Alex despertó a la mañana siguiente todavía aturdida por lo que pasó la noche anterior. Conoció a un chico búlgaro llamado Curio, el profesor Snape se puso celoso cuando la vio con él; normal en Hogwarts, empezar el año de una manera muy extraña; y aún no podía entender porque su profesor se puso así de extraño solo por un gesto de cariño de parte del búlgaro. A menos que... no, eso era una locura. Snape no podía estar celoso ¿o si?

-Oye ¿ya terminaste de meditar? -preguntó Xóchitl de manera sarcástica

-¿Eh? Perdón

-De verdad me cuesta creer que Snape haga que tengas un torbellino de dudas en tu cabezota

-Eso no ayuda

-Solo decía

Hermione y los chicos ya se habían bajado a desayunar; a mitad del camino al Gran Comedor vieron una fila de alumnos de Durmstrang. Pasaron junto a ellos y de pronto Alex sintió que alguien le sujetaba el brazo suavemente, se dio la vuelta y su mirada se topó con unos ojos ámbar.

-Buenos días, Alex

-Curio... Eh, buenos días ¿pusiste tu nombre en el cáliz? «Que estúpida pregunta»

Curio notó la expresión de Alex, pero decidió pasarla de largo.

-Si, aunque no estoy muy seguro de ser elegido

-¿Por qué no?

-Porque Viktor se postulo también

-¿Y luego? Eso no quita que tú también puedas hacerlo... -Alex se calló de golpe al darse cuenta de lo que hacia y se puso roja

-Gracias, eres muy linda

Alex solo pudo sonreírle tímidamente, pero todavía se sentía tonta por lo que pasó.

-Nos vemos después -dijo Curio, despidiéndose con la mano

-Si, luego nos vemos -dijo Ales, y vio al chico alejarse de ahí

«Si que es un chico muy gentil»

Pero ninguno de los dos se dio cuenta que un par de ojos negros los había estado observando todo el tiempo, claramente celoso, pero también sin querer admitirlo.

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Severus traía un humor de perros como siempre; no pudo dormir (cosa rara) porque en su cabeza no dejaba de rondar en la cabeza la imagen de Alex hablando animadamente y muy confiada con ese mocoso búlgaro. Aun no sabía porque se molestó mucho al verlos juntos, pero trataría de averiguarlo.

Al salir de las mazmorras tuvo el desagrado de ver otra vez a ese Durmstrang de pacotilla. Se ocultó detrás de la puerta que daba a las mazmorras y miraba a esos dos alternamente sin poder evitar gruñir de enojo.

Cuando vio que el mocoso de fue y dejo sola a la chica, salió de su escondite y se le acerco sigilosamente.

-¿Se le perdió algo, Macías?

-¡Profesor Snape! ¡Por favor no me llegue de sorpresa...! Por cierto, ¿nos estaba espiando a Curio y a mí?

-¿Qué? ¿Qué disparate es ese?

-Solo era una pregunta

-¡Claro que no! Y será mejor que se mueva de aquí -y dejando sola a la chica, se fue a la mesa de profesores a tratar de desayunar algo.

Todo el día los representantes de Beauxbatons, Durmstrang y Hogwarts estuvieron metiendo su nombre en el Cáliz de Fuego y esperar ansiosos a descubrir quienes serían los campeones de cada escuela.

Sin que Alex se diera cuenta, Severus estuvo casi prácticamente detrás de ella todo el santo día; lo bueno es que nadie se fijo, aunque él creía que la seguía por orden de Dumbledore en su interior sentía que era por otra cosa.

Toda la tarde no estuvo haciendo otra cosa que enojarse al ver a la chica tan feliz con ese patán extranjero; no sabía porque pero ÉL quería estar con ella, ÉL quería ser el que la hiciera reír, ÉL quería estar a su lado. Continúo espiándolos hasta que escucho la voz de Potter y la escoba con patas de la brije llamando a la latina.

-Tengo que irme Curio, pero nos veremos después en el Gran Comedor

-Está bien. Nos vemos luego -y se despidió de ella besándole la mano otra vez

Severus sentía que le palpitaba violentamente la sien y quería ahorcar a ese tonto. Por una vez se alegró de que Potter interviniera y la alejara de él. Más calmado regreso al castillo pero en el camino se encontró con el director.

-¿Actuando de manera sobreprotectora, Severus?

El profesor de pociones se ruborizo un poco y desvío su mirada.

-Yo... no... no sé de que hablas

Dumbledore lo miraba con una sonrisa inocente.

-No necesitas fingir conmigo Severus, ambos sabemos que te encariñaste con la chica

-¡No es cierto! ¡Deja de decir estupideces! -y se fue indignado hacia las mazmorras

Dumbledore lo vio alejarse, negando la cabeza con expresión divertida en su rostro.

-Sigues igual de cabeza dura refiriéndote a sus emociones, muchacho

Severus llegó a sus aposentos y comenzó a caminar de un lado a otro como león enjaulado. Tomo una botella de whisky de fuego y directamente de la botella empezó a beber para tratar de calmarse. Se estaba desesperando de la actitud que estaba teniendo últimamente. ¿Por qué rayos se ponía así por esa niña? ¿Por qué se enfadaba por verla con ese búlgaro? ¿Por qué cada vez que la ve, se pone contento y cuando descubre que la chica lo mira, su corazón da un brinco?

Tal vez era cierto lo que el viejo le decía y comenzaba a enamorarse ¡Pero que locura era esa! ¡Ella era una niña, y sobre todo su alumna! ¡Y él era un adulto y su profesor! Volvió a mover su cabeza para alejar esos pensamientos. Pero de pronto apareció en su cabeza la imagen de Alex sonriéndole dulcemente y llamándolo por su nombre.

Severus dejó la botella de whisky de fuego medio vacía, se tomó una poción para aparentar que no había estado bebiendo y salió al Gran Comedor para el banquete de Halloween y la selección de los campeones.

Al llegar al Gran Comedor, al principio se alegró de ver a Alex con sus amigos, pero de pronto sintió que la vena de su sien comenzaba a hincharse por la rabia que sentía al verla saludar animadamente al tonto búlgaro. Comenzó a comer con brusquedad y esa actitud no paso por alto para el viejo director entrometido.

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El banquete de Halloween les pareció más largo de lo normal. Y tal vez se debía porque, entre que era su segundo banquete en dos días, todos querían saber quienes serían los tres campeones. Finalmente la cena termino; el Gran Comedor se sucumbió a un silencio total y vieron que Dumbledore se ponía en pie, listo para anunciar a los campeones.

Dumbledore levantó su varita y con unos amplios movimientos apagó casi todas las velas. De pronto, las llamas del cáliz se volvieron rojas, y empezaron a salir chispas. A continuación, brotó en el aire una lengua de fuego y arrojó un trozo carbonizado de pergamino. La sala entera ahogó un grito.

Dumbledore cogió el trozo de pergamino y lo alejó tanto como le daba el brazo para poder leerlo a la luz de las llamas, que habían vuelto a adquirir un color blanco azulado.

-El campeón de Durmstrang —leyó con voz alta y clara— será Viktor Krum.

-¡Era de imaginar! —gritó Ron, al tiempo que una tormenta de aplausos y vítores inundaba el Gran Comedor. Vieron a Krum levantarse de la mesa de Slytherin y caminar hacia Dumbledore. Se volvió a la derecha, recorrió la mesa de los profesores y desapareció por la puerta hacia la sala contigua.

-¡Bravo, Viktor! —bramó Karkarov, tan fuerte que todo el mundo lo oyó incluso por encima de los aplausos—. ¡Sabía que serías tú!

Se apagaron los aplausos y los comentarios. La atención de todo el mundo volvía a recaer sobre el cáliz, cuyo fuego tardó unos pocos segundos en volverse nuevamente rojo. Las llamas arrojaron un segundo trozo de pergamino.

-La campeona de Beauxbatons —dijo Dumbledore—es ¡Fleur Delacour!

-¡Es ella, Ron! —gritó Harry, cuando la chica que parecía una veela se puso en pie elegantemente, sacudió la cabeza para retirarse hacia atrás la amplia cortina de pelo plateado, y caminó por entre las mesas de Hufflepuff y Ravenclaw.

-Intenten no babear mucho chicos -dijo Alex, burlonamente a sus amigos

-Cállate -dijo Ron, sin apartar la mirada de Fleur

-¡Miren qué decepcionados están todos! —dijo Hermione elevando la voz por encima del alboroto, y señalando con la cabeza al resto de los alumnos de Beauxbatons.

«Decepcionados» era decir muy poco, pensó Alex. Dos de las chicas que no habían resultado elegidas habían roto a llorar, y sollozaban con la cabeza escondida entre los brazos.

Cuando Fleur Delacour hubo desaparecido también por la puerta, volvió a hacerse el silencio, pero esta vez era un silencio tan tenso y lleno de emoción, que casi se palpaba. El siguiente sería el campeón de Hogwarts...

Y el cáliz de fuego volvió a tornarse rojo; saltaron chispas, la lengua de fuego se alzó, y de su punta Dumbledore retiró un nuevo pedazo de pergamino.

-El campeón de Hogwarts —anunció— es ¡Cedric Diggory!

-¡No! —dijo Ron en voz alta, pero sólo lo oyó Harry: el jaleo proveniente de la mesa de al lado era demasiado estruendoso. Todos y cada uno de los alumnos de Hufflepuff se habían puesto de repente de pie, gritando y pataleando, mientras Cedric se abría camino entre ellos, con una amplia sonrisa, y marchaba hacia la sala que había tras la mesa de los profesores. Naturalmente, los aplausos dedicados a Cedric se prolongaron tanto que Dumbledore tuvo que esperar un buen rato para poder volver a dirigirse a la concurrencia.

-¡Estupendo! —Dijo Dumbledore en voz alta y muy contento cuando se apagaron los últimos aplausos—. Bueno, ya tenemos a nuestros tres campeones. Estoy seguro de que puedo confiar en que todos ustedes, incluyendo a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, darán a sus respectivos campeones todo el apoyo que puedan. Al animarlos, todos ustedes contribuyen de forma muy significativa a...

Pero Dumbledore se calló de repente, y fue evidente para todo el mundo por qué se había interrumpido. El fuego del cáliz había vuelto a ponerse de color rojo. Otra vez lanzaba chispas. Una larga lengua de fuego se elevó de repente en el aire y arrojó otro trozo de pergamino.

Dumbledore alargó la mano y lo cogió. Lo extendió y miró el nombre que había escrito en él. Hubo una larga pausa, durante la cual Dumbledore contempló el trozo de pergamino que tenía en las manos, mientras el resto de la sala lo observaba. Finalmente, Dumbledore se aclaró la garganta y leyó en voz alta:

-Harry Potter.

Todo el Gran Comedor estaba en un incomodo silencio. Los profesores estuvieron cuchicheando hasta que Dumbledore volvió a llamar al chico; Harry estaba muy confundido y él no era el único. Hermione miraba alternamente el cáliz y a Harry, Ron estaba sumamente callado y Alex solo miraba todavía con sorpresa al cáliz.

El chico se levantó y entró a la sala donde habían ido Cedric y los demás. Después de que Harry entrara, Dumbledore envió a todos los alumnos a dormir; tanto los alumnos de Hogwarts como los de Durmstrang y Beauxbatons se mostraban indignados ante el hecho de que un chico de catorce años lograra entrar al Torneo de los Tres Magos aún con los hechizo de edad que le habían puesto al cáliz de fuego.

-¿Cómo fue que esto paso? -preguntó Hermione distraídamente a Alex-. Harry no pudo haber puesto su nombre

-Es cierto, porque para empezar siempre esta con nosotros -dijo Alex-. Además, si lo planeaba hacer (cosa que dudo mucho) nos lo habría contado antes. Tu que dices Ron... ¿Ron?

Las chicas voltearon y vieron que el pelirrojo caminaba hacia ellas con paso lento y cabizbajo. Pero Alex logró notar algo poco común en el pelirrojo; parecía confundido pero también molesto e indignado, la chica supuso que el chico estaría celoso porque Harry "había logrado" burlar al cáliz y entrar al Torneo.

-Ron, no pensaras que Harry lo hizo ¿o si? -preguntó Alex

Pero tal parecía que Ron no la escuchó.

-No puede ser... es mi mejor amigo... ¿Por qué no me lo dijo?

-Ya lo sabía... Ron -el pelirrojo levantó la mirada-. Harry no pudo haberlo hecho; porque nos lo habría contado primero pero mucho antes a ti.

-Pues como puedes ver, no lo hizo

-¡Eso no prueba que Harry de verdad lo hizo!

-¿Quién de verdad nos asegura que no salió a mitad de la noche, burló a esa copa y entró al torneo?

-Se nota que solo tienes aire en el cerebro ¡que había sortilegios de edad y Harry es todavía muy joven para romperlos!

-¡Yo no se que método utilizó! Solo se que ahora es campeón -pasó junto a las chicas, sin ni siquiera mirarlas-. Buenas Noches

Pasó por el retrato de la Dama Gorda y se perdió de vista, dejando a las chicas solas en el pasillo.

-De verdad que los chicos tienen un orgullo demasiado grande, y que es un fastidio -comentó Alex

Las chicas, al entrar a la Torre de Gryffindor, que todos sus compañeros seguían en la Sala Común al parecer para esperar a Harry. A las dos les pareció un fastidio y se fueron rápidamente hacia los dormitorios, que para suerte de ellas, estaba completamente vacío.

-¿Quién creen que haya metido el nombre de Harry en el cáliz de fuego? -preguntó Hermione

-Esa es la pregunta del millón -dijo Xóchitl-. No creo que lo hayan hecho solo como una broma, porque tendrían que haberle hecho algún encantamiento al cáliz

-Eso es cierto. Tú que opinas Alex... ¿Alex?

La chica estaba parada junto con a la ventana mirando a la nada; estaba pensando en lo que había pasado y sin poder evitarlo recordó el sueño que había tenido en el verano sobre Voldemort, Colagusano y el otro hombre; no sabía porque tenía el presentimiento de que la razón por la que Harry ahora estaba en el torneo era por culpa de esos tres.

-Oye, ¿En que tanto piensas? -preguntó Xóchitl

-¿Eh? No... en nada

-¿Segura?

-Sí

-Conste

Se estaba haciendo tarde y sus compañeras estaban comenzando a llegar al dormitorio, así que las chicas se fueron a dormir. Alex todavía no podía dejar de pensar en que Voldemort y sus compinches tenían algo que ver en esto.

Al día siguiente las cosas no mejoraron. Todos miraban a Harry con desconfianza y las chicas se llevaron la desagradable sorpresa de que Ron no le creía; Hermione le hizo ver al chico que Ron estaba celoso porque siempre él, Harry, era el centro de atención y que Ron, siempre siendo superado por sus hermanos y él siendo su mejor amigo pues nadie le hace caso a él, Ron, y que eso fue la gota que derramo el vaso.

En lugar de hacer sentir mejor a Harry, el chico se sintió peor con eso. Alex cambió el tema diciéndole a Harry que sería mejor que le escribiera a Sirius y le contara sobre el torneo pero Harry se opuso porque no quería que Sirius regresara y en un descuido lo atraparan y enviaran a Azkaban otra vez.

Y para variar, a inicio de semana las cosas se fueron poniendo de mal en peor; todos los de Hufflepuff de plano no le hablaban, los de Ravenclaw tampoco porque creían que el chico quería más fama, de los de Slytherin no podía esperarse otra cosa, y Ron todavía no le hablaba.

De por si las clases de pociones eran una tortura para los Gryffindor, pero esta fue la más sorprendente de todas porque paso algo que nunca nadie jamás se imaginarían que llegara a pasar en una clase de Snape.

Cuando, después de comer, Harry y las chicas llegaron a la puerta de la mazmorra de Snape, se encontraron a los de Slytherin que esperaban fuera, cada uno con una insignia bien grande en la pechera de la túnica. Por un momento, Harry tuvo la absurda idea de que eran insignias de la P.E.D.D.O. Luego vio que todas mostraban el mismo mensaje en caracteres luminosos rojos, que brillaban en el corredor subterráneo apenas iluminado:

Apoya a CEDRIC DIGGORY:

¡El AUTÉNTICO campeón de Hogwarts!

-¿Te gustan, Potter? —preguntó Malfoy en voz muy alta, cuando Harry se aproximó—. Y eso no es todo, ¡mira!

Apretó la insignia contra el pecho, y el mensaje desapareció para ser reemplazado por otro que emitía un resplandor verde:

POTTER APESTA

Los de Slytherin berrearon de risa. Todos apretaron su insignia hasta que el mensaje POTTER APESTA brilló intensamente por todos lados. Harry notó que se ponía rojo de furia.

-¡Ah, muy divertido! —Le dijo Hermione a Pansy Parkinson y su grupo de chicas de Slytherin, que se reían más fuerte que nadie—. Derrochan ingenio.

Ron estaba apoyado contra el muro con Dean y Seamus. No se rió, pero tampoco defendió a Harry.

-¿Quieres una, Granger? —le dijo Malfoy, ofreciéndosela—. Tengo montones. Pero con la condición de que no me toques la mano. Me la acabo de lavar y no quiero que una sangre sucia me la manche.

La ira que Harry había acumulado durante días y días pareció a punto de reventar un dique en su pecho. Antes de que se diera cuenta de lo que hacía había cogido la varita. Todos los que estaban alrededor se apartaron y retrocedieron hacia el corredor.

-¡Harry! —le advirtió Hermione.

-Déjalo, no vale la pena que le sigas el juego -dijo Alex, sujetándolo del brazo para que no hiciera alguna locura

-Vamos, Potter —lo desafió Malfoy con tranquilidad, también sacando su varita—. Ahora no tienes a Moody para que te proteja. A ver si tienes lo que hay que tener...

Se miraron a los ojos durante una fracción de segundo, y luego, exactamente al mismo tiempo, ambos atacaron:

-¡Furnunculus! —gritó Harry.

-¡Densaugeo! —gritó Malfoy.

De las varitas salieron unos chorros de luz, que chocaron en el aire y rebotaron en ángulo. El conjuro de Harry le dio a Goyle en la cara, y el de Malfoy a Hermione. Goyle chilló y se llevó las manos a la nariz, donde le brotaban en aquel momento unos forúnculos grandes y feos. Hermione se tapaba la boca con gemidos de pavor.

-¡Hermione! —Ron se acercó a ella apresuradamente, para ver qué le pasaba.

Harry se volvió y vio a Ron que le retiraba a Hermione la mano de la cara. No fue una visión agradable. Los dos incisivos superiores de Hermione, que ya de por si eran más grandes de lo normal, crecían a una velocidad alarmante. Se parecía más y más a un castor conforme los dientes alargados pasaban el labio inferior hacia la barbilla. Los notó allí, horrorizada, y lanzó un grito de terror.

-Tranquila, ya veras que pronto te repondrás -trato de animarla Alex

-¿A qué viene todo este ruido? —dijo una voz baja y apagada. Acababa de llegar Snape.

Los de Slytherin se explicaban a gritos. Snape apuntó a Malfoy con un largo dedo amarillo y le dijo:

-Explícalo tú.

-Potter me atacó, señor...

-¡Nos atacamos el uno al otro al mismo tiempo! —gritó Harry.

-... y le dio a Goyle. Mire...

Snape examinó a Goyle, cuya cara no hubiera estado fuera de lugar en un libro de setas venenosas.

-Ve a la enfermería, Goyle —indicó Snape con calma.

-¡Malfoy le dio a Hermione! —Dijo Ron—. ¡Mire!

Obligó a Hermione a que le enseñara los dientes a Snape, porque ella hacía todo lo posible para taparlos con las manos, cosa bastante difícil dado que ya le pasaban del cuello de la camisa. Pansy Parkinson y las otras chicas de Slytherin se reían en silencio con grandes aspavientos, y señalaban a Hermione desde detrás de la espalda de Snape. Al ver esto, Alex sintió el tremendo impulso de ir y darle a Parkinson un puñetazo en la cara para callarla y a sus compinches.

Snape miró a Hermione fríamente y luego dijo:

-No veo ninguna diferencia.

-¿QUÉEE? -exclamaron Alex y Xóchitl

Hermione profirió un gemido y se le empañaron los ojos. Dando media vuelta, echó a correr por el corredor hasta perderse de vista.

Tal vez fue una suerte que Harry y Ron empezaran a gritar a Snape a la vez, y también que sus voces retumbaran en el corredor de piedra, porque con el alboroto le fue imposible entender lo que le decían exactamente. Pero captó la esencia.

-Muy bien —declaró con su voz más suave—. Cincuenta puntos menos para Gryffindor, y Weasley y Potter se quedarán castigados. Ahora entren, o tendrán que quedarse castigados una semana entera.

A Harry le zumbaban los oídos. Era tal la injusticia cometida por Snape que sentía el impulso de cortarlo en mil pedazos. Todos comenzaron a adentrarse al aula pero Alex no se movía de su lugar.

-Alex, entra antes de que Snape cometa otra injusticia. Aunque de verdad no entiendo porque siempre... -pero no termino de hablar porque noto que Alex estaba algo extraña

Severus vio que todos sus alumnos entraron a excepción de Alex, sabía que la chica estaba molesta por como trató a su mejor amiga, pero no dejaría que se saltara su clase. Se le acercó y con algo de fuerza la tomó del brazo.

-¿Piensa quedarse ahí parada como idiota todo el santo día o va a entrar a...?

Pero Severus no termino la frase porque de un tirón Alex se soltó de su agarre y en toda la mazmorra se escucho el eco de un golpe. Todos los alumnos estaban realmente sorprendidos y con la boca abierta a más no poder pero más Harry, Ron y Xóchitl y era por lo que acababan de ver ¡Alex le había dado una bofetada a Severus Snape, el temido y oscuro profesor de pociones!

Severus también estaba en shock por lo que pasó; lentamente volvió la cabeza hacia Alex, quien tenía una expresión de rabia y la mano todavía levantada. Aun no decía nada pero cuando estaba por abrir la boca, Alex le ganó.

-Es suficiente

-¿Qué es lo que...?

-¡Ya es suficiente!

La chica si que estaba realmente fuera de sus casillas, estaba gritándole a Severus y él no hacía nada más que observarla al igual que sus compañeros. Nunca en la vida, alguien le había hablado de esa manera a Snape y mucho menos una alumna de Gryffindor.

-¡Estoy harta de que te comportes así solo por una vieja riña escolar! ¡Si odias al padre de Harry y a sus amigos BIEN es tu problema y el de ello PERO NO ES NECESARIO QUE TE DESQUITES CON ÉL POR UNAS MALDITAS BROMAS INFANTILES Y ESAS ESTUPIDAS RIÑAS DE LAS CASAS QUE ES SOLO UNA ESTUPIDEZ!

»¡TAMBIÉN ESTO ES UNA RIÑA ENTRE HOMBRES, NO TIENES QUE METERTE CON LAS ESTUDIANTES IGUAL POR ESO! ¡YA VA SIENDO HORA DE QUE LO SUPERES Y DEJES DE DESQUITARTE CON TODOS POR TUS TONTOS MALENTENDIDOS CON ELLOS DE UNA MALDITA VEZ!

Alex nunca se había puesto así por todas las veces que Severus se había portado injustamente con su amigo, pero al ver que se burlaba descaradamente de su mejor amiga fue la gota que derramo el vaso haciendo que se le acabara la paciencia con él. La chica terminó de gritarle al profesor y estaba respirando agitadamente; todos los alumnos seguían ahí parados sin hacer nada y Severus miraba a la chica con los ojos bien abiertos, no podía creer que esa mocosa tuviera agallas para hablarle de ese modo, pero no se iba a quedar de brazos cruzados.

Su expresión volvió a ser fría y levantó la mano con la intención de volver a tomarla del brazo, pero una mano enfundada en un guante sin dedos de color negro y al parecer deportivo lo sujeto de la muñeca.

-Tú te atreves a ponerle una mano encima... y te va a ir mal

Era la voz de esa escoba con patas, pero al girarse se sorprendió al ver que no era la loba sino a una chica con camiseta de tirantes y falda short deportiva morado, y tenis morados con negro, de cabello negro azabache lacio hasta la mitad de la espalda y ojos color dorado, pero tenía orejas y cola de lobo negro con morado.

-¿Qué, tengo monos en la cara?

-Xóchitl... lograste tener tu forma humana

Xóchitl no le hizo caso a Alex porque todavía miraba con odio a Severus. El profesor se soltó y le agarró del brazo a Alex.

-¡Oye!

-Cincuenta puntos menos a Gryffindor y esta castigada de aquí hasta Navidad. Ahora entre al salón si no quiere que la castigue de por vida.

Alex se soltó, tomó su mochila y entró ante la mirada de asombro de sus compañeros. Alex se sentó al final del salón junto a Harry. La clase dio comienzo, y Harry clavó los ojos en Snape mientras imaginaba que le sucedían cosas horribles. Si hubiera sabido cómo hacer la maldición cruciatus... Snape se habría caído de espaldas al suelo y allí se habría quedado, sacudiéndose y retorciéndose como aquella araña... pero de pronto le regresó a la mente como Alex abofeteo a Snape y una sonrisa burlona se asomo en su rostro de manera discreta.

-¡Antídotos! —dijo Snape, mirándolos a todos con sus fríos ojos negros de brillo desagradable—. Ahora deben preparar sus recetas. Quiero que las elaboren con mucho cuidado, y luego elegiremos a alguien en quien probarlas...

Los ojos de Snape se posaron en Harry, y éste comprendió lo que se avecinaba: Snape iba a envenenarlo. Harry se imaginó cogiendo el caldero, corriendo hasta el frente de la clase y volcándolo encima del grasiento pelo de Snape.

Alex no miraba a Severus, después de que logro calmarse, se dio cuenta de lo que hizo y no pudo evitar sentirse mal por eso. Comenzó a trabajar, sintió la presencia de Xóchitl junto a ella; la brije estaba admirando su cuerpo humano; al parecer el detonante para poder estar así era ayudar a su humana en cualquier momento si en su forma animal no podía hacer nada.

Llamaron a la puerta de la mazmorra, y todos voltearon a ver. Era Colin Creevey. Entró en el aula, sonrió a Harry y fue hacia la mesa de Snape.

-¿Sí? —preguntó éste escuetamente.

-Disculpe, señor. Tengo que llevar a Harry Potter arriba.

Snape apuntó su ganchuda nariz hacia Colin y clavó los ojos en él. La sonrisa de Colin desapareció.

-A Potter le queda otra hora de Pociones —contestó Snape con frialdad—. Subirá cuando la clase haya acabado.

Colin se ruborizó.

-Señor..., el señor Bagman quiere que vaya —dijo muy nervioso—. Tienen que ir todos los campeones. Creo que les quieren hacer unas fotos...

Harry hubiera dado cualquier cosa por que Colin no hubiera dicho las últimas palabras. Se arriesgó a echar una ojeada a Ron, pero éste no quitaba la vista del techo.

-Muy bien, muy bien —replicó Snape con brusquedad—. Potter, deje aquí sus cosas. Quiero que vuelva luego para probar el antídoto.

-Disculpe, señor. Tiene que llevarse sus cosas —dijo Colin—. Todos los campeones...

-¡Muy bien! —Lo cortó Snape—. ¡Potter, coja su mochila y salga de mi vista!

Harry se echó la bolsa al hombro, se levantó y se dirigió a la puerta no sin antes intercambiar una mirada con Alex y Xochitl. Al pasar por entre los pupitres de los de Slytherin, vio la inscripción «POTTER APESTA» brillando por todos lados.

Después de que Harry se fuera todos siguieron trabajando en sus pociones. Alex no se atrevía a mirar a Severus, aún se sentía muy mal por lo que le hizo, pero en parte el oscuro profesor tenía la culpa. Ya iba siendo hora de que el hombre dejara ir el pasado y se fijara en su presente y su futuro.

Se escuchaban varios susurros en el aula y no era para menos después de lo que vieron. Severus miraba con molestia a la latina, se pasó la mano sobre la mejilla golpeada, que aún le dolía, y recordó todo lo que la chica le grito hacía solo unos momentos.

«¡Estoy harta de que te comportes así solo por una vieja riña escolar! ¡Si odias al padre de Harry y a sus amigos BIEN es tu problema y el de ello PERO NO ES NECESARIO QUE TE DESQUITES CON ÉL POR UNAS MALDITAS BROMAS INFANTILES Y ESAS ESTUPIDAS RIÑAS DE LAS CASAS QUE ES SOLO UNA ESTUPIDEZ!»

Eso hizo que también recordara que, en más de una ocasión, Dumbledore le decía lo mismo... pero al menos el viejo director nunca le pegaba.

Siguió la clase con un poco de ruido y Alex se dio cuenta que tanto Malfoy como sus compañeros Slytherin la miraban con odio y eso no le sorprendió. Sonó la campaña y todos comenzaron a recoger todo; le entregaron una muestra de poción a Snape y se iban antes de que el profesor los retuviera.

Alex ya le había entregado la poción y se disponía a irse junto con Xóchitl humana, pero...

-No tan rápido, Macías. Tengo varios asuntos que discutir con usted, y de preferencia que sea a solas

-Ni creas que voy a dejarla sola para que le hagas quien sabe que...

Pero no terminó de hablar porque Alex se lo impidió tomándola del brazo. La brije humana la miro sin comprender.

-Estaré bien, ve con Harry y vayan a ver como esta Hermione, por favor

-Pero...

-Por favor, Xóchitl

La brije miro de mala gana al oscuro hombre y salió de ahí.

Profesor y alumna se quedaron solos y se podía notar la tensión que había entre ellos. Severus miraba fijamente a la chica, pero ella tenía la mirada fija en el suelo, realmente apenada; Severus comenzó a acercarse a la chica, quien al escucharlo se encogió un poco por el miedo, el profesor se detuvo al ver la reacción de la chica.

Severus se le siguió acercando y Alex seguía medio agazapada, la chica pensó que Severus le haría algo malo pero solo el profesor la tomó del mentón y levantó el rostro de la chica con delicadeza. Alex se extraño un poco ante esta actitud del hombre pero no digo nada.

Severus la soltó y se cruzó de brazos con una leve expresión de enfado.

-¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!

Alex comenzó a deshacerse en disculpas y entonces Severus no pudo evitar recordar cuando la chica, teniendo solo doce años, logró hacer una poción multijugos y —sin querer— se transformó en él y cuando él y el director la descubrieron se había puesto así, mas o menos.

-Ya fueron suficientes disculpas -dijo Severus con su voz algo enfadada

Alex no podía evitar estar todavía agazapada, pero es que nunca en su vida se había metido en problemas en la escuela y mucho menos con un profesor fuertemente estricto.

-Voy a decirle algunas cosas sobre su castigo, Macías

Alex sólo asintió.

-Contesté bien, Macías

-Sí... profesor

Severus se sorprendió al escucharla, de verdad que debía de ser la primera vez que se metía en problemas porque hasta en su voz se notaba el miedo. El hombre carraspeó y continuó hablando.

-Serán todas las semanas, incluyendo los fines de semana, después de la cena. Aquí le diré que es lo que tendrá que hacer ¿entendido?

-Si, profesor

-Bien, puede retirarse

Alex tomó su mochila y, casi corriendo de ahí que parecía como si estuviera huyendo, salió de las mazmorras.

Severus dejó escapar un suspiro de fastidio y se pasó la mano por el cabello. ¿En que rayos se había metido? De por si el anciano quería que se acercara a la chica más de lo debido y ahora tenía que cumplir esos castigos. Vaya suerte la suya.

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Alex corría sin fijarse por donde iba, lo único que quería era estar lo más lejos posible de Severus Snape. Sin siquiera saber como llegó hasta ahí, llegó hasta los baños de Myrtle La Llorona encerrándose en un cubículo y soltándose a llorar. No era por el hecho de ser castigada sino porque seguía sintiéndose mal por lo que le hizo al oscuro profesor; le dolía el hecho de que sintiera algo por él, pero le dolía más el hecho de que se atrevió a pegarle ¡y enfrente a Xóchitl y sus amigos!

-¿Quién esta ahí?

Alex reconoció la voz de Myrtle pero no quiso salir y continuó llorando.

-¿Quién esta ahí? -repitió la niña fantasma

Alex no quería que Myrtle la fastidiara, así que abrió la puerta y salió del cubículo. La fantasma no pudo contener una expresión de asombro al ver de quien se trataba.

-Alex ¿Qué tienes? ¿Qué te pasó?

La latina no pudo seguir conteniendo el llanto y arrogándose a los brazos de la fantasma —sin impórtale que estuviera fría como un glaciar— se soltó a llorar. Myrtle trataba de consolarla mientras la chica se desahogaba; estuvieron así hasta que pasó la hora de cenar y Alex tuvo que regresar a las mazmorras para comenzar con el castigo.

No vio a ninguno de sus amigos ni a Xóchitl en todo el día, pero eso no le importaba. Ya estaba por llegar al pasillo por el que se accedía a las mazmorras cuando sintió que chocaba con alguien.

-Lo siento... no me fije

-Se ve que eres una chica muy distraída

Alex levanto la mirada y se sorprendió al ver de quien se trataba.

-Cu... Curio... pero... ¿Qué haces aquí?

-Solo vine a verte

-¿En... en serio?

-Sí, y ¿A dónde vas?

-Voy a las mazmorras a... a...

-¿A ver a una amiga o a un chico?

-¡No, no es anda de eso! En realidad iba a...

-Va a cumplir con un castigo conmigo. Y si no le importa, joven, esta haciendo que la Señorita llegué tarde

Detrás de Alex apareció, de quien sabe donde, Severus. Alex brincó del susto chocando sin querer con Curio.

-¡Perdón!

-No te preocupes. ¿Vas a un castigo? Pensé que eras de esas chicas que no se meten en problemas. Aunque siempre hay una primera vez para todo...

-Si, como sea -dijo tajantemente Severus. Tomó del brazo a Alex y los dos comenzaron su camino hacia las mazmorras

-¡Nos vemos, Curio! -se despidió Alex

-¡Nos vemos! ¡Espero que termines pronto! -dijo Curio esto ultimo sonriéndole y guiñándole un ojo, provocando un leve sonrojo a la chica y un gruñido de fastidio al oscuro hombre.

Ya en los pasillos de las mazmorras, los dos anduvieron hasta el despacho del adulto en completo silencio, aunque Severus aflojó el agarre de su mano en el brazo de Alex, pero se le seguía notando el enfado por ver al búlgaro hablando con ella otra vez ¡Y sin mencionar cuando le guiñó el ojo! Alex seguía todavía sorprendida por la actitud del chico de Durmstrang hacia ella. ¿Será que Curio estaba interesado en ella? Se puso roja de sólo pensarlo y sacudió un poco su cabeza para alejar esa idea. ¿Un chico, fijándose en ella? Sí, era algo que ella siempre pensó que nunca pasaría y... y que nunca pasará. Con la suerte que tuvo con los chicos de su ciudad, pues como si fuera a pasar que llegara a tener novio.

Llegaron al despacho de Severus y el profesor cerró la puerta con brusquedad, todavía molesto. Alex volvió a agazaparse al ver que profesor estaba molesto. Severus respiró un poco para calmarse y después se volvió hacia ella.

-Bueno, Macías. Lo que va hacer es ordenar todos esos ingredientes que están en la repisa. Más de un ingrediente para algunas pociones como el Filtro de Paz, Amortentia, etc. Están ahí, quiero que los coloque juntos y en un pergamino me anoté que ingredientes eran y para que poción. ¿Entendido?

-Si, profesor

Alex se quitó la capa de la escuela quedándose únicamente con la blusa, corbata, chaleco y falda. Se acomodó la coleta de caballo, que se le estaba deshaciendo, aunque dejó sueltos algunos mechones que le enmarcaban un poco el rostro, y se puso manos a la obra. Severus se colocó en su escritorio y comenzó a corregir varios trabajos de ese día.

Ambos estuvieron trabajando en silencio, cada vez que Alex encontraba un ingrediente que no podía identificar comenzaba a tocarse el cabello y el cuello mostrando un poco de nerviosismo. Severus la miraba de vez en cuando y cuando la veía haciendo ese gesto no podía evitar pensar que se veía tierna haciéndolo... Un momento ¿Pensaba que se veía tierna haciendo eso? Sacudió su cabeza y volvió a concentrarse en su trabajo.

Eran demasiados frascos y Alex terminó todo hasta cuarto para las once; estaba acomodando los últimos ingredientes cuando por accidente se le resbaló un frasco de las manos, como el profesor Snape les había hecho un encantamiento para que cuando se cayeran por accidente no se rompiera, el frasco fue a parar hasta el escritorio del profesor, pero justamente a los pies del hombre.

Alex dejo escapar un gemido de frustración, lo bueno es que su profesor se quedó dormido, así que no tendría problema para sacar el frasco. Se acercó lo más sigilosamente que le fue posible, se hincó con cuidado y estiro el brazo poco a poco hasta que sintió el frasco rosando sus dedos.

-Ya casi... ya lo alcanzo...

Pero el profesor se movió haciendo que con una pierna el frasco se alejara más y que la otra chocara con la cara de Alex. Severus despertó sobresaltado al sentirla.

-¡Macías!

Alex se levantó tan rápido como si en el suelo hubiera un resorte y se alejó lo más que pudo del oscuro profesor completamente asustada ante su reacción.

-¡Perdón, no era mi intención! ¡El frasco se me resbaló y fue a parar a sus pies! ¡Traté de alcanzarlo pero usted se movió y ya no pude!

Severus bajó la mirada y comprobó que la chica decía la verdad. Se agachó y lo recogió. Se levantó, se acercó al estante donde debía de estar y lo dejó en su lugar.

-Tenga más cuidado la próxima vez. Si alguien hubiera entrado y la viera de esa manera, se pensaría otra cosa y los dos estaríamos en problemas

-Si... de verdad lo siento...

-Ya deje de disculpase. Ya llega a un punto en que se vuelve insoportable

Alex bajó la mirada avergonzada.

-Bueno, creo que es suficiente por hoy. La espero mañana a la misma hora

-Está bien. Nos vemos mañana, profesor

-Hasta luego

Alex ya estaba por salir pero antes de hacerlo dijo en un murmuro:

-Hasta mañana, Severus. Que descanses -y salió del despacho

Ella pensó que el hombre no la escuchó, pero mientras que Severus terminaba de recoger los papeles de su escritorio, alcanzó a escuchar lo que la chica le dijo, dejándolo sorprendido y cuando se volteo para mirarla, ella ya se había ido.

Severus seguía mirando la puerta; pensó que lo que escuchó sólo fue su imaginación, pero algo en su interior le decía que no fue así. Sonrió débilmente y dijo en un susurro:

-Descansa, Alex

Y se fue a dormir feliz y sin dejar de sonreír.