32. Sacrificio.
Sakura terminó de correr casi a los límites de la aldea, el curvo a su lado aleteó lentamente, el chico se encontraba jadeando y con sudor escurriendo de su frente, también era obvio que contenía las ganas de llorar. Masamune se colocó esta vez en el suelo, sentándose al lado de Sakura cuando este cayó de rodillas en el frío cemento, rasguñándolo y lastimándose los dedos.
Él no había sido capaz de pararlos. No era lo suficientemente fuerte todavía, necesitaba más y mas entrenamiento, hasta poder protegerlo todo, pero debido a Kabuto esto ya no podía ser; si Naruto y Sasuke volvían a pelearse, jamás podría alcanzarlos.
Por un instante miró más allá de la aldea, el extenso bosque que la rodeaba se veía inmenso, seguro el mundo lo era todavía más. Justo cuando, segado por todo el esplendor que se le habría hacía el frente dio un paso adelante, la voz de su padre lo hizo voltear a su realidad.
—Regresaste.
—Sí, padre. —dijo Sakura, observándolo de reojo. Masamune clavó la mirada en el padre de Sakura, la expresión del sujeto era sombría, ni siquiera parecía estar viendo a su progenitor.
—Te has estado divirtiendo mucho al parecer. —continuó él, frío. Sakura se giró por completo, sin apartarle la mirada ni un momento. —Aunque tus ojos realmente dicen otra cosa. ¿Qué pasa, Sakura? ¿No pudiste seguirle el ritmo a tus compañeros?
Sakura se quedó un momento en silencio, apretando los labios y sin poder evitarlo bajó la vista al suelo.
—Esa enfermedad que tienes, ¿pensaste que la nueva Hokage te la curaría? —preguntó su padre, con eje de burla en su voz. —Esa mujer ni siquiera pudo cuidar a su familia, ¿qué te hace pensar que te cuidaría a ti?
— ¿Vienes a llevarme contigo? —Sakura apretó los puños, no estaba del todo seguro, pero quizás ese era el método en que su padre le pedía que volviera, seguro que su madre también estaba preocupada. Nunca había estado tan lejos del clan Haruno.
—No.
— ¿Eh?
—Los ancianos no te quieren más. Yo no te quiero más. —dijo él, sin una pizca de amabilidad en su voz. —Has sido una deshonra desde el primer momento en que naciste siendo mujer, tu cuerpo es débil y tu corazón también, preferiste seguir tus ambiciones personales que ser uno con tu clan, no eres más que una rata. Y ahora, con esa enfermedad tuya, morirás tan pronto y como un cobarde, que prefiero deshacerme de ti antes de que siquiera me relacionen contigo.
Sakura lo observó con ingenua incredulidad, cada palabra dolía más que la otra y todas las emociones se le abrumaron en su cabeza, dejándolo totalmente vacío.
—Sería una buena oportunidad para que te lo llevaras, Itachi. —pensó Masamune. —No importa que entrenamiento quieras que le de Tsunade, no vale este sufrimiento.
— ¿Mi… mi madre está de acuerdo con esto? —preguntó Sakura, recobrando un poco de color en la cara, quizás los dos pudieran comenzar de nuevo.
—Desde que naciste, deseé nunca haberla conocido. —comentó su padre, ácidamente. —Ni siquiera pudo servir para su propósito como mujer, y fuiste la única basura que pudo darme.
"Sakura, te pondré estas florecitas en tu almuerzo, pero tienes que guardar el secreto, ¿de acuerdo? Tu padre se enojará conmigo si sabe que tu almuerzo luce bonito."
El estomago se le comenzó a revolver, era como si una tormenta lo golpeara tanto en la cabeza como en el tórax, cada vez más intensa y dolorosa que era difícil de soportar. Era como si todo su cuerpo ya supiera lo que estaba pasando, pero solo su mente no quisiera por primera vez, aceptar su realidad.
Al principio a Sakura no importaba vestirse como hombre, tampoco cambiar su personalidad a una más dura era el mundo que le tocó vivir y su clan le había enseñado a resignarse. Su madre no era buena con él, siempre seguía más a su padre pero de vez en cuando, solía darle pequeños detalles para que nunca olvidara su naturaleza.
"A pesar de que a tu padre no le gusta que estés con la hija de los Yamanaka, a mí me alegra que al fin tengas una amiga con quien contar."
Sakura sintió que las mejillas se le volvían a llenar de agua, todo esto era muy difícil, quería que parara que alguien le pusiera fin a esos sentimientos. No los quería.
Pero entonces recordó, que el Cielo no escucha los lamentos.
—¡Ah! ¡Padre, pude hacerlo, pude clavar todos los kunais en el centro! —gritó el pequeño Sakura, pegando un montón de brincos. Su padre le sonrió a medias, acariciando su cabeza.
—No dejes que esto te haga creer mucho, los demás niños pudieron hacerlo hace semanas. —reprendió él, serio. —Así que no nos iremos de aquí, hasta que consigas otros diez tiros perfectos.
Sakura asintió con la cabeza, mucho más animado, sorprendiendo a su padre; usualmente se quejaría, lloraría o incluso preferiría recibir una paliza que entrenar; lo que Haruno no sabía, era que aquel gesto tan sincero y pequeño como una sonrisa de orgullo, fue suficiente para saber que su padre estaba orgulloso de él.
Sakura había practicado demasiadas veces con su padre, era un hombre fuerte que a pesar de eso nunca perteneció a los Anbu como los otros del clan, él de hecho le daba los entrenamientos a los niños y jóvenes, por lo que siempre fue su prioridad de que Sakura fuera el mejor de entre ellos; sin embargo, Sakura jamás se pudo relacionar correctamente con los niños de su edad, incluso las dos niñas que también fingían para el clan, no tenían ningún interés en Sakura, era como si simplemente le hubiera tocado el peor hijo del mundo.
Después se había relacionado con la hija de los Yamanaka, siempre ocultó en sus faldas, Sakura daba el peor ejemplo a las nuevas generaciones del clan. Seguido de juntarse con el hijo del cuarto Hokage, hacer equipo con él y con el último Uchiha; cada persona sobresalía más que la anterior y Sakura siempre terminaba de lado.
La gente siempre murmuraría que el clan Haruno siempre estaba a la sombra de los demás.
Sakura estaría siempre a la sombra de los demás.
— ¿Crees que con una mente tan débil como esa serás capaz de proteger algo, Sakura? —preguntó su padre, mirándolo desde arriba; la banda en la cabeza de Sakura se había caído a un lado, el flequillo cubría todo su frente, solo podía ver a través de él una silueta borrosa.
Pero sus palabras las podía escuchar tan claramente, que agonizaba por ellas.
Masamune a su lado también estaba sangrando, no tenía suficiente chakra para volver a proteger a Sakura, solo pudo interponerse en el primer ataque. Había faltado a su promesa hacía Itachi.
—Siempre has sido la decepción del clan. —continuó, tomando al que una vez fue su hijo, clavó un kunai con fuerza en medio de su pecho, sin algún rastro de emoción en su rostro.
Haruno se puso de pie, observando el rostro de aquella niña, su rostro estoico se perturbó al ver una leve sonrisa apareciendo en el de Sakura.
— ¿Estás orgulloso de mí?
—Simplemente muere, como la débil mujer que eres. —sentenció su padre, comenzando a marcharse.
"Somos mujeres de los Haruno… es la peor vida que nos pudo haber tocado. Perdóname, Sakura… fue mi culpa que hayas nacido de esta forma."
—Masamune. —llamó Sakura, escupiendo sangre; Masamune a su lado comenzó a revolotear, necesitaba ir por ayuda rápido, Sakura en cambio le tomó con delicadeza una de sus patas y antes de caer inconsciente, le sonrió. —Mi madre ahora se ha vuelto una estrella.
—Lo sé, Sakura. —dijo el cuervo, haciéndole un mimo en la mano. —Pero por mi honor, que no permitiré que tu te conviertas en una.
—.—.—.—.—
— ¿A dónde habrán ido Sakura? —Kakashi se rascó la cabeza, preocupado. Ya había terminado de conversar con Naruto y también le había dado todo un monologo a Sasuke, esperando ayudarlo en su sed de venganza, no obstante, Sakura era al único que no podía encontrar.
Bueno, quizás Sakura lo que más quería era estar solo, aunque Kakashi esperaba que Sakura recordara que podía contar con él.
Decidió entonces ir por algunas compras, casi no había comida y si Sakura se aparecía por su casa al no querer ir donde Naruto o Sasuke intentaría recibirlo con un buen banquete para subirle los ánimos; incluso aunque no le gustaban mucho las cosas dulces, Kakashi compró una caja de panes glaseados rellenos de fresa.
Al salir del establecimiento notó una persona que se le hizo conocida, era el padre de Sakura, pero a diferencia de todas las veces que lo había visto donde su porte era impecable y su mirada seria, ahora se veía sin rastro de vida alguno en su rostro, ¿sería porque Sakura no volvía? Tendría que hablar después con él, seguro que por su orgullo estaban negando que se preocupaban por su hijo.
Masamune revoloteó sus alas, cayéndose una vez más, se sentía pesado y sus días de gloria ahora sonaban lejanos, ni siquiera había podido rescatar a una niña pequeña.
— ¿Por qué me están pidiendo ayuda a mí? —preguntó Ino, cruzada de brazos. —Kiba, seguro estás forzando a Hinata a hacer esto, ¿verdad?
— ¡Claro que no! —reprochó el chico, reteniendo a la heredera del clan Hyuga que quería escapar a toda costa. — ¡Hinata quiere hacerlo, quiere enamorar a…!
— ¡Kiba! —lloró ella, tapándole la boca de inmediato.
— ¿A Naruto? —preguntó Ino, alzando una ceja. —Seguro que sí, tu cara está roja. —se burló la rubia, echando uno de sus cabellos atrás. —Tienes malos gustos, Hinata.
— ¿Entonces? —animó Kiba, formando una sonrisa enorme.
—De acuerdo, te doy mi garantía que ese idiota se enamorara de Hinata. —sonrió Ino, alzándole el pulgar. Hinata ya estaba en el suelo, deseando derretirse por lo bochornosa de la situación.
Akamaru ladró, atrayendo la atención de los tres chicos, luego saltó de la cabeza de Kiba echándose a correr rumbo a la derecha.
— ¡Espera, Akamaru! —gritó Kiba, se había detenido frente a un bulto negro. — ¡No te comas eso, te dará rabia!
— ¿Un cuervo? Parece muy lastimado. —dijo Hinata cuando llegó. — ¿Está muerto? ¿Lo habrán atacado los animales del bosque?
—Sa…Sakura. —balbuceó Masamune.
— ¡Habló! —gritaron los tres, sorprendidos.
—Entonces es una invocación. —aseguró Kiba.
—Él dijo… Sakura, ¿no es así? —preguntó Ino, preocupada. — ¿Sakura… Sakura Haruno?
—Necesita… ayuda. —y desapareció en una nube de humo.
—Volvió a su tierra. —dijo Kiba. —Necesitamos encontrar a Sakura, Hinata, activa tu Byakugan. Akamaru, sigue el rastro de Sakura.
Los tres comenzaron a correr detrás del perro, con el Byakugan activado Hinata pudo localizar el cuerpo y ver su estado; era peor de lo que imaginaba, si no venía alguien a ayudarlos, Sakura estaría muerto en pocos minutos. Al verlo, Ino corrió a él con lágrimas en los ojos, había sangre por todos lados, ¿quién le había hecho eso? En los arboles había marcas de golpes, de haber estrellado algo contra él, muy seguramente el cuerpo de su mejor amigo.
—Ino, de nada nos sirve llorar; quédate con él, intenta ayudarlo, Hinata y yo iremos a buscar a algún ninja medico para que nos ayude, ¡andando!
Ino tomó con mucho cuidado la mano de Sakura, estaba temblando, la respiración se le cortaba y ver tantas veces a su amigo en esa situación le hacía preguntarse si su corazón podría soportar perderlo y no volverse loca en el proceso. Quería tanto a esa niña idiota.
—Sakura… quédate conmigo. —pidió dejando que sus lagrimas cayeran encima de él. —Si tu mueres, jamás me lo voy a perdonar, no quiero este tipo de final para nosotras dos, nosotras tenemos que ser felices… por favor, por favor… ¿qué pasa si encuentro a un chico idiota? ¿quién lo va a golpear cuando me rompa el corazón? —preguntó entre jadeos. —Tú me prometiste que lo harías, que me cuidarías.
Ino hizo presión en la herida del pecho, donde parecía salir la hemorragia, quizás no fuera de ayuda pero eso le permitía sentir los latidos cada vez más lentos de Sakura. Le permitía darse esperanza.
— ¿Sabes? Pensé que en el siguiente examen chunnin las dos entraríamos juntas. —sonrió entre lágrimas. —Ya no quiero ser más tu rival Sakura, solo quiero ser tu amiga. Y no puedo serlo si no sobrevives, ¡tonta!
—.—.—.—.—
Sasuke miró a los sujetos que lo tenían rodeado, no solo había perdido contra Naruto, escuchado el sermón de Kakashi y casi matado a la persona que le gustaba, también se dio cuenta que no era tan especial ni siquiera para Orochimaru, todos lo estaban derrotando.
—Orochimaru-sama nos dio órdenes de llevarte con nosotros.
— ¿Y qué pasa si digo que no? —se burló. — ¿Me mataran?
—No. —Sasuke alzó la cabeza, extrañado por la contestación. —Orochimaru-sama perderá demasiado si tu mueres, pero podemos hacer otra cosa.
— ¿Qué?
—Naruto Uzumaki y Sakura Haruno, son importantes para ti, ¿no es así?
De nuevo, ahí estaba la debilidad que mencionó Itachi.
—Una semana...no, tres días. —dijo de pronto, atrayendo a atención de los tres. —Es todo lo que necesito.
—Parece que no entiendes tu posición.
—No, ustedes son los que no entienden. —sentenció Sasuke, enojado. — ¿Prefieren llevarme vivo o muerto con Orochimaru?
Los cuatro chasquearon la lengua, asintiendo con la cabeza, desapareciendo de su vista al darle una última advertencia a Sasuke.
Sasuke se dejó resbalar por la pared, cerrando los ojos, la luna le estaba dando en la cara y era aterradora. No quería marcharse, a pesar de todo, sabía que Naruto y Sakura eran su nueva familia, quisiera nunca dejarlos; pero muy pronto entendió que les traería más desgracias estando juntos, ellos eran lo que utilizaban los villanos para amenazarlo, no solo Itachi, incluso Orochimaru.
¡Nosotros también decidimos protegerte, idiota!
—Lo sé, tarado. —murmuró Sasuke, recordando las palabras de Naruto. —Pero aun soy muy débil… es todo lo que puedo hacer por ustedes. Ya no quiero perder a nadie… es muy doloroso. —sollozo, abrazando sus piernas.
No era por hacerse más fuerte, no era para buscar el odio que le hacía falta ni para desbloquear el poder que tenían los Uchiha; esas razones se escuchaban lejanas para los oídos de Sasuke, todo eso había quedado atrás para él.
Lo único que quería ahora era proteger a las personas que amaba.
