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Disclaimer: Esta historia es completamente de mi imaginación, utilizando los personajes del mangaka Masashi Kishimoto-san

Yo espero que sea de su agrado.


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CAMINO NINJA DEL SENTIMIENTO
Creer amar y aprender a amar son dos cosas distintas.

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• DÍA #365 •


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Hinata se encontraba de misión, y como en cada una de ellas Sasuke la extrañaba a su manera. La rutina de "No la extraño porque soy un idiota", como la había llamado Naruto, consistía en varias actitudes que se mostraban de forma inconsciente hasta que ella regresaba a casa. La única que casi todos —por no decir todos sus conocidos— sabían reconocer era el cambio en su actitud: Sasuke se volvía más idiota de lo que fue en un inicio en la academia, pero de allí habían otras que sólo Sasuke vivía en casa como: dormir del lado de ella en la cama, cuidar de las plantas invernales que estaban dentro de la cocina, pasar por la panadería favorita de ella sólo para oler el dulce de los rollos de canela y, por supuesto, entrenar todo el día para quitarla de su cabeza.

"Ya no hay..." Pensó al ver la despensa después de una larga mañana de clones.

Se dio una rápida ducha y salió del distrito con rumbo a la plaza. El invierno estaba en su punto más alto y el frío le causó un escalofrío en la espalda. Era un día tan común como cualquier otro, pero al pasar por una tienda leyó la fecha en un calendario de luces brillantes y, como si fuera una espantosa noticia, Sasuke se acordó que ese día, hace un año, se encontraba en el distrito Hyuga con ropajes oscuros sentado junto a una mujer desconocida que terminó robándole el corazón.

Era su aniversario.

Un año viviendo con Hinata.

No era algo para darle importancia. No. Él no creía que las fechas tuvieran un significado en especial. Y aún así no podía sacarse de la cabeza que ese día, un año atrás, pesaba más en su conciencia de lo que debía admitir...

—Uchiha-san —interrumpió sus pensamientos la presencia de un ANBU. —El Hokage lo solicita en la oficina.

Chasqueó la lengua y con las fundas en la mano desapareció en una nube de humo seguido del Anbu.

No había que ser un genio para saber que Kakashi lo quería como niñero desde que Kari había recibido la operación hace un par de semanas. ¡Esa niña era una pesadilla! ¡Maldición! Bien podría negarse, pero la mocosa era tan astuta como el mismo Hokage y había conseguido descubrir su punto débil.

— ¡Hola! —exclamó Kari con una sonrisa traviesa— ¡Ya no necesito las vendas!

Sasuke no le prestó atención y miró a Kakashi, quien si bien no lo amenazaba con acusarlo con Hinata, sabía que Kari lo podría hacer por él.

—Ha tenido una respuesta favorable al trasplante. —dijo— Estoy muy agradecido por tu ayuda, Sasuke.

—No tuve nada que ver. —dio media vuelta y la niña lo siguió con pequeños brincos fuera de la Torre Hokage.

Mientras caminaban por las calles nevadas, él observaba a la pequeña con un atisbo de curiosidad. Ahora Kari se asemejaba más a Kakashi que antes, gracias a los negros iris de aquellos ojos Uchiha que Orochimaru le envió. Si bien él destruyó las córneas con la habilidad de torcer la red de chakra dentro de un genjutsu de sueño, los nuevos ojos no lo tenían menos inquieto.

Como un Uchiha de sangre, sabía a la perfección que cada par de ojos podía desarrollar una habilidad distinta y si la nueva habilidad era peor que la anterior quien sabe qué podría ocasionar en la...

— ¿Niñero, eh? —dijo la voz de Sakura. — ¡Hola Kari!

— ¡Tía Sakura! —expresó rumbo a la pelirrosa para darle un fuerte abrazo. — ¡Ya no tengo las vendas!

—Así veo. Te has recuperado muy rápido. Me alegro. —Kari asintió con emoción y continuó corriendo por las calles pisando la nieve hasta que cambiara de blanco a marrón. —Quien diría que su chakra también es especial. —le dijo a Sasuke mientras le ofrecía un poco de la crepé que tenía— Como si ser hija del Hokage no fuera suficiente, tener chakra re-generativo de tipo dos y ojos Uchiha la vuelven un blanco muy tentador.

Sasuke respondió con un sonido trivial.

— ¿La vas a entrenar?

—No.

—No existe mejor instructor de genjutsu que un Uchiha. —Sasuke realizó un gesto de molestia con la boca que Sakura ignoró— Ahora de verdad luce como la hija directa del Hokage, no crees.

Ignoró el comentario de Sakura cuando un viejo recuerdo llegó a su cabeza y entonces se dio cuenta de porqué ese día era importante y horrible al mismo tiempo.

"Mira, Hyuga. Esto del matrimonio me sorprendió tanto, como el hecho de saber que la designada eras tú. Si hubiera analizado un poco más la opción de prisión perpetua, créeme, hubiera preferido pudrirme en el calabozo a casarme contigo."

Aquellas dañinas palabras le causaron un terrible retortijón en el estómago. ¿Él había dicho aquello? Qué estúpido. ¿Ella recordaría eso? Él jamás se disculpó. ¿Ella lo recordará? No había nada malo del pasado, pero aún así se sentía como un cretino. ¿Recordará cada palabra? ¿Debía disculparse? Había pasado un año desde lo que había dicho, ya no importaba. Sólo un tarado creería que ella creería que no la amaba por algo que dijo en el calor de la ira antes de conocerla.

— ¡Sasuke! —exclamó Sakura luego de varios minutos en su propia cabeza. — ¿Te sientes bien? No es normal que te pierdas en tus propios pensamientos.

Sasuke hizo una mueca de poca importancia y fue tras la niña que perseguía a un ave cerca de los basureros, la tomó del brazo y la arrastró como un saco rumbo a quien sabe dónde.

—No te ves bien, Sake-nii. ¿Te duele algo?

—Cállate, necesito pensar.

—Yo puedo pensar cuando alguien habla, Papakashi también puede, Samami-nee también. ¡Estoy segura que Hinata-nee también! Mmm... Mmm... No conozco a nadie más.

Sasuke torció los ojos harto de su chillona vocecita.

—Namari, ven. —dijo otra voz infantil no muy lejos de donde estaban. Kari soltó a Sasuke de un tirón y corrió con una sonrisa en dirección a Kan, quien estaba cerca de una cafetería acompañado de una mujer adulta.

— ¡Kan! —exclamó animada, pero él al observarla corrió donde la señora y se ocultó tras la falda. — ¡Soy yo, Kari!

—No... No-no te acerques. —murmuró con los ojos cerrados. —N-n-no la mires, Namari. Ella es pe-peligrosa.

Kari frenó a raya y la enorme sonrisa de encontrarse con alguien más que no fuera un adulto desapareció tras una nube oscura de tristeza. Kari dio media vuelta para continuar el camino a la casa Uchiha con una nube sobre su cabeza. El sonido de las pisadas le permitieron a Kan abrir los ojos para respirar tranquilo con la lejanía de la niña, pero cuando enfocó a Sasuke lo recorrió un balde de agua fría que incluso llevó a Namari detrás de su propio dueño por la molestia en los ojos del adulto.

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De camino al distrito —el cual Kari había memorizado en un par de veces mientras iba de visita—, Sasuke la vio pisando la nieve con desgano y pateando cúmulos de la misma hacia los costados. Él abrió los labios y estiró la mano...

— ¿Qué es eso? —el golpeteo de la nieve en la calle los llevó a ambos a un costado de la avenida principal. — ¡WOW! —exclamó la niña al ver la lujosa carroza pasar con un par de escoltas.

El sello del Daimyo le sacó una vena en la frente a Sasuke y volvió a tomar a la niña del brazo para tirar de ella hasta la casa, pero Kari no necesitó de ello, porque ella tiró del brazo y corrió tras la carroza llevada por la emoción y curiosidad del brillo y los baúles que tenía en la parte de atrás.

Al doblar la esquina, divisó a un hombre delgado, barbón y bajito esperando en la puerta del muro de piedra.

—Buenas tardes —dijo con un tono grueso y monótono— ¿Es esta la casa de la señorita Hinata Hyuga-himesama y otro?

La ardida mirada de Sasuke brilló por un segundo en rojo al recordar a Kinkaichi imaginando esa frase dicha delante de Hinata, con él presente.

—Hinata-nee sí vive aquí. —respondió antes que la grosería saliera de la boca de Sasuke.

—Oh, perfecto. De parte del Futuro Daimyo de la Nación del fuego, Kinkaichi-ooujisama, se hace entrega de este presente por el pasado cumpleaños de la señorita.

—Ella es mi esposa. —contestó Sasuke entre dientes.

—Oh, mil disculpas. —expresó con una marcada reverencia— Tuvimos un pequeño retraso para la entrega, pero...

—Fue hace un mes. —Sasuke ocultó a la niña detrás de él y el Sharingan reluciente con la luz del sol puso blanca la morena piel del hombrecillo. — ¿Quien eres? Y dame una buena explicación.

Los tartamudeos del sujeto aplacaron la ira de Sasuke por las mofas del daimiyo y terminó por darle un vaso con agua al heraldo para que se calmara. Luego de una larga y aburrida explicación, sobre una reunión y que el Daimiyo olvidase tal importante fecha por un tratado con la Nación del viento, decidió enviar una encomienda urgente para resarcir daños por la importante amistad que profesaba por Hinata. Antes de que Sasuke pudiera rechazar los baúles, el hombre bajó cada uno con ayuda de dos ayudante silenciosos que estaban dentro de la carroza.

Luego de la partida de los caballos, la única bulla en el distrito era la niña y su afán por abrir cada una de las cajas que llevaron a la casa.

— ¡Sólo blibros! —exclamó Kari muy molesta. — ¡No sé leer!

Sasuke llegó a la sala con una bandeja de comida, tomó asiento en el sofá y Kari apareció a su lado en un brinco.

—A Hinata-nee debe gustarle mucho los blibros.

—Se dice libros.

—Por eso, bliblos... bri... briblos...

—Libro. —dijo al darle un tazón con arroz y cerdo al jugo.

— ¡Blibro!

"Como sea" Pensó.

—Yo quiero aprender a leer, pero papakashi no tiene tiempo. Samami-nee me dijo que el otro año podré ir a la escuela, que debo esperar. —ella metió una gran cucharada de arroz y la tragó casi de inmediato— Pero yo quiero ir porque si yo no sé leer, seguro que Mirai y Kan tampoco, así que podré verlos allí.

Sasuke no podía comprender cómo después de que el niño con el perro la trató así, ella igual quería verlo. La personalidad de Kari se parecía más a la de Naruto que al propio Kakashi; con quien la solían comparar en la Torre cuando la iba a buscar.

— ¡...KE-NIIIII! —gritó Kari casi en su oído dejándole un pitido momentáneo. — ¿Qué vas a hacer con tantos blibros?

—Quemarlos. —respondió de mala gana por el grito. Aunque ya era costumbre de Kari gritar para llamar la atención.

— ¡Ya llegué! —Dijo la voz de...

Sasuke no alcanzó a responder o si quiera a mirar en dirección al pasillo, porque Kari pasó sobre sus piernas para llegar antes a la puerta. Entre brincos el arroz en el tazón de la niña se derramó. "Maldita sea".

— ¡Hinata-neesan!

—Kari-chan —expresó Hinata con los brazos abiertos y una cálida sonrisa. — ¿Cómo te encuentras?

— ¡Mucho mejor! —Kari la abrazó como hacía con todos los adultos con los que ya tenía confianza, excepto Sasuke que prefería tenerla a metros de distancia. — ¡Un hombrecito trajo muchos blibros. ¡Muchísmos blibros! ¡Ven! —la tomó de la mano y tiró de ella hacia la sala, de donde Sasuke salia con el rostro cabreado y sucio de arroz y estofado que limpió con la camiseta que llevaba puesta.

—Sasuke-kun qué... ¿Qué te pasó?

—Eso. —señaló a la niña como si la estuviera acusando.

Hinata sonrió divertida por su actitud infantil y se inclinó para dale un beso en la mejilla. Sasuke tomó a Kari del brazo y le cubrió los ojos con la mano mientras usaba la otra para sujetar a Hinata por la cintura y robarle un beso de bienvenida como debe de ser. La soltó toda ruborizada y sin aliento antes de que Kari viera lo que Hinata consideraba "prohibido para niños".

— ¡Nee-san! ¡Mira los blibros! —Kari continuó arrastrando a Hinata dentro de la sala y el rubor desapareció lentamente al contemplar cinco cofres de tamaño considerable llenos de libros en variados grosores y colores. El sello del Daimiyo relucía imponente en las cuatro caras de cada cofre.

—Provienen de Kinkaichi-dono. —comentó ella acercándose a uno para examinarlos— Son de su biblioteca privada. —expresó anonadada.

—Los voy a quemar. —agregó Sasuke mientras usaba un trapo de la cocina para limpiarse.

— ¿Por qué? —dijo confundida— Son un regalo de Kinkaichi-dono.

—De su biblioteca privada. —respondió de mala gana al salir de la sala para quitarse la camiseta. Hinata no prestó atención a las quejas de Sasuke y continuó revisando libros al azar con emoción. Kari miraba los libros y hacía muecas tal como lo hacía Hinata.

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Para la noche la mansión Uchiha ya no tenía a la Tormenta Hatake, pero Sasuke seguía inquieto. — ¿Seguro? —preguntó ella al salir de la ducha con la toalla alrededor del cuello para secar su cabello. —Porque no te ves tranquilo.

Sasuke la miró por varios minutos en silencio hasta que suspiró. Ella estaba aprendiendo a leer sus invisibles incomodidades y tenía una mezcla de orgullo y disgusto por su desarrollo.

—Hoy, hace un año te dije algo que apenas he recordado esta mañana.

Hace un año... —murmuró ella tomando asiento en la cama. —¡Oh! —se levantó de la misma en un brinco. — Yo... Yo-yo lo olvidé. Nuestra boda. —ella se cubrió la boca— No... No pensé que fuera importante para ti. Ha-Habías dicho que no te importaban las fechas.

Sasuke la contempló confundido al verla angustiada en lugar de deprimida.

—Mmmm... Ino-san me dijo que no le prestase atención al día de hoy porque, pues, eh... Ya sabes... No nos llevábamos bien en aquel entonces, así que, eh, así que creí que no, bueno...

— ¿Acaso no estás molesta por lo que te dije? —interrumpió Sasuke.

— ¿Eh? ¿Decirme? —ella levantó la mirada para perderse en recuerdos borrosos— ¿Fue importante? Mmm... Discúlpame. No recuerdo muy bien.

—Yo te dije... —él mismo cerró la boca antes de repetir las mismas palabras— Da igual. Olvídalo.

Hinata se acercó a él y lo abrazó por la espalda con cariño. —Si me dijiste algo importante, de verdad discúlpame... Por lo demás, no te preocupes. —Sasuke volteó un poco para verla detrás de ella, pero sólo podía observar su cabellera y sentía el aliento cálido de ella en la espalda. —Dijimos muchas cosas en el pasado, cuando aún no nos conocíamos... Nos lastimamos y eso no va a cambiar, pero eso a mí ya no me importa.

Sasuke puso la mano sobre las de ella. No era que ella no recordaba, fingía no hacerlo para que él no se sintiera culpable. Ella era así siempre que...

Un escalofrío recorrió su espalda cuando ella le dio un beso inesperado sobre la camiseta. Le sujetó las manos y dio la vuelta para verla, ella trató de ocultar el rostro pero él no se lo permitió. Era la primera vez que ella hacía algo como eso. Siempre era él quien debía pedírselo y ella siempre accedía, porque él nunca aceptaba un no, pero en ese momento Hinata, acaso, quería tener se...

—Yo... Yo quiero... Es decir. Tú quieres que, pues, nosotros, eh... Pues...

— ¿Qué cosa? —le dijo levantando su barbilla con delicadeza, ella sonrojó y él sonrió entretenido.

Hinata apretó los párpados, tomó aire, agarró el cuello de la camiseta de Sasuke y lo acercó a ella para robarle un beso apasionado como el de esa tarde al regresar. Sentir su lengua jugueteando con torpeza fue otro escalofrío que lo encendió como una fogata. Quizá molestarla por tercera ocasión quedaría para una próxima vez, porque su cuerpo y mente se perdieron en la imaginación de lo que esa noche se volverían llamas de realidad.

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• DÍA #382 •


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Hinata se despidió de Naruto con una mueca, porque la notable incomodidad del rubio la tomó por sorpresa. Ella cerró la puerta rumbo a la cocina para terminar de limpiar, Sasuke dijo algo desde el estudio —una de las dos habitaciones del primer piso que se encontraban vacías y donde actualmente Hinata había colocado todos los libros que Kinkaichi le regaló—, pero Hinata no logró entender por completo la petición de su esposo.

¡Oh! Qué torpe... —se dijo a sí misma luego de derramar salsa sobre su ropa al querer colocar los platos en la alacena superior.

Ella subió a la alcoba para cambiarse, pero Sasuke volvió a decir algo que había dejado en la sala y como pensó que era urgente tomó una toalla y bajó para ir por lo que sea que necesitaba su esposo recién llegado de una misión.

"Creo que me pidió algo" Pensó al entrar a la habitación. "Estará en sus cosas o..." Se acercó a la mesa del centro atraída por una cajita de color llamativo que antes del arribo de Sasuke no se encontraba allí. "¿Y esto? Será que esto era lo que Sasuke-kun quería que yo... que yo..."

El paquete contenía un disfraz.

Un disfraz para divertirse un poco como pareja.

El rostro le cambió de color y corrió a buscar su celular. Los nervios no le permitían marcar el número de Ino con rapidez porque sentía que en cualquier momento Sasuke bajaría del segundo piso exigiéndole que use el disfraz.

Sí, alo...

¡I-I-Ino-san! —gritó en susurros desde la sala.

¿Qué te pasó? —Hinata tartamudeó por algunos segundos, que fueron horas en su cabeza, antes de poder explicarle de forma escueta sobre el disfraz sexy de conejita en la sala. —Oh, eso. Póntelo.

¡EH-! —Hinata se cubrió la boca rogando que Sasuke no la hubiera escuchado.

Lo que oíste. Úsalo. Así la sorpresa de haberte depilado será doble. No te convencí de hacerlo para que luego pases cubierta todo el tiempo, niña.

Es que...

¡"Es que" nada! —regañó del otro lado de la línea— ¿Estás en tus días?

¿Qué? No.

Eso es suficiente respuesta, Hinata. Pásala bien. Disfruta con él. —El tono mandón cambió por un desconcertado— Seguro que a ti te va mejor, porque la sorpresa que le tenía a Sai... —Un largo suspiro se escuchó del otro lado y se despidió de forma rápida para continuar con el papeleo pendiente.

Hinata bajó el auricular del teléfono y caminó lentamente hacia la cajita...

Gracias a la calefacción que habían instalado en toda la casa, junto con la línea telefónica, Hinata no podía sentir el frío de, tal vez, la última nevada de febrero. Pero el cuerpo no le paraba de temblar, y la cara no le dejaba de arder. El atuendo le quedaba un poco ajustado en la cadera, y el busto se notaba un poco brotado porque su talla no era la adecuada. Estaba de espaldas a la puerta del estudio. ¿Por qué se vistió allí? Se preguntó por varios minutos. Sasuke había dejado unos papeles sobre la mesa, así que tarde o temprano debía aparecer... Lo que lo llevaría a la sorpresa.

Los nervios la empezaron a acosar.

Estar con un leotardo ajustado y de pronunciado escote ya no le pareció tan cómodo. ¿Qué pensaría Sasuke al verla así? Cierto que se había depilado por la tan insistente forma de convencimiento que tuvo Ino hace un par de días, pero... ¡Estaba mostrando demasiado! Hinata empezó a buscar la toalla con la que había bajado de la alcoba. No lograba comprender porqué tenía tantos nervios si Sasuke conocía cada parte de ella sin prenda alguna.

Suspiró para calmarse y volvió a dejar la toalla sobre la silla. "Espero que le guste". Se dijo a sí misma dándose valor para...

—Hinata. ¿Dónde está el paquete que dejé en la sala? Tengo que regre...

"¡Sasuke-kun!" Un balde de agua fría le recorrió la columna. El ardor en las mejillas la invadió como un farol y dio media vuelta para mirarlo a los ojos. Sasuke se quedó de pie cerca de la puerta y ella, bañada en pequeños temblores, tomó aire para poder decir unas cuantas palabras ante el silencio de su esposo.

—Yo... Yo no sabía que tú, que tú, pues... ¿A-A-Así está bien? Me... Me queda un poco pequeño. Creí que sabías mi talla de b-b-bu...

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Cuando salió de una larga ducha caliente, Sasuke recordó que había dejado esa caja morada sobre la mesa de la sala. Si Hinata la veía seguro se iba a sonrojar por pensar que era de él. Posiblemente ya se había perdido esa expresión, así que no iba a darle más vueltas en la cabeza. Su prioridad era la solicitud de pase jounin que ella debía llenar para poder ser examinada por alguno de los Tokubetsu ninjas. Le había prometido que la entrenaría, aunque ella no lo necesitaba porque Hinata ya tenía todo lo necesario para tener el ascenso; lo único que debía hacer era convencerla de que era tan buena como él.

Con el cabello húmedo, la toalla alrededor del cuello y pantalones de algodón buscó a su esposa en la cocina, pero ya había terminado de limpiar, así que fue a la sala. "¿Y el paquete?" Se dijo al no verlo sobre la mesa. Por lo que fue directo al estudio; lugar que para Hinata se había vuelto muy habitual.

Desde que esos estúpidos libros habían llegado, Hinata pasaba gran parte de su tiempo leyendo. Algo que no le molestaba en lo absoluto, porque era muy lista (más que él como le había dicho una vez), pero sí le daba rabia saber que eran regalos del estúpido daimyo.

La iba a encontrar sentada, llenando las formas que él mismo dejó sobre el escritorio al llegar, estaba seguro de ello.

Abrió la puerta quitándose la toalla del cuello para presumirle su torso como costumbre después de cada misión. —Hinata. ¿Dónde está el paquete que dejé en la sala? Tengo que regre... —La voz se le fue cuando sus ojos atraparon la definida imagen de las curvas de su esposa.

Sasuke sabía que su esposa era sensual tanto desnuda como con su vestimenta diaria, pero en todo el tiempo que llevaban juntos nunca le pasó por la cabeza imaginársela con algo como lo que se había puesto. Se le secó la boca y sus ojos no se podían apartar del busto y trasero que resaltaban a tal punto que no podía formar una oración coherente en la cabeza. Él se acercó lentamente y aclaró la garganta cuando se detuvo frente a ella.

—Yo... Yo no sabía que tú, que tú, pues... ¿A-A-Así está bien? Me... Me queda un poco pequeño. Creí que sabías mi talla de b-b-bu...

—Hinata... —interrumpió con tono relajado—Ese paquete es de Naruto para Shion. Me pidió que lo guarde por hoy.

El bochorno que ella tenía por estar usando una prenda tan, pero tan pequeña cambió drásticamente por vergüenza al darse cuenta que lo que tenía puesto no era para ella. Hinata trató de decir algo, pero ninguno de los sonidos que salieron de su boca se convirtieron en palabras.

Él llevó la mano a su boca para que deje de hablar, acarició sus labios con el índice y bajó lentamente por su barbilla, recorrió el cuello y continuó por la piel hasta llegar a los almohadones que estaban expuestos casi en su totalidad por culpa del corset que los estaba apretando. Hinata cubrió el escote con ambas manos.

— ¡Y-y-yo no sabía...! ¡E-e-e-esto fue... fue un mal... malentendido!

Él no dijo nada y dio pasos sigilosos alrededor de ella examinándola como un lobo a punto de saltar sobre la presa acorralada.

— ¿Co-co-como voy a...? ¿Sa-Sasuke-k-kun? ¿P-p-p-podrías dejar de... de ha-hacer lo que... lo que...?

Él se detuvo detrás de ella, le cubrió la boca con delicadeza y la acercó a su cuerpo. Con la mano derecha apartó las finas manos de su esposa, agarró uno de los pechos y lo sacó del pequeño corset que los cubría. Hinata soltó un pequeño grito de pasmo que se ahogó en la mano de Sasuke, quien se aproximó a su oído para susurrar y calmarla.

Si tú eres el conejo, yo soy el lobo.

"¿Eh? ¡Mmm! " Sasuke le dio un fuerte apretón al seno. Un quejido se perdió tras la mano de Sasuke que todavía la mantenía silenciosa y prisionera.

—Tienes dos opciones, Hinata. —murmuró tan cerca del oído que ella tiritó— Aquí, o la sala. —Hinata abrió los ojos de par en par y su rostro se volvió completamente rojo— Y decide rápido.

— ¡Aah! —Sasuke liberó su boca y la agarró de la cintura, no sin antes sacar el otro busto del corset para dejar los dos a la intemperie. —Es... Es... Es... ¡Espera!

Hinata llevó ambas manos a la traviesa mano de su esposo que no dejaba de juguetear con sus pechos.

—E-esto no es mío. De-debo devolverlo. A-aunque yo ya lo usé, pe-pero debo... T-tengo que... que...

El timbre de la casa sonó y Sasuke chasqueó la lengua disgustado. —Te... Tenemos que saludar a las vi... —Sasuke creó un clon que salió del estudio mientras él agarró el busto de su esposa con ambas manos para masajearlos. Unos pequeños murmullos escaparon de esos jugosos labios y él sólo la silenció con un suave "Shhhh" junto a la oreja.

Si... Si alguien pa... pasa y... y... —murmuró Hinata roja a más no poder al saber que el clon de Sasuke estaba atendiendo a una visita en la puerta principal y su esposo no dejaba su torso tranquilo.

A la lejanía se escuchó la puerta y luego el clon se desvaneció. —A solas. —dijo más para sí mismo que para ella, pero Hinata lo escuchó.

Sin prestarle atención a las tenues suplicas de su esposa para que parase, Sasuke recorrió su cintura, luego la cadera y llegó hasta la zona íntima donde la suavidad era algo nuevo también. Sin tocar sus partes sensibles, Sasuke provocó ligeras cosquillas en la pierna para avergonzar la sin tener que usar palabras.

— ¡Sasuke-k-kun! —dijo ella como regaño, pero él sonrió con burla porque era incapaz de decirlo sin demostrar que lo disfrutaba en realidad. —E-eres un pe... pervertido. —indicó entre murmullos cubriéndose el rostro

—Lo admito. —dijo con orgullo y algo de sarcasmo— Pero no te molesta. —añadió luego de lamer el cuello.

—Si... Si a ti te gusta... e-entonces está bi... bien.

Sasuke se detuvo y le dio la vuelta para mirarla a los ojos.

—No tienes que aceptar todo lo que yo quiera hacerte. —dijo levemente culpable de no prestarle atención a su reacción de rechazo desde un inicio— Cuando te veo luego de una misión sólo busco estar contigo, pero si sólo consigo que te sientas incómoda debes decírmelo.

Hinata apartó las manos del rostro y las usó para cubrir sus senos sin poder mirar a Sasuke a los ojos, he intentando usar su cabello para no verlo, pero él alzó su barbilla lentamente. Ella lo miró a los ojos por un segundo antes de cerrarlos.

—Es... Es cierto que me da... que me da mucha vergüenza que... que me... que tú... que usemos otro lugar que no sea la alcoba para, pues, bueno... e-eso. Pero jamás me he sentido incómoda o... o insegura a tu lado.

Sasuke levantó las cejas sutilmente.

—Sé que... que te gusta mo... molestarme un poco antes de... —ella tragó pesado antes de continuar— Pero no te detengo p-porque me... porque me... —Hinata apretó los labios por un instante— Porque cuando me molestas, sonríes y eso... Tú sonrisa me parece se... se... se...

— ¿Sexy?

Ella cerró los ojos con fuerza, bajó la cabeza y dio media vuelta cubriendo con los brazos su busto expuesto.

La pequeña confesión no le sorprendió, pero tampoco se la esperaba. Ahora tenía sentido porque, hiciera lo que hiciera, dijera lo que dijera, ella siempre aceptaba ir a la cama luego de sonreír. De hecho, la única vez al día que sonría, sucedía cuando él estaba con ella a solas; completamente relajado.

—Bueno saberlo. —dijo al caminar delante de ella— Si lo hiciera con frecuencia no saldríamos de la habitación... —Ella se encorvó otro poco intentando ocultar el ardor en las mejillas. —... como pasará ahora. —expresó al subirla al hombro.

De camino a la habitación Sasuke no resistió las ganas de darle un mordisco en el trasero; la única acción que la ponía de malas por algunos minutos en los que su adorable expresión de enojo solo la volvía más linda.

— ¡Sasuke-kun! —advirtió cuando la marcó en la espalda mientras le bajaba el cierre del disfraz. — ¡Te-Tengo que ayudar en el Hospital mañana!

—Tu ropa lo cubre.

—S-Sí pero... ¡Ah! —al sacarle el leotardo llevó la boca a la cintura para dejarle otra marca. —Po... por favor... —indicó resignada mientras la empujaba con cariño hacia la cama. —Si alguien las ve...

—Será lo último que hará con sus ojos.

Le cerró la boca con la suya y la rodeó por la espalda con ambos brazos hasta tomar asiento en el borde de la cama. La sentó sobre sus piernas y dejó sus labios para juguetear con esos envidiables senos. Las cosquillas que le provocaba en los pezones con la lengua la obligaba a gemir muy despacio mientras usaba las manos para agarrar ese firme trasero.

Estás más sensible que de costumbre. —comentó al llevarla de espaldas al colchón y así poder deshacerse del pantalón.

Ella esperó entre las sábanas a que Sasuke volviera a colocarse sobre ella para continuar con besos y caricias, pero los labios de su esposo aparecieron a la altura de la rodilla, ascendiendo paulatinamente por el muslo hasta casi tocar su entrepierna.

Ella lo frenó porque sabía a dónde quería llegar con ese camino de besos.

—Dejaré de morderte si me dejas. —Él tomó una de sus piernas y le dejó una marca cerca del tobillo. Si Sasuke seguía en el papel de "lobo", se lo estaba tomando demasiado en serio. Por lo general sólo le dejaba un par de marcas en la parte más baja de la espalda sin llegar a sus glúteos. Pero hoy actuaba más travieso de lo usual. Quería pedirle que pare. Sin embargo, una parte de ella que no había aparecido antes, quería seguir el juego en todas las peticiones que le hiciera.

Él acarició el interior de la pierna con los dedos en espera de una silenciosa y rápida respuesta.

Hinata cerró los parpados con fuerza cuando vio esa sonrisa malvada bajar hasta perderse detrás de sus pechos. Dio un pequeño brinco al sentir sus dedos sobando la paredes externas de su entrepierna. Luego algo suave, húmedo y cálido tocó su clítoris con un poco de torpeza.

Ella suspiró de manera entrecortada y cubrió su boca para no hacer ruido.

Las lamidas se volvieron largas y profundas. Ella cubrió su rostro con las manos para evitar mirar ya que el calor en las mejillas delataban el deleite que su esposo le estaba dando. Su respiración era errática y fuerte. Gemidos silenciosos salían de su garganta por el placer. Quería decirle que se detenga y al mismo tiempo que lo haga con más rapidez, con mas fuerza...

Sasuke sabía que aún dando su mejor esfuerzo lo estaba haciendo pésimo, pero ella lo disfrutaba como si llevaran años de práctica. Por lo general ella era más vulnerable en sus zonas de placer unos días antes de que las hormonas de Hinata lo obligaran a estar en abstinencia por casi una semana.

Dejó de torturarla con la lengua y subió por su estómago, busto y cuello hasta llegar a su boca para asfixiarla en besos. Sobaba su cuerpo con el de ella para que el calor lo encienda como él quería, y como Hinata secretamente lo deseaba. Llevó la mano hasta su larga cabellera como un simple antojo de sentir la suavidad de las azules hebras entre sus dedos.

Él la dejó respirar y alzó el torso para verla desde arriba.

—Aún llevas puestas las orejas de coneja. —dijo con tono burlón. Ella sonrojó un poco y apartó la mirada.

Pue... Puedo... ¿Puedo ponértelas? —murmuró.

—No. —contestó serio. Agrandó su postura para cubrirla con la sombra de su espalda. Con gentileza le quitó la diadema y la lanzó fuera de la cama.

Llevaban casi tres meses como una pareja activa, demasiado activa desde el punto de vista de Hinata; aunque nunca le decía que no, con excepción de los inesperados desmayos. Sasuke era el que tomaba la iniciativa el cien por ciento de las veces que terminaban en la alcoba y a ella no le molestaba en lo absoluto.

—Ahhh~

Ya ambos entrados en calor, en fuego, ¡en lava!, eran presos del cariño físico que no eran capaces de expresar con palabras.

—Hi... Hinata... Ya... Ya estoy...

Ella susurró algo entre dientes que él no alcanzó a entender, levantó la mirada y la encontró sudada, sonrosada, con la cabellera esparcida sobre la cama y algunas hebras adheridas a ma frente por el sudor. La sujetó de las muñecas y levantó los brazos para realizar su busto.

—Sa... Sasuke. —dijo con la respiración entrecortada— Te amo.

Era la vigésima tercera vez que escuchaba esas palabras y le provocaban la misma explosión de calor en el corazón como la primera vez que las escuchó en esa alcoba. Automáticamente sus mejillas se entintaron de un sutil rosa y Hinata le sonrió con dulzura. Arrugó la frente, chasqueó la lengua y desvió la mirada hacia un costado por unos segundos.

Tam... —murmuró sin conseguir decir las mismas palabras que ella decía con mayor libertad. No era que no quisiera, simplemente se sentía más cómodo demostrándole sus intensos sentimientos de forma física.

—Sa...

Aunque, claro. Haberle dicho esas dos palabras una solitaria vez desde que las asimiló no parecía lo adecuado. No para ella, quien se las expresaba con el más puro e inesperado cariño. Él apretó los labios y respiró despacio.

—También te amo. —contestó mirándola a los ojos con las mejillas rosadas.

Ella reaccionó con un pequeño suspiro y la sonrisa fue acompañada de ojos húmedos. Sasuke descendió hasta su boca y dejó que la pasión en su cuerpo se dejase guiar por el cariño dentro de su pecho.

Después de escuchar por segunda ocasión esas palabras su corazón dio un fuerte golpeteo que la sobresaltó. Él volvió a besarla pero la intensidad con la que había iniciado desapareció. Saboreaba sus labios con lentitud y sentía su respiración agitada, acalorando la piel del rostro.

Ingresó despacio mientras sus labios seguían saboreándose. La fogosidad de su miembro la recorría internamente hasta lo más profundo y los apacibles gemidos escapaban de su garganta sin bochorno. Él le soltó las muñecas dejó caer el peso de su cuerpo para frotarse contra su busto y vientre. En un arrebato inesperado, Sasuke se apartó de su boca y la agarró de las caderas para atraerla hacia él con los brazos mientras levantaba su espalda baja del colchón.

Un suspiro largo e intenso se escapó de su boca y la cubrió azorada. El efecto se intensificó con cada penetración que hacía su esposo con ayuda de los brazos. Esa expresión vivaz y, al mismo tiempo, oscurecida por el deseo junto con la imagen del imponente torso y aquellos brazos fornidos no solo le daba el aspecto protector de siempre, sino que ahora Sasuke lucía tan rudo y sensual que se sentía sucia de solo pensarlo.

El cosquilleo en su zona íntima apareció y llevó las manos a cada lado para aferrarse de las sábanas.

Ella estaba lista. La vio agarrar las sábanas con fuerza y su respiración se intensificó. Tenía los pezones erguidos y la humedad en su intimidad le permitía entrar y salir con rapidez. Salió de ella por completo y acarició el interior de sus muslos con los dedos sólo para verla tiritar.

Ella relajó las manos y ladeo la cabeza con las mejillas rojas invitándolo silenciosamente a que continúe sin mirarla de esa intensa manera, pero imposible no deleitar la vista con esas curvas que resaltaban por el juego de luces y sombras provocados por el sudor. La agarró de la cadera y con movimientos fuertes continuó para conseguir escuchar ese quejido que le avisaba el éxtasis en ella.

Pero en su lugar llegó a sus oídos el cántico de su nombre salido de esos carnosos labios.

Aah... Aah... Sa... ¡Sasuke!

Se dejó llevar por la imagen del rudo y sexy esposo dominante delante de ella. Agarró las mantas y las desordenó al arquear la espalda cuando llegó a su límite y de sus labios se escapó el nombre del amor de su vida.

Él la tomó de los brazos y la levantó de la cama para que se sentara entre sus piernas para torturarla con pasión. Su zona sensible por el orgasmo continuó disfrutando de la calentura con subidas y bajadas bruscas que causaban un sonido constante de la carne desnuda sumida en la lujuria.

Ahora es... mi turno. —le murmuró en el oído.

Sasuke sintió la yemas de sus dedos enterrarse en sus hombros, la vio apretar los labios para no gritar y liberó su llama en su interior con un tosco gruñido que sumergió entre sus pechos.

Luego de unos segundos para tomar aire, ambos se contemplaron en silencio. Ella coloco las manos sobre las mejillas y acercó sus labios a los de él después de mirarlos por un momento. Lentamente Sasuke la rodeó por la cintura y llevó la espalda a la cama para iniciar una segunda ronda, que no tenía prevista si no pasaba del medio día, pero ya que Hinata lo estaba seduciendo de manera inconsciente no iba a desaprovechar la oportunidad de ver sus pechos brincar a causa del movimiento de sus caderas cuando la tuviera arriba...

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• DÍA #372 •


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Con la excusa no-tan-excusa de visitar a Tamaki y Kiba, Hinata dejó a Sasuke en casa ese día desde muy temprano porque necesitaba ir al mercado a comprar chocolate. Ese día era tan común como cualquier otro, pero no tanto como para no prestarle atención. Ella sabía que Sasuke no celebraba nada, mucho menos el día en el que las chicas regalaban chocolate casero a sus novios. Pero por alguna cosquilleante razón en su interior, Hinata deseaba darle chocolate.

Lo meditó mucho antes de decidirse a regalarle dulce de San Valentin a un chico que no gustaba de dulces, pero, quizá, por esa solitaria vez Sasuke aceptaría.

Ella sabía cocinar muchos postres, pero los nervios la atacaron y pasó toda la mañana en el departamento de Tamaki quemando dulce tras dulce hasta conseguir el perfecto.

—Sigo pensando que no deberías desperdiciar chocolates en ese tonto. Mejor repártelo entre noso... ¡Ay! ¡Tamaki!

Kiba dio la vuelta y encontró la arrugada cara de la anciana gato mirándolo con enfado.

— ¡A-A-Abuela!

Nekobaa dejó a Kiba tragado con palabras de disculpa y se acercó a Hinata con mirada cariñosa, la tomó de las manos con dulzura.

—Sasuke-chan es un ingrato por seguir evitando mi presencia en esta aldea, pero, aún así, estoy muy feliz que después de todo lo que vivió y escuché de él hace unos años haya encontrado a una mujer como tú. —la anciana le acarició la mejilla con el dorso de la mano y luego la soltó.

Hinata sonrió avergonzada y salió de casa presurosa para darle el paquete a su esposo.

— ¡Adiós, Denka-chan! —exclamó al dejar el jardín nevado. El viejo gato levantó la pata para despedirse, pero la sonrisa se le congeló al olfatearla. Nekobaa caminó hasta su felino y lo tomó entre los brazos.

—Ese aroma, anciana. ¿Es el que creo que es? —La arrugada mujer sonrió de forma felina y entró a la casa para beber algo caliente.

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No estaba seguro de cómo lo sabía sin habilidades ninja, pero ella estaba cerca. Escuchó la puerta y su característico "Ya llegué" lo levantó del bordillo en donde contemplaba la nieve caer. Ambos chocaron miradas. Con las mejillas rojas, la respiración agitada y ese brillo particular en la mirada, Hinata sacó de atrás de su espalda un paquete que desprendía aroma azucarado por toda la sala.

—¡Feliz San Valentín, cariño! —exclamó casi en un grito.

Él aceptó la caja, estaba cálida y desprendía ese intenso aroma chocolatoso que se pegaba a la garganta sin siquiera probarlo.

Ella juntó las manos delante del pecho y lo miró a los ojos con una sonrisa. —Yo sé que no te gustan los dulces, pero... Es una tradición que las chicas preparen chocolate para sus novios y, pues, como tú y yo ya estamos casados...

Las palabra se perdieron un instante en el vacío hueco porque su belleza era abrumadora en aquel momento. Ella siempre lucía linda, pero ahora, delante de él Hinata emitía luz como una estrella. ¿Algo en ella había cambiado gradualmente desde hace algún tiempo, pero no estaba seguro de qué o cómo. Lo único que pasó por su cabeza fue lo linda que se veía hablando sin parar sobre los dulces.

—No me gustan los dulces. —dijo cuando ella terminó su tartamudeado discurso. La felicidad en sus ojos cambió por un poco de decepción que mezcló con bochorno.

"Lo sabía..." pensó Hinata rascando su mejilla "Al menos lo intenté."

—Prefiero esto.

Sasuke le quitó al paquete la etiqueta "To: Sasuke" y la pegó sobre la blusa de ella. Su cara de confusión le hubiera causado un poco de gracia, pero prefirió molestarla otro poco.

—Si voy a recibir algo este día, entonces yo escojo el dulce. ¿Prefieres que te quite la envoltura aquí o en la habitación?

El rubor en su rostro creció hasta que todo rastro de piel nívea adquirió un intenso tono carmín. No había visto salir vapor de su cabeza hace un largo tiempo y de un segundo a otro perdió el equilibrio y cayó sobre el sofá. Quiso sonreír, pero no esperaba que se desmayase. ¿Si ella no estaba despierta cómo iba iba a escuchar sus gemidos y sollozos? La vio recuperar la conciencia casi de inmediato, pero no podía mirarlo a los ojos.

— ¿Dónde? —le dijo cuando ella lo contempló de forma fugaz.

Ella cubrió su rostro, después de todo no esperaba estar con Sasuke de forma física ese día. Tenía planeado salir a caminar o comer algo... Incluso entrenar un poco en pareja. — ¡P-P-Pero...! —Sasuke dejó los chocolates sobre el sofá y la sujetó como princesa.

—Tendremos que hacerlo más seguido. Últimamente te desmayas cada vez que te lo pido.

— ¡M-Más seguido! —Hinata cerró los ojos con fuerza y asintió sin medir las consecuencias.

Con esa respuesta Sasuke por fin sonrió.

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• DÍA #400 •


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Hace unos días ella había regresado de una misión de reconocimiento y rescate al noreste de Kirigakure; personas que sufrieron por la guerra. Se supo que en esa pequeña comunidad oculta entre cuevas y neblina también estuvo deambulando aquel médico ninja cuyos procedimientos salvaban vidas a un costo muy arriesgado con partes de cuerpos de otras personas. Como equipo de rastreo su prioridad era encontrar sobrevivientes perdidos y nada más, pues de allí en adelante se encargaban las fuerzas especiales ANBU de los países involucrados. Sin embargo los rumores no tardaban en viajar por medio del viento y se decía que en ese grupo un adolescente de Iwagakure había recibido el mismo trasplante que Kari.

"Claro, sólo fue un rumor" se dijo de camino a casa con las compras de esa mañana. Y aún siendo un rumor la oficina del Hokage estaba alborotada cuando llegó con Kiba y Shino a dejar el reporte y recibir su paga un par de días atrás.

Dejó las compras en la mesa, tomó el mandil de Sasuke y miró por la ventana. La nieve ya se había ido. Las mañanas todavía eran frías, pero en las noches el calor de primavera ya estaba adquiriendo forma. Tomó algunas verduras y las lavó. Miró el calendario al pasar frente al refrigerador y suspiró.

"¿Ya es catorce?" Ató su cabello en una coleta alta y acomodó un poco el mandil en la cintura. "El tiempo pasa rápido" Ella estiró la mano para sujetar un tomate, pero lo contempló con nostalgia. Hacía casi un mes que no veía a Sasuke y lo extrañaba más de lo usual. No sabía si era porque ese día era el famoso día Blanco o por simple lejanía... o ambos.

—Hinata. —murmuró alguien a la distancia— Feliz día Blanco.

La alegría la inundó como una cascada y volteó esperando verlo en el marco de la puerta, pero en su lugar halló un llavero con forma tomatosa con una nota sobre la mesa. Sí. La voz fue de Sasuke. ¿Por qué le dio ese regalo? Quizá como retribución por los chocolates que le terminó lamiendo sobre la piel, o sólo por querer hacerla sonreír luego de tanto tiempo lejos.

Ella leyó la nota con mucho entusiasmo, pero el tierno regalo quedó oscurecido por las palabras en la pequeña carta. Ruborizó como una lámpara y regresó a su labor de prepararse algo saludable. Dar el primer corte al tomate inundó el ambiente con sabor ácido y la extraña sensación de darle un mordisco apareció como días anteriores, pero no lo hizo y terminó preparándose una copiosa ensalada que degustó con mucho ahínco.

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• DÍA #417 •


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Luego de ayudar en el hospital, como ya era costumbre cuando se encontraba libre de misiones de rastreo, Hinata decidió visitar el antiguo campo genin de práctica. Entrenaba por sí sola como le había prometido a Sasuke antes de marcharse hace varias semanas. Si Sasuke tenía fe en que ella podía conseguir un ascenso a jounin, entonces iba a confiar en sus palabras y le iba a mostrar que podría conseguir el pase para que se sintiera orgulloso de ella. Así como ella siempre estaba orgullosa de él.

Empezó con movimientos rápidos y certeros de parte de dos clones. Sin puntos ciegos, su fuerte era la agilidad en contra de ojos Byakugan. Sasuke le había dicho que con el manejo que tenía del chakra y su ligereza de pies podría fortalecer sus puntos débiles como: ninijutsu de media y larga distancia que eran su inconveniente al enfocarse sólo en el estilo de lucha Hyuga.

Mantener el Byakugan activo ya no le costaba tanto como hace unos años, pero estar luchando con ninjutsu constante la estaba desgastando más que otras veces.

La lluvia de primavera llevaba una rato en el cielo y tentaba al sol para formar un arcoíris. Su ropa estaba húmeda y el viento fresco por la transición de estaciones enfriaba el cuerpo. Los charcos y el barro otorgaron un grado de dificultad en su combate.

Un extraño retortijón la tomó desprevenida en la zona del abdomen, un clon aprovechó para tirar un par de estrellas ninja y el otro para atacar con estilo agua desde su espalda, pero la visión se le oscureció fugazmente y cuando todo el mundo se movió bajo sus pies los clones desaparecieron por sí solos, el pie resbaló de la rama y ella calló sobre su retaguardia sin mayor dolor que el abdominal.

Parpadeó con fuerza para desaparecer el mareo, pero en su lugar el byakugan se activó por sí solo como un corto circuito y fue entonces donde se dio cuenta que su propia red de chakra ya no tenía el mismo flujo que se difuminaba en el vientre donde un pequeño remolino absorbía energía muy lentamente. Perdió el color, más si es que su tono de piel se lo permitía, y llevó las manos a su estómago con lentitud. La mirada la tenía fija y perdida en aquel extraño remolino que le impedía distinguir algo más que chakra fuera de lugar.

Entonces recordó que ese mes no había tenido la visita regular de fertilidad femenina, que se sentía más sensible o nostálgica de lo usual y que tenía una particular atracción por tomates frescos, onigiris con alga y dangos. —Estoy... —murmuró con una sonrisa que se congeló. El semblante de felicidad cambió drásticamente esa sonrisa por espanto y desactivó el Byakugan.

Hinata se puso de pie con cuidado inconsciente y llevó sus pasos rumbo al hospital. Debía asegurarse de que aquello en su vientre no era lo que creía que era, porque le había prometido a Sasuke que serían una familia de dos. ¿Qué pensaría Sasuke si ese extraño remolino era un...? No. No, imposible. Ambos se cuidaban. Sí, ambos. No había encuentro romántico en el que él no usara protección o en el que ella no tomase pastillas.

Nah~

Se lo estaba imaginando.

Sólo era alguna extraña enfermedad que desaparecería con medicina cuando se hiciera un chequeo en el hospital. Sí. Eso era. Una tonta enfermedad pasajera que sería detectada con una muestra de sangre o lo que sea que enviase el médico.

Sí.

No había nada de qué preocuparse.

Sólo era algo pasajero menor.

"Todo va a estar bien..."

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— ¡Está embarazada! ¡Estoy seguro de que lo está, de veras! ¡Qué hago! Quiero decir. Sé lo que tengo que hacer, pero qué hago, eh. ¡Oe! ¡Dime qué hago! ¡OE! ¡Sasuke, con un demonio! ¡Me vas a decir...!

Sin mucho esfuerzo activó el Rinnegan para usar el Shinra Tensei contra la molestia amarilla que no paraba de gritarle en el oído desde que había recibido la llamada en el último poblado.

—He leído que en la antigüedad, cuando una señorita de la nobleza era profanada fuera del matrimonio quedaba desheredada y el culpable moría decapitado.

—Eso parece una historia de las que lee Ino. —dijo Chouji a Sai sin apartar los ojos de Naruto saliendo de los arbustos a toda prisa.

— ¡DECAPITADO!

Las palabras de espanto de Naruto se perdían en el camino ya sin prestarle tanta atención como hace tres horas.

Shikamaru se acercó a Sasuke para repasar los detalles sobre la misión de recolección de información. Los reportes del silencioso doctor poco a poco empezaban a escucharse por todas las regiones. Las Cinco Naciones enviaban reportes entre ellas con la mayor discreción que se podía manejar para que el médico no se diera cuenta de sus hallazgos tales como: No ayudaba a todo el que lo necesitaba, manejaba el chakra con perfección según testimonios de los afortunados elegidos que recibían alguna parte desmembrada, había la no confirmada suposición de que no era un solo médico sino un grupo, y lo más desconcertante era la prueba fidedigna de que poseía varios ojos Uchiha; porque se halló a un adolescente de Iwagakure y una niña de Amegakure con el mismo problema de la hija del Hokage.

—... llegará pasado mañana y la pequeña en dos semanas. —Dijo Shikamaru a un pasivo-furico Sasuke cuando se enteró que los ojos de sus parientes eran utilizados por un loco para, posiblemente, "revivir" el clan Uchiha.

—Sasuke-san ha estado meditativo esta semana. —Dijo Sai sin darle importancia al llanto frustrado de Naruto.

—Sasuke siempre tiene cara de amargado en las misiones. —Refunfuñó Naruto porque su mejor amigo no le daba solución a su problema.

—Que los Kages hayan accedido a enviar a esos niños a nuestra Aldea no merma el hecho de que, en cualquier momento, algún grupo de rebeldes quiera hacerse con el poder de esos pequeños. —señaló Shikamaru.

—Y sólo tenemos dos casos registrados. Quien sabe cuántos más hayan recibido el tratamiento y no sepamos. —Acotó Chouji.

Sai observó al grupo y luego regresó su mirada a Sasuke, quien lo contempló de perfil.

—En la Cuarta Guerra nos dimos cuenta de lo poderoso que puede llegar a ser el Genjutsu para quien no sepa salir de él. Lidiar con portadores derivados de un Sharingan podría ocasionar lucha de poder y desencadenar otra masacre como la que pasó Konoha en la época de Hiruzen.

La rabia de Naruto disminuyó al darse cuenta que Sasuke mencionaba la pérdida de sus padres a manos de su hermano y cómo la mayoría de ese grupo desconocía la verdad de aquel genocidio.

—Creí que estabas pensando en todas las habitaciones que tendrías que añadir a tu vivienda para albergar a tus futuros hijos postizos.

Hubo un incómodo, muy incómodo silencio, incluso Naruto no quiso ni sonreír por el comentario que un estruendoso trueno rompió. La suave lluvia se intensificó.

—Por ese motivo no voy a tener hijos. —dijo Sasuke.

Shikamaru suspiró.

— ¿Lo hablaste con ella? —Sasuke respondió con un sonido trivial. —¿Y ella quería tener uno? —el silencio fue la mejor de las respuestas.

—No puedes tener una familia de dos, idiota. —Añadió Naruto a la no grata plática. —Así no vas a restablecer tu clan como habías dicho en la Academia.

—¿No será que le tienes miedo a la paternidad? —interrumpió Shikamaru.

—¡Sí, eso! ¡Lo mismo iba a decir, de veras!

Sasuke contempló al líder del grupo con reticencia.

—No te estoy acusando de nada para que me mires de esa manera, Sasuke. Es un comentario y ya. A lo que quiero llegar es que tener un hijo puede ser aterrador. No saber cómo criarlo. Si hacerlo como lo hicieron tus padres, si hacerlo a tu manera... —Shikamaru suspiró y contempló momentáneamente las nubes con una sonrisa. —Temari no quería ser madre. —dijo con un tono nostálgico— Ella no fue una buena figura femenina para Gaara cuando era pequeño y se culpó de no haber sido lo suficientemente cariñosa cuando el Kazekage era apenas un bebé.

Naruto dejó de fastidiar a Chouji y se adelantó para escuchar a Shikamaru con atención.

—Ella, al igual que tú, le dijo a la persona que ama que no deseaba una familia con más de dos miembros y, en un comienzo, acepté. Pero a medida que veía el crecimiento de Mirai y como Kurenai-san conseguía criarla y educarla sola, me di cuenta que no quería que fuéramos solo ella y yo. Así que tomé valor para indicarle que todo iba a estar bien porque entre los dos podríamos conseguir educar a un niño o niña con principios iguales a los nuestro y fortalecer lazos que no vienen con entrenamiento. —Shikamaru rascó su nuca algo incómodo— Le dije que sé que soy flojo, pero también expresé que la ayudaría en todo el camino porque el fruto de nuestro afecto era compartido y...

Los sollozos de Naruto y Chouji cortaron el bello discurso.

Shikamaru ya maduró. —dijo tanto Chouji como el rubio al mismo tiempo. El aludido apartó la mirada abochornado y Sai sonrió.

Qué fastidio...

—Ino me ha pedido un hijo desde que nos casamos y no había pensado nada de lo que dijiste hasta ahora. Quiero decir. Los libros para padres aportan mucha información, pero en la práctica suele haber tantos imprevistos que aprendes en la marcha.

—Quien... ¿Quien te dijo eso? —preguntó un Naruto lleno de lágrimas y mocos.

—Madre. —contestó el pintor con una cálida sonrisa.

—¡Eh, la Aldea! —gritó el rubio con una aterradora sonrisa.

—Adelántate si quieres. —dijo el Nara— Nosotros daremos el reporte. Recoges la paga más tarde. Si Shion de verdad está embarazada, seguro que tiene mucho que decirte.

—¿A sí? ¿Cómo que? —preguntó de forma tosca pensando en algún galán oculto que Shion podría tener como reemplazo para días de misiones largas; como esa.

—Como adelantar la boda, tarado. —acotó Sasuke observando el portón rojo iluminado por el sol de medio día, la lluvia y un hermoso arcoíris.

—Ah, la boda. ¡Cierto, de veras! No es como si ella fuera a decirme que el embarazo es de alguien más. —Todos, excepto Sai, suspiraron al unísono mientras se alejaba a paso rápido rumbo al departamento de su prometida.

Sasuke volvió a contemplar las puertas Rojas de la Aldea. El arcoíris le trajo a la memoria los ojos de Hinata aquel día en donde platicaron sobre si el quería ser papá.

"Tendré un hijo cuando yo quiera."

Había olvidado el mensaje en código que los ancianos le entregaron a Hinata cuando él estaba en el hospital. Había olvidado aquellas palabras automáticas dichas por el calor de la rabia. Y mientras caminaba rumbo a la Aldea con el cabello mojado y la imagen de su esposa en la mente, se preguntó si acaso ella sería feliz en una familia de dos por el resto de sus vidas.

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Regresó a casa empapada. No se cambió porque decidió caminar de aquí para allá en la sala desde hace tantas horas que pronto haría una agujero en las tablas. Le sudaban las manos y en su cabeza había una marea de ideas sobre lo que había dicho el doctor. La mezcla de alegría y preocupación le estaba revolviendo el estómago. Las náuseas amenazaban con ensuciar la sala de su hogar y no quería hacerlo si no había tenido mayores síntomas que los famosos "antojos", así como los sutiles cambios hormonales propios de su estado.

"Cómo... ¿Cómo se lo diré?" Repetia en su cabeza sin parar.

Sus manos inquietas adquirían diversas posiciones mientras deambulaba por el bordillo de madera en el exterior de la casa, la brisa la rodeaba sin que ella se diera cuenta.

La lluvia de primavera cobró fuerza con aquel estridente trueno, pero ella hizo oídos sordos y permaneció de pie contemplando los charcos que se formaban en su jardín. Las palabras del médico llegaban a su cabeza como cortas frases. De todo lo que parafraseo el doctor cuando recibió la prueba de sangre con resultado positivo sólo se quedó en su cabeza el rango de fechas donde el fruto en su vientre pudo haber sido concebido.

"Tres meses..." Dijo para sí misma con las manos sobre el abdomen. Los cálculos aproximados situaban la fecha de concepción por la semana de Navidad... "Vaya regalo, eh" Indicó el doctor con una cariñosa sonrisa y aunque la ironía era palpable, no dejaba de estar aterrada con la posible reacción de Sasuke cuando se enterase, si ella misma cuando escuchó la explicación del médico le costó creer que llevara tanto tiempo de gestación sin haber notado. "Hay casos muy particulares en donde una embarazada puede seguir con su ciclo menstrual durante el primer trimestre con menor abundancia lo que no la alarma, pero no hay de qué preocuparse si este mes ya no llegó. "

La fuerte lluvia no lograba entrar en la atiborrada mente de Hinata, quien sólo era capaz de escuchar una tonta melodía en su interior.

El amor, el afecto, el cariño... Todo aquello le había otorgado un bebé. Y ese bebé era hijo de Sasuke, el hombre que era dueño de su alma. No encontraba palabras para describir o expresar la dicha de tener una vida creciendo dentro de ella... Y no tenía palabras para poder decirle a Sasuke sin utilizar cuatro letras creadoras de vida y caos: b-e-b-e.

¿Niña o niño? ¿Tendría ojos Hyuga o Uchiha? ¿Su cabellera oscura sería manejable y lacia o nacería con el rebelde cabello juvenil de su esposo en tono azul? ¿Ojos gentiles como los suyos o poseedor de la analítica mirada de Sasuke? ¿Un niño tímido e inteligente o una niña orgullosa y de carácter fuerte? ¿Cuál sería su primera palabra? ¿Qué compañeros tendría en la Academia? ...

Habían tantas posibilidades y aunque su cabeza se imaginaba mil y un formas de mezclar los genes Hyuga y Uchiha, la incertidumbre sobre la reacción de Sasuke no le permitía tomar asiento, cambiar de ropa o, siquiera, ir a la cocina por algo para almorzar.

Tan ensimismada estaba en la noticia que no escuchó la puerta principal, pero sí la voz de quien ingresó a casa.

—Regresé. —dijo Sasuke con un tono normal que era audible en toda la vivienda.

Pasaron unos minutos en los que ella solía gritar, de donde sea que estuviese, el "¡Bienvenido a casa, cariño!", pero al no escucharlo creyó que no estaba; lo que pareció extraño si las ventanas estaban abiertas.

Un golpe seco contra la madera lo alertó y saltó en modo ofensivo hacia el marco de la puerta de la sala para ver al intruso; sin embargo, al descubrir el cuerpo de Hinata en medio de la habitación recibió un golpe de aire que le quitó la respiración.

—Estás empapada. —dijo con impaciencia tomándola entre sus brazos.

Sa... Sasuke... —murmuró desmayada.

"Tiene fiebre"

Sin pensarlo dos veces la cubrió con la capa y desapareció en una nube de humo. Llegó al hospital en un pestañear. Con frío tono le atendió una larguirucha enfermera que no tardó en pedir una camilla, pero exigió saber porqué se encontraba en ese estado.

—Al entrar a casa escuché un golpe y luego la encontré inconsciente en el suelo. Empapada y con fiebre.

Un hombre de simpático bigote iba de salida y contempló a Hinata en la camilla con rumbo a una habitación, seguida de un joven alto y una enfermera.

—Informe de la paciente, Ibis.

—El caballero me indica que la encontró desmayada en la sala de su casa. Tiene fiebre y la ropa húmeda.

—Bien. —Sasuke dejó de prestarle atención al doctor y la enfermera y se situó junto a la camilla que esperaba el ascensor. —Quítale la ropa por completo y denle un baño de agua tibia. También suministren la dosis más baja de antitérmicos y envía a laboratorio una muestra de sangre para descartar cualquier enfermedad. Aunque estoy seguro que es un simple catarro provocado por defensas bajas. —el doctor dio media vuelta para retirarse de su turno.

—Ah, Ibis.

—Sí, doctor.

—Indícale a la doctora de turno que los niveles bajos de hematíes, hematocritos y hemoglobina son porque está embarazada.

Las puertas del elevador se abrieron y los enfermeros entraron con la camilla seguidos por la mujer larguirucha, pero los pies de Sasuke lo obligaron a quedarse en el mismo lugar.

—¿Va a entrar o no? —dijo la enfermera muy enojada.

Pero Sasuke continuó de pie fuera del ascensor incapaz de parpadear.

La mujer regañó entre dientes y cerró la puerta no sin antes decirle a la estatua que si conocía a los familiares de la joven hiciera el favor de contactarlos. Las puertas se cerraron y entonces parpadeo... Sólo entonces el sonido del sosegado hospital llegó a sus oídos... Y entonces, sólo entonces, un estrepitoso escalofrío recorrió su columna al recordar lo que dijo el doctor antes de marcharse.

"Ella está..."

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¡SANTOS INFIERNOS! ¡No creí que iba a demorar tanto tiempo! ...y tampoco creyeron que fuera a escribir sobre esto, ¿o sí? *carita feliz* *carita coqueta*

Vaya cariñitos que se dieron estos dos, eh. Y vaya regalito que les llegó. Jijijiji Si son buenos con los detalles, seguro se dieron cuenta desde el comienzo del cap que ella ya estaba embarazada. Di pistas muy sutiles y las fui intensificando a medida que pasaban los días. Me divertí mucho escribiendo las escenas que había dibujado para ustedes, también.

— ¿Qué escenas, Da-chan? ¡Qué escenas!

Pues... Para los que no sepan: la escena del disfraz, de San Valentín y del Día Blanco las dibujé hace un buen tiempo y las subí a la Fanpage. Vayan a curiosear si gustan (link en la bio -cofspamcof-).

No pensaba hablar del embarazo en este cap, pero mientras veía imágenes me inspiré y llegó este final del desmayo, así que lo modifique y decidí poner las cartas sobre la mesa. ¡JODER! ¡Que ya es hora!

Lo que dijo el doctor sobre embarazos con regla regular es cierto. Lo investigué en los inicios de escritura de este fic para usarlo con ella (o sea, hace años!). En mi mente yo tenía planeado que una ardiente Navidad llegaría el premio gordo. Jakjajkkajakkjaja!

Cuéntenme en qué momento pegaron el grito al cielo: si fue cuando ella se dio cuenta mientras entrenaba o cuando el doctor soltó el balde de agua fría en la espalda de Sasuke... O si gritaron en otro momento... O díganme en qué parte gritaron y ya.

AHORA PASAMOS DE PRESENTE A PASA'O...

Hace unos dias, mientras buscaba palabras adecuadas para escribir, leí un cap del fic (lo hago al azar para buscar inspiración) y justo fue donde visitaban al hijo del Daimyo y Sasuke se tomaba el suero de la verdad que iba dirigido a Hinata. De la nada me imaginé qué hubiera pasado si ella de verdad se lo hubiera ingerido y quise compartirlo con ustedes porque creo que me quedó divertido.

Disfrútenlo!


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"...llegaron las bebidas y sin que Hinata se diera cuenta recibió una copa igual a las demás, pero con algo diferente dentro que incluso los desconfiados sentidos de Sasuke no lograron prever.

—Delicioso. ¿No lo cree, Hinata-dono? —comentó el hijo del Daimyo con una confiada sonrisa que para Sasuke fue una mordida venenosa.

—Sí... creo. —ella llevó ambas manos a la copa y la regresó a la mesa con una mueca— A... A decir verdad, no. No me gustó. Su sabor es rancio. Te había dicho que no me gustaban estas bebidas sofisticadas, Kinkaichi.

La sonrisa en el futuro daimyo fue tan grande como la rabia en los ojos de Sasuke al darse cuenta que había sido drogada. Sasuke la tomó de la muñeca y se puso de pie.

—Nos retiramos. —ella lo contempló con preocupación.

— ¿Te sientes bien? ¿Te hizo daño la comida? —Kinkaichi soltó una molesta risilla que incordió más al Uchiha.

—Querida Hinata, si Sasuke-san desea retirarse no tengo inconveniente en que así lo realice. Nosotros podemos continuar platicando y ponernos al día con las reuniones perdidas.

Sasuke chasqueó la lengua con intensidad y de mala gana volvió a tomar asiento.

— ¿Sasuke-kun? —dijo ella sin prestarle atención al Daimyo— Si no te sientes a gusto, sólo dímelo. Te invité y es mi obligación procurar por tu bienestar. —las palabras cambiaron la sonrisa de Kinkaichi y la balanza del orgullo se puso del lado de Sasuke, quien no tardó en mirar al tarado estirado con media sonrisa.

—Uno de mis médicos personales puede atender a Uchiha-san si así se siente más segura de su...

—No, muchas gracias. —interrumpió con la mano en alto— Sasuke-kun no conoce a nadie en este lugar aparte de mí. Sería una completa grosería de mi parte abandonar a mi esposo en la alcoba a manos de extraños sólo para continuar una plática de amigos. —La última palabra salió como una lanza y atravesó a Kinkaichi tan fuerte que la mueca en su rostro casi le causa gracia a Sasuke. —Con todo respeto, Kinkaichi, me excuso para...

—No veo que Uchiha-san se sienta mal. —interrumpió para que ella no se fuera con Sasuke.

Hinata contempló a Sasuke de inmediato. —No tienes que hacerte el fuerte conmigo, Sasuke-kun. Si te sientes indispuesto podemos ir a la habitación.

Los ojos de Sasuke viajaron de la pálida cara del hijo del daimyo a la de Hinata un par de veces. Terminó por bajar la cabeza y toser levemente, dejó la servilleta sobre la mesa y se puso de pie. Ella lo tomó de la mano con fuerza y lo arrastró hacia las escaleras. —Disculpa, Kinkaichi. Gracias. Nos vemos mañana. —Sasuke no apartó su mirada ganadora del sujeto hasta que se perdieron en el segundo piso.

Llegaron a la habitación y ella lo soltó junto con un suspiro que Sasuke no dejó pasar inadvertido.

—Gracias, Sasuke-kun. —él la miró confundido— Gracias por fingir que te sentías mal. —ella se dejó caer sobre la cama con los brazos extendidos— No quería estar con él más tiempo. Kinkaichi es un buen chico, pero suele hacer preguntas raras cuando nos quedamos a solas. No quiero escuchar que le gusto de nuevo. ¡Es incómodo!

Sasuke abrió los ojos de par en par y tomó asiento en la cama para observarla. Lo que sea que le habían puesto en el jugo, había dado rienda suelta a sus pensamientos.

—Eso te pasa por no ser más directa.

— ¡Lo fui! Como me indicaste en la tarde. —ella realizó una trompetilla con la boca que le pareció extrañamente adorable— Pero él no acepta un no por respuesta. —Hinata tomó asiento como una palanca y agarró las manos de Sasuke sin que él se diera cuenta. —Me gustaría que tú le digas algo la próxima vez. No sé. Dile que si me dice algo que me incomode le pegas o algo así, como con Naruto. Está bien si no quieres aceptar, yo sé que no somos ni amigos, pero no tengo a quien más pedírselo.

La mirada tras esos lentes le quitó la respiración por un segundo y sin darse cuenta afirmó con delicadeza.

Ella sonrió como nunca antes lo había echo y rodeó su cuello con ambos brazos de manera inesperada.

— ¡Muchísimas gracias!

Sasuke movió los dedos de las manos como un robot y con el calor de su cuerpo retribuyó ese gesto. Contempló aquella larga cabellera y cerró los ojos para aspirar el aroma de flores que ella siempre solía desprender. Quería permanecer así con ella toda la noche se era posible.

Un escalofrío pasó por la espalda de Hinata y cuando logró recuperar la autonomía de su cuerpo se tensó. Era la primera vez que abrazaba a Sasuke y él no tenía intenciones de alejarse. Una extraña calidez y náuseas la invadieron. ¿Qué fue todo aquello que dijo? ¿Por qué Sasuke era la única persona a la que le había pedido eso? Cierto que su cuerpo sufrió una ligera intoxicación, pero eso no daba motivos a querer abrazarlo. Porque el abrazo había nacido por sus propios pensamientos dejados libres por la droga. Ella quería saber si los abrazos de Sasuke eran igual de cálidos cuando los daba por alegría que por compasión.

Sa... Sa... —tartamudeó confundida.

Él se apartó y ambos se contemplaron a los ojos por varios minutos.

— Hinata-sama, —interrumpió una voz vieja, femenina y cariñosa tras la puerta del dormitorio— Lord Kinkaichi-dono le desea unas hermosas buenas noches. —El sobresalto la levantó de la cama con el rostro rojo y se encerró en el baño confundida por todo lo que había pasado mientras Sasuke seguía perdido en la calidez de su cuerpo que le brindó aquel abrazo inesperado.

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¿Loco no? Si por allí, leyendo, se me ocurre otro "qué tal sí" se los haré saber. Me gustó pensarlo y escribirlo. ¡Nos leemos, guapos y guapas!


BESOS Y ABRAZOS NOSTÁLGICOS