre sus labios y hasta la barbilla.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó Squall cuando llegó con Aura.

- Lo de siempre – comentó Rinoa encogiéndose de hombros.

- ¡Hola, Seifer! - exclamó Aura junto a su padre, sonriendo.

Al oírla Volk se giró hacia ella, y aquella expresión asustada e insegura cambió nada más verla por una sonrisa radiante que contrastaba con las mejillas sonrojadas y los ojos aún llorosos.

- Hola, bolita... - contestó Seifer mientras Quistis terminaba de limpiarle la cara.

Aura se acercó a ellos y le dio un beso en la cabecita a Volk, y después un abrazo a Quistis. Le llegaba casi al pecho, y tenía el pelo casi tan largo como ella.

- ¿Cómo van las clases? - le preguntó Quistis, y ella se apartó e hizo un gesto despreocupado mientras ponía ambas manos sobre los mofletes de Volk, limpiándole las lágrimas con los pulgares.

- Bien – dijo simplemente.

- Auri, ¿vienes? - preguntó Squall tras ellos, y ella se giró y asintió antes de dirigirse junto con su padre hacia el mostrador.

Quistis los oía hablar tras ellos, comenzando a moverse para ir a por sus respectivos almuerzos, mientras miraba con una expresión algo molesta a Seifer y él le aguantaba la mirada con media sonrisa.

No sabía si estaba enfadada porque hubiese vuelto a asustar a Volk, o porque se lo hubiese encontrado de nuevo sangrando después de llevarse un buen cabezazo, o por el simple hecho de haber tardado tanto en volver de aquella misión.

Cuando oyó al resto del grupo algo más alejado, se inclinó hacia él y le pellizcó la nariz con fuerza, obligándolo a cerrar los ojos y gruñir en voz baja.

- Llevo una semana sin poder dormir nada porque Volk se despierta a cada rato llorando y preguntando dónde estás – le dijo con una voz fría y amenazadora -... Así que haz el favor de comportarte como el padre que supuestamente eres, aunque solo sea por respeto al amor incondicional que siente por ti.

Lo soltó y se apartó de él un poco, mientras lo observaba arrugar la nariz y pestañear un par de veces, después lo miró con una expresión diferente, y sujetó su cara con ambas manos antes de acercarse a él y besarlo en los labios. Se separó apenas unos centímetros después de varios segundos, mirándolo a los ojos, y Seifer le puso una mano en la nuca y la acercó de nuevo a él besándola con un poco más de impaciencia.

Sintió que algo rozaba su mejilla, y cuando miró hacia Volk este se separó de él después de haberlo besado y lo miró con una sonrisilla tímida.

- ¿Me has echado de menos? - le preguntó sonriendo levemente, mientras el pequeño lo miraba fijamente.

Quistis se separó de ellos, observándolos mientras Seifer movía los dedos tras la espalda de Volk, haciendo una especie de amago de cosquillas, y dejó escapar el aire por la nariz de manera silenciosa, apenas una risa disimulada, mientras comenzaba a girarse para ir también a pedir su almuerzo.

Al hacerlo pudo ver a Rinoa sentada junto a una mesa tras ella, con la cabeza apoyada sobre sus manos y observándolos en silencio con una sonrisa bobalicona en el rostro. Quistis frunció el ceño, y se quedó quieta ante ella durante un instante antes de desviar la mirada hacia el frente y comenzar a caminar hacia el mostrador.

- Pensaba que habías ido a por tu comida – murmuró con aire rencoroso cuando Rinoa se levantó y la alcanzó para acompañarla.

- Pues pensabas mal – le contestó Rinoa sonriendo.

Después se giró de nuevo hacia ella, mientras Quistis la veía por el rabillo del ojo, y supo exactamente lo que iba a preguntarle antes de que lo hiciese.

- Y... ¿qué se siente exactamente? - le preguntó.

Vio que Quistis la miraba por encima del hombro, y frunció los labios antes de contestar.

- ¿Cuántas veces me has hecho esta pregunta desde que nació Volk? - le preguntó.

- Me gusta ver como la respuesta va cambiando con el paso del tiempo – comentó Rinoa sonriendo -. Primero te negabas a contestarme. Te hacías la indignada por cualquier chorrada y evitabas la pregunta, hasta que un día conseguí que me confesases que no sabías qué contestar porque aún te parecía demasiado raro y nuevo e inesperado... Después llegaste a reconocer que era sorprendentemente fácil y reconfortante, y lo más bonito que te he sacado hasta la fecha ha sido que te sentías idiota por haber pensado que podrías arrepentirte de las decisiones que tomaste.

Quistis se giró cuando llegaron al mostrador y se colocaron tras el último para hacer cola, y observó a lo lejos a Seifer mientras levantaba a Volk en el aire y jugaba con él.

- Pero claro, nunca sé si hablas de Volk o de Seifer... - añadió Rinoa mirando también hacia ellos.

Quistis sonrió mientras Seifer balanceaba al pequeño en el aire y uno de los piececillos de Volk chocaba con el sombrero de Irvine, que justo acababa de sentarse a la mesa con su bandeja entre las manos, y se lo tiraban de una patada. El vaquero se giró hacia ellos, regañándoles, y Seifer y Volk empezaron a reír a carcajadas.

- Siempre hablo de los dos - dijo Quistis sonriendo.