El cachorro se soltó de su pierna para correr hacia el rubio y estirar sus brazos para que este lo tomara. Yuri hizo lo que su hijo le pidió, pero sin desviar su mirada del azabache japonés— ¿Qué… por que estas aquí? —le preguntó en un tono de voz que parecía que se derrumbaría en cualquier momento, como si aguantara las ganas de llorar.

Trabajo —mintió de manera descarada, no quería que supiera que estaba ahí por él, no le daría el gusto de saber que lo buscaba porque aún lo amaba. Quería tantear el terreno antes de hacer un movimiento que lo alejara— me perdí ya que no conozco la ciudad.

Yuri lo observó un poco más, el alfa que antes pretendía al azabache se había retirado al ver que había más gente. No era anormal después de todo que los alfas arrancaran en ese sector, había vigilancia en todos lados y si alguien avisaba podían llevárselo por acoso.

Un poco tarde para salir por trabajo —le dijo acercándose un poco— él es Nikolai. Saluda, Kolya él es Yuuri —habló mientras se acercaba al japonés para presentarle a su hijo, quería que se conocieran, que se acercaran, pero no sabía si decirle o no que era suyo. Lo había ocultado por tanto tiempo que tenía miedo de que el otro se fuera ahora que lo tenía en frente, que estaban tan cerca de nuevo y su corazón latía tan fuerte como antes, porque no lo había olvidado. Porque seguía enamorado.

El azabache sonrió por la cercanía, el cachorro lo observaba con atención como si hubiera una conexión entre ellos, aunque sabía que eso era imposible— hola, Kolya ¿Cómo estás? —Preguntó tomando una de sus manitos y el pequeño dejó que lo hiciera— gracias por ayudarme antes, eres como tu mami —cuando dijo lo último pudo sentir la molestia en el rubio quien afilo de inmediato la mirada.

No es mami, es papi —dijo el pequeño pronunciando bastante bien las palabras para ser tan pequeño— papi Yuri.

Entiendo —Yuuri le habló con amabilidad, era el hijo de su alma gemela, de la persona que más amaba y que al parecer seguía soltero. Podía sentir su aroma y su confusión en él, así como la alegría de volver a verlo— vine por trabajo, pero ahora estaba dando una vuelta por los alrededores y me perdí.

bien, entonces ven conmigo y así nos ponemos al día —le dijo volteando y comenzando a caminar— no nos hemos visto en mucho tiempo.

"¿Y de quien es la culpa?" pensó el japonés en un momento, pero prefirió no decirlo y solo seguirlo, tal vez le contaría porque reacciono de tal manera, porque no confió en él para poder hablar sobre su situación porque ahora que sabía que no era Otabek el padre del cachorro, tenía que haber alguien más, alguien que lo había abandonado.

Llegaron a un edificio y subieron al quinto piso por el ascensor, en todo momento Nikolai estuvo observando a su alrededor y abrazando fuerte a Yuri cada vez que veía a alguien muy cerca de ellos. Se denotaba su naturaleza alfa, su instinto de protección hacia su familia a quien inconscientemente reconocía como "más débil" de cierta manera, por ser un omega.

El departamento de Yuri era pequeño, pero acogedor, tenía lo justo y lo necesario para ellos dos y eso alegró al japonés porque significaba que no tenía pareja o al menos una que viviera con él. Eso le daba esperanzas y era todo lo que necesitaba en ese instante.

El rubio lo hizo sentarse y trajo unos refrescos para que pudieran compartir mientras conversaban— ¿Cómo está Víctor? —preguntó directo Yuri, aunque sabía que no tenía derecho a alegar nada, su voz sonó a reproche.

¿Víctor? —Le preguntó intrigado, no sabía que tenía que ver en esta conversación— Víctor está bien, va a ser padre pronto —no pudo evitar que una sonrisa se formara en su rostro, estaba feliz de que su amigo tuviera una buena vida.

Yuuri no podía estar esperando un bebé ¿Verdad? Tenía que haber un error — ¿Tú estás…?

¿Yo estoy…? —preguntó con inocencia Yuuri hasta que entendió lo que pensaba el rubio— ¡No! ¡Por supuesto que no! —Le dijo un poco alterado— él tiene esposa, yo jamás podría interponerme entre ellos. Víctor se casó con Mila —le explicó al ver su rostro de no entender nada.

El rubio estaba intentando procesar la información y relacionarla con los sucesos de su vida, si Yuuri no se había casado con Víctor significaba que el había sido un maldito idiota todo el tiempo. El enojo consigo mismo comenzaba a aumentar ¿Qué otras cosas había tomado a mal? ¿Qué tanto daño hizo al estar cegado encerrándose en su propio dolor?... ¿Cuánto habría sufrido Yuuri?

Yo… pensé que ustedes —no podía formular la frase, pero Yuuri lo entendió y simplemente le sonrió tranquilo.

A base de eso comenzaron a conversar, en ningún momento Yuuri tocó el tema sobre quién era el padre del pequeño, solo hablaron de cómo fue su embarazo y como se sintió el cambio de casa. Así como le contó sobre su trabajo, el matrimonio de Víctor con Mila y lo bien que se llevaban ambos.

Deje de seguir a ambos por las redes cuando me cambie de ciudad —confesó, no tenía porque ocultarlo— ¿Cuánto tiempo te vas a quedar? —le preguntó curioso, quería compartir con él más tiempo, saber más del Yuuri de ahora.

Solo una semana, no puedo quedarme más tiempo —le dijo serio al verlo interesado, no podía simplemente ceder ante su impulso de ser amable. Aún se sentía herido.

Entiendo —dijo un poco desanimado, no sabía que esperaba de esto. Esta no era una película o una novela romántica donde el reencuentro era hermoso, se olvidaban del pasado y eran felices hasta el final. Había visto demasiadas cursilerías durante el embarazo y al parecer le había arruinado un poco el cerebro.

El pequeño Kolya jugaba con tranquilidad en la alfombra mientras ellos conversaban, de vez en cuando observaba a Yuuri con atención como si sintiera la conexión que ambos tenían al ser padre e hijo.

Así que un alfa ¿Es difícil lidiar con él? —preguntó el japonés observando al cachorro, era tan lindo aunque se veía más tranquilo que Yuri, suponía que debió haber sacado parte de la personalidad de su padre.

Para nada, su personalidad es muy tranquila. Solo cuando lo hacen enojar le sale lo Plisetsky a flote —le comentó divertido— usualmente es así, juega y me deja hacer el trabajo que a veces me traigo a casa.

Yuuri pensó que sería lindo quedarse en casa a criar un pequeño en vez de mantenerlo en guarderías o al cuidado de otras personas, se veía tan pequeño que si hubiera sido su padre no sabría si podría dejarlo a su suerte, aunque fuera en un jardín infantil.

La última hora se la pasaron hablando del pequeño, Yuuri tuvo que despedirse pronto ya que aún debía ver donde quedarse. No quería ir a dormir donde Phichit ya que estaba Otabek y no tenía intención de molestar en la intimidad de ellos, no sería justo. Mientras iba hacia el sector donde habían distintos hoteles, vio una tienda de artículos infantiles, no pudo evitar pasarse por ella y comprar algo para el pequeño Nikolai. Había quedado con el rubio de verlo al día siguiente después del "trabajo", sabía que mentir estaba mal, pero que otra cosa podía hacer, no quería decirle que estaba ahí por él, no quería sonar tan… arrastrado.

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La semana pasó con rapidez, todos los días se veían con el rubio y su cachorro en el parque donde se encontraron para luego ir al departamento de este y ayudarlo un poco con el cuidado del pequeño. Eran pocos días, pero sentía al cachorro como suyo de alguna manera, si por azares del destino volvían a estar juntos, Nikolai sería su hijo también y la idea le agradaba bastante.

Mañana te vas ¿Volverás nuevamente? —le preguntó mientras cenaban, ya que era el último día lo invitó a comer, se llevaban muy bien su hijo y Yuuri. Al parecer sus propios instintos les dictaban acercarse, la naturaleza era sabia y seguramente las feromonas del japonés llamaban a su cachorro sin saberlo y Kolya atendía al llamado.

Creo que sí, al parecer me asignaran más trabajo en esta área —le explicó mientras hacía un ruido de avioncito para que el pequeño comiera su comida, por alguna razón no quería comer y eso lo preocupaba— así tal vez podamos vernos más seguido.

El corazón del rubio se sobresaltó con ello, el quería verlo seguido, pero no sentía que pudiera exigir algo al japonés, menos si aún no le había dicho toda la verdad sobre el pequeño cachorro de ambos. Quería decírselo, pero las palabras no le salían, además de que el miedo a que el otro se fuera y no volviera a verlo lo llenaba por dentro.

Terminaron de comer y Yuuri lavó los platos ya que quería hacer algo también, una vez todo listo se fueron a la sala, ya se estaba haciendo tarde y Yuuri debería irse pronto. Al día siguiente no podrían verse ya que el rubio trabajaba y Kolya quedaba en la guardería, así que decidieron pasar el último momento conversando hasta que notaron que el cachorro comenzaba a tener sueño ya que bostezaba y refregaba sus ojitos.

Ven aquí, vamos a dormir —le dijo Yuri acercándose y estirando sus brazos para tomarlo.

No —dijo el menor haciendo un puchero— quiero a Yuuri —dijo apuntando al japonés. Ambos lo miraron sorprendido, pero a pesar de que el rubio era un poco estricto, no podía negar que la ternura lo invadió al ver que su hijo pedía estar con su padre.

Yuuri se levantó y fue hasta el pequeño— de acuerdo, pero debes hacer caso y dormir ¿Sí? —le dijo tomándolo en brazos y acomodándolo para que la cabeza del menor quedara sobre su hombro. Solo recibió un simple "sí" como respuesta de parte del infante. Lo llevó a su habitación y el rubio los acompaño, le enseñó donde estaban los pijamas y el japonés se ocupo de ponérselo para luego mecerlo y hacerlo dormir.

Para Yuri la escena era tan intima entre los dos que no quiso intervenir, se sentía natural como si así debieran ser las cosas, pero al parecer nunca serían porque aún no le decía la verdad al japonés.

Nikolai se durmió en sus brazos y con delicadeza lo acostó en su cama para luego ir junto al rubio quien lo veía dormir— es muy lindo —le dijo mirando a los ojos verdes del omega que tanto amaba— como tú —acortó la distancia entre ambos y aprovechó para robarle un beso. Fue correspondido por unos temblorosos labios que poco a poco fueron tomando el mando, llegando a ser el rubio quien tomó a Yuuri por la cintura intensificando el beso como si fuera una necesidad, como si lo necesitara para seguir viviendo.

Mas bien como tú —le respondió al separarse cuando sus rostros quedaron a centímetros y sus ojos se encontraban nuevamente— Yuuri, él es tu hijo. Siempre lo fue.