Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS ALTAMENTE SEXUALES +18
Recomiendo: Salvation - Gabrielle Aplin
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Capítulo 51:
Los amores de su vida
"Eres la avalancha a un metro de distancia
Mi sueño hecho realidad mientras estoy despierta
(…) Nunca pensé que iba a enamorarme de ti
Mi salvación
(…) Eres la tormenta de nieve que me purificó…"
Nunca había sentido tal nivel de ansiedad en mí. Sí, no es que fuera lo más importante del mundo, que estuviera sano era lo que más queríamos, pero saber si sería un niño o una niña era darle una imagen a mi hijo, comenzar por buscar un nombre para mi pequeño y comenzar a visualizar a quien sería mi personita favorita en el mundo entero.
Miré a Edward, quien parecía perplejo; no esperaba que le dijera aquello y yo tampoco.
—¿Y? ¿Qué me dicen? ¿Quieren saber qué es? —preguntó él médico, viéndonos con una sonrisa paciente—. Que el o la contorsionista parece estar esperando a que sus queridos padres lo sepan.
Edward y yo nos miramos, sintiendo la emoción de aquello. Fue inevitable para mí no apretar aún más fuerte su mano, la que seguía pegada a sus labios. Se veía perplejo y nervioso de saberlo.
—¿Quieres? —le pregunté, sintiendo la intriga en mi garganta.
Miró a mi barriga y luego a mí, todavía manteniendo la mirada resplandeciente de la emoción.
—Sí, quiero. ¿Y tú?
Asentí con la garganta apretada por las lágrimas a punto de salirse de mis ojos.
—Bien, entonces atentos a la pantalla —nos señaló el médico, apuntándonos a ella con su dedo mientras con la otra mano iba moviendo el aparato en mi barriga—. Es tan notorio que no puedo creerlo. Tienen a una futura exhibicionista, papá se pondrá celoso.
Nosotros nos pusimos a reír, pero luego dejamos de hacerlo cuando nos dimos cuenta de lo que nos decía.
—¿Una…? —preguntó Edward, dejando la palabra en el aire.
El doctor asintió con los labios apretados.
—Es una pequeña.
Solté el aire de mis pulmones, como si se tratase de un jadeo ahogado.
Era una nenita… Mi hija.
Edward pestañeó y un par de lágrimas le cayeron por las mejillas. Se volvió hacia mí, sin poder creerlo, como si fuese demasiado hermoso para ser verdad, como si… no pudiera de la alegría; estaba perplejo.
—Bella, tendremos una niña —murmuró.
Asentí mientras me echaba a llorar, sensible y muy emocionada.
—Es una nena —siguió diciendo, sonriendo de oreja a oreja.
Lo acerqué a mí y él me besó mientras me limpiaba las mejillas con suavidad.
—Nuestra pequeñita —añadí, cerrando los ojos de felicidad.
Dios mío, de tan solo pensar en conocerla se me erizaban los vellos del cuerpo. Iba a ser la niña de mamá y de papá, eso no iba a tener ninguna duda. Mi hija… Era tanto el amor que sentía y aún no la conocía. Edward se separó y siguió mirándome con la felicidad en cada espacio de su rostro.
—Soy un afortunado —me dijo en voz baja, volviendo a tomar mi mano—. Soy y seré un eterno enamorado de las dos mujeres de mi vida. No puedo pedir más.
Yo suspiré y le pasé una mano por la mejilla, sintiendo su inmensa felicidad. Estaba tan dichoso que me llenaba el corazón. Y sí, era un afortunado, porque sus dos mujeres íbamos a amarlo sin espacio a la duda.
—Es una pequeña muy fuerte, miren cómo se mueve —nos siguió señalando el médico.
Nos reímos, siendo testigos de la imagen más hermosa que podría apreciar en mucho tiempo. Y ahora quedaba mucho más.
Estaba tan feliz, tanto que lo que más quería era inmortalizar este momento para siempre.
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Miraba las fotografías de la segunda ecografía, sintiendo mi cuerpo lleno de alegría. Edward reía a ratos, recordándome que era el más feliz. Estaba tan entusiasta por su nena. Yo pasé mi mano por mi vientre, queriendo poder tocarla a ella y decirle que la amaba. Ansiaba tanto poder verla, sentir su piel, poder disfrutar de sus ojos, de su aroma, de las sonrisas que iba a darnos y sí, de ver a su papá con ella. Era un amor tan grande, algo que nunca pensé experimentar nunca, no hasta que conocí a este hombre. En cuanto lo contemplé vi esa mueca de dicha que iba a acompañarnos desde ahora en adelante, porque esa sonrisa genuina, esperanzadora y repleta de amor significaba todo para mí.
—Quiero conocerla pronto —susurró Edward, rozando sus labios con mi hombro.
Yo cerré mis ojos.
—Y queda tanto aún.
—Lo sé —respondió.
—Y bueno, el que se ha salido con la suya eres tú —lo molesté, buscando sus labios.
Edward se rio y me besó.
—No puedes culparme. Ella quiso darme en el gusto.
Le mostré la lengua y me volvió a besar, sacándome un suspiro.
—Quiero llevarte a un lugar especial, ¿me acompañas? —inquirió, llamando mi atención.
Me reí.
—¿Adónde?
—Es un lugar al que prometí ir cuando supiera qué sería nuestro pequeño… o pequeña.
—Claro. Vamos.
En el coche, Edward parecía mirar hacia el horizonte con una paz que me llenaba el corazón. No lo veía así desde hacía mucho tiempo, incluso me atrevía a decir que era la primera vez que lo veía de esta manera, tan tranquilo consigo mismo. Él se dio cuenta de cómo lo contemplaba y yo me sonrojé, sacándole una suave sonrisa enamorada.
—¿Qué me dices? ¿Lilas o peonías? —inquirió.
No entendí a qué se refería hasta que noté que estábamos entrando al cementerio de Brooklyn.
Oh. Elizabeth.
—Peonías —susurré, acariciándome el vientre.
—Entonces eso compraré.
Caminar por el cementerio no era algo que disfrutara, pero ahora estaba tan contenta por la serenidad de Edward que, por primera vez, no me importó. El césped nevado resultaba muy calmo y, aunque me costara creerlo, situarme cerca de Elizabeth luego de las cartas que leí era como volver a encontrarme con una vieja amiga. Mi Bombón tenía el ramo de peonías en sus manos y me tomaba la mano tan fuerte que yo le correspondí con la misma intensidad. El descanso de su hermana se encontraba al fondo, a un lado de un cerezo que, en primavera, probablemente era lo más hermoso del lugar. Él respiró hondo y me llevó hacia adelante, para luego acariciar la piedra en donde estaba inscrito su nombre.
—Hola, Lizzie —murmuró—. Mira quiénes están aquí: mi esposa y mi hija.
Yo sonreí y pegué mi mejilla a su brazo.
—Un día te prometí que iba a presentarte a la mujer que iba a volver mi mundo un paraíso, y aquí está ella, se llama Isabella, te habría caído tan bien.
Lo miré y me di cuenta de que estaba llorando. Me apretó el corazón.
—Llevo tanto tiempo sin venir a verte, pero tú sabes cuánto me cuesta y la culpa que me llenaba hasta hace un tiempo. —Suspiró—. ¿Sabes qué? He aprendido tanto estas últimas semanas, tanto que me siento un hombre completamente nuevo.
Escucharlo decir eso era tan tranquilizador. Estaba entendiéndolo todo.
—He aprendido, poco a poco, que tú fuiste feliz cuanto pudiste, a pesar de los errores que tuvimos todos al no ver a tiempo lo que pasaba o por no haber hecho las cosas de mejor manera. Fuiste feliz a pesar de todo, porque tenías a Alice, sabías que iba a estar bien con nosotros y que ya nadie iba a dañarla como te dañaron a ti —susurraba, tocando el epitafio con el cariño tan palpable que yo también comencé a sentir el acúmulo del llanto.
Edward se agachó y respiró hondo mientras explotaba en un sollozo vivo que me hizo temblar.
—Te extraño todos los días, viví el infierno pensando que era un asesino por querer salvarte de ese demente, pero estoy entiendo poco a poco que lo volvería a hacer con tal de traerte conmigo. A veces quisiera devolverme en el tiempo y poder abrazarte un poco más, aunque sea un poco, pero sé que es imposible y sé que, de volver, nunca habría conocido al amor de mi vida. —Respiró hondo y le puso las flores encima—. Quisiera decirte tantas cosas de frente, poder ser testigo de lo feliz que habrías sido con tu sobrina, tal como yo lo fui con la mía. Sé que habrías sido dichosa de poder estar acá, que de haber conocido a Bella me dirías cien veces y más que es la mujer correcta. No dejo de pensar en cuánto habrían reído, de cuán contenta estarías de poder acompañarla a comprar todo lo de nuestra hija… Pero no estás físicamente, no lo estás y duele tanto que posiblemente eso lo llevaré conmigo dentro toda la vida.
Yo le toqué la espalda y me arrodillé junto a él, besándole el cuello para que se sintiera acompañado. Edward me tomó la mano y se la llevó a los labios, apretando con fuerza sus párpados.
—Pero quiero que sepas que soy feliz, que sí, al fin lo soy. Luego de venir hace más de veinte años a visitarte solo para llorar de desdicha, o a veces sintiéndome plano como un cubo de hielo, al fin soy feliz. Lo entendí todo y seguiré entendiendo más, entendí que si no le hacía eso a Steve tú habrías sufrido más, entendí que de no haber apartado a ese maldito tú te habrías muerto de completo dolor, ahí, sola, sin sentir el amor de todos nosotros rodeándote. Duele tanto no haber podido salvarte antes, pero te fuiste sabiendo cuánto te amábamos y que Alice iba a estar tranquila sin ese demonio acechándola, no sentiste dolor y me diste tu última mirada, sí… se la diste a tu hermano, a quien sigue amándote como el primer día y quien haría todo lo posible por traerte de vuelta.
Yo no aguanté más y lloré a su lado, ardiendo de las emociones que él compartía conmigo. Imaginarme en su lugar era algo que me dolía inmensamente, no podría tolerar pasar por algo como lo que él había tenido que experimentar a lo largo de toda su vida. Lo admiraba por ser un hombre fuerte, capaz de luchar con sus propios demonios y no dejarse vencer por ellos.
—Te amo, Elizabeth… Mi Lizzie, la loca que se ponía los pañales en la cabeza mientras yo tomaba el biberón. —Se rio—. Cuídanos, estés donde estés, pero especialmente a mi esposa, Isabella, mi gran amor, aquel que anticipaste mucho antes de conocerla, y a mi hija, a quien conoceré pronto, tu pequeña sobrina. Volveré pronto, ¿sí? Quizá… con alguien más en nuestros brazos. —Sonrió, levantándose.
Edward me instó a acompañarlo y yo lo hice, mirando esos ojos verdes brillando por el llanto. Le tomé las mejillas y él sonrió, tranquilizándome.
—Gracias por venir conmigo, mi amor —susurró—. Gracias por instarme a mejorar, sin ti nunca habría aprendido lo que es amar y a perdonarme.
Le limpié las mejillas y tiré de él.
—Vamos, es momento de recordar más cosas bellas.
Se rio.
—Vamos.
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—¡Una nenita! —exclamó Esme, dando un salto de dos metros—. ¿Escuchaste eso, Carlisle?
Se puso las manos cerca del rostro y corrió hacia nosotros para abrazarnos. A los segundos se puso a llorar, sorprendiéndonos.
—Dios mío, estoy que me muero de amor, oh Dios… ¡No puedo dejar de llorar! —seguía diciendo.
Nosotros nos pusimos a reír y ella frunció el ceño.
—Uy, ¡estoy sensible! —aclaró.
Carlisle le pasó una mano por la espalda y la acercó a su cuerpo.
—Ya sabemos que a veces sueles irte en un gran llanto. —Se rio y me acarició el rostro de manera paternal—. Estoy tan contento, es mi segunda nieta y no puedo caber en mi felicidad.
Sus ojos igual se tornaron brillantes y el llanto amenazó con quebrarlo.
—Creo que es momento de habilitar la habitación de arriba, ¿no crees? —inquirió Esme, mirando a su esposo de manera muy seria.
—Podríamos comprar algunas, ¿qué dices? ¿Lila, rosa, turquesa…?
Edward y yo nos miramos, bastantes sorprendidos con su entusiasmo desbordante.
—Ay, entiéndannos, no teníamos este suceso desde hace años —dijo Carlisle de muy buen humor—. ¡Estoy tan feliz! ¡Tendremos una nieta! ¿Puedes creerlo?
Sentimos el sonido de la puerta cerrándose, con Rebecca hablándole de manera entusiasta a Ethan. Yo me tensé y Edward lo notó, por lo que me tomó la mano y me acercó a él con lentitud.
—Hola, familia —saludó, dejando las llaves dentro de su bolsillo—. Vaya, ¿hay celebración?
Edward me puso detrás mientras entrecerraba sus ojos.
—Sí —respondió Esme, entusiasmada—. ¡Habrá una nueva nena en la familia! Tendrás una sobrinita.
Fingí una sonrisa mientras Edward se mantuvo serio. Ethan, por su lado, sonrió de manera aún más falsa mientras me miraba con deseo. Sentí incomodidad inmediata.
—Vaya, una sobrina, eso es perfecto. No puede ir mejor esta familia.
Edward siguió sosteniéndome con fuerza, tirando cada vez más cerca.
—Espero que me dejen regalarle la cuna —exclamó, cruzándose de brazos.
—Descuida, ese será mi primer regalo —afirmó Edward con la mirada recelosa—. De todas formas ya nos íbamos. Felicitaciones por el ascenso, hermano, espero que estés feliz ahora.
Él abrió las palmas con una sonrisa, dejándolas caer a cada lado de su cuerpo.
—No puedo estar más feliz, por mí y por mi familia. Qué lástima que ya se van.
—Oh no, pero quédense a cenar, quiero disfrutar de mi nietecita —se lamentó Esme, acercándose a mí para tocarme la barriga.
—En otra ocasión lo haremos sin falta —afirmé, dándoles un abrazo a los dos.
Cuando fue momento de despedirnos de Ethan, él se acercó lo suficiente, sacando a Edward de quicio. Parecía que lo hacía a propósito, sobre todo porque sus padres no estaban pendientes.
—Acércate un poco más a mi esposa y te partiré la cara —alcancé a escuchar a Edward, quien apretaba sus dientes con furia.
Tomé su mano y lo alejé; no quería un altercado, no ahora ni nunca.
Cuando salimos de la casa, Edward estaba inquieto. No dejaba de respirar de manera alterada y la rapidez con la que se movía, tirando de mi mano, era propio de su furia.
—No lo tolero cerca de ti —expresó, alterado, no de celos ni nada parecido, parecía que estaba asustado de que siquiera me mirase.
—Ya está, nos fuimos, no sucederá nada, ¿sí?
Él estaba muy preocupado.
—Bella… Cariño… —susurraba con la mano puesta en la puerta del coche—. Cada día desconfío más de mi hermano, por favor, no te atrevas a estar en un sitio sola con él.
Tragué.
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Asintió y me besó la frente.
Edward manejó de vuelta al departamento, donde estábamos embalando todo para irnos a nuestra casa. Se sentía tan bien decirlo, porque eso significaba un paso más para los dos. Eran cerca de las nueve de la noche cuando nos adentramos y luego, cerca de la puerta del ascensor, había alguien frente a él, esperándonos. Casi me espanto del susto. Mi Bombón frunció el ceño, dándose cuenta de lo mismo que yo: era mi padre.
—Papá —susurré—. Hola.
Él se veía tan decaído.
—Bella —alzó la voz.
Se veía tan culpable, tanto como la última vez. Quería abrazarlo, pero las dificultades de todo lo que había sucedido me lo impedían, como si fuera concreto entre los dos.
—Necesitaba tanto verte —murmuró, tragando de manera audible.
Sentí la mano de mi esposo en mi espalda, acariciándome, como si dijera "estoy contigo".
—¿Cómo está? —preguntó, mirándome el vientre.
Tragué un nudo.
—Perfecto, ella… está perfecto.
Sus ojos se tornaron brillantes.
—Mi nieta —murmuró, llenándome los pulmones de aire. Su voz sonaba igual a cuando supo de Todd por primera vez. Era amor, nada más.
Nos quedamos en silencio. Yo tenía frío y Edward me abrigó con su abrigo, manteniéndose en completo hermetismo. Charlie lo veía actuar y, para mi sorpresa, acabó sonriendo de manera melancólica.
—Serás un gran padre, Edward Cullen —susurró, mirándolo.
Él frunció ligeramente el ceño, escuchándolo con evidente sorpresa. Yo tampoco esperaba una palabra así viniendo de él.
—Serás mejor que yo, comenzando porque… sé que nunca harías lo que te hice a ti.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Papá…
—Sí que serás un gran padre, amas tanto a tus mujeres que es evidente —añadió, como si poco a poco lo entendiera todo—. Tenías razón, Bella, Edward no cometería el mismo error que yo.
—Lo que dije…
—Hablé con Renée —me interrumpió, sacándome un jadeo. Sus ojos se pusieron llorosos y al instante se desató su tristeza, rabia y desazón—. Me dijo lo que tanto temías hacer.
Me llevé una mano al pecho y Edward me sujetó con fuerza.
—Entiendo por qué no lo hiciste, esa mujer te cargó con una verdad tan dolorosa que yo… nunca lo pude prever. —Su llanto se convirtió en un gemido—. Saber que tú no… Que tú no llevas mi sangre es…
Arqueé las cejas, queriendo ir con él.
—Y que Todd… —Se pasó las manos por el rostro, completamente destruido.
—Papá…
Se acercó para darme un beso en la frente, para entonces alejarse lentamente, darle una mirada aprobatoria a Edward y al final alejarse de nosotros.
—Papá —insistí.
Pero él necesitaba estar solo, lo necesitaba de verdad.
Mis brazos cayeron hacia cada lado, viéndolo desaparecer de mi vista. Edward me abrazó y yo respiré hondo, intentando sobrellevar todo y nada a la vez. Quería estar bien para mi hija, que ningún mal sentimiento lo sintiera, necesitaba dejar ir.
—En algún momento podrán hablar con más calma —me susurró mi Bombón, besándome la sien—. Él necesita paz y tragar todo lo que esa mujer les causó a todos ustedes.
Suspiré y asentí. Me di la vuelta para mirarlo y lo abracé mientras intentaba calmarme.
—Solo hay algo que me tranquiliza —susurró—. Y es el que estoy contigo para ayudarte a sobrellevarlo.
Sonreí.
—Contigo todo es mejor, Bombón.
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Estábamos pasando los días juntos, siendo irremediablemente felices. Mi Camaroncito se iba a convertir en mi mejor amiga. Era nuestro gran amor. Edward soñaba despierto, porque ahora tenía a dos mujeres que iban a adorarlo como jamás había imaginado, ¿qué mejor que estar rodeado de las dos chicas que iban a adorarlo como ninguno?
—Ya está —afirmó, pasando su mano por mi barriga.
Yo estaba sobre el sofá, mirando la ecografía de la semana pasada, la veinte. Le habían realizado el estudio morfológico para saber a ciencia cierta si estaba completamente sana y para mi gran tranquilidad, mi pequeña estaba perfecto. Estábamos felices.
—¿Las estás viendo otra vez? —me preguntó, acomodándose a mi lado.
Me reí.
—Creo que estoy enamorada de esta, mira. —Le apunté a la ecografía de perfil. Se veía tan bien que sentí la ansiedad por conocerla.
Él observó y sus ojos emitieron un brillo particular que solo existía cuando se trataba de ella. Su mano guiaba el inicio de mi ombligo, bajando suavemente hasta el nacimiento del monte de venus.
—Será igual a ti —susurró con los ojos llorosos—. Mi pequeña.
Me acomodé a su lado y esta vez sus labios me recorrieron con añoranza.
—Mi Camaroncito tiene muchas ganas de comer paella —dije, como quien no quiere la cosa.
Edward carcajeó fuertemente.
—¿Te estás aprovechando de la noticia que te comenté?
Me reí.
Edward iba a terminar de realizar, al fin, aquel contrato en el que se mantuvo negociando por semanas para poder estar conmigo cuanto pudiera. Aquel antiguo amigo, quien le había ofrecido ser socio de ese importante proyecto, finalmente había decidido mantenerlo en el país para sus propósitos, sin que fuera necesario pasar años allá, en Sevilla. Sin embargo, le había propuesto ser parte de uno de los más importantes congresos del mundo náutico, en el que él sería parte como un expositor para presentar el inmenso buque que había ideado para propósitos humanitarios. Iba a ser la estrella y tenía que estar ahí, por al menos, tres meses. Cuando me lo contó, yo no dudé en decirle que nos fuéramos, desde siempre fue nuestro propósito, el cual fue impedido por muchas razones, pero ahora el momento, de verdad que sí, y yo no iba a impedir que sus logros fueran creciendo, yo quería que siguiera siendo el hombre lleno de sueños y esperanzas que conocí.
—Un poco —susurré, acomodándome junto a él.
Me dio un beso delicioso y yo cerré los ojos, somnolienta.
—Te tengo un regalo —murmuró, entrelazando sus dedos con los míos—. Será perfecto para que duermas. No te preocupes, yo te llevaré a la cama.
Me reincorporé, curiosa.
—En realidad, es un regalo para mis dos tesoros —añadió, tomándome la mano para ayudarme a que me levantara.
Últimamente tenía la presión mucho más baja que antes y solía marearme frente a los cambios posturales. Pero, para lo demás, me sentía increíble.
—¿Qué planeaste, cariño? —inquirí.
Tirando de mi mano, me hizo sentar en el banquillo del piano y luego descubrió las teclas de este, probándolas con cuidado. Yo estaba expectante, emocionada hasta los huesos.
—Hice esta canción para ustedes —murmuró, comenzando a tocar con cuidado.
La melodía comenzó y yo instintivamente pegué mi barriga a su cuerpo, conectándonos los tres. Cerré mis ojos al disfrutar de las notas suaves, inocentes y puras, indicándome cómo era su amor por nosotras, sus dos florecillas, como le gustaba llamarnos. Era tan dulce, llena de esperanza, que solo quería llorar de felicidad. Me provocaba tanta ternura, tanta que no sabía cómo seguir expresándolo. Sentía que derramaba su amor por nosotras de una manera intangible y abstracta, algo que solo nosotras entenderíamos, yo ahora, ella a futuro, cuando contemplase a su papá tocar para ella. De solo visualizar a mi Camaroncito, sentada frente a él, quizá aplaudiendo con sus manitas pequeñas y llenitas, contemplando al amor de mi vida, a ese hombre dulce y lleno de aprendizajes, mi corazón vibraba de una ansiedad insostenible por poder pasar esos momentos ya. Moría por ver a Edward cargarla, decirle que la amaba o ser testigo de una conexión que solo ellos llevarían consigo. Lo soñaba y lo añoraba tanto.
—La llamo "Mis dos esperanzas" —susurró.
Lo miré y él lo hizo conmigo.
—Eso son en mi vida, una nueva esperanza.
Tragué y le tomé las mejillas. Dejó de tocar y me abrazó desde la barriga.
—Primero fuiste tú. —Me besó la frente—. Y luego tú —le apuntó, sacándome una carcajada.
—Quiero seguir escuchándola —murmuré—, es tan linda, me hará soñar con ustedes esta noche.
—Todas las noches la tendrás, mi amor —afirmó, volviendo a tocarla.
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Trace estuvo acompañándome mientras yo avanzaba con mi auditoría, una rutina que se nos hacía bastante cómoda a ambos, además su ayuda siempre me venía bien, especialmente cuando el estrés me abrumaba más de la cuenta.
Él, que ya me había dicho que tendría listo el regalo por ser el padrino de mi hija, no daba más de la emoción, como si el embarazado fuera él. Todo el tiempo me decía "no te estreses, yo sigo, que a la nena le hará mal, que estará mejor si sigo yo, tú descansa, que pronto te vas de viaje…". Uff, ¿no era el mejor amigo que podía tener?
—Voy a pedir algo de sushi para la tarde, ¿te parece?
—Claro, aún queda algo de tiempo para tener que ir a buscar a Todd a la escuela —dije, mirando mi reloj de muñeca, sí, ese mismo reloj que me regaló Edward para mi cumpleaños.
Seguía siendo una conexión con tantos significados.
—No tardaré, espérame aquí —exclamó, yéndose hacia el pasillo con su móvil en la mano.
Yo suspiré, cómoda en la que ya era mi nueva oficina y maravillada con la decoración. Si bien aún faltaba mi toque lleno de colores, Trace había hecho un trabajo bastante lindo aquí. Se lo agradecía montones, me gustaban los lugares con toda la luz posible.
De pronto, mi teléfono comenzó a sonar desde el escritorio así que rápidamente revisé la llamada. Era Ethan.
—Hola —saludé, acomodándome atenta en la silla por si había alguna novedad interesante.
Nuestras conversaciones siempre se dedicaban a ser de trabajo, pues era él el nuevo encargado de todo en la empresa, ya que los Cullen estaban intentando pasar un momento de descanso. No podía mentir, solía estar siempre incómoda.
—Hola, Bella, qué gusto escucharte. Tengo muchas cosas que contarte, especialmente en persona, pero ahora estoy muy ocupado. —Se puso a reír, bastante entusiasta.
Recordé lo que Edward me pidió: "no estés sola con él".
—Veo que son buenas noticias —susurré.
—¡Lo son! —exclamó.
Acomodé mi espalda en el respaldo mientras jugaba con el brillo que se reflejaba en la pared gracias al contacto del intenso sol de finales de invierno con los pequeños dijes de mi reloj.
—Ya sospecho de algo.
—Oh, ¿te lo ha contado mi padre?
—Algo así, aunque creo que puedo estar adelantándome a los hechos.
—Bueno, mi padre me ha nombrado director principal, ahora estoy a cargo de todo mientras mi padre se toma un descanso de todo el desastre que ha ocurrido. ¿Te dijo algo?
—Algo así. Debes estar muy feliz de que al fin tus padres te consideren, es un cargo muy importante.
Bufó.
—Lo es, pero estoy seguro de que podré manejarlo de la mejor manera y sólo así mis padres podrán sentirse orgullosos de lo que soy.
No quise decírselo, pero me sorprendía mucho que Ethan tomara ese cargo, podía jurar a que ese puesto siempre fue pensado para Edward. Pero claro, él no iba a hacerlo, aunque se lo suplicaran de rodillas, no era su mundo en lo absoluto.
—Te deseo lo mejor del mundo.
—Gracias, Bella. —Suspiró—. Sabía que podía confiar en ti, necesitaba decírtelo, ya sabes… porque me importas mucho.
Tragué, sin saber qué decir a eso. A veces sentía que Ethan llegaba a confundir un poco las cosas, pero quizás era mi mente, algo a la defensiva.
—A propósito, te acabo de enviar a tu correo electrónico toda la información que pude recabar desde ahora que estoy a cargo, puede servirte, especialmente respecto a las facturas pactadas por el antiguo director principal y todos los que fueron despedidos tras él.
—Eso es de mucha ayuda —le dije, entrando rápidamente desde mi laptop—. Ante cualquier novedad o alguna situación que te resulte llamativa, por favor, no dudes en llamarme. Quiero llegar al fondo de esto.
—No lo dudes, estoy contigo y con la empresa de mis padres, estoy comprometido en mejorar sea cómo sea toda la irregularidad que se ha estado comiendo la honestidad de este negocio familiar.
—Perfecto, revisaré la información y te tendré novedades.
Cuando corté, me puse de cabeza a revisar toda la información que me había enviado al correo, la que por supuesto era vasta y suficiente.
Trace regresó con una bandeja de sushi fresco para dos y en cuanto notó las novedades, se interesó rápidamente en colaborar. Nos quedamos un buen rato mientras comíamos y escuchábamos algo de música, concentrados en nuestro cometido.
La información que Ethan pudo brindarme fue mucho más contundente de lo que creí, algo sorprendente. Había datos que, además, no tenían completa relación con mi trabajo, como el historial de las personas y ciertos lazos importantes dentro de la red de personas que parecía implicada. Junto a los datos también estaba adjuntado un mensaje suyo:
"Me ha resultado muy difícil tener que lidiar con esta información, especialmente porque son gente de expresa confianza a nivel familiar y personal. Espero te sirva de ayuda".
—De verdad se ha tomado su nuevo cargo bastante en serio —comentó Trace mientras se metía en la boca el último bocado de sushi.
—Así veo.
Buscamos indagar profundamente en cada uno de los lazos que podían llevar a alguien en específico, alguien que pudiese conocerlos a todos o que tuviera que ver con ellos al respecto. Estaba casi segura que sólo una persona estaba detrás, moviendo los hilos perfectos para poder destruir la economía de una empresa que llevaba más de 30 años liderando el mercado salmonero del país y el mundo.
—Espera, creo que tengo algo —destacó Trace, frunciendo el ceño. Me giró su laptop para que pudiera ver—. Hay un nexo bastante interesante entre todas estas personas, ¿te fijas que en su mayoría conectan con la misma universidad?
—Quizá Carlisle confiaba en esa institución para contratarlos. Llevan más de 15 años en su rubro.
—Puede ser, Princeton es una de las mejores universidades en ingeniería, curiosamente todas estas personas lo son —susurró—, y todos fueron parte de la misma Hermandad, una de las más importantes de esa casa de estudios.
—¿Crees que el nexo viene desde ahí?
Asintió.
—Si te fijas, participaban diferentes carreras universitarias, todas matemáticas y todas las ingenierías, entre ellas la naval.
Lo miré, sin entender mucho.
—Creo que estamos entrometiéndonos en un campo que no nos corresponde.
—Todos conocen a Edward Cullen —soltó, frunciendo el ceño.
Levanté las cejas, sin saber de qué forma tomarme esa oración.
—Eso no quiere decir nada…
—Bella, mira esto. —Me apuntó a la pantalla, desde donde se observaban conversaciones, transacciones y boletas que pasaban desde Joseph K. Smith, uno de los directores más importantes, a Edward, aludiendo a su corporación náutica sin fines de lucro.
Me levanté de golpe de la silla, paralizada en mis expresiones. Luego me llevé una mano a los labios, acallando un jadeo.
—Sarah Geller, la directiva número 2, también lo hizo. Todos conocen a Edward Cullen desde hace más de 18 años —insistió.
¿Edward? ¿Él encargado de desviar fondos para beneficio propio? ¡No, claro que no! Era imposible.
—Esto tiene que ser una locura, Trace, Edward jamás haría algo como esto.
Se mordió la mejilla interna, probablemente pensando en la locura que estaba diciéndome. Porque lo era, ¡obvio que era una locura! Edward no era ese tipo de persona, su proyecto era altruista, no iba a buscar recursos de una manera tan baja y menos gracias a la quiebra de su propia familia.
—¿Estás queriendo decir que él podría ser el causante de todo?
Asintió.
—Trace, no, estás equivocado. ¡Tú lo investigaste! ¡Lo viste! ¡Él no hizo nada y estaba limpio!
—Lo sé, Bella, a mí también me sorprende, pero así como nos ha costado llegar a esto, Edward pudo perfectamente mantener oculta la situación mientras los directivos con más alto rango se mantenían resguardados, hasta ahora, claro, que los hemos descubierto con todos los movimientos en falso.
Dejé caer mis hombros y me senté en la silla nuevamente, mirando a la pantalla de su laptop. Trace me acarició el hombro y suspiró.
—Edward no ha hecho nada malo, te lo puedo asegurar.
Él frunció los labios, pero no me dijo nada.
—Trace —insistí—, ¿cómo esperas que me trague esto?
—Bella, te entiendo, te lo juro —susurró, tomándome la mano con fuerza—, pero por favor, no dejes que los sentimientos que tienes por él hagan que pierdas todo el trabajo profesional que has hecho durante estos meses, en estos casos debes dejar a tu corazón a un lado.
Arqueé las cejas, pues tenía razón, tenía que dejar mis sentimientos a un lado cuando se trataba de mi trabajo. Sin embargo, yo estaba segura que esto no tenía nada que ver con Edward, mi corazón se negaba a creer que él podía ser esa clase de hombre, y lo iba a probar con toda la justificación que pudiese encontrar en el camino.
—Voy a probarte que esto no tiene nada que ver con Edward —susurré.
Mi amigo asintió.
—Yo también voy a probarlo…
—Tú sabes que no es capaz —afirmé, mirándolo a los ojos.
Él suspiró y asintió, pasándose una mano por el rostro.
—Dime, ¿cuál es tu teoría? —insistí.
—Bella… Creo que alguien evidentemente quiere enviarlo a él a prisión.
Sentí que temblaba por completo.
—Edward no lo haría, no podría darte este dolor, es imposible, es algo que yo jamás podría imaginarme de él.
—¡¿Lo ves?!
—Shh… Escúchame bien. Llegaremos al fondo, pero debes actuar como si esto fuera un trabajo más, sé lo difícil que es, pero es necesario.
Me pasé una mano por el cabello, sin saber qué hacer, esto podría perjudicar su trabajo.
—Tengo que decírselo.
—Bien, en eso estoy de acuerdo, alguien va a sabotearlo y pronto tiene trabajo por hacer. Llámalo cuanto antes.
Asentí.
Cuando le dije a Edward que algo malo pasaba, no preguntó nada más, vino cuanto antes. En el instante en el que traspasó el umbral de la puerta, vi el miedo en sus ojos y luego corrió hasta mí para comprobar que yo estuviera bien.
—¿Estás bien? ¿Nuestra hija está bien? —preguntaba, acelerado.
—Sí, sí —respondí—, nosotras estamos bien, pero…
¿Cómo se lo decía?
Trace vino hacia nosotros y fue directo, lo que me ayudó bastante. Edward escuchaba atentamente y su rostro se iba desencajando con lentitud, primero era incredulidad, luego evidente enojo.
—No puedo creerlo —murmuró—. ¿Por qué…? ¡Es inconcebible!
Sus ojos me buscaron.
—Mi amor…
—Yo te creo incapaz de tal bajeza, no voy a dudar nunca de ti —afirmé.
Su rostro se tranquilizó ligeramente, pero seguía muy preocupado.
—Yo… No lo entiendo.
—¿Ellos alguna vez tuvieron contacto contigo? —inquirió mi amigo, muy serio.
—La última vez fue hace mucho tiempo, fue una junta con la hermandad universitaria, desde entonces…
—Me lo imaginaba —lo interrumpió—. Ve buscando un abogado. Este reporte lo enviaremos a los Cullen en cuanto tú estés preparado, tendrá que irse a la policía también.
Me preocupé tanto que acabé mareada.
—Tranquila —me susurró mi Bombón—. No me ocurrirá nada, porque yo no tengo nada que temer.
—Pero… tu reputación…
—Estará intacta, te lo aseguro.
—¿Por qué alguien querría hacerte esto? —inquirí.
—Me pregunto lo mismo —respondió—, pero sé que tengo muchos enemigos a cuestas.
Mientras Edward llamaba a su abogado, yo era testigo de cómo Trace se daba cuenta de que la situación no solo estaba ligada ahora a asuntos internos de la empresa Cullen, sino con otras instituciones que, de manera evidente, estaba recibiendo dineros de manera ilegal.
Esto era más grande lo que me temía.
—Voy a llegar al fondo de esto, Trace, ¿sabes por qué? Porque nadie se mete con mi marido —afirmé, cerrando fuertemente la laptop.
.
Luego de lo último que había acontecido, la situación se había transformado en una bola de nieve que sabríamos que nos iba a explotar en la cara muy pronto. Edward intentaba estar tranquilo por mí, pero sabía que le inquietaba lo que alguien estaba intentando hacerle.
Pero luego de aquello, terminamos de empacar todo en el departamento, al menos lo más importante, y nos fuimos a nuestra nueva casa. Estar ahí, a finales de invierno, era sinigual. La paz que traía y el fuego de su chimenea, completamente perfecto para nosotros, al menos había ayudado a tranquilizar cada parte de mí. Sentía que Edward había hecho de este lugar un regalo perfecto para nuestra nueva familia.
Edward llamó al aeropuerto, alistando lo que serían los pasajes del vuelo que tendríamos en dos semanas. Estaba algo ansiosa y él también, no era menor mi emoción ante la conferencia que daría ante tantas personas. Me emocionaba en demasía.
Cuando terminó de hablar, Edward se acercó a mí para darme un abrazo. Estaba tan contento.
—¿Estás lista para al fin ir conmigo? —inquirió—. Nos iremos de madrugada y llegaremos allá cerca de la noche, te encantará.
Yo rodeé su cuello, pegando mi barriga a él. A Edward le gustaba sentir a nuestro Camaroncito, como si los tres estuviéramos abrazándonos.
—Claro que estoy lista. —Reí—. ¿O qué? ¿Crees que voy a arrepentirme?
Me rozó los labios, haciéndome cerrar los ojos.
—Puede ser —jugueteó.
—Eso jamás.
—¿Crees que ella esté feliz también? —Me tocó la barriga—. Pronto podremos sentir a nuestra pequeña, estoy ansioso.
—El Camaroncito pronto se pondrá a nadar con fuerza y estoy segura que será tan inquieta como yo —afirmé.
—Es lo que más deseo, que sea totalmente como tú.
Me reí y nos besamos de forma acalorada hasta que su móvil volvió a vibrar.
—Es Leah, debe estar llamándome por el asunto de nuestros móviles —me dijo, poniéndose muy serio.
Tocaron a la puerta, por lo que fui hasta ella para abrir. Como era una casa tan grande, era fácil perderme, nunca había vivido en un lugar tan amplio. Al abrir y ver que se trataba del mismísimo Ethan, sentí algo muy extraño en mi interior.
—H-hola, Ethan —murmuré—. Qué sorpresa.
Él miró mi vientre y luego subió la mirada hacia mí de forma muy lenta.
Sentí escalofríos.
—Hola, Bella, ¿estoy incomodando?
Negué, mintiéndole en la cara.
—Quería hablar contigo respecto a muchas cosas.
—¿La auditoría?
—Algo así. Ya sabes, lo que ha estado pasando con los últimos resultados. Estoy preocupado, mi hermano…
—Él no tiene nada que ver.
Suspiró y miró todo a su alrededor, analizando el hogar que estábamos construyendo Edward y yo.
—Bonita casa. Imagino que deben estar felices con la existencia de la pequeña.
Sus ojos ahora me contemplaban, poniéndome muy incómoda, porque no lo hacía como un hombre que mira a su cuñada, sino como un hombre que mira a la mujer que quiere.
—Sí —susurré—. Lo estamos. Mucho. Sabes que lo amo.
—Y tú sabes que te amo a ti.
Tragué.
—Ethan, por favor, tendremos una hija…
—Lo sé y es algo que me martiriza. Ni siquiera puedo tratarte como mi simple cuñada, apenas y puedo mirarte sin desearte y…
—Y por eso haces estas artimañas, ¿no, Ethan? —dijo Edward, sacándome un respingo.
Su voz era oscura, cargada de ira y rencor. No lo había escuchado así nunca.
Me atreví a girarme, sin saber por qué decía lo que decía, y entonces vi el dolor en sus ojos, pero también la furia a punto de desatarse.
—No sé de qué hablas, Edward.
—Tú interferiste en el teléfono de Bella —lo acusó, dando un paso hacia adelante.
Abrí mis ojos por la sorpresa y lo miré.
—¿Tú?
—Edward, ¿estás diciéndome que yo hice algo en el teléfono de Bella…?
—Sí, para que ninguno de los dos pudiera comunicarse —lo interrumpió con la voz golpeada—. Sabías que íbamos a querer llamarnos, lo sabías y astutamente te aprovechaste de Bella estando en casa de nuestros padres.
—Yo…
—¡Lo sé, carajo! ¡El FBI me dio una mano! ¿O qué? ¿Crees que puedes mentirme ahora?
Me tapé los labios, anonadada y tan angustiada por la realidad que enseguida sentí las lágrimas agrupadas en mis ojos.
—Hiciste que pasara semanas sin poder hablar con ella —gruñó Edward con los ojos rojos de dolor—, semanas en las que pensé que Bella no quería hablarme, ¡perdí días de amor con la mujer de mi vida por tu capricho de mierda!
Su hermano tragó, buscando la forma de defenderse. Pero ¿cómo? Edward decía la verdad.
Yo tuve que sujetarme de él y su preocupación se cernió inmediatamente en mí.
—Te aprovechaste de Bella cuando estaba vulnerable, le impediste que también pudiera llamarme, querías buscar la forma de hacer que me olvidara, ¿no?
Él no respondía y aquello hizo que perdiera mi cordura.
—¡Responde! —le grité—. ¡Sé hombre y responde!
—Isabella…
—¡Confié en ti! Pero eres un bastardo —solté, agarrándome la barriga—. ¿Cómo no me di cuenta antes? Hiciste que perdiera días, Ethan, ¡días! Tú veías cuánto dolor tenía y lo disfrutabas, porque pensaste que podías conquistarme, ¿no es así? ¿Pensaste que podrías, Ethan? ¿De verdad? —gemí—. Nunca podría enamorarme de un hombre como tú, ¡nunca!
—Yo lo hice porque te amo, Bella.
Edward dio un paso adelante y le dio un puñetazo que lo hizo caer al suelo. Yo di un grito y le tomé el brazo para que no perdiera el tiempo en esto, pero Edward estaba enardecido, dispuesto a seguir ante la furia que le cubría el cuerpo.
—¡Eres mi hermano y aún así eres capaz de hacerme esto! —gritó—. ¿Cómo pudiste?
Ethan se tocaba el rostro y luego miró la sangre que tenía en el rostro debido al golpe.
—¿Mi hermano? —preguntó—. ¿Te importó aquello cuando te hablaba de que me había enamorado de Bella mientras te acostabas con ella sin decírselo a nadie?
Lo volvió a tomar desde la camisa, levantándolo del suelo. Yo fui nuevamente hasta ellos, no quería que se trataran de esa manera.
—Tú sabías perfectamente lo que ocurría, Ethan, amaba a Isabella mucho antes de que tú fueras consciente de tus asquerosos sentimientos hacia ella. No entendías cómo no caía en tus mentiras, ¿no? Por eso buscaste la primera oportunidad y la aprovechaste como el vilo maldito que eres.
Lo empujó y me tomó la mano, buscando tranquilizarse por mí.
—No quiero que nuestra hija pase por esto, por favor —le dije, suplicándole con mi mirada que se acabara.
Edward se tragó la rabia y lo empujó desde la puerta hacia afuera.
—Vuelve a acercarte a mi esposa o a mi hija, y te juro por Dios que olvidarás que soy tu hermano —le ladró en la cara—. Una mala intención más y le pediré perdón a mi madre por lo que te acabaré haciendo, te lo juro. ¡No te metas con mi esposa!
Le cerró en las fauces, ocasionando que yo diera un brinco producto del sonido. Él se apoyó un buen rato en la pared, siendo consciente de cómo su hermano había hecho tal bajeza en nuestra contra. Yo me acerqué y le besé la espalda, lo que solo intensificó su ceño fruncido.
—Leah me llamaba para contármelo —susurró—, y justo lo tuve en frente. No puedo creerlo, mi amor, ¿por qué él…? Yo… No sé ni qué decirte.
Lo abracé, buscando su consuelo. Si bien, tenía rabia, Edward también sentía mucho dolor.
.
Me acomodaba en la cama, pero no podía dormir. Sentía algo raro.
Me toqué la barriga y me aseguré de que mi hija estuviera bien, sin embargo, yo sabía que no se trataba de ella. Era algo en mi pecho, algo… como una corazonada.
Tuve que levantarme, no sin antes mirar a Edward, que dormía plácidamente con sus brazos en mi búsqueda. Le besé la mejilla y me fui a por un vaso de agua.
Mientras miraba a la ventana desde la cocina, busqué mi laptop para revisar algunos correos. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con uno de Trace, que decía "urgente" en letras mayúsculas.
Fruncí el ceño y me senté en la isla. Tenía el corazón en la mano.
"Bella, sé que probablemente estás durmiendo, pero yo no podía hacerlo y tuve que enviarte esto.
Me puse a hacer algo de trabajo sucio, ya sabes… Bueno, la situación es que no he podido sacarme de la cabeza la situación de Edward y quise ir al meollo del asunto, pero… Dios, no sé ni cómo decirte esto. Tienes que ver los archivos que te he dejado, por favor, dime que no es cierto.
Cuando puedas, por favor llámame."
Yo tragué y abrí el documento, revisando rápidamente toda la evidencia clara de que había una persona como principal implicada en toda esta mierda. Cuando vi su nombre, sentí que el estómago se me bajó a los pies y que, de pronto, todo comenzaba a tener sentido.
Buenos días, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Si bien estoy sintiéndome fatal con una gripe y voy corriendo ahora a trabajar, no podía quedarme tranquila sin antes actualizar. Sé que a veces demoro, no porque quiero, sino porque el tiempo a veces es corto. Como verán, Bella, Edward y su Camaroncito, que ya sabemos es una nenita, se van a ver enfrentados a lo último, porque sí, llegamos a la recta final de esta historia, algo que me conmueve mucho y me pone triste aunque no debiera ser así. Esta historia significa mucho y fue una suerte de mucho trabajo detrás, ¿están listas para los capítulos de infarto que ya se vienen? ¡Cuénteme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
Agradezco los comentarios de Vanina Iliana, CazaDragones, dana masen cullen, Nelly McCarthy, katyta94, nataliastewart, Robaddict18, saraipineda44, Car Cullen Stewart Pattinson, lunadragneel15, Andre22twi, Diana, Jessi, Nori herrera, NaNYs SANZ, Pam Malfoy Black, MaleCullen, Vero PB97, jupy, AnabellaCS, VeroG, danielapavezparedes, Jenni98isa, LuAnka, sool21, angieleiva96, calia19, Abigail, freedom2604, Valevalverde57, Luisa huiniguir, Milacaceres11039, Liz Vidal, Gra, twilightter, valeeecu, Kora, Gladys Nilda, valentinadelafuente, cary, Twilightsecretlove, Jeli, Nat Cullen, caritofornasier, DanitLuna, lauritacullenswan, AstridCP, Rero96, patymdn, PanchiiM, AndieA, BreezeCullenSwan, Brenda Cullenn, Mar91, Ceci Machin, johanna22, krisr0405, catableu, SeguidoradeChile, Kamile PattzCullen, IdaliaMoon, camilitha cullen, valem00, Roxy Cullen Masen, PauStraccie, Yoliki, Yesenia Tovar, Mime Herondale, Esal, Tina Lightwood, seelie lune, Ana, Olga Javier Hdez, debynoe12, Roxy de roca, cavendano13, Maca Ugarte Diaz, MonZe Pedroza, ariyasy, carlita16, marifercullenpotter, Isabelfromnowon, Markeniris, Belli swan dwyer, alejandra1987, sueosliterarios, FlorVillu, Jocelyn, Pancardo, damaris 14, LicetSalvatore, angeladel, Srita Cullen brandon, Fernanda21, Diana2GT, PEYCI CULLEN, Flor Santana, NarMaVeg, LizMaratzza, kathlenayala, Domi, Alimrobsten, Adriu, Mayraargo25, Tereyasha Mooz, Gabi, Ilucena928, andyG, Reva4, Alejandra, Marisol M, Rafa, Amy Lee Figueroa, Katherine Gulyas, mahindarink05, Rosita, Stewart, Celina rojas, Sabrina, Freedom2604, rjnavajas, Ana karina, patymdn, JMMA, beakis, AndreaSL, Mss Brightside, PameHart, ELIZABETH, Teresa Aguirre, andreamar00, florcitacullen1, sheep0294, Maria Ds, Melania, selenne88, lucha015, Mela Masen, Maydi94, isbella cullen's swan, Smedina, miop, bbwinnie13, Salveelatun, TashaRosario, Hanna D. L, Gibel, Alexandra Nash, Anghye Taisho, santa, nicomartin, kaja0507, Conni Stew, GLORIACULLEN, Elizabeth Marie Cullen, Bell Cullen Hall, Tecupi, Angelus285, Liliana Macias, nydiac10, DarkMak31, danielascars, Francisca Moreno, Bella Rodrguez y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, me hacen muy feliz con sus gracias, significan mucho para mí como no tienen idea
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