40. Dudas e ilusiones
Dedicado a Marta Salazar
Sé que tienes poco tiempo para leer
y que aprovechas tus tiempos libres para ponerte al día.
Sin embargo, mucha parte de lo que he sido capaz de hacer bien
en la narrativa de esta historia te lo debo a ti y a tus consejos n.n
Gracias por seguir el fic, y por seguir ahí de vez en cuando :*
Edward parecía haberse detenido en medio de un proceso de carga.
—¿Por qué… lo preguntas?
—Pues… —Bella buscó cómo ofrecerle una breve idea de aquello a lo que no paraba de darle vueltas—. Es que creo que nos han surgido varias referencias al tema en alguna que otra ocasión y… nunca nos hemos centrado realmente en hablarlo.
Él se rascó la cabeza, nervioso, y con tan poco cuidado que Bella pensó que iba a hacerse alguna herida.
—Yo pensaba que lo íbamos a sacar a colación, pero solo dentro de algunos meses más… —aclaró.
Esa respuesta acentuó la inseguridad de Bella.
—¿Te parece muy pronto?
—Diría que en nuestro caso, sí —señaló él—. Para otros tal vez no, pero por el tipo de pareja que somos… No sé, creía que con los besos y la relación que teníamos ya estaba bien. Que bastaba con seguir así por ahora…
Quedó tan conmovida que le nació el impulso de inclinarse para darle un beso rápido, dejando cualquier rastro de incomodidad a un lado.
—Claro que está bien, si es ideal… —No quería que le quedase duda alguna—. Adoro completamente el noviazgo que me has ofrecido, Edward. Tenemos una relación tan dulce y unida… Pero justo por esa cercanía, que poco a poco nos hace ser más pasionales, pensé que… era cuestión de tiempo que tocásemos el asunto.
Edward procesó sus palabras con lentitud.
—Entonces, ¿todo esto viene porque crees que estamos cerca de tener sexo igualmente?
—No sé si estamos próximos a tenerlo o no —esclareció ella—. Pero si lo hablamos ahora, cuando tenga que pasar no vamos a quedarnos sin saber si avanzamos o no…
—Eso da paso a una pregunta muy sencilla, Bella. ¿Tú quieres más?
Ella soltó un bufido exasperado.
Era cierto que amaba la inocencia de lo que tenían. Pero por Dios, le había costado lo suyo ignorar la atracción creciente que sentía por él. Era cuestión de verle a los ojos y saltarle encima, tal y como había hecho esa mañana a pesar de ser algo atípico en su carácter, incluso tonto, pero que indicaba hasta qué punto ese apego por él la trastocaba.
Durante las vacaciones habían empezado a darse cada vez besos más fogosos… y, obviamente, la impulsividad por aumentar esas sensaciones la había acompañado. Lo cierto es que después de leer el poema… no paró de imaginarse escenarios igual de estimulantes el uno del otro.
—No lo sé —respondió Bella con sinceridad—. Hasta ahora hemos hecho pequeños avances que me han encantado a medida que los hemos ido probando e incorporando entre nosotros… tal vez con dar el siguiente paso sea lo mismo…
Edward se acomodó sobre sus codos.
—¿Y qué incluiría ese "siguiente paso"?
—No sería un todo de golpe —aclaró ella—, sino algo similar a lo que hemos venido haciendo hasta ahora; explorándonos el uno al otro… y tal.
—¿Con toques? —Y entonces sus manos repasaron sus brazos, justo como ella hizo segundos antes con él.
—Toques, besos, lo que surja —murmuró estremeciéndose por las caricias que le brindaba; repentinas, pero placenteras—. Me dejaré guiar por lo mismo que hasta ahora, por las ganas… y la curiosidad.
Él arqueó sus cejas con interés.
—¿Con que tienes ganas y curiosidad?
Bella bufó.
—Eres mi novio, Edward —Ella le dio una repasada a su cuerpo con descaro—. Obviamente me atraes mucho…
Él trataba de ignorar el calor que le subía por el cuello y las mejillas mientras formulaba su pregunta.
—¿Te excitas?
—Creo que sí. —Bella se inclinó para rozar sus bocas, aumentando la anticipación por parte de ambos. Lo cierto es que esa conversación le estaba gustando—. Pero no distingo cuándo sucede. Un minuto nos estamos besando, tocando… y al siguiente ya me estás haciendo sentir la mar de bien… alentándome a intensificar la sensación… y confirmo que estoy al límite el momento en que no puedo parar de pensar en lo que no debería pensar.
Tratando de mantenerse sereno, Edward se fijó en que nadie estuviese alrededor antes de hablarle en susurros.
—¿Y… te tocas?
Ella lo miró socarrona.
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque tal vez… —dijo tragando con fuerza—, probando a hacerlo te des cuenta si necesitas satisfacer esa curiosidad contigo misma… o con alguien más.
Bella se limitó a esbozar una tierna sonrisa.
—¿Y qué pasa si ya prefiero que me toques tú?
Él se quedó mudo, causando que Bella estallase en risas. Sintió que la bromita que le hizo la primera vez que estuvo en la puerta de su casa se había compensado.
Ese gesto ayudó a Edward a reírse con ella y aligerar la tensión que sentía. Ambos amaban esos momentos en que la alegría de uno se transmitía manera simple y desintencionada al otro, sobre todo cuando alguno de ellos lo necesitaba.
—Bueno, yo… te diría, que es mejor que seas tú o… que me guíes de alguna forma porque, la verdad, es que no tengo idea de cómo tocarte —confesó sin verse capaz de sostener la mirada en la suya.
Bella lo analizó con detenimiento.
—¿A mí o a ninguna chica?
—A ninguna.
Esa afirmación le produjo miles de emociones distintas.
—Entonces eres… —dedujo de forma rápida.
Él asintió.
—Sí. ¿Tú también?
Ella dejó escapar una risa ahogada, necesitando de todo su esfuerzo para no soltar un comentario sarcástico.
—Fuiste mi primer beso, con eso como que se sobreentiende, ¿no?
Edward se encogió de hombros.
—Lo mismo te diría yo a ti.
La incredulidad la golpeó.
—¿Qué?
—Pues eso… —murmuró en voz baja.
Bella parpadeó varias veces seguidas.
—¿Fui tu primer beso? ¿Es en serio?
—¿Por qué en tu caso puede ser creíble y en el mío no? —se quejó con nerviosismo. Sus mejillas se sonrojaron tanto que Bella tuvo que centrarse para no sumergirse en la ternura y concederle una respuesta.
—No… es que no sea creíble, sino que… No me lo esperaba —aclaró mientras lo procesaba todavía—. Tú fuiste el que me besaste.
—Y tú no acabaste de escucharme cuando intenté pedirte perdón…
—Ya, lo siento por mi parte de culpa —se disculpó consternada—. Cosas como tu popularidad, tu amplia vida social, la edad y tu carácter me hicieron pensar que lo lógico sería que ya hubieses tenido alguna oportunidad, tanto para el beso como para lo otro… Más cuando se dice que sois más visuales u hormonales que las chicas y toda esa patraña de la biología masculina sumada al hecho de que hoy el sexo es normal, permitido, y que te dan todas las herramientas posibles para practicarlo de forma segura.
—Ser popular no siempre equivale a ser un salido —remarcó él—. Pero sí, tuve opciones, aunque decidí rechazarlas por decisión propia.
—No te veo refrenándote las ganas sin motivo…
—Y sin motivo no es —concordó—. Lo evité porque nunca tuve confianza suficiente en nadie para ninguna de ambas cosas con las escasas opciones que tuve, requieren responsabilidad.
—¿Incluso un beso? —inquirió ella.
—No tengo ganas de pillar la mononucleosis, gracias.
Bella empezó a reír sin parar. Era la excusa más divertida que había oído.
—¿Y conmigo era una garantía segura o qué?
—Bueno, cuando ocurrió en nuestro caso no lo tuve presente —se sinceró avergonzado—. Pero en otras ocasiones que tuve la opción de premeditarlo, sí. A mi amigo le contagiaron la enfermedad del beso en el juego de la botella… Y como que me quedé con la idea. —Esbozó una mueca antes de añadir algo más—. Aunque también fue por el miedo a dejarme llevar. A que un beso me revolviese las hormonas y acabara con chicas con las que no me veía teniendo algo serio o que me parecían demasiado descuidadas para prevenir un embarazo. No quería ninguna de esas cosas.
Bella se encogió de hombros.
—En todo caso, lo último depende de encontrar las medidas adecuadas y usarlas bien —concluyó ella—. Conmigo lo tienes cubierto, porque tomo la píldora desde hace un año y medio a causa de dolor e irregularidad menstrual.
—Y aunque no fuese así, contigo no me preocuparía —comentó él—. Este es uno de los aspectos en los que más agradezco tu manera de ser, lo tendrías todo bajo control como nadie más.
Bella arqueó una ceja, con un aire bromista.
—¿Solo lo harías conmigo porque es seguro, Edward?
—¡No! —exclamó asustado—. Eso es una ventaja, pero vaya… Lo haría porque te quiero, y porque no puedes atraerme más en cualquier sentido que menciones.
A ella se le revolvió el estómago de mariposas.
—Cálmate, lo sé —le aseguró—. ¿Pero eso significa qué también sientes curiosidad en ese aspecto conmigo?
Edward presionó el muslo contra el suyo.
—Esa pregunta sobra. —Alzó las cejas—. Y tú sabes por qué.
Ella esbozó una sonrisa traviesa.
—Tú dijiste que te pasaba con el simple hecho de estar cómodo —alegó con acusación, mirando hacia abajo.
—Algunas veces, la mayoría es por los mismos motivos que todo el mundo imagina —reconoció sin más.
De cierta manera… esas palabras incentivaron a Bella a llenarse de una valentía que no siempre tenía, y con uno de sus dedos empezó a acariciar los botones de la camisa de su novio con lentitud.
—¿Y no te gustaría aventurarte a saciar ese interés por mi cuerpo?
En el rostro de Edward se formó la expresión calmada típica de su padre.
—No tengo prisa.
Bella sabía que lo decía para no presionarla, pero lo cierto es que no se sentía precisamente así.
—Pero se trata de hacernos sentir mejor a los dos —insistió—. No sería ir tan lejos. Solo, tentar un poco los límites y ya está. Lo cierto, es que me emociona bastante la idea de probar esto contigo.
Él leyó el entusiasmo en sus rasgos para cerciorarse.
—¿Estás segura?
—Por supuesto —afirmó ella—. Por mí podríamos intentarlo el próximo viernes…
—¿Tan pronto? —exclamó Edward, contrariado—. ¿No que lo íbamos a tomar con calma? Además, tienes exámenes.
—Sí, pero no es algo que nos vaya a durar toda la tarde. —Y lo cierto era que viéndole, se organizaba mucho mejor que sin hacerlo—. Además, hacer planes en una fecha exacta es mejor que parar postergándolo.
Él tampoco podía poner demasiadas pegas más, pues lo cierto, es que lo disfrutaría en la misma medida.
—Bueno, si quieres…
—¿Tú también, no?
Él se encogió de hombros.
—Cualquier tipo de experiencia similar que tenga que ver contigo… —sonrió, dándole a entender su voluntad.
—¡Perfecto! —exclamó Bella con ilusión mientras lo envolvía en sus brazos.
Aunque, obviamente, ese estado de ánimo no se mantendría en el mismo nivel los siguientes días…
nnn
En lo que quedaba hasta el final de la semana, había momentos en los que Bella estaba emocionadísima y ansiosa porque llegara el gran día. Sobre todo el lunes y el martes, que después de que le martillearan la cabeza en clase hasta el cansancio, buscó desahogo en los labios de Edward durante el descanso.
Sus sesiones de besos siguieron el ritmo habitual. Bella no percibió en ningún momento que Edward pretendiera hacer avances forzados o que se aventurara más de lo que solía hacer, y ella tampoco lo intentó. Sin embargo, sí que iban dando pequeños pasos al dejarse llevar por lo que sentían y necesitaban en el momento, siempre con la misma pasión y ternura que los caracterizaba en ese aspecto.
Caricias alrededor de la zona del vientre, besos en los bordes del cuello de la camisa, pero discretos entre miradas cómplices y vigilando el ambiente que los envolvía. Esos pequeños arranques románticos, ya les estaban dejando paso a algo más…
En el fondo ambos lo presentían.
Sin embargo, el miércoles y el jueves Bella cayó presa de los nervios y las dudas.
¿Cómo sabía que realmente era el tiempo correcto? Apenas llevaban unos meses… ¿No deberían esperar más? ¿Y si Edward tenía razón y era muy pronto para ellos? El sexo era un acto muy íntimo que requeriría una confianza muy grande para ella en la otra persona… Si lo hacían en mal momento, ¿acaso podían terminar dañando su relación?
Se llevó una mano al pecho. De solo pensarlo ya le dolía.
No obstante, aquel mismo viernes, Bella amaneció con una combinación entre las dos emociones que la persiguieron durante la semana. Era una mezcla bipolar muy rara, ya que sentía la misma cantidad de dudas que de ganas. Las horas pasaban y a medida que el tiempo se recortaba, su corazón latía con más y más fuerza.
Al acabar las clases del día, Bella cruzó el pasillo descubierto que daba al patio. Reflexionaba sobre sus "y si" cuando de pronto, un chico vestido con el uniforme verde del equipo de básquet apareció desde las escaleras que conectaban la planta cero con la subterránea que daba al gimnasio.
Maldita sea…
El chico en cuestión, pecoso de ondas marrones, la vio y la saludó. Llamó con un grito a Edward, quien apareció por detrás dispuesto a darle un golpe en la cabeza. Marcus se escabulló y Edward se tuvo que conformar con negar y troncharse de risa. Tyler a su lado señaló a Bella, y él inmediatamente sonrió dirigiéndose hacia ella.
—Hey —la saludó al tenerla delante, luciendo sudoroso y agitado. Tyler, quien lo acompañaba a su lado en las mismas condiciones, resopló.
—En fin, creo que ahora me pedirás que te deje con tu princesita, ¿no?
—Ahora tú tienes la tuya —le recordó Edward. Y es que sí, desde hacía poco tiempo lo suyo con Irina era oficial.
Tyler se quedó pensativo.
—También es verdad. —Y de pronto, tal parecía que se le pasaron las ganas de chinchar con bromas—. Venga, os dejo, pareja.
—Adiós —se despidió Bella al verlo seguir la fila de los chicos que se iban al vestuario de la esquina.
Una vez se quedaron los dos solos en el pasillo, Edward sonrió y cogió su cara para besarla.
—Habíamos quedado en unas tres horas.
—Lo sé.
Él aprovechó la oportunidad para presumir.
—Ya no puedes vivir sin mí, eh.
Bella arqueó una ceja, mofándose.
—¿Ahora te has convertido en Tyler?
Edward la observó con confusión.
—Cuando estás con él se te pega mucho su manera de hablar —le explicó ella.
—Ah, ¿en serio?
—Sí —afirmó con certeza—. Siempre que vienes de estar un rato con él, es como que te comportas de la misma manera, aunque dentro de un rato se te pasa.
Edward se quedó dándole vueltas.
—Pues no lo sabía.
—Ya, yo en cambio sí que me he fijado en varias ocasiones —añadió Bella—. Incluso te pones a hacer sus típicas bromas malas.
Él esbozó una mueca.
—¿Pero te sigo gustando así?
—Claro, es algo natural adaptarse a las personas —le explicó sonriendo—. Sobre todo con aquellas con las que estás una gran parte de tu tiempo, y que con las que tienes confianza…
Edward no pudo contenerse y la besó otra vez, antes de que Bella lo separara con inquietud.
—Ehm… aprovechando que te encuentro aquí, quería hablar contigo sobre… nuestros planes.
—Sí, no te preocupes —se adelantó a aclarar él—. Ahora me ducho, me cambio rápido en el vestuario de aquí y podemos irnos a mi casa directamente. Lo que sucede es que han hecho subir porque el de abajo ha quedado hecho un fiasco después de que los niños pequeños hayan entrado de la piscina por allí… —suspiró—. Ya te imaginarás.
Pero a ella lo único que le ocupaba la mente era una sola pregunta.
—¿No vas a continuar jugando?
Habían quedado en que se iban a ver sobre las cuatro y media o cinco de la tarde. Bella quería aprovechar en irse a casa a comer y cambiarse, mientras que se iba a quedar en el colegio a raíz de que en el equipo decidieron que entrenarían después de la salida de clases del viernes con tal de ahorrarse la hora del martes siguiente. De esa manera no iba a coincidir con los exámenes de ninguno del equipo.
—No, al final no porque el profe no coordinó bien con los monitores de secundaria y solo tendríamos media hora para nosotros el campo —le expuso él—. Eso sumado al hecho de que todos estamos estresados y preferimos aprovechar el tiempo en casa. En mi caso, yo lo quiero para adelantar nuestra cita.
—Pe… pero…
Edward vislumbró el conflicto de Bella en sus ojos.
—¿Pasa algo?
—Es que Rachel ya me habrá hecho algo de comer…
—No importa —le indicó Edward sin hacerse problema—. Como ella cocina en ollas, ya te comerás tu ración por la noche. Ahora puedes ir a comer a mi casa.
—Y también dije al chofer que viniera a recogerme…
—Vale, nos subimos y le decimos que nos deje en mi casa de una vez —propuso él—. Así ya no tienes que estar pasando por la tuya y tal.
—¿No…?
Edward frunció el ceño, divertido. Ya sabía qué significaba recibir una serie de excusas por su parte.
—Bella, no entiendo qué es lo que te inquieta.
Ella frunció los labios, sintiéndose descubierta.
—Es que… yo había pensado en ir a casa a cambiarme.
Él suspiró y negó con la cabeza.
—Pero si no hace falta, estás mucho mejor que yo así. —Se acercó a darle un besito en la punta de la nariz—. Y el uniforme siempre te ha quedado de maravilla. No te preocupes, Bella, en serio.
Y después de guiñarle un ojo, recorrió el camino de los otros chicos para irse al vestuario.
Bella bufó con frustración.
Si supiera... que lo que quería en realidad era cambiase esas prendas que no eran tan visibles desde fuera...
💎¡Hola! Nuevo capítulo y, sí, Bella está llena de dudas pero la pregunta es... ¿Realmente llegará tan lejos con Edward que le convendría cambiarse de ropa interior? Leo vuestras opiniones. 😂 Las ganas prometen, pero las dudas y el ritmo propio de su relación siguen ahí, y Edward parece estar dispuesto a ejercer su voluntad, sea cual sea al final. ❤️
💎Algunas ya vieron los indicios de que Edward intentó decirle a Bella sobre su primer beso en el capítulo que tocaba el tema. 👀 Pero aquí ya se corrobora de manera definitiva. 😛
💎Hablando de suposiciones, muchas ya habéis dejado vuestras teorías con respecto a Esme y Carlisle jeje, en su momento veréis si habéis acertado o no. 😉 Y con respecto a lo de que Bella y Edward empezaran a la de ya a aventurarse en "el siguiente paso" pues se verá en el próximo cap. 😛
💎Y por último, algunas (y esto no va para las que ya tienen dedicatoria) os habéis desanimado a dejar comentarios. 😕 Me alentaría que volviérais a recuperar el hábito, recordad que es el único apoyo que recibo de vuestra parte.
Espero que os haya gustado y, ahora sí, hasta la siguiente semana.
Kisses! 😘😘😘
