Sasuke se abrió paso a empujones entre Naruto e Inuzuka y salió de la estancia.
—Detenedle —escuchó que ordenaba
Itachi.
Naruto le persiguió pero él fue más rápido.
Bajó las escaleras y atravesó la
puerta antes de que su hermano pudiera darle alcance.
Se subió con rapidez en el
carruaje de Itachi.
Abrió bruscamente la puerta y vio a Katie dormida en uno de los
lujosos asientos.
Estaba sola y la sacudió para despertarla.
—¿Dónde está Sakura?
Katie le miró somnolienta.
—No lo sé. Pensé que estaba con usted.
A Sasuke se le aceleró el corazón.
Cerró de un portazo y se acercó al cochero que estaba apoyado en la fachada cerca de los caballos mascando tabaco.
—¿Dónde está ella? —Los caballos se removieron nerviosos al oír la voz de Sasuke.
—¿Su esposa? Le siguió, entró detrás de usted, jefe. Pensé que…
Sasuke no esperó a que terminara de explicarse.
Corrió de nuevo al interior de la casa gritando el nombre de Sakura.
Itachi le observó desde el piso superior con Inuzuka a su lado.
Dos mujeres salieron de una
habitación una planta más arriba.
—¿Dónde está ella? —les gritó.
Itachi e Inuzuka le miraron fijamente, pero una de las chicas respondió.
—No está aquí, cielo.
—¿La has visto?
—Vi que la señora Terumi se largaba por la escalera de servicio —dijo la otra joven—. Supongo que no quería toparse con el inspector.
El miedo y la ira le inundaron.
«Sakura. Tengo que encontrarla».
—¡Sasuke!
El grito de Naruto provenía del fondo de la escalera de servicio, la que
conducía a la cocina.
Sasuke bajó los escalones lo más deprisa que pudo, atravesó la silenciosa cocina y traspasó la puerta trasera.
Naruto estaba en el diminuto patio de la casa con una linterna que había cogido en la casa.
Sasuke miró fijamente lo que había captado la atención de su hermano.
Había una mancha parda en los ladrillos, brillante entre la suciedad del muro.
—Sangre —explicó Naruto en voz baja—. Y hay otra mancha en el portón.
A Sasuke se le aceleró el corazón de tal manera que pensó que se desmayaría.
Cuando Inuzuka salió a ver qué ocurría, Sasuke le atrapó por el cuello y le pegó la cara a las manchas.
—Por todos los demonios, milord —gritó el inspector.
—Encuéntrela —le ordenó Sasuke. Le sacudió con fuerza y le obligó a
incorporarse—. Usted es detective. Haga su trabajo.
Naruto abrió el portón y salió al callejón.
—Sasuke tiene razón, Inuzuka. Haga su maldito trabajo.
Sasuke notó que Itachi le ponía la mano en el hombro.
—Sasuke…
Se zafó de su hermano, incapaz de soportar su contacto.
Si Sakura hubiera muerto…
Inuzuka se apartó con rapidez.
—No le irá a dar uno de sus condenados ataques de locura,
¿verdad?
Sasuke dio la espalda a Itachi.
—No. —Atravesó el portón con rapidez y se unió a Naruto, empujando a Inuzuka con él.
—Encuéntrela.
—No soy un sabueso, milord.
—¡Guau, guau! —se burló Naruto con una sonrisa diabólica—. Buen perrito.
Sakura gritó de dolor cuando la señora Terumi la hizo caer sobre la dura madera de un banco de la iglesia.
Allí no había nadie, ni el sacristán barriendo el suelo ni el viejo vicario que había sustituido a Thomas nueve años antes.
Sakura agarró a la señora Terumi por la muñeca.
—No, no me deje.
—No sea estúpida. Alguien la encontrará.
Sakura lo esperaba con todas sus fuerzas.
—Por favor, no me deje aquí sola. Espere al vicario conmigo. Por favor. No quiero morir sola.
Ahora las lágrimas eran reales.
El dolor era más intenso y la atravesaba en oleadas.
¿Adivinaría Sasuke dónde estaba?
¿La encontraría?
A pesar de todas sus obsesivas manías, de tonto no tenía un pelo y podía solucionar peliagudos problemas matemáticos y aprenderse de memoria complejos tratados.
Pero ¿sería capaz de ensamblar todas las piezas y adivinar la respuesta a ese acertijo?
La señora Terumi hizo un sonido exasperado pero se sentó con un susurro de faldas.
Sakura se apoyó contra ella, incapaz de mantenerse derecha.
—¿Fue usted quién mató a Lily Martin? —preguntó Sakura en un susurro, demasiado entumecida para tener miedo.
Si esa mujer hubiera querido matarla, ya estaría muerta.
La señora Terumi tenía miedo y Sakura tuvo la corazonada de que ahora temía más a Itachi que a ser atrapada por el inspector Inuzuka.
Sabía que Itachi jamás le perdonaría que la dejara sola a ella, la esposa de su adorado hermano.
—Por supuesto que maté a Lily —afirmó la mujer con indiferencia—. Vio el asesinato de Sally.
—Entonces cree realmente que Itachi mató a Sally.
—Itachi estaba enfadado con Sally. Esa zorrita quería chantajearle para obtener dinero con el que poder huir de mí. Itachi me dijo que se vengaría de ella, que le haría lamentar haber intentado presionarlo.
—También usted estaba enfadada con Sally.
—Si Sally quería tanto el dinero, se lo podía haber pedido a Itachi. Pero eso no era suficiente, además quería tener poder sobre él. Como si ella pudiera controlar a alguien como él. Es un líder nato. Lo supe en el momento en que le conocí y entonces sólo tenía veinte años. —Su voz adquirió un matiz de cariño—. Era un hermoso muchacho. Tan guapo y encantador, tan inocente antes de que la gente le hiciera daño.
Sakura se encontró con la cabeza sobre el regazo de la señora Terumi, apoyada en la tela a cuadros de su manto, mirando la cara de la mujer.
Supuso que era el tartán de los Uchiha, cuadros azules y verdes con rayas blancas y rojas.
—Lo siento —susurró Sakura—. Debe de amarle mucho.
—No lo he mantenido en secreto.
—No debió de ser fácil ver cómo se casaba, ver cómo la apartaba de su vida.
Sakura pensó que no había dicho lo más adecuado, pero había perdido el control sobre sus palabras.
—Sabía que tendría que casarse algún día —explicó la mujer con voz serena—. Soy trece años mayor que él y no pertenezco a su misma clase social.
Itachi necesitaba casarse con la hija de una familia importante, alguien que fuera su anfitriona en bailes y veladas y que hechizara a sus amigos. Jamás podría llegar a ser Primer
Ministro si se atara a una mujer como yo.
—Pero muchos caballeros mantienen a sus amantes después de casarse. Por lo menos eso le gustaba decir a la señora Barrington.
—¿Quién demonios es la señora Barrington? —Sakura estaba demasiado cansada para responder y la señora Terumi continuó con su discurso—. Nadie le echaría en
cara a Itachi que tuviera una amante, ya lo sé. Pero es más que eso.
—¿Porque es su amo y señor? —Recordó las palabras de Sasuke y la curiosidad atravesó su dolor—. ¿Qué le hace él exactamente?
—Si no conoce esa vida, no lo entenderá.
—No, supongo que no. —Volvió a centrarse en el tema anterior—. No creo que Itachi la matara —dijo, alarmándose por lo débil que se había vuelto su voz—. Habría esperado a que Sasuke se marchara de allí. Pero es posible que otra persona se dejara llevar por el pánico y acuchillara a Sally.
—Alguien como yo —sugirió la señora Terumi—. Quizá la maté, sí.
Para proteger a Itachi.
Sakura cerró los ojos.
Intentó imaginar la escena.
Sasuke asomando la cabeza por la puerta entreabierta, Itachi sobre Sally con un cuchillo en la mano.
Lily Martin revoloteando por el pasillo, detrás de Sasuke.
Algo no encajaba.
Ojalá pudiera mantenerse despierta para averiguarlo…
La señora Terumi se puso en pie bruscamente, como si hubiera oído algo, pero nadie entró en la capilla.
La cabeza de Sakura rebotó contra el duro banco y apretó los dientes para contener un gemido.
—Estará bien aquí —aseguró la mujer—. Alguien la encontrará.
—No —susurró Sakura aterrada. Trató de apresar la mano de la mujer—. No me deje morir sola.
Si pudiera conseguir que la señora Terumi se quedara el tiempo suficiente para que Sasuke averiguara donde estaba y trajera al inspector, podría conseguir que fuera eximido de cualquier acusación, estaría a salvo de Inuzuka para siempre.
La señora Terumi miró a su alrededor y se estremeció como si la hubiera apresado un vendaval.
—¿Por qué debería quedarme? Si lo hago, acabarán atrapándome.
—Porque lo hizo sin querer. Pensó que Lily traicionaría a Itachi y se asustó.
La señora Terumi se mordió el labio.
—Tiene razón. Me reuní con ella para averiguar lo que sabía, y comenzó a decir que el dinero que Sasuke le daba no era suficiente. Las tijeras estaban en el costurero, al lado. Las cogí y…
Ella clavó los ojos en su mano, flexionándola en muda admiración.
—Itachila ayudará —aseguró Sakura.
—No, no lo hará. Lo he echado todo a perder. La muerte de Lily ha puesto a Inuzuka sobre la pista. Itachi jamás me perdonará.
Sakura se aferró al borde del banco, intentando no perder la consciencia.
El sueño la atraía, un dulce sueño en el que no hubiera dolor.
—¿Mató a Sally?
—Da igual, ¿verdad? Iré al cadalso por Itachi y él comprenderá cuánto le amo.
—Lily y Sally eran amantes —susurró Sakura.
Trató de recordar algo más, pero no fue capaz. Se le nubló la vista.
La señora Terumi bufó.
—Lily tenía un retrato de Sally en la salita, ¿se lo puede creer? Habiendo
pasado tantos años e incluso después de que la hubiera dejado. Me lo llevé conmigo, por supuesto. No quería que la policía relacionara las dos muertes, sin embargo lo hicieron.
—Sally y Lily —susurró Sakura.
Cerró los ojos y volvió a imaginar la escena en su mente.
Lily mirando mientras Itachi estaba con Sally, observando cómo él se iba.
Quizá pensando que Itachi ya le
había dado dinero a su amante.
Lily furiosa porque Sally la había dejado, quedándose sin ella y sin el dinero.
El cuchillo en la alfombra, junto a la cama y Lily cogiéndolo con rapidez.
Sasuke estaba en la sala cuando Itachi salió de la casa.
Lily habría visto a Sasuke en el pasillo, pensaría que sería un testigo adecuado, que imaginaría que
el crimen lo había cometido su hermano.
—Tengo que huir.
Notó que la señora Terumi metía las manos en sus bolsillos y le quitaba la bolsa con el dinero.
Luego le cogió la mano e intentó robarle el anillo de plata con un
pequeño diamante que lucía en el dedo meñique.
—Me lo llevaré. Podré venderlo cuando llegue al Continente. Y también los pendientes.
—No. —Sakura intentó cerrar el puño, pero tenía la mano helada y débil—. Es un recuerdo de mi primer marido.
—Un pequeño precio por no haberla matado.
La mujer le arrancó también los pendientes; un pinchazo que apenas le dolió.
Ino se los había regalado en París cuando ella le dijo que le gustaban.
«Quédatelos, querida —le había dicho con generosa despreocupación—. Te
quedan mejor que a mí».
La señora Terumi se incorporó.
Se la veía más vieja en esa postura.
Resultaba más joven gracias al maquillaje y la perseverancia.
Ahora parecía cansada, alguien
que se había obsesionado por algo durante demasiado tiempo.
—Amo a Itachi Uchiha —aseguró con voz aguda—. Siempre le he amado.
Me aseguraré de que esa zorrita de Sally no le arruina la vida después de tantos años, igual que me aseguré de que no lo hacía Lily.
—Quédese y explíqueme cómo —jadeó Sakura.
En un arrebato de cólera, la señora Terumi la cogió por el pelo.
Sakura gritó al notar un ardiente dolor en el costado.
—Tuvo que desenterrarlo todo, ¿verdad? Tuvo que llevar al inspector a mi casa. Es usted tan culpable como yo. —Tenía espuma en la comisura de los labios.
Sakura ya no podía seguir luchando. Su cuerpo quería descansar, detenerse.
Se moriría allí, en la pequeña iglesia de Thomas, a no más de diez metros de donde él reposaba.
Creyó escuchar el chirrido de la puerta del púlpito, y vio a Thomas, mirándola con aquella blanca sotana que ella había zurcido tantas veces.
Tenía canas en las sienes y tiernos ojos azules.
«Se valiente, mi Sakura —creyó oírle decir—. Ya casi ha acabado todo».
—Sasuke…
La señora Terumi miró a su alrededor sin soltarle el cabello.
—¿Con quién habla?
Un griterío la interrumpió, atronadoras voces masculinas, una de ellas la de Sasuke.
La señora Terumi gritó y tiró de ella para ponérsela delante como un escudo.
Sakura gimió de agonía.
Sasuke, con la cara pálida, las miró de manera salvaje, antes de lanzarse hacia la señora Terumi.
Gritaba algo, pero Sakura no lograba entenderle, no comprendía las palabras.
La otra mujer tropezó y chilló, pero a ella la sujetó él.
De repente, Sasuke estaba a su lado, sólido, cálido y real.
Intentó abrazarle, pero las
extremidades no le respondieron.
Él la alzó y la acunó contra su pecho sobre un banco de la iglesia.
Tenía los ojos muy abiertos, eran totalmente oscuros cuando la miró fijamente.
—Sasuke. —Sakura sonrió y le acarició la cara. Casi no podía creer que fuera ella la que desviara la mirada.
Por el rabillo del ojo, Sakura vio que Itachi entraba en la iglesia, seguido de Naruto e Inuzuka.
La señora Terumi se apretaba contra la pared.
—No permitiré que me cuelguen por culpa de una mujerzuela —gritó.
El cuchillo brilló entre sus manos antes de clavárselo entre los pechos.
Sakura escuchó el gemido de Itachi, vio que a la mujer le fallaban las rodillas y que se deslizaba por la pared.
La señora Terumi miró a Itachi.
—Te amo.
—No hables —pidió el duque con increíble ternura—. Iré a buscar a un médico.
Ella negó con la cabeza y sonrió débilmente.
—Ahora todo está oscuro. No puedo verte la cara —le buscó a tientas—. Itachi, abrázame.
—Aquí estoy —Itachi la apretó contra su pecho, besándola en el pelo—. Aquí estoy, cariño. No te dejaré sola.
Sasuke ni siquiera les miraba.
Tenía los ojos cerrados mientras la acunaba.
Sakura intentó decirle que sabía que la encontraría, pero la oscuridad se cernió sobre ella y no pudo mover los labios.
Se deslizó en la inconsciencia al mismo tiempo que la señora Terumi exhalaba su último aliento.
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
