Nota inicial y necesaria: este capítulo contendrá detalles de los dos fics, uno que se ha mencionado en los cortitos del inicio: Ese Tren, Esa Mujer, Ese asiento, traducción de Natalia Trujillo del fic francés Ce train, cette femme, cette place de EvilQueen3381 disponible en wattpad y por lo que vi hiperconocido por todas! Todo el mérito de ambas, escritora y traductora. Igual no será mucho lo que se pueda "spoilear". También se hace mención a un fic en inglés disponible en FF que se llama Photograph y es de justanoutlaw, ya verán porqué exactamente jajajaja
¡Sin mucho más que decir, vamos allá!
Shippers II
-Bueno ¿y qué quieres? – dijo Jenn sonriendo al teléfono mientras Lana no dejaba de repetir "venga, venga" del otro lado de la línea.
-Has estado amenazando reiteradamente con bufar – contestó la morena – no me hagas esperar.
-Dije que bufaría sólo porque tú apostaste que te mostraría mis bragas – Jennifer sintió que el calor le subía por las mejillas y agradeció a no estar frente a frente – así que...
-¿Quiere que te convenza para que me muestres las bragas? – la voz de la morena sonaba juguetona del otro lado de la línea - ¿Qué es lo que gano yo?
-¿Saber que Jennifer Morrison ha sido débil a tus encantos?
Lana hizo un sonido de siseo – eso es tremendamente tentador – luego comenzó a reír de manera tal que Jenn tuvo que menear la cabeza para no suspirar como posesa -, pero no, prefiero que el día que te haga bufar sea por algo más placentero o interesante.
Vale, definitivamente era una suerte que no estuviera en el mismo lugar que Lana. La rubia mordía su labio tan fuerte que pensó que se haría daño y todo. Ante su aparente mutismo, la morena siguió hablando.
-Sigo pensando que lo de Kathryn es un alucine – comentó – ¿por qué ese obstinación continua a hacerla mi mejor amiga o, ahora, mi pareja? Es decir, Regina la engañó tanto a ella como a cualquiera, de hecho, realmente dudo que fueran amigas en la serie.
-Pero era uno de los personajes más cercanos a la alcaldesa en la primera temporada, Lana, digamos que es normal que la vean como una posible amiga de Gina – argumentó la rubia.
-Gina, eh... - Lana meneó la cabeza – estás pasadísima de fanfics, Jenn.
-Molan, ¿qué puedo decir?
-Esas confianzas con la Reina no sé si te son permitidas – Lana lo dijo con esa voz grave tan propia de Regina y le provocó un escalofrío a Jenn - ¿le has preguntado si le apetece que la llames así?
La rubia tomó aire y se sosegó para seguirle el juego – sabes perfectamente que ella adora que la llamé así.
-No ponga en mi boca palabras que yo no he dicho, Señorita Swan – Jenn sonrió al oír la forma de llamarla.
-Te fascina y lo sabes, Gina – aseguró Jenn poniéndose en lugar de su personaje – incluso, estoy segura de que quieres ser feliz conmigo.
-No tengo idea de dónde ha sacado semejante calumnia, Swan.
Las dos comenzaron a reír por la forma en la que habían cambiado de ellas a los personajes tan naturalmente.
-Se me hace que me hubiera costado conquistar a Regina siendo Emma, de haber estado abierta esa opción – comentó Jenn.
-Puede, creo que no tanto como piensas – garantizó Lana – Regina puede ser dura a veces, pero creo que estaba totalmente colgada por Emma.
-Si tú lo dices, debe ser verdad – Jenn hizo una pequeña pausa – al fin y al cabo tú estás totalmente pérdida por Emma Swan.
-Y tú por Regina Mills – objetó Lana como defensa.
-No lo negaré, la alcaldesa me tiene completamente loca por ella – Lana no dijo nada y Jenn pensó que tal vez aquello había sido algo así como excederse.
-Igual espero que Emma rescaté a mi Regina de esa terrible esposa que tiene en el fic, esa Kathryn nunca fue digna de confianza, ni en la serie – señaló la morena – le gustaba Charming, eso dice mucho.
Jenn se partió de risa al oír aquello - ¿qué tenía de malo mi papá?
-Solo las ñoñas se interesaban en él – aseguró Lana – no es por ofender, pero vamos, Snow y él eran tal para cual.
-Pues yo te vi bastante por él en el primera temporada – replicó Jennifer – tu Regina estuvo a punto de comérselo de cena.
-Era una estrategia para superar a tu madre.
-¿Así quieres agradar a tu suegra? – Jenn fingió estar disgustada.
-No te mueras de celos, anda – le respondió Lana – no hace falta que defiendas el honor de tu madre sólo para no demostrar que querías estar en su lugar.
-Oh, créeme que de estar en su lugar hubiera salido bien saciada de esa cena – su voz descendió unas octavas – y tú también, preciosa.
Y en un total y absoluto silencio que nació, Lana Parrilla bufó intensamente.
-Oh, vaya, ¿quién bufa ahora? – apuntó Jenn entonces – y no tuve que convencerte de mostrarme las bragas.
Las dos rieron, pero Jennifer no tenía idea de lo mucho que había conseguido subir la temperatura a toda Italia, o eso le parecía a Lana que sentía que de la nada ya era el maldito verano.
-Pero, oye, ¿has dicho que me lían con Marian en un fic? Es una broma, ¿verdad? – cambió la morena rápidamente de tema.
-Ojalá fuera una broma, ese fic existe, se llama Photograph y puedes encontrarlo si lo buscas seleccionando a las dos como parejas, es una suerte de trío raro – Jenn hizo una pausa que demostraba su consternación – Regina estaba con el ambientador de pino, pero él muere o algo así y termina enredada con su esposa – resopló – está embarazada y yo no he leído tanto para saber cómo termina, pero esperaría cualquier cosa.
-Es rarísimo – Lana demostró su total escepticismo – que me líen con Mal, bueno, todavía puede entenderlo – expuso – los personajes siempre tuvieron como esa especie de relación tensa-amistosa que da para pensar así, pero con alguien como Marian – se rascó la cabeza – tres planos habremos filmado juntas como mucho.
-Pero eran potentes y tú acabaste siendo su "reemplazo" en la vida de Robín por así decirlo – Jenn suspiró – además adoran liar a Regina con medio mundo, hombres y mujeres.
-Lo sé, por suerte se han fanatizado sobre todo con verme con Emma.
-Si, por suerte – estuvo de acuerdo Jenn – oye ¿vamos a la próxima convención con una camiseta de Swan Queen? Ya sabes, tú en Operation Con y yo en Wales.
Lana se rió – ¿el mismo fin de semana? – preguntó - ¿no quieres que vayamos con la misma camiseta ya que estamos? Incluso, podría autografiar la tuya y yo la mía.
Jennifer sonrió – y no volveremos a ver el sol hasta dentro de 25 años por andar matando gente – ambas sonrieron – si ya con que nos pongamos una camiseta parecida saltan las alarmas, imagínate.
-Lo sé, la gente no acepta que vivimos en el mismo período de tiempo y, por tanto, con las mismas tendencias de moda – Lana suspiró – por eso necesitamos perdernos por Europa para andar tranquilas.
Jenn sonrío de medio lado – siempre nos quedará Europa – dijo guiñándole un ojo al vacío tratando de consolarla, aunque Lana no la viera.
-Si un día me canso de todo y quiero una vida más tranquila, puede que lo consideré como destino permanente – declaró la morena.
-¿Me llevas contigo cuando eso pase? – quiso saber la rubia.
-No pensaba irme sin ti, Señorita Morrison – advirtió Lana, haciendo sonreír a Jennifer.
Siguieron hablando del viaje de regreso de Lana y lo que estaba haciendo. Al igual que Jennifer le pidió que no olvidará avisarle a su hermana Deena que iría a buscar a Lola para llevarla de paseo uno de estos días. Se prometieron mutuamente seguir leyendo, aunque estaba claro que Jennifer había adelantado la lectura, pero juró que necesitaba repetir algunas cosas o todas.
Y cumplió su promesa. Volvió a Estado Unidos porque era lo que tenía que hacer y lo hizo mucho más feliz de lo normal sólo porque era consciente que al final del camino volvería a ver a Lana. Italia se avisaba a la vuelta de la esquina, pero ella tuvo su fanfic y su imaginación para pasar el tiempo. Y a Lola que era como tener un trozo de Lana con ella. Caminó con las dos mascotas a su lado que estaban encantadas de estar juntas y juguetear a su alrededor. Había prometido a Deena que gastaría energías junto a Lola así que aprovechó para correr un poco e incentivarla a moverse más, pero cuidando de no excederse con Ava. Tenía que pillar un día a Lola y salir a correr con ella, las dos solas. No sería esta vez, pero tendría más oportunidades. Quizás por alguna playa o en la zona montañosa que había cerca de dónde vivía la morena. Estaba segura que Lola iba a ser una buena compañía. Cansada de correr se detuvo y dejo que su pequeña recobrará el aliento también. Se sentó en unos bancos que había en el paseo. Lola vino hacia ella entusiasmada y las tres compartieron el agua que llevaba en la botella.
-¿Qué crees, Lola? – le preguntó - ¿piensas que Lana nos echa de menos? – la perra ladró – a ti seguro, lo sé, pero ¿pensará en mí? – se detuvo unos segundos y suspiró – yo no dejo de pensar en ella, ¿puedes creerlo? – acarició las orejas del animal – no paro de pensarla, de recordarla, estoy – hizo una pausa – perdida – añadió finalmente con un hilo de voz.
Se puso de pie y siguieron camino. Dejó a Lola nuevamente con Deena que no dejó de agradecerle el haberle ahorrado el paseo de la tarde. Jenn le dijo que no había nada que agradecer y que cuando viera a Lana le daría sus saludos. La hermana de la morena quería que se quedase a cenar aunque tenía un compromiso y no pudo aceptar. Se fue, pero con la promesa de regresar después de volver de Europa.
Llegó a su casa y, luego de ducharse, se tumbó con su Tablet a buscar el sitio en el que se había quedado. Quería repetirlo, no sólo estaba fascinada por la forma en que esta relación de Emma y Regina había mutado mientras crecía, sino también por la forma en la que la rubia le había hecho saber a la morena que estaba enamorándose de ella. Desde el sueño que le relató sobre esa mujer en sus fantasías hasta esas manos unidas a través del vidrio componiendo una declaración muda y perfecta del amor que estaba naciendo entre las dos.
El primer beso que se dieron Emma y Regina fue un evento que Jennifer volvió a repetir padeciéndolo prácticamente. Padeciendo por cambiar a Regina por Lana y a Emma por ella. Lo leyó y las imágenes se agolparon en su mente, pero todas se deshicieron cuando cerró los ojos y dejó vagar su imaginación de una manera diferente. Abriendo la puerta a una agitada Lana que caminaba al interior de su piso con los ojos clavados en ella y la besaba dejándola con el alma llena de mariposas. Sus labios mezclándose y Jenn que podía percibir perfectamente su aroma aunque Lana no estuviera allí. Esos labios, esos labios torneados, magníficos. Los deseaba rozándose con los suyos.
Julia tenía razón, tal vez su afición por los fanfics radicaba en la oportunidad de concebir escenarios en los que besar a Lana con la excusa del personaje. Tocó sus labios con los dedos y así con los ojos cerrados siguió besando a Lana en su imaginación.
Del otro lado del mundo, Lana respiraba con la garganta apretada. Esa vendedora de lencería irreverente de la que su personaje se había enamorado, le estaba haciendo el amor a Regina. Con torpeza y un cuasi temor, guiada por los deseos de la morena y el ritmo que quisiera imponer, pero estaba haciéndolo. No era la primera vez que leía una escena entre Emma y Regina, pero si era la primera vez que todo su cuerpo parecía responder a cada gesto, a cada palaba. No tenía dudas de por qué era que ocurría, ella estaba totalmente colgada por Jennifer y eso ejercía un aliciente extra. ¿Cómo había ocurrido esto? ¿Cómo?
Cómo estaba claro, habían estado unidas de una manera especial desde que se reencontraron. Estaba haciendo la pregunta incorrecta, la correcta era ¿cuándo? Parecía sencillo de responder, pero no lo era. Tenía que ser sincera consigo misma. Ella llevaba mucho más tiempo pensando en Jennifer de forma diferente, desde antes de casarse con Fred. Quizás no lo hubiese admitido, pero le gustaba y por eso sus personajes mostraban tanta tensión. Por eso su Regina miraba así a Emma. Ahora lo tenía más claro, le había atraído desde la primera vez que puso sus ojos en esa mujer. La conocía desde antes, pero compartir el tiempo en pantalla con ella había revuelto las cosas. Jenn era una mujer muy atractiva con una energía especial que se le había colado en el cuerpo nada más verla. Aun así, siempre habían sido muy cautelosas para acercarse. Ella porque notaba como se sentía y, aunque no quisieran, también lo notaban los espectadores, tenía que ser cuidadosa. Lo achacaban a los personajes, pero el guion no decía nada. Era su interpretación lo que hacía todo.
Jenn se distanció y le rompió el corazón. No lo admitiría, pero era así. Aunque ahora hacía todos los méritos para que pudiera curarse.
Su relación cambiaba cada nuevo encuentro, cambiaba incluso la forma en la que se hablaban por teléfono o que se enviaban mensaje. Puede que ninguna hubiera acertado a ponerlo con palabras, pero se transformaba. Al final, no se diferenciaban tanto de la pianista y la vendedora de lencería, a ellas también les había llevado su tiempo, también su relación había cambiado poco a poco. ¿Acabarían igual que ellas? ¿Rindiéndose a la atracción? ¿Jennifer la correspondería o sólo se lo estaba imaginando? Lana estaba casi segura que lo que estuviera pasando entre ellas no tardaría en pasar factura y sería inevitable tener que enterarse, lo que no sabía era quién de las dos tendría el arrojo para hablar primero, para dar el primer paso.
Las dos suspiraron al leer la escena del piano. Jenn acarició su cuello con una de sus manos, inconscientemente. La temperatura de su cuerpo estaba por encima de lo normal y existía una única culpable. Daba igual que fuera Regina la que atrajera a Emma hasta el borde del piano y repasará con la lengua su intimidad dándole placer. Su mente estaba frita a imágenes de Lana en la misma situación, en la misma postura, pero en el sillón en el que estaba sentada arrodillada delante de ella y mirándola con el mismo deseo que podía entrever Emma en los ojos de Regina. Bufó pensando en qué iba a decirle a Lana cuando en alguna próxima llamada le preguntará sobre el fanfic. No iba a poder silenciarse si sacaban el tema del piano, se le iba a notar. Tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para serenarse y no dejar a sus manos hacer lo que su cuerpo le pedía a gritos. Sentía como si traicionaba a la morena si se dejaba llevar, pero cada vez estaba más claro que tenían que hablar del tema, tenían que aclarar que pasaba. Fuera para mal o para bien, tenía que romper el hechizo que la tenía atada a Lana, ya sea para empezar a olvidarla o, si era cierto lo que percibía del otro lado, para dejar de alucinar y empezar a vivir.
Lana estaba igual de agitada con la escena del piano y meneó la cabeza dando una vuelta por la habitación donde dormía buscando sosegar la presión que le causó a su cuerpo haberse imaginado contoneándose con los dedos de Jenn en su interior. Con todas las ganas de gemir su nombre en medio de un orgasmo. No era Jenn y no era ella, pero no podía más que desear cambiar su vida para que fuera como ese fanfic, para ser la pianista que encontraba al amor de su vida en un tren, siempre que ese amor fuera Jennifer.
-No lo puedo creer – dijo mirando las luces de la noche de Milán – realmente, estoy enamorada de ella.
Se tomó el rostro y suspiró. Esto era más que un simple sentimiento. Este sentimiento en particular lo cambiaba todo.
Unos días después...
-Entonces, ¿ya rumbo al aeropuerto? – le preguntó Lana.
-Sí, lo que te he dicho – comentó Jenn concentrándose en tomar bien la salida hacia el aeropuerto de Los Ángeles – estoy camino a Europa otra vez.
-Que palo, ¿no? – expuso Lana con una sonrisa – dos viajes largos como estos en menos de dos semanas.
Jenn sonrió – no me molesta si puedo pasar tiempo con las personas que me interesan.
La morena se mordió el labio y celebró sutilmente esa frase apretando los ojos, disfrutando las palabras – espero que valga la pena.
-Estoy segura de que valdrá la pena, Lana.
La voz de Jenn hacía que la morena se sintiera completamente traspuesta. Carraspeó suavemente - ¿y Ava? ¿Con tu hermana o tus padres?
-Julia – respondió la rubia con simpleza – por cierto, tu hermana ofreció sus cuidados, pero ya estaba comprometida con la mía.
-¿Deena? – Lana se asombró de la actitud de su hermana, no porque la tuviera sino porque no sabía que tenía tan en cuenta a Jennifer.
-Sí, tu hermana, parece que Ava le ha caído bien.
-¿Solo Ava? – Lana se rió suavemente ante esa declaración – yo creo que no solo Ava.
-Bueno, me invitó a cenar el día que fue a por Lola – confesó la rubia.
-Pero ¿qué dices? – la morena se partía de risa – que atrevida mi hermana.
-No te pongas celosa, seguramente cuando llegues te invitará también – le aseguró Jenn.
-¿Te quedaste a cenar?
-No, tenía un compromiso, pero hemos quedado para luego de mi regreso de Europa, te ha enviado muchos saludos, pero te los daré al llegar a Italia.
-¿Me los darás? – quiso saber la morena.
-Sí, me ha dicho que te dé muchos saludos y cariños de su parte – Jennifer sonreía de forma evidente – así que prepárate.
Lana soltó un siseo – interesante, estoy lista para tus cariños, Jenn.
La rubia bufó – así me gusta – dijo antes de reírse y luego añadió - ¿has terminado de leer el fanfic?
Lana tomó aire notablemente – oh, lo amé, es perfecto – reveló con la voz llena de entusiasmo.
-Lo sé, ¿verdad que es una pasada de historia?
-Me encanto que tuvieran un final tan precioso, tan perfecto – Lana sonreía abiertamente.
-Oh sí, está tan bien desarrollado ese amor – Jenn suspiró – primero se molestan mutuamente y luego se cuidan tanto, hasta amarse tan profundamente.
-Sí, la forma de Emma de abordar a Regina y sacarla de su mutismo, la forma en que la protege y se preocupa por ella – siguió Lana – a veces a costa de su propio bienestar.
-Pero Regina no se queda atrás – argumentó Jenn – la defiende frente a Kathryn, la pone en su sitio si la agrede, le asegura que no va a dejarla pasar y la ayuda a recuperarse de sus fantasmas del pasado.
-Sí, son perfectas la una para la otra – reflexionó Lana.
-Lo son – Jenn hizo una pausa – confieso que lo de la hija me descoloco un poco, demasiado drama.
-Sí, quizás sin eso tendría el mismo impacto, pero es cierto que eso hace que el final sea más bonito – expuso Lana – además que hace que la interacción con Henry tenga mucha más sustancia.
-Ya, puede ser – la rubia suspiró – soy Swan Queen shipper, ¿eh? Después de esta historia, no hay nada más para mí.
-Concuerdo, es hermoso lo que podrían haber creado para nuestras chicas si hubieran querido – la morena estuvo de acuerdo de inmediato.
-Bueno, casi llegó al aeropuerto, en poco tendré que cortar – le dijo Jenn – excepto que me quieras acompañar hasta la sala de embarque.
-No encuentro nada mejor que hacer – aseguró Lana.
-¿Qué dices? ¿Estás en Italia y prefieres quedarte al teléfono conmigo hasta llegar a la puerta de embarque?
-Lo digo y lo re afirmo – admitió Lana - ¿qué pasa? ¿Prefieres que corte?
-No, quédate – Jenn se vio así misma sonriendo – quédate conmigo cuanto quieras, de hecho, no pienso colgar hasta que no me multen.
Lana sonrió audiblemente – pues tendrán que multarte entonces porque no voy a cortar.
Ambas pensaron que era un sutil juego de "corta tú" tan típico en las parejas, pero con azafata incluida. Se quedaron hablando hasta que Jenn no tuvo más remedio que cortar la llamada, pero no lo hizo hasta asegurarle a Lana que la próxima vez, pasará lo que pasará, ella no cortaría.
Bueno... ¿Y? ¡Se viene ITALIA!
