No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.

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Bella había sacado Damaris y apuntado a Garrett en un instante. Ligera le gruñó, pero se mantuvo atrás, un paso por detrás de Bella.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — Era inconcebible que él estuviera aquí. ¿Cómo había entrado?

—Te he estado siguiendo por semanas, —dijo Garrett, mirando al perro. — Rosalie me habló sobre los pasajes, me mostró el camino. He estado aquí casi cada noche desde que ella murió.

Bella echó un vistazo al portal. Si Rosalie le había advertido de no abrir el portal, entonces estaba segura de que su amiga no quería que Garrett lo viera, tampoco. Bella se acercó a la pared, manteniéndose bien lejos de la oscuridad mientras se pasó la mano sobre las brillantes marcas verdes, tratando de limpiárselas.

— ¿Qué estás haciendo? —Garrett le preguntó.

Bella apuntó Damaris a él, frotándose furiosamente las marcas. No cedían. Lo que sea que este hechizo era, era mucho más complejo que el que había sellado la puerta de la biblioteca simplemente frotando las marcas no iba a deshacerlas. Pero Garrett ahora se interponía entre ella y el libro donde tenía el hechizo de cierre marcado. Bella frotó más fuerte. Todo estaba mal, muy mal.

— ¡Detente!

Garrett se abalanzó, consiguiendo pasar su guardia con una facilidad poco natural para luego cogerla de la muñeca. Ligera ladró una feroz advertencia, pero un fuerte silbido de Bella hizo que la perra se mantuviera lejos.

Ella se giró hacia Garrett, tratando de dislocar el brazo que la sostenía, pero la luz verde del portal iluminaba el plano de la muñeca de él, donde la manga de su túnica se había caído hacia atrás.

Un tatuaje negro de alguna criatura con forma de serpiente apareció allí. Ella había visto eso antes. Lo había visto…Bella alzó los ojos hacia el rostro de él.

No confíes en…

Bella había pensado que el dibujo de Rosalie había sido del Sello Real una versión ligeramente deformada del dragón heráldico. Pero había sido en realidad de este tatuaje. Del tatuaje de Garrett.

No confíes en Garrett, ella había estado tratando de decirle.

Bella se echó hacia atrás de él, revelando una daga. Apuntó ambas Damaris y la daga hacia él. ¿Qué tanto había Rosalie ocultado de Garrett y sus contactos? Si ella no confiaba en ellos, ¿entonces por qué les había contado todo?

—Dime como aprendiste esto, — Garrett susurró, volviendo sus ojos hacia el portal y la oscuridad. —Por favor. ¿Encontraste las llaves del Wyrd? ¿Es así como lo hiciste?

— ¿Qué sabes de las llaves del Wyrd? — ella dejó escapar.

— ¿Dónde están? ¿Dónde las encontraste? —pregunto Garrett

—No tengo las llaves. —respondió ella

—Encontraste el acertijo, sin embargo, — Garrett jadeó. —Te dejé encontrar ese acertijo que escondí en la oficina de Vladimir. Nos llevó cinco años encontrar ese acertijo y tú debes haberlo resuelto. Sabía que tú serías la que lo resolvería. Rosalie lo sabía, también.

Bella estaba sacudiendo la cabeza en negación. Él no sabía que había un segundo acertijo un acertijo con un mapa de las llaves.

—El rey tiene al menos una llave. Pero donde las otras dos están, no lo sé.

Los ojos de Garrett se oscurecieron.

–Tanto como sospechamos. Por eso fue que ella vino aquí en primer lugar. Para saber si él realmente las había robado, y si lo hizo, cuantas.

Esa fue la razón por la cual Rosalie no podía irse, Bella se dio cuenta. Por lo que ella había optado por estar aquí en vez de volver a Eyllwe. Para luchar por la única cosa que era más importante que el destino de su país: el destino del mundo. De otros mundos, también.

—No tengo que subir en un barco mañana. Se lo diremos a todos, —Garrett respiró. —Le diremos a todos que él las tiene.

—No. Si revelamos la verdad, entonces el rey usará las llaves para hacer más daño de lo que puedas imaginar. Perderemos cualquier oportunidad de cautela que tenemos para encontrar las otras.

Él dio un paso más hacia ella. Ligera dejó ir otro gruñido de advertencia, pero mantuvo su distancia.

—Entonces encontraremos donde está manteniendo la llave. Y las otras. Y luego las usaremos para derribarle. Luego crearemos un mundo por nosotros mismos.

Su voz estaba volviéndose un frenesí, cada palabra más dura que la anterior. Ella sacudió la cabeza en negación.

—Preferiría destruirlas que usar su poder.

Garrett rio entre dientes.

—Ella dijo lo mismo. Ella dijo que deberían ser destruidas ponerlas de nuevo en la puerta, si pudiésemos descubrir una manera. Pero, ¿Cuál es el punto de encontrarlas si no las usamos en su contra? ¿Hacerlo sufrir?

Su estómago se revolvió. Había más que él no estaba diciendo, más que él sabía. Así que ella suspiró y sacudió la cabeza, comenzando a pasearse. Garrett guardó silencio mientras ella se paseaba callada hasta que ella se detuvo, como si de repente comprendiese.

Ella alzó la voz.

—Él debería sufrir por el mayor tiempo posible. Y deberían también las personas que nos destruyeron quienes nos hicieron lo que somos: Charlie, Clarisse…— Ella se mordió el labio. —Rosalie nunca pudo entenderlo. Ella nunca lo intentó. Tú tienes razón. Las llaves deben usarse.

Él la estudiaba cautelosamente que ella se le acercó e inclinó la cabeza a un lado contemplando sus palabras, contemplándolo a él.

Y Garrett cayó.

—Por eso fue que ella dejó el movimiento. Ella lo dejó una semana antes que muriera. Sabíamos que era una cuestión de tiempo antes que ella fuera donde el rey a exponernos para usar lo que ella había aprendido para conceder clemencia a Eyllwe, y aniquilarnos en el mismo golpe. Ella dijo que preferiría tener un solo tirano sobre poderoso que una docena de ellos.

Bella dijo con una calma mortal.

—Ella habría arruinado todo para ti. Ella casi arruina todo para mí, también. Ella me dijo que me mantuviera alejada de las llaves del Wyrd. Ella trató de impedirme que resolviera el acertijo.

—Porque ella quería mantener el conocimiento para ella misma, para su propio beneficio.

Ella sonrió incluso mientras sentía el mundo moviéndose bajo ella. Y no podía explicar por qué, o cómo comenzó a preguntarse, pero si era cierto, tenía que hacer que él lo admitiera.

Se encontró a sí misma diciendo:

—Tú y yo trabajamos por todo lo que tenemos nosotros… todo se nos fue arrebatado y usado en nuestra contra, también. Otras personas no pueden siquiera comenzar a imaginar las cosas que nos vimos obligados a hacer. Yo creo, que por eso yo estaba tan encaprichada contigo cuando estaba niña. Yo sabía, incluso entonces, que tú entendías. Que tú sabías cómo era ser criado por gente como Charlie y Clarisse y luego… vendido. Tú me comprendías, entonces. — Ella quiso que sus ojos brillaran, su boca apretara como si estuviera tratando de evitar que temblara. Parpadeando furiosamente, ella murmuró, —Pero creo que por fin ahora te comprendo, también.

Ella extendió una mano como si para tomar la suya, pero la bajó haciendo su rostro tierno, suave y agridulce.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes? Pudimos haber trabajado en esto durante semanas. Pudimos haber tratado de resolver el acertijo juntos. Si hubiera sabido lo que Rosalie iba a hacer, como ella me pudo mentir una y otra vez… Ella me traicionó. En todas las formas posibles, Garrett. Ella me mintió a la cara, me hizo creer.

Sus hombros se hundieron. Después de un largo instante, ella avanzó un paso hacia él.

—Rosalie no era mejor que Charlie o Clarisse al final. Garrett, deberías habérmelo dicho. Acerca de todo. Yo sabía que no era Barren, él no era lo suficientemente listo. Si me lo hubieras dicho, pudiera haberme hecho cargo. — Un riesgo, un salto de fe. —Por ti… Por nosotros, yo me habría hecho cargo.

Pero Garrett le dio una sonrisa vacilante.

—Ella pasó mucho tiempo quejándose del Concejal Barren que yo sabía él sería el más fácil de culpar. Y gracias a esa competición, él ya tenía una conexión con Tumba.

— ¿Tumba no reconoció que tú no eras Barren? — ella le preguntó con toda la calma que pudo.

—Te sorprenderías lo fácil que los hombres ven lo que ellos quieren ver. Una capa, máscara, y algo de ropa fina, y él no lo pensó dos veces.

Oh, dioses. Dioses.

—Así que la noche en el almacén, — continuó ella, levantando una ceja, una conspiradora intrigada. —Realmente ¿por qué secuestraste a Jacob?

—Tenía que alejarte de Rosalie. Y cuando recibí esa flecha por ti, sabía que confiarías en mí, aunque sólo fuera por esa noche. Pido disculpas si mis métodos fueron… severos. Truco del oficio, me temo. —Confiar en él, perder a Rosalie, y perder a Jacob. Le había aislado de sus amigos, lo mismo que ella sospechaba que Roland quería hacer con Edward.

—Y esa amenaza que el rey recibió antes de la muerte de Rosalie, la amenaza contra su vida, — Bella dijo, sus labios curvándose hacia arriba. —Tú plantaste esa amenaza, ¿No es así? Para mostrarme quiénes son mis verdaderos amigos, en quienes puedo realmente confiar.

—Fue una apuesta. Así como estoy apostando ahora. No sabía si el capitán te advertiría. Parece que estaba en lo correcto.

— ¿Por qué yo? Me siento halagada, por supuesto, pero tú eres listo. ¿Por qué no pudiste haber deducido el acertijo por tu cuenta?

Garrett inclinó la cabeza.

—Porque yo sé lo que eres, Bella. Charlie me dijo una noche, después de que te fuiste a Endovier. — Ella empujó la punzada de dolor genuino y traición hacia dentro, hasta que no pudo distraerla más. —Y para que nuestra causa tenga éxito, te necesitamos. Yo te necesito. Algunos miembros del movimiento están comenzando a pelear contra mí, a cuestionar mi liderazgo. Ellos piensan que mis métodos son demasiado ásperos.

Eso explica la pelea que había visto con aquel joven. Él avanzó un paso hacia ella.

—Pero tu… Dioses, desde el momento en que te vi afuera de los Sauces, he sabido lo bien que estaríamos juntos. Las cosas que lograríamos.

—Lo sé, — ella dijo, mirando aquellos ojos verdes, tan brillantes en las luces correspondientes al portal. —Garrett, lo sé.

Él no vio la daga viniendo hasta que ella la empujó hacia él. Pero él era rápido demasiado rápido y se volvió justo a tiempo para que perforara su hombro en lugar de su corazón.

Él retrocedió con una velocidad deslumbrante, tirando su daga con tanta rapidez que ella perdió su agarre en el arma y tuvo que apoyar una mano en el arco del portal para no tropezar. Su palma ensangrentada golpeó contra las piedras, y una luz verdosa encendió bajo sus dedos. Una marca del Wyrd ardió, luego se desvaneció.

No dándose tiempo para mirar lo que había hecho, ella saltó a por él con un rugido, dejando caer Damaris para agarrar dos dagas más. Él tenía su propia cuchilla en un instante, balanceándose lejos ligeramente mientras ella rebanaba hacia él.

—Voy a destrozarte pedazo por pedazo, — ella dijo entre dientes, rodeándolo.

Pero entonces un estremecimiento recorrió el suelo, y algo en el vacío hizo un sonido. Un gruñido gutural. Ligera dejó escapar un bajo sollozo de advertencia. Ella se precipitó hacia Bella, empujando contra sus pantorrillas, arreándola hacia las escaleras. El vacío se movió, ahora neblina arremolinándose al interior, separando lo suficiente para revelar terreno rocoso, cenizo. Y luego una figura emergió a través de la neblina.

— ¿Rosalie? — Susurró. Ella había regresado, ha vuelto para ayudar, para explicar todo.

Pero no era Rosalie quién atravesó el portal.

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Jacob no podía dormir. Se quedó mirando al dosel de su cama, el testamento que había visto sobre el escritorio de Bella fulminaba su mente. No podía parar de pensar en eso. Acababa de dejar que ella lo echara de sus habitaciones sin decirle lo que el testamento significaba para él. Y quizás él merecía su odio, pero, ella tenía que saber que él no quería su dinero.

Tenía que verla. Sólo lo suficiente para explicar. Pasó un dedo recorriendo la cicatriz en su mejilla.

Pasos apresurados sonaron en el pasillo, y Jacob ya estaba fuera de cama y medio vestido al momento en que alguien comenzó a golpear a su puerta. La persona al otro lado tuvo todo en un golpe antes de que Jacob abriera la puerta, una daga escondida tras la espalda.

Él bajó el arma el segundo que vio el rostro de Edward, brillando por el sudor, pero no la envainó. No cuando vio el crudo pánico en los ojos de Edward, el cinturón y la vaina de la espada, colgando de entre los dedos cerrados del príncipe.

Jacob creía acerca de confiar en su instinto. No pensaba que los humanos hubieran sobrevivido tanto tiempo sin desarrollar cierta capacidad para saber cuándo las cosas estaban mal. No era magia, solo era… presentimiento.

Y fue el instinto de Jacob que le dijo acerca de quién se trataba antes de que Edward abriera su boca.

— ¿Dónde? — fue todo lo que Jacob preguntó.

—Su dormitorio, — dijo Edward.

—Cuéntamelo todo, — Jacob ordenó, corriendo de nuevo dentro de su habitación.

—No lo sé, Yo, creo que está en problemas. —dijo Edward

Jacob ya estaba poniéndose una camisa y túnica; luego metió sus pies en sus botas antes de tomar su espada.

— ¿Qué tipo de problemas?

—Del tipo que me hace venir a buscarte a ti, en vez de a los otros guardias. — Dijo Edward

Eso podía significar cualquier cosa; pero Jacob sabía que Edward era demasiado inteligente, demasiado consciente de la facilidad con que las palabras podían ser escuchadas en este castillo. Sintió el endurecimiento en el cuerpo de Edward un instante antes de que el príncipe se lanzara a correr, y lo cogió por la parte de atrás de su túnica.

—Correr, — Jacob dijo en voz baja, —atraerá atención.

—Ya desperdicié demasiado tiempo viniendo a traerte, — Edward repuso, pero repuso el paso ligero pero calmado de Jacob. Tomaría cinco minutos para llegar a las habitaciones de Bella si se mantenían a esta velocidad. Sin haber distracciones.

— ¿Hay alguien herido? — Jacob dijo tranquilamente, tratando de mantener su respiración, incluso mantener su enfoque.

—No lo sé, — dijo Edward.

—Tienes que darme más que eso, — Jacob irrumpió. La correa de su temperamento tensaba con cada paso.

—Tuve un sueño, — dijo Edward, tan despacio que sólo él podía oír. —Fui advertido de que ella estaba en peligro de que ella era un peligro para ella misma.

Jacob casi se detuvo, pero Edward lo dijo con tanta convicción.

— ¿Crees que yo quería venir a buscarte? — Edward dijo, sin mirarle.

Jacob no respondió, pero apresuró sus pasos tanto como pudo sin llamar demasiado la atención de los sirvientes y guardias aún en servicio. Podía sentir su corazón martillando a través de cada centímetro de su cuerpo para el momento en que llegaron a la puerta. Jacob no se molestó en llamar y casi se llevó la puerta frontal de las bisagras mientras irrumpía, Edward sobre sus talones.

Estaba en la puerta de su dormitorio en un instante, y no se molestó en tratar de llamar, tampoco. Sin embargo, la manija no se movió. La puerta estaba bajo llave. Él la empujó de nuevo.

— ¿Bella? — Su nombre fue más bien un gruñido que salió de él. No hubo respuesta. Luchó contra el pánico que crecía, incluso mientras sacó una daga, incluso mientras escuchaba por algún signo de problema. —Bella.

Nada.

Jacob esperó todo un segundo antes de golpear su hombro contra la puerta. Una vez. Dos veces. La cerradura se rompió. La puerta abrió de golpe, revelando su habitación vacía.

—Santos dioses, — susurró Edward.

El tapiz en la pared había sido doblado hacia atrás para revelar una puerta abierta una puerta secreta de piedra, que daba a un pasaje oscuro. Era como ella había salido para asesinar a Tumba.

Edward desenvainó su espada.

—En mi sueño, me dijeron que encontraría esta puerta.

El príncipe dio un paso adelante, pero Jacob lo detuvo con un brazo. Él pensaría sobre Edward y sus sueños clarividentes más tarde mucho más tarde.

—No irás ahí abajo.

Los ojos de Edward destellaron.

—Claro que si voy.

A modo de respuesta, un gruñido gutural y rompe huesos sonó desde dentro. Y luego un grito un grito humano, seguido por un ladrido agudo. Jacob corría por la entrada del pasaje antes de que pudiese pensar. Estaba completamente negro, y Jacob casi rodó por las escaleras, pero Edward, de cerca, tomó una vela.

— ¡Quédate arriba! — Jacob le ordenó, siempre descendiendo.

Si hubiera tenido tiempo, habría encerrado a Edward en el armario antes de arriesgar trayendo al Príncipe de la Corona hacia el peligro, pero… ¿Qué demonios había sido ese gruñido? El ladrido él lo conocía el ladrido era de Ligera. Y si Ligera estaba allí abajo…

Edward continuó siguiéndolo.

—Fui enviado aquí, — dijo.

Jacob tomó las escaleras de dos en dos, y de tres en tres, apenas escuchando las palabras del príncipe. ¿Aquel grito había sido de ella? Había sonado masculino. Pero, ¿quién más podía estar aquí abajo con ella?

Una luz azul destelló desde el fondo de las escaleras. ¿Qué era eso? Un rugido sacudió las antiguas piedras. Eso no era humano, ni tampoco lo era Ligera. ¿Pero qué…?

Nunca habían encontrado a la criatura que había estado matando a los campeones. Los asesinatos simplemente se habían detenido. Pero el daño que él había visto en esos cadáveres… No, Bella tenía que estar viva. Por favor, le suplicó a cualquier dios que quisiera escuchar.

Jacob saltó al rellano y encontró tres entradas. La luz azul había destellado desde la derecha. Corrieron. Cómo una caverna de cámaras tan masiva había sido olvidada Y, ¿Por cuánto tiempo había Bella sabido de ella?

Bajó una escalera de espiral. Y luego, una nueva luz verdosa comenzó a brillar de forma continua, él se tornó y aterrizó para ver…

No sabía dónde mirar primero, al largo pasillo, donde una de las paredes brillaba con un arco de símbolos verdes, o al… el mundo que se mostraba a través del arco, representando un terreno de neblina y rocas. A Garrett, acurrucado contra la pared opuesta, cantando palabras extrañas de un libro que sostenía en sus manos.

A Bella, postrada en el suelo. O al monstruo: una cosa alta, musculosa, pero definitivamente no humana. No con esos largos y anormales dedos con garras en las puntas, piel blanca que parecía papel arrugado, una mandíbula distendida que revelaba dientes que parecían de pez, y esos ojos, lechosos y teñidos de azul.

Y ahí estaba Ligera, con el pelo erizado, y colmillos al descubierto, negándose a dejar que el demonio se acercarse a Bella, incluso cuando la cachorra a medio crecer cojeaba, incluso mientras la sangre de la herida en su pata trasera derecha se estancaba.

Jacob tuvo unos instantes para medir al monstruo, para tomar cada detalle, para marcar su entorno.

—Ve, — le gruñó a Edward antes de lanzarse hacia la criatura.

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¡Oh, rayos! Espero que puedan ayudar a Bella.

Las leo :3