Era mediodía, Víctor había salido de su confinamiento voluntario alrededor de las primeras horas de la mañana, había agradecido las palabras de apoyo de su profesor y se había disculpado con su madre y con su pequeña hermana, pero ahora tenía una circunstancia que no podía seguir dejando pasar. Apenas un momento después, luego de comer y asearse, se vistió como lo establecía la etiqueta, encontrándose ahora frente a una enorme puerta resguardada por un par de guardias.

Estaba frente al despacho del zar; su padre.

Dama Lilia y el conejero Yakov jamás le comentaron a Víctor los motivos por los cuales el zar le convocaba a su despacho, pero el joven zarévich podía darse una pequeña idea. En el lapso de tiempo que su excelencia El Zar había estado fuera del imperio habían ocurrido demasiadas cosas como su propio mejoramiento en el dominio del arco y la espada, la llegada de primer su celo que pudiera implicar la elección de una prometida, y por supuesto, la protección del príncipe Otabek ante un intruso que había traído como consecuencia un ataque de insolencia contra su persona al haber negado sus habilidades. Víctor entendía que su padre podría pedir múltiples explicaciones, pero decidió no complicarse con ello en esa ocasión, ya estaba cansado de todo eso y también, había algo de mayor importancia que él debía afrontar.

Luego de ser anunciado, ingreso al despacho del zar. Como en antaño, la imponente presencia de Alexei Nikiforov junto a sus regias feromonas de alfa dominante hicieron que Víctor supiera a qué lugar se adentraba, pero a diferencia del pasado, no se sintió abrumado ni tuvo miedo, ya no se sentía temeroso. Saludo con una reverencia a su padre y se quedó de pie a escasos metros de su escritorio, el viejo alfa le observo con una escrutiñadora mirada, Víctor por su parte, no dijo nada.

— Imagino que te preguntaras el motivo por el cual te he mandado a llamar —inició el alfa, Víctor asintió—. En primera instancia, tengo varias felicitaciones que hacerte de parte del rey Bogdashha Altin. Aunque no ha podido permanecer mucho más tiempo en el imperio, luego de haberlo conversado profundamente con él, se ha decidido entregarte la orden Sain Dasha en segundo orden por tu acción de haber salvado al heredero reino de Kazajistán.

Víctor estaba sorprendido, aunque en ese momento su rostro no lo demostrara, estaba seguro que le sería otorgado un reconocimiento por aquello más no espero que le fuera entregada una de las más importantes del imperio.

— Es un verdadero honor el que me hace, su excelencia —pronuncio mientras realizaba una reverencia ante él.

— Sin embargo, antes de entregarlo tengo que saciar mis dudas al respecto —interrumpió, y fue el turno de Víctor para alzar su rostro

— ¿Puedo preguntar los motivos? —cuestiono Víctor evaluando las reacciones de su padre, quien le veía también —. Creí que había quedado lo suficientemente claro que había sido yo el que había salvado de la muerte al príncipe Otabek.

— Sí, estoy verdaderamente impresionado, no imagine que hubiera una persona que fuera capaz de enseñarte a tal magnitud, cuando tú apenas eras un inútil al momento de sostener una espada con precisión —comentó con prepotencia y descrédito hacia su hijo, el joven alfa intento mantener la rectitud hasta el momento—. Entonces ¿Con quién aprendiste? ¿Quién fue el que te instruyo?

— Pues su excelencia, fuera de las paredes de este castillo yace una persona de fuerza extraordinaria que es capaz de no solo de instruirme sino de hacerme lo suficientemente capaz de obligarlo a entregarme una condecoración por salvar la muerte a un príncipe —defendió con determinación—. Esa persona me ha enseñado todo lo que se mientras usted me despreciaba y ha sido uno mis mayores pilares para lo que soy ahora.

El Zar observo con pasmo la respuesta de su heredero. El paso del tiempo había surtido efecto en los tres largos años en los que Alexei Nikiforov estuvo fuera de las tierras del imperio, y ante los ojos del viejo alfa, su principal heredero comenzaba a convertirse en una persona de criterio, voluntad y carácter que siempre considero ideal para sucederle. Sin embargo, la perdida del temor y la sumisión que su hijo siempre había sentido al verle, era un aspecto que no estaba en los planes del Zar y que provocaba el nacimiento de un sentimiento de molestia que gestaba otro sentimiento más, y que, a pasos agigantados, podría volverse peligroso para el futuro del zarévich.

— Ahora, si me disculpa, tengo otras cosas de importancia que resolver, así que me retiro — dicho y hecho, Víctor dio una reverencia y dejo a su padre reflexionando en silencio.

El alfa camino unos cuantos metros, volteando en un pasillo antes de liberar un intenso respiro agitado y lleno de impresión, la presión que había sentido en el aire había sido suficiente para incomodarlo, pero no lo suficiente para abrumarlo e intimidarlo como en el pasado, Víctor estaba más que impresionado con sí mismo, pero no podía permanecer más tiempo así, debía afrontar ese nuevo cambio en él y que lo veía como algo positivo, algo que deseaba poder contarle con alegría a Yuuri pero aún tenía que resolver tantas cosas, por ello, tenía que darse prisa, no había tiempo que perder.

En medio del bosque, a la orilla del lago se encontraba Yuuri. Sus ropas eran movidas por el viento mientras el observaba el crepúsculo a la deriva, disfrutándolo melancólicamente, ya que esa sería la última oportunidad que tendría para verlo. Al final, había esperado más de cuatro días la aparición de Víctor, pero tal como había imaginado, el alfa no se hubo aparecido en el lugar. El joven dios lo suponía, luego de haberle tratado de esa forma era más que natural que no quisiera verle de nuevo, despreciando sus sentimientos, mintiéndole descaradamente en su cara, cualquiera quisiera no volverlo a ver de nuevo en su vida, y Yuuri lo entendía, él tampoco podía perdonarse. Habían pasado, por tanto, se habían acompañado por tanto tiempo, disfrutando de la presencia ajena, siendo sus confidentes y sobretodo, siendo lo más cercano a un compañero del alma que podían tener. Alguien que les entendiera, alguien que les ayudara a curar sus propias heridas, Yuuri jamás pensó que encontraría en el mundo humano una persona así, pero estaba feliz de haberlo hallado, quizás no hubiese esperado ese desenlacé, pero estaba conforme.

Después de todo, ese era el final para él.

— ¡YUURI!

Pero tal parecía que Víctor no iba a dejarlo irse así. Apareciendo de golpe del bosque, se bajó de su caballo y comenzó a caminar hasta estar a escasos metros de distancia de él.

— ¿Por qué? —susurró sin entender la presencia del zarévich frente a él.

— He venido para que aclaremos todo, Yuuri.

Pero Yuuri no podía creerlo, jamás pensó que Víctor siquiera pudiera regresar a verle, creyó que la cercanía de su presencia era nada más una jugarreta que su cabeza le estaba jugando, pero allí estaba, de carne y hueso frente a él. Tan hermoso y perseverante como costumbre, y nuevamente con ese intenso brillo en su mirada turquesa.

— ¿Qué es estás haciendo aquí? —preguntó sin poder creerlo, creyó que con sus duras palabras había roto el corazón de aquel gentil alfa que había estado entrenando por tantos años. Pero Víctor no quería rendirse, se había cansado de hacerlo.

— Ya te lo he dicho, vine a que aclaremos todo Yuuri.

Yuuri quería lanzarse a llorar, no podía creer que de verdad hubiera venido a buscarlo y que aun pudiera sentir rebosantes esos sentimientos que deseo pisotear por el bienestar de ambos. Se sentía feliz de verlo nuevamente, sentía que su alma era repuesta nuevamente por el brillo de aquellos sentimientos, pero el pesar

— No puedes estar aquí, ya te lo dije. Ya no puedo seguir siendo tu maestro ni corresponder tus sentimientos, no es correcto. Lo ideal es que busques a alguien de tu edad o condición social para que pueda acompañarte de ahora en adelante —pronunció.

— Y-yo entiendo eso, no pensé jamás en tener posibilidad de que me correspondieras —

Respondió flaqueando levemente en su voz, y parecía que su determinación se iba ahogando con cada palabra, pero intentaba ser fuerte— … yo sabía que había muchas cosas en contra, pero necesitaba decirte lo que sentía, entonces ¿Por qué? ¿Por qué no quieres aceptar que siento algo por ti?

— ¡No puedo hacer eso! -exclamo, y Victor se vio mucho más frustrado y dolido con su respuesta, pues Yuuri solo se negaba, no daba una razón específica para negarse, solo se negaba, y eso le hacía sentir que no era tomado en cuenta para nada, que sus sentimientos era desestimados tan sencillamente.

— Yuuri ¿tú me odias? -pregunto, Yuuri le miro alarmada.

— ¡Yo nunca podría hacer eso! —respondió conteniendo el deseo de llorar —, yo jamás podría odiarte.

— Entonces ¿Por qué no quieres aceptar mis sentimientos? —pregunto Teseo-. ¿Es por qué soy un niño? Porque me llevas varios años de edad no tengo derecho a que puedas solo aceptar que tengo sentimientos por ti ¿es por eso?

— S-sí, es por eso, eres demasiado joven, no es correcto —aseguró, pero con cada nueva palabra del alfa, Yuuri se sentía más acorralado, no quería mentirle, no a él de todas las personas, pero no podía aceptarlo, si los aceptaba, era hacerle un daño mayor del que ya estaba produciendo, más aún porque él no era un ser humano que debería permanecer en ese mundo.

— Si es así, porque desvías tu mirada cuando lo dices —increpo tomándole del brazo y obligándole a verle—. Yuuri, por favor, dime —le pidió—. Si tu no me lo dices no podré entenderlo, y solo creeré que me odias.

El dios del hielo observo aquellos ojos color que cielo que le habían traído tanta felicidad, y sintió que no podía, ya no podía seguir mintiéndole por más tiempo, ya no podía.

— Es complicado, Víctor. Yo no puedo aceptar los sentimientos que gentilmente me ofreces —susurro con el labio tembloroso y sujetando con fuerza sus ropas—. Yo no soy alguien de aquí, tarde o temprano debía continuar mi viaje, y aunque lamento no haberlo dicho desde un principio, era una realidad ineludible para mí —declaró—. No puedo quedarme en este lugar indefinidamente, hacer eso sería faltar a todo lo que me he propuesto desde que comencé este viaje y sería una falta de respeto a todas las personas que me esperan…

— Pero entonces…

— Tampoco puedo pedir que esperes por mí —se apresuró a decir entendiendo lo que este estaba a punto de decir—, aun eres muy joven Víctor, y yo no puedo asegurarte que volveré, porque estoy seguro que no podré hacerlo, es por eso no puedo aceptar tus sentimientos, así que no te hagas más daño a ti mismo… y déjame ir.

Fue entonces que, sorprendiendo a Yuuri, Víctor corrió hacia el tomándolo en brazos, lo sostenía con fuerza, ya que sentía que si le soltaba este pudiera desaparecer de sus manos.

—Por favor, no me dejes —le pidió Víctor desesperado—. Guardare mis sentimientos, los esconderé hasta el punto que no sepas que ellos existen, solo vendré a visitarte por unos momentos y regresare nuevamente a mis responsabilidades, pero por favor no me alejes de ti.

Yuuri quería negar, quería de verdad decirle que no podía quedarse a su lado, aunque en verdad no quisiera dejarlo. Había tanto que quería decirle, pero se acababa el tiempo, y la notificación del final estaba allí cerca. Nuevamente estaba la presión sobre su cuerpo, el dolor de cabeza que amenazaba con destrozarle el cerebro, su visión se trastornaba y su cuerpo se sentía pesado. Parpadeo y ante sus ojos, Yuuri observo que se encontraba nuevamente en ese espacio oscuro, aquel pasillo largo, frio y con el incesante sonido de los relojes palpitando en su oído, y al fondo la sonrisa burlona de Fujiwara Kôki en recordatorio de su anterior conversación.

El final había llegado.

El zarévich no sabía bien que era lo que pasaba cuando de repente había sido lanzado unos metros de distancia hacia al suelo, cuando había abierto los ojos observo como Yuuri recibía el impacto de una flecha en el hombro derecho, a lo lejos pudo escucharse un chasquido de frustración de alguien, que para los ojos atónitos de Víctor, se abría un portal dimensional de donde aparecieron al menos cuatro hombres vestidos de blanco y azul turquesa, por sus ropajes y concordaciones, parecían representar una especie de ejército que Yuuri, por su parte, conocía muy bien. Después de todo, eran el ejercito de la facción del hielo.

— Katsuki Yuuri, dios de la facción del hielo, estas arrestado por cruzar ilegalmente al mundo humano rompiendo con la ley marcial establecida contra tu persona durante tu juicio hecho en el consejo de los dioses —estableció el comandante del ejército, Jean Jacques Leroy mientras sus hombres lo tomaban en custodia—. Es momento que regreses con nosotros a la dimensión de los dioses.

— Lo entiendo, iré con ustedes sin poner resistencia —estableció, y permitió que le fueran puestas cadenas de energía en sus manos, con un jadeo Yuuri resistió el dolor que estas le provocaban, pero solo sería de ese modo hasta regresar al mundo de los dioses.

Por su lado, Víctor no sabía que estaba pasando, no entendía porque arrestaban a Yuuri pero al ver las heridas que le habían provocado, se negaba por completo a dejar que se lo llevaran.

— ¡Yuuri! —gritó mientras intentaba llegar a él, pero uno de los soldados del hielo le detuvo de llegar donde — ¡Suéltame bastardo!

— ¿Quién es este crio? —preguntó Leroy.

— Es un ser humano —explico uno de los hombres mientras veía a su comandante, este juzgo la fiera mirada del zarévich.

— Parece ser un problema, noquéenlo —ordenó, pero un escalofrió detuvo a todos de hacer un nuevo movimiento.

— ¡No le hagan ningún daño! —vocifero Yuuri con una fiera mirada, el agua del lago se levantó amenazante producto de su furia y los guardias se congelaron ante la hostilidad de su mirada, temblando por un instante al sentir la fuerza de los dones que tenía aun el dios del hielo —. Les dije que iría con ustedes sin resistirme, pero si llegan a tocarle un solo cabello, no se los perdonare.

Con un quejido de resistencia, Jean ordeno a sus hombres que liberaran a Víctor quien corrió a los brazos, Yuuri lo recibió con una sonrisa.

— Yuuri, Yuuri, por dios, estás herido —exclamo el joven alfa conteniendo sus lágrimas, pero en cambio el omega solo le dedico una sonrisa para reconfortarlo.

— Tranquilo, estoy bien, no me pasara nada —le dijo, pero Víctor no estaba conforme con sus respuestas.

— ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué no me dejas proteger? —cuestiono el zarévich sin entender, y el corazón de Yuuri se rompió inevitablemente por el dolor sentido en el alma del alfa.

— Porque soy un fugitivo, es por esta razón que yo no puedo aceptar tus sentimientos Víctor— le dijo mientras le acariciaba suavemente sus cabellos—. Yo no pertenezco a este lugar, soy un ser divino que no podrá envejecer nunca en tu mundo, tu crecerás y envejecerás como todos los humanos, pero yo permaneceré completamente igual. Simplemente no podemos estar así.

Yuuri de verdad quería mantener sus lágrimas a raya, pero viendo Víctor allí, temblando tan frágilmente mientras su alma le gritaba que no le dejara, supo que jamás estaría en paz consigo mismo si seguía lastimándole de este modo. Inevitablemente comienza a llorar sin poder evitarlo, y otorgando un diminuto beso en los cabellos del alfa, le dedica una melancólica sonrisa.

— Lamento no poder corresponder tus sentimientos, Víctor. Fui muy feliz a tu lado, de verdad, muchas gracias por todo. Ahora es tu turno de ser feliz.

A lo lejos escucha un gruñido de molestia y entiende que se ha tardado demasiado, no quiere ocasionar más problemas, y ante la mirada de los demás caballeros, incrementa el poder del portal ya abierto, hace una pequeña y estos deciden ir a cada lado de este para escoltarlo.

En silenció, con las lágrimas decorando sus mejillas, Víctor comprendió que dijera lo que dijera, solo se haría más daño, al él y al mismo Yuuri, intento evitar que la última imagen de él fuera lamentablemente pero no podía detener su llanto, dolía extremo tener que despedirse, no quería hacerlo, pero sabía que era algo inevitable.

— Es momento de despedirnos —dice el dios, y las lágrimas de Víctor aumentan al saber que ya no había vuelta atrás, intenta retenerlo en un último esfuerzo, pero es inútil, Yuuri camina firmemente hacia su nuevo destino sin mirar atrás a Víctor.

Sin embargo, Víctor corre hacía él y en un deseo desesperado, une sus labios junto con los del dios ante el jadeo de sorpresa de los presentes.

— Voy a esperarte Yuuri, pase lo que pase, estaré aquí siempre esperándote.

Yuuri lo observa sin saber que decir, pero luego observa la mirada victoriosa del alfa, y solo puede esbozar una sonrisa, atravesando finalmente aquel portal que le separa de una vez por todas del mundo humano.

El dolor de la partida era intenso, el dolor de sus heridas igual. En lo más profundo de su corazón Yuuri no quería alejarse de aquel hermoso joven que había conocido como un niño. Él se había vuelto una parte más de él, incluso más fuerte que Phichit, más fuerte que Seung y Yuko juntos, simplemente quería mantenerse con él, pero su tiempo en la tierra había terminado. Era doloroso, y lloraba preguntándose porque debía sentirse así, pero un alivio intenso también acunaba su alma, porque algo en su interior se acomodaba y ese sentimiento de insatisfacción y ofuscación había desaparecido, la fuerza que había creído desequilibrada por fin estaba nuevamente en orden. Sus dones estaban en calma consigo mismo, al final de cuentas su tarea en ese mundo y el motivo de su viaje estaban completos, incluso su corazón había descubierto aquello que había añorado por tanto tiempo, dando así final a su viaje de 20 años por el mundo humano.

Y termino, Yuuri ha debido regresar al mundo de los dioses en unas condiciones que no son las mejores, se marcha con muchas dicha y dolor, pero esto no es el final, eso eso parte de un camino que debe atravesar para cerrar ciclos.

Ya nos encontramos en la mitad del segundo arco que esta proximo a culminar en relacion al anterior, cosas dificiles se nos vienen para nuestro dios del hielo pero, no se preocupen, el sol volvera a salir nuevamente en Asgard (entenderan mi concepto XD).

No hare más comentarios en las notas finales porque estoy segura que tengo un una orda furiosa queriendo quemar mi casa, así que huir.