Buen despertar

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Ramón tenia de nuevo una pesadilla, una placentera pesadilla. En esta ocasión, Antony estaba recostado bajo él, mientras controlaba el ritmo y la penetración del joven, Poppy le complacía con una mamada increíble, tan confundido por todo lo que sentía, no tenia de otra más que disfrutar.

Poppy despertó por los movimientos tan extraños que, hacia su acompañante, al darse cuenta que seguía en aquella habitación pensó en salir antes de ser descubierta, pero noto algo que llamo su atención. Ramón no tenía su gorro, en todo ese tiempo, no se lo había quitado, esta era la segunda vez que lo veía sin él, esperaba pasar su mano entre sus cabellos y que eso no lo despertara, el resultado fue algo inesperado, el joven gimió, aun estando dormido, movía su cuerpo de cierta manera que la chica entendió lo que pasaba.

-¿Esta… soñando que lo hace?… - susurro.

Le pareció gracioso, solo los pubertos y sonámbulos tenían sueños húmedos, hablaban y se movían, al tirar un poco de sus cabellos, comprobando que el resultado se repetía, decidió elevar su apuesta, se acercó a él, notando la clara tienda hecha de sabanas y pijama, que seguramente tenía como columna principal su miembro erecto, metió su mano debajo de toda esa tela, encontrándose con su objetivo, su erección matutina, no tardo en nada en ponerse más grueso, excitado por su hábil mano, Ramón gemía, gruñía, daba resoplidos que a ella le parecían tan divertidos.

-Vamos cariño, ya relájate. – le susurro burlona al oído. – lo que quieres es bastante obvio, y yo estoy más que dispuesta a dártelo. –

La tomo por sorpresa que Ramón se volteara de costado hacia ella, aun dormido sumergió su rostro en su pecho y se aferró a su ropa, jalo de ellas, las estrujo mientras soltaba un gemido bastante sonoro, Poppy sintió en su mano un líquido caliente y viscoso.

-Poppy… - susurro débilmente, totalmente adormecido.

-¡Diablos! – se quejó. Tenía la esperanza de llevar eso, más lejos de un simple juego de manos.

Ramón abrió grandes los ojos, esa palabra lo despertó por completo, se sentó de golpe con la mirada fija en la nada, tratando de entender que había pasado.

-Ah… hola. – saludo tímidamente Poppy agitando su mano llena de semen. – Buenos días. – dijo con una torpe sonrisa.

Ramón la veía como si ella fuera algún fallo de la realidad, sin decir nada y con aquella cara de incredulidad se levantó al baño. Poppy aprovecho su ausencia para salir del cuarto a limpiarse la mano a su sanitario asignado.

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Nube bajo a desayunar tras escuchar que el ruido de ollas y sartenes se detuvo. Al instante noto la atmosfera de completa irritación que emanaba de su hermano.

-¿Qué le hiciste? – susurro.

Poppy volteo a verlo con cara de duda.

-¿Yo? ¿Por qué? –

-Está muy enojado. – volvió a hablar en voz baja. – suele fijar la vista en los azulejos de la cocina cuando está molesto. –

-Oh, pensé que estaba actuando normal. – comento sin dejar de comer su avena con frutas. –Siempre se comporta así en la universidad. –

-Ok… - Nube elevo el sonido de su voz. – Buenos días hermanito, ¿Qué tenemos para desayunar? –

No le respondió, pero si comenzó a servir el desayuno de Nube en un plato. Al ver que no tendría una respuesta comento sobre otra cosa.

-No había notado que la lavadora esta prendida, que buenas maquinas tenemos ahora, son ultra silenciosas, ¿Qué estas lavando? ¿Te orinaste en la cama y quieres ocultar el cuerpo del delito? – aquello fue para molestarlo, y logro la reacción que quería, Ramón lo volteo a ver muy molesto. – Oh, ya veo, tuviste un accidente y querías ocultarlo, lamento echarte de cabeza. – se burló.

-No tuvo un accidente de ese tipo. – respondió Poppy.

-¿Tú viste la evidencia? – pregunto fascinado de tener a alguien que lo ayudara a molestar a Ramón.

-Pues, yo limpie de mi mano parte de la evidencia. – trato de decirlo sin ser tan obvia y con voz baja.

-No me digas que orinaste su… - Nube se quedó un momento en blanco procesando la información. – Oh, no, ¿si? ¿Ustedes dos tuvieron un mañanero? Oye, que buena forma de decir "buenos días" –

-¡Que no se te formen ideas estúpidas en la cabeza! – le grito Ramón. – Esta depravada se metió a mi cama y mientras dormía me… - Hizo un leve movimiento con la mano que no quiso repetir.

-Amiga. – le hablo a Poppy. – Mujeres como tu valen mil. –

-¿Acaso eres idiota? Me violo, ¡por segunda vez! –

-¡Yo no te viole! – Poppy se defendió.

-¿Qué hacías en mi cuarto entonces? –

-Escuche ruidos extraños y me asuste, fui a buscarte, pero estabas dormido y… pues me dormí. –

-Eso no justifica lo que me hiciste. – le reclamo.

-No, pero, tú te movías y… ya sabes, hacías ruidos extraños. – dijo haciendo un movimiento con los ojos sobre a lo que se refería que parecía.

Nube carcajeo sonoramente.

-No puede ser. – dijo entre risas. - ¿Tenias un sueño húmedo? –

-¡Claro que no! – se defendió Ramón bastante sonrojado.

-Pues eso parecía. – le contesto Poppy encogiéndose de hombros. – Y no me pareció mal, tú mencionaste mi nombre. –

-¿Enserio? – pregunto Nube secándose una lagrima de tanto reír. - ¿Tienes sueños húmedos con nuestra linda invitada? –

-¡NO! – Ramón estaba muy sonrojado, no se podía ocultar. – No lo fue, es más, tenía una pesadilla, lo que paso es que ella y su estúpida mano, solo fue por reflejos. –

-Pero tu gemías… - comento Poppy.

Hubo un breve momento de silencio.

-¿Qué dices que hizo? – hablo Nube dudando de lo que escucho.

-Que gimió. – aseguro con duda.

-¿Disculpa? – pregunto Ramón con tono indignado.

-Aquí vamos. – dijo Nube entrando a la cocina y terminando de servirse el desayuno, tratando de ignorar a su hermano.

-Yo nunca gimo. –

-Claro que sí, lo hiciste en la mañana y cuando lo hicimos por primera vez. –

-Debes de estar muy perdida. – comento enojando, tratando de ignorarla de nuevo.

-No, vamos, no es algo malo, es natural. –

-Solo las malditas zorras como tú los y los idiotas infieles hacen esos desagradables sonidos. –

-¿Perdón? No soy la única que los hace, todo el mundo lo hace, es natural y sano, ¿que acaso tú te quedas mudo? –

-Alguien tiene que tener educación, moral y buen juicio. –

-Don perfección andante considera que gemir durante el acto del "amor" es grosero, desagradable, innecesario y exhibicionista. – concluyo Nube.

-No, no te creo, nadie puede pensar eso, ¿Qué? ¿Acaso tú no lo haces? – le pregunto Poppy incrédula.

-Le podrías preguntar a cualquiera con los que estuve, yo no hago ese ruido tan desagradable. – presumió Ramón. – Ni siquiera estando ebrio. -

-O sea que, tú… tus parejas, ¿no debían de hacer ruido? –

-Mujeres de verdad como Coral, saben cómo complacer a un hombre, sabía perfectamente cuando cerrar la boca. –

Aquel comentario fue dicho con tal desprecio al género femenino que Poppy muy indignada le contesto.

-Oh, disculpe su gran majestad de la moral, no sabía que le gustaban mudas, ¿es solo con las mujeres o prefieres a los hombres igual? –

-Chicos, relajase, es de mañana apenas y ustedes ya están peleando. – interrumpió Nube. – Quiero desayunar en paz. –

Muy molesto, Ramón se fue al cuarto de lavado a seguir con la odisea de borrar toda evidencia de lo sucedido, estaba doblando algunas prendas de ropa cuando alguien lo llamo.

-¿En serio? ¿Hablas en serio? No puedo creerte, no estoy loca ni imagine nada, tú gemiste y se nota que lo disfrutaste. –

-Ya te dije que yo no hago ese horrible ruido. –

-Claro, tú no haces muchas cosas. – dijo molesta cruzándose de brazos. – Coral la debió pasar muy mal contigo y tu ex… vaya, con razón corrió a otros brazos cuando tuvo tiempo. – Poppy cerro la boca, lo había vuelto a decir, era un golpe muy bajo. – Lo siento, no era mi intención. –

Ramón respiro hondo y tras doblar su pijama le dijo.

-Antony era demasiado ruidoso para mi gusto, pero entendí lo mal que me había comportado con Coral y no repetí los mismos errores con él. – luego la volteo a ver. – como no cometeré el mismo error contigo. –

Poppy se sintió un poco emocionada. La estaba bien como pareja o una posible futura pareja.

-Ah si, ¿Y cuál fue ese error? –

-Enamorarme de alguien con quien tuve un revolcando estando ebrio. –

Ramón tomo el canasto lleno de ropa limpia y salió por la otra puerta del cuarto de servicio.

-¿Cuál es tú problema? ¿Qué más quieres que haga? Mira, sé que no soy perfecta y tú, cielo, para nada lo eres, pero podemos intentarlo y tener algo bueno si nos esforzamos. –

El chico regreso, dejo el canasto sobre la lavadora y la arrincono contra el electrodoméstico.

-Yo sé lo que tú quiere. – le susurró al oído mientras re pegaba su muslo entre su feminidad. – Me quieres dentro. –

-Ay… sí. – hablo temblorosa, tenía esas ansias de sexo que la mataban. – Adentro y muy, pero muy al fondo. – Comento con voz seductora.

-Eso te encantaría. – menciono, poniendo más firme su postura mientras ella se restregaba con más ganas.

-No pares, cariño, no pares… sabes que lo quiero de ti, lo sabes. –

-Sí, lo sé… tú solo quieres sexo. – dijo dándole un pequeño empujón para alejarla de él.

-¿Y tú no? – se quejó, aún más indignada. – se nota lo urgido que estas, tú también lo deseas, estas peor que yo, peor que muchos. –

-¿Y que si lo estoy? Con un revolcón con cualquiera se me quitaría, pero tú, vaya… te urgen muchas cosas, como replantear tus prioridades. –

-¡Yo no quiero solo sexo! Tal vez eso parezca, y es que tú no tienes una turba de hormonas pirañas recorriendo todo tu cuerpo cada segundo del día haciéndote sentir tan… ah, urgida. –

-Entonces ve y sáciate con cualquiera, te doy permiso, si eso es lo que buscas. – le contesto de manera burlona.

-¡No! – grito volviendo a cerrarle el paso. – Yo me enamore de ese chico increíble y ruidoso y muy pero muy bien dotado. – dijo con la boca hecha agua. – de verdad, lo hice, quiero algo serio. –

Ramón la miro con tendió y un tanto cansado por la interrupción de sus deberes le comento.

-Tú odias a ese chico, lo detestas, no podrías pasar una sola mañana con él sin discutir, el sexo no es amor, solo es parte del paquete uno. –

-¿Y ahora de qué demonios hablas? –

-Tres cosas fundamentales para tener una relación con alguien, paquete uno, buen sexo. –

-Nene, vaya que lo tenemos, esa noche y esas muestras gratis en la universidad, echamos humo. – Poppy trato de sonar lo más seductora y dulce que pudo.

-Paquete dos, amor. –

-Eso es lo único que planeo darte, solo déjate amar. – insistió.

-Tres, metas comunes y compromiso en cumplirlas. –

-¿Qué? –

Ramón se burló de su cara de confundida, al fin pudo tomar el canasto y salir del cuarto, aunque Poppy lo siguió escaleras arriba.

-¿A qué te refieres con metas comunes? –

-¿Qué tipo de noviazgos has tenido? ¿Nunca apoyaste a tus parejas en cumplir sus metas? Vaya, dices que me amas, pero conoces tan poco sobre mí, ¿Cómo puedes decir que amas a alguien que no conoces? –

-Yo si te conozco. –

-Ah ¿Si? Pues entonces dime, ¿Cuáles son mis metas? –

-Tú… - Poppy pensó y cayó en cuenta de que, realmente, no lo conocía a fondo, las únicas interacciones entre ellos, antes de todos aquellos sucesos que pasaron, no salían de discusiones por tonterías. – Tú quieres… no es justo, jamás lo mencionaste. –

-De hecho, si lo hice. – hablo Ramón con un tono de voz que parecía tener notas de dolor. – Te lo ofrecí, la tarde que ayudamos a la señora O´Hare a desocupar su oficina y después, en el concierto, donde me rechazaste. –

Poppy se sintió mal por eso, lamentaba tanto lo que ocurrió, y vio el momento ideal para ser sincera.

-Cuando… cuando me di cuenta que ibas enserio, yo… corrí por toda la universidad para encontrarte, me di cuenta que… te amaba a ti y lo que sentía por ese chico de aquella noche loca, no se comparaba con lo que sentía por ti. –

-Que bella mentira. – se burló de nuevo.

-¡No miento! – Poppy suspiro, algo estresada, pero a ese punto sabía que todos sus enredos le estaban cobrando factura. – Yo… yo solo, te busque toda la noche y nadie me quiso dar tú número, porque la señora O´Hare me dijo que no era digna de ti y… Pero no miento. -

-Claro que sí, ¿Por qué si me amas realmente seguiste buscando al otro y no a mí al día siguiente? Te veías muy sorprendida de encontrarme en el supermercado. –

-Es porque mis amigas… ellas querían que siguiera buscando, y tenían un buen punto, yo no podía hacerme cargo sola de esto. –

-Yo te ofrecí mi ayuda. –

Poppy recordó algo de golpe, cosas dichas por Coral, lo que Ramón le llego a decir en diversas ocasiones, hilando todo comprendió.

-¡Tú meta es tener una familia! – Esa era su conclusión.

-Felicidades, hiciste memoria. – comento con sarcasmo.

-Lo sabía, ya ves, tenemos dos paquetes y vamos por el tercero. –

-Pero. – dijo con ese tono de menosprecio. – Mal sino recuerdo rechazaste esa propuesta, dijiste algo sobre que esa no era tú idea, como no lo era casarte ni quedarte en casa a cuidar niños. –

-Obvio que no lo es, quien quisiera estar encerrada en una casa cambiando pañales, cuando puedes salir y vivir tú vida… -

-Mientras alguien más es madre por ti. –

-¿Qué? –

-Si, las feministas como tú rechazan todo lo maternal, ¿Por qué cuidar de mis hijos y verlos crecer, disfrutarlos, si le puedo pagar a otra mujer para que lo haga? Vaya, hasta ustedes mismas se contradicen. –

-¿Y porque no te quedas tú en casa? ¿Por qué tendría que ser yo? –

-Tengo un trabajo real y tú seguramente no harías nada más que ir a fiestas de políticos fantoches, además yo no podría amamantar, gran idiota. –

Poppy se puso roja de ira.