Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía

Solo para mayores de 18.

Yani, muchas gracias por ayudarme con la corrección de capis!

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Marzo, 2012. Un par de meses atrás.

—Sigues estando tan hermosa como el primer día que te conocí, eres… mis ganas de vivir.

Edward se levantó con torpeza de su regazo, mientras le acariciaba la mejilla, pasando el pulgar por su boca. Incluso en ese estado, él también era hermoso.

—Definitivamente, estás muy borracho —susurró, acariciándole la fuerte mandíbula.

—Te necesito, Bella… me siento… confundido, tú eres mi paz, eres mi todo.

—Aquí me tienes.

—No… hace mucho que no te tengo.

Se acercó a ella, presionando suavemente sus labios en los suyos. Bella jadeó por la sorpresa, pero luego cerró los ojos, moviendo sus labios al ritmo de los de su esposo, y cuando él separó sus labios con la lengua profundizando el beso, Bella llevó las manos a su sedoso cabello, atrayéndolo, recostándose en su tapete favorito, de manera que él tuvo que cernirse sobre ella y mientras lo hacía, ignoró el sabor a tabaco y licor en su boca, lo cual resultaba extraño, porque se sentía como si estuviera besando a otra persona que no era su marido.

Inesperadamente, los movimientos de Edward se volvieron más frenéticos, cuando se presionó contra ella, parecía desesperado por sentir más que solo esto, sus manos se deslizaron sobre ella, sobre su vestido, sobre la piel. Sus besos la estaban haciendo delirante, casi desesperada a causa del deseo. Bella también lo extrañaba, Dios, odiaba la extraña distancia que había surgido entre ellos, esa sutil desconexión que había estado sintiendo desde hacía un tiempo. De alguna manera, a pesar de que su amor no había disminuido, parecían haber perdido el contacto con el otro, incluso aunque se decían que se amaban todo el tiempo, como una letanía, como... Edward gruñó contra su oído, prendiendo terminaciones desconocidas en su cuerpo, por lo que desterró los pensamientos y se aferró a él con fuerzas, su beso apasionado mientras también lo desnudaba.

—Mierda —jadeó rompiendo el beso, mirándola—. Nunca tendré suficiente de ti, Bella.

Su excitación era gruesa y larga cuando ella logró liberarla, rodeándola entre sus manos, sintiendo el terciopelo, haciendo rápidos movimientos de arriba abajo, mientras se deleitaba con los sonidos que hacía su esposo en la parte posterior de la garganta, pero fue la forma en que la miró la que la desarmó por completo. Esto era todo sobre ellos dos; nada más era bienvenido, ni su trabajo, ni sus preocupaciones. El sexo entre ellos era la mejor droga en el mundo, siempre habían sido perfectos. Llevándose la inmundicia y malos ratos de la vida normal que habían embotado su conexión, para dejar únicamente el amor que se tenían el uno por el otro tan natural como siempre.

—Te amo, Bella, siempre —susurró mientras le levantaba el vestido y lo sacaba con torpeza por sus hombros.

Bella sonrió, sujetando su rostro y besándolo de nuevo, mientras yacían desnudos sobre el tapete, no sería la primera vez que lo hacían aquí, de hecho por alguna razón estar así, le recordó cuando lo conoció. En el segundo que había hablado con él, su voz la había encadenado, asegurándola a él como si cada silaba que pronunciaba fuera como eslabones de acero. En ese momento no había planeado que iba a ser el amor de su vida, pero el destino había tenido otras ideas, y gracias a Dios por eso.

—Mi Bella.

—¿Por qué suenas tan triste? —le preguntó en voz baja.

Pero cuando él no respondió, tuvo un momento de verdadero temor, algo se le estaba escapando, ¿la conexión entre sus almas?, ¿esa delgada cadena invisible que los unía? Había una extraña tensión en su voz, una que la ponía nerviosa a un nivel profundo incluso cuando se dijo a sí misma que no se preocupara por ello. Pero de pronto, todos los pensamientos extraños salieron volando cuando él introdujo dos dedos dentro de ella haciéndola jadear en sorpresa, estirándola para él, y cuando su boca descendió, uniéndose a ese inesperado asalto, la hizo olvidar incluso su nombre.

Segundos después lo sintió en su entrada, y la penetración fue tan rápida y profunda que la hizo apretar los dientes conteniendo un grito. Y luego todo fue como una vorágine de sensaciones. Edward era dominante por naturaleza, una fuerza que no se podía negar mientras martilleaba furiosamente su cuerpo contra el de ella, haciéndolos avanzar hacia adelante y fuera del tapete, y al ritmo que él iba, era propenso a cogérsela directamente a través de la ventana y salir proyectados hacia el vacío, y no cambiaría nada.

Él era la total falta de control que nunca hubiera dejado entrar en su vida. Y se había perdido de esto. Lo había extrañado. Cerrando los ojos y retorciéndose entre sus brazos cuando alcanzó el clímax, Bella pensó que así eran las cosas con Edward. Solo él podía arrastrarla fuera de su mente, cerrando de golpe la puerta al mundo exterior.

§ § § § § §

Estaba casi completamente oscuro cuando Edward se encontró mirando el vientre de su esposa, y aprovechándose de la oscuridad, se permitió imaginárselo creciendo grande como lo había hecho el de Victoria.

Su cuerpo albergando a su hijo hasta que llegara el momento de nacer. En su fantasía, su bebé y Bella estarían perfectamente sanos y felices. Ella irradiando todo ese amor que sabía que podría dar. Su pequeño tendría los ojos cafés como ella, cabello castaño y el increíble carácter y astucia de su madre, o podría tener el cabello cobrizo y sus ojos verde azulados y ser un pequeño engendro. Cualquiera que fuese la combinación, sería perfecta, porque sería de ambos. Se imaginaba a los tres sentados juntos en el auto, cantando el primer y único disco del que se sentía orgulloso, se imaginaba enseñándole a discernir entre el rock, y el nuevo pop que consideraba basura.

En ese maravilloso sueño, años habrían pasado y habría los insoportables dos años, donde los niños se tiraban al suelo cuando querían algo, o lloraban porque se les quedaban viendo, o solo por el hecho de que estaban descalzos. Se imaginó sus preguntas a los cuatro, y sus múltiples "por qué" a todo, así como su primer día en el colegio. Luego, se imaginó su primera fiesta, en la que llegaría borracho siendo aún menor de edad, y él tendría que esconderlo de la furia de Bella.

Y todo esto porque una tarde lluviosa, años atrás, había estado revisando su computadora y había abierto un correo que decía específicamente por qué él era lo mejor que pudiera pasarle a una banda, y se le pedía que considerara la opción de mudarse a Portland.

—¿Edward? —susurró Bella, despertándose. Sacudiéndose, él puso los labios en su vientre, besándolo. La había cargado a la cama la noche anterior para que no amaneciera dolorida.

—Te amo, Bella. —Esperaba que interpretara su voz ronca como excitación matutina.

Habían dormido juntos después de… mucho tiempo de no hacerlo, y despertar con ella a su lado, debería sentirse como algo normal, no como este abismo de remordimientos. Con manos rápidas, le masajeó un pecho mientras sus dedos hurgaban de nuevo dentro de ella, esperando que… sí, mierda. Había cosas que no cambiaban con los años, como ella recibiéndolo gustosa sin importar la hora del día. Incrementando el bombeo de sus dedos, trató de dejar de lado ese estúpido hueco vacío en él, ese negro y feo agujero en su corazón que había quedado como una mancha de lo que podría haber sido y no fue, no era el momento de todas maneras. Llegando a ella, tiró de su pezón con fuerza entre sus dedos, mientras la hacía llegar contra su boca.

—Oh, Dios, muy buenos días —susurró con los ojos aún cerrados, agitada, satisfecha.

Levantando su cabeza, Edward se movió arriba para penetrarla, y fue cuidadoso cuando dirigió su dura verga hacia su centro. Con un suave empuje, entró en su cuerpo, y su familiar asimiento, ese estrujón, ese resbaladizo calor, trajo unas por demás ridículas lágrimas a sus ojos, mientras recordaba el porqué estaba aquí. Ella vino porque le habló borracho por lo que había hecho con Ellen, no estaban haciendo esto para conectar, y a estas alturas, quizás ni siquiera se amaban como antes.

Tenía que parar con esa mierda.

No más pensar. No más arrepentimientos por todo lo que se había arruinado de todas formas. No más Ellen, ni… niños de los que nunca iba a haber ninguna conversación. Nunca jamás hablaría con ella sobre esto que estaba sintiendo, no quería hacerla sentir mal, ella ya tenía suficiente en su plato. Aunque, desgraciadamente, en el centro de su pecho sabía que esta era la ansiedad que había estado padeciendo. Esta era la distancia. Esta era la fuente de su enojo constante, y le daba miedo que un día fuera como una ebullición que fue creciendo hasta que no pudo ser contenida por más tiempo.

§ § § § § §

Él era magnífico, como siempre.

Mientras Bella se arqueaba debajo del poderoso empuje del cuerpo de Edward, no se engañaba a sí misma, sabía que el sexo era solo una distracción temporal para los problemas que tenían. Porque, Dios santo, sentía que esto era, de alguna manera, significativamente diferente de lo habitual entre ellos dos. Su marido siempre la quiso de una manera erótica, carnal, pero esto parecía... bueno, él parecía refrenado, como si estuviera conteniendo algo, sus brazos envueltos debajo de su torso así ella se levantaba del colchón, su cuerpo conduciendo al suyo con un ritmo oscilante, su pulgar frotando vigorosamente su clítoris...

—Te amo —dijo él en su oído.

—Yo también te amo…

El orgasmo interrumpió su voz, sacudiéndola de una forma tan inesperada, que sus senos golpearon la pared de su pecho. Dios, era tan hermoso como se mantenía bombeando encima de ella, el ritmo de sus estocadas estirando las pulsantes contracciones que golpeaban a través de su sexo, hasta que él era la única cosa en todo su universo, hasta que todo lo malo desaparecía, llevándose todo el desorden en su mente y en su corazón, desintegrándola, volviéndola solo un manojo de sensaciones primarias.

—Lo siento —escuchó su voz ahogada, casi estrangulada contra su cuello. Inmediatamente, Bella se congeló, bajando de su nirvana.

—¿Por qué? —Sus ojos estaban extrañamente horrorizados mientras se movía y miraba abajo hacia ella.

—¿Todavía sientes esta corriente entre nosotros? —Empujó más duro—. Dime que todavía lo sientes, Bella.

—Claro que sí...

—Te necesito más de lo que he necesitado algo en mi vida, necesito aliviar el dolor. —Su voz quebrándose, como si las palabras se quedaran atoradas en su garganta.

—Voy a estar para ti siempre, Edward, acaba —se arqueó—, quiero sentirte llegar.

Edward dejó caer su cabeza en su cuello y comenzó a moverse otra vez.

—Oh, Bella... eres… —se interrumpió con un jadeo, y esa voz sin aliento envió otra ola de chispas a través de su sangre, haciéndola contraerse a su alrededor.

Varias embestidas después, Edward llegó al orgasmo, su increíble cuerpo endureciéndose, su erección golpeando profundo dentro de ella, hasta que ambos se volvieron un mismo latido. Cuando acabó, Edward estaba temblando, pero apuntaló su peso con sus codos así podría dejarla respirar. Dios, era tan grande. Ella se había acostumbrado a su tamaño hasta cierto punto, pero mientras abría sus ojos, todo lo que podía ver era solo parte de su hombro, y su cabello cobrizo. Todo lo demás estaba bloqueado por su nueva corpulencia. Era hermoso. Acariciando sus bíceps, le habló suavemente.

—¿Puedes decirme qué está mal, por favor?

Edward se empujó hacia atrás un poco más, para poder mirarla a los ojos.

—Viste lo que soy capaz de hacer, ni siquiera yo me reconozco… —Desvió la mirada—. Ellen no se merecía esto, ¿crees que cuando Derek despierte pueda perdonarme?

—Primero necesita perdonarse a sí mismo.

—Me siento como un cobarde, actué como uno. —Bella lo acarició siguiendo sus cejas. La tristeza moldeando su perfecta boca.

—Edward, lamento no estar aquí para ti, yo…

—Entiendo nuestras agendas, Bella.

—No es solo eso —susurró acariciando su fuerte mandíbula, estaba nerviosa por lo siguiente que iba a preguntar, pero de verdad necesitaba saber si, de alguna manera, se le estaba escapando algo sobre el bebé—. ¿Esto tiene que ver con…?

El fuerte sonido de golpes en la puerta los asustó a ambos.

—¿Edward? —La voz fuerte de un tipo atravesó la puerta, asustándola—. No contestas el celular, hijo de puta, y Rachel necesita que vayas al hospital, ahora mismo.

—Voy a cambiarme, espera un momento, Dylan. —Edward se dio la vuelta y la besó—. Mejor nos cambiamos.

Su retirada fue rápida, y sus ojos permanecieron bajos mientras la ayudaba a levantarse y la llevaba a la ducha.


¡Hola! espero que vaya bien su fin de semana, acá les dejo actu ¿me dicen qué les pareció?

Gracias por comentar: Vrigny, Liliana Macias, Adriu, Gloria, paupau1, Somas, Jupy, Julia, buena reflexión, saludos!,Vale. Potter, Tata XOXO, saraipineda44, rjnavajas, OnlyRobPatti, NarMaVeg, Lidia 1, jajaja como crees!, miop, Leah De Call, Yenix304, Daira AV, Esal, Injoa, , Tecupi, Tulgarita, Mela Masen, torrespera172, angryc, Lizdayanna

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