— Espere Granger — Dijo el profesor Slughorn mientras le tendía una pequeña tarjeta de color verde — Esto es para usted.

Hermione había recogido sus pertenencias y pretendía abandonar la sala, pues la clase ya había finalizado, cuando el mago se acercó con el fin de darle la invitación. Ella la sostuvo con su mano derecha y leyó para sí el mensaje que allí se encontraba.

— ¿Una cena de gala? — Preguntó la muchacha mientras sonreía a su excéntrico profesor.

— Sí, celebraremos el equinoccio de primavera en el club — Confirmó con orgullo — Espero que asista, es una de mis alumnas más aventajadas.

El hombre miró a su alrededor, la clase se encontraba totalmente vacía pues los demás estudiantes ya habían abandonado la estancia.

— Y no lo digo porque estemos a solas — Prosiguió mientras le guiñaba un ojo.

La joven rió tímidamente por ese gesto.

— Gracias profesor Slughorn, me alegra que me tenga en tan alta estima — Respondió con humildad.

— ¡Hoy ha estado espléndida! Realmente me ha impresionado con la excelente elaboración de sus pociones — Añadió el hombre — Casi a la altura de Potter.

Tras escuchar eso la sonrisa se esfumó del rostro de la muchacha. Harry solo había obtenido tal ventaja en la materia porque se estaba aprovechando en secreto de las anotaciones que había encontrado en el libro de "Elaboración de pociones avanzadas" que obtuvo a principio de curso. El chico nunca había sido muy diestro a la hora de fabricar pócimas, dejando que Hermione se encargara de realizar la gran mayoría cuando el grupo las precisaba. Los celos comenzaron a adueñarse de ella pero no podía confesarle las malas prácticas de su amigo al mago así que tragó saliva y volvió a sonreírle, esta vez de una manera impostada. A fin de cuentas durante ese día ella también había usado los conocimientos adquiridos la noche anterior gracias al cuaderno que Snape le había cedido. ¿En qué se diferenciaba ahora ella de Harry? Ambos se estaban beneficiando de una sabiduría que no les pertenecía.

— Debo irme profesor, será un placer asistir a su reunión — Contestó mientras inclinaba levemente la cabeza disculpándose por tener que dejarlo de manera tan apresurada.

Dicho esto la joven se colgó su cartera al hombro y salió con paso acelerado del aula. Mientras caminaba por los intrincados pasillos de las mazmorras reflexionó sobre si era correcto que tuviese semejante ventaja ante sus compañeros. ¿Por qué Snape le cedió ese cuaderno? ¿Era lícito que lo usase en su beneficio? ¿Verdaderamente era merecedora de él?

Pronto se sintió abrumada por sus propios pensamientos y comprendió que necesitaba unos minutos de soledad para recobrar la calma. En ese lugar se hallaba un antiguo piano que en ocasiones tocaba al finalizar las clases, así que decidió ir a practicar un poco. Entró en la habitación y decidida se encaminó hacia el viejo instrumento. Tomó asiento en la banqueta y acarició con delicadeza las teclas, notando su suave tacto con la yema de sus dedos. La paz la embargó en ese momento, algo que siempre le ocurría cuando ensayaba al piano. Comenzó a interpretar algunos fragmentos de piezas musicales que conocía. No tenía ninguna partitura pero no la necesitaba, sólo quería tocar sin importar si se equivocaba. Necesitaba centrarse por completo en la música y lo que esta le evocaba.

Snape caminaba por esos mismos pasillos mirando la pequeña invitación que el profesor Slughorn le acababa de entregar hacia unos minutos. Otra fiesta, otro acontecimiento social al que no deseaba asistir pero que sus buenos modales le impedían rechazar. ¿Cómo declinar su invitación si ese hombre había sido uno de sus mentores en su juventud?

Mientras andaba a sus oídos llegó una melodía, al principio tan sutil que apenas era audible pero conforme caminaba el sonido se hacía más claro. Alguien estaba tocando el viejo piano de los Slytherin, que a pesar de no estar dentro de su sala común todos sabían que pertenecía a los miembros de esa casa. No le sorprendió pues muchos estudiantes sabían tocar el piano, ese instrumento era apreciado tanto por muggles como por magos y en Hogwarts había una colección de ellos. Aunque para orgullo de las serpientes el más antiguo y valioso se encontraba en las mazmorras. Y aunque cualquier alumno podía utilizarlo el encontrarse tan próximo a su espacio común hacia que la mayor parte del tiempo lo usaran los miembros de la casa Slytherin.

Severus pensaba pasar de largo pues no sentía verdadero interés por saber quien estaba practicando sus habilidades musicales hasta que la melodía que escuchó comenzó a resultarle familiar. Sólo unas notas bastaron para ser reconocida por él, y como si de un canto de sirena se tratase siguió el sonido hasta llegar a la puerta del salón.

"No puede ser" — Pensó adentrándose en la estancia para descubrir a la joven Granger al piano.

Fermaportus — Conjuró varita en mano para cerrar la puerta de la habitación y así evitar que alguien más accediera a ella.

La muchacha se hallaba concentrada tocando algunos de los acordes de la melodía que había conocido en su despacho hacía ahora algunos meses. La pieza musical que sonaba en su viejo tocadiscos, el vinilo que su amor le regalo hacia tantos años. La canción de Lily.

Escucharla a través de ella removió sus sentimientos de nuevo. ¿Podía amar a dos mujeres a la vez, aunque una de ellas tan sólo fuese un recuerdo?

Hermione continuaba erguida en su asiento tocando la composición como si se tratase de una gran concertista. Ni imaginaba que alguien la estaba observando, un silencioso Snape que paso a paso se aproximaba a ella hipnotizado por la belleza de la melodía y de la joven.

— ¡Profesor! — Exclamó deteniendo su interpretación sorprendida al verlo de reojo.

Snape prosiguió caminando hacia ella con una media sonrisa en el rostro.

— Por favor no se detenga — Pidió con calidez — Es un placer escucharla. Espero que mi presencia no le incomode.

La muchacha bajó la mirada mientras se sonrojaba sutilmente.

— Por supuesto, pero no tengo partitura. Yo sólo... ensayaba — Se excusó avergonzada por lo que su profesor opinase de su improvisación.

— ¿Sabe tocar de oído? — Preguntó Severus admirado.

— Bueno, un poco. Mi padre es un apasionado de la música y desde pequeña me inculcó la misma pasión. Mucho antes de que yo pudiese interpretar una partitura él ya me enseñaba a tocar el piano — Sonrió por los tiernos recuerdos que vinieron a su mente — Nos sentábamos juntos en la misma banqueta e imitaba sus movimientos, al principio torpemente pero poco a poco desarrollé la habilidad de tocar una melodía tras escucharla.

— Nunca dejará de asombrarme señorita Granger — Alabó el mago realmente impresionado por sus aptitudes.

— ¿Le gustaría acompañarme? — Preguntó la joven deslizándose por el asiento hasta dejar un lugar para él.

Severus se vio incapaz de rechazar dicha invitación y tomó asiento. Los dos quedaron sentados una al lado del otro.

— No soy un virtuoso pianista — Confesó el hombre — Siempre he necesitado una partitura, una guía que seguir.

A Hermione no le sorprendió escuchar eso, sabía que Severus era tan metódico que pocas veces se concedería la oportunidad de improvisar.

— Es una melodía sencilla y usted la conoce mucho mejor que yo — Animó la muchacha mientras posicionaba las manos sobre el teclado — Ocúpese de las notas graves — Le indicó señalándole las teclas que debía pulsar— Solamente recuerdo el estribillo pero podemos practicarlo varias veces.

Ambos comenzaron a interpretar la melodía. Severus se esforzaba por seguir el ritmo de su alumna, que por primera vez actuaba como instructora para él. Hacía tanto tiempo que no recibía clases que se sentía avergonzado cuando fallaba en alguna nota, pero no le importaba mostrarse natural ante la muchacha y aceptar sur errores. Sus manos llegaron a armonizarse hasta llevar el compás a la perfección, estando ambos en la misma sintonía. Pasaron unos minutos repitiendo los mismos acordes una y otra vez, en silencio pues no necesitaban hablarse sino que se comunicaban a través de la música. Un fallo de Severus al tocar una tecla hizo que su mano rozase la de Hermione, deteniéndose los dos en el acto al notar la sutil caricia. La muchacha sintió el impulso de apartar su mano al sentir el contacto, que se prolongó en el tiempo más de lo necesario, pero por alguna razón que no alcanzaba a comprender dejó que los dedos de ese hombre recorrieran con delicadeza su piel.

— La vie en rose — Susurró Severus mirándola de reojo.

Hermione lo miró confusa, sin entender lo que decía.

— Así se llama la canción — Puntualizó separando su mano de la de ella.

Tras esto se levantó de su asiento dispuesto a marcharse de allí, si seguía cerca de ella no podría resistir por más tiempo el deseo de besarla.

— Gracias por la clase Hermione — Agradeció con una leve inclinación — Has conseguido que no olvide disfrutar de la música.

La muchacha recordó cuando tras una de sus discusiones ella le dio ese consejo de manera burlona. Tampoco se le escapó cómo por primera vez el encorsetado Snape se dirigía a ella por su nombre, tuteándola como a una igual.

El hombre emprendió la marcha ante la sorprendida mirada de su alumna, la cual aun se encontraba procesando todo lo que una simple caricia había despertado en ella.