Era mi deber quedarme con España. Lo conocía de toda la vida. Vivimos juntos durante mucho tiempo. En nuestra mejor época nos repartimos el mundo él y yo. Fuimos como hermanos...así me llamaba muchas veces: hermano. Tuvimos nuestros roces, pero como todos los amigos.
No me moví de su cama durante aquellas semanas. En ausencia de los médicos le controlaba la temperatura, si pedía agua se la daba, lo ayudaba a aliviarse, abría las ventanas para que sintiera un poco de aire fresco. Creía que tenía residencias mucho mejores, pero si su deseo era descansar allí, en ese monasterio en el que una vez vivió junto con su señor...Yo no podía hacer otra cosa sino respetar sus deseos. Y esperar.
Para ayudar a que no resultara tan tensa y tan larga, me trajeron una pequeña televisión portátil. Los canales que se podían sintonizar eran todos en español, pero me vino bien para practicar un poco el idioma. España no estaba para hablar.
«Anoche conocíamos que un grupo de partidarios del One World Nation Movement agredió sexualmente a la esposa de un ministro de Colombia. Una oleada de crímenes sacude al mundo entero, a cuál más escabroso. Lo que comenzó siendo una corriente ideológica pacífica ha degenerado en una organización que ya ha sido tachada por las organizaciones internacionales como terrorista.»
«Es que ya lo vemos, se presentaron como la solución a los problemas del mundo y terminaron convirtiéndose en uno más. Han visto que los ciudadanos realmente no quieren renunciar a sus naciones y han optado por seguir la vía violenta.»
«Ellos encima tienen las narices de alegar que no les dejaron otra opción, cuando se les ofreció todas las vías posibles para expresarse. Pero es que es un tema muy complejo. Realmente las naciones no tienen tanto que ver con la política. Hablamos, por ejemplo, del caso de Alemania. En los juicios de Nuremberg pudimos oír testimonios de altos cargos que decían que había expresado su desagrado con ciertas políticas llevadas a cabo por Hitler y sus generales, pero consideraba que el pueblo alemán lo había elegido y él solo podía cumplir sus deseos. Además, le ocultaron información, sobre todo lo referente al exterminio. Y un caso más cercano que todos recordaremos, el posicionamiento de España durante la Guerra Civil. Las naciones no votan simplemente porque no pueden tomar bando. Ellos son el pueblo. Es el pueblo el que debe decidir, y ellos los que acatan. Todo lo que les cargan encima es más bien responsabilidad de los políticos y de los ciudadanos que permiten que lleguen al poder.»
«Bueno, también es comprensible que su tren de vida, en algunos casos lujoso, ha levantado muchas ampollas.»
«Tienes que tener en cuenta, Alberto, que la mayoría de ellos tienen de mil años para arriba. Casi todos han participado en guerras como cualquier otro soldado, y por eso se han llevado su parte en los botines. Ahora se dedican a la diplomacia. Incluso me atrevería a pensar que los intereses de los bancos juegan a su favor. Tampoco es que no se lo ganen. Es cierto que tienen un estilo de vida poco ortodoxo para lo que son, pero, bueno, después de pasarse toda la vida guerreando, supongo que este siglo para ellos es tan tranquilo que por fin tienen la oportunidad de disfrutar.»
«Al margen de que lo que las naciones hayan hecho o dejado de hacer, está claro que lo que ha estado haciendo el movimiento es completamente repugnante. Estamos volviendo al terrorismo como forma de presión para conseguir objetivos políticos. En Burkina Faso han sufrido esta semana su particular Miguel Ángel Blanco: el movimiento secuestró a un miembro de su gobierno y demandó su dimisión en bloque. Como ellos se negaron, ha aparecido su cadáver decapitado. Parece que se han dado cuenta de que el sentimiento de pertenencia a una cierta tierra, las costumbres, la religión y el idioma, todo eso está muy arraigado en las personas y no cambiará por muy buenos argumentos que se den. Muchos pensadores y políticos han tratado de idear un mundo sin divisiones y todos esos intentos han sido un fracaso estrepitoso. A la gente le gusta la diferencia. Ha crecido en un entorno y no quiere perderlo. Mira, yo, por ejemplo, amo Francia, ¿de acuerdo? Viví varios años en París. Pero España es mi hogar y aquí es donde quiero morir. Siento el...el...sol, el desparpajo de la gente, nuestras verbenas, los sabores de nuestra gastronomía, nuestras ganas de disfrutar la vida. Por mucho que ame Francia, no tiene comparación. Pues es eso. Es algo completamente irracional. Y no puedes luchar contra eso.»
«Me parece curioso que menciones a Miguel Ángel Blanco, Teresa, porque ciertamente lo que estamos viendo es como volver a los tiempos de ETA, y eso ha hecho que la gente salga a la calle para apoyar a España. Ciertamente los españoles no queremos volver a esos tiempos.»
«Desde luego que no. Hay que reconocer que daba gusto verlo por la calle, saludando a todo el mundo, siempre sonriendo. Nos dio un mensaje de tranquilidad la noche del 23-F, los días posteriores al once de marzo y el veintitrés de octubre, aunque estuviera herido...No es perfecto, claro que no, pero no hay duda de que este país sería mucho más triste y sombrío si no lo tuviéramos.»
«Estos días estamos viendo cómo la gente ha llenado sus estatuas y monumentos con flores y mensajes de apoyo. Ahí vemos a aquel jubilado de setenta y dos años que acampó frente al Congreso de los Diputados rodeado de la bandera de España para exigir al gobierno que no lo deje morir. Al principio estaba él solo y a día de hoy se ha convertido en una acampada comparable a la del 15-M. El mensaje está claro: podemos criticar a España, pero no nos gusta que vengan de fuera a quitarnos nuestras costumbres»
— ¿Portu?
Volví la cabeza hacia la cama. Me levanté inmediatamente y caminé hacia España.
— Dime.
— No, que...Cuando empiece El Hormiguero me avises...
Sonrió, y, aunque seguía mortalmente pálido, volvió a parecer el España que yo conocía.
