— ¡Estás preciosa! — Exclamó Parvati fascinada.

— Definitivamente el rojo es tu color — Añadió Lavender acariciando la suave gasa de la falda.

Hermione se limitó a sonreír como agradecimiento por sus amables palabras. Dio una vuelta sobre sí misma para examinar mejor el vestido a través del espejo de cuerpo entero que tenía delante. Las Gryffindor habían dedicado esa tarde a escoger el atuendo adecuado para que Hermione asistiera a la cena de gala del profesor Slughorn, la cual se celebraba esa misma noche. Sus antiguas compañeras de habitación se habían ofrecido a ayudar a Granger con esa tarea, algo que apreció la joven pues desde que la trasladaron a su nuevo dormitorio apenas había pasado tiempo con ellas.

— Se ve muy bonito — Confirmó con timidez la muchacha — Muchas gracias Lav.

El vestido elegido finalmente para ese día pertenecía a Lavender. Era un delicado conjunto de gasa roja ajustado con un fruncido en la parte superior y con una caída más fluida en la zona de la falda, la cual llegaba hasta los pies.

— Creo que deberías elegir una gargantilla más vistosa. En mi familia siempre hemos apreciado la alta joyería — Apuntó Patil mientras sacaba una caja de madera de su armario, y mostrándole su contenido añadió — Puedes escoger la que más te guste.

La morena comenzó a sacar todas las joyas que poseía. La belleza de las piedras preciosas impresionó a Hermione, la cual nunca había tenido piezas de tanto valor.

— Son magnificas — Dijo maravillada al ver tan extraordinaria colección — Pero... prefiero llevar la mía.

Tras decir esto acarició la pequeña perla que portaba en el cuello, su bella camelia. Desde que decidió colgársela se sentía incapaz de desprenderse de ella.

Lavender se percató de ese inocente gesto y con él descubrió que su amiga estaba especialmente unida a ese colgante. No se había fijado hasta ese momento en lo que realmente era pues por primera vez vio la flor encapsulada en su interior. Rápidamente recordó el día en la que la misma Hermione le preguntó por el significado de esa flor. Sabía que la camelia había sido un regalo pero nunca le confesó de parte de quien. ¿Estaría ocultando su amiga un amor secreto dentro de Hogwarts?

— Pero si es muy simple — Se quejó Parvati sin saber cuánto significaba ese abalorio para Hermione — Cualquiera de mis gargantillas lucirían mejor con ese vestido, ¿no es así Lavender? —La muchacha buscó el apoyo de su amiga para tratar de convencerla.

— No estoy segura — Respondió mientras recogía con las manos la melena de Hermione haciendo que la pequeña esfera resaltase más — Creo que en la sencillez está la clave. Este colgante no le resta protagonismo a su belleza.

Patil observó durante unos segundos a Granger tratando de discernir si su amiga tenía razón.

— Estás en lo cierto, creo que puedes destacar sin necesidad de tantos adornos. Además esa perla va con tu personalidad — Comentó la morena mientras soltaba algunos de los mechones del peinado de la joven — Sobria, elegante y sencilla.

Hermione sonrió tímidamente, realmente esas cualidades la definían.

— Ojalá Krum estudiase aquí para verte — Dijo Lavender mientras colocaba algunas horquillas en el recogido de Hermione — Seguro que no podría resistirse a pedirte matrimonio.

El sonrojo subió a las mejillas de la joven mientras observaba como sus compañeras trabajaban en el arreglo de su cabello.

— Que tonterías dices — Murmuró avergonzada por tal afirmación mientras negaba con la cabeza por tan absurda idea.

— Dime que por lo menos has respondido a su carta — Añadió la rubia — Está bien hacerse la interesante pero ya hace varios días que la recibiste... el chico no esperará eternamente.

Hermione agachó la mirada. En verdad le costaba compartir ciertas cosas con otros, sobre todo cuando se trataba de sus sentimientos.

— Hoy envié la lechuza. He aceptado su invitación. — Confirmó la joven Granger.

Sus compañeras gritaron a la vez emocionadas por la estupenda noticia.

— ¡Eso es genial! ¡Me muero de ganas por veros juntos en la boda! — Exclamó Lavender realmente feliz — Ya sabes lo que dicen, ¿no? De una boda...

—... Sale otra boda — Terminó la frase Parvati compartiendo el mismo entusiasmo que su amiga.

Hermione sonrió forzadamente a las dos chicas pues no sabía bien que decir.

Esa mañana había remitido la respuesta a la carta de Viktor a pesar de encontrarse realmente confundida sobre sus sentimientos. Había meditado durante días sobre si debía o no aceptar la invitación de Krum, y tras no encontrar ningún motivo por el cual debiera declinarla había aceptado su proposición.

— Sólo somos amigos, no hay nada más — Puntualizó Hermione tratando de apaciguar la emoción de las dos Gryffindor.

— Por el momento — Contestó con picardía Lavender mientras le guiñaba un ojo cómplicemente.

Tras esto Hermione fue capaz de desviar el tema de conversación mientras sus amigas terminaban de engalanarla. De esta manera el centro de la charla dejó de ser ella y su supuesta relación con el atractivo Krum, algo que la hacía sentir francamente incómoda pues ni ella misma sabía lo que sentía por él. ¿Era verdadero amor o sólo nostalgia por lo que en su día compartieron?

No tardaron demasiado en acicalar a la joven pues esta no dejó tampoco que la maquillaran en exceso. Tras agradecer a sus compañeras todo lo que habían hecho por ella salió de su dormitorio y caminó hasta la sala común de los Gryffindor donde la esperaba su pareja para esa noche.

— ¡Estas realmente impresionante! — Exclamó con admiración Harry al verla llegar — Seré la envidia de todos cuando aparezca contigo del brazo.

— Anda calla — Respondió avergonzada por el cumplido de su amigo — Mejor vámonos ya, no quiero llamar demasiado la atención.

La muchacha tenía razón pues los demás miembros de la casa que se encontraban allí no dejaban de admirarla. Verdaderamente ese día la joven brillaba con luz propia. Harry le ofreció su brazo sin decir nada más y ella lo aceptó aferrándose a él, aunque solamente lo hizo por el miedo a perder el equilibrio subida a sus altos tacones mientras se encaminaban a la sala donde se celebraba la cena de gala. Por suerte ya estaban en el séptimo piso del castillo así que pudo evitar las peligrosas escaleras mientras seguía el decidido paso de su compañero.

— ¿Respondiste a Viktor? — Preguntó Potter tratando de romper el silencio mientras recorrían uno de los pasillos.

— Sí, he aceptado su propuesta — Se limitó a decir Granger sin apartar la vista del suelo centrándose en caminar con naturalidad.

— ¿Es lo que realmente quieres? — Preguntó en voz baja el muchacho — No estarás aceptando su invitación por despecho, ¿verdad?

— ¿Qué? — Preguntó desconcertada la joven — ¿Con qué derecho juzgas mis motivos? — Le espetó indignada.

— No es eso, es sólo que está siendo un año difícil... — Trató de justificarse esquivando la airada mirada de su amiga — No quiero que tomes una mala decisión.

— No tienes ni idea Harry — Respondió exasperada sin aminorar el paso.

— Podrías explicármelo — Pidió Potter a punto de llegar a la puerta del gran salón. — Antes nos lo contábamos todo.

Harry sentía que su amistad con Hermione se estaba deteriorando. Percibía que su amiga escondía demasiados secretos y comenzaba a estar realmente preocupado por ello.

Hermione suspiró cansada, a ella también le dolía ocultarle tantas cosas a Harry.

— Lo siento — Se disculpó la joven mirándolo con tristeza — No puedo...

— No importa — Le consoló su amigo acariciándole la mejilla con cariño — Siempre estaré aquí para ti, no lo olvides.

Los dos sabían que eso seguía siendo verdad, su amistad podía superar cualquier obstáculo.

Harry abrió la puerta y la sostuvo para que Hermione accediera a la estancia.

— Señorita — Dijo con una sonrisa mientras con un ademán la invitaba a pasar.

— Gracias caballero — Respondió su amiga siguiéndole el juego haciendo una pequeña reverencia antes de traspasar el umbral.

Una vez dentro la opulencia que mostraba el lugar la sorprendió. Sin duda el profesor Slughorn se había esforzado en organizar una fiesta a la altura de sus refinados gustos. Las paredes lucían ornamentadas con telas doradas, cortinas de seda y gasa separaban la estancia en diferentes ambientes. La gran mesa redonda donde solían reunirse los miembros del club ahora se hallaba engalanada con un mantel blanco bordado con hilo de oro. Las exquisitas viandas eran colocadas en ella por dos elfos domésticos del castillo, encargados de servir durante esa noche a los invitados. Algunos alumnos ya habían llegado y se repartían por la sala creando pequeños grupos para conversar hasta que diese comienzo la cena. En cambio el anfitrión permanecía sentado a la mesa hablando de manera confidente con Snape. Los ojos de Hermione se encontraron con los de Severus fugazmente pues la joven desvió la mirada con rapidez debido al pudor que sentía. Desde su fortuito encuentro en las mazmorras, hacía ya dos días, no habían vuelto a hablar. Ella no había acudido más al bosque prohibido para sus prácticas y él no se había atrevido a abordarla para preguntarle el por qué, pues comprendía que tal vez había traspasado con ella una línea que jamás debió cruzar. No volvería a incomodar a la muchacha de ese modo, se dedicaría a cuidar de ella desde la distancia. Ambos habían seguido con sus actividades diarias incapaces de enfrentarse el uno al otro de nuevo, hasta ese momento.

— Señorita Granger — Saludó Horace poniéndose en pie al verla — Por favor, tome asiento a mi lado esta noche.

Hermione asintió mientras se acercaba hasta él acompañada de Harry.

— Por supuesto, será un honor — Respondió aceptando su amable invitación.

Severus permanecía sentado a la diestra del profesor Slughorn observando la escena en silencio.

El muchacho separó la silla de la chica para que ésta tomase asiento.

— Puedo hacerlo solita — Murmuró a su amigo tratando de que nadie más los oyese.

— Hoy seré todo un caballero, quiero impresionar a Slughorn — Susurró al oído de su amiga una vez que ella se sentó — Sígueme el juego.

El profesor Snape clavó su mirada en ese gesto de complicidad de Potter hacia Granger y por primera vez deseó ser él quien intimase así con la joven. Al poco tiempo los demás comensales tomaron asiento para dar comienzo a la cena.

Hermione trató de pasar la velada lo mejor posible aunque le resultó extremadamente difícil, pues cada vez que Horace reclamaba su atención se encontraba con los oscuros ojos de Snape observándola. Aun podía recordar cuándo, sentados al piano, una extraña sensación recorrió su cuerpo al notar ese breve contacto. Los dedos de Severus acariciaron su piel con un mimo que jamás pensó que pudiese mostrar, no comprendía por qué había deseado que esa proximidad no cesara. Algo se había despertado en ella pero aun no lograba ponerle nombre a ese sentimiento.

La conversación en la mesa fluía de manera animada mientras todos degustaban los manjares servidos, aunque Severus permaneció en silencio la mayor parte del tiempo abstraído en sus pensamientos y solo tomando parte en el diálogo cuando Slughorn se dirigía directamente a él.

Melinda Bobbin expuso sus aspiraciones futuras de expandir su negocio familiar con boticas mágicas fuera del Reino Unido. Las gemelas Carrow, Flora y Hestia, explicaron también sus planes una vez se graduaran. Tras ellas todos los estudiantes se vieron comprometidos a comentar en que pensaban ocuparse al llegar a su vida adulta, un tema que a Hermione le incomodaba sobremanera pues todavía no tenía una respuesta para ello.

— Granger, ¿y usted a que piensa dedicarse? — Preguntó Horace fijando su atención de nuevo en su alumna más aventajada — Si me permite decirlo creo que en el campo de la docencia tiene un gran porvenir, incluso podría ser mi sustituta en un futuro.

Los demás compañeros la observaban expectantes esperando ver cómo respondería la joven a semejante cumplido, incluido Severus que de nuevo parecía volver a la conversación con interés por ello.

— Todavía no he pensado que haré tras graduarme — Confesó la joven — Pero me alienta que piense que podría llegar a ser su sucesora.

— Por supuesto jovencita — Añadió el mago entusiasmado con la idea — ¿No es así profesor Snape?

— Es obvio que la señorita Granger tiene un gran talento para la creación de pociones — Comentó Severus forzado por Horace a intervenir — Pero no creo que deba limitarse a la docencia.

Horace lo miró estupefacto por tal afirmación.

— Usted también tenía un gran potencial cuando era mi alumno y se inclinó por enseñanza, ¿acaso ese camino no es uno de los más honorables para un mago o una bruja? — Rebatió a su compañero.

— Por supuesto, pero no todos los magos buscan eso — Respondió — Granger tiene un futuro prometedor, sólo a ella le corresponde elegir su camino — Añadió mirándola exclusivamente a ella.

— Gracias por sus palabras — Interrumpió Hermione tratando de zanjar la conversación pues no deseaba seguir siendo el centro de atención en la mesa — Tomaré en cuenta sus sugerencias.

Tras esto la velada prosiguió con normalidad hasta que llegó la hora del baile.

— ¿Podemos irnos ya? — Preguntó Hermione a Harry cuidando de que nadie los escuchase — Estoy deseando salir de aquí.

— Prometiste ayudarme — Murmuró el muchacho — Sabes que tengo que sonsacarle su secreto al profesor Slughorn.

— ¿Pretendes que nos quedemos también al baile? — Preguntó la joven con disgusto — La última vez que bailé con Cormac tuve que frenar sus manos, ¡ese chico tiene más tentáculos que un snarpalun!

— Puedes bailar con Neville — Apuntó Harry tratando de darle una alternativa mejor.

— Creo que tiene otros objetivos — Respondió Hermione al ver que a su amigo Longbotton se le notaba interesado en bailar con una de las atractivas gemelas Carrow.

La vista de Hermione se dirigió a la zona de baile donde pudo observar que todos los chicos de la fiesta ya parecían emparejados.

— Vamos muchachos, en breve dará comienzo la música — Comentó Horace acercándose a ambos para indicarles que se dirigiesen a la pista.

En una pequeña plataforma se encontraba la alumna Bobbin con su violín pues ella sería la encargada de amenizar la noche con su música.

— Lo siento profesor pero me lesioné la rodilla en mi último entrenamiento de Quidditch — Mintió Harry — La enfermera Pomfrey me ha dado unos ungüentos pero me ha aconsejado reposo si quiero rendir correctamente en mi próximo partido.

— Que fatalidad... — Respondió el mago mientras negaba con la cabeza — Pero esa medicina debe de estar funcionando bien pues no he apreciado en usted el menor rastro de cojera durante la velada, aunque no seré yo quien contradiga a nuestra querida Poppy. Será mejor que tome asiento con nosotros de nuevo.

Harry y Hermione lo siguieron hasta la mesa y volvieron a sentarse en sus correspondientes lugares. Severus seguía allí sin la menor intención de interactuar con los demás, pensaba disfrutar del concierto en la comodidad de su asiento. Pero ver a Hermione volviendo a la mesa lo inquietó de nuevo, como si su proximidad fuese algo que ahora debiese evitar.

— Potter está lesionado y no puede bailar — Explicó Horace a un apático Severus que apenas miró al muchacho — Es una pena que la joven Granger no vaya a poder disfrutar del baile.

— De veras no me importa. Prefiero pasar tiempo con ustedes, sus conversaciones son más edificantes que cualquier baile — Dijo Hermione feliz por no tener que bailar con ninguno de sus compañeros.

— Pero es una lástima... Hoy su belleza resplandece más que nunca — Comentó Slughorn admirando a la joven — Tengo una idea, ¿por qué no la saca a bailar profesor Snape?

Severus se encontraba dando un sorbo a su copa de vino cuando escuchó tan extravagante ocurrencia. Tras toser un poco, pues casi se atraganta debido al sobresalto, miró a su compañero desconcertado.

— No creo que sea apropiado — Se limitó a decir esquivando la mirada de Hermione, sintiéndose azorado.

— No sea tan puritano — Reprendió el mago como si de nuevo volviesen a sus antiguos roles de profesor y alumno — Es tan sólo una reunión de amigos y no es la primera vez que baila en una de ellas.

Snape le miró fijamente durante unos segundos, sabía que estaba haciendo referencia a cuando bailaba con Lily en su juventud. Probablemente Horace era uno de los pocos profesores que se habían dado cuenta de los profundos sentimientos que Severus profesaba por la joven Evans en sus años escolares.

— Es una gran idea — Interrumpió Harry pues sabía que era su oportunidad para estar de nuevo a solas con el profesor Slughorn — Hermione deberías bailar con ese precioso vestido, sería un crimen no hacerlo.

La joven miró a su amigo como si acabase de arrojarla a los leones.

Severus decidió no rebatir y accedió a ser la pareja de baile de la muchacha pues sabía que su antiguo mentor no descansaría hasta conseguirlo. Con elegancia se levantó de su asiento y se dirigió hasta Granger.

— ¿Me concede este baile? — Preguntó extendiendo la mano con sus exquisitos modales.

Hermione sabía que no podía rechazar la proposición pues sus acompañantes no lo permitirían, así que tomó su mano con delicadeza mientras éste la ayudaba a levantarse.

— Por supuesto profesor — Aceptó mientras se perdía en la oscura mirada de ese hombre.

Ambos caminaron hasta el centro de la sala ante la atónita mirada de sus compañeros al ver semejante pareja de baile.

Sonorus — Conjuró Melinda tocando con su varita el violín para intensificar el sonido de éste antes de comenzar a tocarlo.

— No tenía por qué hacerlo — Susurró Hermione mientras Severus se posicionaba para comenzar a bailar — Si no quería bailar conmigo no estaba obligado.

— Nunca he dicho que no quisiera, solo que no era apropiado — Respondió sosteniendo su mano suavemente y colocando la otra en su espalda — Tranquila, trataré de no volver a incomodarla.

Hermione bajó la mirada y su respiración se aceleró pues recordó de nuevo la furtiva caricia de hacía unos días, pero justo cuando pensaba darle una réplica la música comenzó a sonar.

Las parejas iniciaron el movimiento al ritmo de ésta dibujando pequeños círculos por toda la estancia. La forma en la que se bailaba en Hogwarts parecía sacada de otro siglo pues la sociedad mágica tenía costumbres bastante lejanas en el tiempo. A Hermione, al ser nacida de muggles, todo ese arcaico protocolo siempre le resultaba curioso. Pero sinceramente agradecía que la forma de bailar en esos eventos fuese tan anticuada pues el contacto físico entre las parejas se reducía al mínimo.

— Siento que te hayas visto forzada a bailar conmigo — Susurró Severus sin apartar la vista del frente mientras giraban sobre sí mismos.

La joven no pudo evitar sonreír al escuchar como de nuevo la tuteaba, resultaba algo realmente extraño en el conservador Snape.

— Nadie puede obligarme a hacer algo que no quiero — Respondió dejándose llevar por el maduro hombre mientras danzaban con la armoniosa melodía — Ni siquiera tú.

Severus miró directamente a los ojos color miel de Hermione. Su cautivadora belleza lo dejó sin habla durante unos segundos en los cuales solamente se limitó a admirarla. Ahora ambos se trataban como iguales aunque sólo fuese en la intimidad.