"Estamos unidos por lazos de recuerdos y sangre" (B.L)
Esa mañana, tan especial, se levantó nublada pero eso no impidió que ella estuviese resplandeciente como el sol. Había llegado ese gran día que la había tenido en vilo las últimas semanas. La vi suspirar, nerviosa e indecisa, frente al espejo con su precioso vestido blanco con algunos detalles en verde y sus cabellos cortos, revueltos bajo aquella bonita y sutil corona de flores.
-¿Puedo arrepentirme aun?-Se giró hacia mí con su pregunta aterrada. Reí.
-No.-Negué divertida.-Me temo que no puedes. Todo el mundo está preparado, el banquete listo, la playa está preciosa y Roy se echaría a llorar. No creo que sea muy agradable para él que salieses corriendo.-Bromeé. Ibbya suspiró sonriendo un poquito, volviéndose hacia el espejo.
-Supongo que no.-Se alisó la falda respirando hondo.
-Aunque, si no estás segura de verdad, es el momento de decirlo. Es una de las decisiones más importantes que tomarás en la vida.-Me acerqué hasta que las dos nos miramos a los ojos a través del cristal.
-Estoy segura, de verdad. Creo que es una de mis mejores iniciativas desde que soy una mujer libre.-Se volvió ampliando su sonrisa. Yo la seguí.
-Pues adelante.-Alcé una mano hacia la puerta. Ella asintió convencida.
-Vamos allá.-Soltó un largo suspiro y comenzó a caminar.
El templo de Mendith estaba rebosante de gente que lucían sus mejores galas. Había de todo tipo; desde los estatus más altos de nuestro reino hasta algunos que otros pueblerinos de Blarem con los que nuestra familia tenía una estrecha relación. Ai aún no había aparecido por el final del pasillo pero, yo ya veía a Ace sudando y con el rostro impregnado de inquietud. Seguro que se veía completamente descolocado en aquella situación. Nunca había querido casarse y mucho menos con alguien como Ai. Sin embargo, el destino era caprichoso y maravilloso a veces para nosotros los espectadores, pensé. Sonreí jocoso, al ver como se pasaba las manos por la cara llena de nervios por novena vez mientras, las personas cuchicheaban la tardanza de la novia.
-Seguro que le ha dejado plantado…-Me susurró Luffy al oído lleno de diversión. Los dos reímos por lo bajo ante aquella idea hasta que Yuuki, nos chistó con el ceño fruncido. Regañándonos como si fuésemos unos niños descontrolados. Desde que había sido madre tenía un carácter más autoritario así que, por nuestro bien, los dos nos recolocamos recomponiéndonos de la situación.
Y entonces, justo en ese momento, las puertas del templo se abrieron dejando paso a la impresionante y excesiva pelirroja que llevaba un vestido tan pomposo y estridente que sería incapaz de describirlo a día de hoy al cien por cien. La música empezó a sonar. Todos se pusieron de pie. Ella, iba del brazo de Kid sonriendo altiva y orgullosa. Luffy y yo nos miramos sin comprender exactamente a qué venían tanto brillos y al instante, volvimos a reírnos por lo bajo. Yuuki nos regañó de nuevo. Aquella boda iba a ser realmente divertida.
No obstante, si la mirabas un poquito más de cerca, en realidad, Ai estaba realmente guapa. A su manera y siendo ella, sí, pero estaba más favorecida de lo que al principio habíamos observado de lejos.
Nada más llegar al altar, Kid le tendió su mano a Ace y este, pareció relajarse al fin. Se dedicaron una mirada llena de inquietud antes de volverse hacia el sacerdote. Oí como mi hermano le susurraba al oído lo guapa que estaba sin dejar de sonreír. Era la primera vez en mi vida que veía a Ace tan feliz.
A medida que avanzaba por el pequeño pasillo de arena de la propia playa que habían dejado los invitados, sonreía radiante e incluso soltaba alguna que otra pequeña risita de felicidad para sí misma. Aunque no estaba segura si era por todos los nervios o, por ver a su futuro marido vestido de blanco, con el pantalón remangado por debajo de las rodillas y descalzo, cuando siempre llevaba ropas oscuras y serias de Capitán. A mí también me había resultado realmente llamativa aquella apariencia tan poco formal del castaño, nada más verle.
Pero, la forma de vestir carecía de importancia cada vez que veía a Roy con la misma sonrisa cargada de expectación, esperarla allí, en medio de aquel arco de hojas verdes, improvisado, que habían elaborado para la ocasión. Vi cómo le brillaban los ojos de la propia emoción del momento y supe que nunca, jamás, volvería a verle tan feliz.
En cuanto Brook le entregó la mano de Ibbya, los dos se agarraron con fuerza soltando unos largos suspiros llenos de emotividad. Sus sonrisas se ampliaron al darse cuenta de que se habían plagiado a sí mismos el gesto. Ambos, se giraron hacia Nyon aun con los dedos entrelazados. Y antes de que la Augur empezara con la ceremonia pude oír perfectamente cómo el castaño la adulaba.
-Nunca me he sentido tan afortunado…-Susurró prácticamente solo para ella. Ibbya le miró desde abajo con su bonita sonrisa. Apretó el ramo de flores con fuerza.-Estás preciosa.-Ella se mordió el labio una vez más.
Y así, la ceremonia comenzó.
El Sacerdote del templo alzó la voz dando comienzo a los votos que ambos debían de cumplir dentro de lo estipulado por los Dioses como una auténtica boda. Pensé en la mía, y en lo diferente que había sido sin lugar a dudas. En la libertad y en la forma tan cercana que tenía Tardith de percibir a los Dioses invisibles y presentes en sus acontecimientos y no, bajo las velas de un enorme templo de piedra. Por unos segundos, deseé que Nerumi estuviese allí. Sonreí.
-Portgas D. Ace, Rey de Goa, descendiente de Monkey D. Garp, antiguo Señor de Blarem, protector de nuestras tierras y de nuestras gentes; ante todos los testigos aquí reunidos y ante Mendith, Madre de todos, ¿aceptáis recibir en matrimonio a Ai Sakazuki, como legítima esposa para amarla y protegerla hasta que la muerte os separe?-Pronunció solmene y serio. Vi a Ace respirar hondo antes de responder.
-Sí, acepto.-Asintió. La miró unos segundos dedicándole una pequeña sonrisa antes de volver sus ojos al frente.
-Y tú Ai Sakazuki, ¿tomas a este hombre, Portgas D. Ace, bajo la mirada de Mendith para amarlo y protegerlo, siéndole fiel cada momento de tu vida así como para respetarle y aconsejarle como futura reina de Ávalon hasta que la muerte os separe?
-Lo tomo.-Soltó firmemente convencida de sus palabras. Sus ojos se encontraron de nuevo felices y mucho más relajados que segundos antes. Parecía que los dos estaban allí, siendo libres y sin ningún tipo de obligación. Eso era, a pesar de la pomposidad, lo mejor de toda aquella ceremonia.
Nyon alzó la voz ante los presentes que parecían contener la emoción del momento.
-Y ahora, compartamos los bienes que nos han regalado los Dioses para que el sino que construyan estos futuros esposos sea próspero y dichoso.
Ibbya soltó el ramo de flores cuando Nyon le tendió un poco de arena de la propia playa.
-Compartiremos la tierra de la que hemos nacido y a la que los Dioses nos devolverán como símbolo de eternidad, del calor del hogar,-Ibbya le tendió la arena a Roy quién la acogió entre sus manos con cuidado,-y del mundo que recorreréis a los largo de vuestra vida.-Después, la anciana le dio a Ibbya una pequeña copa con agua. Bebió y a continuación el castaño hizo exactamente lo mismo.-Compartiremos el agua como símbolo de vida y renacimiento, de todo lo que crece a nuestro alrededor, de la fertilidad. Y, por último,-le dio a Ibbya un puñal que luego se lo pasó a Roy,-aceptad este puñal como símbolo de protección mutua tanto en la prosperidad como en las dificultades que se os presenten. Y ahora los anillos.-Sonrió.
Una vez hechos todos aquellos rituales tan tradicionales, la Augur les tendió a cada uno las alianzas. Él cogió la que iba destinada a ella, le alzó la mano y le fue colocando el precioso aro dorado.
-Roy, juras ante los Dioses, ¿qué quieres desposar a esta mujer libremente?
-Lo juro y lo prometo.-Susurró.-Con los Dioses como testigos fieles de esta unión.-Los ojos de Ibbya se perlaron, emocionados.-Mendith siempre me dijo que nuestro destino era estar juntos más allá de la eternidad. Creo que, nunca ha estado más acertada.-Sonrió.-No importa la distancia, ni las guerras, ni siquiera la muerte cuando sé que siempre estaremos unidos por lazos de recuerdos y sangre. Contigo a mi lado, nunca más,-le alzó la mano y le besó los nudillos,-le tendré miedo a nada. Te amo con cada uno de los detalles que eso implica. Mi corazón, mi vida, mi mundo, mis promesas, son tuyas para siempre, mi amor.
-Ibbya,-la voz de Nyon regresó al frente de la ceremonia. Le dio el anillo y ella se lo colocó a Roy sin dejar de mirarle a los ojos de aquella forma tan especial,-juras ante los Dioses, ¿qué quieres desposar a este hombre libremente?
-Sí…lo juro…-Respiró hondo antes de seguir hablando.-Como mujer libre que puede coger las riendas de su propio destino, acepto compartir contigo mi vida, mi alma, mis anhelos. Eres la persona, indicada, no he estado más segura de nada en mi vida. Te amo, Roy. Y siempre lo haré, no me cabe ninguna duda.-Apretó el agarre sobre su mano. Él amplió la línea curva de sus labios. Nunca había visto a dos personas mirarse de aquella forma tan profunda y simbólica. Y supe en ese instante, que para ella, él era el último hombre y para él, ella era la única mujer. Por un momento, pensé en Sabo y rocé sutilmente el anillo que me había regalado y que custodiaba el dedo anular de mi mano derecha. Hacían ya muchos meses que no le veía. El tiempo pasaba volando pero aun así, no podía evitar echarle muchísimo de menos cada día.
Me mordí el labio y entonces, sentí una mano apoyarse sobre mi hombro.
-Mi señora, ¿estáis bien?- Bonney me miró sonriente. Asentí controlando un poco mis emociones pensando en que, mientras más días pasaran antes podría reencontrarme con él. Esperaba, realmente, que hubiese podido solucionar ese problema que suponía para su posición, nuestro matrimonio. Aunque le había dicho lo contrario en su momento, llevar un amor a escondidas eternamente sería como una condena. Y por supuesto, otro inconveniente sería ocultar cualquier rastro de descendencia. Así que deseaba, de corazón, que hubiese podido resolver ese pequeño conflicto de intereses.
Con las alianzas bendecidas y colocadas en cada dedo, la ceremonia parecía llegar a su fin. Sin embargo, aún no me había dado cuenta de que no acabaríamos tan rápidamente. La boda de Ace, era ahora, una boda real y todavía quedaba el juramento de la nueva reina ante los Dioses y el pueblo sobre su nueva posición. Suspiré rendido. Estaba desando salir de aquel dichoso templo, ahogado de gente, para poder disfrutar de una buena copa de vino.
-Que estos anillos sean el símbolo eterno de que estáis unidos, ante los Dioses y ante los ojos de todos los presentes, en sagrado matrimonio.-Asintió cerrando un enorme libro que tenía sobre la mesa. Di un pequeño botecito solo del golpe, a mi lado Luffy se rió por lo bajo, de mi persona. Sonreí divertido.-Y ahora, coronaremos a la nueva reina.-Un lacayo se acercó obediente con una impresionante y rococó caja roja de ribetes dorados. Era tremendamente hortera, pensé riéndome para mí. El hombre la abrió y sacó una preciosísima tiara de brillantes con alguna que otra piedra preciosa incrustada en ella. Se acercó a Ai y la invitó a que se pusiese de rodillas. El sacerdote alzó la tiara antes de colocársela sobre la cabeza.-Ai Sakazuki, esposa del rey de Ávalon, juras proteger la integridad del reino, cuidar de todos sus vasallos independientemente de su clase social, ser respetuosa, humilde y mantener una conducta y una actitud intachable y recta como mujer, esposa y madre para dar ejemplo a nuestro pueblo.
-Acepto y lo juro ante los Dioses.-Asintió bajando un poco la cabeza. El sacerdote le colocó la tiara y después hizo uno de esos gestos religiosos con la mano derecha. Respiré hondo pensando en lo larga que podía llegar a ser una ceremonia tan estridente como aquella.
-¡Os presento al rey Portgas D. Ace y a la reina Ai Sakazuki!-Anunció a los invitados con su estridente voz a la vez que Ai se incorporaba ayudada por Ace en su estupendo traje de gala.-Protectores del reino de Goa desde este día hasta el fin de sus descendientes. Que los Dioses os bendigan con felicidad, prosperidad y muchos hijos.-Afirmó el sacerdote. Los recién casados se dedicaron una pícara mirada, se sonrieron. Algo en mi interior me decía que no tendrían ningún problema por intentar ese último punto.
Una vez hechas las presentaciones, los dos, recorrieron el enorme pasillo que iba hacia la salida del templo, pisando la bonita alfombra roja. Fuera, la guardia real hizo una especie de saludo con sus armas y los dos saludaron al pueblo que aplaudió y jaleo animado el acto. Los gritos de festejo y alegría se oyeron incluso dentro del lugar.
Suspiré relajándome un poco. Sonreí. Un extraño sentimiento de nostalgia se apoderó de mi corazón. Volví a pensar en ella y en cuanto la necesitaba. Era en aquellos momentos, pasando más tiempo con mi familia, cuando la echaba más de menos.
-¡Cielo vas a caerte! Sabo, ¿vamos?-La voz de Yuuki me sacó de mis pensamientos. Cogí a Eyra en brazos cuando vi que intentaba bajar lentamente las escaleras sin mucho éxito bajo la mirada asustada de Yuu cuyo fin era agarrarla de la mano.
-Vamos a pegarnos una buena comilona a costa de tus tíos, Eyra.-Le susurré a mi sobrina divertido dándole un beso en la mejilla y un fuerte achuchón. Ella me miró con una sonrisa risueña y adorable, y con sus preciosos ojos azules idénticos a los de mi hermana.
Y en ese instante, deseé con todo mí ser, tener un hijo más que nada en el mundo.
La celebración iba viento en popa. El vino corría por las mesas y por el gaznate de los invitados, la comida rebosaba en los platos y la música se alzaba entre las voces de la gente hablaba, reía o cantaba. A mi lado, en la mesa, Roy e Ibbya se dedicaban confidencias relacionadas con las "aventuras nocturnas" de su noche de bodas sin hablar bajito. En ese momento, uno de los sirvientes dispuso algo de vino en mi copa vacía. Le sonreí con amabilidad y entonces, me levanté del asiento para hacer un brindis. Estaba decidida a evitar que todos se enterasen de sus juegos en la cama. Además, iba a anunciar no solo lo feliz que me sentía por esa unión sino el plan que tenía previsto para ellos.
En cuanto me puse de pie y alcé mi mano libre, los presentes fueron guardando silencio a la vez que esperaban expectantes las palabras que iba a decir.
-Querido pueblo de Inzia, este es un día muy especial.-Comencé alzando mi voz prominente y suave a la vez.-Dos de nuestros más fieles y queridos amigos, aliados y consejeros se han unido en matrimonio ante los Dioses.-Roy e Ibbya me observaron sin dejar de sonreír. Él le agarró la mano a ella con fuerza y le besó el dorso, después respiró hondo conteniendo la emoción.-Los dos han llegado muy lejos para conseguirlo. Y nos han enseñado que la perseverancia, la paciencia y el aprendizaje son imprescindibles para encontrar el amor. Espero que ambos, a su manera, cuiden el uno del otro sin dejar que esa chispa se apague.-Vi a Ibbya asentir sin dudarlo. Amplié mi sonrisa.-Por ese logro he decidido, que como regalo de bodas, voy a daros Inzia.-Les observé decidida. Los ojos de los dos se abrieron de par en par sorprendidos por esa noticia. Los lugareños afirmaron con emoción otros contuvieron los aplausos del propio festejo que eso significaba.-No conozco a personas más perfectas que puedan gobernar un lugar tan maravilloso en profunda sintonía.
-Eso es todo un honor…mi señora…-Pronunció Roy aun completamente confundido con lo que acababa de escuchar.
-El destino siempre es caprichoso con nosotros,-continué tras aprobar su oración con el rostro, feliz,-nunca sabemos que nos deparará. Pero hoy, puedo decir que me siento orgullosa de lo que hemos conseguido juntos con el esfuerzo, el sacrificio y la entrega de cada una de las personas de Tardith. Una esclava y un hombre libre compartiendo su vida sin temor al mundo. No hay nada mejor por lo que brindar. ¡Salud!-Bebí. Todos los presentes acompañaron mi brindis incluyendo los novios. La música comenzó a sonar de nuevo y la gente empezó a celebrar mi decisión. Roy tenía grandes amigos en aquella ciudad e Ibbya era muy querida por todas y cada una de las personas que componían ese pueblo.
No había nadie que pudiese hacerlo mejor.
-Mi señora, no teníais por qué hacerlo.-Me dijo el de ojos rojizos en cuanto tomé asiento.
-Eso es, ha sido un regalo excesivo. Es…-ella se pensó un poco la expresión que iba a utilizar,-…demasiado…
-Los lugareños os adoran.-Confirmé.-Y no hay nada mejor que unos gobernantes queridos por su pueblo y por los Dioses. Os merecéis todo lo mejor que esté en mi mano, daros.-Mi Capitán iba a responder a eso cuando, de pronto, uno de los sirvientes se acercó a mí por la izquierda tendiéndome un sobre amarillento.
-Mi señora,-susurró. Le miramos intrigados. Incluso Brook y Bonney que se sentaban a mi derecha,-ha llegado una carta para vos.-Cogí el papel entre mis dedos.-Es de vuestro esposo.-Un vuelco se apoderó de mi pecho en cuanto oí esa noticia. Observé a los presentes quienes asintieron convencidos, y me retiré a toda prisa.
Caminé por los pasillos intentando encontrar el lugar apropiado para leerla. Era increíble que hubiese llegado alguna noticia al fin, después de tantos días y con aquellas terribles tormentas. Sin duda era, un auténtico prodigio. Llegué, a un pequeño rincón entre los jardines. Me senté sobre las escaleras de azulejos y apoyé mi espalda sobre una de las columnas. Sonreí ciertamente emocionada cuando rocé con mis dedos la tinta que escribía, borrosa, su nombre. Me mordí el labio y abrí, el sobre. Dentro, se dibujaba un folio manchado y arrugado pero eso era lo que menos me importaba.
Mi corazón nervioso y latiendo a toda velocidad, solo quería empezar a leer.
"Espero que al fin, esta como otras tantas sea una de las premiadas en llegar, mi amor."
Sonreí conteniendo el aliento nada más leer aquella primera frase.
"Tengo tantas cosas que contarte que realmente no sabría por dónde empezar aunque supongo, que todo lo que rodea mi mundo, últimamente, es prescindible si tengo poco espacio para hablar de lo mucho que te echo en falta. Sin embargo, es mejor decirnos cuáles son las noticias antes de que empiece a ponerme melodramático."
Reí al revisar aquella última frase. Hasta en las cartas tenía aquella maravillosa capacidad de hacerme reír, que adoraba.
"Ella está bien. Su hija también."
Sabía que se refería a Yuuki aunque ni siquiera mencionase su nombre. Era mejor guardar algunos secretos por si había algún fisgón en el camino. Eso sería una estupenda novedad para Law. Estaba segura de que le aliviaría muchísimo el corazón. Se lo diría en cuanto terminase de leer la última línea.
"Mi hermano, el mayor, que participó en el conflicto para liberarla, ha ascendido a una categoría más alta dentro de nuestra sociedad. Creo que la mejor de todas. Estoy seguro de que puedes imaginarte qué es. Me ha confirmado su apoyo incondicional con vuestra causa. Tendrás a sus hombres y a nosotros mismos, a tu plena disposición. Además, tengo la mejor noticia de todas que darte. El rey ha aceptado mi proposición. Nunca tendremos nada que ocultar."
Mis ojos se abrieron de par en par nada más darme cuenta de a qué se refería. Sonreí feliz sabiendo que una vez que pisara Menithez, podría compartir mi vida con él sin ningún tipo de inconveniente. Era maravilloso que hubiese conseguido un trato así.
"Espero que estés bien. Y que tu hijo esté creciendo sano y fuerte. Espero que no me hayas olvidado; yo no he dejado de pensar en ti en ningún momento desde que me alejé de tu lado, mi amor. Todos los días cuando me levanto me pregunto qué harás, qué vestido te habrás puesto, cómo te habrás recogido el pelo. Pienso en lo mucho que extraño tu sonrisa y el brillo de tus ojos con las primeras luces del día. No puedo evitar sonreír al imaginarte, como tantas otras veces, pegada a mi cuerpo insistiendo en quedarnos un poco más recostados en la cama. Tengo unas ganas terribles de volver a tocarte, a besarte, a detener el tiempo en un mismo segundo. Tengo ganas de oír tu voz, tu risa. Tengo ganas de oler tu piel, de agarrarte de la mano con fuerza, de hacerte mía una noche más..."
A medida que descendía mis ojos por aquella carta, notaba las pulsaciones de mi corazón, acelerarse todavía más. Sonreí todo lo que pude y unas diminutas lágrimas dignas de una niña, descendieron por mis mejillas llenas de satisfacción y felicidad. Nunca me había sentido tan enamorada.
"Nos veremos muy pronto. Estoy seguro de ello. Te amo."
-Te amo…-Susurré mordiéndome el labio como si estuviese respondiéndole. Me eché hacia atrás apoyando, de nuevo, la espalda sobre la columna. Me aparté las lágrimas. Sentí un hormigueo en el estómago. Mis ojos se clavaron en el cielo estrellado.-Nos veremos sin duda antes de lo que imaginamos, estoy segura…
Sus labios se aferraron a mi cuello a medida que sus manos me subían el vestido lo suficiente como para que no fuese un problema a la hora de seguir con el movimiento acompasado sobre el interior de mi cuerpo. Gemí. Suspiré. Noté su nariz sobre la mía rozándome levemente antes de besarme. Su pelo alborotado se deslizaba por su frente. Sus ojos tenían un color rojizo más oscuro de lo normal. Y…la forma en la me tocaba hacía que me latiese el corazón a mil por hora. Me había acostado con él muchas veces pero nunca a un nivel tan acalorado y apresurado. Las medidas dulces y tiernas parecían haber pasado a mejor vida en cuanto me había colocado el anillo en el dedo o quizás, era la indecente cantidad de alcohol que ambos habíamos tomado en el banquete. Nuestras mejillas estaban sonrojadas como nunca. Los sudábamos y parecía nos faltaba el aire a cada penetración. En una de esas idas y venidas noté como se introducía con más fuerza haciéndome llegar al orgasmo. Cerré los ojos, eché hacia atrás la cabeza y dejé que él también alcanzase ese punto lleno de placer aunque no llegó a él del todo.
Abrí mis ojos mientras sonreía pícaramente. Roy se incorporó sentándose sobre la cama. Tiró de mi muñeca para que le siguiese. Mi vestido prácticamente nos tapó todas las partes visibles. Me mordí el labio antes de besarle con energía estrechando las paredes de mi sexo aún más contra su masculinidad. Él soltó algunos jadeos entre besos. Clavé los dientes en su labio inferior, satisfecha.
Y justo en ese momento, de pronto, la puerta de la habitación se abrió sin ton ni son. Instantáneamente, los dos giramos el rostro hacia el inquilino que había interrumpido una situación tan íntima.
Él se quedó mirándonos con los ojos abiertos de par en par. Tenías las mejillas enrojecidas por el alcohol y parecía que se le había parado el corazón de lo quieto que estaba. Era como una estatua.
-¿Qué hacéis en mi habitación?-Preguntó frunciendo el ceño intentando ser lo más serio del mundo, pero su tono de voz desacompasado le delataba.
-Es nuestra habitación, Law.-Dijo Roy echándose hacia atrás colocando las manos sobre el colchón. Rió y yo, al contrario de lo que habría hecho en otra ocasión en la misma situación, le seguí.
-Por los Dioses, ¡me he equivocado! Tengo que cambiar de dormitorio inmediatamente.-Reí aún más ante ese comentario que tan poco le pegaba con lo frío y distante que había sido desde el primer momento. En ese instante, Roy alzó sus ojos hacia mí con una sonrisa pícara. Sobre todo cuando me vio, morderme el labio con un deseo poco propio en mí.
-Cielo, ¿te gustaría…?-Ladeó su rostro hacia el moreno que acababa de entrar. Yo le seguí la mirada. La línea curva de mis labios se amplió de una forma singularmente atrevida y lujuriosa.
-¿Querrá…?-Estaba claro que esa pregunta no había salido de la boca de la Ibbya de todos los días. Roy se encogió de hombros divertido y simplemente le preguntó.
Creo que esa noche, ninguno éramos nosotros mismos. Ni siquiera recordaba cuánto habíamos bebido como para estar dispuesta a hacerlo sin pensar.
-Trafalgar,-alzó la voz,-¿queréis acompañarnos?-Ofreció mi recién estrenado marido. Mis ojos se clavaron en un Law a quien enseguida le aumentó aún más la rojez de los pómulos.-Parece que a mi mujer le has…gustado…-Miré a Roy de nuevo, divertida, expectante.
-No más que tú…-Me acerqué sinuosa al oído del castaño para susurrarle aquello muy bajito. Le mordí el lóbulo, le besé y, después, salí de su interior y me levanté de la cama acercándome al moreno. El vestido que llevaba puesto, todavía, le impedía ver nada y aun así, parecía más avergonzado que nunca. Cuando llegué a una altura considerable, rodeé los cordones de su camisa con los dedos sinuosamente. Le miré desde abajo y él, estático, parecía intentar pensar con claridad exactamente qué estaba ocurriendo y como había llegado hasta allí. Sin embargo, supe que se dejaría hacer cuando, le quité la camisa y sentí cómo sus manos rozaban mis brazos con demasiada lentitud subiendo hasta llegar a mis mejillas. La forma en la que de pronto, me miraba, cambió radicalmente. Mi respiración se aceleró y sentí unas ganas horribles de besarle. Pero antes de que yo pudiese hacerlo, él descendió hasta mis labios y los besó con la mayor delicadeza del mundo. Sonreí enternecida al separarnos.
Le agarré de la muñeca y le arrastré hasta llegar a la cama donde, volví a subirme sobre Roy. Solté un sonoro gemido cuando sentí su erección en mi interior y algunos más cuando comencé a moverme sobre él. El castaño me agarró de la cintura y de las caderas ayudándome con el movimiento. Y Law, que al principio no comprendía qué era lo que estaba ocurriendo se dio cuenta, de que tenía que salir de su pequeño estado de shock cuando llevé sus manos hacia el cierre de mi vestido. En ese momento, sentí como sus precisos dedos me deslizaban los lazos y luego subían hasta mis hombros empezando a bajarme las mangas. Estaba comenzando a dejarse llevar. Clavó sus dientes en mi clavícula, en mi cuello. Le agarré el pelo de la nuca apretándolo con fuerza cuando todo el proceso parecía acelerarse más de lo normal. Le miré, entre suspiros que salían de mis labios entreabiertos, con el rostro impregnado de placer por el movimiento que tenía sobre Roy. Me mordió el labio. Volvimos a besarnos y sus manos me subieron el vestido hasta quitármelo por completo. Sentí como los dedos de mi marido ascendían hasta apoderarse de mis pechos.
Nunca había estado tan excitada en mi vida. Mi feminidad se humedecía y cada dos minutos, prácticamente, notaba un pequeño orgasmo. Eran unas sensaciones completamente nuevas para mí. Había estado en la misma situación con muchos hombres pero nunca los había elegido yo, o había sentido algo por alguno de ellos. Y mucho menos, había disfrutado tanto del sexo en aquellas condiciones.
De pronto, percibí que Law se colocaba detrás de mí e inclinaba mi espalda hacia delante un poquito. La sonrisa simpática y atrevida de Roy, me recibió antes de darme un beso lleno de amor agarrándome de las mejillas. Entonces, noté como Law lubricaba otra zona de mi entrepierna que, normalmente, no solía usar.
A pesar de que empezaba a estar un poco nerviosa por ese pequeño contacto, me di cuenta de que tenía la intención de hacerlo con la mayor delicadeza del mundo así que, no me dolió en absoluto cuando, sentí como se introducía en mi interior. Sin embargo, no pude evitar soltar un fuerte gemido por la boca a la vez que apretaba con fuerza las sábanas entre mis dedos. Pararon unos segundos para que mi cuerpo se adaptase a ellos. Roy clavó sus ojos rojizos en mí.
-¿Estás bien, mi amor?-Asentí conteniendo el aliento. Noté como Law depositaba un delicado beso entre mis omoplatos. Los vellos se me pusieron de punta.
-¿Segura?-Me preguntó él, al oído con ese tono de voz grave y vibrante.
-Segura…-Susurré con un hilo de voz. Ambos se recolocaron y empezaron a agitarse.
El movimiento entre los dos se volvió mucho más acompasado y rítmico. Era como si lo hubiesen estado ensayando días. Roy no dejaba de hacerme carantoñas y de besarme mientras que Law me delineaba la espalda y la cintura con el leve y tenue roce de sus manos. Mi cuerpo se estremecía y retorcía de placer bajo sus brazos. Al tiempo, cambiaron de posición.
Daba igual cual fuese la forma de hacerlo, me estaba resultando realmente increíble y reconfortante. Era el instante más obsceno y lascivo que había vivido jamás, de manera deliberada. Parecía que el tiempo iba más lento de lo normal en aquel amasijo de caricias, de idas y venidas, de besos, de jadeos, de suspiros. Y no supe exactamente en qué momento terminamos y dejamos de hacerlo, lo único que recuerdo era que no había podido dejar de gemir, de sentir una gigantesca oleada de placer recorrer cada resquicio de mi cuerpo, de sentirme más viva y libre que nunca.
Mi noche de bodas fue sin duda, memorable. Aunque al día siguiente prácticamente no recordase absolutamente, nada…
Abrir los ojos aquella mañana y, encontrarme con su apacible rostro dormido sobre la almohada, fue lo mejor que me había pasado jamás. Después de haberle visto al borde de la muerte, me dije a mí misma que tenía que guardar esa imagen en la retina todo el tiempo que me fuese posible. Me volví hacia él, desnuda, acurrucándome entre las sábanas y sentí que nunca había sido tan feliz como en aquel maravilloso instante.
Alcé mi mano y en una sutil caricia, le despejé la frente del pelo revuelto que insistía en taparle la cara. Me mordí el labio. Era como un niño gigantesco con pecas y un atractivo sin igual. Pensé en lo afortunada que me sentía y en lo celosas que se pondrían todas esas brujas nobles solo de pensar que ahora, además de haber tenido la boda del año y ser su reina, me acostaba con él. Ace era solo mío. Mío y de nadie más.
Me incorporé apoyándome sobre uno de mis codos para delinear con la vista su perfecto torso al descubierto. Mis dedos, curiosos, rozaron sutilmente su fuerte y musculoso brazo, bajando por sus pectorales y sus abdominales. Acaricié aquella infernal cicatriz que tenía en el vientre debajo del ombligo, y bajé un poco más. Me relamí los labios sintiendo que una parte de mí empezaba a encenderse. La noche de bodas había sido maravillosa pero yo, quería más. Así que, le fui retirando poco a poco las sábanas que cubrían su sexo fijando mis ojos, sin pudor o vergüenza, en cada una de esas zonas que me satisfacían tanto. Volví mis esferas hacia su rostro para asegurarme de que estaba dormido antes de aventurarme a hacer algo divertido.
Sonreí pícara y me mordí el labio antes de descender mi boca y mis manos hacia su masculinidad. Los movimientos sutiles y mi lengua envolviendo su repentina erección, le sacaron más de un suspiro entre sueños. Sobre todo cuando empecé a acelerar el vaivén de mi mano junto con el de mis labios y, de repente, sentí unas manos sobre mis brazos deteniéndome en seco. Dejé de masturbarle y alcé mis ojos castaños hacia su rostro con una sonrisa traviesa. Él me miraba con los suyos entrecerrados. Tenía un brillo intenso que yo, conocía a esas alturas, a la perfección. Sin que pudiera decir nada, Ace tiró de mí y me volvió sobre la cama colocándose sobre mi cuerpo, enredándome más aún en todas aquellas sábanas. Reí de antemano a sus besos profundos y húmedos y noté, al mismo tiempo sin que me dejase respirar, como se introducía entre mis piernas obviando pedir permiso. Un fuerte gemido escapó de mis cuerdas vocales. Él sonrió de medio lado. Me mordí el labio desviando mis ojos desde nuestros puntos del cuerpo unidos, hasta sus ojos. Sentí como empezaba a latirme el corazón a toda velocidad mientras esperaba inquieta a que él iniciase aquel desliz.
Finalmente, Ace comenzó a moverse tras unos segundos de miradas lascivas y besos demandantes y yo, simplemente me dejé llevar por todas esas sensaciones placenteras que era capaz de hacerme sentir.
Y, tras un buen rato de idas y venidas, de suspiros, jadeos, posturas imposibles, de caricias y besos apasionados, los dos llegamos al clímax. Cerré los ojos con fuerza al sentir cómo eyaculaba en mi interior. Él soltó un último suspiro en mi oído a la vez que tensaba y relajaba los músculos. Los dos comenzamos a respirar exageradamente intentando calmar a nuestro agitado cuerpo. Nos miramos a los ojos y él, me besó sutilmente una vez más antes de salir de mi intimidad para echarse boca arriba en la cama.
-Buenos días, mi ardiente y excitante esposo.-Le dije alzándome sobre el costado izquierdo para mirarle feliz a la vez que mis dedos jugaban con aquel collar de bolas rojas que llevaba puesto. Él sonrió divertido.
-Buenos días, Ai.-Acarició con cariño mi brazo al descubierto.- ¿Está será tu manera de despertarme a partir de ahora?-Cuestionó simpático arqueando las cejas.
-Solo cuando no me haya quedado satisfecha con nuestras aventuras nocturnas.-Sus ojos se abrieron de par en par perplejos. Yo reí.
-Eso ha sido un golpe muy bajo.
-Lo sé.-Esbocé echándome sobre su hombro. Él me apretó contra su cuerpo y me dio un beso en toda mi cabellera pelirroja revuelta. Nos quedamos unos segundos en silencio hasta que volví a alzar la voz tras un largo suspiro.-Va a ser todo un reto eso de reinar.
-Lo será.-Afirmó él.-Pero hacemos un gran equipo así que lo haremos genial.-Vi de reojo como sonreía.-Estoy convencido de que serás la que mande en las sombras.-Rió aunque a mí me pareció una idea perfecta.
-Estoy de acuerdo con ese punto.-Confirmé.-Empecemos a cambiar el mundo…ya va siendo hora…
-Hoy puede ser un buen día para empezar. Revisaremos las leyes y propondremos nuevas medidas para nuestras gentes. Mañana podremos hacer una reunión con el consejo. ¿Estás muy ocupada?-Reí.
-Es la cita más aburrida que me han propuesto jamás pero será todo un honor asistir.
Reflexionar en lo que nos depararía el futuro era simplemente increíble si me paraba a pensar en las pocas esperanzas que un día tuve con que él desapareciera de ese mundo. El simple hecho de poder oírle hablar, reír, de poder abrazarle, me hacían la mujer más feliz que podía existir encima de la tierra. Y, compartir todo lo que estuviese en mi mano con él era lo más deseaba sin lugar a dudas. Imaginarme el resto de mi vida con aquel ser irascible, serio y enfadoso ya no me resultaba tan dramático como cuando el hombre al que llamaba padre, me lo había anunciado por primera vez.
Salvar a Kid de un matrimonio no deseado era la mejor decisión que había tomado jamás. Seguir el destino que los Dioses me habían marcado sin Ace a mi lado, ya no era una opción.
-Ace…-Me alcé sobre él para mirarle a los ojos.-Eres la mejor decisión que he tomado jamás.-Él sonrió.
-Es un honor ser el responsable de esas palabras y de tu felicidad.-Me acerqué un poquito a su rostro rozándole un instante la nariz.
-¿Y sabes qué…?-Él arqueó sus cejas expectante.-Quiero un hijo…-Solté risueña. Reí al ver el máximo agobio posible en su expresión. Sus ojos se abrieron de par en par horrorizados por esa idea y sus labios se entrecerraron indignados con el propósito de replicar sobre mis intenciones pero yo, le di un cálido y tierno beso para detenerle.
Había muchas cosas que pensar. Todavía tenían muchas cosas que ocurrir…
Continuará...
Hola hola! He aquí el final de esta primera parte de la historia! Espero que os haya gustado leerla tanto como a nosotras escribir cada una de sus líneas, pronto llegará la segunda parte, no os preocupéis! Neru y Sabo aún tienen mucha guerra que dar jjjj Un beso enorme y muchísimas gracias por estar siempre ahí apoyándonos! Os queremooos!
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