No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.

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—Es un anagrama— Jadeó cuando llegó a la tumba.

Mort abrió un ojo.

—Astuto, ¿No crees? ¿Ocultarlo donde todos pudieran verlo?

Bella abrió la puerta apenas lo suficiente como para deslizarse dentro. La luz de la luna era fuerte, y su respiración se le atascó en la garganta al ver precisamente donde cayó. Temblando, se detuvo a los pies del sarcófago y trazó sus dedos sobre las letras de piedra.

—Dime lo que significa.

Él hizo una pausa, el tiempo suficiente para que ella tomara aire para poder empezar a gritarle, pero luego dijo:

—Yo soy el primero.

Y eso fue toda la información que ella necesitaba.

La primera llave del Wyrd de las tres. Bella se movió alrededor del cuerpo de piedra, sus ojos en el rostro dormido de Elizabeth. Mientras miraba a aquellos rasgos finos, susurró las palabras.

En su dolor, él ocultó una en la corona

De ella que tanto amaba,

Para mantenerla con ella donde yacía

Dentro de la celda estrellada.

Levantó dedos temblorosos a la joya azul en el centro de la corona. Si esto era en verdad la llave del Wyrd... ¿Qué iba a hacer con ella? ¿Se vería obligada a destruirla? ¿Dónde podría ocultarla para que nadie más la descubriera? Las preguntas se arremolinaban, amenazando con toda su dificultad para hacerla correr de vuelta a sus habitaciones, pero se armó de valor. Volvería a considerar todo más tarde. No voy a tener miedo, se dijo.

La joya de la corona brillaba en la luz de la luna, y con cautela empujó contra un lado de la joya. No se movió.

Empujó de nuevo, estando más cerca de su lado, excavando con la uña en el ligero pliegue entre la joya y el borde de piedra. Se movió y dio un giro para revelar un pequeño compartimiento debajo. Era del tamaño de una moneda, y no más profundo que la longitud de un nudillo.

Bella miró dentro. La luz de la luna reveló sólo piedra gris. Metió un dedo dentro, raspando toda la superficie.

No había nada allí. Ni siquiera un fragmento.

Un golpe de frío le recorrió la espina dorsal.

—Así que él realmente la tiene— susurró. —Él encontró la llave antes que yo. Y ha estado utilizando su poder para sus propios planes.

—Apenas tenía veinte años cuando lo hizo— dijo Mort suavemente. — ¡Extraña, juventud belicosa! Siempre hurgando en lugares olvidados donde no se le quería, ¡Leyendo libros que nadie de su edad o cualquier edad debe leer! Aunque— Mort añadió —eso me suena terriblemente a alguien que conozco.

— ¿Y de alguna manera se te olvidó decirme eso hasta ahora?

—No sabía lo que era en ese entonces, pensé que él se limitó a tomar algo. No fue sino hasta que leíste ese acertijo que sospeché.

Era bueno que él estuviera hecho de bronce. De lo contrario le habría roto la cara.

— ¿Tienes alguna sospecha acerca de lo que podría haber hecho con él? — Ella le daba vueltas a la piedra mientras luchaba con su creciente terror.

— ¿Cómo voy a saberlo? Él nunca me dijo nada, aunque admito que no me dignaba a hablar con él. Volvió aquí una vez cuando era el rey, pero él sólo hurgó durante unos minutos y luego se fue. Sospecho que estaba buscando a las otras dos llaves.

— ¿Cómo lo hizo para descubrir que estaba aquí? — Preguntó ella, alejándose de la figura de mármol.

—De la misma manera que lo hiciste tú, aunque mucho más rápido. Supongo que eso lo hace más inteligente que tú.

— ¿Crees que tiene las otras dos? — Dijo, mirando el tesoro a lo largo de la pared del fondo, el estante donde se visualizaba Damaris. ¿Por qué él no había tomado a Damaris, una de las mayores herencias de su casa?

—Si tuviera los demás, ¿No te parece que nuestra perdición habría venido sobre nosotros ya?

— ¿No crees que tenga todas las llaves? — Preguntó ella, comenzando a sudar a pesar del frío.

—Bueno, Brannon me dijo una vez que, si se tienen las tres llaves, entonces se tiene control sobre el portal del Wyrd. Creo que es justo asumir que el actual rey habría intentado poner su mano en la conquista de otro reino, o esclavizado criaturas para conquistar el resto de nosotros, si tuviera las tres.

—Que el Wyrd nos salve si eso sucede.

— ¿Wyrd? — Mort rió –Le estás pidiendo a la fuerza equivocada. Si él controla el Wyrd, vas a tener que encontrar otra manera de salvarte a ti misma. ¿Y no crees que sea demasiada coincidencia que la magia se detuviera tan pronto como él comenzó su conquista?

Cómo la magia se detuvo...

—Él utilizó la llave Wyrd para reprimir la magia. Toda la magia— añadió –excepto él.

Y por extensión, Edward.

Ella maldijo, y luego preguntó.

— ¿Así que piensas que podría tener también la segunda llave Wyrd?

—No creo que una persona pudiera eliminar la magia con una sola, aunque puede que me equivoque. Nadie sabe realmente lo que son capaces de hacer.

Bella presionó las palmas de las manos en sus ojos.

— ¡Oh, dioses! Esto fue lo que Elizabeth quería que yo aprendiera. Y ahora, ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ir a buscar la tercera? ¿Robarle las otras dos a él?

Rosalie, Rosalie, tú tuviste que haber sabido. Tú debías haber tenido un plan. Pero, ¿qué ibas a hacer?

Ese abismo ahora familiar dentro de ella se extendía más amplio. No había fin a la misma, ese dolor hueco. Ningún fin en absoluto. Si los dioses se habían molestado en escuchar, ella habría cambiado su vida por la de Rosalie. Hubiera sido una opción tan fácil de hacer. Porque el mundo no necesitaba una asesina con el corazón de un cobarde. Necesitaba a alguien como Rosalie.

Pero no había dioses con los cuales negociar, nadie a quien ofrecer su alma a cambio de otro momento con Rosalie, sólo una oportunidad más para hablar con ella. Sólo para escuchar su voz.

Sin embargo... Tal vez ella no necesitara a los dioses para hablar con Rosalie.

Felix había convocado al Ridderak, y ciertamente no había poseído una llave Wyrd. No, Rosalie había dicho que había conjuros para abrir un portal temporal, tiempo suficiente para que algo se deslice a través. Si Felix podía hacerlo, y si Bella podría usar las marcas para congelar la criatura de las catacumbas en su lugar y de forma permanente sellar una puerta, ¿Entonces no podrían las marcas abrir un portal a otro reino?

Su pecho se tensó. Si hubiera otros reinos... reinos donde los muertos habitaran, en el tormento o la paz, ¿Quién era para decir que no podía hablar con Rosalie? Ella podía hacerlo. No importaba el costo, sólo sería por un momento, sólo el tiempo suficiente para preguntarle a Rosalie donde el rey guardaba las llaves, o cómo encontrar la tercera, y para averiguar qué más podía haber sabido Rosalie.

Podía hacerlo.

Había otras cosas que necesitaba decirle a Rosalie, también. Palabras que necesitaba decir, verdades que necesitaba confesar. Y un adiós, el adiós definitivo que no se le había permitido hacer.

Bella tomó a Damaris fuera su estante de nuevo.

—Mort, ¿Cuánto tiempo crees tú que un portal puede permanecer abierto?

—Todo lo que estás pensando, lo que sea que vas a hacer en este momento, detente.

Pero Bella ya estaba saliendo de la tumba. Él no entendía, no podía entender. Ella había perdido, perdido y perdido, se le habían negado innumerables despedidas. Pero no esta vez, no cuando ella podría cambiar todo eso, aunque fuera por unos minutos. Esta vez, sería diferente.

Ella necesitaría Los Muertos Vivientes, una daga o dos, algunas velas, y un espacio, más espacio de lo que la tumba podía ofrecer. Los dibujos que Felix había hecho habían ocupado una buena cantidad de espacio. Había un gran pasaje uno hasta el nivel de los túneles secretos, un largo pasillo secreto y una serie de puertas que nunca ella no se había atrevido a abrir. El pasillo era amplio, su techo alto, suficiente espacio para hacer el hechizo.

Para que ella pudiera abrir un portal a Otro Mundo.

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Edward sabía que estaba soñando. Estaba de pie en una antigua cámara de piedra que nunca había visto antes, frente a un hombre alto, un guerrero coronado. La corona era familiar, de alguna manera, pero eran los ojos del hombre que lo aturdieron hasta la inacción. Eran sus propios ojos, zafiro, ardiente. Las similitudes terminaban allí, el hombre tenía el pelo largo hasta los hombros de color marrón oscuro, un rostro anguloso, casi cruel, y era por lo menos una mano más alta que el propio Edward. Y él se comportaba como... un rey.

—Príncipe— dijo el hombre, su corona de oro reluciente.

Había algo salvaje en sus ojos, como si el rey estuviera más acostumbrado a recorrer tierras salvajes que caminando por estos pasillos de mármol.

—Debéis despertar.

— ¿Por qué? — preguntó Edward, no sonando muy principesco en absoluto.

Símbolos verdes extraños brillaban sobre las piedras grises, de forma similar a los símbolos que Bella había hecho en la biblioteca. ¿Qué era este lugar?

—Porque una línea que nunca debe ser cruzada está a punto de ser violada. Poniendo todo este castillo en peligro y también la vida una amiga.

Su voz no era dura, pero... pero Edward sentía que podría convertirse de esa manera, si se le provocara. Lo cual, a juzgar por ese antiguo salvajismo, la arrogancia y el desafío en los ojos del rey, parecía bastante fácil de hacer.

Edward dijo.

— ¿De qué estás hablando? ¿Quién eres?

—No pierdas el tiempo con preguntas sin sentido— Sí, este rey no era de los que tenía pelos en la lengua en absoluto. —Tienes que ir a la habitación de ella. Hay una puerta escondida detrás de un tapiz. Tome el tercer pasaje a la derecha. Ve ahora, Príncipe, o la perderás para siempre.

Y de alguna manera, Edward no pensó dos veces el hecho de que Carlisle, primer rey de Adarlan, había hablado con él cuando despertó, tiró de su ropa, tomó el cinto la espada y corrió de su torre.

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Más problemas… las leo :3