A pesar de que han pasado algunas semanas desde que recuperaron el muro, aún la sorpresa de saber que hay más allá de esos muros es enorme, hay gente viva, luchando una contra otra por una tonta guerra que ha prevalecido por siglos y todo por un poder que ninguno pidió, ni siquiera la gente condenada por ese poder pidió ser eso, tener la capacidad para convertirse en seres que solo han atemorizado y traído desgracias a muchos. Otra de las cuestiones es que por los recuerdos que empezaba a tener el rubio, por el pelinegro, no eran muy agradables, ni siquiera tenían mucho sentido para el, se los contaba a la rubia de coleta que más o menos les explicaba, y este entre esos recuerdos aparecían más donde a veces podido distinguir al otro rubio que era titán.
Tenía una leve sospecha de que al pelinegro le gustaba ese chico, no solo gustar, si no, enamorado estaba.
Entraba en conflicto consigo mismo, se mantenía muy distraído y su amigo, el castaño no era de mucha ayuda por qué se la pasaba más apegado a su capitán y la azabache a veces andaba de aquí para allá, ya sea con sus deberes o ayudando a la nueva comandante al ver que no podía sola con tanto papeleo y la rubia de coleta, era la única que se encontraba con la chica de pecas disponible. Sus otros amigos tenían muchos deberes la chica patata ayuda a su padre de vez en cuando en una granja que tenía ahora, y el chico rapado iba a ayudar en otro lado para no perder condición; el chico de pecas andaba en otro escuadrón, al que le perteneció al rubio de barba, ayudaba a al chica rubia para el entrenamiento y cómo quedó de capitana el se ofreció a ser su segundo.
Y el otro castaño, solo iba a ver a su mamá o andaba ayudando a los de la policía militar, como a veces iba a ver a la reina para ver en qué lo necesitaban más; así era su rutina cotidiana.
Paseaba por el pueblo, necesitaba descansar por unos segundos.
-Arlet—con ese tono de voz que conocía mejor que nadie.
Volteo a ver y era su excomandante, era inusual verlo sin su uniforme puesto y que vistiera como un simple civil.
-Coma...perdón, no me acostumbro a no llamarlo de otro modo—avergonzado.
-Descuida—con su característica sonrisa.—Puedes llamarme Erwin.
-E-Erwin—era algo raro para el.
-¿Cómo has estado?—cargando unas cosas.
-Bien, entrenando y esperando a que las memorias de Berthold ayuden un poco—p era mentira pero le costaba trabajo diferenciar una del paso y otra más reciente.—Y usted, ¿como ha estado?.
-Me volví profesor como mi padre—viendo a los niños.—El y yo teníamos un sueño que se cumplió. Salirme de la legión fue lo mejor, no por querer abandonarlos, lo contrario.
-No entiendo—realmente hubo veces que era difícil saber lo que pensaba el.
-Lo harás, pronto—hablando para si mismo.—¡Y Hanji está bien!.
-Más o menos adaptándose—recordando la veces que la veían cansada.—Nos hemos tenido que turnar para ayudarla un poco.
-Cómo Moblit era su ayudante, debe ser difícil—recordando que ese chico siempre la ayudaba en todo y parecía tenerle mucho afecto.
-La verdad, no ha asimilado Hanji-san su muerte del todo—notándolos todos.
-¡Ella dependía muchos el!—era muy cierto.—Mientras no lo dejen que se caiga. ¿Y que hay de Rivaille?.
-Heichou—notando un tono diferente.—El se centra en sus deberes y permanece en nuestros entrenamientos como ayuda a Mike-san con los nuevos.
A veces se va a ver a su abuelo, acompañado de Eren y de Mikasa.
-Entiendo—suponiendo algo sobre ellos.
Todo iba bien, una mujer lo vio y corrió a verlo llamándolo por su nombre, en un momento se volvió incómodo y la chica al ver al chico rubio, supo de quién se trataba y lo saludo como si nada.
-¡Es un placer conocerte!—con su sonrisa más sincera.—Soy Kaoru, la esposa de Erwin.
-Es un placer conocerla—dándole una sonrisa a ella.—Soy Armin Arlet.
-Fue un gustó verte Arlet—haciendo que se debían ir.—Me saludas a todos.
-Claro que sí con...Erwin-san—para irse por otro camino.
Le dolía saber que el hombre que amaba, jamás estaría con el.
Debía superarlo a toda costa y al perderse entre la gente siguió sin mirar a donde iba, pero, un azabache que caminaba con su pequeño e iban con un castaño usando una capucha para no ser reconocidos por nadie y pasar una excelente tarde como familia, divisaron al rubio deprimido, con la cabeza gacha y con esa mirada triste.
-Ve Eren—dándole a entender que no había problema.
Solo fue a verlo y lo abrazo para que llorara yendo a un lugar similar donde luego pasaban su tiempo de niños para que se desahogara y sacará todo lo que se guardaba.
Un pequeño solo miro a su mamá.
-¿Quien es ese?—con un tono de molestia.
-Es amigo de tu papa—sin preocuparse de nada.
-¡Solo un amigo!-no muy seguro.
-Oi—agachándose en cunclillas y mirado lo a los ojos.—El es amigo de Eren desde que son niños. También es amigo de Mikasa y yo no tengo problemas.
-Mientes—sabiendo querrá lo contrario.
-Al principio si—suspiro.—Eso fue antes de que me diera cuenta lo mucho que me ama Eren, solo mi y a nadie más.
-Mmm—agachando la mirada.
-Uri—abrazándolo.
-¡No quiero perder a papá o a ti!—ese era su temor.
-¡No nos perderás!—era una promesa que cumpliría sin importar que pasará.
Había muchas cosas que no entendían aun y ahora les habían asignado una pequeña expedición para ir más allá de lo que han avanzado, su misión es encontrar el mar de acuerdo a los recuerdos de Eren y de los de la rubia que más o menos recordaba por donde era; se concentró más en su misión que olvidó ciertas cosas, una de ellas fue la conmoción vivido de ver como la chica de pecas, en su forma de titán se comía a su compañero que poseía uno de los poderes de titán y que ahora sí ella no se lo cedía a nadie, se perdería para siempre.
Salieron desde temprano siguiendo el camino en el que normalmente se divisaron titanes, así fue hasta el medio día que no pararon nada hasta divisar aun titán que solo se arrastraba y dejándolo pasar al no ser un peligro; asumieron que en el momento en que fueron atraídos los titanes por el grito que hacia en su forma de titán la rubia, habían entrado todos los titanes de la zona, seguirían buscando en otra expedición para revisar toda la isla, solo que por ahora se centrarían en su misión principal.
Al llegar donde se encontraba ese muro que usaban para convertir a las personas en titanes, el castaño lo reconoció por los recuerdos de su padre y a veces su mirada se tornaba ensombrecida desde que supo la verdad; el azabache sabía más cosas que le contaba cuando estaban a solas y procuraba abrazarlo para calmarlo y eso lo ayudaba a él también, más cuando la rubia y la chica de pecas contaron algo acerca de la familia Ackerman.
Al llegar a las orillas de la playa se asombraron de ver ese océano tan azul y el cielo extendiéndose al horizonte, bajando de sus caballos para acercarse y jugar en el agua, yendo la reina en secreto con ellos para cumplir su promesa y con su novia jugando.
Eran unos niños, el azabache mantuvo la compostura, viendo a su escuadrón jugar también y a su mocoso con sus amigos, viendo esa sonrisa y ese brillo nuevamente en su ojos, aunque no fuese solo con el y la chica de lentes se acercó feliz recuperando su sonrisa.
-¡Mira enano!—mostrándole una estrella de mar que encontró.
-¡Suelta eso loca!—conociéndola bien.—¡No sabes si es venenoso!.
La rubia de coleta fue arrastrada con ellos, no había podido divertirse nada cuando era niña y ahora tenía esa pequeña oportunidad, aunque sea solo por unos momentos breves y pequeños poder tener un poco de felicidad antes de volver a ver ese mundo cruel.
Más tarde.
Casi anochecía, el sol iba ocultándose poco a poco.
Acamparon arriba de ese muro, mientras ellos hablaban o reían como en los viejos tiempos, olvidándose de que habían titanes y en dónde estaban, solo eran ellos, unos compañeros dividiéndose por primera vez en años y una reina dejando de ser solo eso por esa vez para disfrutar la compañía de sus amigos.
Un azabache no estaba arriba porque había ido a caminar por la orilla de la playa, dejando que la arena y el agua le tocará los pies descalzos, después de haberse quitado sus botas, seguido de su pareja que lo alcanzó abrazándolo por atrás, lejos de la vista de los curiosos que no les prestaban atención y eso causó sorpresa en el azabache que no se dio cuenta de que se acercaba a alguien a él por estar sumergido en la bonita vista que sus hermanos les hubiese gustado contemplar.
-Te dije que el mar era hermoso, más que en esos libros—susurrándoselo en el oído.—Vendremos con Uri la próxima vez, solo nosotros tres.
-Lo es—con las mejillas sonrosadas.—¡A el le gustará mucho!.
-¿Y a ti te gusta?—besando su cuello.
-Me gusta—para alejarlo y voltear a verlo.—¡No es momento!. ¡Alguien nos puede ver!.
-Tienes razón—era lo malo pero se acercó para tomarlo de la cintura y acortando la distancia besándolo profundamente y apasionadamente.
Si lo tomo por sorpresa, pero, al cerrar sus ojos por instinto se dejo llevar sentir sus labios con los suyos para atraerlo y pasar sus manos por sus cabellos, permitiéndole que su lengua explorará su boca y entrelazando sus lenguas en una pelea por ver quien tenía el control.
Tan necesitado y hambriento se volvía que necesitaban más de ellos, separándose al sentir la falta de aire y con Julito de baba que dejaron viéndose a los ojos.
-¡Quiero casarme contigo Eren!—sin dejar de ver sus hermosos ojos.—¡Llevar tú apellido y que todos lo sepan!. ¡Llevar a tus hijos en mi vientre!.
Nunca he sido un soñador, pero, ahora quiero soñar con una vida contigo lejos de esta mierda.
-Levi—sintiendo esa felicidad que lo beso par demostrárselo y separándose.—Cuando acabe todo está guerra, nos iremos lejos.
Nos casaremos lo mas pronto posible y llevarás mi apellido, como Uri.
-Eren—sus ojos se abrieron de la sorpresa y quería llorar, en vez oculto su rostro.
-¡Y si, me quiero casar contigo!—sin dejar de abrazarlo.
Fue a buscarlos una azabache, se acercó y los escucho, se alejó de ahí feliz y contenta, ocultándose en la bufanda.
Cuando ellos iban regresando para subir al muro, ella los esperaba y acercándose se le quedaron viendo, antes de preguntarle los termino abrazando a ambos, dejándolos muy confundidos, sin saber que pensar.
-M-Mikasa—sorprendidos.
-Se habían tardado—contenta y sonriendo les.—Los fui a buscar y escuché un poco de su conversación. Estaban felices que no quise interrumpir.
-No te opones a que me casé con Levi—no sabía cómo hablarle.
-No—negando con la cabeza.—¡Ustedes me han apoyado mucho y son mi familia!. ¡Me hace feliz que ustedes se quieran casar!.
-Gracias Mikasa—se bajo la Cabeza y sintió su abrazo.
-Te mereces ser feliz más que nadie—abrazo a su primo.
La dejo, tenía ganas de llorar, pero, las lágrimas no salían y no quería que lo vieran vulnerable, no ahora.
El castaño estaba feliz, como se estaban tardando una chica de lentes fue a buscarlos pero ninguna la vio y escucho la conversación de ellos, se quedó de piedra; no lo podía creer y recordó las palabras de el.
Se dio cuenta que en todo ese tiempo, el había vuelto ser más abierto como cuando sus hermanos estaban vivos, no, lo era más y se podía notar su cambio al hablar moderadamente y más calmado con los reclutas, no con todos pero ya no eran tan frío y por primera vez se lo agradecía al castaño.
Regreso distrayendo a todos, y ellos volvieron para unirse a la celebración.
Aquí está el capítulo de hoy, la parte del mar.
Así que pueden dejarme sus comentarios, sobre lo que quieran que suceda o piense que puede pasar.
Acepto ideas y las agregaré con gusto a la historia.
Aclaro, Erwin está vivo, pero, el volverá a ser el comandante cuando Mare ataque al ir por Gaby y Falco. Me pareció más correcto darle tiempo a él para asimilar más profundamente la situación de la guerra, más porque lo titanes ya no son el enemigo como tal, ahora entramos en el conflicto las personas contra las personas.
Besitos :3:3:3:3:3:3:3
