Capítulo 53: Cortes, Quemas, Deforestación


N/T: Por si no quedó claro por el capítulo anterior, todo está sucediendo simultáneamente.


Hi no Kuni

- Inoichi está en problemas - dijo Gaara. - ¿Por qué no lo estamos ayudando?

- El resto de mi equipo está ahí - dijo el ANBU que lo estaba llevando. - La misión era llevarte a Konoha y yo soy el más rápido, además de ser el peleador más débil.

Gaara contuvo las lágrimas. Si cualquiera de ellos salía herido, sería culpa suya. Lo estaban haciendo para protegerlo. Inoichi estaba en peligro por él. Verse con su vida amenazada no era nada nuevo, ya había alejado a demasiados intentos de asesinato en su niñez. Pero la idea de tener a alguien que lo defendiera cuando su vida estaba bajo amenaza era nueva para él. Por lo que él sabía, él siempre había estado solo con su arena.

"Baki no hubiera hecho eso por mí," pensó amargamente. "Me entregó. Inoichi les podría haber dicho que me tomaran y dejarme solo, pero no lo hizo. ¿Por qué tiene Inoichi que ser el que sale herido, cuando él es el que ha sido bueno conmigo?"

- ¿Va Inoichi a estar bien? - Desde que el demonio en su cabeza dejó de hablar, Inoichi era uno de sus pocos amigos, una de las pocas personas que le seguiría hablando y tratándolo como algo aparte de un monstruo al que había que temer o matar. Él, Ibiki, y algunos otros, pero si Inoichi era el primero y su favorito...

De repente la rama frente a él se abrió con una llamarada. Ambos salieron despedidos en direcciones opuestas. Sus tímpanos colapsaron bajo la enorme presión causada por el aumento repentino de la temperatura del aire. Instintivamente, el polvo y la arena se juntaron alrededor suyo como una capa protectora, pero ésta se reventó en una lluvia de polvo y rocas cuando una fuerte ráfaga de viento se unió a la bola de fuego

Sobre ellos flotaban lo que parecían ser máscaras fantasmales con humo y llama saliendo de sus bocas. Otra explosión sacudió el árbol donde estaban parados, haciéndolos perder el equilibrio y mandándolos al suelo. Gaara cayó sobre su hombro y rodó tres veces antes de detenerse al golpearse con un tronco.

Apenas podía moverse. Habían muchas plantas en Hi no Kuni, raíces, árboles gigantes y enredaderas por todas partes haciéndolo tropezar y encendiéndose cada vez que las máscaras flotantes les daban. Había agua gruesa en sus ojos. Sabía salada. Esperaba que sólo fuesen lágrimas.

Todo del bosque a alrededor de ellos se estaba encendiendo. Gaara intentaba apagarlo con su arena, pero no era suficiente. A ese paso, todo se cocinarían vivos, si el humo no los ahogaba primero.

Todos esos hermosos árboles, deshaciéndose en cenizas. Gaara sabía que crecerían de nuevo, pero de todas formas dolía verlos morir; él había venido de una tierra donde hasta la planta más pequeña era vista como importante, Y el verlas ir de café negro tan rápidamente… Este bosque había crecido por generaciones y ahora se estaba quemando hasta el suelo frente sus propios ojos… ¿Cuánto se había demorado en crecer y qué tan rápido había sido destruido? Todo ese trabajo duro se había ido.

Su guardia ANBU había desaparecido. No tenían dónde esconderse, ni adonde correr, aunque tampoco era como si fuera a dejar a Inoichi.

Gaara reunió toda su arena y corrió de vuelta.


El Camino desde Suna

No habían gastado tiempo. Sunagakure siempre iba estar ahí, pero este ataque en particular no era uno que iban a dejar solo. Inoichi Yamanaka estaba transportando a un prisionero de alta prioridad (de la misma prioridad de lo que vivía bajo el sello en el estómago que Naruto) y si fallaban esa misión, las consecuencias serían severas.

Técnicamente, se suponía que él no tenía acceso a esa información, pero gracias a una niñez basada en meter la nariz donde no le correspondía, el Sandaime ya no le ocultaba datos clasificados. Después de todo, él era un ninja, y cada candado que él pudiera abrir le daba acceso a lo que quisiera.

Ino le había dicho que ella no creía que él tuviera mal temperamento o fuera egoísta. El problema era que la parte acerca de tener mal temperamento y ser egoísta también era falsa; él no había cambiado su naturaleza desde que era pequeño. Sólo sus valores, sólo sus habilidades para actuar. Todos sus actos desinteresados tenían una base en su egoísmo.

"Naruto. Shikamaru. Ino. de verdad, sean convertidos en hombres y mujeres muy valientes. Son tan fuertes, tan inteligentes. Por favor, no me los quiten. Por favor no, sólo no. No por mi bien, sé que me merezco toda la mala suerte que me llegue, pero por el de ellos. Por favor, cualquiera menos ellos. Cualquiera menos ellos."

Una mitad suya tenía ganas de ser un completo hipócrita y llevarse a los niños a casa en lugar de ayudar al padre de Ino, porque Naruto también tenía un bijuu y se estarían arriesgando mucho si ponían a los dos jinchuuriki de Konoha en el mismo lugar. La otra mitad sabía que, si el padre de Ino salía herido porque él los había obligado a darse la vuelta y no hacer nada, su equipo nunca lo perdonaría y él tampoco.

Además, Naruto era el líder del equipo y, cuando dio en la orden de apartarse de su misión actual para asistir a otro equipo de Konoha, Ino y Shikamaru no habían dudado en obedecerlo. Su intentaba ir en contra de esa orden, definitivamente habría un motín.

"Muy bien, Bakashi. ¡Si tú no los vas a ayudar, entonces yo lo haré!"

El fantasma de Obito había adquirido ahora cabello rubio y ojos azules y, en lugar de una piedra, era un cadáver vacío, con la bestia con cola extraída forzosamente, con muchos los fantasmas flotando cerca, susurrándole en el oído (esto no hubiera sucedido si hubieras ido en un primer lugar. De verdad no has cambiado, Bakashi, ni un poco, sigues con el mismo corazón de piedra de siempre).,

"Está bien, lo haré, voy a ir," Kakashi ahuyentó a los fantasmas. "Sólo cállense..."

Uno de ellos abrió su boca y le escupió fuego.

A la mierda, esos no eran fantasmas; esas cosas eran reales y se estaban acercando.

- Kakashi-sensei - susurró Naruto, - si no le molesta, cúbranos.

Mientras los veía cruzar el bosque, pensó que, tal vez, iban a estar bien.

- Por supuesto que lo haré - contestó automáticamente, desenrollando su pergamino de sellos del Hiraishin. - Es lo que siempre he hecho.


Hi no Kuni

Todos los clones que Naruto había enviado para buscar al padre de Ino se reventaban y ninguno de los recuerdos que le enviaban tenían sentido. Los mataban... ¿árboles? No había nada más que fuera visible; el humo era muy denso y el fuego, muy fuerte. Por otro lado, Kakashi-sensei había desaparecido ninguno sabía dónde estaba.

Aunque tampoco hubiera servido mucho, de haber estado ahí. El padre de Ino había tenido que ir a misiones fuera de Konoha en los últimos meses (la misma misión de la que se suponía que volvía), así que se había perdido la repartición de sellos del Hiraishin que habían hecho en su entrenamiento después de Nami.

Naruto miró alrededor para buscar a Hinata, queriendo preguntarle acerca del padre de Ino, esperando que supiera más que el Equipo 7, pero desechó esa idea tan pronto como vio el estado en que se encontraba. Había un enorme agujero en la parte de atrás de su chaqueta y Naruto podía ver trazos del negro y morado en su espalda enrojecida y llena de ampollas.

- La última vez que vimos, Inoichi estaba a algunos kilómetros en esa dirección - dijo Choji - Había dos tipos, pero se dividieron cuando nos escucharon venir. Si queremos tener la oportunidad de llegar al otro tipo, tendremos que vencer primero a este.

Naruto quería decir algo. Hacerles saber que habían llegado aliados. Sasuke tenía cara de ser alguien que había visto morir a demasiadas personas y Choji la de alguien que estaba cansado de que gente se muriera.

- ¿Qué van a hacer, lanzar pasteles de barro? - le preguntó Sasuke, dudoso, a sus clones, aunque era claro que estaba bromeando, intentando aligerar una situación que, decididamente, no era agradable.

Naruto se encogió de hombros.

- Si suficientes de ellos lo hacen, entonces lograrán algo. Nosotros tenemos más gente que ustedes kunai, bienvenidos a Konoha, perras, y toda esa mierda.

Sasuke logró soltar una risa.

- No puedo creer que te acuerdes de esa; era de la Academia. ¿No te escapabas casi todos los días?

- Sí, bueno, Ino y Shikamaru no lo hacían, así que...

Pero se vio interrumpido cuando una ráfaga de aire pasó sobre su cabeza. También calor. Sin siquiera tener que detenerse a pensar, él se lanzó al suelo y cubrió su cara y orejas con sus manos. Escombros y astillas le hicieron heridas en las mejillas. Una bola de fuego chocó con el muro de tierra hecho a la rápida de Shikamaru y la temperatura de la piedra se al alarmantemente.

Sus pulmones y garganta se sentían como lija. Se arrastró por el suelo, medio cegado por el humo. Su chaqueta se abrió, dejando que su polera de malla le cortaran los costados.

Todos estaban jadeando por sus vidas.

Dedos. Los dedos de Naruto se juntaron, formando sellos que conocían de memoria. Sus cabellos se levantaron, erizados. Le dieron a la máscara de agua, justo en los hoyos donde sus ojos nariz y boca deberían estar. No había esperado que funcionara tan bien como lo hizo, porque esas cosas claramente no necesitaban ver o respirar de la misma manera que los humanos. Pero vio toser y ahogarse a la máscara, y no se iba a quejar de algo que funcionaba. Naruto les había hecho ganar tiempo, esos pocos milisegundos que necesitaban.

FWIP

Como por reloj o, tal vez, perfecto trabajo en equipo, un pedazo gigante de tierra salió disparado de debajo de los pies de Shikamaru y golpeó a la máscara de agua directo en la boca.

SLAP

Se dio vuelta sobre su cuello, 360 grados. Su ataque fue amplio, causando que agua con barro se esparciera por todas partes, pero no tenía fuerza detrás; con suerte surtía el efecto de un regador de jardín. La máscara y su cuerpo asociado cayeron al piso, quedando como una enorme y mojada bola de mugre.

"¡Naruto!" gritó Shikamaru en su conexión mental. "¡Muévete exactamente seis metros a su izquierda!"

La bola de flema cayó al piso, rebotó unas cuantas veces y rodó por los cerros, fuera de vista. Cuando pudo estabilizarse, estaba mirando directamente a Shikamaru, enfurecida.

El estómago de Naruto dio un brinco cuando su cerebro notó la posición en la que estaba su compañero. Shikamaru estaba preparando para escapas del primer ataque de la máscara de agua, pero no del siguiente, que botó por lo menos tres árboles. Casi lo golpeó; consiguió saltar fuera del camino a tiempo, pero perdió el equilibrio y cayó. Otro más lo hubiera matado.

Por suerte, en ese momento, Naruto había conseguido moverse seis metros a su izquierda y la máscara de fuego, muy ocupada persiguiéndolo, se interpuso en el camino.

Empapada, abrió su boca con rabia, pero muy tarde, un enorme puño se había cerrado antes alrededor de ella. Con la cara morada y los ojos rojos, los dedos de Choji apretaban cada vez más y la máscara, muy mojada como para atacar de vuelta, gritaba y gritaba, lo suficientemente fuerte como para rivalizar a una rana con un pulmón perforado. Luego, entró la máscara de viento. Las ráfagas que soltaba eran como una lluvia de enormes kunai, que abrieron tajos en las palmas de Choji. Tanto él como la máscara de fuego perdieron el equilibrio y cayeron.

Un error enorme por parte de Kakuzu. Uno de los clones de Naruto estaba ahí, esperando. Le puso uno de los sellos amplificadores de Shikamaru a un bulto de sus propios sellos explosivos y le metió la bomba entera a la máscara en la boca. Mientras se atoraba, Ino tiró del hilo detonador lo más fuerte que pudo.

La máscara explotó en un millón de fragmentos de porcelana y fuegos artificiales, cortando el aire como vidrio. La onda expansiva logró que las otras dos mascaras se agrietaran y demolió al menos tres arboles más. Volaron hilos por todas partes. Pedazos de carne curtida se pegaron a los nudos, un muñeco vudú viviente, envolviendo todos sus tobillos.

Asuma-sensei fue levantado del piso por el cuello y mandado a volar como si fuera un muñeco de trapo. Naruto gritó y una docena de clones ablandaron la caída de Asuma con sus cuerpos.

Mientras se despejaba el aire del polvo, comenzó a ver la figura de un hombre enorme, hecho entero de músculos y suturas, era como un muñeco vudú caminante, sacado directamente de una novela de ciencia ficción y horror. Su voz era grave, amenazante, compuesta de acordes disonantes e infrasonido.

- Te voy a abrir - gruñó Kakuzu. - Te voy a sacar las costillas, una por una y tiraré tan fuerte de tu corazón que tus pulmones se convertirán en tus alas. Te haré mirar mientras le hago lo mismo a cada uno de tus amiguitos.

Una sonrisa cruel abrió su cara de oreja a oreja.

Agarró el tronco que Choji usaba de porta y lo partió en dos a lo largo.

- Qué mierda - susurró Sasuke.

Naruto tenía exactamente el mismo sentimiento. Pero, si Kakuzu había estado esperando temor se su parte, se vería decepcionado. Naruto sólo podía poner los ojos en blanco por el disgusto. De todas las personas con la que estaba tocando con sus hilos, justo una de ellas era un Nara.

Idiota.

La sombra de Shikamaru salió serpenteando inmediatamente, siguiendo el hilo hasta su fuente. Tomó el control en menos de un segundo. Unas palmas hicieron contacto con el suelo y un pozo lleno de púas de tierra se abrió frente a Kakuzu. Su cuerpo, todavía bajo el control de Shikamaru, cayó hacia adelante.

Tan solo su pecho fue atravesado catorce veces.

"Una gota."

"Otra gota."

- N-n-n-n-n-n-

"Una gota más."

Gruñidos ininteligibles, mezclados con aullidos de agonía, llenaron el aire. Mientras que Shikamaru había convertido los hilos humanos en circuitos para su aroma, Ino había convertido los suyos en conductores, llevando descarga tras descarga eléctrica a sus músculos. Mientras que cada espasmo empalaba más a Kakuzu, Choji tomó de nuevo el tronco y lo comenzó a golpear con él.

Sasuke estaba lanzando una granada rosada hacia arriba y abajo.

- Las rosadas eran para bromas en la Academia - le dijo Naruto.

- Mmm...

- Están rellenas de pegamento y brillantina.

- Adhesivo corrosivo para la carne y metralla del grueso de arteriolas para un tipo con las heridas que él tiene.

Naruto miró a Sasuke, luego a Kakuzu, a Sasuke, después a Hinata y de nuevo a Kakuzu.

Se encogió de hombros y dio un paso atrás.

- Haz lo que quieras.

Mientras Sasuke lanzaba las bombas a pozo, los ojos de Naruto se encontraron con los de Kakuzu una última vez. No tenían pupilas y eran de un bonito color verde, como los de Ino, pero no brillaban con ese amor, esa vida y esa risa; estaban rodeados de rojo, fríos, robóticos y carentes de cualquier rastro de empatía.

- Los niños como tú... - tosió, penetrando a Naruto con una mirada de odio absoluto. - Deberían quemarse en el infierno.

Naruto escaneó el claro escépticamente.

Seguía habiendo fuego alrededor de ellos.

Fuegos que Kakuzu había comenzado.

- ¿Infierno? ¿Infierno? - Naruto se rio con más fuerza que nunca. - Si hablas del infierno que te trajiste a ti mismo, ya estamos allí.

Quedaban dos máscaras.

Para su alivio, Ino vio a la máscara de viento volver al pecho de Kakuzu. Por supuesto, esa vida extra que había tomado no le ayudaría para nada en su situación. Seguía estando en un pozo y sólo lograba morir más lentamente.

Quedaba una máscara.

Ella se preparó para apuñalar una vez más a Kakuzu, para terminar de una vez con la máscara de agua, pero Naruto la detuvo.

- Sigue habiendo fuego por todas partes. Si dejamos que la máscara persiga a algunos de mis clones, lo podremos apagar más rápido y encontrar más fácilmente a tu padre.

Ino asintió, pero, dentro de su cabeza, estaba pensando "No es suficiente. Seguimos siendo muy lentos." El equipo de su padre se había salido de su rango de contacto mental diez minutos atrás.

¿Estaba siendo egoísta? Tal vez. Miró lo que quedaba de Kakuzu. ¿Por qué no se morían ya? Su padre estaba cerca, pero demasiado lejos, en otro claro del bosque, pero ella no podía irse.

Le aterraba el cómo pensaba acerca de ese hombre (si podían llamarlo hombre, ni siquiera debería haber estado vivo) y lo fácil que era clasificar su vida como una abominación a la naturaleza, deshumanizarlo hasta convencerse a sí misma que estaba bien matarlo y que lo debería hacer lo más rápido posible.

Pero, después de tener ese pensamiento, se acordó de todas esas veces que su padre le había enseñado ninjutsu, que la había llevado en sus hombros, que le había comprado ropa, juguetes, golosinas, que le había ayudado a pintar su habitación y ella...

Al infierno con su moral abstracta; su padre importaba más y ella no iba a gastar su tiempo por culpa de un bastardo que no era mejor que ella. Esos hombres estaban intentando matarlos, después de todo. Siempre había bajas en situaciones como esa. Casi no importaban al final. Ella sólo estaba cuidando a sus amigos. ¿De verdad era un crimen querer sobrevivir? Desde los monstruos de Nami hasta los tipos de Akatsuki.

¿Cuántos de esos ataques estaban conectados? ¿Eran todos los resultados de lo mismo? Aparte de su equipo, claro; ellos eran siempre el mayor punto en común de cada incidente. Demasiados enemigos. Como en los cómics, tipos buenos contra tipos malos, pero los malos estaban en todas partes, tú, el "tipo bueno" ¿no terminaba siendo el enemigo de todo el mundo?

Ino cerró los ojos. "Vivir o morir," pensó, "todo es lo mismo." Todos eran shinobi. Kakuzu sabía con qué se estaba metiendo cuando se convirtió en shinobi, luego al decidir ser un forajido. Ella no iba a gastar más de su energía intentando empatizar con él. Ella sólo quería a su padre de vuelta. Todo lo que podía hacer era esperar que uno de los clones de Naruto chocara con algo.

O...

- ¿Dónde está Kakashi-sensei?

Tan pronto como hizo esa pregunta, su mente se vio recargada por imágenes borrosas de árboles blancos sobre humo negro. Su cabeza le daba vueltas gracias al cambiante campo de visión de su profesor que le invadía la mente. El mundo se daba vuelta, al derecho y al revés, de arriba a abajo. Estaba viendo una película en 3D mal hecha, con los colores invertidos. Estaba parada en una cuerda floja mal amarrada, se balanceaba en suelo inestable, volaba en el aire como un corcho flotando en el mar, sin saber si iba a llegar a tierra.

Dejó su jutsu y se llevó las manos a las rodillas. Tenía ganas de vomitar. Esa era la última vez que intentaba mantener una conexión mental con alguien que estuviera utilizando el Hiraishin no Jutsu.

Ino sabía que Shikamaru nunca era así de desorganizado. Incluso Naruto, en el fondo, siempre sabía exactamente qué estaba haciendo y quién era. ¿Era así como se sentía la teletransportación, el esfuerzo que hacía la mente al saltar entre dimensiones? ¿O era así como siempre era su profesor?

Sus rodillas le temblaron. Quería hundirse en el polvo.

No, no podía. Tenían que terminar esto y rápido. Su padre estaba ahí. En algún lugar. Ino intentó ignorar los escombros en el suelo del bosque. Alguna vez había hesitado en matar, ahora le parecía demasiado fácil.

Preocupantemente más fácil.

- ¿Ino? ¿Qué sucede? ¿Qué está deteniendo a Kakashi-sensei? - preguntó Shikamaru.

Ella sacudió la cabeza.

- Todavía no terminamos. Hay otro más, aparte de... Kakuzu y Hidan.

- Otro más aparte de... ¿qué? ¿Quién...?

Ino apuntó y, al apagarse el último foco de fuego, vieron por fin lo que se escondía detrás de la muralla de humo.

- Estuvo manteniendo el sólo a todas esas cosas lejos de nosotros mientras luchábamos contra Kakuzu.

Estaban por todas partes, un ejército de ellos.

Los árboles blancos.

Árboles blancos con caras amarillas y dientes de carnívoro.

Zetsu.

Ino amplió su mente lo más lejos que podía. "¿Dónde está mi padre?" rogó, esperando recibir algo de sus pensamientos. "¿Dónde está?"

No encontró nada.


Hi no Kuni

La esperanza floreció en el pecho de Inoichi.

"Llegaron aliados, puedo sentirlo."

Dos equipos. Esos eran dos equipos más de lo que había esperado que le respondieran a su llamada de auxilio. Uno de ellos venía de patrullar. Estaban a cinco minutos. El otro era uno que volvía de una expedición. Si corrían tan rápido como podían podrían llegar en diez minutos. Se preguntó quiénes eran; su cerebro estaba demasiado ocupado como para identificar cualquier cosa fuera de estimaciones de distancia.

Inoichi, con completo control de la mente de Hidan, llevó la guadaña del tipo a su cuello.

O, al menos, lo intentó.

Por un momento, pudo sentir la conexión, al siguiente...

Nada.

Inoichi sintió por un segundo como si estuviera flotando, antes de que todo cayera al suelo. Se sentía muerto. No le quedaba energía. "¿De verdad estaba utilizando tanto chakra? No puede ser, me tomé el tiempo..."

Ahí, en su espalda. Vio... un extraño montón blanco. Una cara sonriente y amarilla. Y podía sentir el chakra. Se movía.

Esa... cosa... se... estaba... robando... su...

- ¡Hijo de puta, Zetsu! - gritó Hidan. - ¡Deja de arruinarme mi diversión!

Inoichi volteó la cabeza y vio a la cara a una criatura extraña, alta, que parecía una planta. Con horror se dio cuenta...

Hidan y Kakuzu no eran los únicos miembros de Akatsuki que habían estado esperándolos.

- No hubiera tenido que hacerlo si lo hubieras matado inmediatamente. Ya te hizo destruir uno de los corazones de Kakuzu con sus técnicas.

- ¡Déjate de mandarme! ¡No eres mi madre! ¡Maté a mi puta madre!

Ese tipo. Ese era un ninja de rango S. Era ridículo. Estaba actuando como niño. No, ni siquiera eso... estaba actuando como uno de esos villanos de los mangas que leía cuando estaba en la Academia. Inoichi sintió sabor a hierro en sus labios y se rio, antes de colapsar, le zumbaban los oídos. Su cabeza le daba vueltas. Náuseas, demasiadas, demasiado, no se podía equilibrar.

Le llegó un estruendo desde arriba. Fuertes ruidos, por todas partes. Inoichi se tocó las orejas, sintió líquido. Le ardían los ojos. Se obligó a levantarse. No lo hizo. No se podía mover. No tenía energía. Estaba muerto de hambre.

Las esporas lo estaban drenando.

El polvo se aclaró; Inoichi podía ver a Hidan, parado en un triángulo circunscrito. Su cara había cambiado; ya no era humana, sino esquelética, en blanco y negro.

"Alguien destruya ese círculo," rogó Inoichi. "Destruyan el círculo..."

Los ANBU que quedaban se lanzaron inmediatamente a Hidan; uno pateando tierra sobre el dibujo en el piso, los otros dos intentando inmovilizarlo antes de que pudiera apuñalarse más, pero lo que les hubiera lanzado no les estaba permitiendo equilibrarse. Así se tambalearon, demasiado fuertes para mantenerse abajo, demasiado débiles para hacerle frente. Vio cómo las esporas blancas también florecían en sus espaldas y todos cayeron al piso, primero con espasmos, luego, completamente quietos.

Inoichi se preguntó, desesperadamente, dónde estaba Gaara. Si la arena de Gaara lo protegería de las esporas. Si... si...

Sintió un dolor penetrante en su abdomen. Luego...