Capítulo 30.- D.C. (I)

"The trip was easy. It was no more dangerous than crossing the street, or

driving to the beach, or eating peanuts. The two important

things that I did learn were that you are as powerful and strong

as you allow yourself to be, and that the most difficult part of

any endeavour is taking the first step, making the first decision."

Tracks

Robyn Davidson


–¿Cómo vais? Cambio.

–No nos aclaramos, capitán. Cambio.

Spitfire volvió a ponerse las gafas de espejo a pesar de la niebla reinante. Nubes bajas, poca visibilidad... ¡Vaya día! De haber estado en Cloudsdale hubiera ordenado a los novatos limpiar el techo bajo de nubes a coces y cancelar todos los ensayos. Pero ya no estaban en el condenado Cloudsdale y las coces ya no parecían funcionar en aquel mundo...

Aleteó hasta lo alto del edificio del aparcamiento de la terminal y observó la tarde gris y desapacible. Aún quedaba un día para la llegada de la caravana pony al D.C. y junto con los pocos Wonderbolts que habían aparecido de camino (o sea, Blaze y Fleetfoot), había recibido el encargo especial de la Princesa Celestia de "adelantarse, revisar y poner a funcionar el aeropuerto de Washington D.C. lo antes posible".

Llegar allí antes de tiempo les había hecho descubrir a algunos ponies que ya habían aparecido en la ciudad, lo que a todos les alegró mucho; avisados, además, de que la caravana estaba en camino y de que se iban al aeropuerto en una misión, todos se habían quedado preparando la recepción de las Princesas en el hotel Fairmont. Todos excepto Granny Smith, que se había propuesto acompañarlas retrasando un poco, la anciana pony era voluntariosa pero no muy rápida, la expedición.

En cualquier caso todo había resultado más complicado de lo previsto; en primer lugar porque resultaba que Washington D.C. no tenía "un aeropuerto", sino que tenía tres. Como la documentación audiovisual sólo trataba de Dulles (habían visto para preparar la actividad la película "La jungla de cristal II" (*1) en una televisión portátil), ese había acabado siendo el aeropuerto elegido.

En segundo lugar, estaba el asunto de la tecnología humana.

No había pony capaz de entender un rábano sobre ella. Normal que Fleetfoot y Blaze no se aclararan.

–Ya oísteis a Twilight Sparkle y a Doctor Hooves. ¿Habéis encontrado ese... Ese... Generador de emergencia? Cambio.

Por el walkie-talkie hubo un momento de duda.

–Dile que eso ya está apañao, jovencita –oyó a Granny Smith.

–Afirmativo. Eso funciona –confirmó Blaze–. Pero aquí arriba seguimos sin luz. Cambio.

Y de nuevo, estática en el walkie.

Spitfire trató de recordar todo lo que les había dicho aquel condenado pony de tierra. Algo de fusibles. O cuadros de conexiones. ¡Ah, ya!

–Buscad el cuadro de conexiones y aseguraos de que los fusibles están bien. Al menos hagamos todo lo posible para que haya merecido la pena el viaje. Cambio.

–Dile a esa potra marimandona –oyó a Granny Smith–, que si tanto sabe que venga ella a...

–Recibido –interrumpió Blaze por radio–. Cambio y corto.

Spitfire suspiró otra vez.

No entendía por qué Celestia les había enviado a un "aeropuerto". Corría el rumor de que esa pegaso cabeza de chorlito llamada Rainbow Dash estaba decidida a pilotar un avión humano; no era algo que considerase imposible, pero desde luego sí que lo veía muy poco probable; y francamente inseguro. En cualquier caso cumplir el encargo en un día estaba resultando muy complicado y más aún con Fleetfoot y Blaze buscando soluciones; eran los mejores Wonderbolts de todos, sin duda, pero la capacidad para arreglar y poner en funcionamiento sistemas humanos nunca había estado entre los temarios de la academia Wonderbolt. Respecto a Granny Smith... En fin. Se pasaba más tiempo gruñendo que siendo útil.

Spitfire deseó con todas sus fuerzas estar de vuelta en Cloudsdale. ¡El mundo humano no tenía ni cascos ni cabeza!

¡Cuernos!, pensó Spitfire.

Hasta hacía un mes ni sabía que existían humanos. Había oído leyendas, como todos, pero... ¡Que existieran de verdad! Seres capaces de construir aeropuertos de cuatro pistas larguísimas, como aquel, que dejaban la de Cloudsdale en un bochornoso y pueblerino lugar. ¡Y aquellas máquinas llamadas aviones!

Incluso abandonadas, eran impresionantes.

Entonces oyó algo, lejos.

Algo que se acercaba. ¿Pájaros? ¿Viento? ¿Un vendaval? ¿Un... Huracán?

El ruido se acercó volviéndose insoportable y con las alas listas para saltar al aire por si se acercaba un peligro, la capitán Spitfire lo vio entonces.

Lo que fuera era... ENORME.


(*1) NdA: En España se tituló "La jugla de cristal II" mientras que en la angloesfera fue "Die Hard II", que como podéis ver significan exactamente lo mismo.


Lo vio salir del techo bajo de grises nubes como un monstruo alado sin fin, un gigante inabarcable, indescriptible en su belleza y enormidad, indescifrable en su colosidad y desmedida, más largo que una tarde sin muffins, hermoso, aterrador y blanco como un vendaval capaz de arrasar en su furia Isla Dragón y todo lo que se le pusiera por delante (dragones incluídos). Chillaba como mil bandadas de grajos al unísono hasta herir los oídos con un fiereza cruel e insoportable y apartaba el aire y la niebla a su paso como un titán de impensable desproporción y desatado poderío. Lo primero que pensó la capitán Spitfire fue que el Lord Dragón había llegado allí también, teleportado como todos, pero tras fijar su vista en aquella cosa de metal y blanco comprendió que ni siquiera el Lord Dragón estaba a la altura de aquellas alas inenarrables que parecían salidas de la pesadilla febril y demoniaca de las fuerzas cósmicas y primigenias que habían creado el Universo.

Fue apenas un instante.

Un suspiro.

Tal era su velocidad y fuerza, que al pasar rozando con sus ruedas el techo del parking a apenas unos cascos de Spitfire, dejó a la capitán con el pelo para atrás (más aún) y la boca abierta hasta el suelo en una mueca de incredulidad y admiración; sus gafas, impresión sincera, quedaron descolocadas y colgando únicamente de una patilla como el péndulo de un reloj de pared.

Aquello, comprendió, era una máquina humana.

Un avión.

Que estaba volando.

Una máquina admirable, inexplicable, excesiva y en sus dimensiones totalmente innecesaria.

Y dentro, comprendió cuando parpadeó un par de veces, cuando acabó de creerse lo que había visto durante apenas una fracción de segundo, pilotando aquella monstruosidad, iba una pony pegaso.

Que se parecía, por todos los Wendigos que Nightmare Moon se la llevase una noche para no devolverla jamás a casa, a la condenada pegaso Derpy Hooves.

–¡POR EL [CENSURADO] DE CELESTIA! –exclamó Spitfire con el walkie en la posición de emitir–. Ehhh... Cambio.

–Ehhh... Capitán –contestó Fleetfoot del otro lado–... ¿Puede repetir por favor? Cambio.

Spitfire comprendió. Comprendió cuando vio volver al aire aquella cosa sin fin y pinchar las nubes para desaparecer como una ciclópea y absurda alucinación en mitad de la bruma. Hooves había intentado una aproximación y había tenido que irse al aire por llevar mal la velocidad de descenso. Bueno, por eso y porque había estado a punto de aterrizar sobre el parking de la terminal. Volver al aire era el procedimiento habitual de los Wonderbolts cuando una toma de alta velocidad iba con una senda de planeo demasiado picada. O fuera de pista; definitivamente más fuera de pista que picada. ¡Derpy Hooves estaba intentando tomar tierra con una máquina humana que desafiaba la imaginación y desde esa cosa, con aquel techo de nubes tan bajo y sin visibilidad, era imposible que lo consiguiese sola!

¡Debían ayudarla!

Era una máquina humana... Radio. Debía tener una condenada radio. Agarró el walkie con decisión y trató de imprimir autoridad en su tono.

–¡Poned a funcionar la electricidad y las comunicaciones! ¡Traedme un unicornio! ¡Dos! ¡A las Princesas si hace falta! ¡Pero quiero esas comunicaciones arriba o el paquete que os meto es cósmico! ¿ENTENDIDO? ¡Una pony está intentando aterrizar y tenemos que ayudarla!


¿Había sido la capitán Spitfire? ¿Era posible?

Derpy volvió al aire y trató de ganar altitud lo antes posible. Había calculado mal la velocidad o el radioaltímetro no había dado buenas lecturas... Y... Bueno, aquellos coches en el aparcamiento tampoco parecían una pista de aterrizaje, así que el sistema de navegación daba indicaciones peor de lo que pensaba. Comprobó el nivel de combustible y volvió a poner en silencio las alarmas que indicaban que no quedaba carga: ponían histérica a Black Betty.

–¿La has visto tú también?

–Guau.

–Sé que no estoy soñando, BB. Allí abajo estaba la capitán Spitfire, de los Wonderbolts.

–Guau.

–Tienes razón. De poco nos sirve. Sólo nos queda combustible para un intento más y no estoy segura de que siquiera los Wonderbolts puedan hacer algo para ayudar.


Blaze y Fleetfoot trataban de arrancar los sistemas de la torre de control del aeropuerto de Dulles desde hacía varias horas, y lo que había empezado como una mañana tranquila de tests e investigación de tecnología humana (y prueba de paciencia con Granny Smith), se había convertido en una misión contrarreloj después de las órdenes (o aullidos descontrolados de maniaca, según se mire) de la capitán Spitfire. Además de los procedimientos de encendido de los generadores de emergencia (y vagas indicaciones de que por los cables iba algo llamado electricidad), las pegasos sólo tenían como formación haber visto varias veces la película del humano John McClane, y aunque quizás estaba mal el decirlo, Blaze comenzaba a pensar que era mucho más complicado arreglar aquel desbarajuste sin falsos terroristas buscando liberar a un preligroso narco internacional, que con todos ellos juntos haciendo maldades.

–¡Esa potra pegaso descastada! –gruñó Granny Smith–. ¿Se puede saber qué le pasa?

–Ya la ha oído Granny Smith –contestó Fleetfoot–. Hay una pony pegaso tratando de volver. Pero no sé qué tiene que ver con que arreglemos todo esto.

–¿Qué...? ¿Qué es lo que ha dicho la capitán? –preguntó entonces Blaze.

–¡Pues qué va a ser...! –contestó Fleetfoot–. ¡Que tenemos que hacer funcionar este sitio!

–No, eso no. Me refiero a lo que ha sonado como un pitido.

Fleetfoot miró a Blaze con expresión huidiza e intranquila para dejar un momento de separar conectores bajo un panel. Yo he oído sólo el pitido, aseguró Fleetfoot. Blaze la miró acusadoramente porque, como siempre que a Fleetfoot le temblaba el labio superior, supo que mentía.

Granny Smith acudió maternal.

–Oigo perfectamente, jovencita, y la he oído decir "cono"(*2).

–¿Cono? –se extrañó Blaze– Granny Smith... ¿Está usted segura? ¿Por qué iba a decir...?

–¡Por el cuerno, ya sabes! Es de forma cónica –siguió en sus trece Granny Smith–. Ha dicho cono. Celestia es una alicornio y tiene un cuerno. Cono, cuerno.

–No creo que haya dicho "cono" –protestó Blaze–. Hubiera dicho "cuerno".

–¡Quieres callar y darle al interruptor general! –las interrumpió Fleetfoot desde debajo de la consola, visiblemente incómoda–. ¡He intentado bypassear la alimentación del puesto cinco y en estos momentos me vendría bien una alegría!

Blaze suspiró, frustada. Decidió hacer caso, pero miró a Granny Smith y a Fleetfoot firmemente para dejar clara su opinión.

–Está bien. Pero no ha dicho "cono".

Levantó el conmutador el cual, de nuevo, volvió a bajarse por sobrecarga tras unos breves segundos de alegría en los que todo parecía haberse encendido...

... Para luego apagarse otra vez...

–¡Oh, condenados humanos! ¿Cómo hacían funcionar esto?

–Te lo dije –gruñó Blaze, volviendo desde el cuadro–. Tenemos una derivación en algún lado y...

–¿Qué derivación ni qué derivación? ¡Al cono la derivación! –gruñó Granny Smith blandiendo una llave inglesa y comenzando a golpear el cuadro de conexiones con ella–. ¡Funciona montón de chatarra hecha por simios pelones! ¡Funciona de una vez!

Entonces como por arte de magia, al tercer innecesario ataque con llave inglesa, el cuadro de conexiones soltó un "¡chap!" y luces, consolas, pantallas y aparatos en la torre de control del aeropuerto de Dulles comenzaron a funcionar únicamente alimentados por el generador de emergencia.


(*2) NdA: Para los lectores no acostumbrados a las expresiones soeces de este lado del Atlántico, digamos que a la apreciación de Granny Smith le falta una "ñ" en algún lado. No me miréis así. Tenía que mantener la calificación por edades.


Derpy logró respirar con tranquilidad después de volver a las nubes. El ordenador de vuelo las situaba en una posición al Sur, alejándose de las pistas y aunque estaba segura de ser capaz de tomar rumbo para enfilar una nueva aproximación, volverían al mismo problema: sin visibilidad, ni radioaltímetro, ni navegación, no había manera de encontrar ni el eje de la pista ni una velocidad de descenso adecuada. Aunque a esas alturas estaba dispuesta a intentar una toma en cualquier cosa que fuese lo suficientemente plana... Quizás buscar otro aeropuerto en el ordenador con menos niebla... ¡Pero tampoco había combustible para irse a otro aeropuerto!

¡Sólo les quedaba una oportunidad! ¡Tenía que ser Dulles!

–¡Es ahora o nunca BB! ¡Vamos a conseguirlo! ¡Tenemos que conseguirlo!


–¿Qué tenemos damas? –preguntó Spitfire cuando entró a la torre.

–¡Pequeñas luces encendiéndose y apagándose por todas partes! –señaló Granny Smith a las consolas.

–¡Por Celestia! ¡Hay un montón! ¡Bien! Esperemos que se enciendan y se apaguen como deben –murmuró Spitfire mirando a su alrededor, orgullosa.

Las chicas habían conseguido lo imposible: poner en pie la infraestructura de la torre de control del aeropuerto de Dulles. Eso y un montón de luces que se encendía y se apagaban en pantallas y controles que tendrían alguna utilidad que escapaba completamente a su comprensión. Se quitó las gafas de espejo, con calma.

–¡A ver! ¡Necesito una radio!

Fleetfoot le pasó una especie de diadema y Spitfire se puso los auriculares; tuvo que doblarse el micrófono porque quien hubiese hecho a los humanos les había dejado más chatos que una pared de ladrillo.

–¿Se puede saber qué pasa jovencita? –gruñó a su lado Granny Smith–. ¿Qué es eso de la pony que intenta aterrizar?

–Derpy Hooves está pilotando el avión humano más grande que he visto en mi vida –resumió Spitfire–, y con esta niebla no podrá aterrizar. Si no la ayudamos, se matará.

–¡Por el cono de Celestia! –murmuró Granny Smith.

Blaze y Fleetfoot se llevaron un casco a la boca, horrorizadas, quizás porque como ella recordaban de la película del humano John McClane, qué pasaba cuando un avión aterrizaba mal y sin visibilidad. Spitfire se arrepintió de haber dado la noticia tan bruscamente, pero no había tiempo para ser suave. Con toda la calma que pudo reunir empezó a mover lo que parecía un dial de frecuencias y rezó para que esa pobre pony tuviese abiertas las comunicaciones, mientras ordenaba a Granny, a Fleetfoot y a Blaze que encontrasen el ILS (*3).

–¿Qué era el ILS? –preguntó Blaze.

–Un sistema electrónico que ayudará a que esa cosa aterrice.

–¿Quiere decir como el conserje Low Visibility cuando se pone a gritar los días de niebla? –adivinó Fleetfoot.

–Exacto.

Granny Smith murmuró algo sobre que los pegasos podían ser muy raros. Al ser una pony de tierra Spitfire supuso que probablemente no sabía que los días de niebla en la pista de la Academia, el conserje Low Visibility iba dando a los pegasos que aterrizaban indicaciones precisas con tan sólo oírles planear acercándose.

Era un don prodigioso.

–Pero... ¿Cómo sabremos qué es? ¿Se parece a un conserje? –murmuró Blaze.

–Damas... Empiecen a buscar las letras ILS en alguna consola y luego seguimos desde ahí.

Las Wonderbolts empezaron a buscar desesperadas hasta que Blaze lanzó primero un aullido de éxito, y luego de terror.

–¿Qué sucede?

–He encontrado el ILS... –murmuró Blaze.

–¡Eso es estupendo potrilla! –se animó Granny Smith–... ¿No?

–... Es que en la pantalla hay pegado un papel que dice "fuera de servicio"...

–¡Por todos los...! ¡Está bien! –bufó Spitfire–. Encuentren algún aparato que nos dé indicaciones de velocidad y altitud de ese avión y vayan cantándolas. Busquen las letras "RADAR". Yo le daré las indicaciones a Hooves... Es decir, si esa pobre pegaso tiene la radio activada.

Entonces, la capitán Spitfire trató de encontrar un call name que siguiese el procedimiento. Lamentablemente esa parte de la operación aeroportuaria no se la había estudiado y tuvo que improvisar con la última película que había visto antes de la del humano John McClane.


(*3) NdA: ILS: Instrument Landing System. El avión lleva un receptor y el aeropuerto emite varias señales que ayudan al piloto a saber si se acerca a la pista como debe. No todos los aviones lo tienen. En ese caso, pueden aterrizar con indicaciones desde la torre.


NdA: Me he pasado tres pueblos con el límite de palabras, pero son los capítulos finales. Se vale :)