Una vez más, el mérito para "Ese Tren, esa mujer, ese asiento" en la parte en que es utilizado a los fines de este fic. Nota en el anterior capítulo.

Saludos a MadMack, que gusto verte por aquí! ^^

Italia contigo II

La llamó porque no existía otra acción que quisiera realizar más que esa. Llamarla. Escuchar su voz, quería escucharla reír y hacerle una broma. Con el permiso para llamarla cuando quisiera y sin preguntar, llamó y Lana no atendió, pero cuando se iba a dormir pensó que tenía que intentarlo otra vez. Quería intentarlo. Era tonto porque iba a verla en poco tiempo, pero quería tanto oírla que cómo evitarlo. La llamada le pitó en los oídos y rogó para que estaba vez fuera atendida. Rogó a un buen dios porque la voz de Lana le llenó los oídos.

-Hola – dijo suavemente.

-Hola – Jenn sentía que al no pronunciar sus nombres hacían de la situación algo más cercana, intima incluso – perdona la insistencia – se excusó.

-No, que va, perdóname tú por no atender antes – Lana se recostó en su cama en Roma – pensé que estarías durmiendo ya y no quise llamarte por eso.

-Espero no haberte pillado durmiendo – Jenn hizo un gesto mudo de disculpa al pensar que realmente era una hora extraña para llamar.

-No, tomé una ducha antes ir a la cama y vi tu llamada hace unos minutos.

Jenn paladeó la información tratando de no dejar que la idea de Lana saliendo de la ducha hiciera tanta mella en su cuerpo.

-Me alegra haber llamado, entonces – mencionó con una sonrisa de medio lado – quería saber qué harás el pasado mañana a las 11 y 30 – le consultó a la morena.

Lana se tomó unos segundos – nada, pero esperaba hacer planes con una rubia muy especial.

-Oh, entonces tendré que adelantarme y ganarme su cita – Jenn sonrió al escuchar la risilla de Lana por la línea – Albergo Hotel Fontana, está en la segunda planta del edificio, sé puntual, por favor.

-¿Eso es delante de la Fontana di Trevi?

-Lo es – contestó Jenn sencillamente.

-Lo recordaste – Lana sonrió de forma tal que Jenn pudo notarlo – que detalle.

-No podía no recordarlo – Jennifer hizo un gesto con los hombros – me pareció información muy útil.

-Vale, pero luego de esta cita dejaremos tus cosas en mi hotel y me tocará a mí, te prometí la mejor pizza y pienso dártela – ahora le tocó a Jenn sonreír de forma evidente ante las palabras de Lana – me he informado para no decepcionarte.

-Es imposible que pudiera decepcionarme aunque la pizza sea la peor de la tierra.

-Jenn, Jenn – Lana sonrió – siempre sabes muy bien que decir, pero ya que has llamado quería consultarte algo – hizo una pausa - ¿te apetece ir hasta Milán por carretera o por tren? Nos llevaría más tiempo, pero podríamos pasar por algunos sitios o en tren, con el de máxima velocidad, ver algunos paisajes al menos.

-Me apetece lo que te apetezca – respondió la rubia – lo cierto es que ya he visto la tradicional de Italia y lo que quiero es pasar tiempo contigo – se estiró un momento – el tren es una opción interesante así llegamos menos cansadas de la carretera.

-Hecho – Lana tecleó algo en su ordenador portátil – pásame tus datos para comprarte el billete.

Jenn le dio los datos que necesitaba Lana y en poco tenían billetes para salir de Roma temprano el segundo día. Milán las esperaría a mitad de mañana. Dos días era muy poco, pero era más de lo que habían estado juntas nunca fuera de las horas de trabajo en la serie. Lana le contó que tenía una habitación doble en Roma y otra en Milán para las dos. Evitó la idea de quedarse con familiares porque según dijo prefería tener a Jennifer para ella sola, aunque en Milán irían a comer con una prima de su madre. La pasta típica que hacían en Italia al estilo de las abuelas. A Jenn le pareció una idea estupenda.

-Vaya – dijo de repente Lana – será como en el fanfic – agregó riendo. Luego Jenn la escuchó bostezar.

-Cierto – Jenn sonrió – tendré que incordiarte mucho entonces.

-Emma no sólo incordia a Regina, también la cuida, la escucha y la abraza con bastante frecuencia – comentó Lana.

-¿Quieres que te abrace con bastante frecuencia? – quiso saber Jenn.

-Eso ya lo haces – Lana bostezó y, a pesar de sus intentos por ocultarlo, Jenn la oyó.

-Cuanto sueño escucho por aquí – le dijo la rubia.

-He estado todo el día para arriba y para abajo, la verdad estoy agotada – reveló la morena.

-¿Quieres que nos despidamos para que te vayas a dormir? – mientras lo decía escuchó a Lana bostezar nuevamente y por los crujidos a su alrededor imaginó que se había acostado en la cama.

Ella hizo lo propio en su cama en el hotel de Montreaux.

-Dijiste que no cortarías por nada del mundo – replicó Lana y Jenn podía sentir como la voz de la morena sonaba pesada.

-Y no pienso hacerlo, tú lo harás antes de quedarte dormida – le indicó.

-No lo voy a hacer – aseguró Lana.

-Lo harás o te quedarás dormida conmigo oyéndote – volvió a decirle Jenn y no obtuvo respuesta - ¿Lana?

-No lo voy a hacer... – la voz de la morena sonó casi sin fuerza y luego de unos segundos solo escuchó una respiración pausada del otro lado.

-Vaya, realmente estabas agotada – dijo Jennifer y suspiró mientras escuchaba el ritmo de las respiración de Lana por la llamada sin cortar.

Se acomodó mejor en la cama – he prometido no cortar, Lana, y no pienso hacerlo – le dijo a su durmiente compañera de llamada. Pensó que quizás iba a quedarse dormida, pero escucharla dormir resultó ser tan embriagante que no pudo contener su imaginación. Dibujó a Lana a su lado en la cama profundamente dormida, con el peinado desprolijo y una expresión sosegada. Se imaginó a si misma mirándola y acariciando su cabello o su piel. Quizás abrazándola contra ella para que se sintiera segura.

Era tal el mundo idealizado al que el sueño de Lana la indujo que comenzó a pensar en lo que sería dormirse cada noche con esa imagen o despertar con ella. En tener la oportunidad de ver la mirada chocolate de Lana justo antes de cerrar los ojos para descansar, en dormir innumerables siestas en sus brazos o despertar con el aroma de su perfume colándose por sus poros. Mentiría si una parte de ella no estuviera segura de que dormir frente a esa posibilidad podría convertirse en lo mejor o lo peor, dependiendo como se mirase. Jenn adoraba dormir, pero pensaba que lo aborrecería si tuviera que cerrar los ojos y dejar de ver el hermoso rostro de Lana. Al mismo tiempo, dormir con Lana podría convertir esa acción en el elemento más sublime sobre la tierra. Relajarse con la morena a su lado, hundirse en el sueño sintiéndola suya no parecían tener nada con qué compararse antes.

Dormir con ella, vivir con ella, despertar para besarla e irse a dormir besándola. Tocándola. ¿Quién dijo que el paraíso era una utopía? Era tanto el deseo que le reptaba por su cuerpo y su corazón que Jenn pensó que ahora entendía todas las canciones de amor que alguna vez había oído.

Paso el tiempo y no estuvo segura de cuanto, pero la respiración de Lana sólo incrementaban sus ganas de quedarse con ella para siempre. Sentirla tan sosegada le generaba la sensación de estar en el lugar correcto. Lugar que sería perfecto si pudiera verla también. Sentirla.

Pestañeó y pudo sentir como Lana respiraba muy profundamente, soltando el aire. La oyó carraspear y se imaginó que se había despertado.

Lana miraba confusamente su móvil que iluminado le mostraba una llamada en vigencia, una que tenía más de 3 horas en el registro del tiempo.

-¿Jenn? – preguntó con la voz más grave de lo normal.

-Sí, aquí estoy – respondió la rubia.

-Oh, Jenn, me he quedado dormida, lo siento tanto – se disculpó Lana - ¿por qué no has cortado?

-Porque te dije que no lo haría – se excusó ella con simpleza.

-Pero tienes que ir a la convención mañana, estarás agotada.

-Me da igual, no iba a cortar, no tenía ninguna razón para hacerlo – volvió a aclarar.

-Creo que te mereces que corte yo la llamada, has ganado esta contienda – anunció la morena.

-No lo he hecho por eso.

-¿Y qué has hecho todo este tiempo mientras yo dormía la mona? – preguntó Lana.

Jenn se quedó en silencio un segundo y luego respondió – soñar.

-¿Te has dormido también? – quiso saber la morena.

-No – anunció Jenn con un suspiro – Buenas noches, Lana.

-Buenas noches, Jenn – respondió la mujer cortando la llamada y procesando la respuesta de la rubia. No había dormido, pero había soñado. Había soñado despierta. Lana suspiró taxativamente. ¿Sería que Jenn soñaba despierta con ella?

Lana volvió a reproducir aquel pequeño audio. La voz de Jenn se coló por sus oídos y sus poros se estremecieron. "Oh, no, no pares, por favor". Eran unos sencillos 4 segundos de insensatez que la estaban volviendo frenética. La cadencia de la voz de Jennifer al decirlo y el hecho de que Lana podía imaginar su rostro transfigurado de placer, hacían que ese audio fuera una delicia, una delicia tentadora y desquiciante. Que ganas de conseguir que lo dijera, que ganas de oírselo decir en un contexto mucho más íntimo. Si algún día Jenn le decía esa frase en verdad, ella sucumbiría de calor. Lo tenía por seguro.

Lo volvió a escuchar y se llevó las manos al rostro para relajarse – Basta, Lana, ¡basta ya! – se reprendió – si vuelves a escucharlo morirás antes de tiempo, date cuenta – terminó de amonestarse y se lanzó en la cama resoplando.

Mañana, mañana vería a Jenn.

Jenn se sentó en la mesa que estaba mejor ubicada de las que quedaban justo frente al balcón. La cafetería le guardó amablemente la maleta y le ofreció la carta. Ella pidió dos advirtiendo que esperaba a una amiga para tomar un café. La Fontana di Trevi bullía como cualquier día jueves con todos los turistas que por allí pasaban, más los locales. No era ni fin de semana, ni época alta de turismo así que eran menos de los habituales, pero no por eso pocos. A Jenn le parecía bien el ajetreo, era el necesario para pasear desapercibido.

No había hablado con Lana desde el día anterior cuando estaba en la convención. Como habían quedado de acuerdo antes no había razón y, además, se sentía algo cohibida pensando en cómo se había dejado llevar con la tontería enviándole aquel audio. Cuando se escondió en el lavabo de los invitados y apretó grabar no estaba pensando en realidad. Entre el estrés que tenía por la tarde autógrafos y la gente yendo o viniendo, y las ganas enormes de ver a Lana, no pudo centrarse para reconocer que aquello era sobrepasar una línea muy delgada. Lo envió y por un momento pensó que Lana la enviaría al demonio, pero no fue así en absoluto. La morena reaccionó abrumada y un pelín celosa, hasta posesiva. Dijo que quería que todo lo picante fuera para ella y Jenn se meció en esa corriente sin mayor oposición. Por mucho que bromearán, las dos eran conscientes de que jugaban con fuego. El intercambio que le siguió sobre cómo se torcían sus conversaciones y si eran broma o no, no dijo nada y lo dijo todo. Quedaba claro que no eran indiferentes.

Ahora tenían que verse y a Jenn sus piernas le parecían hechas de mantequilla a pleno sol, con 30 grados a la sombra. Tenía que serenarse así que lo hizo mirando la fuente y a la gente lanzando sus monedas con una fe absoluta en un ritual centenario, pero que era solo una superstición. Al final, los deseos son más una cuestión de voluntad que de milagro. Sintió su mirada antes de verla realmente y supo que cuando se girará se daría de frente con la mujer que ocupaba todos sus pensamientos los últimos días. Lana la observaba de pie a un lado de su mesa con la mirada clavada en sus ojos y una expresión enigmática que hizo que la rubia tuviera que pasar saliva. Sonrió suavemente y la mueca de Lana se aligeró en consonancia.

Se puso de pie y en silencio caminó los pasos que las separaban abrazándola – Hola – susurró.

-Hola, Jenn – Lana suspiró en sus brazos y cuando se separaron observó alrededor – siempre al detalle, la fuente y el café.

-Digamos que estoy colaborando con Italia para que te enamores de este país – Jenn hizo una mueca de confusión – no entiendo muy bien por qué.

-Las razones son lo de menos – Lana sonrió de medio lado –, pero ten por seguro que estás consiguiendo tu objetivo, me siento más enamorada.

Jenn sonrió y las manos le temblaron. El hecho de que Lana no aclarará mucho le hizo sentir cosquillas en la piel. A pesar de todo lo que habían compartido y bromeado por mensaje, estar frente a frente le generaba una timidez nueva. Parecía como si recién se conocían. El camarero les preguntó que deseaban beber recomendando el capuccino de la casa y un bocadillo salado de salmón. Aceptaron la oferta.

-¿Qué piensas de eso? – le preguntó Jenn a Lana señalando la gente que se agolpaba alrededor de la fuente.

-Que es una obra preciosa de la arquitectura y si a lo que te refieres es al asunto de la superstición con la moneda creo que todos tienen derecho a creer en algo – hizo una pausa – hay que tener fe en lo que sea.

-Está sería la cuna de la fe, ¿no? - Lana asintió a su pregunta – supongo que es lógico.

-¿Y tú? ¿A qué le tienes fe, Jenn?

-A que si haces cosas buenas te pasan cosas buenas, imagino – respondió Jennifer cuadrándose los hombros.

-No siempre, pero la mayoría de las veces eso es cierto – estuvo de acuerdo la morena.

-Le tengo fe a las personas que conozco y que no se rinden, a que los pequeños detalles o esfuerzos pueden dar enormes recompensas – comentó la rubia.

-Como un cappuccino en un sitio frente a la Fontana di Trevi – le respondió Lana.

-¿Me dará una gran recompensa?

-Dependerá de lo que valores una nueva memoria conmigo – replicó Lana sonriendo.

-Entonces, sí.

Lana se mordió el labios – me alegra tanto verte aquí, Jenn.

-Y a mí me alegra haber venido – confesó su compañera.

-Bienvenida a Italia – chocaron sus tazas y bebieron tranquilamente, mientras hablaban del hermoso día que hacía, de lo que querían hacer y Lana le daba a Jennifer la noticia de que Bex estaba embarazada.

La rubia le pidió que la llevará al centro de compras para comprarle algo a su "hermana". Así hicieron. Finalmente, Jenn le compró un body al pequeño futuro o futura sobrina del corazón de Lana. Era lo más práctico para un bebé recién nacido. Era precioso y lo acompaño con un peluche de un perrito parecido a Ava.

-¿Se los darás de mi parte? – quiso saber al dárselos a Lana para que los guardará al llegar al hotel.

-Claro que sí, pero tendré que explicarle que hacia contigo.

-Explícaselo – Jennifer se cuadró de hombros – es Bex, dile cuanto quieras, sé que ambas son muy cercanas – hizo una pausa – es como otra hermana tuya y Deena ya sabe que nos vemos así que ¿por qué no Bex?

-Es como mi familia, tienes razón – completó Lana - ¿vamos a seguir el paseo por Roma?

Jenn asintió y salieron de hotel riendo de un par de tonterías que había soltado la rubia sintiéndose más relajada ya. Caminaron por diferentes puntos de Roma y Jenn se dejó guiar por la morena de aquí para allá aprovechando algunos datos que había aprendido en los últimos días. Fueron al Palacio y a los Jardines de Quirinal, al Palazzo de Barberini y a la basílica Santa María in Trastevere.

Al final, Lana condujo a Jenn hasta la pizzería Da Baffetto que se suponía la mejor de Roma. Cruzaron el río Tiber y pasaron por Campo de 'Fiori, un mercado de la zona que estaba lleno en ese momento. La rubia ya se sentía agotada, pero la energía de Lana la hacía sentir viva a pesar del cansancio. Eligieron una pizza del menú, la capricciosa, para compartir y ensalada caprese, además de un delicioso pan tostado con olivas, tomate, jamón y rucula. Lo cierto es que todo estaba sabrosísimo, incluida la cerveza que bebieron.

Jenn le pidió a Lana volver andando al hotel, algo que les demandaría al menos una hora, pero que compensaron con un helado en una plaza preciosa cerca del río. Si algo tenía Italia era que encontrar dónde parar era sencillo con tantas basílicas y plazas. Pararon a beber una copa en el bar del hotel en el que Lana paraba y siguieron hablando por largo rato sobre diferentes temas.

Al regresar a la habitación ya habían dado las 2 de la mañana. El tren salía a las 9 y en el hotel tenían previsto llamarlas una hora y media antes para que se alistarán. Compartían la habitación, aunque cada una tenía su propia cama en diferentes cuartos. La de Lana era la que se veía al entrar y Jenn no dudó en lanzarse encima ni bien llegaron hasta allí.

-Qué bonita es Roma – dijo estirándose – ya había estado aquí, pero que bonita.

-Lo sé – Lana se recostó a su lado – voy a darme una ducha, tienes tu propio cuarto de baño, deberías hacer lo mismo – le sugirió – puede que mañana no tengamos mucho tiempo.

-Vale, pero sólo si luego me lees un poco del fanfic del tren – pidió Jenn con una mueca tierna que era un absoluto chantaje – por favor.

-Son las 2 de la mañana Jenn, en poco nos llamarán para levantarnos – la rubia insistió acentuando la mueca – vale, ¿qué quieres que te lea?

-El capítulo dónde Regina le explica a Emma porque su relación es como la canción de Yann Tiersen – Jenn sonrió – cuando lo leía me pareció maravilloso y deseé oírlo con tu voz, imaginar a Regina contarlo así tal cual lo hace.

-Es bonito, sí – Lana se puso de pie – y tú eres muy fan de Regina.

Jenn movió la cabeza afirmativamente – la más fan de Gina.

Lana bufó con una mueca divertida – ve a ducharte anda que el tiempo corre y no querrás que me quede dormida.

-Voy volando ahora mismo, majestad – la rubia se perdió en su cuarto mientras oía a Lana reír.

Ducharse fue cuestión de un cuarto de hora o un poco más considerando el cepillo de dientes y ponerse el pijama. Cuando salió de su habitación, la morena seguía en el cuarto de baño así que se recostó dónde estaba antes y buscó la página del fanfic para dársela a Lana cuándo llegará.

La morena sonrió al verla recostada con su pijama en la cama que le pertenecía, sonrió de una manera luminosa haciendo que Jenn sonriera también. Se recostó a su lado con la cabeza y parte de la espalda apoyada en el cabecero como Jenn que le pasó lo que quería oírla leer y terminó por recostarse del todo con la cabeza en la almohada mirándola expectante.

Comenzó a leer sintiéndose transportada por la historia al mismo momento en que Regina tocaba Comptine d'Un Autre Été de Yann Tiersen y explicaba a Emma como ella era el ritmo seguro de la canción, el que interpretaba con su mano izquierda. Mientras que Regina era el vertiginoso ritmo de la melodía de su mano derecha, que comenzaba sosegado, pero ambos al encontrarse poco a poco se descompensaban. Se volvían caóticos hasta que empezaron a confiar la una en la otra y ritmo más melodía cambiaban. La melodía tenía dudas y sentía, el ritmo seguía allí latiendo expectante. Se terminaban de unir y sosegar dulcemente cuando ambas se daban cuenta que las dos tenían los mismos sentimientos.

Lana no podría determinar exactamente cuándo, pero hasta que llegó a este punto de su lectura estaba acariciando el cabello de Jenn tiernamente. Como aquel día en su casa. Y la respiración de la rubia era muy relajada, muy suave. Estaba dormida. Siguió leyendo igual, aunque no fuera escuchada. Leyó aquel beso que se daban en la historia y que significaba tanto para las dos. Se detuvo antes de continuar con lo que Regina le cuestionaba a Emma y abandonó la Tablet sobre la mesa de noche. Jenn se giró para acomodarse de lado mirando justo en la dirección contraria a donde estaba la morena. Lana no se permitía dejar la caricia y se daba cuenta que ellas se parecían también a la pieza de Tiersen. El ritmo y la melodía. Ella había mostrado toda su fragilidad durante el reencuentro y Jenn había permanecido invariable a su lado, soportando el peso de sus cambios.

-"Me pregunto, sin embargo, cuándo el ritmo revelará sus propias dudas"

Repitió en voz baja la última de las frases de Regina y la hizo suya. Apostaba a que ellas compartían el mismo sentimiento, pero estaba segura que Jennifer no había tenido tiempo a mostrar su lado vulnerable. Meneó la cabeza porque le era imposible temerle a la rubia viéndola tan tranquila. Pensó en abandonar la cama y marcharse a la de Jenn, pero su cuerpo se resistió. Se acomodó como pudo a un lado de la rubia y mantuvo un codo firme para poder mirarla un poco más. Quería darle un beso de buenas noches, pero le parecía un atrevimiento despertarla. Así que se conformó con la tibieza que le producía estar cerca. Se relajó con suavidad a su lado para no despertarla y Jenn como reacción al cuerpo que reposaba a su lado se acomodó más cerca todavía. Con toda la inconsciencia del mundo de los sueños, eligió su compañía. Lana sonrió antes de cerrar los ojos una vez.

Cuando los abrió de nuevo ya no eran las 2, ni las 3, sino las 7. No había dormido mucho, pero Jenn estaba dormida en sus brazos. ¿En qué momento habían elegido abrazarse? Cómo podía saberlo. Solo estaba rodeándola y ella no parecía incomoda con esa situación, dormía igual que al comienzo de la noche. Sería tan sencillo inclinarse y besarla, hundirse en su boca, pero Lana ya había cometido un delito y no quería abusar de su buena fortuna. Tenía claro que Jenn sentía algo por ella, pero en lugar de hablarlo se habían dispuesto a pasar juntas aquel día sin mayores emociones. Hasta terminar así, durmiendo mientras ella rodeaba la cintura de Jenn manteniéndola contra su cuerpo. No quería moverse para no despertarla y fue por lo mismo que reprimió todos los deseos que tenía de besarla.

¿Cómo sería despertarse con Jenn así cada día? ¿Cómo sería verla en rutina como una constante y no como un evento extraordinario? Imaginarlo la hacía feliz, solo imaginarlo. Llegar a casa y encontrar a Jenn en el sofá cuidando de Ava y Lola, levantándose a abrazarla, hacer la cena juntas y beber una copa. Reír mucho, leer juntas, conducir sin destino. Viajar, bailar, dormir. Una vida normal. Besarla. Cerró un momento los ojos pensando en los labios de Jenn que descansaban tan cerca y tan lejos. En rozarlos con los suyos, en besarlos tanto como pudiera. Suspiró y notó como Jennifer se movía.

Cuando abrió los ojos se encontró con la mirada verde de Jenn clavada en sus ojos. Pestañeaba con lentitud, con la inconsciencia de estar apenas despertando. Jenn aspiró aire estirándose y luego bostezó.

-Ey – dijo – me he quedado dormida.

Lana sonrió – sí.

-Lo siento – la voz rasposa de Jennifer llenó sus sentidos – creo que esa caricia que me diste pudo con mi voluntad, no es una queja.

-No tengo ninguna tampoco.

-Soy abrazadora – comentó luego la rubia como excusa al ver lo cercana que estaban.

Lana se cuadró de hombros – yo también, da igual, no me dieron ganas de separarme – insinuando que estaba despierta.

-¿Qué hacías? – le preguntó Jenn.

-Soñar – Lana uso la respuesta que Jenn le dio por teléfono unas horas antes.

-Entonces lo siento, te he despertado, estabas dormida también – supuso Jennifer al oírla.

-No, no lo estaba – Jenn abrió los ojos un segundo con confusión, pero la mirada de Lana tan intensamente clavada en la suya hizo que olvidará todo lo demás.

Necesitaban hablar, necesitaban decirse lo que sea que pasará por sus mentes. El teléfono de la habitación sonó y ambas dieron un salto comenzando a reír.

-El karma es cruel, Lana – le dijo Jennifer antes de ponerse de pie y dirigirse a su habitación – y creo que no nos quiere.

Lana atendió el teléfono y pensó que Jenn tenía razón porque cada vez que se acercaban algo sucedía que retrasaba la conversación. El recepcionista le dijo que había un problema con el camino a la estación por lo que debían salir antes. Así que se vistieron, desayunaron y en poco tiempo estaban rumbo a la estación del tren de alta velocidad. Antes de que pudieran darse cuenta ya estaban dormidas otra vez. Estaba claro que ambas necesitaban descansar más, pero las ganas de estar juntas eran más fuertes. Cuando estaban a media hora de destino, Jennifer despertó a Lana y le ofreció un café para que se espabilará.

-Bien, ahora vamos a ir con tu familia, ¿verdad?

-Sí, es una prima de mi madre que es un encanto, ya verás – le contó la morena – además, cocina una pasta riquísima.

-Me parece genial.

-Me han contado que esta noche hay un espectáculo en el Arco della Place, de fuegos artificiales, no sé si podremos ir porque es muy tarde, bueno, luego de las 12 de la noche – le explicó Lana.

-¿Y queda muy lejos del hotel? – quiso saber Jenn.

-No, está a unas calles.

-Pues vamos – propuso tranquilamente.

-Tienes que levantarte muy ponto mañana para ir al aeropuerto – le indicó Lana - ¿segura que quieres estar despierta tanto tiempo?

-¿Cuántas veces podemos pasar tiempo juntas así? No pienses en mi partida, piensa que aún estoy aquí – le pidió Jenn y Lana sonrió – Arco della Place allí vamos – anunció festiva haciendo reír audiblemente a la morena.

Lo cierto es que la pasta de la tía de Lana era en verdad una delicia. Recibieron a Jennifer como una parte más de la familia, brindándole desde un riquísimo café al llegar y dos platos de pasta diferentes que prepararon solo por su visita: Fusilli alla norma y Penne Rigate alla trapanese. Ambos típicos de la gastronomía siciliana, de dónde provenía la familia de la madre de Lana.

Cuando salieron de la casa, era mitad de la tarde y ambas habían comido demasiado.

-Creo que necesitamos un gran paseo por Milán, Lana – Jennifer acentuó el "gran".

-Déjamelo a mí – la morena la tomo de la mano para dirigirla hacia el sur.

Caminaron aprovechando para ver los más importantes puntos de la ciudad, al menos a los que llegaron. El Castillo Sforzesco y el Parque Sempione que están muy cerca, Plaza del Duomo y Piazza Mercanti, la Catedral de Milán y, para terminar, caminaron por el Naviglio Pavese, un canal muy pintoresco. Volvieron al hotel cuando ya era la hora de cenar y lo hicieron en el propio restaurante que había allí.

Las 11:50 las pillaron desprevenidas conversando y salieron muy apuradas a ver si podían pillar el espectáculo de fuegos artificiales en el Arco que quedaba a unas dos calles caminando por la vera del parque cercano. La gente se agolpaba por los puentes de alrededor, ellas trataron de buscar un sitio donde pudieran ver bien. Por la posición todos sabían que habría que mirar por detrás del arco. Cuando encontraron un sitio cerca del centro de puente se apoyaron tranquilamente en el mismo para esperar.

-Quedan 2 minutos – anunció Jenn.

-Estupendo, justo a tiempo – Lana suspiró con una sonrisa.

Como surgido de un mundo al que ellas ignoraron durante dos días como ausentes de quién era cada una, una voz en perfecto inglés preguntó algo inesperado.

-Oye – la chica parecía hablar con alguien cercano - ¿esa no es Lana Parrilla?

Lana y Jenn abrieron los ojos de par en par. Olvidando el espectáculo y todo lo que les costaba moverse entre la gente, la rubia tomó la mano de Lana y salió disparada hasta el arco contrario del puente dónde estaban. Tomaron las escaleras unos segundos después, mientras seguían esquivando transeúntes. Corrían como si no existiera nada, incapaces de detenerse para ver si aquel grupillo de chicas las seguía o simplemente al perderlas de vista se olvidaron de Lana. Giraron en la siguiente curva y bajaron hasta la mitad de la escalera, los sonidos del ambiente las ensordecían, pero al encontrar la calma por detenerse pudieron oírse por primera vez. Se reían. Las dos por igual estaban riendo completamente superadas por la situación, por ser un par de fugitivas en su vida. Toda la tensión la arrojaron al vacío con unas risas inesperadas.

Lana se apoyó en la pared que estaba detrás de su espalda tratando de serenarse y Jenn observó que habían quedado a unos metros de la vista del arco.

-Creo que podremos verlo desde aquí – dijo – por poco y nos pillan.

Se giró para observar a Lana y su mano viajó sola hasta la cintura de la morena que la contemplaba con una sonrisa. Sonrisa que se deshizo cuando vio la forma en que Jenn comenzó a mirarla al cabo de unos segundos, como si cayera en un hechizo y la arrastrará con ella. Esa forma en que sus ojos la reconocían como queriendo consumirla.

Lana soltó todo el aire que llevaba en sus pulmones cuando, luego de tragar saliva y humedecer sus labios, Jenn levantó su mano y pasó su pulgar por los suyos, apretándolos suavemente. Su capacidad de respiración nació y se murió de inmediato al reconocer como Jennifer rompía poco a poco los centímetros que las separaban. Los rompía acercándose a su boca y sus labios lo sabían porque vibraban en el aire de la expectativa.

No sabrían decir que ocurrió primero. Si fueron los fuegos artificiales o el choque de sus labios, pero cuando ocurrió lo segundo el mundo entero se apagó. Se apagó Italia y se apagó la vida que las rodeaba, se apagaron su identidad y lo que eran que no fueran sus labios o sus cuerpos. Sus corazones que latían trastornados rompiendo el silencio y la oscuridad a la que se castigaron por no separar sus labios. Sentir ese beso las tenía completamente cautivadas. El roce sedoso de sus labios apoyándose y deslizándose evitaba que pudieran respirar.

Se separaron lentamente, sin alejarse del todo. Jenn abrió los ojos, notando el estruendo y la luminosidad del ambiente grabándose en los ojos llenos de Lana. Llenos de ella porque no acertaba a dejar de mirarla exhibiendo esos labios que le parecían más atractivos que nunca, que brillaban en la oscuridad.

-Oh, vaya... – susurró cuando el tirón que le dio su cuerpo fue evidente, tirón que decía "no es suficiente". Allí estaban sus labios disociados de su voluntad siendo el instrumento de sus deseos. Necesitaba más, necesitaba beber la delicia que brotaba de esos hermosos labios.

Atrapó la boca de Lana y a ella de paso contra la pared de la escalinata, escuchándola gemir contra sus labios. Aquello fue como una llamada de emergencia para su apetito, se permitió explorar más, apretar con sus labios los de la morena y danzar más apresurada por ellos. Las manos de Lana en su cabello le dieron absoluto sentido al movimiento y la forma en que entreabría sus labios era un aliciente a su espíritu aventurero. Lamió suavemente los labios de la morena y la escuchó gemir de nuevo. La caricia intensa en la que los labios de las dos se sumieron se mantuvo todo lo que les permitió su lado humano.

Falta de aire, Jenn se desprendió del movimiento y se apoyó su frente contra la de Lana. El espectáculo había acabado y el mundo giraba completamente ignorante de todo lo que sucedía entre ellas. De cómo sin ver los fuegos artificiales, habían visto la más brillante y perfecta de las explosiones. Explotaron con sus labios rozándose la primera vez, para empezar a reunirse de nuevo a medida que sucedían el resto de fricciones. Pero diferentes, como sí partes de la una y la otra se unieran en el proceso y lo cambiarán todo. A ellas y a lo que las rodeaba. Para siempre.

Jenn acarició el rostro de Lana con ternura – vamos – le dijo ofreciéndole la mano y caminando de regreso al hotel. Sin hablar, solo mirándose la una a la otra con los labios hinchados de besos y las ganas desatadas.

Entraron al ascensor y subieron cada piso en silencio hasta entrar en la habitación, sonriéndose con una complicidad nueva. Cómo si el beso de antes hubiera quedado incompleto, Jennifer estrechó a Lana contra ella mientras volvían a besarse. La experiencia anterior les sirvió de estímulo y la lengua de Lana caminó desafiando la cordura de Jenn, entrando en su boca. El roce con su lengua la hizo temblar por completo y notó que la morena tenía los mismos temblores recorriéndole el cuerpo. Las lenguas danzando en un baile único y particular. Húmedo y atronador. Un beso profundo que entendía a consciencia a ambas bocas y se apresuraba por conocer más. Un beso que no era un beso cualquier, era el primero que vivían juntas y el primero que les causaba tanto alboroto en su interior. Continuaron el beso, pero lo fueron ralentizando poco a poco, superadas por tantas sensaciones. Se apartaron rozándose la nariz mientras recuperaban la respiración.

-¿Vamos a dormir? – le preguntó la rubia a Lana y está agitó la cabeza afirmativamente. Se entendían sin palabras.

En total silencio, incapaces de decir nada, se pusieron los pijamas en sus cuartos y Jenn volvió con Lana haciendo acopio de sus fuerzas darle las buenas noches, pero la morena la tomó de la mano acercándola a su cama.

-Duerme conmigo – le pidió y Jenn asintió porque no se veía capaz de soltarse.

Se recostaron dejando que el cuerpo calibrará todas las emociones que las recorrían. El beso que compartieron les daba la primera de las respuestas, por ahora con eso les bastaba. Con eso y los brazos de Jenn envolviendo a Lana, respirando a la vez hasta dormirse las dos con una sonrisa en los labios.

Deseando que realmente lo vean como algo bonito y especial... deseando haber conseguido que su expectativa este satisfecha con este pequeño viaje de 2 días, especialmente con el final.

Gracias por Leer y cuénteme cosas!