No tardaron en llegar a la casa del hombre, no era tan grande, no había muchas quejas, este le dio el recorrido para llevarlo a su habitación donde se quedaría mientras estuviese en Mare de visita y dejándolo para que se instalará.

La puerta se cerró, el azabache vio la habitación y al acercarse a la cama se sentó, le dolía un poco el cuerpo, el viaje lo agotó más de lo que podría haber aguantado, en su estado no era muy recomendable hacer tanto sobre esfuerzo y esperaba encontrar al mocoso que tenía como pareja; esperaba encontrarlo antes de que se dieran cuenta de su condición.

Por lo que sabía de algunos merdianos, nadie de ellos conocía a los donceles y ni el titán acorazado sabía de ese tema tan delicado, suponiendo que ahora era bueno que no lo supiesen y por primera vez se sentía feliz de que desconocieran a los donceles aunque sea por ahora su existencia secreta. Se acostó de lado para llevar sus manos a su vientre, su hijo, su pequeño, aquel que crecía dentro suyo estaría a salvó como su hermano sin importar lo que pasará, el se encargaría de ponerlo a salvo y de evitar que le hicieran daño así como hasta ahora había protegido a su amado hijo.

No sabía como reaccionaria el castaño al saber la noticia de su condición y si el aceptaría ser papá en esta situación.

Apenas si había podido escapar de la absurda proposición que le hicieron de embarazar a la reina, solo para asegurar la descendencia sanguínea real, y agradecía que esa mocosa no estuviese de acuerdo como tuviese a su pareja apoyándola en todo.

Pensando en que haría se levantó de la cama para inspeccionar un poco el lugar, estaba ordenado y no había ni una partícula de polvo, sintiéndose aliviado de no dormir en un lugar sucio que le recordase como era su vida en ese agujero y fue al cuarto de baño que tenía, también hizo lo mismo quedando un poco satisfecho.

Tocaron la puerta, entrando el señor con ropas para dejarlas en la cama como unas sábanas.

-Será mejor que descanses por este día—usando un tono serio como inexpresivo por ahora.—Mañana hablaremos como se debe. Te traeré algo de cenar en un rato más.

-Gracias—con su típico modo de hablar.

El hombre salió, cerrando la puerta detrás de él para dejarlo y acercarse a pasos a la cama tomando las sábanas mismas que coloco como se debía y la ropa dejándola aparte para ir y darse una buena ducha que necesitaba al sentirse un poco sucio por todo el maldito viaje y le sentó tan bien sentir el agua caer por su cuerpo.

Pensó por un segundo en la reacción de todos si descubrían que se había ido, de seguro se pondría como loca su prima, tanto porque ni el ni el castaño estaban y estaría muy pendiente de su pequeño niño más si le decía de su estado; su prima, la hija de su tío, lo reñiría si lo viese de nuevo.

Aunque no lo crean mucho, se había hecho cercano a ella y siendo odiado por el esposo de ella, en cambio los niños parecían estar más fascinados por tenerlo de tío y que este les enseñará a no dejarse por los demás.

Aunque ahora que recordaba y si hacía memoria, cuando fue a visitar a su prima, lo acompaño el castaño después de estar casi separados por unos tres meses por estar ocupado con su entrenamiento y haciendo quién sabe bajo la supervisión de la loca y a la vez ese día fue donde ambos se reunieron pero él iba a visitar como de costumbre a su prima, ahora que se había mudado cerca de Shingashina.

No fue una visita grata porque estaba el marido y esa hostilidad lo notaron mucho y ahora que lo piensa, su estado de embarazo era de dieciséis semanas como máximo y para ser exactos ese era el tiempo en que estuvo con el castaño.

Flash back.

Camino con un castaño a su lado que mantenía un semblante serio últimamente con una única excepción a el le mostraba más sus sentimientos y le daba una sonrisa que solo podía ver el azabache, y en esos momentos volvían de casa de su prima.

-Eren—se detuvo un momento.

Se detuvo para voltear a verlo y acercarse al azabache al cual abrazo tiernamente.

-Lo siento—siendo honesto y sincero con el por su tono de hablar.—Debí ser más amable pero no puedo serlo con quién se comporta tan grosero contigo.

-No es eso—ocultándose un poco.—¡Extraño que duermas conmigo más seguido!. Sé que es egoísta de mi parte pedirte que abandones tu puesto por volver conmigo todo el tiempo.

-Levi—en su interior esas palabras fueron más profundas y solo miro donde pasaba una chica que no confiaba mucho en ella que lo vio.

-Lo siento—separándose para mantener su vista baja.—Uri quiere verte también y yo quiero pasar más tiempo contigo.

Solo suspiro un poco el castaño para sonreír al ver su expresión tan adorable y alzando su mentón para que lo viera a los ojos y acercándose más para darle un beso al acortar esa dista vía que el mismo se puso. Pegando lo a su cuerpo al tomarlo de la cintura como parándose de puntitas y rodearlo con sus brazos como maldiciendo que fuese más alto, sin quejarse tanto al permitirle más acceso y tornarse el beso más intenso.

Separándose con un hilito de baba y el azabache con las mejillas sonrosadas como avergonzado.

-No sé, si esto es una invitación—sonriéndole.

-¿Invitación?—alzando s vista y esa sonrisa que le daba no era buena más su aura al brillar tanto para darse cuenta.—Mocoso pervertido.

-Jajaja—se empezó a reír un poco pero sintió el golpe que le dio.—Auch. ¡Ya entendí!.

-Idiota—molesto con el.

Así se fueron los dos para pasar por una de las calles que estaba un poco concurrida por ellos que hablaban amigablemente con algunos erdianos que hicieron el saludo al verlo, este solo paso y el castaño los miro un poco serio.

-Jaeger—como si no le importara y más al ver que se les quedaba viendo.

Avanzo detrás de el, empezando a rumorear sobre que era el perrito faldero del azabache.

Unas horas después.

Llegaron a la casa donde estaba quedándose el azabache dentro del distrito antes de partir para ver a su pequeño, aunque todo transcurrió normal, el castaño fue a verlo tan tarde y una vez que entro se lanzó a devorar los labios tan apetitosos de su amado capitán, y este no pudo reaccionar a tiempo que terminó contra la pared sin oportunidad de defenderse y dejándose llevar.

Quitándose su abrigo sin dejar de besarse, para hacerlo más profundo y con más deseo.

-No puedo seguir así—cortando e beso.—Necesito hacerte mío.

-Solo tómame—suplicándoselo con la mirada.

Para besarlo nuevamente y cargarlo a la habitación de arriba, donde las ropas empezaron a desaparecer, quedando en el piso y llegando a la cama para posicionarse arriba del castaño el cual no perdía ni un solo detalle de su amado y la oscuridad de la habitación ayudaba un poco.

-Si te dejo continuar como sé que no me dejaras nunca—mientras se quitaba la camisa lentamente.

-De verdad Levi—cambiando de posición y quedando debajo de el su amado novio.—¿Crees que podría dejarte cuando eres el único al que amo?.

-No serías capaz de hacerlo—para mirar sus ojos que brillaban apresar de todo en esa oscuridad.—Me perteneces Eren. Y yo te pertenezco.

Para atraerlo a el, separando sus piernas.

-Levi debo...-interrumpido.

-No es necesario—llevando la mano de el a su entrada lubricada y mojada—Recuerdas que soy un doncel. Y yo antes de que llegarás...como te extraño mucho...a veces...

-Entiendo—para besar sus labios retornado su mano y recostando lo nuevamente.

Alineó su miembro en su entrada, sintiéndolo para darse cuenta que era más grande, olvidándose de que su mocoso ya no era tan mocoso para sentirlo entrar de golpe gimiendo en su boca, como una cuantas lágrimas se resbalaban por sus mejillas al sentirlo en ese lugar que lo hacía delirar.

Las embestidas no se hicieron esperar, entraba y salía tocando siempre ese punto y escuchar los gemidos que emitía su capitán lo prendían demasiado para acelerar las embestidas, no podía evitarlo y menso al extrañar esa sensación de estar dentro de el.

Cuánto tiempo había pasado para ambos.

No quería que se detuviera, lo incitaba a que siguiera, sintiendo como se contraían sus paredes cada vez que entraba de esa manera que lo volvía loco y al decir su nombre cada vez que tocaba su punto mientras arañaba su espalda sin pudor alguno.

Sin aviso ambos terminaron corriéndose al mismo tiempo, llenando su interior y manchados como sudados.

Recostándose aún lado al salir con intentando recuperar el aliento.

Olvidándose de un pequeño detalle.

Fin del flash back.

A la mañana siguiente.

Durmió bien, descanso lo que tenía que descansar y al reincorporarse olvidó que no había cenado nada, por eso se levantó para hacer la cama y colocándose los zapatos, salió de la habitación y bajando las escaleras vio llegar al señor con cosas y lo iba a ayudar pero este no lo dejo.

-No es necesario—ignorando su protesta.—Aparte no sería sano que lo hicieras y menos en tu estado.

-¿En mi estado?—haciéndose el que no sabía.

-No te hagas jovencito—sacando unos panes que coloco en una plato para ir a poner agua.

El azabache se quedó parado confundido y muy desconfiado, el señor regreso para hacer que se sentará y una vez solo aclaro su garganta.

-Sé que no eres de Erdia ni eres de otro lado—siendo mas claro.—Vienes de Paradise. ¿Cómo lo sé?. Te diré que hace años que deje esa isla con mi hijo.

-Si es así—siendo serio—¿Como supo que era de Paradise?.

-Porque conocí a una niña muy parecida a ti—recordándola bien.—Su nombre era Kushel. Solo era una pequeña niña que me odiaba a muerte por estar con su papá.

-No entiendo—no lo entendía y era más obvio al no ocultar su desconcierto.

No había más opciones, así que debía decirle la verdad.

-Yo también soy un doncel—confesándolo.—Se reconocer cuando alguien como nosotros está esperando un hijo. Nuestros rostros se vuelven más afeminados y nuestra complexión parece más el de una chica en los primeros meses.

Nuestros ojos son más expresivos y la piel se vuelve un poco más brillosa de la habitual.

-Maldición—lo había olvidado.

-Te pareces a Kushel—bajando la mirada.—Deje a tu abuelo por una razón. El no le importaba yo en absoluto, no podía olvidar a tu abuela y fue lo mejor.

Conocí después a un tipo que solo me quería usar como si de una prostituta se tratara. Me dejó embarazado, no se quiso hacer responsable y menos cargo de sus acciones, y para eliminarme de su camino, terminó acusándome de cometer un delito y eso casi me envía a prisión de no ser porque alguien en Trost me ayudo a escapar.

-Sacándote de los muros porque sabía la verdad—era mas obvio.

-Dijo que era más seguro y eso que evite a los Titanes que estaban por esa zona—era una ironía y lo sabía.—Para mi suerte al llegar aquí después de escabullirme en uno de eso barcos sin que me vieran, fue mas fácil disimular ser un extranjero.

Logré ocultarme cuando mi estado avanzo y al dar a luz, me asegure de que mi pequeño no fuese un doncel, para mi suerte no lo fue y he ocultado esto por años.

-Hasta que llegue yo—cruzándose de brazos.

-Todos saben lo que pasó hace ocho años al enviar a esos niños a la isla—suspiro.—Fallaron en su misión al querer recuperar el titán fundador que esta en manos de alguien que no es de sangre real.

Sabia bien que no muchos aceptaban que su mocoso tuviese ese poder, querían que alguien más lo heredase y la verdad en su parecer también quería lo mismo para que no sufriera tanto.

-Es el padre de mi hijo quién tiene el poder fundador—llevando su mano a su vientre.—Si el poder fundador hubiese seguido en poder de la familia real ahora mismo estuviésemos muertos. Usted se fue para protegerse y a su hijo, eso lo comprendo.

-Mi hijo sabe que es un erdiano como sabe que huir de esa isla—bajando la mirada.—Odia serlo y por eso se fue de aquí. Yo tampoco quisiera serlo, pero, no puedo cambiar eso, solo me queda vivir lo que me quede de vida sin tener que revelar mi naturaleza.

-No lo culpo—sonriendo.—Solo que debe recordar que soy un Ackerman y se que conlleva serlo.

-Has tomado tú decisión al querer estar con ese chico y también el camino que has escogido—no había remedio.—Estas aquí por una razón.

-¡Mi razón es encontrar al padre de este mocoso que llevo en mi interior!—viéndolo.—Una guerra se viene y eso será inevitable. Muchos morirán y solo hay un bando a ganar.

-Lo se—era inevitable.—Puedes quedarte el tiempo que quieras, solo ten cuidado. Los soldados merdianos no son muy tolerantes y cualquier insulto o agresión que sientan, no lo perdonan.

-Lo tendré en mente—algo que debía recordar.

Sonó la tetera al estar el agua lista para ir el señor, mientras un azabache pensaba en como conseguir información para empezar la búsqueda de su mocoso.

Aquí acaba el capitulo del día de hoy, espero que les guste, perdonen mi intento de Lemon pero hice la mejor que se pudo y besitos :3:3:3:3:3:3:3:3:3