Culpable II

Jenn se despertó con el toque en la puerta y la abrió consciente de que encontraría a Lana del otro lado. Abrió la puerta bostezando y estirándose.

-Lana – dijo con una sonrisa y con los ojos achinados – Buenos días.

-Oh, la sonrisa seductora de las 8 de la mañana – se mofó graciosamente la morena y luego observó el reloj – bueno, de las 9 de la mañana – y entonces sonrió - ¿te lavas la cara y desayunas conmigo?

-Ahora mismo, ¿has dormido bien?

-Sí, venga Jenn que me voy en dos horas – le pidió Lana.

Jenn hizo una mueca de pena – no – gimió – no te vayas, por fa – le pidió a la morena.

-Oh, por favor, eres como una niña – Lana meneó la cabeza encantada – anda, cara, vestirse, desayuno – y le sonrió acomodando el cabello desalineado de Jenn – tal vez un poco de peine también, te espero en mi cuarto, nos hice subir algo rico para recuperar energías.

Lana cerró la puerta de Jenn y volvió a su habitación. Julia salía de su propio cuarto cuando ella caminaba por el pasillo.

-Buenos días, trasnochadora – la saludó - ¿qué tal lo han pasado mi hermana y tú?

-Muy bien – respondió Lana – hemos dormido poco, pero ha valido la pena, ¿vienes a desayunar con nosotras?

-No, ya he desayunado un poco más temprano – se excusó Julia – quiero aprovechar a ir de compras, recuerdos para la familia, ya sabes cómo es eso.

-Lo imagino – consintió Lana mientras sonreía – pues creo que ya no te veré, ha sido un gusto pasar un rato contigo, Julia, espero que nos volvamos a ver pronto.

-Lo mismo digo – le dio un abrazo a la morena – oye y cuida de mi hermana cuando vaya a Italia a verte – le advirtió.

-Eso dalo por hecho.

Lana regresó a su habitación, dejando la puerta sin cerrar del todo, apenas apoyada en el marco para que la rubia pudiera entrar. Suspiró sentándose en la mesa donde esperaba la primera comida del día. Había dormido porque era demasiado el cansancio acumulado. De no haberlo tenido era posible que pasará la noche en vela. Ella y Jenn parecían haber empezado a recorrer un rumbo demasiado diferente al que una vez recorrieron, diferente al de unas amigas preocupadas. Esto era otra cosa. Al menos ella cada vez estaba más segura que sentía algo distinto a una amistad. Se sentía irremediablemente atraída hacia Jennifer. Fueron sus labios los primeros en traicionar lo que todos llamarían amistad. Los besos de Jenn llegaron como una reacción a esa acción, pero de todas maneras dijeron mucho. O casi nada porque ahora sólo tenía un montón de vacilaciones.

Jennifer entró apoyándose en la puerta manteniendo su rostro somnoliento a pesar de haberse refrescado. Sonrió de medio lado al ver a la morena esperando. Llevaba una bata de seda abierta sobre el pijama de dos piezas. Lana la encontró especialmente atractiva así, pero reprimió cualquier pensamiento.

-No debo olvidarme de mi regalo – dijo Jenn señalando al Christian Clive que seguía allí desde la noche anterior.

-Puede que el servicio de habitaciones este de parabienes si lo olvidas – la morena se río apresuradamente.

-Prefiero darles una propina – Jennifer desestimó las palabras de Lana con un gesto – bien, ¿qué desayunamos?

-Por lo pronto un café – Lana sirvió una taza - ¿con leche? – preguntó y Jenn asintió – vegetal, ¿verdad? – inquirió, pero no espero respuesta, ya la sabía - ¿azúcar? – Jenn hizo un gesto de 2 con los dedos – estamos apenas comunicativa hoy, ¿no?

Jenn se río suavemente – sólo por unos segundos, luego no pararé de hablar – tomó la taza que le pasaba Lana y preguntó - ¿qué prefieres? ¿La de chocolate o la crema? – preguntó señalando las pastas que el hotel les había dejado en la mesa.

-No tengo preferencias – comentó Lana preparando su propio café.

-Entonces compartamos – cortó ambas por la mitad y dejó una parte de cada una en una plato para Lana - ¿en verdad tienes que irte? –la pregunta salió de su boca tras 3 segundos de silencio.

La morena la observó un momento – mi avión sale en dos horas – Jenn puso una mueca desencantada y Lana sonrió de medio lado – además, en poco más tú tendrás que irte a la segunda jornada de la convención y yo me habría quedado sola.

-Ya, lo sé – Jenn sonrió un segundo – sólo por eso te lo perdono y porque nos veremos en unos diez días.

Lana meneó la cabeza divertida – muchas gracias por su concesiones, Señorita Morrison – probó su café y luego observó a Jenn que estaba concentrada en el suyo – ha sido muy divertido venir a verte y hacernos pasar por unas turistas corrientes, para variar.

-Siempre somos turistas corrientes o, incluso, ciudadanas corrientes – Jenn suspiró – la pena es que la gente ya no nos ve así.

-Es el precio a pagar, a veces debemos cruzar la mitad del mundo para encontrar algo de normalidad – admitió Lana.

-Deberíamos hacer esto más seguido – le dijo Jenn.

-¿Perdernos por Alemania?

-No, perdernos juntas por cualquier sitio y pasarlo bien, aunque en Estados Unidos lo veo más complicado – estrechó la boca en una mueca de escepticismo -, pero en Italia quien sabe.

-Creo que hay aquí mucha gente que nos conoce, pero corremos con la ventaja de que es difícil que esperen encontrarnos en cualquier ciudad y, aunque lo hicieran, siempre podemos mezclarnos con el resto de los turistas o lugareños y pasar desapercibidas con unas gafas o un sombrero – Jenn comenzó a reír - ¿qué? Me dirás que alguna vez no te has disfrazado un poco para pasar desapercibida.

-Claro que si, en realidad más que disfrazarme me he "desnudado" metafóricamente hablando – aclaró – digamos que si te quitas las toneladas de maquillaje y sales al natural puede que ni pillen que eres tú – luego añadió antes de morder su croissant de chocolate – un complemento y ya, es mi manera más sencilla para abordar aviones.

-Lo podré comprobar en Italia dentro de poco – ambas sonrieron – yo suelo salir así para hacer compras en la zona donde vivimos, al fin y al cabo, allí es donde más nos conocen así que con un poco de suerte puede pasar una tarde de compras con un saldo máximo de 2 autógrafos o 1 foto con algún súper obsesivo u obsesiva que descubre a Lana detrás de las gafas y la gorra.

-Es que tu belleza es difícil de esconder, Señorita Parrilla – le respondió Jenn.

-Veo que ya estás bastante despierta, vuelves a ser la idiota aduladora de siempre – Lana se mordió el labio mientras meneaba la cabeza reprimiendo la sonrisa que nació en su rostro.

-Venga, ya me estabas echando de menos siendo bien, pero bien tonta – respondió Jenn.

Ambas siguieron desayunando y conversando sobre todas las tonterías que se les ocurriera, riendo relajadas y pasándola muy bien juntas, como siempre estos últimos tiempos. Los minutos pasaban y cuando la salida de la morena estaba al caer, la mano de Jenn caminó por la mesa y tomó la de Lana acercándola a su boca para besarla de forma suave y lenta.

La ceja de Lana sufrió un pequeño espasmo inconsciente siguiendo el vacío que sintió en su estómago con el gesto.

-Gracias, Lana – le dijo sin soltar la mano – este cumpleaños es una de las mejores memorias que puedo guardar, ha sido una maravilla que estuvieras aquí conmigo para mejorarlo tanto.

-Jenn – Lana tragó saliva serenando su voz – tú mereces eso y mucho más.

-Quisiera raptarte y no dejar que te fueras, pero por ahora me conformaré con pensar que pronto estaré contigo en Roma y Milán.

-Dos días completos con Lana Parrilla en Italia, ¿quién pudiera? – alardeó la morena con una sonrisa pícara.

-Me sigue pareciendo poco – aseguró Jenn – realmente poco.

Lana tragó saliva y suspiró. Quería preguntar, quería decir, pero todo se agolpaba en su garganta y los ojos de Jenn que estaban fijos en ella sin parpadear convertían pronunciar una palabra en una proeza. Una alarma anunció la llegada del coche que llevaría a Lana al aeropuerto y esta cuadró sus hombros poniéndose de pie.

-Hasta Italia, Jenn – le dijo y la rubia la abrazó intensamente – gracias por un fin de semana extraordinario.

Jenn sonrió y luego suspiró – gracias a ti, ya te estoy echando de menos – se separaron y Jenn la acompañó a la puerta recogiendo su regalo de camino – escríbeme estos días, por favor.

-¿Lo dudas? Lo mismo te pido – dijo Lana – te escribiré al llegar para que sepas que estoy bien.

-Creo que acabaré por escribir antes que tú, me puede la ansiedad – Jennifer se mordió el labio y ambas se quedaron quietas mirándose un momento – hasta Italia, Lana – se despidió entonces la rubia rompiendo el silencio que se había formado.

-Hasta Italia – Lana caminó al ascensor con su maleta pequeña y siguió observando a Jenn hasta que las puertas se cerraron.

La rubia suspiró y se apoyó sobre la puerta 26 mirando la nada. Cruzó el pasillo y golpeó la puerta de su hermana quién abrió al cabo de un minuto.

-Acabo de regresar de la calle, ¿ya se fue Lana? –Julia vio como Jenn entró sin hacerle ningún caso y se lanzó todo lo larga que era en su cama escondiendo el rostro entre las menos apoyadas – veo que sí.

Jenn soltó un bufido de desencanto y siguió sin responder.

-Jennifer, en dos horas debemos irnos a la segunda jornada de la convención – Julia se sentó al lado del su hermana en la cama - ¿te has duchado al menos? – Jenn negó con la cabeza – pues deberías.

-Con 10 minutos me sobra – hizo una pausa- quiero que vuelva Lana – se quejó Jenn con la voz ahogada entre las manos, casi como si fuera una niña pequeña.

-Pero si acaba de irse, harás que pierda el avión – Jenn encogió los hombros argumentando con ese gesto que no le importaba y Julia se río – además, tienes que ir a la convención.

-La convención me da igual - protestó su hermana.

-¿Sabes que hemos venido a Dortmund por la convención? Que te hayas encontrado a Lana aquí ha sucedido por esa razón, en primer lugar – Julia sonrió al ver a su hermana suspirar -, pero a ti te da igual eso, sólo quieres a tu Lana contigo.

-No es mía – fue más una queja que una afirmación.

-¿Eso es lo único que te parece mal, Jenn? – finalmente obtuvo la atención de su hermana que se giró a verla con curiosidad – te digo que es tuya y lo que dices es que no lastimoso y pesimista, ¿no ves nada extraño en tu reacción?

-¿A qué te refieres?

-¿En serio? ¿No lo notas? – Julia agitó la cabeza – que una amiga diría es "mi amiga", pero no expresaría deseos de posesividad tan espontáneos ni actuaría deprimida porque no está.

Jenn se puso de rodillas en la cama – sólo fue una respuesta tonta, Lana es una buena amiga y disfruto estar con ella – su hermana le hizo un gesto de escepticismo y Jenn resopló -, pero ¿qué quieres que te diga?

-La verdad – Julia tiró de su hermana y las dos cayeron en la cama, ante la pasividad de Jennifer se abrazó a ella - ¿cuánto hace que nos conocemos?

-Desde que naciste, idiota.

Julia se río audiblemente – vale, por tanto sabes que te conozco bastante bien por mucho que intentes ocultarte de todos.

-¿Qué tiene que ver? – preguntó con la cara contra el hombro de su hermana

-No sueles ser muy demostrativa ni detallista, solo lo has hecho pocas veces y coincidió con tus fases de enamoramiento – puntualizó la hermana de la rubia, haciendo que Jenn sacará la cabeza y la observará con el ceño fruncido.

-No me vengas con esas – replicó.

-No, tú no me vengas con esas – Julia levantó el mentón de su hermana y se miraron inquisidoramente la una a la otra – niégame que sientes algo por ella.

-Siento amistad.

-¡Jenn!

-¡Juls!

Julia la observó entrecerrando los ojos – por favor – le pidió – si no lo tienes claro admítelo, no pasa nada, pero no me niegues algo que salta a la vista.

-¿Qué salta a la vista?

-Que ustedes dos se traen algo entre manos – Jennifer comenzó a reír entre nerviosa y jocosamente – me da igual que te rías para despistar – Julia no se dejó inhibir – yo sé lo que vi, lo que noté – expuso – ambas estaban encantadas de quedarse sola y tu entusiasmo cuando llegó más tu depresión ahora terminan por ser señales bastante concretas.

-No todos los días viene una amiga a otro país a celebrar el cumpleaños con una – se excusó Jenn.

-Por eso mismo.

-¿Todo lo que argumente lo vas a usar en mi contra? – quiso saber la rubia.

-Seguramente – dijo Julia muy tranquila – Lana Parrilla se marcha de sus vacaciones por Italia solo para encontrarte a ti en otro país y cenar juntas, porque es lo que han hecho, Jenn, cenar y trasnochar – indicó con una sonrisa – tomar dos aviones y salir de la zona de confort por una cena y unas copas es más de lo que haría una amiga.

-Tampoco invite a nadie más – replicó Jennifer.

-Y eso no ayuda a tus excusas – Julia le acarició la cabeza tratando de serenarla – tampoco es que muchas amigas habrían hecho esto por ti, hermanita.

-¿Crees que no lo valgo?

-Creo que lo vales y mucho, pero todas tus amigas y amigos están demasiado ocupados, por eso te festejaron el cumpleaños antes de tiempo – la joven suspiró – Lana también lo está, pero ella tuvo el incentivo para romper sus planes y venir a pesar de ello, eso no lo hace cualquier amiga.

-Lo hace una buena amiga.

-O alguien que también se siente igual de entusiasmada y, posiblemente, tan deprimida como tú cuando no están cerca – sentenció Julia.

Jenn la observó un momento y suspiró - ¿qué quieres que te diga, Juls?

-Lo que tú quieres, Jenn, no te voy a presionar, pero soy tu hermana y te conozco mucho más de lo que crees.

Jenn la abrazó apretadamente y Julia notó que temblaba en su agarre. Para la rubia esta conversación era algo que no tenía planificado. Que su hermana cuestionará la presencia de Lana o lo que estuviera pasando entre ellas era un síntoma de que estos nuevos sentimientos que tenía por la morena se estaban haciendo más y más evidente. Ella siempre había sido tan celosa de su intimidad que esta conversación la cohibía como si estuviera ante las cámaras, pero ¡joder!, sólo era su hermana menor. Una persona en la que confiar. Ni siquiera la estaba juzgando, sólo deseaba saber.

-¡Ey! ¡Jenn! Tranquila – Julia trató de que se relajará – sólo somos tú y yo.

-Siento algo por ella, aún no estoy segura qué exactamente – hizo una pausa – no es cierto, si sé lo que es – dijo la rubia de repente – creo que me estoy enamorando de Lana.

Julia le acarició la mejilla suavemente - ¿ves? No era tan difícil después de todo, ¿verdad?

-No, pero me cuesta, me cuesta mucho admitirlo.

-¿Por qué es una mujer?

-Porque es Lana, no quiero lastimarla, quiero pensar que si algo pasará entre nosotras sería lo suficientemente fuerte para no causarle ningún dolor, ya ha sufrido demasiado.

-Jenn – Julia se sentó delante de ella – quien no arriesga, nunca gana – la rubia rodó los ojos como si el argumento no le sirviera de mucho – yo creo que ella siente algo por ti también.

-Puede ser – Jenn se cuadró de hombros – siento que estamos cerca de una forma diferente a antes de este momento.

-¿Cuándo estaban en la serie no sentías nada por ella? – quiso saber Julia.

-No lo sé, quizás ya sentía algo por ella, pero no tuve tiempo de planteármelo o de sentirlo del todo, ella se casó y yo no soportaba... - se quedó en silencio como si sopesará por fin lo que estaba diciendo – creo que ya sentía algo por ella.

-¿No soportaste que se hubiera casado? ¿Por eso rompieron el contacto? – Jenn asintió y Julia resopló – por lenta, vaya.

-¡Oye! – Jenn le dio un golpe en el brazo – yo estaba en pareja durante parte de la serie y ella ya estaba con Fred, ni siquiera era una opción real.

-Pero dejarla a un lado cuando se casó sí que era razonable, ¿no? – Julia hizo gesto de desencanto.

-Ya lo sé, ya sé que no fue nada razonable hacer eso.

-No sólo no era razonable, sino que además fue cruel e inmaduro – concluyó Julia sin dudar.

Jenn se enfurruñó consciente que Julia tenía razón -, pero ¿tú de qué lado estas? ¿De ella o del mío? Menos mal que eres mi hermana.

-Soy tu hermana, pero ella pronto será mi cuñada, soy terreno neutro.

La rubia se sonrojó de pies a cabeza – no lo sabes, ni siquiera sé se mi corresponde.

-Me duele el rostro de tanto poner cara de incredulidad, Jenn – le advirtió su hermana.

La actriz suspiró – vale, creo que ella puede sentir algo por mí también, siempre tonteamos por teléfono y coqueteamos en plan broma – y luego sonrió de medio lado – me besó.

-Perdona, ¿te planteas si te corresponde o no y resulta que ya te besó? – le preguntó su hermana con los ojos muy abiertos.

-No, bueno si, pero no – Jenn hizo un gesto señalando un punto entre su cuello y su hombro – me besó aquí, creía que estaba dormida y nada, me besó – dijo mordiéndose el labio – y ayer, estando en el bar, yo la besé a ella.

-¿La besaste?

-Aquí también – graficó Jenn mostrando el mismo sitio que antes señaló para indicar el beso de Lana.

-A ver, ¿qué les pasa?, ¿tienen las dos algún tipo de fetiche por su cuello-hombro? – preguntó Julia sonriendo.

-No – Jenn se río ante las palabras de su hermana – pasa que ayer unos tíos se nos acercaron para bailar y se pusieron un poco pesados – explicó – entonces, Lana les dijo que estábamos juntas...

-Oh, la cuñadita marcando territorio – Julia asintió divertida.

-Deja de llamarla así – se quejó Jenn con una sonrisa de oreja a oreja.

-Deja de sonrojarte y quizás no la llamé así, venga – Julia le sacó la lengua – te encanta la idea.

-Va, estoy contando una historia – Jenn tomó aire – el caso es que nos pusimos a bailar y quedamos su espalda contra mi cuerpo, fue demasiado para mí – la rubia bufó y se mordió el labio – sus curvas son una perdición – admitió haciendo que Julia pestañeará ante el letargo en el que había caído su hermana mayor hablando de Lana – me dolía en los labios tenerla tan cerca y acabé haciendo justicia – Jenn estaba en trance y arrastraba a su hermana con ella sin notarlo – rocé su piel y todo el cuerpo me estalló, no podía detenerlo, no podía – dijo – los labios me quemaban y su piel era como un remanso de agua fresca, la sostuve evitando que girará y volví a rozarlos contra su piel – Jenn bufó – la solté y se giró hacia mí, sus ojos me miraron como nunca, Julia, como nunca.

-¿Y? – preguntó Julia ansiosamente.

-Nos interrumpieron – Jenn se cuadró de hombros.

-¡No me lo puedo creer! ¡JODER! – se quejó Julia – justo en lo mejor.

-Lo sé, ni que fuera un fanfic – Jennifer se río y Julia la miró con curiosidad.

-¿Un fanfic?

-Sí, una historia sobre dos personajes...

-¡Ya sé lo que es un fanfic, Jenn! Pero ¿desde cuándo tú lees fanfics? – le preguntó Julia.

-Lana y yo llevamos un tiempo leyendo algunos de la serie.

-Oh, a que sobre sus dos personajes – Julia se río divertida – tú lees para imaginarte cosillas con Lana, ¿verdad?

-¡Cállate! – la reprendió la rubia riéndose y dándole un pellizco que acabó en una guerra de cosquillas como la que tenían cuando eran pequeñas.

Las dos terminaron desternilladas de risa y, cuando no podían más, cayeron redondas en la cama mirando el techo.

-Jenn – la voz de su hermana la sacó del ensueño – prométeme que serás valiente, te mereces vivir esto – dijo con ternura – hace mucho que no te veo tan bien, tan comprometida con algo, por eso quiero que dejes a un lado lo que te inhibe – Julia entendió el silencio de Jennifer como una autorización a continuar – si sale mal estoy segura que Lana sabrá cuidarte y seguirán siendo cercanas, pero si sale bien, que es lo que estoy segura pasará, será aún más maravilloso – hizo un pausa y agregó – se lo celosa de tu vida personal que eres, pero no hace falta que lo publiquen o lo ventilen a viva voz, basta con que puedan vivirlo – y de inmediato añadió – y se lo cuentes a tu hermanita.

-¿Sólo a ti?

-Bueno, a Danny también – respondió Julia – voy a cobrarme los 20 pavos que apostamos hace un par de años.

-¿Apostaron sobre qué? – quiso saber la rubia.

-Sobre si saldrías con una mujer o un hombre la próxima vez – dijo Julia tranquilamente.

Jenn desorbitó los ojos -¿Y desde cuando yo saldría con una mujer?

-Venga ya, Jenn – le contestó su hermana - ¿crees que tu hermano y yo no nos dimos cuenta de cómo tonteabas con aquella compañera tuya en la universidad? – le respondió con una mirada de perspicacia – o esa maquilladora con la que te llevabas "súper bien" un tiempo más tarde.

-¡Joder! Soy transparente – se quejó la rubia.

-Pero nadie como Lana, anda, prométeme que hablarás con ella, ¿sí? - le pidió – y luego me cuentas que tal son esas curvas que te tienen ten pérdida, chica lista – Jenn sintió sus mejillas en combustión y Julia se río aparatosamente – anda, ve a ducharte que nos espera un largo día.

Jenn la abrazó y se sintió aliviada de haberle confesado a su hermana como se sentía. Llegó al cuarto y escribió lo primero que le vino a la mente en el chat de Lana. Sabía que posiblemente estuviera en el avión, pero daba igual. La echaba de menos. Tomó la Tablet y buscó el fanfic que tenía pendiente de leer hacía tiempo. "Mejor con Lana", pensó cerrándola y metiéndose en la ducha.

¿Y bien? ¿Qué les ha parecido?