Llegamos a Konoha del futuro, se veía muy diferente, ya no habían casas pequeñas solo altos edificios y apartamentos, parecía toda una ciudad moderna.

Sasuke y yo entramos, el me agarró de la mano.

— ¿A quien buscamos?

— No se, a alguien de mi dimensión, cuando la vea sabré, si ves a alguien sospechoso me dices... ¿Por que me agarras de las manos?

Sasuke vio nuestras manos entrelazadas y se sonrojó un poco y me soltó.

— Eres un adulto muy extraño.

— Hump, no más extraña que tú.

— No soy extraña, soy muy responsable y me hago cargo de mis cosas, no como tú.

Sasuke se puso en frente de mí.

— ¿Con que te haces cargos de las cosas eh?

Asentí con mi cabeza.

— ¿Entonces por qué no te haces cargo de tus sentimientos?

Lo miré mal.

— ¿De nuevo con eso? Te dije que...

— Se lo que me dijiste, pero es estupido, solo tienes que aceptar una sola cosa...

Miré sobre el hombro de Sasuke. No pude creer lo que estaba viendo.

— Sasuke— lo llame para que deje de hablar.

— ¿Que?

Apunte con mi dedo lo que me tenía tan sorprendida.

— Que es lo que mi...— el se volteó y se calló.

— Esa es...

— Sarada— terminó de decir él.

Lo que vi fue la gran montaña de las esculturas de los hokage, Sarada era la 9na cabeza y la última.

Lo que quiere decir que Sarada es la Hokage actual.

— Hump— me miró con aires de superioridad— no se de que te sorprendes, es mi hija.

— Presumido.

Avance entre las personas de la aldea, sentí los pasos de Sasuke atrás, eran demasiadas personas teníamos que hacer un plan.

Me detuve, Sasuke choco con mi espalta.

— Saca los comunicadores que nos dió Naruto, vamos a separarnos.

— No creo que sea buena idea.

— Sasuke— me volteé para mirarlo— necesitamos separarnos, la aldea está diferente y tenemos que registrarla completa y no tenemos mucho tiempo, hay que separarnos.

El suspiró, sacó el comunicador y me lo dió, se quedó con el otro y se retiró de mi vista.

Me gusta cuando él me entiende.

Seguí caminando entre la aldea, esto sería muy difícil, la aldea a crecido y con eso la población también, es como buscar una aguja en un pajar.

— Fíjate por dónde caminas— escuché una voz familiar que chocó conmigo.

— Lo siento.

Incline mi cabeza un poco hacía arriba.

— Me pareces familiar— dijimos el mismo tiempo.

Nos miramos fijamente.

— No puede...

— Ser...— terminó de decir ella.

— Eres yo— dijimos al mismo tiempo, señalándonos.

He de decir que he cambiado mucho, parezco mucho más adulta, de unos 29 años quizá, mi físico cambió bastante me veo mucho mas alta y... amable.

— Si estás aquí es por que hay problemas serios— me dijo, sosteniendo mis hombros.

— Se supone que no deberías verme.

— Pero ya te vi— dijo mi yo sosteniendo su cintura— ¿Viniste sola?

—Si— menti.

— Vamos a mi casa, cuéntame que pasa y talvez te pueda ayudar.

— Bien.

Caminamos una cuadras y llegamos a un apartamento, subimos al segundo piso y mi yo de el futuro abrió la puerta.

— Había salido a comprar unas verduras y se me ha olvidado traerlas— mencionó.

¿Desde cuando yo compro verduras?

— Has cambiado mucho— dije mirándola.

— Hemos cambiado mucho— me corrigió.

Me guío hasta una pequeña sala con unos muebles, esta apartamento se veía muy grande para una sola persona.

— ¿Vives con Natsuya?— le pregunté.

— No, ella vive con su familia, no se si deba decirte esto pero no creo que afecte en nada, Natsuya tuvo cuatro hijos— dijo con una sonrisa.

¿Desde cuando sonrío? Aquí pasa algo extraño.

— ¿Con el idiota?

— Con ese mismo.

Creo que hice algo mal criando a esa niña.

Mi yo del futuro se sentó en frente de mí.

— Muy bien, cuéntame que pasa.

— Verás, el mejor amigo de nuestro padre...— comencé a contar pero fui interrumpida por un llanto.

Mi yo del futuro se alarmó, corriendo y perdiéndose por un pasillo. ¿Acaso adopte a otro niño?

Los padres deberían de hacerse responsables y parar de dejar a sus hijos en las puertas.

Minutos después la vi acercándose con un pequeño bultito entre sus manos, sonriéndole ¿Pero que pasa? Nunca tuve esa reacción con Natsuya.

Ella se acercó y se sentó a mi lado.

— Tal vez por esto me encuentres diferente— dijo acercando el bultito a mí, dejándome verlo con claridad.

Miré al pequeño, me quedé paralizada al ver lo que tenía en frente.

Me volví bastante estupida, la cauda del problema soy yo.