Acto I. Escena 3.

Expreso de Hogwarts.

La charla de su prima no hace más que incomodarlo y ponerle los nervios de punta. Albus abre la puerta de un compartimiento y ve a un chico rubio, solo. Le sonríe. Scorpius le devuelve la sonrisa, vacilante.

—Hola, ¿este compartimiento está…?

—Está libre —contesta, deprisa—, estoy solo.

—Muy bien. Pues nos quedamos aquí…un rato. Si te parece bien.

—Sí, claro. Hola.

—Albus. Al. Me llamo Albus…

—Hola, Scorpius. Quiero decir que yo me llamo Scorpius. Tú eres Albus. Yo soy Scorpius. Y…¿qué? —pregunta, formando un puchero. Tiene toda la cara roja.

Albus sostiene el brazo de su prima y la zarandea un poco.

—Me acabo de enamorar, Rose…

Oh, no, no…

—¿No lo viste? ¿No te parece que es lo más tierno del mundo? Quiero meterlo en una burbuja y cuidarlo de todo mal…

Albus, no…

—Uh, ¿quieren comer algo? —menciona Scorpius, después de carraspear para que la voz no le tiemble—. Tengo meigas fritas, chocoshocks, diablillos de pimienta, babosas de gelatina…idea de mamá, que dice que —canta esa parte— las golosinas siempre ayudan a hacer amigos —se da cuenta de que cantar ha sido un error y se cubre el rostro con las manos—. Estúpida idea, supongo.

Albus sacude a su prima con más fuerza.

—Es adorable y me ofrece golosinas, Rose, golosinas. Comida. Va a darme comida.

Rose enrojece y le atina un golpe tras otro en el brazo.

—¡Es un Malfoy, Al!

Él la ve con incredulidad, como si Rose no pudiese comprender un punto de vital importancia.

—Me va a dar comida, ¿no lo escuchaste?

—Los Potter sólo piensan con el estómago…—ella se palmea la frente repetidas veces—. Nuestros padres-

—Ah —Albus asiente cuando entiende el punto. Camina hacia Scorpius y se sienta a un lado, preguntándole cuál dulce le recomienda para empezar—. Sí, mi papá estaba enamorado de tu papá en sexto, ¿sabías? Nunca dejamos de molestarlo por-

—¡Me refiero a que eran Mortífagos, no a lo otro, Al!

¡Chicos, se están saliendo del libreto…!

Corte—