NECESITO UN BETA READER. En serio. Pero mi -ahora ex- beta tiene menos tiempo que yo y siento que no quiero arruinarle la vida a nadie corrigiendo mis voladas (sólo a mis profesores de minor y mi asesor de tesis. Pero a ellos les pagan xD) por lo que sigo en la disyuntiva. Van a ser DOS AÑOS con mi más largo bebé y recién son 35 capítulos de historia que nos llevan a la mitad de este viaje. A LA MITAD. No sé si sentirme bien o mal, considerando que Viñetas lo terminé sólo en dos meses, a pesar de que era una mezcla de historias sin un hilo lógico visible.

Como prometí, esto lo publicaré en tandas. Éste capítulo es largo y pasan bastante cosas, motivo por el cual me demoré tanto en publicar. No, no abandonaré a mi bebé si puedo evitarlo. Así que disfrútenlo (porque los Potter no lo disfrutaron tanto.)

PS: Cuando actualice esto completamente, me pondré con el resto.

PS2: SORRY, en verano comienzo gimnasio y natación, por lo que suelo perderme un poco xD!

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El cumpleaños de la señorita Hydra Isworthy.

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La casa de la familia Isworthy no era más grande que la casa familiar. Si preguntaba a Draco, y no lo haría, podía apostar a que su padre sabía perfectamente cuanta era la diferencia. Sin embargo, a diferencia del lugar donde James creció, aquel jardín era mucho más ostentoso que el de su familia. No necesitó intercambiar ninguna mirada con Teddy para saber que probablemente, el interior sería peor. La familia entera se dio un momento para estirar las piernas y respirar hondo. Draco se volteó hacia ellos y cabeceó afirmativamente.

Es hora –anunció, agarrando a Harry del brazo y comenzando a desfilar por el único camino hacia la casa que podían ver. No parecía tan difícil de seguir, considerando que habían puesto antorchas a un lado del camino y la entrada no era tan grande como para perderse. Sin embargo, a él se le hizo eterno.

James se colocó al final, junto a Teddy quien tampoco parecía tener muchas ganas de entrar. Procuró el mantener una distancia prudente, aún acelerado por la anterior cercanía que les había dejado a milímetros de compartir un beso. Justo a unos centímetros de su familia que por obra y gracia de Merlín, no habían comentado nada. Pero James estaba seguro de que lo harían, eventualmente. Quizá en el peor momento. Miró de reojo a Teddy quien fuera de mirar con nerviosismo la entrada de la casa, no parecía estar incómodo por estar cerca de él. Quizá ni siquiera se había percatado de lo que había sucedido. James prefirió dejarlo para cuando volvieran a casa, prometiéndose el al menos intentar conversar al respecto. No estaba tan loco como para lanzarse a la piscina y quedar en evidencia, pero eso no significaba que no pudiera preguntarle qué diablos significaba todo lo que le había dicho.

Y no iba a quedarse con la duda. No esta vez.

El interior parecía la recepción de un hotel antiguo. O un castillo. Había tantas columnas que James se preguntó si las habían colocado para sostener la casa dada su antigüedad. Pero por más que miraba, no veía ni un rincón de antiguo en aquella casa. Todo lo contrario. Los candelabros brillaban tanto, que parecían iluminar mucho más que las velas. Un elfo doméstico les esperaba en la entrada y les condujo a través de la ostentosa casa. James, sin evitarlo, le dio un codazo a Teddy para que le mirara y se acercó con la mano a un lado de la boca. El hombre parecía tan sorprendido como él.

¿Tú crees que estará así todo el año? –Susurró. Teddy ladeó la mirada entre el sorprendente lobby y James. El blanco de las paredes y el piso cegaba un poco.

Probablemente no tan brillante, Jim. No creo que alguien pueda aguantar tanta luz sin quedar ciego – James asintió, no evitando reírse un poco. Ambos recibieron una mirada fulminante de Draco, sin embargo.

Es de mala educación hacer ese tipo de comentarios sobre la casa de alguien más, chicos –les regañó, arrugando el entrecejo. La baldosa tenía un intrincado diseño antiguo en negro, que contrastaba un poco con el resto del lugar. O al menos te permitía mirar mientras avanzabas. Ambos chicos cerraron la boca mientras Harry echaba un par de carcajadas y Scorpius les miraba con diversión.

Aunque tienen razón –replicó Albus, arrugando el entrecejo –Recuérdame nunca decorar una casa mía con baldosa y paredes blancas, Scorp

Anotado –replicó el chico, posando su mano en la espalda de su hermano e instándolo a caminar. Frente a ellos se alzaba una escalera de mármol con barandas negras, que seguramente daban a las habitaciones. Sin embargo, a ellos los llevaron por una puerta a la izquierda, donde se encontraba un gran salón de baile.

Un salón blanco, para variar.

Una gran lámpara de araña colgaba en medio del salón, donde motivos dorados en patrón se extendían alrededor del techo que se movían de vez en cuando en círculos. James se preguntó ociosamente si los pobres elfos domésticos habían sido elevados del piso para poder pintar aquel techo. Había mesas por todos los rincones con diferentes tipos de comida, dando espacio al salón para que seguramente las parejas bailaran vals. Recién y cuando levantó los ojos por encima de las mesas se fijó que al fondo del salón había una tarima con un piano blanco y que luces blancas caían lentamente del techo. Y también que estaba Anthony y Lily, al parecer. O una mancha negra encima del piano y una mancha morada cerca de la mancha negra. El espacio no le daba para distinguir tanto.

Saludemos a Lily –Draco se volteó hacia ellos, probablemente sospechando de las intenciones de James –o de su padre– de ir por comida. El hombre se encogió de hombros cuando la mirada del rubio se posó en él. Cerca de donde ellos dos estaban había mesas también. Con comida, seguramente. El problema era, que el salón tenía la mitad del tamaño de una cancha de Quidditch repleto de personas –estiradas personas– a las que debían saludar. Y se le antojaba tanto, como los congresos de seguridad a los que el Ministerio de Magia les obligaban a asistir.

Sintió una palmadita de Teddy en la espalda.

Seguramente no será mucha gente la que se nos cruce –Le consoló el Auror. Y si tenían suerte, no se encontrarían con el padre de Draco por lo que no habría un espectáculo lleno de dramas y reproches. Seguramente digno del premio al actor del año.

Pero no apostaría a ese caballo.

James calculó rápidamente el tiempo que le tomaría ir a la mesa más cercana, sacar un par de bocadillos rápido para aguantar y volver esquivando desconocidos. No alcanzó a dar ni siquiera dos pasos cuando Teddy se volteó y le jaló del brazo sin ninguna consideración con su chaqueta, y sus ganas de comer.

Ni se te ocurra –bufó él. James rodó los ojos.

No es como si fuese a demorarme más de un minuto –se justificó. Teddy negó con la cabeza y le instó a caminar detrás de Albus. Delante de ellos, Draco y su padre encaminaban la comitiva de Potters; sonriendo a diestra y siniestra como si todos fueran agradables conocidos, pero sin acercarse a nadie en concreto. James se preguntó distraídamente si le dolería la mandíbula mañana.

No se si te has dado cuenta –dijo el auror, inclinándose para acercarse a su oído. A James le hormigueó la oreja al sentir su aliento –Pero las madres caza maridos te tienen en la mira, James –susurró. El hombre se obligó a alzar la cabeza y mirar hacia todos lados. Había una que otra mujer de mediana edad que había posado sus ojos en ellos, pero James no lo tomó como una señal de alerta. Ni siquiera había visto que estaban cerca de sus hijas como para pensar en una táctica de retirada –Y no estoy de humor para contestar preguntas indiscretas hoy

Creo que es más lo segundo que lo primero, Ted –replicó James, ladeándose un poco y sonriendo de medio lado. Era obvio que Teddy lo usaría como chivo expiatorio para escapar de los cuchicheos. No era raro que en algún evento público Teddy se le pegara como lapa e intentara evitar sus escarceos amorosos. Lo solía lograr cuando Victoire no merodeaba, pero de vez en cuando James había conseguido irse a un rincón oscuro con una que otra señorita. Más por la diversión de huir de Teddy y ver su cara enfurruñada, que porque realmente tuviera ganas de flirtear con alguien. Y en un escenario normal, donde Teddy aún se encontrara casado y su relación fuese como antes lo habría intentado.

Pero ya no era lo mismo.

James sólo deseaba estar a solas con él y saber que tanto estaba imaginando y que tanto era real. Saber a que atenerse, saber si el suelo que estaba pisando era concreto o se derrumbaría en algún momento.

Lily tuvo suerte de no haber venido de blanco. Tendríamos que tantear las paredes para poder encontrarla –Albus comentó, haciéndole un gesto con la mano a algún conocido y consiguiendo que James saliera de sus pensamientos. Tuvo que darle la razón; habría sido fácilmente confundida con las paredes o la alfombra si eso hubiese sucedido. Según tenía entendido –Draco– las mujeres solteras de noble cuna estaban obligadas a vestir de blanco en la mayor parte de las frívolas y estiradas fiestas, tradición más vieja que su bisabuelo y que aún estaba vigente. Lily había tenido que ceñirse en el protocolo hasta que consiguió atrapar al pobre de Newton. Y no había parecido muy feliz al respecto, pero afortunadamente James había salido de la casa antes de que el cerebro le explotara por sus quejas.

Shh… pueden escucharte –susurró Scorpius, dándole una palmadita en la espalda. Una de las madres más cercanas les frunció el entrecejo, al parecer escuchando perfectamente. James tuvo que taparse la boca para reírse, sobre todo cuando Draco se volteó para fulminarles con la mirada. Pero Lily estaba cerca, lo que no le dio tiempo para más.

¡Papá! –La chica se levantó de donde se encontraba apoyada y prácticamente dio dos saltos hacia ellos. Los brazos de su padre se abrieron automáticamente para estrecharla en un abrazo. Lily besó la mejilla de Draco antes de hacer lo mismo con Harry.

Ese morado te queda perfecto –dijo el rubio. Lily le guiñó un ojo aún entre los brazos de su otro padre. James le hizo un gesto de saludo a Newton que aún se encontraba sentado en el piano.

Tony tiene un excelente gusto –ella dijo, con un tono de voz bastante travieso. James realmente no quería saber a que podía referirse. Realmente. Pero las mejillas rojas de su esposo todo lo dijeron todo. Agh, que asco.

¡Hey! ¿Porqué él es papá y yo no soy nada? –reclamó Harry, desviando la conversación –afortunadamente–. Lily se echó a reír, encogiéndose de hombros y abrazando a Albus y Scorp al mismo tiempo. Su padre se encogió de hombros en una actitud bastante parecida a la suya cuando algo se le metía en la cabeza. Teddy pareció pensar en lo mismo, a juzgar por cómo miró a su padre para luego mirarlo a él.

Harry, no eres un niño –Le regañó su marido. Pero Draco parecía bastante más divertido de lo que solía demostrar en público, lo cual era mucho decir. Newton les sonrió desde el piano, comenzando a tocar una suave melodía que James no reconoció, pero Scorpius si, a juzgar por la sonrisa que le dio.

¡No es justo! Draco siempre se ha ganado a las mujeres de la familia

También te amo, papá –Lily rió, estrechando a James en un apretado abrazo antes de pasar a Teddy y hacer lo mismo. Su hermana volvió hacia donde sus padres, acercándose para besar la mejilla de su progenitor.

Por supuesto que no. Ya te he dicho que no a todas –replicó su otro padre. Harry refunfuñó, pero le tomó de la mano como solía hacer en aquellos lugares. Ambos eran bastante empalagosos para el gusto de James, pero en esa clase de fiestas su padre mantenía una distancia estricta de todos ellos. Eso era lo único que le había salvado de recibir una colleja las veces anteriores –Considerando las excepciones que ustedes conocen y que hacen de esa frase algo erróneo, tampoco podría asegurar que mis nietas me amarán tanto como tu afirmas, cariño –Aquella dulzura le provocó un escalofrío. No por su aparente tono de voz que de dulzura no tenía mucho –quizá si la mirada de cariño hacia su padre– si no por la insinuación de que cualquiera de ellos…

Yo estoy cubierto con Ed –anunció él, rápidamente.

Err papá… es muy pronto –respondió Lily, sonriéndole pasivamente. James pudo jurar haber visto a Newton hacer un respingo.

Lo siento, aún somos estudiantes –inquirió Scorpius, con una sonrisa algo tensa. Albus hizo una mueca y Teddy ni siquiera se molestó en negar con la cabeza. Draco rodó los ojos y Harry hizo algo muy parecido, ante un tema que habían comenzado a tocar desde que James se había graduado de la academia.

No entiendo cuál es el afán… –comenzó su padre, pero Harry le pasó el brazo por detrás de la cintura y pareció darle algo así como una palmadita por la espalda que interrumpió su muy probable queja hacia el entusiasmo de su prole por seguir con el legado. Pero ellos no podían quejarse demasiado, ya tenían al primero de lo que sería la siguiente generación de Potters y Malfoys. Además de Cissy. Sin mencionar que Lily era una recién casada y Albus y Scorp realmente estaban estudiando como para pensar en hijos.

Eventualmente lo harán, y yo sostendré mi queja hasta entonces –sentenció Harry sin ninguna vergüenza. James y sus hermanos intercambiaron una mirada de resignación.

Madura, Potter –bufó él, pero su padre le besó en la mejilla y volvió el ambiente algo habitualmente empalagoso. Pero no duró mucho.

Lu- el abuelo a las seis –anunció Scorpius de pronto, arrugando el entrecejo. La mirada de su padre se enfrió considerablemente y su otro padre se limitó a arrugar el entrecejo. Aquello provocó un efecto en cadena desagradable, pero usual. Scorpius tomó suavemente a Albus de la mano con una expresión de fastidio bastante notable. Lily decidió volver hacia donde se encontraba su marido y Teddy se pegó un poco más hacia él. James sabía que Scorpius odiaba decirle abuelo a ese hombre, pero era algo que no podía evitar en sitios como esos. El no hacerlo acarrearía una serie de preguntas de la aristocracia mágica inglesa y todo un drama por parte del profeta. Si bien se sabía que Draco y él no se llevaban, nadie sabía –y James podía apostar que Lucius Malfoy tampoco– lo mucho que le desagradaba el hombre a su hermano menor.

Gracias a Merlín que Narcissa no ha llegado –susurró Harry, en cuanto el otro rubio posó su mirada en todos ellos. Draco suspiró cuando sintió la mirada de desagrado de su padre y el hombre se dispuso a caminar hacia ellos.

Pero va a llegar, Harry. Así que aguantemos hasta entonces –a James le pareció que lo decía más para si mismo que para su papá, a pesar de ser conocido por tener mucha más paciencia que su progenitor. Pero su padre siempre había sido el punto débil de Draco, algo que a él no le había costado demasiado entender. Más bien, les había hecho preguntarse, a todos ellos, cómo diablos su padre se había casado con su madre.

Lucius Malfoy tenía una manera de caminar tan particular, que resultaba difícil ignorarlo. Destilaba tanta arrogancia y aristocracia, que a James siempre le había resultado difícil mantenerse cerca de él. No tenía idea cómo Scorpius había logrado mantener una charla con él sin desquiciarse. Tampoco era como si el hombre tuviese la intención de hablar con un niño Potter, sin embargo, Draco les había insistido que debían ser educados para ser mejores que él. James hizo una mueca. No quería ser mejor que él, quería un bocadillo y volver a su casa.

El anciano, como siempre, ni siquiera les miró.

No concibo entender cómo una familia tan respetable como los Isworthy pudo cometer un error tan garrafal en sus invitaciones –dijo él, mirándolos como si no fuesen más que una mancha en el piso. Scorpius dio un salto y James pudo ver claramente a su padre apretando el brazo de su otro padre para que no lo maldijera. Albus concretamente le había fulminado con la mirada.

También es un agrado contar con tu presencia, padre –respondió Draco, dándole una sonrisa cordial que perdía completa calidez por la dureza de sus ojos. Lo peor de todo, es que el hombre les dirigía la misma mirada glaciar que podían ver en los ojos de su padre. El ambiente se había enfriado a tal grado, que a James no le sorprendería si comenzaba a temblar del frio.

Scorpius, por otro lado, es una excelente oportunidad para que puedas conocer a las personas indicadas –el hombre continuó, como si no hubiesen estado fulminándose con la mirada hace un minuto. Le dirigió un intento de mirada amable que no era nada real.

Err, abuelo, acerca de eso…

Yo… vi a un conocido –inquirió Albus, sonriendo nerviosamente e intentando escapar. Pero Scorpius le agarró el brazo antes de que pudiera hacerlo. Intercambiaron una mirada larga que claramente era una conversación. Era momento de ir por su bocadillo.

Ah, yo también –agregó James, intentando esbozar una sonrisa a sus padres. Ambos hombres se encontraban demasiado ocupados fulminando con la mirada a Lucius Malfoy e intercambiando miradas entre ellos como para prestarles atención, lo que era bueno. Lo último que quería era quedarse en ese campo de batalla.

James, iré contigo –Teddy le dio un empujón al sentir la breve mirada asesina –no podía interpretarla de otra forma por más que lo quisiera– del aristócrata hacia ellos. El hombre era algo así como el tío abuelo de Teddy, ahora que lo recordaba. Uh.

Cariño ¿Quieres algo de tomar? –Ellos escucharon un poco antes de darle la espalda a su familia en una retirada que no traía nada de honor a Gryffindor. Pero ellos no conocían aquellas discusiones entre su padre y el padre de su padre. Lily le sonreía a su marido, sin embargo, se notaba que estaba pendiente de la discusión. Al menos podría escribirle y preguntarle más tarde, si realmente quería saberlo.

Scorpius seguía tratando de que Albus no huyera y Draco seguía intentando de que Harry no se le lanzara encima a su suegro cuando su padre abrió la boca. Y James pudo ver que el momento de huir era ese.

Supongo que debo recordarte de que no tienes el poder para obligar a mi hijo a hacer algo que no quiere ¿O la edad te ha vuelto desmemoriado, Lucius?

Ese.

Potter…

ESE.

James, sin ninguna clase de pena o culpa les dio la espalda y emprendió retirada. Como siempre y porque, seguramente su integridad personal era tan importante cómo su empresa de evitar que él flirteara que Teddy le siguió.