39. Confesiones inesperadas

Dedicado a Esal

"Te perdí la pista por un tiempo

pero he visto que vuelves a seguir la historia n.n

Me alegra que te siga intrigando y atrayéndote

lo suficiente para que permanezcas aquí.

Gracias por comentar, y por el consiguiente

apoyo que eso significa para mí ese pequeño gesto :* "


—¡Isabella Swan!

Ella alzó una de sus manos arriba mientras él la seguía mirando de una forma que asustaba.

—Lo siento. Es que como te he visto tan amistoso con ella y no has tenido nada con nadie en todo este tiempo, pues…

—¿Acaso no puedo llevarme bien con una mujer además de Rachel sin más? —replicó con enfado, sin encontrarle el humor a la anterior insinuación.

No, definitivamente, su reacción era contraria a cualquier tipo de enamoramiento.

—Sí, claro —reconoció ella, deseando acabar de explicarse—. El punto es que Lillian tiene una personalidad muy similar a la de mi madre, con la única diferencia de que ella es un poco más madura y prudente. Pero a veces siento que es igual de exaltada y entusiasta.

—¿Y?

Bella se encogió de hombros.

—Pues que creí que era fácil que llegases a sentirte atraído por ella.

Charlie tomó una respiración profunda para calmarse.

—No pretendo nada romántico con Lillian —aseguró con seriedad, a lo que su hija asintió conforme.

—Me parece bien.

—Pero ya que lo mencionas… —comentó con los ojos entrecerrados—. ¿Piensas que debería estar con alguien?

Bella se sintió en un aprieto.

—Yo… eso te lo dejo a tu criterio, papá —respondió con sinceridad—. En parte, te doy las gracias por no haberme forzado a aceptar a una mujer que me hiciese la vida imposible durante estos años, pero al final del día debo admitir que es tu vida, no la mía.

—Gracias.

—Aunque en cierta manera… —añadió pensando en Edward—, una pareja nos ayuda a sobrellevar un poco más la rutina. Si tienes dudas sobre considerarlo o no, yo no creo que te viniese mal.

Él le sonrió.

—De momento estoy bien solo.

Y a partir de esa última frase, la imagen de cierta mujer cobró vida en su mente.

—A propósito —trató de sacar a colación ella—. Había algo que tenía pendiente preguntarte desde hace un tiempo, y me olvidé de hacerlo porque luego me entretuviste con la charla con los abuelos, los preparativos para ir a verlos en año nuevo y demás…

—Habla —la animó sin problema.

—¿Desde cuándo conoces lo de Esme?

Él alzó los ojos hacia el techo.

—Pues… Carlisle me lo comentó durante la reunión de Navidad —comentó despreocupado—. Hubo un momento en que surgió el tema, y fin.

Ella siguió contemplándole fijamente.

—¿Qué?

—Oh, nada —Meneó la cabeza de un lado al otro—. Solo que tu reacción ante ese tema es la más anormal que he visto en ti.

Charlie frunció mucho el ceño, sin acabar de entenderla.

—¿A qué te refieres?

—Oh, por Dios —exclamó exaltada—. ¡Papá, tú no eres así!

—¿Y cómo soy según tú?

—¡Alguien que no se toma estos asuntos tan a la ligera! —indicó poniéndole mucho énfasis a sus palabras—. ¡Montas un drama! ¡Enredas las cosas, empiezas a criticar, a idear…! ¡Tú eres incluso más exigente contigo mismo y con los demás que yo! ¡Nunca te quedas tan calmado y así de…!

—¿Comprensivo, calmado?

—¡Sí!

Él se quedó callado, pensativo. Bueno, al menos podía decir que esa era una pose habitual en él.

—A ver, Bella —comenzó a hablar en un tono serio—. Como te decía, Carlisle y yo estuvimos hablando durante esa noche y… bueno, surgió ehm, algo a partir de que él me estuviese dando una serie de consejos… y decidió contarme lo de Esme como un modo de "ponerme a prueba" para que ambos viésemos mi reacción. ¿Puedes tú creerlo? Pero tal y como yo le demostré a él durante esa noche con claridad, te lo demuestro a ti. Soy capaz de no actuar con impulsividad, con críticas o nada parecido, ¿de acuerdo? —puntualizó muy seguro de sí mismo—. No me veas como alguien que no posee esa clase de valores cuando la situación así lo requiere.

Bella estaba perpleja.

—Es decir, ¿que Carlisle te dio unas clases de moral y por eso actúas así? ¿Para probarte que no las necesitas porque ya tenías en cuenta todos esos consejos que te dio?

Él lucía como si quisiera encontrar una salida, sin lograr visualizar ninguna.

—Yo… No. Solo te estoy demostrando que tengo esa clase de valores cuando son necesarios.

Bella continuó sin saber cómo actuar hasta que al final, elevó los brazos y los dejó caer. Al menos, pensar así le ayudaría a mejorar.

—Está… bien. Me voy a hacer mis cosas.

—Espera.

Ella se giró, notando que el tono de su padre, había cambiado otra vez.

—¿Hoy vas a salir con Edward?

—No —contestó sin mucho ánimo.

—Mejor. Recuerda, cualquier cosa que no entiendas al estudiar lo apuntas en una lista y se lo preguntas a los profesores particulares la semana que entra —le advirtió—. Los exámenes están a la vuelta de la esquina y no puedes permitirte dudar sobre nada.

—Lo tengo presente.

—No, escúchame —insistió al verla tan despreocupada—. Este es el segundo trimestre y es la última prueba que tienes para demostrar lo preparada que estás. No quiero fallos, Isabella.

Ella asintió con lentitud, tomándole la palabra.

—De acuerdo, papá.

nnn

Y ella realmente puso bastante empeño para enfocarse en estudiar y así dejar de pensar, pero no podía evitar que Edward se le fuese metiendo en la cabeza en algún que otro momento. Era un martirio probar a concentrarse en solitario, sin él o profesores particulares allí que la motivasen a permanecer centrada en su objetivo.

Bella bufó y pensó que lo mejor sería recurrir a aquello que la ayudara a hacer un mini descanso, pero que a la vez no la incentivara a extender a una hora la pausa. Y lo que sabía que cumplía esa función para ella era precisamente la poesía.

Se estiró desde la silla del escritorio para alcanzar a rebuscar entre los libros que se mantenían ordenados en la estantería blanca de la pared. De todo lo que tenía, escogió un poemario juvenil-new adult que aún no había leído. El título podía sonar algo sugerente, "Los jóvenes placeres", pero tenía unas ilustraciones hermosas tanto en la portada como en las páginas que empezó a ojear.

Acto seguido bajó de la silla giratoria con cuidado y se sentó sobre su cama con las piernas recogidas, a la vez que se fijaba en que la obra clasificaba los poemas por el género en el que se enfocaban. Bella no le dio muchas vueltas y se fue a la sección romántica. Con la falta de Edward, amor era precisamente lo que necesitaba. Y al llegar a las primeras páginas con un cuadrado rosa al margen, se fijó en un poema cuyo título era "Besos de amor".

A un lado del escrito aparecía una ilustración que retrataba a una pareja uniendo sus labios con los del otro, dibujada en finos trazos de rosa y malva. Aquello le llamó tanto la atención como lo hizo el primer verso del texto, así que pronto se animó a seguir leyendo.

"Besar sus labios es una utopía mágica.

Brindan el confort de la calma,

y la inquietud quejumbrosa de la tormenta".

Algo contrapuesto, hipnótico, sí, justo así era.

"Hechizan hasta enamorarte de su cálido aliento sobre tu piel,

Del adictivo roce de tus labios sobre los de él,

y de su boca traviesa embaucándote hasta dejarte a su merced."

Sí…

"Endulzan hasta seducirte por el sabor de su lengua,

por el rastro de sus fogosos besos que calientan,

y más cuando los sientes morar entre tus piernas…"

Bella cerró el libro enseguida.

Sentía el bombeo de su corazón en la garganta por lo agitada que llegó a ponerse; no tanto por lo sugerente de las palabras, como por la persona que tenía en su mente al imaginarlas...

Acto seguido, hizo una inspiración profunda.

Su relación todavía no se había aventurado a pisar a ese terreno, y por su parte, ya estaba plenamente satisfecha con sus sesiones románticas de besuqueos. Sin embargo, debía reconocer que durante el lapso en que se imaginó el panorama, se le hizo de todo… menos desagradable.

nnn

La mañana del lunes, Bella se levantó más temprano que de costumbre para llegar alrededor de unos veinte antes al colegio. Sonrió cuando al bajar del coche confirmó que Edward había tenido la misma idea. Él estaba esperándola recostado en el árbol que quedaba frente al portal, justo en el mismo sitio en el que la esperó al día siguiente de haberle robado su primer beso. Levantó la mirada del móvil al escuchar el coche, y le sonrió.

Bella corrió a sus brazos como si hubiese pasado una eternidad sin verlo. Y cuando estuvo lo suficientemente cerca, enganchó las piernas a su cadera para lanzarse a besarlo. Sin embargo, tratar de imitar esa escena de película casi logra llevarlos a ambos al suelo. Por suerte Edward tuvo los reflejos necesarios para evitarles la caída, quedándose arrodillado con ella en brazos.

Ambos soltaron una carcajada estruendosa como dos insensatos enamorados, aunque luego Bella se encargó de por fin juntar sus labios con frenesí, a lo que Edward le correspondió con las mismas ansias.

—Te he extrañado muchísimo —susurró ella sobre su boca. Y es que se había pasado el fin de semana rememorando el olor particular de su piel, echando en falta el calor de sus abrazos y ansiando el cariño de sus besos que conseguían hacerla sentir tan amada, cuidada y protegida.

—Y yo a ti.

Edward le dio un pequeño pico en los labios, luego otro en la punta de la nariz y los continuó repartiendo por el resto de su cara haciéndola reír como una niña pequeña, otro juego entre ellos que se había vuelto ocasional. No obstante, al darse cuenta de que otros chicos continuaban entrando al colegio y que algunos padres se les quedaban viendo de manera reprobatoria, se levantaron y optaron por caminar hacia el césped del patio que quedaba a la otra punta de donde estaban.

Un buen sitio donde encontrar al menos un poco más de privacidad.

Al llegar, Edward se sentó sobre un punto donde tocaba el sol y Bella se colocó sobre sus piernas, como algo que ya habían normalizado. Él la sujetó por la espalda y, en un acto reflejo, se la acarició con cuidado.

—¿Qué tal llevas los exámenes? —le preguntó.

Bella adoraba el que fuera así de atento con ella.

—Te diría que bien, aunque creo que he pensado mucho más en ti que en lo que estudiaba —admitió, a lo que él rio con ganas.

—¿Eso significa que te has dado un relajo durante el fin de semana?

Como si eso pudiera llegar a suceder alguna vez…

—Ja, ja, ja. —soltó Bella con sutil ironía—. Significa que he desperdiciado más horas de sueño por distraerme, genio.

Él se encogió de hombros.

—Pues a mí me ha sucedido lo mismo.

—Mentiroso —le recriminó Bella sin una pizca de duda—. Tú te concentras más que yo.

—Puede, pero sería divertido probar a tener todos los pensamientos que tú llegas a tener en un día —alegó él—. Imagina lo que a muchos les cuesta emprender o conseguir ideas para llevar al cabo un proyecto. A la larga, lo tuyo es una ventaja.

Ella podía desistir, pero prefirió dejarlo estar. Hasta que Edward no tocó su barbilla, no se dio cuenta de que había desconectado.

—¿A qué viene esa cara?

—Pues… Es que ya me estaba empezando a gustar eso de estudiar en tu casa —le confesó jugando con el botón de su camisa—. Al menos para besarte en los descansos.

Él formó una sonrisa traviesa.

—Es comprensible —reconoció—. Pero eres consciente de que lo hemos hecho durante otros días además de los sábados y de lo mucho que hemos acabado perdiendo el tiempo.

Sí. Lo que al principio les funcionó durante las fiestas poco a poco había dejado de hacerlo. Cada vez fueron alargando sus pausas, entre besos y arrumacos, y al final, habían estado de acuerdo en que lo mejor era volver a quedar solo cada 15 días con el fin de recuperar su productividad.

—Ya, bueno, al menos esos sábados podríamos probar en estudiar con uno en la sala y el otro en tu cuarto —propuso Bella—. Creo que si estamos juntos tal vez nos distraeremos menos. Al menos, sabré que te tengo al lado.

Edward desplazó las manos por su cintura hasta llegar a sus caderas.

—Como tú quieras, consentida.

Bella se derritió en cuanto él la volvió a acercar para besarla, pidiendo profundizar el beso con una agilidad que nunca antes había hecho. Sus manos también empezaron a trazar patrones irregulares por distintas partes del cuerpo del otro. Y es que poco a poco, era como si cada vez le pillasen el gusto a explorar más al otro, de aumentar las sensaciones placenteras que podían conseguir juntos y de estar más unidos… de alguna manera. Y mientras ella sentía los labios de Edward deslizarse de nuevo por su barbilla se le vinieron a la cabeza diferentes recuerdos.

"—Mi padre creía… que tú y yo…", cuando Edward y ella se quedaron hablando en la sala de su casa después de visitar a Esme.

"—¿Qué tal si os conseguís un hotel?", como dijo Tyler el pasado viernes.

Y por último… el poema del sábado.

—Edward… —llamó con una voz tímida.

—¿Qué?

Ella lo miró a los ojos.

—¿Alguna vez has pensado en el sexo conmigo?


💎Bueeeeno, la pregunta del siglo, Bella. 👀 Más directa no puede ser la chica. ¿Qué se vendrá ahora? ¿Que créeis? ¿Esto va a tener un avance lento, rápido o medio? 😏🔥 Pero lo más importante... ¿Cómo creéis que Edward reaccione? 😂😂😂

💎¿Y el trabajo de Esme? ¿Qué pensáis de su decisión respecto a su vida? Veremos más flashbacks de estos, donde se expondrán escenas y detalles importantes.

💎NOTA: Que sepáis, que el adelanto del martes lo puse por un motivo. No pongo fragmentos por poner, no, y justo ese lo vais a recordar en otro momento de la historia xD Ya lo veréis.

💎Espero que os guste el capítulo, y ahora sí, hasta la próxima semana (viernes/sábado).

Kisses! 😘😘😘