Cinco minutos…
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-Si, es bastante obvio que no la toco. – comento con tranquilidad la maestra. – ni ahora ni antes de la clase. – ese comentario hizo reír a varios de los presentes, cosa que no le agrado en lo absoluto a Ramón. –Sigamos con el ejercicio… -
Nadie hablo respecto a lo sucedido, la clase siguió normal, con preguntas ocasionales y las respuestas por parte de la profesora. Al terminar esta, Ramón tomo sus cosas dispuesto a salir por la puerta junto con Poppy.
-Esperen, aún falta algo. – Les hablo la maestra de nombre Gia. – La convivencia del grupo. -
-¿Forma parte de la clase? – Pregunto cortante Ramón.
Al ver su actitud tan despectiva, Gia con voz neutral, pero firme le contesto.
-Para ustedes dos, si, es parte de la clase, vaya cada quien a sus respectivos lugares. –
Se dio la vuelta y Poppy la siguió.
-Poppy – La llamo Ramón sujetándola de la muñeca. – No tenemos por qué quedarnos, además, convivir con otros podría hacer que nos descubrieran. –
-Pero ella dijo… -
-No es una obligación. –
-Los estamos esperando. – los llamo Gia.
-Bien. – le susurro. – Solo no hables y no le cuentes nada a nadie. –
-Como sea… - dijo Poppy sin ganas, ella también deseaba irse pronto luego de la gran vergüenza que paso.
La convivencia del grupo en realidad se dividía en dos, los orgullosos padres estaban separadas de las futuras madres por un grueso vidrio que fungía como pared entre dos cuartos. La maestra entro primero con los varones, que tomaron asiento en pelotas, sillitas, mecedoras o en el piso, por su parte, Ramón permaneció de pie, dispuesto a salir corriendo en cualquier oportunidad.
-Alumnos míos, hoy hablaremos de la importancia del sexo durante el embarazo. – dijo mirando al hombre de cabellos violetas.
-¿Qué? – Ramón no entendía a qué iba eso, pero lo capto mejor al escuchar las risas de sus compañeros.
-La mujer durante el embarazo es un mar de hormonas… - comenzó a hablar.
Por su parte, Poppy en el salón de mujeres estaba con un perfil tímido y cabizbajo.
-¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? – le pregunto una regordeta mujer que tenía extensiones de arcoíris en el cabello. - ¿Te sientes mal por lo que paso? –
Poppy sollozo un poco.
-Él se molestó, no le gustan las personas que hacen ese tipo de ruido, y menos en público. –
-Ah, pues dile que fue culpa de las hormonas, yo eso le digo a mi Glissi y me deja en paz, también hace todo lo que yo le digo, por cierto, me llamo Britget. – se presentó extendiéndole su mano.
-Y yo Poppy. – la estrecho mientras que con la otra se limpiaba una lagrima.
Ese encuentro fraternal con aire de paz y amistad no se comparaba con la pequeña guerra que tenía la maestra con Ramón.
-A ver si me entiendes, trata de vaciar esa cabeza tuya de todos los conocimientos previos que tienes, te lo simplifico, si no tienes sexo, ella se estresa, si se estresa, el bebé sufre, no le llegan buenos nutrientes y en vez de flotar en un líquido de amor y armonía está nadando en estrés, frustración y falta de afecto. –
-¡Ella está bien! Nosotros estamos bien, no necesitamos estar haciéndolo como conejos. –
-Entiende que las necesidades de una mujer cambian en el embarazo, eres de los pocos afortunados que tienen a su esposa dispuesta para el acto, en la mayoría de los casos las mujeres pierden la libido. -
-¿Se supone que me sienta afortunado por eso? –
-Veamos, desde el inicio. – retomo inhalando profundamente. – debes de… oxigenar al bebé, el acto sexual ayudara a tu esposa a relajarse, eso hace que tú bebé tenga más y mejor asimilados los nutrientes, si no lo haces por ella, hazlo por tú bebé, ahora… iré a ver cómo están las damas, con permiso, platiquen entre ustedes. –
Ramón no podía creerlo, la primera clase y ya lo habían regañado.
-Pero toda la culpa la tiene esa hija de perra… - susurraba mientras caminaba de un lado a otro de la habitación.
-¿Seguro que es tú esposa? – pregunto un hombre regordete de cabello verde.
-¡Claro que lo es! – le grito. - ¿Por qué lo dudas? –
-No creo que un esposo que ama a su esposa la llama "hija de perra" –
Ramón paro en seco, cierto, su actuar los estaba dejando al descubierto, recobro su compostura y hablo con calma.
-Lo lamento, hoy no fue un buen día, mi esposa y yo… -
-¿Discutieron? – le contesto otro joven.
-Yo igual, se ponen brava con el embarazo. – dijo un tercero.
-Sí, son terribles, están de un humor y luego cambian, pueden sonreír y llorar al mismo tiempo, por cierto, soy Glistle. –le dijo extendiendo su mano.
-Ramón. – se presentó, recibiendo el saludo.
-Mucho gusto, Ramón, sabes, creo que este será el inicio de una buena amistad. –
-Aja… claro. –
Ramón volteo al lado de las mujeres y vio algo que lo volvió a sacar de quicio, se pegó al cristal, de manera expresiva dijo "¡NI SE TE OCURRA!" Poppy tenía una bolsa llena de chetos, queso derretido, nutella, chocolates con cacahuates y chile.
-Creo que tú esposo no quiere que lo comas. – le comento una al verlo, aunque claro, a esas alturas Poppy ya lo había visto y recibido el mensaje.
-No es justo que te prive de tantas cosas, hazlo Poppy, cómelo. – la apoyo Britget. – Todas te dimos algo de nuestras reservas de antojos. -
-Si, cómelo. – Apoyo otra.
-Cómelo, cómelo, cómelo. – Pedían todas.
Poppy no las hizo esperar, tomo un pedazo de todo aquel revoltijo, mientras veía a los ojos a Ramón, quien seguía diciendo con los labios "Ni se te ocurra" y con todo el placer de la venganza, se lo comió. El grito de Ramón se escuchó en todo el edificio. Ahora tenía que recalcular todas sus comidas.
-¿Qué está pasando aquí? – cuestiono Gia al entrar y escuchar el grito desgarrador del hombre en la otra habitación.
-Poppy está comiendo comida chatarra, su esposo se lo tenía prohibido. – Comento contenta Bridget, mientras que las demás la apoyaban con sus sonrisas.
-¿Y por qué te prohibiría eso? – La maestra tenía una sospecha de porque Ramón era tan severo.
Poppy se pasó el trago al nerviosa, tuve que crear una mentira que fuera consistente.
-Déjame ver si entendí. – dijo Gia recapitulando. – Tú esposo se fue de viaje de negocios casi dos meses, en eso te diste cuenta del embarazo y en vez de ir al médico y llevar una buena dieta, decidiste esperar a que él llegara. –
-Así paso. – aseguro Poppy. – Y pues… al hacerme los exámenes, no salí bien, no pensé que mi forma de comer afectara tanto, yo pensé que si estaba nutrida, por eso Ramón… mi esposo, me puso a dieta, él prepara mis comidas y cuenta cada caloría, los nutrientes, proteínas, por eso ya no me dejo comer nada de esto. – sabía que no debía comerlo, pero realmente lo necesitaba.
-Ya veo, por eso esta tan enojado, como para no dormir contigo. –
Poppy paso saliva.
-Damas, el tema de hoy para ustedes, problemas de comunicación en el matrimonio. –
Del lado de los hombres, Ramón no la estaba pasando mejor, trataba de calcular las próximas comidas, pero era constantemente interrumpido por sus compañeros.
-Tienes suerte de que tu mujer tenga ganas, la mía en ocasiones ni soporta verme en el mismo cuarto, dice que le molesta como respiro, que hago un ruido cuando lo hago. –
-Vaya, no estoy tan mal, la mía tiene una almohada en G, esa cosa nos separa cuando dormimos, extraño dormir pegado a ella. – lamento otro.
Ramón tenía que comenzar de nueva cada que alguien de ellos se quejaba.
-Solo complácela, para eso estamos, ellas son las únicas que dan todo en este momento, además, donde entra tú "amiguito" no es el mismo lugar donde el bebé está, porque hay una cosa como roca que los separa. – comento contento Glistle.
Ramón lo miro con algo de desprecio y tratando de no sonar tan severo le contesto.
-La cosa donde entra el "pene" es la vagina, el bebé está en su útero y la roca que dices que los separa es el cérvix, se perfectamente donde esta cada cosa. –
-Ah, ¿Y porque si lo sabes no tienen sexo? ¿Estás enojada con ella? – pregunto Glistle.
-¿O es que no puedes? Yo tuve disfunción eréctil por el estrés de todo esto del embarazo. – comento otro.
-Yo no tengo una maldita disfunción… ¿qué es esa cosa? – Ramón miraba que la maestra se acercaba a Poppy con un oso de tela rosado.
-Bueno, es cuando a tu equipo le falta potencia, tú sabes, el barco no levanta la vela, nada levanta el ánimo de "tú amiguito" – Siguió hablando el hombre de cabellos negros.
-No, eso no, ¿Qué le está dando la maestra a mi esposa? – pregunto sin poder dejar de ver la escena de aquella joven de cabellos rosados abrazando el peluche.
-Ah, eso, es un oso de peluche. – dijo Glistle.
-Obviamente. – contesto Ramón. - ¿Por qué se lo da? –
-No es cualquier peluche, tiene un tamaño y peso igual a un bebé de 9 meses, oye, felicidades, tendrás una niña. –
-¿Cómo lo sabes? – le cuestiono sorprendido.
-El color del oso, cuando pagamos las clases nos preguntaron qué seria, va a penas a tener el primer trimestre, pero hicimos un examen de ADN, es un varón, nos dieron un oso azul, es algo sexista, pero ya ves. –
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Ramón iba muy pensativo en el auto, Poppy sabía que quería regañarla, se había tragado aquella chuchería antes de salir de la clase, segura de que sería la última que comería en mucho tiempo, abrazaba al oso de tela, como si este la fuera a salvar de cualquier agresión de su parte. Ansiosa por que todo eso terminara, ella fue la que hablo.
-Sí, lo hice, tenía antojo y tú no me complaces ninguno, no sabes que se siente tener tantas ganas de… y que tú solo… y ni siquiera te esfuerzas por entender todo lo que estoy pasando. – hablo molesta.
-Siempre te sales con la tuya, princesita descerebrada, jugaste bien tus cartas, hacerte la victima enfrente de todos para hacerme quedar mal. –
-No necesitas mi ayuda para eso, con solo ver tú cara de pocos amigos basta para que cualquiera lo crea. –
-No vas a comer más porquerías y te sugiero que tires ese maldito oso o lo hago yo. –
Poppy lo abrazo con fuerza.
-No es tuyo, me lo dieron a mí. –
-¿Como recompensa por ser una maldita perra? –
-No, se los dan a todos en la clase para que se acostumbren al peso de un bebé. –
-Se lo dan a los padres que tienen cara de discapacitados mentales para que se acostumbren a que tendrán que cuidar algo, no lo necesitamos, tiralo. –
-¡Es mi nena! –
-¿Quién dice? –
-Yo lo digo, la representación de mi niña, como dijo la maestra. –
-Oh, maravilloso, vamos a tener una niña. – dijo sarcástico. - ¿Según quién? –
-Pues los estudios que estaban en tú… - Poppy cerro la boca, ella sola se había echado de cabeza.
Ramón disminuyo la marcha, se orilló y busco un lugar donde estacionarse, algo que fuera privado, pero nada peligroso que pudiera causar un accidente. Asegurado el entorno de privacidad, se giró hacia ella y le pregunto.
-¿Qué más leíste de mi escritorio? –
-La leí, ¿Feliz? – hablo con firmeza.
-¿Qué leíste exactamente? –
-¿De verdad hablas enserio? ¿Abogados? ¿Custodia? – se quejó.
-¿Leíste mi agenda? – la cuestiono aún más molesto.
-¿Y que si la leí? Estoy tratando de ser sincera contigo, no me importa que no me creas, te amo y quiero algo serio contigo, comprendo que no me creas y lamento todo lo que paso entre nosotros, pero… vamos, no creo que seas tan idiota para comenzar una batalla legal por custodia contra la hija de un alcalde, los mejores abogados estarían de mi lado y mi padre se encargaría de hacerte puré en la corte. –
-¿Me estas amenazando? Porque créeme, tengo muchos puntos a favor para ganar un juicio así y te aseguro que tú y tú padre lamentaran el día que... -
-No, no, espera, nos estamos desviando. – Poppy trato de calmarse y recordar lo que la maestra les acababa de decir. – lamento haber leído tú agenda, no era mi intención hacerlo, es solo que la ventana estaba abierta y los papeles se regaron, por eso leí los estudios, ¿Cuándo pensabas decirme que tendríamos una niña? –
-¿Por qué tendría que decírtelo? – pregunto molesto.
-Ramón… - Poppy suspiro cansada de todo eso, ¿Qué más podía hacer para que él se relajara un poco, para que le diera una oportunidad? – Te guste o no seré la madre de tú hija y por el bien de todos es mejor que todo entre nosotros este bien, como dice Nube, no importa si terminamos siendo algo o solo amigos o solo buenos conocidos, nuestra relación tiene que ser buena, si no es para nuestro bien, al menos hagamos esto por nuestra hija. –
Se supone que aquellas palabras eran sinceras y puras, dichas con el solo fin de mejorar su relación, pero que se mostrara madura, solo molestaba más a Ramón, ¿Desde cuándo comenzó a pensar con lógica? Porque poniendo las cosas más objetivas, tener una buena relación y llegar a un acuerdo fuera de la corte, sería algo más económico, sencillo y rápido, tenía razón, otra cosa que lo ponían aún más iracundo, ella iba a ser la madre de su hija, y si quería que todo saliera bien, necesitaba que Poppy estuviera lo más cómoda y satisfecha posible.
-Siete minutos en el paraíso. – hablo tensando la mandíbula, mirando el retrovisor y sujetando con fuerza el volante.
-¿Qué? – Poppy estaba muy confundida, ¿Qué tenía que ver con el tema un bobo juego sexual?
-¿Entonces quiere seis? – Cuestiono molesto y con tono de burla.
-¿Qué tiene que ver ese juego con esto? –
-Bien, serán entonces cinco, ¿O prefieres cuatro? –
-Cinco está bien. – exclamo Poppy, por su cabeza solo se pasaba la idea de que le daría cinco minutos para encontrar y comer cualquier chuchería, le parecía tan poco. – ¡Dame los cincos! – le pidió, aunque pensaba que con tan poco tiempo para comer algo, seguro se atragantaría.
-Excelente, serán cinco. – Ramón se pasó a los asientos de la parte de atrás de un brinco. - ¿Qué estas esperando? –
Un tanto confundida, Poppy lo imito, estando ambos cara a cara en los asientos traseros.
-Como no son los siete, estos cinco tienen reglas diferentes. –
-Esta… ¿bien? – ella seguía sin entender.
-Tendrás tres "cinco minutos" al día, solo eso, no pidas más, tú sabrás cuando los pides, pero no puedes usarlo consecutivos. – Poppy lucia aún más confundida, por lo que le pregunto. - ¿Estas entendiendo lo que te digo? –
-Sí, claro. – contesto sin poder ocultar su falta de comprensión.
-Como sea, también tiene límites, tus manos solo pueden tocarme de los hombros para arriba y cuando se acabe el tiempo, se terminó, ¿entiendes? –
Poppy abrió en par los ojos, al fin había entendido a que se refería.
