Había pasado cerca de una semana desde el encuentro de Víctor y Yuuri. Sin saber qué hacer, en ese momento solo pudo tomar su caballo y correr dentro del bosque hasta regresar nuevamente a las filas del castillo.

para de algún modo liberar su mente, sin embargo, era tan difícil. Desde la conversación que tuvo con su profesor de literatura, no podía sacar esas palabras de su cabeza. La presencia de Yuuri en su mente cada vez era más constante, sentía que se estaba volviendo completamente loco pero el temor seguía congelándole y eso le había hecho sentir como un cobarde, cosa que Víctor odiaba con su alma y le ponía de mal humor.

Y sumado a ello, estaban dos cosas que le hacían subir su mal humor: una, era el hecho que el prometido de su hermana debía pasar unos días en el castillo dadas las celebraciones hacia su excelencia el Zar, y en segundo, aún estaba latente el tema del compromiso. Víctor sabía que el consejero Yakov no había alcanzado el momento idóneo para darle la propuesta al Zar, pero solo era cuestión de tiempo para eso y el joven alfa no sabía qué hacer.

Por esa mañana, decidió que lo mejor que podía hacer era practicar con la espada en el jardín principal del castillo a fin de liberar un poco su mente. Como era uno de los jardines más circundados del castillo, muchas personas le veían desde lejos, admirando las mejoras que había alcanzado.Víctor estaba seguro que el entrenamiento que había estado llevando con Yuuri había dado ya múltiples frutos. Sin embargo, aún tenía tantas cosas por mejorar, cuando su mente se ocupaba en algo que le afectaba, descuidaba su concentración y sus sentidos. Estaba frustrado, quería resolver pronto ese malestar que sentía al no poder hablar claramente con el dios, pero aun no conseguía el valor suficiente para enfrentarse a Yuuri.

— Tal parece que ha mejorado sus movimientos.

Ante la nueva voz que apareció, Víctor volteo rápidamente hacia atrás de él. Caminando a paso lento, se encontraba el príncipe Otabek, hijo de Bogdashha Altin de Kazajistán y prometido de su querida hermana. Habían pasado solo un año desde la última vez que le había visto en persona, pero su altura no había cambiado casi en lo absoluto. Con solo una diferencia de dos años, Otabek Altin era un chico de 13 años con una escasa estatura, pero con una mirada seria y de pocos amigos, Víctor jamás pudo conversar claramente con él en las oportunidades que se había presentado en el palacio, y en ese instante no se encontraba de humor para poder tratarlo con la cortesía que se requería.

— Debo darle la bienvenida pero también preguntar qué le trae por aquí príncipe Otabek, juraba que estaría de vuelta a su reino finalizada la celebración por la victoria de mi excelencia, el Zar —comento sin poder evitarlo.

—Mi padre ha creído conveniente que pase unos días en este reino para compartir con mi prometida, pero ella se encuentra algo indispuesta en este momento, así que por ello había decidido pasear por el castillo —explico.

La simple mención de su pequeña hermana hizo que el fastidio y molestia del joven zarévich fuera en aumento, y en un intento cortes de mandarlo al diablo, le invito a pasear por la biblioteca del castillo mientras tomaba posición y le ignoraba para retomar su entrenamiento, es más el joven no se movió de su lugar ni parecía tener intenciones de irse.

— Parece ser que algo le está distrayendo nuevamente, su alteza —opino nuevamente el chico, y un chasquido frustrado fue emitido por un fastidiado Víctor.

— Si solo has venido a distraer aún más mi entrenamiento, te sugiero que te retires, no estoy de humor para tus interrupciones banales —espeto, y fue entonces fue que un pensamiento rápido le surgió en la cabeza—. Tengamos un enfrentamiento con arco y flecha —ordenó al príncipe, recibiendo una mueca de sorpresa por parte de este.

— No entiendo el motivo para el enfrentamiento —respondió el príncipe sinceramente, pero una mueca de molestia surcaba ya el rostro del zarévich.

— Yo si tengo un motivo firme, quiero que me devuelvas a mi hermana. Si yo gano, deberás solicitar la ruptura de tu compromiso a modo de que se resarce tu honor.

— Aún si le concediera el enfrentamiento y usted ganase, las decisiones sobre el compromiso ya no están en sus manos —alegó, pero Víctor no quería recibir una respuesta negativa a su orden.

— Claro que, si lo está, soy el primer zarévich, hermano mayor de la zarevna Mila Alexeina Nikiforova —expreso mirándole fijamente—, y si te gano con el arco, deberás dejar de ser el prometido de mi hermana ¿Has entendido?

Hubo un escaso momento de tensión entre ambos jóvenes, Víctor no alejaba su mirada fiera del príncipe, tanto como este no se intimidaba por la presión. Finalmente, este negó lentamente con la cabeza.

— Aunque sea deshonroso para mí, debo declinar el desafío —ante esto la ira de Víctor aumento —. Además, aunque su excelencia El Zar Alexei me haya entregado a la Zarevna Mila como mi prometida, no es como si me llamara mucho la atención.

— ¿Qué has dicho? –vocifero sintiendo la falta de respeto que estaba llevando hacia su hermana menor, sin embargo, algo en la mirada del príncipe le hizo detenerse de cometer un acto de insensatez.

— No estoy diciendo esto para faltarte el respeto a ti o a tu hermana —se apresuró a decir, con su mismo tono de voz impasible—, lo que pasa es que no puedo fijarme románticamente en ella. Ella tiene 12 años y yo apenas cumpliré 14 años este año, aunque mantenga el compromiso por el bien de mi nación y del Imperio, si la zarevna Mila decide no continuar el compromiso por el bien de su futuro, yo estaré de acuerdo con su decisión.

Dejándole sin palabras, Víctor que siempre había creído mal de aquel chico resultaba que no era como lo había esperado. Después de todo, pensó que solo había estado ahí para hacerle sentir mal con la idea de ser un fracasado, haciéndole sentir como inútil que dejo que robaran a su hermana menor, sin embargo, estaba siendo más maduro de lo que él nunca podría ser en ese momento aun cuando era mayor. Por un instante sintió lastima por él, y más lastima por sí mismo, por haber juzgado a una persona sin conocerla.

— Yo… lo siento mucho, príncipe Otabek. Creo que he jugado muy mal de usted sin conocerle primero —expreso Víctor mientras Otabek le veía en silencio-. Por favor, le ruego que me disculpe y de ser posible, durante este corto periodo de tiempo, cuide de mi hermana hasta que ella sea capaz de elegir lo que quiere.

— Hare lo que este a mi disposición —aseguró, y entonces el alfa observo como este divaga entre decir algo o no.

— ¿Príncipe Otabek?

— De verdad, agradezco que no sea necesario competir mediante la arquería, veo que usted es excelente en ella y a mí no se me da muy bien.

Víctor estaba completamente anonadado, al punto que no supo qué decir de inmediato ni pudo controlar su efusiva reacción que siempre le obligaban a controlar por etiqueta.

— ¡No puede ser, si eres tan bueno con la espada! ¿Cómo no puedes ser bueno con el arco? —cuestionó de inmediato sin medir su tono, hasta que noto la incomodidad de su interlocutor —. Lo siento por eso.

— Esta bien, de igual modo, mi vista no es muy buena, así que no puedo ver objetos a la distancia —contesto un poco avergonzado, y Víctor no podía creerlo aún, pero entendió que después de todo, no todos era buenos para todo, y eso estaba bien.

— Con que es de ese modo…

Víctor estaba verdaderamente sorprendido y un poco complacido, sentía como poco a poco la presión que tenia se iba aligerando, y por si fuera poco, había descubierto la verdadera de una nueva persona que quien sabe si en algún futuro, sería más cercano a su pequeña hermana, estaba conforme y gustoso, queriendo aprovechar para conversar un poco con el callado príncipe. Sin embargo, se detuvo en seco, captando un poco la atención de Otabek. Desde su lugar, Víctor sintió que algo estaba cercano a ellos, no podía explicarlo bien, ya era un sentimiento ambiguo y algo difícil de identificar, pero podía recordarlo gracias a los primeros momentos en que comenzó a practica el arco y la espada con Yuuri. Este se lo había dicho bien, al momento de explicarse sobre los sentidos, que justo cuando lo necesitara, sería preciso comprender el deseo y la fuerza que tiene las miradas humanas. Por ello debía aprender con perspicacia y agudeza un aspecto que correspondía al instinto resultante que implicaba la observación humana y la fuerza de una mirada llena de sed de sangre. Con el sudor recorriéndole la espalda, busco de inmediato con su mirada si se encontraban en la mira de algo o alguien. Si bien alguien estaba cercano a ellos en algún lado, determino que esa ansia asesina no iba contra suyo, iba más bien directo hacia su acompañante.

Con agilidad tomo su arco y lanzo con la precisión de un rayo una flecha que impacto contra la persona que estaba en la copa de un árbol apuntando contra el príncipe Otabek, casi de inmediato este cayo en los jardines del castillo, alarmando a todos los vasallos presentes.

De inmediato las alarmas fueron sonadas y los guardias aprehendieron al hombre que Víctor había herido, a su lado Otabek estaban conmocionado y otros guardias preguntaban al alfa que era lo que había sucedido. Casi al mismo momento, hizo acto de presencia en lugar el zar Alexei junto con el Rey Bogdashha Altin, la Zarina y zarevna se les prohibió el paso por medida de protección.

— ¿Qué es lo que ha pasado aquí? Exijo una explicación —ordeno el Zar.

— Parece ser que alguien se filtró en la seguridad del castillo y amenazó con atacar a su alteza Otabek usando un arco a la distancia, pero por suerte, este fue neutralizado antes de que hiciera su movimiento —explico.

El Rey Bogdashha creyó que un mareo le sobrevenía, y abrazo fuertemente a su hijo en señal de protección, la ira del Zar Alexei no podía incrementar más ante semejante descuido.

— ¿Cómo carajo puede la seguridad del palacio imperial permitir que se infiltre un asesino? ¿Es así como protegen a la familia imperial? —increpo Alexei hecho una furia, el pobre guardia no sabía dónde meterse —, quiero ver de inmediato al jefe de pelotón de guardia, quiero su cabeza en este mismo én quiero que los guardias refuercen la seguridad e incrementen el número de soldados haciendo guardia ¡De inmediato!

— ¡S-si! —y de inmediato, se retiró el guardia de los jardines principales.

— Por otro lado, es bueno saber que están a salvo —acoto el Rey Bogdashha aliviado de que su hijo estuviese a salvo.

— Tiene razón, debo felicitarlo nuevamente, príncipe Otabek. Es un gran logro que a su corta edad que haya logrado capturar a ese asesino —expreso el Zar palmeando fuertemente a Otabek en amplio reconocimiento.

Otabek miró con preocupación a Víctor, entendiendo que él no había hecho nada al respecto y que no ser gracias al alfa, no hubiera sobrevivido dado que siquiera había percibido que le estaban apuntando. Por su parte, el zarévich estaba seguro que su padre no reconocería su acción pese a que era obvia teniendo el arco entre sus manos, no pedía que Otabek dijera la verdad ya no estaba seguro que le creyera de igual modo, así que solo pudo dedicarle una sonrisa de entendimiento, y decirle en silencio desde su lugar que no importaba. No obstante, aun con su juventud, Otabek era un joven de honor y ahora estaba en deuda, no podía dejar pasar el momento para saldar sus cuentas.

— Su majestad —le llamo—, creo que se ha equivocado, el mérito de esta captura no es mía, quien intercepto y detuvo al asesino con su arco fue su alteza, el zarévich Víctor. Él fue el que me salvo la vida.

— ¿Qué? —exclamo el Rey Bogdashha observando a su hijo incrédulo, el mismo Zar tampoco creía sus palabras—. ¿Es eso cierto Otabek? —pregunto, el mismo asintió.

— Eso no puede ser cierto príncipe Otabek —comenzó a decir Alexei mientras le miraba, al mismo tiempo que apartaba a Víctor de ellos —. No debe tener tanta modestia, quizás el estar cercano a la muerte le ha producido una alucinación, este chico no pudo…

Sin embargo, interrumpiendo sus palabras, sintió como una nueva flecha pasaba por su hombro e impactaba directamente al árbol al fondo del jardín donde hubo caído anteriormente el asesino que apuntaba contra Otabek. Incredulos, tanto el Rey Bogdashha como el Zar Alexei observaron a Víctor, que bajaba lentamente su arco y les miraba con gran seriedad.

— El príncipe Otabek tiene razón, fui yo quien neutralizo a ese hombre —declaró. La mirada en los ojos de Alexei sobraba decir que estaban llenos de incredibilidad, aun si poder ameritar la verdad de lo que observaban y con una evidencia tan notoria como lo era la misma flecha. Víctor observo el silencio otorgado por su padre y suspiro, siempre quiso demostrarle que había mejorado, que ya no era el mismo de antes y que podía ser su orgullo, pero ahora se sentía tan vació que no parecía importarle, no luego de esas palabras de desmerito y esa mirada de desprecio—. He aprendido a dominar el arco en el tiempo en el que su majestad se encontraba conquistando los territorios del este, he mejorado considerablemente con los años que estuvo ausente y creo que debe reconocer el mérito de la captura de aquel hombre que busco asesinar al heredero del reino de Kazajistán.

— Si no tiene nada que decir, solicito el permiso para retirarme, espero puedan disculparme su majestad Altin, príncipe Otabek.

— Si.

A paso lento pero seguro, Víctor se retiró de los jardines bajo la atónita mirada de su progenitor, quien seguía sin precisar la realidad de los hechos acontecidos hacía solo unos momentos.

Bajo un largo suspiro, Víctor miro su reflejo el vidrio de la ventana antes de tenderse en el colchón de su cama. Jamás imagino verse implicado en un evento tan inusual como el aquello, tampoco pensó que la ira y la decepción contenida hacia su propio padre fuera tal que hablara por primera vez de ese modo hacía el, esta perplejo también, pero se había sentido tan liberado. Al alzar su mano y entender que era capaz de sorprenderlo de un modo que nunca antes había hecho, le hizo pensar que todo era gracias a la ayuda de Yuuri, y al comprenderlo, le hizo querer verlo de inmediato.

Quería tanto abrazarlo.

— ¡Vitya!

Víctor alzo su cuerpo muy tarde y apenas pudo reaccionar ante el impacto del cuerpo de su hermana lanzándose contra él en medio de la cama.

— ¡Vitya, no puedo creerlo, estas bien! ¡No te paso nada! — chillaba en lloriqueos la pequeña pelirroja, una pequeña sonrisa de fraternidad se esbozó en los labios del joven zarévich.

— Claro que lo estoy, tu hermano Vitya es muy fuerte ahora —contesto con una amplia sonrisa de orgullo mientras despeinaba cariñosamente sus cabellos, Mila correspondió de la misma manera con los suyos compitiendo hasta terminar en una gran carcajada.

— También, quería agradecerte por haber salvado al príncipe Otabek, estaría muy triste si algo malo le hubiera pasado —murmuro mientras un tímido sonrojo adornaba sus mejillas, Víctor la miro estupefacto.

— Mila, no me digas que te gusta el príncipe Otabek —pronunció lentamente, pero su respuesta dicha casi de inmediato.

El rojo del rostro de la joven zarevna compitió en intensidad con el tono de sus cabellos, Víctor seguía incrédulo.

— Bueno, el príncipe Otabek ha sido muy bueno conmigo cuando le he visitado en su reino, no es muy conversador, pero siempre me obsequia flores bonitas de su jardín y me lleva a paseos por lugares bellísimos —explicaba la pequeña mientras jugaba con sus dedos con una ternura nunca antes vista por su hermano mayor.

Víctor conocía ese brillo, ese iluminar en los ojos de una persona cuando hablaba de aquella que se había robado el millar de sus suspiros, un sentimiento que recién parecía estar naciendo y que era tan cálido como el que estaba sintiendo el mismo en su pecho. Miró un instante el techo pensando que era algo inimaginable pero glorioso, si llegaba a ser correspondido, y que estaba seguro que podría ser así, la felicidad de su hermana estaba asegura, tanto como él había deseado desde un primer momento.

— ¿Sabes Milenka? Si al ser mayor, sigues teniendo esos mismos sentimientos, estaré muy feliz de que te cases con el príncipe Otabek —menciono ganándose una mirada de sorpresa de la chiquilla.

— ¿En serio? ¿No estarás más triste por mi compromiso arreglado? —pregunto la niña con ilusión en su rostro, Víctor le correspondió con una bella sonrisa.

— No, ahora sé que Otabek es un buen chico y si Milenka quiere estar con él, yo bendeciré siempre su unión —contesto.

El corazón de Víctor estaba un poco en calma, estaba seguro que, si las cosas fluían sin tocarlas, todo iba a estar bien respecto a ambos. Pero también pensó que era momento de hacer algo, Otabek había dicho algo que había captado su atención e iba en dirección a la consideración de los sentimientos de su hermana. Víctor sabía que iba a ser difícil ir en contra de un compromiso arreglado, especialmente si el Zar lo ordenaba, pero ya se había cansado de estar al pendiente de las impresiones de su padre, ya no esperaría ser nada para él, iba a ser lo que él deseara ser y aun respetando sus deberes como heredero real, buscaría la forma de ir hacia lo que de verdad quería y eso era Yuuri.

— Gracias, Milenka, gracias a ti y a Otabek sé que es lo que debo hacer

— ¿Eh, pero a dónde vas? —cuestiono mientras veía como este salía corriendo de la habitación.

Víctor no tenía tiempo que perder, no podía dejar esperando a Yuuri luego de la forma como se despidieron la última vez, necesitaba ser franco con él, ser sincero. Debía decirle cuales eran sus sentimientos, no importaba si Yuuri le decía que no por su edad o por sus condiciones sociales, el joven alfa solo quería decírselo añorando poder permanecer a su lado de cualquier forma que fuera posible, aunque fuera doloroso, era peor ser separado de Yuuri. Y haría todo lo posible de permanecer a su lado fuera como un pequeño hermano o un simple estudiante.

— ¡Yuuri! —grito en el momento que le observo, de inmediato se bajó de su caballo y salió corriendo hasta el para tomarlo entre sus brazos —. Yuuri, lo siento tanto, fui un tonto no debí haberte tratado así la última vez. Yo… yo de verdad tenia tanto miedo, tenía tanto miedo que llegaras a odiarme si te decía la verdad de lo que estaba sintiendo, pero decidí que no iba a huir más de ti.

Víctor respiro hondo, tratando de calmar su corazón y sus nervios, abrazo el cuerpo de Yuuri con más fuerza hasta alcanzar el valor suficiente para decir aquellas palabras que había ocultado por tanto tiempo, pero antes de poder siquiera decirlo, el joven dios le separo un poco de él para mirarlo con una breve sonrisa.

— Antes de que lo digas, necesito que sepas algo primero —menciono, Víctor asintió en respuesta.

— ¿Qué es lo que debes decirme? —pregunto, Yuuri dio un suspiro entrecortado y finalmente, la voz de Yuuri hizo eco en el pecho del joven alfa.

— Debo retomar mi viaje, Víctor.

¡Hola! Es Elle que trajo un capitulo lleno de miles de circunstancias, estoy a toda maquina con este fic ya que he retomado los borradores que tenia escribiendo de la adaptación de Ashura (mi novela original de donde nace este fic) y tendremos actualizaciones por un buen rato hasta que retorne a los capitulos donde no llevo borradores.

¿Como les ha parecido el capitulo de hoy?

Tenemos varios hechos que trata el capitulo, la incertidumbre de Víctor, su confraternidad con Otabek (ame esto desde que lo escribi la primera vez), la muestra de sus avances y superaciones contra quien le desestimo desde el principio (oh, que bien se siente eso), los sentimientos infantiles de Mila hacia Otabek y la felicidad que eso implico para nuestro zarevich como hermano mayor. Y finalmente, el principio del desastre.

Preparen el cloro, señoras y señores. En los siguientes capitulos iremos entendiendo un poco de lo que ha sucedido, pero por el momento solo puedo decirles, guardad sus copas y rellenadlas de cloro, quizas lo necesiten.